BIENVENIDOS AMIGOS PUES OTRA VENEZUELA ES POSIBLE. LUCHEMOS POR LA DEMOCRACIA LIBERAL

LA LIBERTAD, SANCHO, ES UNO DE LOS MÁS PRECIOSOS DONES QUE A LOS HOMBRES DIERON LOS CIELOS; CON ELLA NO PUEDEN IGUALARSE LOS TESOROS QUE ENCIERRAN LA TIERRA Y EL MAR: POR LA LIBERTAD, ASÍ COMO POR LA HONRA, SE PUEDE Y DEBE AVENTURAR LA VIDA. (MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA) ¡VENEZUELA SOMOS TODOS! NO DEFENDEMOS POSICIONES PARTIDISTAS. ESTAMOS CON LA AUTENTICA UNIDAD DE LA ALTERNATIVA DEMOCRATICA
Mostrando entradas con la etiqueta ESTADO FALLIDO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ESTADO FALLIDO. Mostrar todas las entradas

viernes, 24 de octubre de 2014

ANÍBAL ROMERO, ¿ESTADO FALLIDO O SOCIEDAD FALLIDA?

Diversos comentaristas se han referido al actual Estado venezolano como un “Estado fallido”. En lo que sigue argumentaré que el Estado “bolivariano” no es un Estado fallido, aunque creo razonable afirmar que la sociedad venezolana sí lo es.

ESTADOS FALLIDOS
http://www.taringa.net/posts/economia-negocios/16956083/Mexico-cerca-de-ser-un-estado-fallido.html
Empecemos por definir de manera concisa qué es un Estado. Según Max Weber, para empezar, el Estado es una instancia de poder que “reclama para sí, dentro de un determinado territorio, el monopolio de la violencia física legítima”. Cabe constatar que el Estado “bolivariano” (y uso el término “bolivariano” tan solo para designarle, sin contenido conceptual, histórico o moral alguno) no solamente reclama para sí el control de la violencia legítima sino también de la ilegítima, mediante la acción de los llamados “colectivos” y otras organizaciones paramilitares colocadas fuera de la ley, dirigidas a intimidar y reprimir al “enemigo interno”.

Los analistas que caracterizan al actual Estado venezolano como “fallido” tienden a confundir el aspecto estrictamente empírico (es decir, el problema de lo que el Estado es), con el aspecto ético o normativo (es decir, lo que debería ser el Estado).Según Thomas Hobbes el Estado, en este último sentido, se define en función de la relación entre protección y obediencia, o expresado en otros términos, en función de la misión de garantizar la seguridad de los ciudadanos a cambio de su obediencia. Desde luego, en el contexto de lo que hoy entendemos como Estado de Derecho esa obediencia no se refiere a un tirano absolutista, sino a las leyes; pero está claro que la misión de la ley es igualmente la de proteger a la ciudadanía a cambio de su legítima aceptación de la misma.

Lo que afirma Hobbes se refiere a lo que un Estado debe lograr. Sin embargo, hay que tomar en cuenta que un Estado es también un sistema de dominio y control políticos, que en numerosas ocasiones es empleado por quienes detentan el poder para someter a una sociedad y así garantizar su perdurabilidad en el mando. En ese orden de ideas, el actual Estado “bolivariano” cumple hasta ahora a cabalidad su propósito de desplazar, intimidar, reprimir, someter o expulsar a una sustancial parte de la población, que se muestra inconforme con la situación del país y sus perspectivas.

En otras palabras, el Estado “bolivariano” cumple el objetivo de aplicar con éxito un sistema de dominación y control, que no solamente no protege a un amplio sector de la población, sino que de manera activa procura dejarle desprotegido y en lo posible paralizado, echando por tierra la prescripción hobbesiana, pero a la vez consolidando un modelo de sujeción política que está lejos de ser “fallido”.

