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sábado, 30 de marzo de 2013

CUBA: EL MITO – POR YOANI SÁNCHEZ, FUENTE EL PAIS DE ESPAÑA,

Hace frío en La Haya. Por la ventana se ve a una gaviota que ha encontrado un trozo de galleta tirado en la acera. En el cálido local de un bar varios activistas hablan de sus respectivas realidades. 
Desde una esquina de la mesa un periodista mexicano explica el riesgo de ejercer la profesión de informador en una realidad donde las palabras se pueden pagar con la vida. Todos escuchamos en silencio, imaginando la redacción de noticias baleada, los colegas secuestrados o asesinados, la impunidad.
Después interviene el saharaui y sus palabras son como arena que se mete en los ojos, los enrojece y hace que las lágrimas afloren. También las anécdotas del norcoreano me estremecen. Nació en un campo de prisioneros del cual pudo escapar a los 14 años. Sigo cada una de esas historias, puedo vivirlas. Amén de las culturas y la geografía el dolor es dolor en cualquier parte. En pocos minutos paso de estar en medio de un tiroteo entre cárteles a una tienda en el desierto y después al cuerpo de un niño tras las alambradas. Logro ponerme en la piel de todos ellos.
Aguanto la respiración. Me llega el turno de hablar. Cuento de los actos de repudio, las detenciones arbitrarias, los fusilamientos de la reputación y de una nación en balsa que cruza el estrecho de La Florida. Les hablo de las familias divididas, de la intolerancia, de un país donde el poder se hereda por vía sanguínea y nuestros hijos centran sus sueños en escapar. Y entonces llegan todas esas frases que he oído cientos, miles de veces. Nada más decir las primeras palabras ya sé por dónde vienen: “pero ustedes no pueden quejarse, tienen la mejor educación del continente”… “sí, será así, pero no puedes negar que Cuba se ha enfrentado a Estados Unidos por medio siglo”, “bueno no tienen libertad, pero salud pública no les falta”… y un largo repertorio más de estereotipos y falsas conclusiones sacadas de la propaganda oficial. La comunicación se ha roto, el mito se ha impuesto.
Un mito alimentado por cinco décadas de distorsión de nuestra historia nacional. Un mito que ya no apela a la razón, sino a la creencia ciega; que no acepta críticos, solo adeptos. Un mito que hace imposible que tantos nos entiendan, que se sintonicen con nuestros problemas. Un mito que ha logrado que a muchos les parezca bien para nuestra nación lo que nunca aceptarían para la suya. Un mito que ha roto el canal de la normal simpatía que genera en cualquier ser humano la víctima. Un mito que nos tiene atrapados con más fuerza que este totalitarismo bajo el que vivimos.
La gaviota se lleva su pedazo de dulce en el pico. En la mesa se vuelve a hablar de África del Norte y de México. Pierde sentido explicarles mi Isla. Para qué, si todo el mundo parece saberlo todo de nosotros, incluso sin nunca haber vivido en Cuba. Me estremezco de nuevo al escuchar la cruda vida de esos activistas, me coloco en su lugar otra vez. ¿Y quién se pone en el nuestro? ¿Quién deshace este mito en el que estamos atrapados?
* Yoani Sánchez es filologa, periodista y bloguera cubana. Vive en La Habana y fantasea con que habita una Cuba a punto de cambiar.
http://lacomunidad.elpais.com/nicolasaguila/2013/3/27/yoani-sanchez-enfrentada-al-mito
Fuente: El País (España)

