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martes, 25 de agosto de 2015

ANDRÉS OPPENHEIMER, ¿AUTOGOLPE EN VENEZUELA?

La amplia ventaja de la oposición en las encuestas para las elecciones legislativas del 6 de diciembre en Venezuela está generando temores de que el gobierno autoritario del presidente Nicolás Maduro aproveche, o genere, un clima de caos para suspender las elecciones.

Casi no pasa un día sin que Maduro haga nuevas declaraciones o tome acciones — como el cierre de la frontera con Colombia el fin de semana — que hagan aumentar la sospecha de que está creando condiciones para realizar un “autogolpe” y suspender la votación, dicen varias fuentes opositoras.

Maduro ha utilizado a jueces controlados por el gobierno para encarcelar a los principales líderes opositores, como Leopoldo López, bajo cargos absurdos, y al mismo tiempo ha inhabilitado a por lo menos 10 líderes opositores — incluyendo la carismática ex congresista María Corina Machado —postularse para el Congreso en las próximas elecciones.

Al mismo tiempo, Maduro ha dicho que Venezuela no permitirá que observadores internacionales de la Organización de los Estados Americanos supervisen las elecciones de diciembre, y que solo permitirá un “acompañamiento electoral” de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR), un organismo que ha sido benevolo con el gobierno de Maduro.

Pero todas estas triquiñuelas no le alcanzarán a Maduro para ganar las elecciones de diciembre. Con una inflación anual proyectada para un 180 por ciento este año — la más alta del mundo — y una economía que se ha desplomado más de cinco por ciento este año, cada vez más venezolanos se están volteando contra su gobierno “revolucionario”.

Según una reciente encuesta de Datanalisis, 87.2 por ciento de los venezolanos dicen que la situación del país es “mala” o “muy mala”, y el 70.4 por ciento de los encuestados desaprueba la gestión de Maduro. Si las elecciones legislativas se celebraran hoy, la coalición opositora conocida como MUD ganaría por un margen de 23 por ciento, según Datanalisis.

“Hasta ahora, el gobierno había recurrido a todo tipo de trucos para ganar las elecciones”, dice la politóloga María Teresa Romero. “Esas triquiñuelas podían ayudarle a ganar cuando había una diferencia de uno o dos puntos porcentuales en las encuestas, pero no son suficientes cuando la oposición lidera con casi un veinticinco por ciento”.

Romero me dijo que ante el descontento generalizado, el gobierno ha comenzado a acusar a la oposición de todo tipo de crímenes violentos, y “crecen las sospechas de que el gobierno quiere crear un clima de caos como excusa para anular las elecciones”.

La respuesta de Maduro a la creciente violencia en el país ha consistido en aumentar sus periódicas denuncias de supuestas conspiraciones nacionales y extranjeras, que cada vez son más inverosímiles.

A principios de esta semana, Maduro presentó un video que muestra a un prisionero acusado de asesinato alegando que los legisladores estadounidenses Marco Rubio e Ileana Ros-Lehtinen, el ex presidente colombiano Álvaro Uribe, la actriz María Conchita Alonso y líderes de la oposición de Venezuela le habían pagado a él y a otros para desestabilizar a Venezuela.

El prisionero, José R. Pérez Venta, acusado de haber asesinado y luego descuartizado a una mujer, afirma en el vídeo grabado por el gobierno que Rubio y Ros-Lehtinen le habían enviado personalmente sobres con $1,000 en efectivo a través de una tercera persona. Rubio y Ros-Lehtinen dijeron que las acusación son descabelladas.

“El deterioro acelerado de la crisis política de Venezuela es motivo de creciente preocupación”, dice un nuevo informe del International Crisis Group, un centro de estudios con sede en Bruselas y Washington DC dedicado a tratar de prevenir conflictos. “Si no se aborda pronto y de manera decisiva, se convertirá en un desastre humanitario”.

Añade que la crisis venezolana empeorará “a menos que se supere el estancamiento político y se forje un nuevo consenso social, lo que requerirá un fuerte compromiso de los gobiernos extranjeros y organismos multilaterales”.

Mi opinión: Estoy de acuerdo. El hecho de que Maduro no esté tomando medidas para detener el colapso de Venezuela — tales como dejar de ahuyentar las inversiones y promover un diálogo con la oposición — plantea preguntas sobre si, conscientemente o no, está buscando un caos interno o un conflicto limítrofe que le de una excusa para dar un autogolpe.

Los vecinos de Venezuela, especialmente Brasil y Colombia, están jugando con fuego al no presionar más activamente a Maduro para que permita observadores internacionales creíbles, de la OEA o de la Unión Europea, en las elecciones legislativas de diciembre. Una escalada de la violencia política podría convertir a Venezuela en un estado sin ley, donde podrían asentarse guerrilleros y narcotraficantes colombianos, desestabilizar a los países vecinos, y provocar una emigración masiva.

Es hora de que los países latinoamericanos dejen de hacerse los distraídos, y empiecen a presionar a Maduro para que celebre elecciones creíbles que puedan crear el consenso necesario para que Venezuela supere su crisis, antes de que sea demasiado tarde.

Andres Oppenheimer
aoppenheimer@elnuevoherald.com
@oppenheimera
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lunes, 29 de junio de 2015

ANDRÉS OPPENHEIMER, LA ESTRATEGIA ELECTORAL DE NICOLÁS MADURO

Tratando de desviar la atención pública del récord mundial de inflación de Venezuela, la escasez de alimentos y otros problemas económicos autoinfligidos que podrían llevar a una victoria de la oposición en las elecciones legislativas del 6 de diciembre, el presidente venezolano Nicolás Maduro está desempolvando de su arsenal un truco clásico de los demagogos en apuros: reactivar una vieja disputa territorial para agitar las pasiones nacionalistas.

Parece un recurso demasiado burdo. Pero Maduro, cuya popularidad ha caído un 20 por ciento, parece haber llegado a la conclusión de que la resurrección de viejos conflictos fronterizos con la vecina Guyana y Colombia, va a cambiar el tema de conversación en Venezuela a algo que no sea la escasez de carne, leche y café, o la tasa de inflación, que según un nuevo informe de Bank of America llegará a un 172 por ciento en 2015.

Las excusas políticas anteriores de Maduro de que el desastre económico de Venezuela se debe a una supuesta “guerra económica” de la oligarquía y E.U., ya no están funcionando.

Después de 15 años en el poder, en los cuales la mayor parte del sector privado de Venezuela ha sido diezmado y una casta de seudorrevolucionarios corruptos se ha enriquecido a más no poder, al gobierno chavista se le está haciendo cada vez más difícil culpar a terceros por el desastre nacional. De ahí que su nueva estrategia sea cambiar la agenda nacional.

A principios de esta semana, Maduro anunció que convocará a una “unión cívicomilitar” para enfrentar una “maniobra internacional de la derecha para provocar a Venezuela con problemas limítrofes”. La supuesta “maniobra” ha sido dirigida por Exxon Mobil y Guyana, que anunciaron un significativo hallazgo de petróleo en aguas del Caribe que están en disputa, aseveró Maduro.

El 26 de mayo, poco después del anuncio de Exxon Mobil, Maduro emitió un decreto reclamando las aguas del Caribe donde se produjo el hallazgo petrolero. Pero el decreto de Maduro fue más allá: creó cuatro “zonas operativas de defensa” de la soberanía venezolana, incluyendo una zona en disputa entre Venezuela y Colombia.

Eso, a su vez, dio lugar a una protesta formal por parte de Colombia, cuyo presidente Juan Manuel Santos dijo que el decreto de Maduro equivale a una violación de los derechos de Colombia, y exigió que Venezuela lo “rectifique” inmediatamente.

Muchos estrategas políticos especulan que Santos, al igual que Maduro, puede beneficiarse políticamente de una escalada de tensiones fronterizas con Venezuela. En octubre tendrán lugar en Colombia elecciones regionales, señalan.

“Santos está políticamente débil, y podría beneficiarse jugando la carta nacionalista”, dice Mauricio de Vengochea, consultor político que asesora a políticos en Colombia y Venezuela. “No podemos olvidar que hay un gran sentimiento antiMaduro en Colombia”.

Además, Santos ya no necesita a Venezuela tanto como en el pasado para llegar a un acuerdo de paz con la guerrilla de las Farc de Colombia. Maduro no tiene tanta influencia sobre las Farc como la que tenía el fallecido Hugo Chávez, lo cual permite a Santos tomar distancia de Venezuela sin poner en riesgo sus negociaciones de paz con las Farc. Un conflicto fronterizo preelectoral entre Venezuela y Colombia en los próximos meses, probablemente iniciado por Venezuela, no es improbable, me dicen fuentes políticas de ambos países.

En 1987, Venezuela y Colombia casi se van a la guerra cuando la fragata venezolana Libertad enfrentó a un buque de la armada de Colombia sobre las aguas disputadas entre ambos países. El nuevo decreto de Maduro que incluye las aguas disputadas bajo las zonas operativas de defensa de Venezuela, es una provocación similar.

Mi opinión: La estrategia electoral de Maduro para ganar las elecciones legislativas de diciembre será aumentar las tensiones fronterizas con Guyana y Colombia.

Los países latinoamericanos no deberían permitir que se derrame una gota de sangre en estos viejos conflictos fronterizos resucitados artificialmente. Cuando la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, visite Washington la próxima semana, el presidente Obama debería señalarle el peligro de una guerra fronteriza como argumento para convencerla de aumentar la presión sobre Maduro para que deje de comportarse como un dictador tropical del siglo XIX.

Inflar un conflicto fronterizo latente para agitar las pasiones nacionalistas es el truco más viejo del manual de los demagogos. Pero ha funcionado antes, y Maduro lo está usando ahora como último recurso para tratar de mantener sus poderes absolutos.

Andres Oppenheimer
aoppenheimer@elnuevoherald.com
@oppenheimera

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miércoles, 11 de febrero de 2015

ANDRÉS OPPENHEIMER, EL RÉCORD DE POBREZA EN VENEZUELA

La historia reciente de Venezuela debería ser de enseñanza obligatoria en todas las universidades del mundo, como ejemplo de un milagro económico al revés: a pesar de haberse beneficiado del boom petrolero más grande de su historia, el país hoy en día tiene más altos niveles de pobreza que antes.
Un nuevo estudio realizado en conjunto por tres importantes universidades venezolanas — la Universidad Católica Andrés Bello, Universidad Central de Venezuela y la Universidad Simón Bolívar — muestra que el 48.4 por ciento de los hogares venezolanos se encuentra por debajo de la línea de pobreza en el 2014, frente al 45 por ciento de los hogares en 1998, antes de que el difunto presidente Hugo Chávez asumiera el poder y el país se beneficiara de casi una década de aumento en los precios del petróleo.
Luis Pedro España, profesor de la Universidad Católica Andrés Bello y coautor del estudio, me dijo en una entrevista telefónica que la encuesta nacional de 5,400 personas fue realizada en octubre del 2014, y utilizó la misma metodología que un estudio similar realizado en 1998 por la oficina de estadísticas del gobierno de entonces.
El nuevo estudio de la pobreza contrasta con las cifras del gobierno del presidente Nicolás Maduro, según las cuales la pobreza ha disminuido bajo la “revolución socialista” de Chávez.
Según el Instituto Nacional de Estadística (INE) del gobierno de Venezuela, la tasa de pobreza ha caído del 44 por ciento de los hogares en 1998 al 27.3 por ciento de los hogares en el 2013. Sin embargo, el INE no ha publicado las cifras del 2014.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe de las Naciones Unidas (CEPAL), que utiliza cifras oficiales de Venezuela, informó recientemente que la pobreza en aquel país —incluyendo la pobreza extrema — se incrementó casi 10 puntos porcentuales durante el 2013. Sin embargo, la CEPAL tampoco proporcionó cifras para el 2014.
Cuando le pregunté a España por la disparidad entre su estudio y las estadísticas oficiales de pobreza, dijo que se ha producido una “brutal caída del poder adquisitivo de los venezolanos en 2014”, y que la disparidad radica en gran medida en que las cifras del INE y la CEPAL no reflejan las cifras del 2014.
Venezuela, que tras la destrucción de gran parte de su sector privado depende de las exportaciones de petróleo para el 96 por ciento de sus ingresos externos, es uno de los países más afectados por el colapso de los precios mundiales del petróleo. Después de que pasaron de $9 dólares por barril cuando Chávez fue elegido en 1998 a un récord de $145 por barril en el 2008, los precios del petróleo han caído a cerca de $45 por barril actualmente.
La gestión de Chávez y su sucesor, Maduro, espantó a la inversión nacional y extranjera, y dio lugar a una escasez generalizada de leche, papel higiénico y otros productos básicos, junto con una tasa de inflación anual del 64 por ciento, la más alta del mundo.
 “Y todo indica que el 2015 va a ser peor”, dice España. “Todos los indicadores económicos muestran que nos estamos dirigiendo hacia una inflación del 100 por ciento o 120 por ciento este año, que será un récord en la historia de Venezuela”.
Maduro culpa a una supuesta “guerra económica” de la oligarquía y el imperialismo, y cita como ejemplo las recientes sanciones anuncias por Washington. Sin embargo, Estados Unidos dice que las sanciones se limitan exclusivamente a la revocación de visas de entrada para funcionarios venezolanos acusados de corrupción o abusos a los derechos humanos.
Mi opinión: Es difícil recordar otro caso de un país que haya recibido tanto dinero en los últimos años, y haya terminado más pobre que antes. Según el Banco Central de Venezuela, el gobierno obtuvo $325,000 millones dólares de exportaciones de petróleo entre 1998 y 2008 —más que el producto bruto interno de varios países latinoamericanos juntos.
Pero en lugar de aprovechar los buenos tiempos para invertir en educación, ciencia, tecnología e innovación, o por lo menos crear un colchón financiero para los años de las vacas flacas, Venezuela se embarcó en una fiesta populista de subsidios, corrupción y expropiaciones sin sentido. Es una película que hemos visto una y otra vez en América Latina, y que invariablemente termina mal.
Ahora, se ha caído el último argumento del mal llamado “Socialismo del siglo XXI”, que es el haber supuestamente reducido la pobreza. Como lo muestra el nuevo estudio de las tres universidades, el petropopulismo de Venezuela solo dio lugar a una ilusión pasajera de justicia social, y dejó al país con más pobres que antes.
Andres Oppenheimer
aoppenheimer@elnuevoherald.com
@oppenheimera

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domingo, 1 de febrero de 2015

ANDRÉS OPPENHEIMER, ¡MANDEN 30 EX PRESIDENTES A VENEZUELA!

La reciente visita de tres ex presidentes latinoamericanos a Venezuela no solo ha ayudado a llamar la atención sobre su denuncia de que las democracias de la región han “abandonado” a ese país, sino que también ha demostrado que los ex mandatarios pueden jugar un papel mucho mayor a lo esperado para defender la democracia en América Latina.

Contrariamente a lo que uno podría concluir tras leer los titulares, lo más importante de la visita de dos días a Venezuela de los ex presidentes Andrés Pastrana de Colombia, Sebastián Piñera de Chile, y Felipe Calderón de México, el pasado fin de semana, no fue que se reunieron con opositores, ni que trataron de hacer una visita a la cárcel donde está preso el líder opositor Leopoldo López. Lo más importante fue que obligaron a sus propios gobiernos a salir en su defensa — a pesar de que los tres son opositores de los gobiernos actuales en sus respectivos países — y a apoyar (algunos más que
otros, es cierto) sus demandas de democracia en Venezuela.

Después de que el presidente venezolano Nicolás Maduro calificó a los tres visitantes de vagos y desestabilizadores, y afirmó que su viaje había sido “pagado con el dinero del narcotráfico”, los gobiernos de Colombia y Chile tuvieron que salir a defender a sus ex presidentes.

Colombia fue un paso más allá, y además de reclamar un “trato digno” a  su ex presidente dijo en un comunicado oficial que “esperamos que Leopoldo López recupere su libertad lo antes posible”.

Días atrás hablé con los tres ex presidentes después de su viaje a Venezuela, y —sobre todo en los casos de Pastrana y Pinera— parecieron coincidir en que su visita a Venezuela había ayudado a impulsar a sus propios gobiernos a prestarle más atención a las violaciones de libertades políticas Venezuela.

Los tres coincidieron en que las democracias latinoamericanas no han cumplido con sus compromisos bajo varios tratados regionales de defender la democracia en toda América Latina.

“Lo más importante de la declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia no es que apoyó a Andrés Pastrana, sino que es la primera vez que Colombia está pidiendo por la libertad de Leopoldo López”, me dijo Pastrana.

Pastrana añadió que debe haber más visitas a Venezuela por parte de grupos más grandes de ex presidentes, como el Club de Madrid, que reúne a 95 ex jefes de Estado. “Vamos a proponerlo”, dijo Pastrana.

En Chile, el canciller Heraldo Muñoz apoyó la visita de Piñera a Venezuela, aclarando que se trató de una visita privada. Poco después, trece ex ministros de la coalición gobernante de centro izquierda de Chile firmaron una declaración diciendo que ningún progresista chileno puede permanecer impasible ante la situación de Venezuela.

El gobierno de México brilló por su silencio. Calderón me dijo que no tenía ninguna queja porque había recibido el apoyo de la embajada de México en Caracas, pero añadió que “todos tenemos que actuar de una manera más proactiva” para apoyar a las libertades básicas en Venezuela, ya que “hay un muro de indiferencia” con respecto a lo que está sucediendo en ese país.

Mi opinión: Los gobiernos latinoamericanos han guardado un vergonzoso silencio ante los abusos del gobierno venezolano. Y los ex presidentes Pastrana, Piñera y Calderón, contradiciendo aquel viejo chiste de que los ex gobernantes son como jarrones chinos —que son muy importantes,
pero no sirven para nada— han demostrado que los ex mandatarios pueden hacer mucho para defender la democracia en América Latina.

La siguiente visita de apoyo moral a la reprimida oposición de Venezuela no debería ser de un grupo de tres ex presidentes, sino de un grupo de 30, o 40. 

Así como Maduro y todos los demás presidentes se reúnen regularmente con líderes de oposición de los países que visitan, no hay razón por la cual los presidentes actuales o sus predecesores no puedan hacer lo mismo en Venezuela.

Hay más de media docena de clubes de ex jefes de Estado democráticos en donde participan la mayoría de los ex presidentes latinoamericanos, incluyendo el Club de Madrid, la Internacional Socialista, la Internacional Demócrata de Centro, el Círculo de Montevideo, y el Centro Global para el Desarrollo y la Democracia.

Una visita masiva de ex presidentes podría hacer lo que los gobiernos de América Latina no están haciendo: ayudar a prevenir un nuevo brote de violencia como el que dejó 43 muertos durante las protestas del año pasado, y defender lo que queda de democracia en Venezuela.

Andres Oppenheimer
aoppenheimer@elnuevoherald.com
@oppenheimera

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viernes, 2 de enero de 2015

ANDRÉS OPPENHEIMER, PRECIOS DEL CRUDO, LA NOTICIA MÁS IMPORTANTE PARA AMÉRICA LATINA EN EL 2014

ANDRÉS OPPENHEIMER
Aunque otros eventos dominaron los titulares, la noticia más importante para América Latina en el 2014 — y la que tendrá el mayor impacto en el futuro cercano — fue la impresionante caída de los precios mundiales del petróleo.
Claro que otras noticias como el reciente anuncio del presidente Barack Obama de que normalizará las relaciones con Cuba y la reelección de la presidenta brasileña Dilma Rousseff, tendrán un impacto. Pero nada sacudirá tanto al mapa político regional como la caída de los precios del petróleo, que se han desmoronado en un casi 50 por ciento desde junio hasta llegar al nivel actual de $55 por barril.
Según un nuevo estudio del Fondo Monetario Internacional (FMI), se trata de una tendencia que probablemente no será pasajera.
De acuerdo con el estudio, elaborado por los economistas del FMI Rabah Arezki y Olivier Blanchard, los mercados de futuros sugieren que los precios del petróleo se recuperarán ligeramente y llegarán a unos $73 por barril en el 2019.
Sin embargo, los precios petroleros seguirán deprimidos en comparación con sus niveles de los últimos años, cuando registraron a un récord de $145 por barril en el 2008, señala el informe.
Entre las principales razones de la caída de los precios está la revolución energética que está ocurriendo en Estados Unidos, gracias a la nueva tecnología de producción de petróleo conocida como “fracking”, o fracturación hidráulica, y la disminución de la demanda mundial de petróleo.
Los países importadores de petróleo serán los grandes ganadores, y los exportadores de petróleo — como Rusia, Venezuela y Ecuador — los grandes perdedores.
En América Latina, el país más afectado será Venezuela, donde el petróleo constituye el 95 por ciento de las exportaciones totales del país, indica el estudio. Desde la revolución socialista de 1999 del fallecido presidente Hugo Chávez, Venezuela ha prácticamente acabado con su sector privado, y ahora depende más que nunca del petróleo.
Venezuela ya tiene una inflación anual del 70 por ciento, la más alta del mundo, y su economía se contrajo un 3 por ciento este año. La mayoría de los economistas coinciden en que si Venezuela no adopta medidas urgentes de austeridad y estimula las inversiones privadas, el país será afortunado si puede evitar la hiperinflación y el caos económico y político en los próximos años.
Venezuela ha pasado de ser un importante protagonista de la diplomacia regional — que financió a más de una docena de países latinoamericanos y caribeños a cambio de su lealtad política — a convertirse en un jugador cada vez más débil.
La influencia de Venezuela en la región ha sido directamente proporcional a los precios mundiales del petróleo: cuando los precios estaban llegando a un récord histórico a mitad de los 2000, Chávez pretendía convertirse en líder del Tercer Mundo. Ahora, Venezuela ni siquiera puede evitar que su aliado más cercano, Cuba, se acerque a Estados Unidos.
Brasil, México y Argentina, también serán perjudicados por la caída de los precios del petróleo, pero muy poco comparado con Venezuela o Ecuador.
Con los precios deprimidos, se le hará más difícil a Brasil y Argentina atraer inversiones para sus recientemente descubiertas reservas petroleras. Y México tambien tendrá más dificultades para atraer las inversiones que esperaba después de aprobar su gran reforma energética este año, dicen los economistas.
Sin embargo, otros factores van a compensar estas potenciales pérdidas de inversión para estos tres países. Por ejemplo, se espera que China y Estados Unidos, los dos principales importadores de petróleo que se beneficiarán de la disminución de los precios, aumentarán sus compras de productos latinoamericanos.
Mi opinión: Es cierto que el deshielo entre Estados Unidos y Cuba y la reelección de Rousseff tendrán un impacto político en toda la región, pero tal vez no tanto como muchos piensan.
La apertura de Obama hacia Cuba será debilitada por el Congreso, controlado por los republicanos, y el régimen de los hermanos Castro en Cuba torpedeará cada tanto su acuerdo con Washington, porque necesita un enemigo externo para justificar la represión interna en la isla.
Y Rousseff iniciará su segundo mandato como uno de los presidentes brasileños más débiles de la historia reciente. No sólo cerca del 50 por ciento de los brasileños votaron en su contra, sino que también enfrentará una importante oposición en el Congreso, y crecientes acusaciones de corrupción gubernamental por el escándalo de la empresa petrolera Petrobras.
Ninguna de estas noticias afectará a la región tanto como el colapso de los precios del petróleo. De pronto, los países petro-populistas se han vuelto débiles, y los que tienen gobiernos que han mantenido políticas económicas responsables se ven cada vez más firmes en la escena regional. Las cosas están cambiando.
¡Feliz Año Nuevo!
Andres Oppenheimer
aoppenheimer@elnuevoherald.com
@oppenheimera
Fuente: http://www.elnuevoherald.com/opinion-es

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viernes, 5 de septiembre de 2014

ANDRÉS OPPENHEIMER, CANDIDATURAS PREOCUPANTES EN LA OEA

La reciente nominación de dos candidatos sudamericanos para presidir la Organización de Estados Americanos (OEA) está causando preocupación —y en algunos casos, alarma— en círculos internacionales de defensa de los derechos humanos. Y a juzgar por algunos hechos recientes, puede que sus críticos tengan buenos motivos para estar preocupados.

Hasta ahora, hay tres candidatos oficiales para suceder al Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza, quien ha encabezado la institución regional con sede en Washington durante nueve años, y que deberá dejar el cargo en mayo del 2015.

Los candidatos, nominados por sus respectivos países, son el ministro de Relaciones Exteriores de Uruguay, Luis Almagro; el juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH) y ex ministro de Relaciones Exteriores de Perú, Diego García Sayán, y el ex vicepresidente y ex ministro de Relaciones Exteriores de Guatemala, Eduardo Stein.

Varios líderes de importantes organizaciones de derechos humanos están especialmente preocupados por las candidaturas de García Sayán y Almagro, quienes, según fuentes diplomáticas, están cortejando los votos de Venezuela y sus aliados regionales del bloque ALBA. Los miembros del ALBA han procurado activamente debilitar a la Comisión de Derechos Humanos de la OEA, que es el brazo más relevante de ese organismo.

José Miguel Vivanco, director para las Américas de Human Rights Watch, escribió en diciembre, en el diario español El País, que el voto de García Sayán como presidente de la CorteIDH en un caso clave relacionado con la sentencia contra un periodista argentino representó “un gravísimo retroceso” contra los derechos y la libertad de expresión.

La corte presidida por García Sayán apoyó el dictamen de un juez argentino que afirmaba que Pablo Mémoli, editor de un pequeño diario en la provincia de Buenos Aires, había supuestamente difamado a varias personas. El tribunal presidido por García Sayán también votó en contra del prominente exiliado político venezolano Allan Brewer Carías, quien afirmaba que no gozaba de garantías para un juicio justo en Venezuela.

Preguntado sobre García Sayán, Vivanco me dijo que el hecho de que García Sayán haya permanecido en su cargo de juez de la CorteIDH mientras hacía campaña para conseguir la nominación para la jefatura de la OEA “es algo escandaloso, porque tenía un obvio conflicto de intereses al hacer campaña para el cargo de la OEA y tratar de conseguir los votos de los mismos países que supuestamente debía estar evaluando”.

García Sayán asevera que no ha estado haciendo campaña para el cargo de la OEA. La Corte Interamericana de Derechos Humanos anunció que García Sayán pidió el 16 de agosto que se le excuse de participar en las actividades de la corte.

Santiago Canton, director del Centro Robert F. Kennedy para la Justicia y los Derechos Humanos, dice que la CorteIDH presidida por García Sayán “marcó un claro retroceso en la defensa de la libertad de expresión y el derecho al debido proceso”. Canton agregó que “indudablemente, con su antecedente como presidente de la corte, no es un buen candidato para la secretaría general de la OEA”. Almagro, el candidato uruguayo que según algunos diplomáticos sería el preferido de Venezuela, apoyó la controversial elección del presidente venezolano Nicolas Maduro el año pasado, y evadió condenar la sangrienta represión gubernamental en las protestas estudiantiles que, según datos oficiales, dejaron un saldo de 43 muertos, 874 heridos y 3,306 arrestados.

Almagro dijo en su momento que “ambas partes” —los estudiantes y las fuerzas gubernamentales— habían sido culpables de la violencia. Un informe de 103 páginas publicado en mayo por Human Rights Watch concluyó que las fuerzas de seguridad venezolanas dispararon a quemarropa contra los estudiantes, y que se documentaron al menos 10 casos de torturas contra estudiantes detenidos.

“Si es cierto que el bloque ALBA apoya a Almagro, es un problema serio, porque su misión es cuidar el monitoreo de los derechos humanos, y esos países han orquestado una campaña para debilitar los mecanismos de los derechos humanos”, me dijo Vivanco.

Stein, el candidato guatemalteco, es aplaudido por la mayor parte de los organismos de derechos humanos por haber jugado un rol ejemplar en defensa de las libertades fundamentales como jefe de la misión de la OEA en la crisis de Perú en el 2000, y tras el golpe en Honduras en el 2009. Algunos activistas de derechos humanos le reprochan a Stein el haber firmado el año pasado una carta pública criticando el juicio por “genocidio” contra el ex presidente guatemalteco Efraín Ríos Montt, pero Stein ha dicho que esa carta pedía el debido proceso para investigar todas las violaciones de los derechos humanos.

Mi opinión: la competencia para la jefatura de la OEA apenas está empezando, y todavía queda por ver qué dirán los dos candidatos sudamericanos para tratar de demostrar que sus críticos están equivocados. Mientras tanto, todo parece indicar que Stein sería el mejor defensor de la democracia y los derechos humanos en la OEA.

Andres Oppenheimer
aoppenheimer@elnuevoherald.com

@oppenheimera

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sábado, 23 de agosto de 2014

ANDRÉS OPPENHEIMER, LOS MUERTOS OLVIDADOS DE VENEZUELA

El secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, dedica gran parte de sus declaraciones públicas a las crisis del Medio Oriente, Ucrania y al calentamiento global.

Por eso, cuando lo entrevisté la semana pasada, quise escuchar su opinión sobre algunos problemas de América Latina, incluyendo los muertos olvidados de las protestas estudiantiles de Venezuela.

La violenta represión gubernamental a las manifestaciones estudiantiles de principios de año dejó un saldo de por lo menos 43 muertos, 874 heridos, y 3,306 arrestos, según cifras oficiales. Sin embargo, el tema ha desaparecido de las primeras planas de los medios internacionales.

¿Hizo caso el presidente venezolano Nicolás Maduro al pedido que usted le hizo en marzo, de que “escuchara cuidadosamente” las demandas de los manifestantes estudiantiles e iniciara un diálogo constructivo con la oposición?, le pregunté al secretario general de la ONU.

Ban respondió que la mediación supervisada por la organización regional Unasur y el Vaticano deberían dar un “buen ímpetu” para solucionar la crisis política venezolana, pero sugirió que el gobierno de Maduro no ha hecho lo suficiente para contribuir al éxito de las negociaciones.

“Lo más importante es que el presidente Maduro extienda puentes hacia todos los grupos que puedan tener diferentes posiciones, y que se aboque al diálogo de manera armoniosa e incluyente”, me dijo Ban en la entrevista, que se emitirá completa en CNN en Español el próximo 24 de agosto.

Unasur, con el apoyo del Vaticano, empezó a supervisar un diálogo entre el gobierno venezolano y la oposición el 10 de abril. Pero Unasur -un grupo diplomático promovido por Brasil y Venezuela en un poco disimulado esfuerzo por resolver los problemas regionales sin la presencia de Estados Unidos ni México- ha actuado como un mecanismo de respaldo al gobierno de Maduro, dicen muchos opositores venezolanos.

Unasur se retiró de la escena apenas el régimen venezolano logró aplastar las protestas públicas, dicen los críticos. En los últimos meses, los cancilleres de Unasur no han hecho ningún esfuerzo por reactivar el diálogo, agregan.

Un informe de 103 páginas elaborado por la organización de derechos humanos Human Rights Watch tras las protestas estudiantiles, determinó que hubo “un alarmante patrón” de abusos de los derechos humanos, incluyendo asesinatos a quemarropa y torturas, de parte de las fuerzas gubernamentales en Venezuela.

Intrigado por el optimismo de Ban sobre el supuesto “buen ímpetu” generado por la mediación de Unasur y el Vaticano, le señalé que no se ha escuchado una palabra sobre la mediación de Unasur en varias semanas, y que de hecho el diálogo entre el gobierno y la oposición está suspendido.

Ban respondió que aún tiene esperanzas en las conversaciones de mediación y agregó: “nuevamente, convoco a los líderes de la región, y particularmente a Unasur, a debatir este asunto y tratar de contribuir a resolver esta situación”.

A continuación le pregunté a Ban por qué el Consejo de Derechos Humanos de la ONU no ha hecho nada por investigar los abusos cometidos en Venezuela, y se ha mantenido prácticamente en silencio sobre el tema. El Secretario General de la ONU respondió que el Consejo de Derechos Humanos “ha empezado a debatir el tema”.

¿Acaso el silencio del Consejo de Derechos Humanos sobre el caso de Venezuela no se debe al hecho de que algunos de sus miembros más importantes son Cuba, China y otras dictaduras próximas al gobierno de Maduro?, le pregunté a Ban.

“No querría hacer comentarios sobre temas en particular, como el caso venezolano. Pero, en general, el Consejo de Derechos Humanos ha sido muy importante y ha tenido un rol esencial en el tratamiento de temas sobre violaciones de los derechos humanos” en todo el mundo, respondió Ban.

Y añadió: “Apreciamos y admiramos mucho lo que ha estado haciendo el Consejo de Derechos Humanos. Ahora, es importante que siempre que se den casos de violaciones de derechos humanos donde sea, incluso en el caso de Venezuela, el Consejo de Derechos Humanos adopte las medidas correctas”.

Mi opinión: Ban merece ser aplaudido por su pedido al presidente de Venezuela de que extienda puentes hacia la oposición, en lugar de -lo que siguen son mis palabras- encarcelar a los opositores y torturar a los manifestantes estudiantiles.

Pero con respecto al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, su labor es calamitosa. Más que un grupo dedicado al monitoreo internacional de violaciones a los derechos humanos, sus miembros - que incluyen a Cuba, China, Rusia, Vietnam y Venezuela- han creado una sociedad de protección mutua para que nadie investigue sus propias violaciones a los derechos humanos.

El pedido de Ban al gobierno venezolano y a Unasur de que reanuden las conversaciones con la oposición es digno de elogios. Pero el silencio de Unasur y del Consejo de Derechos Humanos de la ONU sobre la sangrienta represión venezolana solo puede calificarse de escandaloso.

Andres Oppenheimer
aoppenheimer@elnuevoherald.com
@oppenheimera

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domingo, 27 de julio de 2014

ANDRÉS OPPENHEIMER, LA CORTE INTERNACIONAL ANTICORRUPCIÓN, (ELNUEVOHERALD.COM)

Cuanto más leo sobre la ola de corrupción gubernamental que azota a Argentina, Brasil, Ecuador, Venezuela y otros países donde funcionarios de alto rango están siendo acusados de robar fortunas con casi total impunidad, tanto más me gusta una nueva propuesta que está circulando en círculos legales internacionales: la creación de una Corte Internacional Anticorrupción.

La idea de crear una Corte Internacional Anticorrupción, siguiendo los pasos de la ya existente Corte Penal Internacional, con sede en La Haya, ha sido propuesta por el juez federal y ex funcionario del Departamento de Justicia de Estados Unidos Mark L. Wolf. El funcionario explicó su propuesta en detalle en un artículo publicado esta semana en el sitio web del centro de investigaciones Brookings Institution de Washington D.C.
Wolf afirma que hay que crear una Corte Internacional Anticorrupción porque muchos gobiernos han creado una cultura de impunidad, en la que no existe la voluntad ni la capacidad de investigar, procesar o castigar la corrupción.
Así como la comunidad internacional creó en el 2002 la Corte Penal Internacional para procesar abusos masivos de los derechos humanos cometidos por funcionarios de alto rango de países que no quieren o pueden investigarlos por sí mismos, la comunidad internacional debería hacer lo mismo ahora para procesar la corrupción de alto nivel —que él denomina “gran corrupción”— que permanece impune, dice Wolf.
Wolf escribió su artículo pensando en países como Rusia y Nigeria, pero hubiera encontrado ejemplos igualmente buenos —o mejores— en Latinoamérica.
En varios países, gobernantes electos han socavado gradualmente el sistema de división de poderes del Estado, controlando sus sistemas de Justicia por medio de la designación de jueces y fiscales afines, y —en el caso de Ecuador y Venezuela— silenciando a los medios opositores. Como consecuencia, hay varios gobiernos que gozan de licencia para robar.
Examinemos algunos de los últimos titulares en Sudamérica. En Argentina, donde pese a los esfuerzos de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner para silenciar los medios independientes aún existen periódicos que denuncian la corrupción gubernamental, casi no pasa un día sin que hayan nuevas revelaciones sobre los negociados del vicepresidente Amado Boudou.
Boudou ha sido acusado de comprar a través de sus amigos una importante empresa mientras era ministro de Economía. Pero no se trataba de una empresa cualquiera: era la compañía que imprime la moneda del país.
Y no solo eso, sino que ha sido imputado en casi una docena de delitos, incluyendo el de usar su cargo para condonar deudas de la empresa emisora de billetes y, más recientemente, de fraguar los papeles de un auto Honda convertible, rojo, en un intento de evitar que lo reclamara su ex esposa durante el juicio de divorcio.
Sin embargo, hasta el momento, Boudou sigue sonriente en su cargo, y se desempeña como el Presidente del país cada vez que Fernández de Kirchner viaja al exterior.
La propia Fernández de Kirchner ha estado en el centro de varios escándalos financieros, incluyendo, en el 2007, el descubrimiento de una valija con $800,000 en efectivo traídos al país a bordo de un avión del gobierno venezolano por el venezolano-estadounidense Guido A. Antonini Wilson, quien reside en Key Biscayne, Miami.
Estados Unidos arrestó a cuatro emisarios que llegaron a Florida para tratar de sobornar a Antonini Wilson para que no declarara, y uno de ellos —según el fiscal estadounidense— declaró que el dinero era para la campaña de la entonces candidata Fernández de Kirchner.
En Brasil se han realizado docenas de investigaciones periodísticas —que desataron protestas nacionales— sobre enormes sobrefacturaciones en proyectos gubernamentales de infraestructura para la reciente Copa del Mundo. Entre ellos se contaba el estadio Garrincha, de Brasilia, cuyo presupuesto se triplicó hasta alcanzar $900 millones. Según auditores oficiales, los costos se dispararon por sobreprecios pagados por materiales de construcción.
En Venezuela y Ecuador ya no hay división de poderes, y han sido silenciados los medios opositores que denunciaban la corrupción gubernamental. No resulta sorprendente, entonces, que Transparencia International, la organización no gubernamental de lucha contra la corrupción, considere a Venezuela el campeón de la corrupción en el continente, y uno de los países más corruptos del mundo. (Ocupa el puesto 160 entre 175 naciones en su ranking mundial de Percepción de Corrupción).
Mi opinión: Me gusta la idea de Wolf de crear una Corte Internacional Anticorrupción, al estilo de la Corte Penal Internacional.
Es cierto que la Corte Penal Internacional ha hecho poco hasta ahora, en parte porque Estados Unidos y otros países no la reconocen. Pero Wolf alega que la corte anticorrupción tendría mucho más apoyo en Washington y Europa, porque las empresas estadounidenses y europeas ya deben cumplir con leyes antisobornos, y se beneficiarían mucho si sus competidoras rusas y chinas tuvieran que regirse por estándares semejantes.
Ojalá despegue el proyecto de esta Corte Internacional Anticorrupción. Ayudaría a luchar contra la cultura de la impunidad existente en muchos países.
Andres Oppenheimer
aoppenheimer@elnuevoherald.com
@oppenheimera

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jueves, 13 de febrero de 2014

ANDRÉS OPPENHEIMER, LA CELAC Y EL TURISMO POLÍTICO, EL INFORME OPPENHEIMER,

La cumbre de jefes de Estado latinoamericanos y caribeños celebrada la semana pasada en Cuba fue un clasico ejemplo de turismo político y promesas vacías, pero es posible que haya tenido algo bueno: la salvación del bloque comercial de los cuatro países de la Alianza del Pacífico.

Los líderes de la Alianza del Pacífico —el ambicioso bloque comercial constituido por México, Colombia, Perú y Chile— sostuvieron reuniones bilaterales paralelamente a la cumbre de la Comunidad de Países Latinoamericanos y del Caribe (CELAC) celebrada en Cuba, y conversaron largamente sobre el futuro de su bloque comercial.

Esas reuniones fueron especialmente importantes porque asistió a ellas Michelle Bachelet, la presidenta electa de Chile, cuyo apoyo a la Alianza del Pacífico estaba en dudas. Bachelet, que asume el 11 de marzo, voló a Cuba por invitación del presidente saliente de Chile, Sebastián Piñera.

Antes del viaje, se especulaba que Chile podría dejar de ser uno de los pilares de la Alianza del Pacifico.

En primer lugar, había dudas de que Bachelet apoyará con entusiasmo a un grupo regional fundado por Piñera, su predecesor y rival político. En segundo lugar, la plataforma de campaña de Bachelet sugería que el gobierno de Bachelet disminuiría su activismo en la Alianza del Pacífico, y fortalecería sus lazos con Brasil y otros países de la costa del Atlántico.

Pero las reuniones bilaterales realizadas al margen de la cumbre de la CELAC permitieron que los presidentes de México, Colombia y Perú pudieran darle seguridades a Bachelet de que muchos de sus temores acerca de la Alianza del Pacífico eran infundados, según me dijeron funcionarios que participaron en las reuniones.

Los presidentes le dijeron a Bachelet que, contrariamente a lo que dicen algunos países de la CELAC, la Alianza del Pacífico no es un bloque pro-estadounidense que quiere dividir a Latinoamérica en dos, sino un mecanismo de integración económica que no excluye a nadie.

A diferencia de otros grupos regionales, la Alianza del Pacífico se concentra en medidas comerciales concretas. Entre otras cosas, está creando un área de libre comercio entre los países miembros, estableciendo oficinas comerciales conjuntas en Asia y África, y creando un mercado común de valores para los cuatro países.

En cuanto a la cumbre de la CELAC, fue un conjunto de declaraciones vagas y contradictorias, por no decir hipócritas.

La declaración final de la cumbre de la CELAC pide que “fortalezcamos nuestras democracias y todos los derechos humanos para todos”.

No es una broma: los presidentes, incluyendo el general Raúl Castro, juraron fortalecer la democracia y los derechos humanos en una cumbre presidida por Castro, un gobernante militar cuya dictadura familiar no ha permitido una elección libre, partidos políticos ni medios independientes durante 55 años, y que hace poco fue acusada de haber asesinado al principal líder opositor de la isla, Oswaldo Payá, en un misterioso accidente automovilístico.

Y lo que es peor, los presidentes firmaron esa declaración en momentos en que, según Amnistía Internacional, el régimen cubano estaba arrestando a líderes disidentes para impedir que organizaran una cumbre paralela.

Para su crédito, el presidente chileno Piñera se reunió en La Habana con una de las líderes del grupo opositor las Damas de Blanco, Berta Soler, y la presidenta de Costa Rica Laura Chinchilla envió una delegación gubernamental a reunirse con líderes de la Comisión Cubana de Derechos Humanos.

Por lo demás, la declaración de 70 puntos de la CELAC es una colección de promesas vacías de “seguir avanzando” hacia la integración económica latinoamericana, pero sin ofrecer ningún proyecto concreto para lograrlo.

