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lunes, 10 de noviembre de 2014

ASDRÚBAL AGUIAR, EL SER QUE (AÚN NO) SOMOS LOS VENEZOLANOS

ASDRÚBAL AGUIAR
Pedro Paúl Bello nos obsequia recién su libro sobre Venezuela, raíces de invertebración: el ser que somos los venezolanos donde explica el porqué de nuestro saldo histórico como pueblo invertebrado, en apariencia incapaz de sortear, como ahora, su hora de adversidad.

Escrito con serenidad, con responsabilidad y sin apremio, describe en sus páginas la negación que hace de sí cada venezolano antes y después de 1811; a un punto que nunca nos sentimos satisfechos o contentos ni con la obra ajena ni con la propia. Y por ello, en la búsqueda agónica de una razón de ser y existir, apelamos a los mitos que creamos o encontramos al azar para luego desecharlos y sucesivamente hacernos de otros, en un continuo caminar que a todos nos impide adquirir aún el perfil de una nación verdadera, ligada por los afectos y decantada sobre valores compartidos.

Paúl parte de una consideración de base que vuelve por sus fueros e impide otra vez dar por cerrado y como cosa pasada el debate acerca de nuestros orígenes republicanos: vivimos una farsa constitucional permanente que nos obliga, de tanto en tanto, a emprender de nuevo el camino de la experiencia social, nacional y republicana, como si nunca lo hubiésemos recorrido.

Según lo explica el autor, los venezolanos, antes de ingresar al purgatorio -que viene a ser nuestro Estado, ese que nos hace sociedad artificial o postiza, primero dentro de las mesnadas revolucionarias que dominan a nuestro siglo XIX, luego dentro de los cuarteles y sucesivamente dentro de los partidos a lo largo de todo el siglo XX- perdemos hasta el sentido de la libertad, incluso económica y de iniciativa, desde la más lejana época colonial.

La dominación hispana –cuestión que aborda- nos intenta dar identidad en la lengua, religión y costumbres, y también en nuestro encuentro alrededor de nuestras pequeñas patrias raciales o las políticas, que son nuestros primeros cabildos. Pero esa forma de identidad en fragua que nos viene desde España y da soporte y la oportunidad común para avanzar junto a ella o sin ella en la ampliación -sea de la idea de la nación española, sea de la búsqueda de alguna otra parecida-, se rompe una vez como se establecen privilegios sobre los criollos. Así nacen, de modo anticipado, previo a la emancipación formal de 1810, el estamento de los excluidos, de los resentidos, quienes desde entonces acopian frustraciones y mascullan sus deseos libertarios, que no de libertad con su contrapartida de responsabilidades, e igualitarios, que no de igualdad como desiderátum del esfuerzo personal en ascenso que se niega al rasero de los mediocres.

En mis palabras de mediados de año ante la Real Academia, reunida en Cádiz, expresé por lo mismo y sin ambages que lamentablemente, más tarde, desde Cartagena de Indias, Bolívar, por preferir la enseñanza antigua sobre la renuncia del pueblo a su poder soberano a manos del monarca quien lo ha de ejercer vitaliciamente, se ocupa de rezar y elaborar su credo dionisíaco prosternando a nuestros apolíneos padres fundadores de 1811, hombres de razón y de levita. Seguidamente, desde Angostura propone, en 1819, la creación de un senado hereditario – con los hombres de guerra; pues a ellos todo se los debería la patria lograda. Y después, con su Constitución de Chuquisaca, de 1826, concreta el modelo final de su ideario político, de su deriva autoritaria – forja el presidente vitalicio quien elige a su sucesor en la persona del vicepresidente – y contra la que reacciona airadamente el intelectual liberal Tomás Lander, amigo de Miranda y miembro a la sazón de la misma Secretaría del Libertador.

Pero “estamos ante nuevas realidades – afirma Paúl - que modifican radicalmente las expectativas de los habitantes de este país respecto a la política, los partidos políticos y sus dirigentes. Hay apatía, ciertamente; tenemos poca conciencia ciudadana, es verdad. También conocemos comportamientos que aíslan, por supuesto. Sin embargo, nada de esto resulta nuevo. El país es lo que es desde hace mucho: lo que somos y hacemos viene desde los primeros tiempos de nuestra existencia política formal; pero hace más de cuatro décadas, los venezolanos -que no éramos otros distintos a como hoy somos y teníamos los mismos rasgos culturales, defectos y hasta “taras” si así se quiere calificar algunos de ellos- mostrábamos gran participación política”, observa el autor.

En fin, según él, habría pasta suficiente para moldear a la nación que aún mora por serlo y darnos un orden diverso, que se mire en lo que somos y en las coordenadas del siglo en curso.

Asdrubal Aguiar S.
correoaustral@gmail.com
@asdrubalaguiar

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sábado, 31 de mayo de 2014

NELSON CASTELLANO-HERNANDEZ, ESA NADA QUE NOS CIRCUNDA

Cae la noche en Venezuela, en sentido real y figurado, un país rodeado de la nada. Entendida la nada como ausencia de lo que es o debería ser.

