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sábado, 25 de julio de 2015

CÉSAR A. YEGRES M., MARGARITA INFANTA

Es el más reciente libro del escritor margariteño Francisco Suniaga, que  según él, fue escrito antes de “LA OTRA ISLA” y del  “PASAJERO DE TRUMAN”.    Es una narrativa de relatos en que de acuerdo a la propia expresión del autor, es la idea de “conservar los últimos vestigios de un mundo en disolución”. Se pasea por la entrada súbita de una modernidad que deja atrás la bucólica Margarita de sus tiempos infantiles. De alguna manera, conforma una especie de autobiografía, en la que los recuerdos de sus primeros años y de adolescente, se presentan sin nostalgias y la propia ficción que da el elemento de literatura, van adquiriendo la condición de personajes, adicionados de recuerdos de lo que le correspondió vivir a él  y su entorno familiar.

Relatos como “Los trajes negros del profesor Subero”, en el cual el padre de Suniaga es el sastre y se establece una relación que supera la condición de cliente y sastre para convertirse en una especie de complicidad entre ambos. Un conocimiento que va más allá de medidas y ajustes, para transformarse en conocimiento de las necesidades del otro. En “Cachón, el fabulador”, es una narrativa que coloca las mentiras de este personaje en términos de valor por la magnífica lógica que le imprime a sus fabulaciones. Es un mitómano que logra darle a la mentalidad de los niños la imperiosa necesidad de creer, de recrear su inocencia. Concluye el cuento en una audición en el que está presente el niño Suniaga y narra  Cachón que presenció el encuentro y el gran abrazo de Cristóbal Colón con Bolívar  en el muelle de Juan Griego. En el “Tirano” se plantea la complacencia de muchos por el surgimiento de los déspotas, siempre que estos se encuentren a distancia. Es un tanto la ausencia de referencias y valores y el seguimiento de figuras autoritarias en la vida de ellos. “El hombre a caballo” dice el poeta Andrés Eloy Blanco, en uno de sus versos. Es una fascinación que sienten y son indulgentes porque no padecen la inmensa crueldad que despliegan estos líderes y del profundo daño que causan.
Francisco Suniaga
Pero Suniaga no escapa, a pesar de lo corto de su edad, a la creatividad fabulada. En “Pedro Leonet cuenta películas”, relata que a sus cinco años, vivía en La Asunción, pero estudiaba en El Maco. En  la capital margariteña había cine, no así en localidad maquera y cuando llegaba el lunes a clase le contaba a sus amiguitos los pormenores de la película que había visto. Los pequeños le escuchaban embelesados, hasta que un día no pudo ir al cine y le dio rienda suelta a su imaginación y creo su propia película. Con mucha sorna dice: “Desde entonces estoy metiendo embustes a la vida”. Este relato nos hace acordar al gran Oscar Wilde, que exilado en París, solía contar fábulas, entre ellas la de un personaje que cada día se internaba en un espeso bosque y al salir lo esperaban niños para escuchar sus narrativas. Decía que había visto enanos, duendes, hadas y cuanto personaje se le ocurría, hasta que un día logró ver todo cuanto su mente creaba y al ser interpelado por los párvulos expresó: ¡Hoy no he visto nada!.
   Para el autor “narrar es una compulsión que no tiene explicación” Es la expresión oral de los margariteños y su tierra en la que nació y creció. Es el deseo íntimo de agradar y de entretener a los que escuchan y cuando se escribe, es el intento de que el lector disfrute a plenitud del cuento. La Zona Franca, primero, y El Puerto Libre después, modifican sustancial y radicalmente el mundo apacible de la Isla y la catapultan hacia una modernidad que da vértigo. Es un asalto masivo que da pie al criterio de disolución que se expresa en el texto y un empeño de preservar la riqueza de tradiciones, costumbres y formas de vida. La memoria de Francisco Suniaga es como esos murales donde todo ocurre con simultaneidad. Así es su vida, un fresco múltiple y variable que sólo él puede y está en  condiciones de descifrar y contar.
César Augusto Yegres Morales
caym343@hotmail.com       


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jueves, 30 de abril de 2015

ENRIQUE VILORIA VERA, ESTA GENTE, DOS PASIONES ENCONTRADAS

¿Cuándo comenzó a ser esta gente para nosotros mismos? Esta gente es la realidad escindida que se nos metió en el  tuétano de los huesos y pudo con Gumersindo, y está pudiendo con cada uno de los treinta millones de venezolanos, porque esta gente, somos nosotros todos, nadie escapa de ella. Siendo así no veo cómo esto va a cambiar en el futuro inmediato, esta gente no tiene un final previsible…   Francisco Suniaga

La más reciente obra de Francisco Suniaga, Esta Gente (Randon House  Mondador, SAS, Bogotá, 2012) puede ser considerada como una novela de dos pasiones encontradas. Recordemos que una pasión, de acuerdo con el DRAE, tiene varias acepciones, entre ellas subrayamos las siguientes: por un lado, inclinación o preferencia muy vivas de alguien a otra persona, y por el otro,  apetito o afición vehemente a algo. Ambas acepciones nos proporcionan los criterios con que vamos a interpretar la novela Esta Gente de Suniaga. Dos pasiones encendidas son, en nuestro criterio, los fundamentos de la trama que se desarrolla en una isla, Margarita, proclive y detonante de pasiones tropicales de diferente cuño y sino.
La primera de esas apabullantes pasiones, es de tipo carnal, esa que se traduce en la inclinación, en la preferencia  muy viva de alguien por otra persona, ésta es la que experimenta feroz y desgarradamente José Alberto Benítez -  ese abogado margariteño cercano a los sesenta años de edad, excelentemente formado en los asuntos de su profesión en Venezuela y en Alemania, correcto en sus actuaciones, casado a los treinta años con la maestra Elvira e iniciado tardíamente en el sexo, en Boston, con una moza cubana  – por Dinorah Josefina Terán Machuca – Fiscal Cuarto del Ministerio Publico en la Circunscripción Judicial del Estado Nueva Esparta, tachirense, cuarentona, soltera y en la denodada búsqueda de un cada vez más difícil compañero que le alivie la soledad presente y futura - . Ocurre que Benítez, el puritano, aquél para quien “el sexo de una mujer continuaría siendo (…) un misterio ecuménico al que iba a destinar horas y horas de ensoñación por el resto de su existencia” se topó de buenas a primeras , sin anestesia,  verdaderamente, en vivo y en directo, con el sexo depilado de Dinorah, con “la venerable concha de una mujer absolutamente pelada – como se imaginó que habían sido todas antes de que existiera la vergüenza en el mundo – por lo del oscurantismo sexual, poco faltó para que aplaudiera y gritara ¡bravo!  Se abalanzó sobre ella con el empuje de un mastodonte prehistórico en celo; quería tocarla, besarla, lamerla, pasar su rostro por aquellas mejillas suaves y trémulas: Tal fue el nivel de exposición de sus atavismos que ella luego se jactaba: Yo a usted ya lo tengo dominado con mi totona mágica, José Alberto”.
Y así sigo siendo hasta que otra pasión más sublime se impuso sobre ésta de carne, cama y sexo. Sin embargo, durante un contradictorio período de varios meses, signado por el goce y la culpa, el abogado Benítez y su estrenada amante se encontraron en la casa de ella, para disfrutar diariamente del placer de los amores furtivos, a fin de evitar, en lo posible, el riesgo, la incomodidad, el desaseo, el peligro, de los hoteles de turismo o de los dos baratones moteles de comida rápida de la isla.
Por ese tiempo el  estado de ánimo del jurista era de fiesta y esplendor. En efecto, señala el escritor: “…se sentía eufórico, optimista, un varón en el pico de su capacidad sexual, capaz de cumplir con la responsabilidad que la madre naturaleza le había impuesto a su género: aparearse con hembra capaz de procrear. En otras circunstancias y tiempos, esa felicidad inusitada lo habría llevado a presagiar que alguna tragedia estaba por ocurrir y a desplegar cierta cautela, pero, enamorado y ciego de lujuria como se encontraba, no quiso pensar en augurios buenos ni malos. Contrario a lo que había sido su historia personal – una larga sociedad con el pesimismo – se negaba siquiera a considerar su dicha inesperada como una anormalidad sospechosa. Más aun, se lisonjeaba con las posibilidades de felicidad erótica que le inspiraba su nueva pareja y vivía el sueño de un renacimiento sexual con visos de eternidad, sí, un hombre en el cénit de su vida”.
Y como es habitual lo que iba a ocurrir, sucedió, y sobrevino en el peor momento de su historial erótico, Benítez comenzó a experimentar unas ganas constantes de orinar y la incomodidad de no poder hacerlo plenamente, situación que imputaba a causas distintas a la de una impensable y lejana enfermedad de próstata. Sin embargo, al año de esas dolencias, un lunes en la mañana, al orinar, el jurista experimentó un severo ardor en la uretra que achacó al picante añadido a unos calamares el domingo anterior en un merecido y familiar día de playa. Luego de varios y sucesivos desagradables episodios al momento de ir al baño, Elvira -  la fiel y preocupada esposa - lo convenció para que fuera al médico.
“Cheo” Villarroel su médico amigo y viejo compañero de aulas, lo trató y prescribió hasta que fue inevitable la operación para resolver la hiperplasia que padecía. Después de la exitosa intervención, Cheo le comunicó a José Alberto, aquello que no quería escuchar en esos momentos de henchidos placeres sexuales, de coitos excepcionales y orgasmos sin parangón: “En cuanto al sexo (…) te recuerdo la prescripción: tienes una cuarentena mínima de un mes. Bajo ninguna circunstancia la violes, aunque te sientas bien, porque el coito es traumático, te puedes lastimar seriamente y sangrar, es una herida abierta la que tienes allí adentro, no lo olvides”. Elvira lo entendía con resignación, Dinorah, por el contrario, lo urgía con ardor: “¿Y va a esperar tres semanas para que nos veamos de nuevo? Bien podría invitarme a una comida un día de estos. Ande, invíteme a almorzar la semana que viene...” Y el abogado invitó a yantar a la fiscal, sin imaginarse la importancia que tendría ese almuerzo en el destino final de su relación adúltera con la infatigable y demandante tachirense, a la que visitó -  vencida la cuarentena,  temeroso y con el corazón enloquecido - esperando a solas y en la cama con Dinorah, la llegada del ansiado momento: “A pesar de sus temores, todo funcionó a la perfección, todo excepto su cerebro, que volvió a jugarle una mala pasada. La preocupación por tener un coito de excelente calidad, para demostrarle a ella que era un verraco (…) El coito iniciado con óptimos augurios devino en un acto mecánico, sin contenido, y su erección languideció sin estrépito, pero de manera definitiva, incapaz de producirle placer a ella ni sentido a él. Algo se desconectó entre su cabeza y su miembro y de nada valieron el reposo, las caricias de ella, las explicaciones que ambos se dieron ni la confianza ciega que tenía en la industria farmacológica. Gallo postrado, sentenció con amargura”. 
Ciertamente la pasajera felicidad de Benítez con Dinorah no estaba exenta de dudas y prejuicios relacionados con la injusta traición a Elvira, con el reiterado adulterio con A de aventura y atrevimiento. De allí que una tarde, una de esas de bienvenida tertulia con los camaradas de siempre en la Plaza Bolívar de La Asunción, el abogado contertulio se franqueó con su viejo amigo el psiquiatra  Pedro Boadas y le confesó: “Estoy enredado…con otra mujer (…) la verdad es que no podría explicarte con precisión de qué va esta relación, porque ciertamente tiene varios ingredientes, aunque el sexo, lo reconozco, es el factor principalísimo”.  Boadas escuchó con atención el detallado relato de su adúltero compañero, para simplemente ilustrarlo y aconsejarlo acerca de su delicada situación: “No estás viviendo nada nuevo José Alberto eso es lo que en Margarita, desde maríacastaña, hemos llamado encueramiento (…)  Pues ya llegará el día en que tendrás que saber cuál es el punto de quiebre”.
Y la otra pasión libertaria que anida en Esta Gente, hizo vertiginosa su aparición en la vida del abogado para generar inesperados e inauditos  hechos y situaciones, y propiciar de paso el ansiado punto de quiebre requerido por Benítez, el amante,  para disolver el vínculo adúltero y retornar al conyugal.
En efecto, un día sin más, Gumersindo Salazar -   su ex profesor en el Liceo Rísquez, periodista y editor, cronista de Porlamar, amigo muy cercano del padre de José Alberto, integrante del grupo de señalados notables de la isla -  se presentó, como ofrecido, a la oficina del abogado para hablarle “de un asunto muy importante”, un viejo sueño, una pasión militante, un proyecto por el cual estaría dispuesto a ofrendar la poca vida que le quedaba; “ver a Margarita, como un Estado libre e independiente, igual que Trinidad o cualquiera de esas otras islas del Caribe”.
Estupefacto e incrédulo, Benítez escucho pacientemente la monserga del anciano independentista, quien le adujo – entusiasta y convincente -  razones muy de fondo y de diversa índole: históricas, jurídicas, políticas, antropológicas, idiosincrásicas, para justificar aquello que los ojos y el entendimiento del abogado se negaban a admitir, dado el peligro inmanente y la trascendencia de la pasión de Don Gumersindo; una pasión patriótica, sublime, libertaria, que no tenía nada que ver con la suya de bajo vientre, de orgasmos bienvenidos en medio de un adulterio ejercido con arrebato en lecho ajeno. 
El anciano adujo argumentos de distinto tono y naturaleza en el intento de enrolar a su ex discípulo en las filas de su descabellada causa independentista, arguyendo de entrada y sin miramientos que: “Margarita nunca necesito de los gobiernos de Caracas para resolver las dificultades que podría traer consigo la insularidad (…) para nosotros ser una isla no ha sido un problema sino una bendición”.  Para darle más énfasis a su argumentación,  y ante el alegato de Benítez de que ese proyecto era un verdadero disparate, Salazar le interpuso además la incontestable realidad  del imaginario caribeño tan pleno de realismo mágico, al que tampoco escapan los margariteños: “Por esta razón, en el Caribe, históricamente, no ha habido una idea, por loca que parezca, que no haya prendido, que no haya tenido seguidores, y algunas de ellas incluso se han impuesto contra la lógica más avasallante. Eso fue así desde los piratas y corsarios, pasando por Henri Cristophe, el negro esclavo de Haití que se proclamó rey, hasta nuestros días. Por ejemplo, ¿tú has visto una vaina más loca que tomar una sociedad moderna y gobernarla según las percepciones de la economía de Inglaterra que tuvo un filósofo alemán de mediados del siglo XIIX? Un hombre tan irresponsable que, mientras escribía sus teorías los hijos se le morían de hambre. Algunos podrán pensar que es una tontería, pero nunca he seguido a nadie que no haya sido un buen padre de familia”. 
El secesionista margariteño contaba además con dos grandes argumentos de fondo que servían por sí solos de poderosa sustentación jurídica de su propuesta independentista. El primero de ellos, tenía que ver con la absoluta nulidad del vínculo original de la Provincia de Margarita con la naciente Venezuela independiente, que la llevo a ser una de las siete estrellas del nuevo pabellón nacional, recuerda Salazar: “En Margarita, en la asamblea que representaba a los habitantes de esta isla, se designó  diputado al congreso de las provincias, de la Capitanía General de Venezuela, a un ciudadano de Pampatar, Manuel Plácido Maneiro (…) Por esas cosas de nuestra política, (…) mientras el congreso de las provincias  de Venezuela estaba deliberando en Caracas, aquí en Margarita, donde había mucha gente que objetaba la elección de Maneiro, se realizaron unas maniobras que condujeron a la convocatoria de una nueva asamblea provincial de ciudadanos. En ella se destituyó a Manuel Plácido Maneiro como representante de la Provincia de Margarita y se designó a otro ciudadano, Obdulio Rodulfo (…) Rodulfo partió para Caracas tan pronto le resultó posible (…) Así que el nuevo representante llegó a Caracas exactamente el 6 de julio, un día después de realizada la sesión que declaró la independencia, pero, curiosamente, un día antes de que se firmara el Acta lo cual, y eso es un hecho histórico comprobado, se hizo el día siete.  Fundado en los documentos que lo acreditaban como nuevo representante, Obdulio Rolando realizó gestiones para ser él que firmara el Acta (…)  Juan Germán Roscio (…) para solicitar el impasse solicitó que el pleno del congreso designara una comisión que decidiera quién iba a firmar por Margarita (…) El dictamen de la fulana comisión (…) al parecer le dio la razón a Rodulfo. Digo al  parecer porque la decisión nunca apareció registrada en acta alguna (…) Pasado un mes de la declaración de independencia (…) Rodulfo introdujo ante la secretaría del congreso una carta que montaba un auténtico libelo de demanda, donde solicitaba la nulidad de la firma de  Maneiro y pedía que los amanuenses hicieran una nueva copia del Acta que debía ser firmada por él y, de nuevo, por los demás diputados del congreso. (…) Tengo en mi casa una copia de la carta introducida por Rodulfo (…) Hay un amigo, integrante de nuestro grupo, un historiador, margariteño de pura cepa, Pedro Incera, profesor universitario jubilado, que lleva una semana en Sevilla, consultando esos archivos y nos llamó para decirnos que ya dio con las cajas donde están los documentos del congreso de julio de 1811 (…) Si aparece ese documento (…) pues quedaría claro que la firma por parte de Maneiro, en aquella fecha del siete de julio, estuvo viciada de toda nulidad y no habría discusión posible sobre eso. Esa acta, como te voy a explicar, se ha convertido en un documento increíblemente importante. Tan pronto lo tengamos…” 
El segundo argumento jurídico de índole jurisprudencial tenía que ver, de acuerdo con la bordada perorata de Gumersindo, con decisiones del Tribunal Supremo de Justicia; según el independentista “… de esas sentencias se puede deducir que para el TSJ ciertos actos  viciados de nulidad al momento de su realización no se convalidan nunca y, más aún, que el lapso para demandar su anulación es imprescriptible, infinito (…) A la luz de esta novísima norma jurisprudencial que ordena realizar de nuevo el acto viciado, y así subsanarlo en su origen el vicio, según me explicó el doctor  Espinoza, sigue siendo nula, no se convalidó a pesar de los actos ratificatorios de esa voluntad realizados por Margarita como entidad política, y por los margariteños como pueblo, desde la independencia hasta nuestros días (…) según esas nuevas sentencias, formalmente, no somos parte de Venezuela, nuestro vínculo con la república nació nulo, y continúa siendo nulo porque no se convalidó con la realización de actos posteriores. En consecuencia, en sano derecho, sólo falta demandar la nulidad, según los nuevos criterios, y quedamos desligados de Venezuela”.  
Benítez, quien fue consultado no por este asunto secesionista, sino para ver si ayudaba a construir un informe sobre la supuesta venta de Margarita, en tiempos de Gómez, a Alemania, se vio – entre ingenuidades e intrigas – envuelto en la revuelta secesionista, a riesgo de su propia seguridad personal. Gumersindo Salazar dio la rueda de prensa en la que anunció el proyecto independentista, fue hecho preso por traición a la Patria, confinado a un sucucho húmedo y maloliente, irrespetando su condición de octogenario enfermo, y sin que se le otorgara la prevista y justa detención domiciliaria. En fin, el privado de libertad – como eufemísticamente llaman ahora a los presos – inició un ayuno que quince días después lo llevó a la muerte.
A todas estas, Dinorah Terán – Dino para su jefa - , la fiscal y amante de José Alberto, el abogado de Don Gumersindo, se negó enfáticamente a tener alguna consideración para con el anciano, argumentaba: “Usted está empeñado en que yo lo salve de sufrir las consecuencias de su insensatez y no puedo hacer eso. No puedo salvarlo de eso ni que fuese mi abuelo (…) La conciencia que tiene uno y el sentido de justicia se corresponden, Benítez. ¿Es que usted no entiende lo que está pasando? Hay una realidad que se concreta en que los que nunca fuimos nada, los que nunca importábamos nada, como yo, ahora somos e importamos. Ese proceso se ha ido afirmando no sólo en la justicia sino en las demás  áreas públicas de la nación, y en su desarrollo, se cometen hechos que parecen ser injustos, pero que analizados en profundidad y retrospectivamente, fundados en la historia no lo son”.
Benítez entendió a cabalidad que “los venezolanos llevamos a esta gente por dentro, como si fuésemos un cuerpo que genera anticuerpos contra sí mismo. Así nos dividiéramos hasta el infinito y quedáramos solos en el universo, esa realidad distinta que nuestra intolerancia genera va a estar allí, sin remedio, esta gente”.
 Benítez vislumbró finalmente que la pasión de la carne no podía estar en contradicción con su pasión por la justicia y la libertad, en fin, que no podía ser cómplice de esta gente.
Enrique Viloria Vera
viloria.enrique@gmail.com
@EViloriaV

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jueves, 18 de julio de 2013

FRANCISCO SUNIAGA, LA SOLEDAD DEL LIDER

No existe un ser más solitario que un líder político al momento de tomar una decisión en la que, de no acertar, su proyecto y su propio liderazgo están amenazados. Los consejos recibidos por compañeros y asesores en las instancias previas a decidir nada valen cuando llega a la encrucijada. 
Esos consejos, por cierto, suelen ser tan contradictorios como la realidad que tiene enfrente, o están contaminados por los intereses particulares de quienes los han emitido, son inservibles. Por eso, en ese último instante de máxima tensión emocional, cuando se juega la vida, el líder está absolutamente solo.
La posición del líder de un proceso político es de suyo muy difícil de alcanzar, y mucho más difícil de mantener. Dado que el líder es sólo el primus inter pares del proyecto, una equivocación importante implica quedar a merced de rivales que aspiran a deponerlo y asumir el liderazgo. Eso se supone que conduce, si se concibe la política como un sistema darwiniano, a tener cada vez mejores líderes o por lo menos más aptos para sobrevivir, que ya es bastante.
Hay que añadir, por supuesto, que el líder está sometido permanentemente a los exámenes, críticas y análisis de su desempeño por parte de los medios de comunicación (nunca imparciales) y sus opinadores. Los pundits, que llaman los gringos, capaces de declarar equivocado al líder, incluso cuando no ha tomado decisiones o cuando no está en la situación de tomarlas.
El problema con la mayoría de los pundits, a escala mundial, es que ellos se consideran más sabios que el líder (y que todos los políticos, a quienes usualmente se refieren en términos despectivos) y si no ocupan su posición es porque la política les asqueaba y decidieron dedicarse a otra cosa. Son los padres de la antipolítica, aunque se niegan a reconocer a la criatura.
El líder tiene además el trabajo para el que está ahí: enfrentar a los adversarios jurados del proyecto político en el que milita, quienes tienen el propósito de liquidarlos a ambos. El líder, de cualquier grupo político en cualquier parte del mundo, vive por tanto en medio de una permanente lucha. Qué duda cabe que es una posición muy difícil de detentar.
Venezuela es, por razones de muy diversa índole que aquí no caben, el lugar en el mundo donde ser el líder resulta, de lejos, más difícil. Si el liderazgo que se detenta, como es el caso de Henrique Capriles, es el de la oposición política a esta forma de dictadura cívico-militar cubanizada, que se ha hecho cada vez más eficaz y eficiente con el paso de casi tres lustros, las dificultades con las que debe lidiar alcanzan la estratosfera.
Aquí, de siempre, los rivales del líder pueden llegar a ser más feroces y desleales que en el resto del planeta. Si toca (y les parece que toca a cada rato) no le abren un paréntesis de paz para que despliegue su tarea contra el gigantesco adversario que tiene enfrente. 
Para sólo poner un ejemplo: Capriles ha acertado en cada decisión importante que le ha tocado tomar (nadie quería estar en su pellejo el 8 de octubre –cuando le tocaba decidir ser o no ser candidato a la Gobernación de Miranda– ni en marzo, al morir Chávez y salir a combatir el chavismo en treinta días), pero a veces pareciera que sus rivales lamentan que no se haya equivocado y lo siguen a regañadientes.
Algunos pundits en Venezuela son extremadamente afectos a jugar al offside. A diario demandan que Capriles “haga algo” ya. Otros, haciéndose eco de rivales del líder, confunden la política con el boxeo y quieren que sea “contundente”, “que confronte al chavismo con fuerza y en la calle” y se quejan de que ante su pasividad, Maduro “se consolide y se quede” (ni qué hablar de lo que escriben los punditsitos (LUMBRERAS) del Twitter).
El plan de Capriles está claro para los venezolanos de buena voluntad: aprovechar todas las elecciones para crecer aún más (como ha pasado con cada proceso electoral desde 2006). Ganar las elecciones municipales este año y las legislativas de 2015, para lo cual hay que construir desde ya (y en eso está trabajando) una alianza de amplio espectro, un aparato político, que haga posible esas victorias, y uno electoral que las cuide en las mesas.
Ese trabajo, a veces imperceptible, agotador y siempre fastidioso, es absolutamente necesario para poder aprovechar las casualidades, que, como las busetas por puesto, pasan a cada rato. Por eso cabe preguntarse ¿por qué, en lugar de dudar de Capriles y criticarlo sin ton ni son, no se le acompaña solidariamente en su dura tarea? Así, de repente, cuando le toque decidir las grandes, no estará tan solo.
@FSuniaga
fsuniagaf@gmail.com

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lunes, 4 de febrero de 2013

FRANCISCO SUNIAGA, SE ACABÓ EL CEMENTO

Vale decir, no tiene la coalición chavista ni la homogeneidad ideológica ni la identidad de fines (más allá de la supervivencia) como para que pueda superar en el mediano plazo la falta de Chávez, el cemento que los pegaba o, como dicen en Oriente, el muchacho por el que eran compadres. ¿Y entonces qué va a pasar?
A un cuando recuperara la salud, el presidente Chávez tendría muy mermada su capacidad para continuar al frente del proceso político bolivariano. Siendo así, se acabaría el cemento que ha pegado la coalición de fuerzas políticas que ha liderado por tres lustros y una de las resultantes de este entuerto podría ser una suerte de big bang cósmico del chavismo. Esta es una de las incógnitas más oscuras (y la que más preocupación produce a los venezolanos sensatos) de la compleja ecuación planteada con la ausencia y eventual desaparición de Hugo Chávez.
La coalición chavista es una rara avis de la política continental. Una alianza que junta visiones políticas que van de la extrema derecha a la extrema izquierda; donde cohabitan desde curas católicos hasta pranes, y en la que militan vastos sectores populares, gente decente que aspira a vivir mejor, y avispados mercachifles oportunistas que definitivamente ahora viven mejor que nunca. Ideológicamente nunca fue muy consistente (Chávez arrancó con aquello del humanismo, pasó por la Tercera Vía de Tony Blair y, a confesados golpes de inspiración nocturna, ha parido esto que llaman el socialismo del siglo XXI, cuyo texto guía solo él conoce). A nivel del imaginario popular chavista, este socialismo consiste en una laxitud selectiva de las formalidades cívicas y legales de la convivencia y la fácil obtención, de manera más o menos sistemática, de dádivas que van desde electrodomésticos hasta carros chinos. Si eso es el socialismo del siglo XXI, por qué no abrazarlo, pensaría el más lerdo.
En otro plano, en el ideológico-político y la estructuración del poder, las cosas son incluso un poco más complejas. Allí el chavismo está conformado básicamente de dos grupos: civiles de izquierda y militares, que en América Latina nunca han sido de izquierda o de derecha sino simplemente militares.
La izquierda del chavismo es una izquierda muy peculiar.
En principio, no sólo es una izquierda derrotada por las fuerzas democráticas durante la guerra de los años sesenta, sino que además fue derrotada (y eso fue más frustrante) dentro de la propia izquierda por concepciones más progresistas y modernas que se derivaron de la Primavera de Praga.
Más que cualquier otra cosa, los izquierdistas chavistas son unos parias del Muro de Berlín que, cuando llegó el comandante, se aferraron a él como el náufrago al trozo de madera.
Son en esencia ortodoxos (más cerca de Stalin que de Gorbachov), geográficamente cubanos y políticamente huérfanos.
García Ponce y Núñez Tenorio son las luces que los guían desde el más allá y se podría asumir que Giordani, que parece un creyente genuino pero como no habla no se sabe qué piensa, es el del más acá.
Habría que incluir a los izquierdistas de nuevo cuño, aquellos que en las universidades durante los ochenta se lamentaban de no haber nacido antes para haber peleado en las guerrillas y que ahora, nutridos por Toni Negri y otros teóricos del tumulto, se consideran las vestales de la revolución, los que no permitirán los desvíos del cauce revolucionario. El modelo más visible es Juan Barreto y da escalofríos pensar que este país pueda estar en las manos del autor intelectual del "monumento" a los indígenas en Longaray. A ellos habría que añadir a William Ojeda, David de Lima, el abogado Escarrá y otros herejes conversos cuya consistencia ideológica no puede ser más gelatinosa.
Los militares chavistas son otro caso. Están aquellos que se levantaron con Chávez en el 92 y forman una especie de guardia pretoriana que se sabe vinculada al caudillo y privilegiada por él por haberlo acompañado en su gesta. Los otros militares, los que carecen de la épica bolivariana (que no es mucha, dos golpes de Estado fallidos), son aquellos que tratan de hacer méritos bolivarianos a toda costa y, como tantos civiles, han encontrado en el chavismo el caldo de cultivo para adelantar sus carreras de la manera más cómoda y rápida. Todos, a la hora de la verdad, se han comportado y se comportarán como militares, fieles a una larga tradición autoritaria.
Vale decir, no tiene la coalición chavista ni la homogeneidad ideológica ni la identidad de fines (más allá de la supervivencia) como para que pueda superar en el mediano plazo la falta de Chávez, el cemento que los pegaba o, como dicen en Oriente, el muchacho por el que eran compadres. ¿Y entonces qué va a pasar? Mucho dependerá de la oposición democrática. A pesar de algunos esquiroles que no terminan de aceptar que la unidad pasa por dejar de lado sus visiones reprobadas por el electorado opositor y seguir, con lealtad, confiando en su juicio y sin dobleces, al liderazgo que tenemos y tanto ha costado construir.
fsuniagaf@gmail.com

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