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lunes, 27 de agosto de 2012

YOANI SÁNCHEZ - LA IMPOSIBLE EXISTENCIA CUBANA DE JULIAN ASSANGE

No voy a entrar a analizar las implicaciones éticas y periodísticas de la labor de Julian Assange. Confieso que me simpatiza parte de su ideario, al menos con esa porción que proclama la necesidad de transparencia en los asuntos diplomáticos y de gobierno. Pero en Cuba no han sido publicados todos los cables que ha sacado a la luz Wikileaks; apenas se ha hecho referencia a aquellos pocos donde el gobierno cubano sale bien parado. De ahí que sea necesaria una conexión a Internet para hacerse una idea objetiva de los alcances y los desaciertos del fenómeno que encabeza este australiano, actualmente asilado en la Embajada de Ecuador en Londres.
No obstante, puedo arribar a un par de conclusiones, al menos en lo que respecta al uso que está haciendo del “Caso Assange” la prensa oficial cubana. Como no necesito del escurridizo cable de fibra óptica ni de una antena parabólica ilegal para ver el noticiero nacional de cada día, tengo todos los elementos para opinar. Lo primero que salta a la vista es que un gobierno que ha hecho del secretismo y del silencio un pilar fundamental de su poder, alabe a un hacker que representa todo lo contrario. Como si la madre autoritaria que tiene encerrada a sus hijas en casa le lanzara un cumplido a la libertina cuya descendencia corretea por todo el barrio. 
El desclasificador de memorándums es aplaudido ahora en nuestra pantalla chica por un sistema que se ha cuidado de no dejar rastro de sus tropelías en papel. El mismísimo “Robin Hood de la información” –como lo han llamado algunos- recibiendo el beneplácito del Sheriff que nos ha encerrado en el castillo feudal de la censura. Algo no encaja ¿verdad? ¿Cómo es posible que los promulgadores de tantas omisiones, utilicen ahora como bandera a un hombre que promueve justo lo contrario? Sólo se entiende esta repentina fascinación de los medios cubanos con el director de Wikileaks como parte de un “antiimperialismo” ramplón que considera siempre “al enemigo del enemigo como un amigo”. Incluso esa máxima se pone en práctica en casos de evidente divorcio de métodos y fines, como ocurre entre la política informativa del gobierno de Raúl Castro y las “filtraciones” masivas promovidas por Julian Assange. Pero el absurdo llega a arrebatos incalculables cuando el programa televisivo “Mesa redonda”, conocido por su anti periodismo y complacencia con el poder, muestra a este joven de 41 años como un héroe de la redes. Esto es, sin dudas, lo más contradictorio que he visto últimamente… aunque habito en un país de grandes paradojas.
Si ahora mismo un joven oficial de la Seguridad del Estado desclasificara el monto total de cuánto le están costando al país los operativos alrededor de los opositores y los mítines de repudio contra las Damas de Blanco, ¿qué le ocurriría? Si mañana un médico, movido por la honestidad personal y profesional, publicara el número real de contagiados por el dengue en Cuba ¿qué le harían? Imaginemos un militar –al estilo de Bradley Manning- que filtrara los memorándums militares entre el gobierno de La Habana y el de Caracas ¿habría clemencia con él? Y en caso de que la conciencia hiciera a alguien revelar las dimensiones reales de la fortuna personal de Fidel Castro ¿nos dejarían llegar a escucharlas? Si un simple blog personal de opinión hace que todo un aparato represivo la emprenda contra un ciudadano, produce escalofríos imaginar lo que le ocurriría a éste de crear una página de filtraciones y desclasificados. Pero, volvemos a lo mismo: los regímenes autoritarios no dejan huellas sobre el papel. Sus archivos pocas veces contienen algo que los comprometa, pues las órdenes son dadas verbalmente y sin dejar testigos. Son especialistas en mandar a matar adversarios con tan sólo levantar las cejas, fomentar guerrillas en todo un continente susurrando algunas frases, emplazar cohetes nucleares en su territorio bajo la impunidad del silencio y demorar 15 años en publicar la cifras de muertos que tuvieron en una contienda en tierras africanas.
Pero en lo que resultan más hábiles estos sistemas enemigos de la información es en detectar dentro de su país a los posibles Julian Assange. Los huelen desde que son pequeños cuando hacen preguntas aquí y husmean allá; cuando no se conforman con la papilla noticiosa que les da la televisión oficial e intentan investigar más. Los vigilan desde que comienzan a cuestionarse lo que está mal y en cuanto meten las narices en ciertos temas espinosos. Y entonces actúan rápidamente contra ellos. Ya sea comprándolos con algunos efímeros privilegios, haciéndoles la vida imposible para que se marchen al exilio o satanizándolos para que nadie les crea. No hay manera de llegar a ser un Julian Assange en Cuba y seguir vivo, créanme.
yoani.sanchez@gmail.com

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miércoles, 15 de agosto de 2012