Es el Ser o no Ser que se han planteado los filósofos. Algunos de ellos concibieron la Nada como la negación del Ser, afirmando que lo que existe es el Ser y cuando se le niega aparece la Nada.
Parménides sostuvo que el “No Ser”, no es, otros aseguraron que de la nada no puede surgir algo, por su parte Aristóteles, señaló que tanto la negación como la privación se dan dentro de afirmaciones, porque incluso del “No Ser” puede decirse que no es.
La concepción cristiana de la creación influenció la filosofía moderna e instaló la idea que Dios hizo el mundo a partir de la nada.
Filósofos y teólogos, las diferentes culturas existentes en el mundo, han estudiado el concepto de la nada o de la inexistencia.
Jean Paul Sartre en su obra “El ser y la nada” sostiene que el ingreso de la nada al mundo se debe a la existencia del hombre.
Esa nada intrínsecamente ligada a la negación, en la cual está sumida Venezuela.
Originada por una banda de personas que decidieron apoderarse del poder para crear sus propias reglas del juego, con leyes que se aplican para su solo beneficio y sin que correspondan a nuestro tipo de sociedad.
Funcionan fuera de toda ética y moral, han escogido utilizar al pueblo para instrumentalizar un aparato gubernamental a su servicio, a fines de aprovecharse y enriquecerse.
El proceso se realizó desmontando un país y sus instituciones y perfeccionando un sistema de control y represión para impedir cualquier reacción. Como resultado Venezuela se quedó paralizada entre lo que fue y lo que podría ser, entre su pasado y su futuro.
El drama es la existencia de una sociedad de vista corta, que piensa que los derechos que vamos perdiendo, que los principios que llegamos a negociar, que la concesiones que hacemos de nuestros valores, ¡Son nimiedades!
Como si el venezolano hubiese perdido la capacidad de soñar, de sorprenderse, de distinguir lo bueno y lo bello. Existe quien piensa que mientras sus negocios funcionen todo va bien, esa persona que se olvidó de compartir con otros seres, y no me refiero a sus socios o amigotes, terminará recorriendo el camino de la vida en solitario. Sumergido en esa noche sin luz que nos rodea como país.
En aritmética la nada existe es el cero, se usa para representar la ausencia de un valor, de un objeto, de un lugar o de un espacio.
Las cifras de la economía venezolana son un buen reflejo del drama que vivimos, sin embargo una parte del pueblo, sigue caminando hipnotizada hacia el abismo. Sigue dejándose manipular, confundiendo ineptitud, vulgaridad, ineficiencia, venganza, odio y represión con el ejercicio normal del poder.
Ese venezolano que si no reacciona terminará esclavo de un proyecto extranjero, concebido meticulosamente, para ir destruyendo poco a poco nuestra libertad.
¿Es que la crisis económica, la deficiencia de los servicios, la inseguridad reinante, las pruebas de corrupción, el abuso de poder, no son suficientes para quitarnos la venda de los ojos?
Un rayo de luz despierta una esperanza, la juventud que rechaza sacrificar sus sueños, aunque pierda la vida. Está consciente que nos dirigimos a la esclavitud y la servidumbre, que nos roban todo, que nos hacen más pobres e ignorantes.
Que probablemente fallezcamos con la primera enfermedad endémica que esté de regreso y no agarre sin medicinas ni hospitales. Terminaremos siendo sacrificados como animales, como fichas en un tablero, porque los que juegan son ellos.
La propaganda y el discurso es hábil para exigirnos sacrificios, mientras yates, aviones relojes y regalos millonarios encandilan al necesitado, a quien se la va a subir el precio de la gasolina.
Maduro proclama a gritos que es la revolución o la nada. Como si un país pudiera “Ser” cuando se encuentra aislado.
Una breve mirada a la situación nos permite constatar una realidad: Ocho aerolíneas internacionales suspenden actividades en el país, porque se les debe 4 mil millones de dólares
Una corrupción desbordad dirigida por delincuentes que se robaron las reservas monetarias, un crecimiento económico nulo, estimado en apenas 0,5%, en un país petrolero. Con una deuda del Estado (externa e interna) calculada en 320.000 millones de dólares.
Un índice de escasez en alimentos que asciende a un 33,8%, donde se importa el 75% de lo que se consume y que cuenta cada vez con menos divisas para ello. En el que vivimos con una inflación acumulada entre 1999-2013 del 2.037%.
Tenemos un país donde no se consiguen cabillas, ni cemento, ni harina, ni pan, sin tener que pagar sobreprecios. Donde circular después de determinadas horas, significa poner en riesgo la vida.
La revolución bolivariana logró, que de una producción de carne que cubría el 100% del consumo nacional, hoy apenas cubrimos un 10% y producimos 60% menos de litros de leche.
Gracias a ellos ocupamos el último puesto de libertad económica, entre 152 países; el lugar 165 entre 174 países en percepción de corrupción.
Esos datos desastrosos evidencian que algo ha fallado en el modelo económico impuesto por la Habana, el mismo que ha sumido a Cuba al sometimiento de un clan.
Esa nada que nos circunda es la obra de un gobierno ineficiente y ladrón. Nos rodea como una espesa niebla oscura, propicia a los “gatos pardos” de la noche, dispuestos a todo para perpetuarse en el poder, cuentan con armas, con esbirros y mercenarios motorizados.
Son estos días sin huellas, días donde la nada actúa sin respeto a las leyes ni a los derechos humanos.
De nosotros depende encontrar la salida, de luchar, actuar y comprometerse, de pensar y concebir el país de otro modo. Después de la noche más negra, siempre saldrá el sol. Es la ley natural
De la nada actual puede surgir una nueva conciencia colectiva, un individuo que no necesita vivir desesperado, ni alimentarse de emociones negativas. Un venezolano reconciliado consigo mismo y con los otros, que se quite la venda de los ojos y recupere la fe en los hombres de bien, trabajadores, honestos, con principios, humanos.

Que afirme con Andrés Eloy Blanco:

“Hilandera,
¡Te estoy mirando a la cara!
¡Qué bien se ve todo el mundo
por el cristal de las lágrimas!”

Nelson Castellano-Hernandez
nelsoncastellano@hotmail.com

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