Si adicionalmente recordamos que, de acuerdo con Carl Schmitt, el concepto de soberanía es parte fundamental del concepto de Estado y que, según este autor, “soberano es el que decide sobre el estado de excepción”, debemos en consecuencia concluir que el Estado “bolivariano” cumple de modo sobradamente eficaz con el criterio esbozado. Lo sostengo de ese modo pues en Venezuela se vive una situación de excepción permanente, es decir, una suspensión permanente de la Constitución y las leyes. Resulta patente que el grupo civil-militar que gobierna ejerce un poder arbitrario y enlazado exclusivamente a sus intereses de perdurabilidad en el mando. Es un modelo que violenta todos los límites que caracterizan un genuino Estado de Derecho.

De modo, pues, que si bien el Estado “bolivariano” no satisface los criterios normativos establecidos en algunas de las definiciones citadas, sí debemos admitir que como sistema de dominio y control políticos es un Estado bastante exitoso. No estamos hablando, con relación a la actual Venezuela, de un Estado fallido como podrían ser los casos de Libia, Iraq o Siria. Por el contrario, el Estado “bolivariano” es una instancia de mando político que ejerce sin controles ni límites constitucionales el poder, convirtiendo la prueba de la soberanía (la definición de la situación de excepción de Schmitt), en una vivencia permanente dentro de la sociedad venezolana. 

Ese sistema o modelo de dominio ha sido en no poca medida calcado de la experiencia revolucionaria cubana, y seguramente recibe un sólido asesoramiento y respaldo desde La Habana y su red de inteligencia en Venezuela.

Algunos de los rasgos de tal modelo aplicado en nuestro país son estos:

1) Incorpora a un importante sector castrense al ejercicio del poder y al disfrute de sus privilegios (en Cuba los militares controlan la economía).

2) Da respuesta a las necesidades legitimadoras de la izquierda radical, mediante la retórica antiimperialista y socialista.

3) Desmoviliza paulatinamente a la población pobre a través de la propaganda y la hegemonía comunicacional, la represión y la dependencia alimentaria, como ocurre en Cuba.

4) Expulsa o somete a la clase media a través de la destrucción de sus expectativas de progreso y libertad.

5) Doblega o domestica al sector opositor mediante el encarcelamiento de sus más auténticos líderes, la preservación de una esperanza siempre repetida de alternabilidad en el poder –pero con mecanismos electorales arbitrarios y/o fraudulentos–, y el otorgamiento parcial y bajo constante amenaza de “espacios”, a los que llega intermitentemente el dinero que el régimen, en última instancia, manipula.

Quizás Hobbes nos diría: El Estado “bolivariano” no es un verdadero Estado. Quizás Weber nos diría: El Estado “bolivariano” no es un Estado de Derecho. Quizás Schmitt nos diría: Una situación de excepción permanente como la existente en Venezuela es una contradicción. Pero me temo que el grupo civil-militaren el poder en Venezuela no tiene excesivo interés en la teoría política. Lo que sí les interesa es la práctica política, en todo lo que tenga que ver con el control sobre una sociedad fallida.

A ese grupo civil-militar le interesa el poder, no las encuestas.

Afirmo que la sociedad venezolana es fallida en dos sentidos:

En primer lugar, se trata de una sociedad que se ha mostrado incapaz de superarse decisivamente en los planos de la educación, la productividad y la competitividad en el mundo de hoy. La nuestra es una sociedad en la que hace rato se rompió el vínculo entre trabajo y bienestar, que ni siquiera concibe asumir el aumento del precio de la gasolina, el más bajo del planeta, aunque resulta obvio que estamos hablando de una gigantesca distorsión económica, una distorsión que nos revela ausentes y ajenos a las realidades y exigencias contemporáneas. Vivimos del petróleo y queremos seguir haciéndolo.