YOANI SÁNCHEZ - LA CAMA O LA CALLE

Gotas de sudor, baile, caderas en movimiento, ojos insinuantes. Es de noche, en una fiesta habanera y la tensión erótica se siente como una presencia tangible, corpórea. Las miradas se cruzan, los gestos pactan un encuentro en la oscuridad, los labios acuerdan sin palabras la batalla de besos que llegará después. En esta Isla la sexualidad parece salirse por los poros y las esquinas, brotar incluso del asfalto. Las ropas apretadas, las sonrisas insinuantes, las frases lascivas, destilan una sensualidad que impacta a quienes visitan por primera vez Cuba. Da la impresión de que a cada minuto nos podríamos topar en mitad de la calle con alguna escena de alcoba. La gente hace constantemente bromas alusivas al sexo y decenas de palabras designan, en el lenguaje popular, a los genitales. Alguien recién llegado a nuestra realidad creería que hemos dejado atrás todo tabú alrededor del goce carnal y que hemos superado cualquier postura timorata.
Sin embargo, detrás de esa explosión visible de goce y placer, se esconde una mentalidad pacata a la hora de abordar el coito. El desparpajo que brota de los bailes y de las expresiones, contrasta con el rubor o el silencio si se trata de explicar a los hijos la sexualidad o hablar en serio del tema. 
También esa desenvoltura sensual se topa de bruces con el encartonado discurso oficial. Al gobierno cubano siempre le ha sido difícil manejar el carácter demasiado lúbrico de sus gobernados. 
Al sobrio modelo implantado en el país le hubiera venido mejor un hombre tremendamente formal, con las cintura menos suelta. Pero también esa característica ha sido muy explotada por la Seguridad del Estado, que pesquisa las intrigas surgidas en las camas y las convierte en material de extorsión. 
Cuántas veces no hemos escuchado decir “a ese parece que le tienen guardadas un par de fotos comprometedoras, porque está tan calladito…”. Figuras públicas, diplomáticos, corresponsales extranjeros, disidentes, generales y funcionarios; espiados y documentados en el ejercicio de amar y dejarse amar. Todo un archivo narrando poses, encuentros, historias de almohadas, para ser usado en el justo momento en que alguien deba ser sacado del camino. 
Esa práctica ha sido tan extendida que muchos cubanos intuyen que en mitad de un orgasmo puede haber un ojo espiándolos desde el hueco de una puerta, una cámara escondida en la lámpara del techo o un micrófono insertado en el propio cuerpo del amante.
Esa mezcla de paranoia y éxtasis, ha sido muy bien narrada en la novela “La mujer del Coronel” de Carlos Alberto Montaner. La historia está enmarcada en los años ochenta, cuando tropas cubanas apoyaban al MPLA en la guerra de Angola. El coronel Arturo Gómez recibe un sobre amarillo que contiene las pruebas de la infidelidad de su esposa, durante un viaje de ésta a Italia. A partir de ese momento la vida de ambos queda reducida a un expediente político en manos de oficiales con ínfulas de detectives, representantes de una supuesta moral revolucionaria que ven en el acto de ella una traición a la patria. Lo íntimo pierde su condición de privado, el