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jueves, 24 de abril de 2014

LUIS LOAIZA RINCÓN, COMUNICADO DE LA JUNTA DIRECTIVA DE APULA

En Venezuela actualmente vivimos una situación de crisis generada tanto por un conjunto de factores sociales y económicos como por una forma de ejercer el poder que cuestiona la existencia del que anhela un país plural. Vivimos a diario los efectos de la inseguridad, inflación, escasez, corrupción administrativa y el deterioro del salario. Sufrimos la pérdida de nuestra calidad de vida y con impotencia observamos la violación de nuestros derechos fundamentales a la vida, integridad física, alimentación y salud. La polarización, la creciente brecha entre ricos y pobres y el quiebre de los mecanismos que aseguran la cohesión social son males indetenibles y por primera vez desde hace décadas, reaparece en el horizonte del país la posibilidad de una confrontación social de consecuencias inimaginables. Estos problemas son de tal magnitud que obligarían a cualquier gobierno responsable a impulsar cambios, rectificaciones y transformaciones soportados en una amplia base de apoyos sociales y políticos. No obstante, en Venezuela mientras más profunda es la crisis, menor pareciera ser la disposición de encontrar puntos de entendimiento y de unidad para avanzar.

En este contexto, múltiples protestas expresan el descontento social acumulado, la juventud exige un mejor futuro y nuestros estudiantes reivindican justas y legítimas demandas. Sin embargo, la respuesta del gobierno, que no ataca las causas sino las consecuencias, se ha basado fundamentalmente en la represión desproporcionada, la criminalización y judicialización de quienes protestan en las calles. Al mismo tiempo, las instituciones del Estado parecen anularse frente a la existencia de grupos de civiles armados que, en funciones paramilitares o parapoliciales, atacan a la población y actúan con impunidad. Con ello, sólo se ha generado una espiral de violencia que ya contabiliza demasiados hermanos venezolanos muertos, heridos, detenidos y torturados.
Esta dramática realidad, no obstante, pretende negarse con la asfixia y control de la prensa libre y la construcción de un relato sobre la situación del país que no se corresponde con la realidad.
En virtud de lo señalado, la Junta Directiva de la Asociación de Profesores de la Universidad de Los Andes acuerda:
1.      Reiterar nuestro compromiso con la juventud venezolana, expresar nuestra irrevocable solidaridad al Movimiento Estudiantil y acompañarlo en su pesar por la muerte de tantos estudiantes que perdieron la vida luchando por un mejor país.
2.      Exigir el cese inmediato de la represión por parte de la GNB, la PNB y los grupos de civiles armados que los acompañan. El desarme de estos grupos es urgente así como la estricta aplicación de la ley cuando la quebranten.
3.      Exigir la independencia del poder judicial venezolano con el objeto de crear una imparcial administración de la legalidad que contribuya con eficacia a la reconstrucción del orden interno. En este sentido también es urgente la renovación de los poderes públicos con estricto apego a lo dispuesto por la Constitución Nacional.
4.      Repudiar la violación de los derechos humanos como recurso para sofocar la protesta social y condenar los allanamientos que sin orden judicial se han practicado tanto en recintos universitarios como en casas particulares.
5.      Rechazar la criminalización de la protesta así como las limitaciones impuestas a la libertad sindical.
6.      Recomendar el diálogo y la concertación social como recursos fundamentales de la democracia para la solución de los conflictos y de la crisis social del país.
7.      Reiterar nuestra disposición de contribuir, como universitarios, a la solución de los urgentes problemas que hoy sufre Venezuela.
8.      Exigir al gobierno nacional el cambio de su modelo económico. Se hace urgente abolir las políticas y medidas que han acabado con el poder adquisitivo del salario y generan alta inflación y gran desabastecimiento.
9.      Solicitar, como gesto de buena voluntad, que el gobierno indulte a los ciudadanos detenidos y enjuiciados por razones políticas, favoreciendo de este modo un clima de reconciliación nacional.
10.  Exigir al gobierno nacional una lucha frontal contra la corrupción administrativa que no sólo debilita la economía sino que acaba con los resortes éticos del Estado.
11.  Continuar la organización y promoción de un conjunto de acciones de carácter académico y ciudadano que contribuyan a la comprensión de la problemática nacional, el destino de la Universidad y su vinculación con la ciudad, el valor de la democracia y de los derechos humanos mediante foros, debates, clases magistrales y concentraciones públicas.
Por la Junta Directiva:
Prof. Luis Loaiza Rincón
Presidente
Mérida, 21 de abril del 2014
apulainforma@apulaipp.org.ve
@APULAINFORMA 
Enviado a nuestro correos por
Margarita Belandria
belandria@gmail.com
@belanro