Lamentablemente, existen ya casi tantas siglas de organizaciones de integración latinoamericana como países en el continente. Y al mismo tiempo, Latinoamérica sigue siendo una de las regiones menos integradas del mundo: sólo el 18 por ciento del comercio total de America Latina se realiza dentro de la región, comparado con el 52 por ciento del comercio total de Asia, y el 65 por ciento de la Unión Europea.

¿Por qué los presidentes latinoamericanos participaron de semejante farsa? Los países grandes, México y Brasil, quieren posicionarse y colocar a sus grandes empresas en la isla a tiempo para beneficiarse de la inevitable transición de Cuba. Y los demás países creen que, a la luz de medidas recientes del régimen cubano como la de autorizar a los cubanos a viajar al exterior, será más eficaz “acompañar” al régimen cubano hacia cambios mayores, que hostilizarlo.

Mi opinión: Fue patético ver a presidentes democráticamente electos hacer fila para fotografiarse sonrientes con Raúl y Fidel Castro. Muchos de ellos van a querer comerse esas fotos cuando mueran los hermanos Castro, y salgan a la luz todos los detalles de sus abusos a los derechos humanos.

Al margen del turismo político, probablemente una de las pocas cosas buenas que ocurrieron en la cumbre de la CELAC se dieron en las reuniones paralelas, como las que quizás lograron convencer a Bachelet de que no le dé la espalda a la Alianza del Pacífico.

aoppenheimer@elnuevoherald.com
El Nuevo Herald (EE. UU.) - 02-Feb-14 - Columnistas
http://www.elnuevoherald.com/2014/02/01/1670037/oppenheimer-la-celac-y-el-turismo.html

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sábado, 1 de febrero de 2014

ANDRÉS OPPENHEIMER, LA POBREZA DEL MUNDO SEGÚN BILL GATES

El tema de conversación de todo el mundo durante la reunión anual del Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, fue el audaz pronóstico de Bill Gates de que para el año 2035 prácticamente no habrá países pobres en el mundo.

¿Fue un arranque de optimismo exagerado por parte del hombre más rico del planeta? ¿O hay motivos para ser tan optimistas?

En una carta pública dada a conocer poco antes de la apertura de la reunión de Davos la semana pasada, Gates dijo que los 35 países actualmente clasificados por el Banco Mundial como naciones de bajos ingresos dejarán de ser pobres en las próximas dos décadas.

"La creencia de que el mundo está empeorando, de que no podemos remediar la pobreza extrema y las enfermedades no sólo es errónea. Es dañina -escribió Gates-. En todos los aspectos, el mundo está mejor de lo que ha estado nunca. Dentro de dos décadas, estará aún mejor."

Pero casi simultáneamente Oxfam, una coalición de 17 organizaciones no gubernamentales dedicadas a la lucha contra la pobreza, publicó un estudio que muestra un cuadro mucho más sombrío.

En su informe, Oxfam dijo que las 85 personas más ricas del mundo tienen la misma cantidad de dinero que la mitad más pobre del planeta, es decir, 3500 millones de personas. La inequidad está en aumento y amenaza con excluir a cientos de millones de personas de los beneficios de la modernidad, agregaba el informe.

Entonces, ¿el mundo está mejor o peor?, le pregunté a Marcelo Giugale, el director de programas de reducción de pobreza del Banco Mundial en África y ex director del programa antipobreza de esa institución en América latina, quien acaba de publicar un libro titulado Desarrollo Económico: Lo que todo el mundo necesita saber.

Giugale me dijo que, técnicamente, Gates tiene razón. En términos de PBI per cápita, el porcentaje de pobres ha disminuido enormemente durante las tres últimas décadas, desde que China e India adoptaron economías de mercado. "Creo que la pobreza extrema, definida como la definimos ahora, como el poder de paridad de compra de menos de 1,25 dólares por día por persona, se va a terminar en 2030, incluso antes que en 2035", dijo Giugale.

Pero la verdadera pregunta es hasta qué punto será significativo lograr ese objetivo. "Si lo que estamos haciendo es sacar a alguien de la pobreza extrema y ponerlo en 1,26 dólares por día, tampoco es un logro fantástico", señaló.

Según me explicó Giugale, ahora se está empezando a hablar cada vez más no sólo de los pobres, sino de los que están inmediatamente arriba, o alrededor, de la línea de pobreza: los así llamados "vulnerables". Vamos a vivir en un mundo con muchas personas vulnerables, señaló.

La buena noticia es que la tecnología está haciendo maravillas para ayudar a combatir la pobreza, me dijo Giugale. Por primera vez, podemos identificar a los pobres con pruebas biométricas del iris y concentrarnos en las necesidades específicas de cada uno de ellos, señaló. Hasta hace poco, había 400 millones de personas solamente en la India que no figuraban en los bancos de datos del gobierno. En América latina se estima que un 10% de los niños no están registrados a nivel nacional.

La identificación individual de los pobres está permitiendo a los gobiernos idear nuevas políticas sociales. En vez de ofrecer gasolina subsidiada o educación universitaria gratuita para todos, como todavía hacen varios países latinoamericanos, ahora los gobiernos pueden identificar exactamente quién necesita subsidios y quién no. La individualización es el nuevo mantra de la lucha contra la pobreza, agregó Giugale.

Mi opinión: aunque algunos países se están quedando atrás porque tienen presidentes más interesados en acaparar poderes con políticas cortoplacistas que en el bienestar sostenible de sus pueblos, es indudable que el mundo está mejor que antes.

El porcentaje de la población mundial que vive en la pobreza extrema ha caído del 43% de la población mundial en 1990 hasta el 20% en la actualidad, según las cifras del Banco Mundial, y hoy en día vivimos más y mejor. Cuando las personas ven el vaso medio vacío, siempre les digo que se imaginen lo que habrá sido ir al dentista hace 100 años, cuando a la gente le extraían las muelas sin anestesia.

Ahora, el gran desafío es poner la tecnología -que en la actualidad está principalmente al servicio de los ricos y las clases medias- al servicio de los pobres. Escribiré con mayor detalle sobre este tema en futuras columnas, pero por el momento sería buenísimo que más países siguieran el consejo de Giugale y emplearan las tecnologías existentes para individualizar a los pobres y acabar con los subsidios universales que penalizan a los pobres y benefician a los que más tienen.

aoppenheimer@elnuevoherald.com

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