placer se trastoca en culpa y cada gemido de satisfacción tendrá que ser purgado. En un sistema totalitario, no es posible que un individuo atesore el secreto de un adulterio. Hay que sacarlo a la luz pública, darle un escarmiento, señalarlo con el dedo, hacerle saber que el ojo del Gran Hermano ha visto su conducta casquivana y no se lo perdona. Si encima de eso la infiel es una mujer casada con algún militar o con un alto funcionario, entonces el escarnio será ejemplarizante. La cama se vuelve una trampa que termina en más control, las sábanas en redes de una cacería política y el amor carnal en el desliz por el que aguardan los verdugos ideológicos.
Este es un libro donde se analiza el sexo y el poder. Su lectura develará al lector el espejismo de la llamada moral revolucionaria, la falsedad de esa pose de ascetismo militante. Quienes acusan a Nuria de adúltera, evalúan su carne, clavan la vista en sus redondeces, a la espera de canjearle su cuerpo desnudo por cierta misericordia. Pero más allá de toda esa intromisión de lo estatal en lo personal, “La mujer del coronel” es una novela de un erotismo dulce, que se escapa de la chata realidad de aquellos años de subsidio soviético. Las escenas eróticas, muchas de las cuales nos llegan a través de epístolas que le escribe el amante italiano a Nuria, mezclan el impudor moderno y una majestuosidad sempiterna. Tal vez porque una parte de ellas tienen como escenario a la ciudad de Roma salpicada de historia y sitios arqueológicos. Nuria experimenta fuera de Cuba esa libertad de los sentidos y los deseos que sabe estrictamente vigilada en su país. El profesor Valerio Martinelli la ayuda a redescubrir a la mujer debajo de las poses, de las máscaras, del oportunismo y de los silencios. Su liberación como ciudadana empieza en este caso por el sexo, brota de su vagina.
Pero nadie que viva bajo un totalitarismo puede escapar de su control. Incluso en el extranjero, Nuria es seguida por la Seguridad del Estado. Su placentero acto de emancipación carnal se convertirá en un expediente policial para presionarla. La cama como la tentadora trampa en la que se cae una y otra vez, como el premio que después traerá un grave correctivo.
La fogosidad de la protagonista, su necesidad de expresarse en la cópula guarda mucha relación con el sexo como escapada que tanto se practica en Cuba. La ausencia de espacios de respeto para la libre expresión y asociación, nos lleva a expresarnos en gemidos, en espasmos. En lugar de lanzar un adoquín, nos desahogamos en una felación; antes que demandar los derechos cívicos, metemos nuestra lengua en otra boca… gesto que por demás no nos permite hablar mientras lo hacemos. Acariciar por protestar, fugarse en un orgasmo para no enfrentarnos a los antimotines… mostrarnos apasionados, ya que no podemos mostrarnos libres. La cama como válvula de escape, hacia la que nos empujan, pero también en la que nos vigilan y nos atrapan.
Yoani Sánchez escribió este texto para la presentación en Italia del libro de Carlos Alberto Montaner, “La mujer del coronel” (La moglie del colonnello).
YOANI SÁNCHEZ
|@yoanisanchezEL 

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lunes, 6 de agosto de 2012

YOANI SÁNCHEZ, LA OPOSICIÓN CUBANA SE DEBATE ENTRE DERROCAR EL RÉGIMEN O EL DIÁLOGO.

En menos de un año la oposición cubana ha perdido a dos de sus más importantes líderes. El 14 de octubre pasado se apagaba la vida de Laura Pollán, coordinadora principal de las Damas de Blanco y figura clave en la excarcelación de los prisioneros de la Primavera Negra. Hace una semana falleció -a consecuencia de un accidente aún por esclarecer- Oswaldo Payá, fundador del Movimiento Cristiano Liberación. Estos activistas contaban con gran reconocimiento nacional e internacional y su ausencia física llega en un momento de búsqueda de nuevos horizontes para el sector disidente. De ahí la necesidad de analizar el escenario en que estas muertes se han producido y el efecto que podrían tener en un futuro inmediato.
Si de algo no quedan dudas, es que la oposición cubana radicada en la Isla se caracteriza por su carácter pacífico y ha renunciado a la violencia de las armas. Ha preferido basar su accionar en programas políticos, documentos en los que se exige el respeto a los derechos humanos, demostraciones callejeras, carteles pintados en las fachadas o simples reuniones a puerta cerrada. Se comporta y manifiesta de una manera mucho más democrática que el gobierno instalado en la plaza de la Revolución.
Dentro de las filas de la disidencia existe una gran variedad de opiniones respecto a los posibles caminos y destinos de la transición. Aunque algunas de esas rutas son divergentes, también hay numerosos puntos en los que todas confluyen. La necesidad urgente de que se produzcan cambios políticos, sociales y económicos es el hilo común que atraviesa a la sociedad civil. Los llamados a poner fin al hostigamiento contra los inconformes, a los arrestos arbitrarios y a las condenas judiciales por motivos políticos forman parte de esa agenda común. Todos concuerdan además en reconocer el agotamiento de soluciones que muestra el Gobierno de Raúl Castro ante los acuciantes problemas nacionales.
Aunque se han intentado muchos esquemas para clasificar a la oposición cubana, la mayoría de los estudios se ha enfocado en las tendencias políticas de los grupos que la conforman. Algunos analistas han establecido divisiones de corte generacional, entre opositores históricos y otros actores mucho más jóvenes. Sin embargo, en la práctica no son los colores políticos ni las edades los que diferencian –más marcadamente- a las disímiles asociaciones disidentes.
Un punto clave resulta la legitimidad que le otorgan al Gobierno de Raúl Castro en sus agendas y en sus propuestas de cambio. Una parte sostiene que un posible diálogo con las autoridades lograría un camino no violento hacia la transición. Dentro de esta línea se inscriben figuras destacadas como José Daniel Ferrer -presidente de la Unión Patriótica de Cuba- quien considera que “el diálogo es posible pero desde una posición de fortaleza de la sociedad civil”. Otros, por su parte, descalifican cualquier intento de pacto con el régimen, basando su postura en que éste no ha sido votado por el pueblo en un proceso electoral libre y directo. Consideran al Partido Comunista como a un secuestrador de rehenes con el cual no se debe –bajo ningún concepto- negociar. Pactar o derrocar, parecen ser las dos antípodas alrededor de las cuales se definen las actuales fuerzas opositoras.
El embargo norteamericano también constituye un parte aguas que define posturas y plataformas. Dentro de la Isla muchos disidentes sostienen que deben mantenerse las restricciones económicas para asfixiar materialmente al gobierno. Aseguran que permitir un comercio fluido con Estados Unidos o autorizar los viajes de los norteamericanos a Cuba, sería como oxígeno fresco que haría ganar fuerza al General Presidente. José Luis García (Antúnez), líder opositor del centro de la Isla es uno de los principales abanderados de esta postura.
Llegar al pueblo, el gran reto
A la disidencia cubana le está negada la posibilidad de acceder a los medios masivos de comunicación. Eso limita significativamente la capacidad de difundir sus propuestas y programas políticos. En lugar de permitirles al menos un minuto frente al micrófono, el gobierno de Raúl Castro utiliza la televisión y la prensa oficiales para acusarlos de “asalariados del Imperio” o “grupúsculos sin importancia”. Objeto frecuente de estas lapidaciones mediáticas han sido el activista de derechos humanos Elizardo Sánchez, la líder opositora Martha Beatriz Roque, el laico católico Dagoberto Valdés y el propio grupo de las Damas de Blanco.
Desde diferentes perspectivas, estos actores sociales podrían ser claves en los años venideros. Junto a varios proyectos de promoción socio cultural como el dirigido por Antonio Rodiles, que atrae incluso a personas involucradas con instituciones estatales. Acompañar ese accionar con una constante labor informativa se vuelve vital, de ahí la importancia que irán ganando los periodistas independientes y los blogueros alternativos.
En el actual escenario, la muerte de Oswaldo Payá abre una interrogante sobre el futuro del Movimiento Cristiano Liberación, que cuenta con numerosos miembros a lo largo de toda la isla. Que esta fuerza política logre sobrevivir al fallecimiento de su fundador, mostraría también la madurez de toda la oposición cubana. Por otro lado, Raúl Castro se ha adueñado de algunos puntos que conformaban la agenda de sus adversarios políticos. La apertura a la pequeña empresa privada, la posibilidad de comprar y vender casas o autos y la entrega en usufructo de tierras ociosas, conforman parte de las medidas que el Gobierno ha implementado en los últimos cuatro años. Tal panorama obliga a los grupos opositores a trazarse nuevos horizontes y a redefinir sus propuestas.
El informe oficial
Causas. El Ministerio del Interior cubano atribuye al conductor el accidente en el que murió Oswaldo Payá: “exceso de velocidad” —120 kilómetros por hora en una zona limitada a 60—; falta de atención al control del vehículo e “incorrecta” aplicación de los frenos.
La viuda. Ofelia Acevedo no acepta el informe oficial y reclama una entrevista con los supervivientes, el español Ángel Carromero y el sueco Jens Aron Modig.
yoani.sanchez@gmail.com

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jueves, 28 de junio de 2012

YOANI SÁNCHEZ, A LA DISTANCIA DE UN CLIC.


Mientras escribo este breve texto, la tendedera parece protestar bajo el peso de la ropa, el perro araña la puerta pidiendo su comida y mi hijo me pregunta si habrá almuerzo hoy. Después de varios días de desatender la casa, la rutina doméstica cae otra vez sobre mí, me saca del sueño de los kilobytes y me devuelve a la pedestre cotidianidad. Pero ha valido la pena. Desde el jueves pasado he vivido un adelanto de futuro, un trozo de mañana en medio de esta Habana atrapada en el pasado. 
El Festival CLIC fue justamente un anticipo de esos temas que discutirán los cubanos del año 2020 y mis inquietos nietos allá por el 2050. Tres jornadas para “pensar la tecnología, proyectarla, hacerla nuestra…”, desarrolladas en un ambiente inclusivo y plural. Desde discusiones sobre la producción artística en la era digital hasta el esbozo de una posible carta de derechos del internauta, fueron algunos de las cuestiones tratadas.
Bien difícil resultó organizar este evento por los caminos alternativos en una sociedad donde cada gestión está rodeada de obstáculos e impedimentos, mucho más si se produce de forma independiente. Así –varias veces- algún invitado a un panel no pudo llegar a tiempo por cuestiones de transporte, el rústico equipo de audio no ensordeció con el ruido de un feed back y la frugal merienda se demoró más de lo que nuestros estómagos aguantaban. Pero eso apenas fue el escenario, el improvisado contexto físico donde ocurrió lo trascendental. En medio de la sencillez material, el Festival CLIC logró sobrepasar nuestras expectativas. Un debate franco y abierto –sin censura-, una gran participación del público y la lograda intención de hacer de ésta una cita tecnológica y futurista, resultaron sus mayores alcances. Más de 200 personas pasaron por el lugar durante los tres días que duró el encuentro y el jueves 21 de junio, en la tarde, confluimos hasta 102 interesados en las redes sociales y en la Web 2.0. Todos los talleres planificados pudieron hacerse y las lluvias intensas sobre la ciudad no lograron disminuir el entusiasmo, aunque varios terminamos resfriados por culpa de los zapatos empapados y de la humedad.
No pudimos, sin embargo, lograr una representación de internautas tan diversa como deseábamos. Y no porque pusiéramos algún filtro ideológico o grupal, sino porque muchos invitados prefirieron no venir a pesar de haber sido convocados. El temor al intercambio de opiniones, el miedo al abrazo sigue dominando también la escena virtual de la Isla. El editorial de Cubadebate –amenazante y extremista- debe haber amedrentado a algunos que querían acompañarnos. Conseguimos, eso sí, que el gobierno cubano organizara por estos mismos días –a toda carrera- un Festival del Conocimiento para enseñar a las personas a hacer blogs y crear cuentas en Twitter. Lo cual, a mi juicio, es el mejor de los resultados de nuestro diminuto CLIC. Si empujando el muro los obligamos a ellos a correrlo unos centímetros… entonces, entonces hemos obtenido parte de lo que queremos.

Para el próximo año, el Festival CLIC tendrá que mejorar el nivel de sus paneles, crear una red wifi para que los participantes se descarguen los materiales del evento, despojarse de cierta seriedad para hacerse más interactivo y lograr convocar a esos periodistas, bloggers y twitteros que esta vez prefirieron no acompañarnos. Tenemos que llegar a la gente más joven para quienes el móvil, el teclado y el mouse son como extremidades de su propio cuerpo. Aunque –me alegra mucho decirlo- varios de ellos ya se colaron en esta edición. Al decir de un breve tweet en la cuenta @FestivalCLIC “No seremos solo un evento. Hoy nace una comunidad”. Así que nos veremos nuevamente, con la colaboración de Evento Blogs España (EBE), la torpeza de los editoriales oficiales y el espíritu juguetón y rebelde de nuestros internautas.



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jueves, 31 de mayo de 2012

YOANI SÁNCHEZ: ¿CABLE O ZANAHORIA?

El misterio ha quedado resuelto, el enigma del cable de fibra óptica entre Cuba y Venezuela se ha desvanecido debido a una indiscreción. El ministro venezolano de Ciencia y Tecnología afirmó hace pocos días que ya “está absolutamente operativo” y que dependerá del gobierno de Raúl Castro para qué lo utiliza. 

Justo cuando creíamos que el tendido yacía en las profundidades del mar comido por los tiburones y convertido en morada para los corales, nos llega una señal de que funciona. 