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miércoles, 17 de septiembre de 2008

* LUIS LOAIZA RINCÓN ESCRIBIÓ: EL ENCUADRE GEOPOLÍTICO DE VENEZUELA CON RUSIA. CAYENDO EN BRAZOS DEL IMPERIO


* LUIS LOAIZA RINCÓN ESCRIBIÓ: EL ENCUADRE GEOPOLÍTICO DE VENEZUELA CON RUSIA. CAYENDO EN BRAZOS DEL IMPERIO
Domingo 14 de septiembre de 2008
Publicado por Espacio Plural Universitario

La creciente factura por compra de armas, el anuncio del establecimiento de bases rusas en Venezuela, el apoyo oficial brindado a Rusia en su conflicto con Georgia y la inminente visita oficial de una parte de la flota naval rusa a Venezuela, constituyen claros indicadores del encuadre geopolítico de Venezuela con una potencia de histórica vocación imperialista.
Si tuviéramos que caracterizar a Rusia utilizando un solo término, ese sería "expansionismo". Con ello, aunque reduciríamos las múltiples dimensiones culturales de una nación a una de sus expresiones, también estaríamos señalando uno de sus aspectos más importantes.

Durante siglos el imperio ruso se rehizo constantemente de forma tal que no deja de producir admiración la persistente voluntad histórica del liderazgo y del pueblo ruso por expandir sus posesiones territoriales e influencia. Hoy, al observar el mapa de Rusia y de la ex Unión Soviética y al contemplar la magnitud continental del espacio ocupado y las direcciones y modalidades de la expansión primigenia de Moscovia y de Kiev; sólo nos queda pensar en la epopeya de millones de hombres y mujeres que realizaron una verdadera hazaña.


Cabe señalar, no obstante, que los rusos, antes de ser amos, fueron siervos. Sus señores por más de dos siglos fueron los Tártaros y, aún, mucho después de la batalla de Kulikovo, tuvieron que pagar tributos para mantener intacta su identidad cultural y religiosa.

Cuando esta situación cambió, gracias al uso de mosquetes y cañones, el proceso de expansión resultó indetenible. La conversión rusa en uno de los imperios de la pólvora le permitió llevar sus fronteras hasta Astrakán en el sur y hasta Siberia en el este. Ya para el siglo XVIII la magnitud e importancia de Rusia la convertían en una potencia europea y su expansión continuó indetenible durante los siglos XIX y XX.

Aparte de la voluntad expansionista, Rusia se ha caracterizado también por enmarcar la convivencia y síntesis de lo distinto. En efecto, aunque la convivencia y la síntesis nuca fueron perfectas, es innegable que esa zona ha estado siempre marcada por la tensión que genera el contacto y asimilación de lo disímil. Por ejemplo, en el plano étnico (que es por cierto una de las claves más complejas para descifrar los problemas rusos actuales y futuros), godos, hunos, ávaros, kázaros, eslovacos, fineses y varegos o rusos no han sido sino partes de un continuo e inconcluso proceso.

Expansionismo y diversidad son, pues, dos de los datos más importantes de una compleja realidad que hoy se reconfigura para construir un imperio de nuevo tipo.

La desintegración de la URSS no sólo marcó la caída del imperio comunista, sino también la del imperio ruso, porque parte de los territorios pertenecientes a los estados recién independizados permanecieron bajo ininterrumpido dominio ruso desde los siglos XVII al XIX. Sin embargo, Rusia se declaró a sí misma heredera de los compromisos internacionales de la Unión Soviética y pasó a ocupar su lugar en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Con la conformación de la Comunidad de Estados Independientes (CEI), formalizada a través del Tratado de Minsk, se selló definitivamente la desaparición de la URSS. Con la CEI Rusia, Ucrania y Bielorrusia sellaron una nueva en 1991. Posteriormente, se firmó un nuevo tratado para oficializar la adhesión de Azerbayán, Armenia, Moldavia, Turkmenistán, Uzbekistán, Kazajstán, Kirguizia y Tayikistán.


Es decir, todos los integrantes de la antigua unión, a excepción de las tres repúblicas bálticas y de Georgia, que siempre se mostró renuente a seguir bajo la égida rusa.

Desde entonces la CEI tuvo que lidiar con múltiples realidades y conflictos que generaron gran tensión entre sus miembros. Algunos de esos mismos asuntos constituyen hasta el presente un enorme desafió al poder ruso: El futuro de la Península de Crimea, los conflictos en la región moldava del Dniéster (habitada mayoritariamente por rusohablantes que proclamaron la república independiente del Transdniéster), la situación de Nagorno Karabaj (enclave armenio en Azerbayán) y la suerte de la región georgiana de Osetia del Sur (que proclamó su independencia de Georgia y desea unirse a la rusa Osetia del Norte).

Ahora bien, aunque Rusia reclame para sí un rol de liderazgo en la región, no tiene planteado volver al modelo soviético, un Estado con doce repúblicas; sino de sintonizar a su favor las políticas de 12 Estados independientes. El asunto es que siempre estará abierta la posibilidad de que la hegemonía rusa, dado su peso económico, geopolítico y militar, convierta a sus aliados en satélites dependientes. Que esto no sea así, es, en gran medida, responsabilidad de Occidente.
Pese a todo, cada vez se hace más evidente la voluntad de Rusia de controlar a las antiguas repúblicas soviéticas y para ello emplea una amplia gama de presiones y alicientes políticos, militares y económicos.

El rol protagónico que de hecho desempeña Rusia en la región se articula con una política exterior inspirada en la noción del interés nacional y ello implica también la defensa y protección de las minorías rusas en los Estados de la CEI.

Diversas valoraciones sobre la política exterior rusa coinciden en señalar que se está produciendo una reencarnación parcial del imperio ruso, o, en su defecto, la conformación de una esfera de influencia bien definida como mínimo, a lo largo y ancho del territorio de la ex URSS. Está claro que para los líderes rusos, cualquiera sea su orientación ideológica, no es fácil aceptar la pérdida de territorios que Moscú gobernó durante siglos. De allí la determinación de no perder influencia en su antiguo espacio.

En síntesis, el imperio ruso de nuevo se reensambla a sí mismo, pieza por pieza, buscando con ello reafirmar la clásica ambición imperial de los tiempos de los zares, la Gran Rusia, desde el Mar Báltico hasta Asia Central.

Mecanismos utilizados por Rusia para mantener su influencia.

Para asegurar sus intereses, como cualquier imperio que se precie, Rusia presiona a sus socios de distintas maneras. Aunque las diferencias regionales y la existencia de problemas muy específicos en cada una de las zonas bajo su influencia le impiden formular una política homogénea, es evidente el uso selectivo de mecanismos militares, políticos y económicos.

De carácter militar y estratégico.


A) El Papel de las Fuerzas Armadas. Aunque en el seno de las Fuerzas Armadas existan muchas facciones internas y algunas sean hasta de signo antidemocrático, el papel de éstas, como uno de los poderes organizados a escala central que sobrevivió a la URSS, sigue siendo muy importante. El ejército es un poderoso instrumento de influencia utilizado para proteger o impulsar intereses estratégicos de Moscú.


B) El potencial nuclear. El 80% de la industria atómica de la ex URSS se encuentra en Rusia.
De carácter social: Las minorías rusas. La política exterior rusa resalta la importancia de proteger la población de origen ruso esparcida por toda la geografía de la ex URSS. Fuera de la Federación Rusa viven aproximadamente unos 25 millones de rusos étnicos que conforman importantes minorías en Kazajistán, por ejemplo, así como en Estonia y Letonia. Existen focos de rusos étnicos en todos los demás estados sucesores. Este enorme contingente humano de rusos expatriados del territorio ruso, descendientes de la colonización de finales del siglo XIX -base del carácter multinacional de las repúblicas que integraban la desaparecida URSS- se han convertido en el "dilema serbio" de la dirección rusa: abstención o interferencia en la vida de los nuevos Estados con la excusa de proteger a las minorías eslavas.


De carácter económico:


La interdependencia. El caótico sistema económico de la extinta URSS se encargó de hacer plenamente dependientes entre sí a todos sus miembros. El origen de esta situación se remonta a la época de Brezhnev cuando, gracias a la planificación centralizada, se construyeron descomunales fábricas que concentraban en un solo lugar la fabricación de todas las necesidades de uno u otro artículo del país más grande del mundo.

Conclusiones.

Geopolítica y geoestratégicamente la prioridad rusa es controlar su propio ámbito de influencia. La relación con Venezuela no tiene importancia en ese esquema. Quien se sirve de Rusia, más bien, es la política exterior de Chávez al pretender utilizar a Rusia como burladero frente a los Estados Unidos.

La prioridad para Rusia es ejercer su hegemonía en un nuevo marco de poder. Reclama para sí un rol de liderazgo en la región amparada en su fortaleza relativa frente a sus vecinos. Queda ver por cuánto tiempo podrá seguir manteniendo esta posición y a qué costo. No obstante, con Putin o sin él, el peso de la historia seguirá influyendo en demasía. Chechenia y Osetia del Sur constituye los mejores ejemplos de esta vocación imperial.

Publicado por Espacio Plural Universitario