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martes, 8 de mayo de 2012

LUIS UGALDE, ENCUESTAS INCIERTAS

Hace ya más de 30 años (abril a octubre de 1980) Cuba vivió un dramático proceso de éxodo masivo a Estados Unidos desde el puerto de Mariel. Presionado por la avalancha de 10.000 personas sobre la Embajada de Perú para salir hacia el infierno capitalista, Castro otorgó el permiso. El éxodo del paraíso crecía de día en día y el régimen volvió a cerrar las puertas cuando ya 125.000 individuos habían huido en precarias embarcaciones.

En 1979, yo había participado en una reunión en Cuba y volví dos años después. Los militantes del régimen, cuando están solos y no se sienten vigilados, se permiten confidencias conmovedoras. A un funcionario que conocía desde la primera visita le pregunté cómo valoraban el éxodo de Mariel y me respondió: “Sabíamos que hay descontento en Cuba, pero nos sorprendió la enorme avalancha. Pero lo más doloroso e inesperado para nosotros fue descubrir que también se fueron muchos militantes de partido que considerábamos absolutamente leales”. En este tipo de regímenes el temor y el ocultamiento político no son una excepción, sino la regla. Y no puede ser de otra manera, pues para el régimen sólo son dignos de algún respeto los incondicionales, y de ello depende desde la cartilla de racionamiento de comida hasta el empleo y los pequeños o grandes favores.

Venezuela no es igual al régimen castrista, pero quienes mandan hacen esfuerzos para lograr que lo sea. El miedo a hablar de política con sinceridad es un hecho en la calle, en el vecindario, en los ministerios, en los puestos de trabajo, en las colas de las “misiones” y repartos… Por lo menos un tercio de los venezolanos depende de los favores que se dan a cambio de carnet, camisa roja y adhesión. La promesa y la amenaza van de la mano. No puede ser de otra manera en regímenes donde el que no es servil es traidor y se le despoja de toda dignidad y derecho… Si en Cuba o en Venezuela un encuestador pregunta si estamos con la “revolución”, la mayoría va a decir que adora el proceso y a su líder. Más si se anotó en una lista para recibir vivienda, contrato, jubilación, beca, una “misión” para su mamá o empleo para su hijo… La encuesta tiene su valor en temas más neutrales, donde no es delito opinar.

Desconcertados y alarmados por las primarias opositoras de febrero, los dirigentes de la “revolución” se sintieron como ante la huida de Mariel: hay que frenar el éxodo.

La estrategia es echar rápidamente jarros de agua fría a las esperanzas de cambio democrático y para ello concentrar la artillería gubernamental: el candidato opositor no sirve; sus palabras son falsas y su conducta de delincuente, como sus golpistas jefes burgueses e imperialistas; la oposición está dividida, en las encuestas está a 23 puntos irremontables; y la revolución es eterna y también su presidente. ¡Dime de qué presumes y te diré lo que te falta! Las encuestas en el mes de posterior a las primarias son usadas para enfriar el entusiasmo y la esperanza de la oposición, y de aquí a octubre hay que meter miedo a quienes dicen que no van a votar por la “revolución”.

En este tipo de régimen las encuestas son inciertas y la estrategia de los demócratas no puede descansar en ellas, sino en el trabajo y propuestas para superar el desastre presente (y el pasado), dándose la mano las legítimas esperanzas y aspiraciones de la gente y el candidato; con credibilidad, esperanza, propuestas inteligibles y tangibles.

Por otra parte, estos regímenes “revolucionarios” no creen en mecanismos “democrático-burgueses” y sólo obligados los respetan. Por eso hay que urgir la transparencia del Registro Electoral, los testigos de mesa hasta en el último rincón y la última hora del 7 de octubre, y la movilización social y multitudinaria previa, que demuestre la disposición a defender democráticamente los resultados y el alto costo de violarlos.

