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viernes, 24 de abril de 2015

JUAN DE DIOS RIVAS VELÁSQUEZ, LAS CLASES SOCIALES SE EMPOBRECEN CON EL SOCIALISMO DEL SXXI

Hoy en Venezuela se evidencia una movilidad social dispareja y sin apego a la realidad sociológica de América; está surgiendo una clase social “rica por el poder y la prevaricación” es visible que los funcionarios públicos de alto nivel (y algunos de bajo nivel) haga obtestación de riquezas (propiedades, carros, yates, cuentas bancarias y lujos desmedidos).  

Son grupos de personas cuyos intereses más o menos homogéneos derivan del lugar que ocupan en la Administración Pública y no en la producción como propietarios de factores productivos. Surgen de acuerdo a la posición que ocupan los individuos respecto a la estructura administrativa y económica distorsionada de hoy. 

Hay una “clase social” que surge de las mafias y el tráfico de materias primas controladas por el gobierno “poder cívico militar” donde reciben mucho dinero por contrabandear a Colombia y el Caribe, pero también por ser los jefes e integrantes de carteles que venden cemento, cabilla, comida, medicina, dólares, etc.

Todas las sociedades organizadas se han estructurado en grupos diferenciados a los que han correspondido privilegios, obligaciones e intereses distintos según el lugar que hayan ocupado en la producción social de la riqueza. En la Venezuela de hoy es el poder público (con sus excepciones) y su entorno quien controla y tarifa todo a valores con incrementos del 200 % y más, en una cadena codiciosa y extorsionadora donde Al Capone y su mafia se quedaron chiquitos.
La característica esencial de la sociedad venezolana, desde la conquista de su territorio por España hasta nuestros días ha sido su permanente relación de dependencia respecto a otras sociedades extranjeras, que han subordinado nuestro desarrollo económico, político y social a sus propios intereses. Este proceso no puede ser comprendido ni explicado en sí mismo, sino tomando en cuenta la influencia que han tenido hechos, situaciones y procesos que se desarrollaban fuera de nuestro territorio y que lo han orientado en el sentido que más convenía a las potencias dominantes de cada periodo. La dependencia, ha sido una constante en nuestra historia, que ha jugado un papel importante en el proceso de formación de nuestro país. Es la primera vez donde seguimos siendo explotados (Cuba, Alba, Trasnacionales asociadas con el Gobierno central y vista gorda como el caso de Exxon Mobil en el Esequibo) con la anuencia del Régimen Cibicomilitar y que nos pone en riesgo de hasta perder el Delta en un 50% de su territorio “tierra y marítimo”.
 A principios de 1830, la sociedad se dividía de acuerdo a su raza o color de piel. Los diferentes grupos sociales que imperaban en aquella época eran: Blancos Criollos: Eran los hijos de Españoles nacidos en territorios venezolanos, eran los descendientes de los conquistadores y encomenderos, poseían la riqueza agrícola y ganadera, eran dueños de la tierra y los títulos de nobleza y se mostraron muy activos en la vida comercial y financiera. Pardos o Mestizos: Constituyen los grupos de color producto de la mezcla de blancos, indios y negros. Eran el grupo más numeroso de la población, y carecían de derechos políticos. Cumplían funciones de artesanos, comerciantes menores, pulperos y asalariados. Indios: Prestaban servicios personales a misioneros y encomenderos, un alto porcentaje de esta población vivían en las selvas. Negros: (Esclavos, manumisos, cimarrones) Constituían el sector más bajo de la pirámide social. Los esclavos trabajaban en las haciendas, los manumisos como peones o arrendatarios y los cimarrones eran aquellos que se escapaban del dominio de sus amos y formaban fiestas y parrandas.
Los privilegios de los blancos criollos fueron distintos, además de los bienes económicos, disfrutaban de beneficios sociales, como el uso de adornos de oro, posibilidades para estudiar, ellos constituían la clase culta que defendían celosamente sus privilegios y luchaban por consolidarlos con la ruptura de la dominación española. Por su parte, los pardos aspiraban tener los privilegios de los blancos criollos. Antes de la disolución de la Gran Colombia se les concedió el derecho de gozar de educación pero en planteles especiales con preceptores de su mismo origen.
La economía actual está caracterizada por el subdesarrollo, la pobreza crítica y la corrupción desmedida. El sector mayoritario es el de la clase baja (La clase media está desapareciendo y emigrando), “los hijos de la Patria” el pueblo pobre está formado por los campesinos, obreros, tercerizados, empleados y trabajadores por cuenta propia; cuyos ingresos no superan los 5.642,48 Bs. mensuales, y son los que viven en zonas marginales, etc. Tomando en cuenta el alto costo de la canasta básica alimentaria de Bs. 35.124,45 (comprar una vivienda, carro, nevera, electrodoméstico, etc., es imposible) estamos en un retroceso social de proporciones de hecatombe de la justicia social, hemos retrocedido a la época de la colonia y la mentira y mal gobierno reina.
Luego se encuentra la clase media formada por pequeños empresarios y comerciantes, por profesionales y trabajadores especializados cuyos ingresos son suficientes para llevar una vida de supervivencia y con pocos lujos (se acabo la bonanza de consumo).
Por último, tenemos la clase alta compuesta por altos funcionarios públicos, grandes empresarios, banqueros y los dueños de grandes centros comerciales, extensiones de tierras en producción, bien sea agrícola o ganadera, es decir, aquellos cuyos ingresos, menos gastos sean suficientes para vivir y gozar de diversos lujos.

Juan de Dios Rivas Velásquez
rvjuandedios@gmail.com
@rvjuandedios

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miércoles, 12 de noviembre de 2014

JESÚS ALEXIS GONZÁLEZ, ¿SALARIO REAL DECOROSO EN CONTEXTO INFLACIONARIO?

JESÚS ALEXIS GONZÁLEZ
El salario real (SR) refleja el poder de compra en bienes y servicios que tiene el salario nominal (SN) luego de su ajuste de acuerdo al índice de precios al consumidor (IPC), es decir una variación del precio nominal de los artículos que conforman la canasta básica con el consecuente efecto sobre el poder adquisitivo (aumento o disminución); es así entonces que el SR es igual al SN deflacionado por el nivel de precios interno, el cual crece (SR) en función a la productividad (relación entre lo producido y los medios empleados), a la luz del desarrollo tecnológico, de las inversiones, de una adecuada estructuración del proceso productivo que responda a un determinado modelo económico, y gracias al avance del sistema educativo que provoca un aumento del salario real ya que los ciudadanos perciben una remuneración más alta porque se capacitan, favoreciendo la condición de vida  al inducir una mejora en el acceso a bienes y servicios y por ende a una mejor calidad de vida, habida cuenta que el SN sobrepasa la carestía o costo de vida.

De igual forma, la política salarial y los incrementos nominales se relacionan con el comportamiento de la inflación, provocando que el aumento sea, al menos, igual a la variación anual del IPC experimentado por la economía en el periodo inmediato anterior, induciendo obviamente una modificación del SR, que transfiere hacia adelante la inflación pasada (inercial).

Es claro, que la remuneración debe fijarse en armonía con el salario real de equilibrio que emerge del mercado de trabajo en correspondencia con las condiciones de la oferta y demanda de mano de obra, en el entendido que si los salarios son impuestos unilateralmente por el Gobierno (por encima del nivel de equilibrio) como una complacencia populista a una supuesta mejor distribución de la riqueza, estos acabaran ajustándose por cantidades generando desempleo, operando en sentido contrario al mandato constitucional sobre el acceso a los derechos sociales y muy particularmente a la suficiencia del salario como condición del bienestar.

A tenor de lo expuesto, el salario mínimo (SM) ha de entenderse como la cantidad menor que debe recibir en efectivo el trabajador por los servicios prestados en la jornada laboral, y deberá ser suficiente para satisfacer con decoro las necesidades básicas de la familia en el orden material, social y cultural; teniendo como norte no sólo la distribución de la riqueza sino la disminución de la pobreza apuntalada por una evolución favorable del poder adquisitivo de sus ingresos, al evitar que la inflación afecte el nivel de precios y en consecuencia el poder de compra.

Resulta imprescindible, acotar brevemente algunas referencias sobre los nefastos efectos de la inflación. Veamos:

(1) perdida en el poder adquisitivo del dinero, con la consecuente carga de injusticia social sobre los estratos menos favorecidos, al igual que en los trabajadores y jubilados quienes perciben ingresos fijos;

(2) incertidumbre sobre los pagos a futuro, propiciando que los agentes económicos posterguen sus aspiraciones de inversión productivas para evitar riesgos en un proceso que exige un horizonte temporal de largo plazo;

(3) desajusta el sistema de precios (vital para el funcionamiento de la economía), dando paso a una distorsión e ineficiencia en la asignación de recursos a los fines productivos; y

(4) eleva los costos de transacción, razón por la cual los empresarios tienen que asumir los “costos de cambiar el menú” ante la obligación de enfrentar la elevación de costos, desestimulando la inversión productiva que en obviedad implícita frena el crecimiento económico y genera desempleo, al tiempo de profundizar los desequilibrios sociales; mientras que los consumidores han de acoplarse al “costo en suela de zapatos”, es decir buscar alternativas inmediatas de demanda de bienes y servicios (si los consiguen) que facilite, tanto la disminución de la tenencia de dinero en efectivo que a diario pierde valor, como para evitar convertirlos en depósitos bancarios con tasas pasivas de interés por debajo del IPC con el consecuente deterioro del patrimonio familiar.

Mención especial,  merece lo referente al bienestar de las clases medias (media-media, media- baja, media-alta). En general, y como se desprende de un informe de la CEPAL, en la América Latina actual la movilidad social se produce muy escasamente de una generación a otra y se ha ido extinguiendo aquella máxima que indicaba que una generación hacia el sacrificio y la siguiente recibía los beneficios; y en mucho la causalidad está vinculada con la pérdida del decoro del salario ante la caída del poder de compra inducido Por el elevado IPC presente en algunos países (como es el caso de Venezuela); situación que no sólo está dificultando el ascenso socioeconómico camino al bienestar, sino algo mucho más grave: está induciendo un desmembramiento del nivel de vida alcanzado con honestidad, esfuerzo y sacrificio; lo cual equivale a señalar que no se está disminuyendo la pobreza y la exclusión sino que adicionalmente se está acabando con la clase media.

Jesús Alexis González
Jagp611@gmail.com       
@jesusalexis2020

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martes, 12 de agosto de 2014

GABRIEL S. BORAGINA, SOBRE LA LÓGICA Y LAS "CLASES SOCIALES"

La fórmula marxista tan trillada de "lógica de clases" en que se basa todo su andamiaje, y con el cual se pretende construir la "economía marxista" no tiene ninguna clase de fundamento. La naturaleza humana es común para todos aquellos seres que participan de la misma. 

La expresión sociedad abierta, tomada del filósofo vienés K. R. Popper, equivale a lo que nosotros llamamos sociedad liberal. Ciertamente es en las sociedades cerradas (totalitarias) donde aparecen las "clases sociales", principiando con la más ostensible división de clases que emerge de inmediato: la de los que dominan y mandan –por un lado- y la de los que son dominados y obedecen –por el otro-. 
Allí sí, dichas categorías son no sólo reales sino -y por sobre- todo inamovibles (salvo por causa de alguna revolución que derroque a la anterior clase dominante sustituyéndola por la antes dominada). Sin embargo, en las sociedades libres es imposible que esto último suceda, dado el dinamismo propio inherente al liberalismo.
Probar la unicidad de la lógica surge asimismo del estudio de la estructura de la lengua:
"Las traducciones a las diversas lenguas, también permite poner en evidencia que las reglas de la lógica son universales y no circunscriptas a ciertas regiones, por más interferencias que pretenda introducir el polilogismo marxista de la clase o el polilogismo racista. 
Nunca se explicó concretamente en qué consisten las diferencias entre los silogismos proletarios respecto de el de los burgueses o el de los arios respecto de los semitas, ni tampoco en qué consisten específicamente las modificaciones que se operarían en las estructuras lógicas de un proletario que pasa a la condición de burgués o viceversa, o qué ocurriría en la mente de los hijos de una semita y un ario. 
Si en el proceso de traducción de una lengua a otra, cierto vocabulario no resultara suficiente para expresar una idea, aparecerán neologismos del mismo modo que la riqueza gradual en los conceptos expande cualquier lenguaje, y si en definitiva no resultara apropiado, se sustituirá por otro."[1]
 Significa que la tesis marxista-racista del polilogismo naufraga cuando debe acreditar la existencia de la pretendida "lógica proletaria" por un lado, y la supuesta "lógica burguesa" por el otro lo que, a la fecha, no ha pasado de ser una mera declamación dogmática del marxismo, que luce más como instrumento de dominación política que como recurso o herramienta intelectual.
La ciencia económica encuentra sus fundamentos en la ciencia lógica, como lo hacen todas las demás ciencias en sí mismas. Y así como resulta un completo absurdo pretender hablar de una ciencia "alemana", "irlandesa" o "nipona", es igual de ridículo hacerlo de una ciencia "musulmana", "cristiana", "aria" o "judía", o lo que es lo mismo, decir que existiría una economía "semita", otra "aria", "burguesa", "proletaria", "noruega" o "mexicana". Todas estas expresiones carecen de razón de ser y resultan totalmente disparatadas.
El polilogismo racial lamentablemente todavía sigue siendo compartido por una proporción no escasa de personas, si bien no con la virulencia y la fuerza de la época en que fuera formulado por los nazis. Lo que quizás más empañe en nuestros días el estudio de la ciencia económica es el grado en el cual se acepta la falsa idea -inculcada por K. Marx- respecto de la vigencia de un polilogismo "clasista", dado que ha conducido a la "doctrina" de las "clases sociales", y generado una terminología clasista que aun –y a veces en forma inconsciente y hasta "inocente"- es utilizada por una cantidad importante de personas:
"También vale la pena mencionar su teoría del polilogismo que significa que los hilos mentales del proletario son de una naturaleza distinta de los que operan en el burgués. Ni Marx ni ningún marxista mostraron jamás en qué se diferencia un silogismo proletario de uno burgués ni cómo se modifica cuando uno cambia a la condición de otro.....Marx con su materialismo histórico sostenía que las estructuras productivas determinan el pensamiento en lugar de seguir el camino causal inverso para distinguir al ser humano de lo inanimado y poder hablar con propiedad de pensamiento."[2]
Lo grave del polilogismo reside justamente, a nuestro modo de ver, en lo que señala el último párrafo de la cita anterior. Para el marxismo, las estructuras productivas "determinan" el pensamiento y -por ende- el de las "clases sociales", sin advertir que se trata justamente de lo contrario: es el pensamiento lo que determina las diferentes estructuras productivas. Estas son efecto y no causa, con lo cual se desmorona el "concepto" de "clase social".
Si esto no fuera así, jamás hubiera sido posible el crecimiento económico de país alguno, ya que en todos los casos debería haber existido una "estructura productiva" previa que condicionara a los hombres a actuar. La historia –en cambio- nos demuestra palpablemente que, cuando los españoles conquistaron Sudamérica no encontraron en ella ninguna "estructura productiva" anterior que los condicionara a formar alguna especie de "clase social" (en un sentido o en otro). Es más, sabemos que al llegar no encontraron "estructura productiva" alguna. Lo mismo cabe decir respecto de los primeros colonos de Norteamérica. En ambos casos, colonizadores del norte como conquistadores del sur, lejos de encontrar en América "estructuras productivas" de ninguna índole sólo hallaron tierras desérticas, climas inhóspitos y -en el mejor de los casos- pobladas ocasionalmente por salvajes, obviamente sin "estructura productiva" previa que los condicionara "clasistamente", ya que en la mayoría de los casos, los aborígenes americanos vivían de la caza y de la pesca cuando se trababan de tribus pacíficas, o bien de la depredación cuando -por el contrario- resultaban violentas.
 Lo que describe el fracaso de quienes intentan llevar el polilogismo a categorías antojadizas, como las de "izquierdas" y "derechas", "gorilas" y "peronistas", "progresistas" y "reaccionarios" y sandeces por el estilo. 

[1]Alberto Benegas Lynch (h) Entre albas y crepúsculos: peregrinaje en busca de conocimiento. Edición de Fundación Alberdi. Mendoza. Argentina. Marzo de 2001. Pág. 72-73
[2]Alberto Benegas Lynch (h) Las oligarquías reinantes. Discurso sobre el doble discurso. Editorial Atlántida. Pág. 230-231

Gabriel Boragina
gabriel.boragina@gmail.com
@GBoragina

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