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jueves, 20 de febrero de 2014

ASDRÚBAL ROMERO MUJICA, ¿TIENE FUERZA LA SALIDA?

Partiendo del deseo de comentar brevemente el muy interesante artículo del politólogo Yván Serra (“EL PUNTO MEDIO” en su blog periscopio2.wordpress.com), terminé escribiendo estas reflexiones para cuya comprensión no es, estrictamente, necesaria la lectura de la referencia, aunque desde luego les recomiendo que lo hagan. El planteamiento central es si la acometida estratégica La Salida impulsada por Leopoldo López, la diputada Maria Corina Machado y otras personalidades de la oposición, tiene la fuerza suficiente como para lograr el objetivo tácitamente definido en su denominación, es decir: la salida de este gobierno mediante algún mecanismo previsto constitucionalmente, por ejemplo: la renuncia, que es la opción de mi preferencia.

En opinión de Serra: no la tiene. Para el momento en el cual escribo estas líneas, puedo coincidir con su opinión si ella está referida a un lapso de tiempo breve como el que muchos habitantes de este país quisiéramos. Refiriéndose el precitado autor específicamente a Valencia: mientras en el norte –zona donde habita la clase media- se respiraba el 12F un ambiente de alta conmoción política, en el sur o en el municipio Los Guayos –zonas donde se ubican mayormente barriadas populares- se respiraba un ambiente de total normalidad. Más allá de esta observación puntual, Serra refuerza su tesis con un interesante gráfico en el cual se muestra el perseverante déficit de votos opositores en los municipios con menores ingresos per capita. “Mientras esta realidad no cambie será difícil salir del Régimen por la vía electoral o por otra vía” y acciones como La Salida, a la cual Serra le endilga un reducido criterio estratégico, poco contribuyen en este sentido. Si esto fuese un debate, tendría que sentirme severamente limitado por la fortaleza argumental de mi adversario.

Pero no voy a rebatir la validez de ese argumento, yo lo que simplemente creo es que ante la pasividad de la MUD, más temprano que tarde actores políticos de la oposición iban a emerger con una posición más protestaria y acorde con lo que viene demandando la gravísima situación del país. Es decir: ya hay señales evidentes que a la pobre Venezuela nos la están zumbando por un despeñadero y lo contrario: que no existiera algún sector de la oposición que se envistiese de ese sentir que los venezolanos no tenemos horchata circulando por nuestras venas, es lo que habría lucido incomprensible y antinatural ante los ojos de todo el mundo.

A los fines de desarrollar mi tesis, me voy a permitir previamente dos breves incisos. En primer lugar: no incluyo a Capriles en el señalamiento de la pasividad porque él ya tomó, en su momento, una decisión que respeté aunque no compartí y, como consecuencia de ella, tiene el nada fácil desafío de ejercer la Gobernación de Mirada en las actuales circunstancias. Tal como previmos, no está en capacidad de ejercer, simultáneamente, una activa y efectiva coordinación de la política opositora como la que se requiere ante un régimen como el que confrontamos. En segundo lugar: habida cuenta que en los espacios de opinión, muchos le asignan a La Salida el carácter de ser una acción política típica de clase media y muy similar a la del 2002, voy a permitirme una licencia para redefinir esa clase media incluyendo a todas las familias que dependan, económicamente, de personas adscritas a un ente público o privado mediante una relación de trabajo formal, con prescindencia de que su nivel de ingresos sea inferior a lo que los estándares tradicionales definen como clase media.

Son, precisamente, los miembros de esa clase media los que tienen mayor conciencia del nivel de destrucción que este régimen le ha perpetrado al país. Saben lo que está pasando con los medios de comunicación: ven y padecen cómo el Régimen ha condenado a muerte a la prensa escrita; mientras tienen que acceder por las redes sociales al video de los Tupamaros en Mérida atemorizando, impunemente, a la población civil, porque si buscan enterarse a través de cualquier canal televisivo se encontrarán con recetas de cómo hacer patacones a la maracucha o huevo frito (me permito un plagio de mi admirado, ahora más, Chataing). Esa clase media es la que sabe que las ensambladoras se van y que mejor cuida a su carrito porque quizás sea ese el último que tenga por muchos años. Es la que teme que algún miembro de la familia caiga en una enfermedad grave porque no sabe si conseguirá los fármacos adecuados o, simplemente, la clínica privada que presta mejor servicio a su seguro de hospitalización ya habrá quebrado. Es la que siente una profunda tristeza, acompañada contradictoriamente de alegre resignación, al ver que sus jóvenes hijos quieren abandonar el país porque éste ya no les ofrece ningún futuro. Esa clase media sabe, perfectamente, que la escasez se va a agudizar y, lo que más le preocupa, tiene conciencia que su velocidad de empobrecimiento es cada vez más acelerada. Lo que posiblemente no sepa es que ha comenzado a transitar por un período de empobrecimiento exponencial (la velocidad de empobrecimiento es proporcional a la magnitud del mismo) porque esta precisión entra en el reino de lo técnico, pero lo intuye cuando monitorea, día a día, el valor del dólar paralelo y ve con él volar sus esperanzas por una calidad de vida como la que tenía antes. Esa clase media está arrecha, sin eufemismos, como lo expresa Serra en su excelente análisis preliminar del problema, y ha esperado, con vehemencia, a que la oposición haga algo. La inexistencia de una iniciativa que diera respuesta a esa esperanza, sería un peligroso vacío que, como bien lo señala Axel Capriles en otro excelente artículo “La Locura Colectiva”, nos empaquetaría a todos en ese proceso en línea de la guerra psicológica que nos vienen aplicando: confusión- decepción-frustración-adaptación. Eso es lo que quiere este régimen comunista: que terminemos cansándonos porque ya no hay nada que hacer y adaptándonos a lo inaceptable.

Es en este escenario que Leopoldo y compañía insurgen y asumen el reto. En mi opinión, han hecho lo acertado. ¿O es que acaso decenas de analistas del tema político en este país –incluido- no veníamos hablando, desde hace meses, de la necesidad de superar ese divorcio entre MUD y sociedad mediante la articulación de sus demandas sociales con la plataforma de acción política? ¡Es lo que han hecho! Además, mediante una propuesta pacífica, porque salir a la calle a protestar contra las pésimas ejecutorias de este régimen es un derecho que tenemos, que no podemos dejarnos quitar y que no tiene por qué implicar violencia. Y este régimen, tan absurdamente pretencioso, tendría que ir aprendiendo a convivir con la protesta social como el precio a pagar por su estruendoso fracaso. Si el régimen prefiere salir con sus colectivos armados a exacerbar la violencia; si dentro de la oposición hay compatriotas que ya no quieren poner el otro cachete y caen en el juego de la violencia, éstos son problemas que se escapan del control de quienes asumen la protesta como una acción política indispensable en este momento y que, además, es perfectamente normal y aceptable en todo el mundo democrático. Cada cual tendrá que asumir su responsabilidad, pero ello no puede detenernos en nuestro accionar.

Potestar no es un atajo, es un derecho y una necesidad en esta muy delicada etapa que vive el país. Quizás, la denominación utilizada para la arremetida estratégica "La Salida" sea un tanto agresiva, al insinuar un “¡Vete ya!” que no es posible en el corto plazo que anhela la gran mayoría de la clase media. Tiene Serra toda la razón al señalar el “hashtag” del "#13FVnzlaEnlaCalleNicolás..." como políticamente inmaduro e inconveniente en el contexto de un proceso que será, impredeciblemente, complejo. Pero, por otra parte: ¿Por qué no interpretar “La Salida” como el inicio de un proceso conducente a sentar las bases para que se produzca esa salida en el tiempo que los hechos irán dictaminando? Ya no hay tiempo para sentarse pasivamente a esperar. Todas las tendencias apuntan, incontrovertiblemente, hacia el desastre y ninguna de las acciones anunciadas por este gobierno las revierte, todo lo contrario: las agrava. De hecho, si ellos fueran, en un mínimo grado, responsables renunciarían porque no creo que no estén conscientes que han quebrado al país y lo han conducido hacia un callejón económico sin salida. De esto, también comienza a tener conciencia esa clase media a la que tanta referencia he hecho en este análisis. Si hay otro sector de la sociedad que todavía se siente lo suficientemente cómodo como para no motivarse a protestar, eso no excluye el derecho que tenemos nosotros para hacerlo. Habrá que incluir dentro de La Salida programas dirigidos a hacerle ver a ese otro sector la inminencia de una crisis que también los arrastrará a ellos, como bien lo dice Serra en la parte final de su análisis. Es a la clase media a quien le corresponde asumir el rol como generadora de la opinión impulsora de los cambios que se requieren en el país. Es el rol que suele tener y así se le reconoce en todos los países que funcionan democráticamente en el planeta. Por esta razón es que, en ninguno de estos países, los gobiernos se plantean gobernar a espaldas de la clase media, eso sólo ha sido posible aquí porque contaban con un arsenal de recursos económicos que ya malbarataron.

Los malbarataron y ahora las circunstancias económicas en las que se da este proceso son radicalmente distintas, realidad ésta que no pareciera ser tomada en cuenta por esos analistas políticos que insisten en calificar a “La Salida” como una repetición de los errores del 2002. Ni la clase media se encuentra en las mismas condiciones de desesperanza y entrampamiento, por lo tanto ya no es la misma del 2002; ni tampoco el país cuenta con los mismos recursos para salir del atolladero. ¡Ni remotamente es el mismo! Cada día que pase, las señales de destrucción de nuestras posibilidades como país serán más devastadoras. Es cuestión de responsabilidad, por nosotros y por nuestras generaciones futuras, activarnos ante este régimen para hacer valer nuestro profundo descontento y propiciar una salida a esta crisis. A este régimen tan pretencioso, le corresponderá entender que tenemos razones valederas para protestar; y si no lo hacen, peor para ellos. La Salida es la única opción que tenemos, por lo tanto tiene que tener la fuerza que sea requerida o, definitivamente, perderemos al país.

@asdromero

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