No hay que ignorar las encuestas, ni poner la confianza en ellas, sino hacer el trabajo propio con convicción, decisión y acierto. En el reino de la mentira y del miedo todo es incierto, excepto el desastre socioeconómico y político reinante. La grave enfermedad presidencial viene a aumentar la incertidumbre. Las esperanzas sociales y la libertad dependen de la activación de millones de demócratas, decididos a defender la democracia e impedir el cierre a la cubana de las puertas del “paraíso”.

lugalde@ucab.edu.ve

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jueves, 1 de marzo de 2012

CARLOS ALBERTO MONTANER: DERECHOS HUMANOS: LA NECESIDAD DE COHERENCIA EMOCIONAL (DESDE ESPAÑA)

Cuba debe haber sido el único país de América Latina que ha enviado a los homosexuales —al menos a miles de ellos— a campos de trabajo forzado para reeducarlos, modificar su conducta y traerlos al buen vivir revolucionario, mediante el proceso purificador de cortar caña o sembrar boniatos de sol a sol, bajo los maltratos inclementes de militares especialmente sádicos.
Le agradezco a la asociación Colegas de Madrid, dedicada a defender en España los derechos de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales, y a su presidente, el señor Rafael Salazar, la generosa iniciativa de propiciar esta jornada sobre derechos humanos y homosexualismo en Cuba.

Se trata de un tema extremadamente importante, dado que en Cuba, como sucede en todas las sociedades totalitarias, las personas que tienen una orientación sexual diferente a la que prescribe el gobierno, suelen padecer diversos grados de discriminación, rechazo y, en definitiva, homofobia.

Cuba debe haber sido el único país de América Latina que ha enviado a los homosexuales —al menos a miles de ellos— a campos de trabajo forzado para reeducarlos, modificar su conducta y traerlos al buen vivir revolucionario, mediante el proceso purificador de cortar caña o sembrar boniatos de sol a sol, bajo los maltratos inclementes de militares especialmente sádicos.

Y no se diga que fue un fenómeno aislado ocurrido en los años 60 del siglo pasado, cuando el régimen acababa de comenzar y era dirigido por unos jóvenes barbudos, inexpertos y escasamente educados, prisioneros de cierta mentalidad rural teñida por el machismo.

En 1980, durante el éxodo de Mariel, tras más de veinte años de gobierno, los Castro expulsaron de Cuba a miles de homosexuales calificados como “escoria”. Previamente, fueron vejados por turbas fanáticas alentadas por la policía política que organizaron unos repugnantes pogromos contra ellos.

La mejor prueba de lo que la cúpula dirigente cubana pensaba de los homosexuales es que, junto a ellos, y en los mismos botes, embarcaron rumbo a Estados Unidos a muchísimos asesinos, locos y hasta un pobre leproso. Para el gobierno cubano, un homosexual era indistinguible de un asesino, un loco o un leproso. No había diferencias.

Los nazis, con su perverso sentido de la organización, antes de encerrarlos o sacrificarlos, clasificaron a los judíos con una estrella de David amarilla, a los homosexuales con un triángulo rosa y a delincuentes de diversos tipos con triángulos verdes o de otros colores. Los comunistas cubanos ni siquiera se tomaron ese siniestro trabajo.

Afortunadamente para la historia, los cineastas Néstor Almendros y Orlando Jiménez-Leal dejaron filmado un excelente documental sobre este tema, Conducta impropia, que estremece de horror a cualquier persona decente que lo contemple.

Iusnaturalismo contra Iuspositivismo

En todo caso, mi intervención de hoy será más abarcadora y, aunque lo incluye, excede al tema cubano y comienza remontándome a los griegos, cuando se estableció un debate teológico que dura hasta nuestros días.

Me explico. Cuando los estoicos plantearon en Grecia, hace dos mil trecientos años, que los seres humanos tenían derechos que no provenían de la fratría o de la ciudad a la que pertenecían, sino que gozaban de ellos por su especial naturaleza, inmediatamente se alegó que esos derechos provenían de los dioses.

¿Si no los concedían los hombres, de dónde podían proceder si no era de la voluntad de las deidades?

Cuando Occidente se hizo monoteísta, heredó el iusnaturalismo o derecho natural postulado por los estoicos. Casaba perfectamente con la teología judeocristiana. Un Dios omnipotente podía otorgar derechos que los hombres no podían cancelar porque no habían sido concedidos por ellos.

Si Dios había creado a los hombres a su imagen y semejanza, esto los hacía diferentes al resto de las criaturas. El iusnaturalismo era un razonamiento perfecto … para los creyentes.

La Ilustración, que es de donde viene directamente nuestra organización política y nuestra visión moderna del Estado, se organizó en torno a esas benéficas suposiciones. La Declaración de Independencia de Estados Unidos en 1776, y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de Francia en 1789, son dos claros ejemplos de la enorme influencia del iusnaturalismo en la evolución política de nuestra civilización.

Pero frente a esta tradición, poco a poco, fue ganando terreno el iuspositivismo. Todo derecho era una concesión humana, porque derivaba de leyes hechas por el hombre y, por lo tanto, ellos podían modificarlo, sustituirlo o anularlo. Rousseau, aunque a veces se contradice, puede ser considerado el padre del iuspositivismo y su Contrato Social una fuente potencial de autoritarismo.

En todo caso, si se abandonaba el iusnaturalismo, la única barrera defensiva era elconstitucionalismo. Los pueblos, después de graves y sangrientos enfrentamientos, habían logrado limitar la autoridad de los monarcas, de la aristocracia y del clero. Simplemente, se reconocía la existencia de ciertos derechos y se estipulaba que no se podía legislar fuera de los límites de la Constitución. Esa era la coraza que protegía los derechos individuales.

El problema es que las Constituciones podían ser abolidas o cambiadas radicalmente por diversos medios, incluida la violencia, amparándose en el discutible principio de que la Revolución es fuente de un nuevo orden legítimo, destruyendo en ese acto cualquier suposición de que existían derechos humanos imprescriptibles.

Esto es lo que ha sucedido en los regímenes totalitarios fascistas y comunistas. La noción deliuspositivismo permitió la desaparición de los derechos individuales y se subordinaron todos los derechos a la consecución de los fines del Estado, definidos éstos por una minoría poseedora de todas las verdades y dueña de todas las certezas. Ése ha sido el origen de los mataderos contemporáneos sufridos por nuestra especie en el siglo XX.

La coherencia emocional

¿Hay otra fuente moral capaz de alimentar la noción de que existen derechos individuales inalienables? Esa es la crucial pregunta que deseo responder en estos papeles.

Como toda legitimidad debe asentarse en una teoría razonable, a los efectos del debate es fundamental poder defender la existencia de derechos naturales sin necesidad de recurrir a Dios o a argumentos de autoridad. Mi intención hoy es identificar y analizar la existencia de otra necesidad, generalmente olvidada, a la que llamo coherencia emocional. Asimismo, establecer que esa necesidad da origen y sustento a la existencia de los llamados derechos naturales.

Nadie duda de que los seres humanos tienen ciertas necesidades básicas absolutamente vitales. El oxígeno, el agua y la alimentación son tres buenos ejemplos. No se les pueden negar estos elementos a las personas, sin que ello se convierta en un crimen horrendo. No ha sido necesario consignarlo en los textos legales porque es obvio, pero existe el derecho tácito a respirar, a beber y a alimentarse. Quizás es a eso a lo que se referían los clásicos cuando hablaban del “derecho a la vida”.

Tampoco se les puede negar a las personas el derecho a la coherencia emocional sin infligirles un daño cruel capaz de provocarles la mayor infelicidad.

Debo comenzar, pues, por definir qué es la coherencia emocional y por qué es fundamental poder gozar de ella.

La coherencia emocional es un estado anímico en el que nos sentimos en paz con nosotros mismos cuando tomamos decisiones y adoptamos comportamientos que se ajustan a nuestros valores, deseos y preferencias. La felicidad tal vez sea exactamente eso. No radica necesariamente en poseer objetos valiosos y vivir en casas lujosas, sino en sentir una íntima armonía y satisfacción con nuestro yo interior.

De alguna manera, la coherencia emocional está en la base misma de ese derecho a “la búsqueda de la felicidad” que proclamó John Locke y luego, un siglo más tarde, reiteró Thomas Jefferson en la Declaración de Independencia de Estados Unidos. “Conócete a ti mismo”, es un viejo consejo o mandato supuestamente inscrito en el templo de Apolo, en Delfos, porque solo dentro de uno mismo se podía encontrar la felicidad.