En segundo lugar, la sociedad venezolana es fallida pues ha permitido que una isla empobrecida y aplastada como la Cuba actual, una isla, sin embargo, cuyo régimen despótico está conducido por una élite político-militar con objetivos claros y férrea voluntad, nos subordine y explote, mediante la subalternización psíquica e ideológica del grupo civil-militar que nominalmente manda en Venezuela, y ante la mirada impasible de una dirigencia de oposición que en general ni siquiera toca el tema, y pasa a su lado en resonante silencio. Ello sin olvidar a tantos analistas y comentaristas para quienes el reto de la influencia de la Cuba castrista en Venezuela pareciera ser tabú, por razones que francamente ignoro.

El “Estado bolivariano” no es un Estado fallido, ni un narco-Estado ni un Estado forajido, aunque presente rasgos que nos permiten atribuirle tales calificativos en el plano ético, en el plano de lo normativo.

La sociedad venezolana (la sociedad, no el Estado) sí es una sociedad fallida, que se autoengaña sobre su realidad, se hunde cada día más en el atraso en todos los órdenes de la existencia nacional, y admite, con honorables excepciones individuales y momentos de lucha colectiva, su subalternización al régimen tiránico en Cuba.

En términos de modelo de dominación, encontramos entonces que el desarrollado por el grupo civil-militar en el poder en Venezuela, en alianza con el régimen castrista en Cuba, se caracteriza hasta ahora por su eficacia en cuanto a su tarea principal: perpetuarse en el poder.

Pero nada humano es eterno, ni siquiera los “comandantes”. Lo expuesto en estas notas no implica que el Estado “bolivariano” sea invulnerable, o que Venezuela será para siempre una sociedad fallida. El futuro está abierto y, para repetir el lugar común, el futuro tendrá que ver con lo que digamos y hagamos, o dejemos de decir y hacer, en el presente.

Anibal Romero
aromeroarticulos@yahoo.com

EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, DIARIO DE OPINIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, ACTUALIDAD INTERNACIONAL, OPINIÓN, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, REPUBLICANISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA,ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA,CONTENIDO NOTICIOSO,

domingo, 22 de abril de 2012

FRANCISCO GARCÍA SAMANIEGO / CUANDO LA CORRUPCIÓN SE APODERA DEL ESTADO

Como se sabe en los estudios de Ciencia Política, el Estado es el garante y el motor central para el desarrollo, en tiempo y en el espacio, de la Nación. Pero además el Estado debe estar conformado por condiciones jurídicas e institucionales que se respeten por los políticos y por sus ciudadanos. Es decir, bajo los deberes y derechos que de un pacto de unión constitucional se dan ambos para el desempeño del buen gobierno.
Lamentablemente en la Venezuela actual, el Estado pasa a formar parte del gobierno y no de una nación en general. Lo que conlleva al declive del Estado en sus formas institucionales para su buen desempeño, dando como resultado formas de gobiernos personales, en donde los políticos de turno toman el Estado para sí. De allí se genera todo un cúmulo de problemas dentro de la sociedad y las representaciones sociales quedan a la deriva por excesivas demandas de los ciudadanos a un Estado que no responde por el manejo inoportuno de quienes detentan el poder en el gobierno en su momento.
De hecho es una concepción que destaca la política anti-institucional desplegada por los actores neopopulistas dirigida contra los partidos y las elites políticas del sistema presidencialista de gobierno. Siendo así el sistema presidencialista de gobierno un sistema que ha generado formas populistas en un comienzo, hacia formas neopupulistas apoyadas en los discursos mediáticos sin contenidos en políticas públicas claras de gobernabilidad. Tendiendo de esa forma a generar la desgobernaza en los ejecutivos y en especial el caso venezolano que nos ocupa hacia las formas de descontrol institucional por la personificación de la corrupción en todos los entes administrativos del Estado en manos de militares incompetentes.
Es decir, en nuestros días (de agudos dislates y genuflexiones abiertas) el desgobierno se nos presenta atropellador de toda disidencia, de toda pluralidad de pensamiento y sobre todo, de respeto a la institucionalidad y al Estado de derecho en el juego político de toda democracia. En sí, los desafueros del señor presidente y sus Tartufos, (arlequines) caen en una suerte de extremismo político que evidencia una política de la desesperación. Política que refleja el irrespeto a la coexistencia pacífica de la diversidad. Por eso ataca a los medios de comunicación, porque saben muy bien el poder de reflexión que generan en la opinión pública, mucho más en tiempos de crisis. Así, ataca la democracia social. En sí, no creé en la democracia porque no respeta a sus oponentes.
De hecho, la hostilidad del verbo tórrido y del discurso leguleyo permite procesar la idea en la cual en nuestro país el mercado de las ideas por parte del gobierno se encuentra totalmente clausurado. Como clausurada se encuentra nuestra economía a causa de tanta retórica intrusa y acusatoria de fantasmas ya enterados por la historia. Un Morbo que de tanto irrespeto se transforma en una constante conspiración en la mente de quien se le otorga la duda, para no decir su falta de toda capacidad de gestión en el manejo del Estado.
Esa es la mayor evidencia de la corrupción en todos los órdenes dentro de la administración pública, de burócratas  jaladores de charreteras, y tan sólo con esas expresiones bastaba para acabar constitucionalmente con los dislates del poder del delirante pasajero visitante a Venezuela, de vez en vez, desde su terruño en la Cuba Fidelista.
Así, se recrudece la antipolítica, fenómeno inscrito en tipos de desgobierno autoritario, en donde se niega todo consenso, y su distinción básica es el antipluralismo. Actitud esta que por el desprecio a toda discusión política racional coherente y de respeto a la autonomía de las instituciones, viola todo fundamento jurídico. Es un lenguaje y práctica corrupta que no se adaptada a los preceptos constitucionales. Además, de acuerdo con Seymor Martín Lipset son “cualidades” inherentes a todo populismo autoritario, que valiéndose de su poder carismático se propone desde el ejecutivo acabar con la mediación entre el pueblo y la jefatura política.
Pero resulta que al desgaste de 14 años de desgobierno, la sociedad, y en especial la Nación, que el propio poder personal, militar-militarista desprecia, al vivir y convivir en Cuba, comienza a rescatar (la sociedad civil) su civilidad por las condicionantes de la corrupción del mal llamado proceso revolucionario del socialismo del siglo XXI.
Es decir, Y como bien señalara hace ya tiempo ese gran pensador español José Ortega y Gasset a sus suscriptores en su reflexión, La democracia Morbosa en el Espectador: (1917) “La democracia, como democracia, es decir, estricta y exclusivamente como norma del derecho político, parece una cosa óptima. Pero la democracia exasperada y fuera de sí, la democracia en religión o en arte, la democracia en el pensamiento y en el gesto, la democracia en el corazón y en la costumbre es el más peligroso morbo que puede padecer una sociedad”.
En tal sentido, se presenta un Estado fraudulento, un Estado en su desgobierno ejecutivo, corrupto y corruptor de las instituciones, un Estado incapaz, manejado por delincuentes que sin tener escrúpulos destruyen una nación, un país, una sociedad, que años atrás le dio legitimidad para mejorar las condiciones de vida, pero que no cumplieron con sus propuestas políticas y administrativas. Acabaron en prácticas políticas desfasadas de las realidades de la economía global y todo ello ha producido una sociedad diezmada, empobrecida, inadaptada, violenta y enferma.
Pero  la propia sociedad comienza a recuperar su civilidad, y comienza a despertar, precisamente por todos los problemas registrados en el país, y la sociedad misma (el pueblo) será el garante de rescatar nuestro sistema republicano de gobierno. Porque el ataque de Chávez y su grupúsculo, corrupto y corruptor del Estado de derecho, ya no atacan a la democracia, atacan al Estado republicano liberal que un día Bolívar y muchos próceres defendieron con la vida, y que a partir de ése 19 de abril de 1810 comenzó a tomar forma en el compás de las naciones para conformarse como el Estado, en la República de Venezuela.
franciscogarcia_samaniego@hotmail.com
 EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, OPINIÓN, NOTICIA, REPUBLICANO LIBERAL, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA, INTERNACIONAL, ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA