Amor
con hambre no dura sostiene la conseja popular; la utilizan los padres con la
hija que pretende casarse con un hombre que no tiene suficiente recursos para
atender sus necesidades. La voz de la experiencia piensa que si no hay como
atender las necesidades, los sentimientos no perduran.
El
proverbio viene a colación, para explicar el desafecto existente entre el
régimen venezolano y el pueblo.
Es
bien sabido que “el comandante galáctico” basó su autoridad en una relación
afectiva con la gente, poco importaba si estaba preparado, si era portador de
un proyecto viable, lo importante es que era como todos, hablaba de manera
popular.
Un
populista que prometía sin planificar, que comprometía nuestro futuro para contar
con divisas que le permitieron botar el dinero a manos llenas. En ayudas que no
eran productivas, en regalos a sus compinches internacionales, en financiar
elecciones en otros países y a grupos extremistas con los cuales garantizar
aliados a sus intenciones totalitarias.
Le
perdonaron todo, el aparato comunicacional del gobierno se manejaba en el plano
emocional, como padres e hijos, como compadres o como amantes.
Con
su discurso meloso consiguió el tiempo necesario para tomar el control de todos
los poderes del Estado y centralizar en sus manos el control político y
financiero de Venezuela.
En
el camino destruyó el aparato productivo, expropió, persiguió, exiló a todo
quien se opusiera a su sed de venganza y de poder. Mientras tanto continuaba su
mensaje manipulador con el que mantenía vivas las esperanzas de un futuro que
nunca llegó.
Al
final se comportó como todo machista primario se “enamoró de otra”, a su última
amante “la Isla de Cuba” y a su régimen le entregó todo.
Ya
enfermo, fue su títere, solo respondía a los intereses de los Castro, ellos le
“aconsejaron” el nombre del sucesor. Quien hoy en día refleja claramente, la
incapacidad del proyecto de alimentar la familia venezolana, de cubrir la
necesidades básicas y satisfacer el hambre.
Hoy
en día ya no hay “amor”… porque con hambre no dura.
La
nevera vacía, las horas en cola, la traición a la patria, la ineptitud a
resolver los problemas, los asesinato diarios, pero sobre todo la indiferencia
y la poca predisposición a orientar el rumbo, terminaron por enterrar la
relación, Uno es un difunto real y el segundo se convirtió en un difunto
sentimental y mental.
A
simple vista se ve que… “esto se lo llevó quien lo trajo”.
“Negar
que los refranes, proverbios, adagios y sentencias son en la vida nacional como
el libro de filosofía del pueblo, es dejar de reconocer la enseñanza que la
experiencia ofrece y entre las masas va de generación en generación”, afirmaba
el Dr. Santos Erminy Arismendi, notable escritor, periodista y profesor,
Carupanero-Caraqueño.
El
hecho de que pensemos en el bienestar de la familia, en nuestro desarrollo
personal, en una cierta estabilidad económica, no significa que somos egoístas.
El ser humano es social, disfruta y se desarrolla en comunidad, pero esta unión
debe ser natural, espontánea y voluntaria. Debe permitir su desarrollo integral
en unión de los suyos.
Un
mensaje de odio y división es lo opuesto a la naturaleza humana y tarde o
temprano termina volviéndose en contra de quien lo esgrime. Así como una
política oficial destinada al empobrecimiento programado de un país, para
someterlo de por vida, tiende al final a manifestaciones de rechazo
contundentes. Cuando se percibe que está en juego la libertad de continuar
siendo.
El
tipo de conducción política del Chavismo, necesitaba reescribir la historia
para crear falsas verdades, convertir en un acto heroico un golpe de estado,
destruir nuestra esencia y nuestras raíces para romper con la patria de origen
y termináramos aceptando el yugo extranjero.
Necesitaba
hacernos olvidar lo que progresamos en épocas pasadas e imponernos la bota que
nos oprime, obligándonos a vivir en condiciones de mediocridad.
En
el fondo buscaba convertirnos en borregos sin alma, sin conciencia y fuerzas
para oponernos a su proyecto. Mientras tanto los Castro con los recursos de los
venezolanos iban extendiendo el nuevo liderazgo neo-populista por el resto de
Latinoamérica.
Los
venezolanos están indignados, se preguntan dónde están los recursos y por qué
estamos tan mal.
Cansados
piensan “Bueno es cilantro, pero no tanto”. Vivimos en carne propia la perdida
de la calidad de vida, estar en la calle es arriesgar la vida, pero si no
salimos a hacer colas, nos quedamos sin comer.
Estamos
conscientes que el respeto, la paz y la convivencia ya no existen, la banda que
asaltó el poder aceleró un proceso de descomposición social, destinado a crear
las condiciones necesarias que les permitieran imponer su voluntad totalitaria.
Reconocemos
que no aquí solo existen leyes para oprimir a la oposición, perseguirlos
negándoles los derechos que establecen la Constitución y las leyes.
Frente
a eso vemos que los enchufados, violan la ley, crean empresas de maletín,
trafican droga, roban divisas, compran comida que se pudre y medicinas
vencidas, cobran comisiones y presentan cuentas falsas. Con los beneficios se
pasean frente a nosotros en yates, aviones privados y luciendo en la muñeca
relojes millonarios con los que cualquier familia venezolana podría vivir
varios años.
Regalan
nuestros recursos al Alba, enviamos petróleo barato a islas del caribe y países
centroamericanos a cambio de votos internacionales y encima financiamos grupos
extremistas. Después vienen a decirnos que hay que aumentar la gasolina.
En
todo caso Maduro nos ha llevado a ser más pobres, al caos, al atropello
militar, a tener que sobrevivir en medio de un drama, que vemos retratado en
rostros jóvenes cruzados de perdigones.
Los
sentimientos de afecto pueblo-gobierno que una vez existieron, se ha convertido
en una relaciones “patético-triste”, los que aún permanecen a su lado sin estar
beneficiándose directamente del abuso de poder, lo hacen basados en el temor,
la edad, el dinero, el conformismo, el egoísmo, la presión política.
Algunos
se sienten viejos para aceptar que se equivocaron o emprender una nueva vía.
Otros temen perder lo poco que adquirieron, o poner en peligro sus familias. Se
sienten victimas de sus propios errores y en consecuencia no podrán unirse a
algo nuevo y mejor, se conforman y deciden aguantar hasta el final.
El
desafío es abrir esa puerta, por la cual, los que una vez se ilusionaron, se
sintieron comprometidos o se vieron obligados a aceptar por necesidad, se
decidan a cambiar de rumbo y tomen la vía de la libertad… la que nos están
marcando con sangre y coraje los estudiantes.
Nelson
Castellano-Hernandez
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