“La felicidad —afirmaba Ayn Rand— es un estado de alegría sin contradicciones”.

No olvidemos que un estado anímico determinado —tristeza, amor, atracción o repulsión físicas, melancolía, alegría, desazón, repugnancia, odio, o la propia felicidad a la que aludimos— es el resultado de la intrincada, pero instantánea confluencia física, totalmente incontrolable, entre nuestra carga genética, la acción de neurotransmisores y hormonas, y las informaciones, creencias y valores que aporta la cultura en que nos desenvolvemos. Los estados anímicos, dicho sea de paso, nos proporcionan grados de dolor y de placer. A veces son tan gratos que quisiéramos que se prolongaran para siempre. A veces son tan dolorosos que deseamos quitarnos la vida para no seguir sufriendo.

Cuando nos obligan a sostener criterios que íntimamente rechazamos, cuando debemos adoptar actitudes que contradicen nuestros reales deseos, cuando se nos prohíbe amar a quien queremos, o se nos exige amar a quien no queremos, cuando nos fuerzan a militar en organizaciones que no nos simpatizan, o a repetir consignas que detestamos, las consecuencias son nefastas para nuestro organismo.

En esas circunstancias adversas de íntimas contradicciones surge un malestar psicológico que puede desembocar en verdaderas neurosis que se somatizan de distintas formas, incluida una peligrosísima alteración del ritmo cardíaco, porque resulta que, finalmente, era cierto que el corazón sufre de pena, como siempre han sospechado los poetas.

Disonancia cognitiva

Un psicólogo especialmente brillante de la década de los cincuenta del siglo XX, León Festinger, llamó a este proceso “disonancia cognitiva”, abriendo con ese concepto una zona muy rica de investigaciones científicas.

La disonancia cognitiva nos hería la psiquis de una forma tan profunda que tratábamos de paliar sus efectos con conductas erráticas muy dolorosas, como traicionar nuestra racionalidad asumiendo hipócritamente puntos de vista ajenos y contrarios a nuestras convicciones que nos ponían a salvo de las consecuencias de nuestras creencias reales.

El llamado síndrome de Estocolmo es la más conocida y manoseada de las disonancias cognitivas. Consiste en alabar y amar a nuestros verdugos para que no nos hagan más daño, fingimiento que, en cierto momento, nos lleva a dudar de nuestros verdaderos sentimientos y a dar por cierta lo que no es otra cosa que una penosa estrategia de supervivencia.

¿A dónde nos conduce claramente la necesidad de coherencia emocional?

Nos conduce a proclamar, como su consecuencia lógica, el derecho a expresarnos libremente, a informarnos libremente, a asociarnos libremente, y, tal vez, al más trascendente de todos los derechos relacionados con la necesidad de coherencia emocional: a amar libremente a quien queremos y como queremos.

A lo largo de los siglos, los hombres han estado dispuestos a jugarse la vida en defensa de estas libertades porque en ello les iba algo tan importante como la coherencia emocional. La necesitaban. Necesitaban respetarse a sí mismos para experimentar lo que era una existencia realmente digna y decorosa.

Nadie está autorizado a conculcarnos esos derechos. Nadie está legitimado para impedir nuestra coherencia emocional. Quien lo haga, cometerá un crimen contra la naturaleza humana.

Claudio Sánchez Albornoz, glosando y corrigiendo a Benedetto Croce, dejó escrito que la historia es la hazaña de la libertad, y la libertad, la hazaña de la historia”.

Tenía razón. Es posible concebir la aventura humana en Occidente, pese a las contramarchas eventuales, como una ampliación creciente de las libertades individuales.

Ustedes, jóvenes, hacen historia participando de esa hazaña de la libertad. Todos les tenemos que estar profunda y eternamente agradecidos. ¡Adelante!

Fuente: iplperu.orgEL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, OPINIÓN, NOTICIA, REPUBLICANO LIBERAL, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA, INTERNACIONAL, ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA