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miércoles, 27 de mayo de 2015

CARLOS VILCHEZ NAVAMUEL, PRODUCCIÓN DE PETRÓLEO DE EEUU DEBILITÓ A LA OPEP Y ESTÁ NOQUEANDO A SUS ADVERSARIOS

Estados Unidos de Norteamérica está por convertirse en el mayor productor del mundo de petróleo, las consecuencias de esto han sido devastadoras para algunos países como Irán, Rusia, Venezuela y un debilitamiento del cartel de petróleo más conocido, la OPEP,  pues sus decisiones dictatoriales para imponer los precios del barril de petróleo ya no tienen la misma fuerza que tenían en las décadas pasadas.

Si bien es cierto que unos cuantos países productores se han visto afectados con la baja del precio del barril de petróleo, el mundo entero se ha beneficiado en la rebaja de los combustibles en general, el precio del barril de petróleo se ha mantenido en las últimas semanas cerca de los $60 dólares lo que hace que todos los consumidores estén felices, los precios de los combustibles en la mayoría de los países han bajado, esta reducción del precio del barril del pétróleo le da un respiro al comercio y a la industria mundial, un ejemplo de ello ya lo hemos visto hecho realidad, las líneas aéreas han reducido sus tarifas y con ello el turismo a nivel global empezará a aumentar. 

Parece increíble, pero elevar la producción de petróleo en los EEUU ha sido también la mejor solución de ese país y posiblemente la menos pensada para doblegar a sus enemigos, especialmente a esos gobiernos que se supone están en contra del imperio gringo, así nos lo explica, Andrew Higgins en un artículo publicado en diciembre del año pasado, Higgins nos dice entre otras cosas que “El desplome del precio del crudo sacudió el orden económico y político mundial, un giro en la rueda de la fortuna que fortaleció los intereses de Estados Unidos y llevó al borde de la crisis financiera a varios grandes países exportadores de petróleo, en especial, a los hostiles a Occidente, como Rusia, Irán y Venezuela”. Además nos dice que “Edward N. Luttwak, asesor de larga data del Pentágono, dijo "La caída del precio está noqueando a los principales adversarios de Estados Unidos" sin que el gobierno tenga que hacer nada”. Y afirmó  “Es un enorme impulso para Estados Unidos: tres de nuestros cuatro adversarios más activos están seriamente debilitados y su margen de maniobra se ha visto gravemente reducido”.   

Más adelante añade “Pero la onda expansiva va mucho más allá. El desplome del crudo podría influenciar en las deliberaciones de Irán sobre llegar o no a un acuerdo con Occidente por su programa nuclear. También podría forzar a los petro-Estados de Medio Oriente a una reevaluación de su rol de administradores del suministro mundial de crudo. Y podría impulsar la economía de los grandes consumidores de petróleo, como Estados Unidos y China. Tal vez, incluso haya sido el empujón que faltaba para que Cuba decidiera sellar su acercamiento a Washington”.   http://www.lanacion.com.ar/1755410-petroleo-barato-el-arma-menos-pensada-de-estados-unidos-para-doblegar-a-sus-archienemigos

Como bien lo dijo el año pasado, Sun Xingji, en The Beijing News “Un petróleo más barato supone una presión más alta para países como Rusia y Venezuela, (nosotros añadiríamos también a Irán) porque daña gravemente sus bases económicas. Un dólar fuerte combinado con una caída del rublo ruso es aún más preocupante ya que la economía rusa atraviesa un momento de tensión debido a las sanciones financieras impuestas por Estados Unidos y Europa”. http://spanish.peopledaily.com.cn/n/2014/1029/c31619-8801767.html

Carlos Vilchez Navamuel
carlosvilcheznavamuel@gmail.com
‏@carlosvilchezn

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domingo, 10 de noviembre de 2013

AMÉRICO MARTÍN, EL SITIADO


I

No pocos poetas europeos recibieron con repugnancia la Revolución Industrial. Era implacable su dura manera de destruir bellezas artesanales en obsequio al supremo propósito de salvar la Humanidad y alargar el plazo de su dominio sobre el planeta. 

Unos tres siglos antes del estallido de ese fenómeno, digno por cierto él sí del nombre de revolución, el ingenio de Johannes Gutemberg, la imprenta, había aniquilado el reinado de la hermosísima caligrafía. Desde luego lo hizo sin proponérselo y no obstante la destrucción fue casi total. 

La imposición de aquellos rudos tipos impresos transcurrió en nombre de un derecho humano trascendental: el del homo sapiens a la información y  adquisición de conocimientos. En Inglaterra, entre fines del siglo XVIII y principios del XIX,  escritores y soñadores se recogían a la orilla de los lagos para meditar y recordar armonías ya antiguas. Se les conoció por eso con el calificativo de los “lakistas” (por lago, lake en lengua británia) precursores de la corriente literaria que con el nombre de romanticismo cerró su ciclo al concluir el siglo XIX

En pleno siglo XXI esa infructuosa reacción se repite frente al estallido de la globalización (el homo globalizzatus), con la diferencia de que los “neolakistas” no defienden bellezas genuinas condenadas a desaparecer sino apolillados dogmas que les impiden pensar.

El temor al desarrollo, a los aportes de la ciencia, al mejoramiento de la calidad de vida fuertemente sostenida por la cooperación estamental y no la guerra de clases; todo eso ha alentado a contragolpe agresividades políticas cubiertas bajo formas dictatoriales. En pocos lugares semejante reacción ha tomado características tan primitivas, tan deplorables, como en la Venezuela dominada por el madurismo.

II

Lo más arraigado es lo que pudiéramos llamar “temor al contagio”. Diálogo supone intercambio de opiniones, ampliación del campo visual, enriquecimiento recíproco, pero el madurismo no lo entiende así. No desea ni siquiera escuchar opiniones distintas, no sea que debiliten la fe de sus leales. Pero como resulta difícil controlar los pasos de la totalidad de una militancia, opta por demonizar a quien piense distinto, incluso en el seno de su movimiento y allegados; y cuando eso resulte insuficiente porque el debate flota en el aire al alcance de cualquiera, enloquece de insultos, calumnias, cuentos para idiotas sobre la supuesta guerra económica desatada por el imperio, o la hemorragia de magnicidios, golpes, sabotajes nunca, pero nunca aportando ni la sombra de una prueba.

Todo parece indicar que el 8D el madurismo será castigado por el voto popular. La degradación a que se ha condenado al país no admite otra posibilidad. El conteo electoral tendrá un sonido macabro para el sucesor del caudillo y por eso busca la manera de librarse del reto de diciembre, mientras que la oposición más bien da todas las indicaciones de que procura unos comicios limpios, transparentes, confiables y pacíficos. Sin embargo, insultando la inteligencia del chavismo, Maduro repite lo insólito: es él quien favorece las municipales, en tanto que los que más las necesitan y muy probablemente se beneficiarán del resultado, se disponen a sabotearlas; es decir: a suicidarse o regalarle el juego a uno que lleva la señal de la derrota pintada en la frente.

III

Maduro agrega a esa resistencia contra el futuro, el progreso, la inteligencia, algo de su cosecha personal. Es un hombre de carácter más bien débil. Habrá descubierto que el tal socialismo del siglo XXI no existe, es puro humo, nada, cero, pero carece de la habilidad del caudillo para inventar contenidos y entusiasmar con ellos a sus seguidores. Además, los recursos para sobornar, comprar o ganar simpatías se han venido muy a menos. El resultado parece obvio: el presidente Maduro se siente aislado, amenazado por fantasmas que no alcanza a delinear, temor a lo desconocido. Es el heredero de una autocracia que por desgracia no puede sobrevivir sin atropellar a los demás. Con menos posibilidades que el caudillo, se ve empujado a extremar la violencia y el insulto, la amenaza y la mentira creyendo que eso le permitirá alguna forma de consolidación.

Johannes Gutenberg, Prints First BibleMaduro, más que autócratas de sangre que lo han antecedido, ha caído en el pantano de lo que el ilustre historiador londinense Arnold Toynbee denominaba “mentalidad de sitiado”. Se refería el célebre pensador a la propensión totalitaria de sentirse en un mundo de feroces enemigos armados de planes siniestros que no duermen en su designio de asesinarlo. Siempre fue así, subrayaba Toynbee, desde tiempos de Licurgo y especialmente durante la emergencia de la Unión Soviética dirigida por su más alta expresión, Lenin, después por Stalin y sus sucesores.

Los sitiados inventan campañas, batallas. Son célebres sus pomposos años de tal o cual cosa: el de alfabetización, las 10 mil toneladas de azúcar, la destrucción final del capitalismo o la Suprema Felicidad. Necesitan borrar la memoria, rehacerla y ponerla a su servicio. Como decía Dieterich cuando aún no se había desengañado, Bolívar y Rodríguez, Jesús de Nazaret y Zamora fueron precursores pensados por la historia para encarnar en Chávez. Maduro quiso momificarlo; en sus alucinaciones tomó forma de pájaro o fue sombra subterránea.

El sitiado necesitaría que otros lo regresen a la realidad e induzcan a aceptar voces distintas o disidentes. Lo ayudarían a rescatar el sueño y recuperar la serenidad interior. ¿Pero quién le pone el cascabel al gato? No sea que a más de perder sabrosos privilegios, o ser desplazados por gente más obsecuente, despierten hienas fanatizadas  con la misión de imponer la paz…. ¿de los cementerios?

amermart@yahoo.com

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miércoles, 24 de julio de 2013

ALONSO MOLEIRO, REFLEXIONES PARA PATRIOTEROS Y PATRIOTAS


El patriotismo es la menos perspicaz de las pasiones, Jorge Luis Borges

Por mucho que pretenda hacerse pasar por virtuoso, el nacionalismo es una de las enfermedades más extendidas en los colectivos humanos en estos tiempos. Las tragedias más sobresalientes del siglo XX se alimentaron del delirio supremacista, el culto demente hacia el ancestralismo y la obsesión paranoide hacia la diferencia. La última de ellas, bordada al costado de Europa Occidental, en las orillas del Adriático, la tenemos a la vista: la Yugoslavia de Slobodan Milosevic.

Algunas plumas anotadas en la causa incondicional del gobierno hacen en estos días toda suerte de malabarismos retóricos para presentar al fascismo como una suerte de prolongación de los intereses de los capitales financieros. Afirmaciones de una flacidez por demás notoria, que técnicamente se rebaten solas: desde la Alemania Nazi hasta el fundamentalismo Hutu, las degollinas más extendidas de todos los tiempos han estado atadas al costumbrismo totalitario: partido único, modales marciales, grima a la modernidad, propaganda de guerra, satanización del adversario, degradación del debate público, montoneras en las calles.

Por supuesto que la afiliación voluntaria a una nación no coloca a nadie, de forma automática, en los peligrosos dominios del nacionalismo doctrinario. Sin ser nacionalista, en lo particular puedo afirmar que soy un resuelto defensor de un criterio que encuentro mucho más consistente: el de la identidad cultural. Los países no son inventos de nadie: son realidades palpables con entornos, anclajes emocionales y efectos jurídicos concretos.

El nacionalismo latinoamericano encuentra sus orígenes en el otro extremo del pensamiento: la izquierda y la extrema izquierda. El tutelaje cultural y los sucesivos escamoteos militares llevados adelante por los Estados Unidos en esta parte del mundo hicieron posible que se asentara de forma por demás genuina y legítima en muchos intelectuales, pensadores y activistas latinoamericanos de mediados del siglo XX. 

La afirmación nacional era, a diferencia de otras ocasiones, una palanca para afirmar los derechos de la ciudadanía. Bolívar y sus huestes; los palestinos, los partisanos de Tito, Garibaldi, los combatientes armenios: en los tiempos del florecimiento republicano, nacionalistas han sido aquellos que no tienen nación en la cual asentar sus vidas.

Un complejo entramado de desarrollos diversos ha tenido lugar en América Latina y el mundo a partir de entonces. Las formas de propiedad, la pertenencia cultural, el lenguaje, la ciudadanía: todos son elementos sometidos a una lenta pero intensa metamorfosis producto de la expansión tecnológica, el poder de los buscadores en Internet y el carácter fractal de las redes sociales.  

La globalización no es, como piensan las variantes monocordes del chavismo, un antojo trasnacional, o una circunstancia impuesta, sino un estado de la historia, a estas alturas de carácter irreversible. La cosmópolis es una de sus consecuencias culturales directas. No es una casualidad que las constituciones más avanzadas del mundo, incluyendo la nuestra, consagren el derecho de las personas a tener dos nacionalidades. Anthony Giddens, el autor inglés de La Tercera Vía y Más allá de la izquierda y la derecha, lo definió con enorme precisión: son estos los tiempos de la “fidelidad múltiple”.

Mutaciones e intercambios que también tienen su correlato en el lado izquierdo del consumo cultural: Manu Chao, por ejemplo, uno de los intérpretes más brillantes de este tiempo, es un músico de carácter nómada, de padres españoles, nacido en Francia, amante de los dominios árabes y latinoamericanos, con éxitos grabados en portugués, francés, italiano y español. El artista global por excelencia. La misma afirmación vale para Le Monde Diplomatique y el inefable Ignacio Ramonet.

El modelo mixto desarrollado por Brasil también puede servirnos de ejemplo. Los brasileros no han perdido tiempo culpando a los demás de sus problemas. Tienen una influencia geopolítica que toca, incluso, a sus conquistadores, los portugueses, y a las naciones africanas que comparten su lengua, y un desarrollo tecnológico que no deja de sorprender. Así como la Unión Europea y los Estados Unidos se ríen de las enternecedoras bravatas antioccidentales de Cuba o Nicaragua, respetan con entera sinceridad las disposiciones del gigante sudamericano.  La realidad brasilera es hija de un modelo democrático liberal que respeta y promueve la independencia de criterios. Un entorno cultural flexible, complementario y múltiple, que tiene a algunas de sus universidades en la vanguardia de la subregión. La independencia que tanto alude el chavismo no la vamos a alcanzar colocando discos de Xulio Formoso: la obtendremos desarrollándonos como lo ha hecho Brasil

Son circunstancias multidimensionales, de carácter concurrente y de una enorme complejidad. El chavismo, el falangismo, el castrismo y el leninismo tienen para esta realidad respuestas muy elementales. Dividir a la humanidad en parcelas; suponer que esa sola circunstancia las hace únicas y mejores que las otras; hacer ascos de la diferencia y el mestizaje cultural. Mirar el futuro con la nuca. Tener una visión policial de la política. Llorar con el himno, cuadrársele a una bandera, desbordarse en cánticos cursilones de carácter rural. Son parte de los vicios más genuinos de la extrema derecha y la extrema izquierda. Ese es nuestro verdadero dilema: apertura o aislamiento. Uno de los aspectos más interesantes de la plataforma programática de la MUD descansaba en esa cláusula: “Venezuela, país abierto al mundo”. El eje del racionalismo democrático.

Pío Baroja lo dijo una vez: “el nacionalismo es una enfermedad que se cura viajando”. 

No hay insulto que me de más risa que ese de “apátrida”.

alonsomoleiro@hotmail.com

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