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viernes, 29 de marzo de 2013

ALBERTO JIMÉNEZ URE, LA RETÓRICA SEGÚN ORTEGA CARMONA

El sacerdote y helenista  Alfonso ORTEGA CARMONA, adscripto a la Universidad de Salamanca [España], hace más de dos décadas me envió uno de sus más consultados libros que difícilmente pierden vigencia: Retórica [Editado en Madrid, España, bajo el sello de la citada institución académica, el año 1989]. A su juicio, «[…] en Europa el arte de hablar bien ha sido siempre el instrumento más importante de la cultura y de la formación del hombre...» [Ob. cit.,  p. 11].
Se cree que Aristóteles (Estagira, 384-322)  «legitimaría» la «Retórica» porque fue quien –de hecho- la utilizó metodológicamente  para impartir conocimientos: cuestionar los sucesos sociales y políticos de Grecia, e igual para prodigar sus ideas al Vulgo.
Es indiscutible que la «Retórica»  se fortalece en los pueblos en los cuales la democracia impera, y sucumbe ante regímenes totalitarios. 
En este tiempo y realidad, muchos indeseables del ambiente político presumen –íntima e infamemente- que no es cosa distinta  al don de hechizar: la fase superior de la –para ellos- necesaria dosis de mentira, demagogia o histrionismo. 
Cierto es que la auténtica praxis democrática no es ni la oficialización del discurso timador ni la coacción del librepensamiento. Leamos lo que piensa ORTEGA CARMONA:                  
«[…] Sin la facultad de hablar libremente, exponiendo el propio parecer para la mejor decisión y deliberación acerca del bien común, no puede existir verdadera democracia [Idem., p. 17]
Aristóteles pasó a la Historia considerado como el más admirable de los discípulos de Platón. Inicialmente, se había dedicado al estudio e investigación de la Biología. Durante aproximadamente veinte años, asistió a la Escuela Platónica. Luego de la muerte de su maestro [año 347], marchó de Atenas para convertirse en asesor e instructor del Príncipe Alejandro DE MACEDONIA.
Regresó, más tarde, para fundar lo que trascendió bajo el nombre de Liceo: claustro donde inmortalizaría sus ideas filosóficas. La Política comenzaba a ser considerada como una de las nuevas ciencias: […] «... debía ocuparse de las formas de gobierno reales, a la vez que de las ideales, y debía enseñar el arte de gobernar y organizar estados, cualquiera que fuese su forma, del modo que se desease...» –afirma George SABINE, en su Historia de la Teoría Política («Fondo de Cultura Económica», Bogotá, Colombia, 1976, p. 77). Es probable que cuanto en aquellos días se definía mecánica política no fuere sino la «Retórica», el método de praxis de una disciplina cada vez más compleja y propensa a ser malintencionadamente utilizada. En Atenas, los filósofos fueron los primeros políticos profesionales porque estuvieron más cerca del poder que quienes ejercían actividades no intelectuales, aun cuando vinculadas a los gobiernos. Novedosamente, esos pensadores fueron los primeros en platicar sobre la factibilidad o no de abolir la Propiedad Privada y la Familia (tesis que Platón defendía).
Ellos impulsaban las leyes, eran  consultados para la redacción de las normas o para eliminar las existentes. Ejercer la «Retórica» era ejercer la crítica: de una postura específica o de acontecimientos provocados por los hombres. Aristóteles difería de su maestro en lo relacionado con el Estado Ideal y, frente a ello, formularía –respetuosamente- su argumentación personal. Lo hacía con técnicas, lucidez e información científica.
En mi opinión, «Retórica» es el discernimiento o debate público de las ideas opuestas: morales, filosóficas, políticas o de cualquier otra disciplina del conocimiento humano (1) Sesudo, Alfonso ORTEGA CARMONA lo dilucida perfectamente e infiere «[…] que la mayoría de las decisiones políticas, dentro de las instituciones democráticas, son, a su vez, resultado de un debate en el que la propuesta y defensa de los mejores argumentos corre también la suerte de las mas brillante y persuasiva exposición» [Cfr., p. 17]. Imprescindible para los (defensores o acusadores)  «oradores» o «exponentes» en los juicios y los adeptos del mitin o meeting, añado. Don Alfonso sostiene que ya en los textos clásicos La Odisea e Ilíada se advierte respecto al «arte de hablar en público», lo que habría precedido a la intencionalidad aristotélica.
La  importancia de dominar el discurso, la argumentación y hasta la gestualidad determinaría el éxito político de un personaje.
En esa etapa iniciática de la «Práctica Retórica», la  investigación, ponderación y coherencia fueron cruciales y ulteriormente conducirían a un  extraordinario pensador (Sócrates) a inventar la «Mayéutica» (2):
«[…] Muchos retóricos antiguos vieron ya en Homero al padre de la Retórica,  y, con frecuencia, citaron  ejemplos suyos para la confirmación de técnicas persuasivas. Bastaría recordar que tres cuartas partes de la Ilíada, un poema de guerra, están constituidas por conversaciones  y discursos...»  [Ob. cit., p. 20].
En aquellos días, la preponderancia de la «Retórica» influiría [todavía, en diversos aspectos de la vida universitaria e intelectual posmoderna] en el establecimiento de los tribunales del pueblo: organismos mediante los cuales [se asegura] los griegos eliminaron la corrupción judicial.
Si meditamos un poco, descubrimos que en los actuales «juicios orales» [ya en tardía práctica en lo que denomino ultimomundano] el talento discursivo de los abogados suele salvar de la Pena de Muerte a los reos acusados de haber cometido delitos graves.
Los tribunales del pueblo en la Antigüedad eran integrados por numerosas personas, lo que obligaba a los defensores y acusados al afinamiento de sus intervenciones. En pocas palabras, a fortalecer su oratoria. Curiosamente, Platón [pese  a su gran reputación filosófica] no pudo evitar que a su amigo Sócrates lo condenasen a muerte bajo la absurda acusación […] «... de haberse ocupado en exceso de la investigación de lo subterráneo y lo celeste, convertir en fuerte el argumento débil y enseñar a otros estas mismas prácticas» (Platón: Defensa de Sócrates, Edición de «Aguilar», Madrid, España, 1973. P. 21). El filósofo «delincuente» no lograría salvarse tras utilizar la Mayéutica con la cual, asombrosamente, deslumbraba e iluminaba las mentes de sus discípulos. Y confundía a sus detractores con lucubraciones que los develaban como los auténticos culpables.
La Mayéutica se basaba en la incesante interrogación que, por instantes, lucía inquisición. Hubo algo inusitado que, en una de las innumerables y acomodaticias reformas del Código Procesal Penal del país en el cual infaustamente nací y que, por ejemplo, luce mediocre reminiscencia de las leyes que imperaban en la Grecia Antigua, aquí se ha establecido en los juicios orales [no se sabe por cuánto tiempo ni por virtud de cuáles legisladores desquiciados o ebrios] lo siguiente: la selección por sorteo de jurados o escabinos sin la necesaria formación jurídica o conocimiento de la Constitución y Leyes y que, aparte, no tienen la voluntad personal, la razonable curiosidad y sensibilidad humanas, la determinación o formación intelectual para indagar los detalles de los casos penales para decidir quién es inocente o culpable de haber cometido el [los] delito [s] que se le [s] imputan.
 Sospecha Ortega CARMONA que la aparición de la «Retórica» sería contemporánea a la decadencia de la «Sofística», de la que se inferiría que fue la primera Ilustración Europea:
«[…] Su concepción de la Verdad, de la Vida y del Hombre, en antítesis con la época precedente, dará lugar a otra profunda revisión filosófica en Platón y Aristóteles, influidos por Sócrates. El clima espiritual que precede a la Sofística alienta a una fe inquebrantable en poderes sobrehumanos que rigen, sin posibilidades de protesta, los destinos y todo fenómeno cósmico...» [Ibídem., p. 23]
Quienes propugnan el empleo del mitin o meeting [en la actualidad, francamente en declive y desprestigio] cometen impresionantes esfuerzos de oratoria para mantener atento al imbecilizado enjambre que los escucha. Lógicamente, los políticos de la Antigüedad no gritaban porque se dirigían a pequeños grupos de personas cultas y por ser intelectuales. Sabios, portadores de La Verdad.
 Por virtud de políticos sin instrucción filosófica, la «Retórica» ha degenerado en formas intimidatorias: amenazantes, en mensajes apocalípticos y de trasfondo vulgar: se ha envilecido con la vindicta, agitación bélica y el tremendismo. Los oficiantes  de intervenciones públicas justifican su mediocridad bajo el alegato según el cual, en pro de la supervivencia de los «actos de masa», el mensaje debe estar despojado de intelectualismos (3)
NOTAS.-

(1) Definición personal que inserté casi al final de mi libro Dictados contrarrevolucionarios («Edición de la Universidad de Los Andes», Mérida, Venezuela, 2008. p. 201).
(2) Cuando me instruí sobre esa fascinante práctica discursiva, experimenté una inconmensurable felicidad: de modo empírico, yo hacía tiempo que la ejecutaba.
(3) STUART MILL, John, dijo en su Diario  «[…] que todo empeño intelectual, o, en cualquier caso, todo empeño científico cae bajo el popular estigma de ser insensible» [p. 45]. También infirió que […] «… ser popular es adular a todas las personas diciéndoles que son lo que más desean ser» [Supra., p. 45. «Alianza Cien», Madrid, España, 1996]
(@jurescritor/jimenezure@hotmail.com/urescritor@hotmail.com)

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