Por el momento, se trata sólo de palabras, pues no hay evidencias de que a través del cable estén corriendo los kilobytes, circulando los datos. 

No se ha abierto ninguna oficina ofreciendo una conexión doméstica para todo aquel que quiera contratarla y los precios de una hora de navegación desde un hotel siguen siendo prohibitivos y abusivos. 

En los centros laborales y de estudio las cuotas mensuales para asomarse al ciberespacio continúan escasas y supervisadas, mientras la prensa oficial no hace alusión alguna a una inmediata multiplicación por tres mil de nuestro escaso ancho de banda. El cable está, pero no está; existe pero no es para nosotros.

Entre la Guaira y Santiago de Cuba discurre un cordón umbilical que debería convertirnos en un país del siglo XXI, sacarnos de la minusvalía tecnológica y comunicativa. Cuando llegó a nuestras costas a principios de 2011, ni los más pesimistas calcularon que un año después nos mantendríamos en la misma indigencia de conectividad. No existe un solo argumento válido para postergar por más tiempo la entrada masiva de los cubanos a la Web, como no sea el sempiterno miedo de nuestras autoridades al libre flujo informativo. 

Cada día que demoran nuestra iniciación como internautas, comprometen el capital profesional y social de esta nación, nos condenan al último vagón de la modernidad. 

Por otro lado, tanto control sólo abre la puerta a mil y una formas ilegales para que la gente se haga con el contenido de sitios digitales, blogs, periódicos online. 

Como mismo las antenas parabólicas son hoy una realidad que ni los operativos policiales ni las amenazas en el periódico Granma pueden erradicar, algo similar ocurrirá con el acceso a la gran telaraña mundial. Las cuentas piratas, revendidas en el mercado negro por los propios administradores de redes de instituciones estatales es ya un anticipo de ese ciber clandestinaje.

En medio de tantos llamados a la transparencia informativa, resulta paradójico que uno de los temas más acuciantes de nuestra vida nacional sigue sumido en el secretismo. Penoso también, para los periodistas oficiales, el que un funcionario de un gobierno extranjero sea la única persona que haya aludido al estado actual de tan costoso tendido. Pero más triste aún es que Internet sea el nuevo campo de batalla del gobierno cubano y el cable de fibra óptica el arma –selectiva y escondida- de su guerra mediática.

@yoanisanchez
http://www.desdecuba.com/generaciony/

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sábado, 12 de mayo de 2012

YOANI SÁNCHEZ, LA RUTA DEL PLÁSTICO

A ras de suelo, caído y con un enorme hueco en el fondo, yace el contenedor de basura de la esquina. Hace apenas unos meses fue puesto allí, con su abultado cuerpo gris listo para tragarse los desechos. Pero no resistió: el vandalismo, unido a la pésima calidad de su material, lo han dejado en un estado casi inservible. Una calle más abajo, otro corrió peor suerte y desapareció después que lo ubicaran próximo a la estación de Tulipán. Otros dos, con las ruedas arrancadas y las tapas perdidas, descansan a pocos metros de la línea del tren. Según un funcionario de la Empresa de Comunales, en La Habana se han llegado a robar “hasta 50 tanques de basura en un solo día”. En la noche se le ven repletos –con su mal olor, sus moscas y sus gatos vagabundos- y a la mañana siguiente ya no están, sólo queda el contenido volcado sobre la calle.

Hay muchas maneras de medir el estado material de una nación y una de ellas es listando lo que la gente saquea de los espacios públicos. Recuerdo cuando, a principios de los años noventa, había que custodiar los bombillos de los pasillos y de los ascensores casi como si fueran lingotes de oro que pendían del techo. Desvalijar se ha ido convirtiendo en una forma de protestar; en un gesto que mezcla la depredación y la revancha social contra un estado que ha sido –durante demasiado tiempo- omni-propietario. Rara vez les tiembla la mano para el pillaje a quienes crecieron junto a padres que vivían de desviar recursos en su centro laboral. Más bien se hacen adultos versados en el hurto exprés, en delitos que tienen tanto de carroña como de urgencia.

Las ruedas del contenedor de desechos van a parar a la carretilla con la que se carga el agua en los barrios donde el suministro es inestable. La estructura de plástico recorre una ruta más larga, es derretida y convertida en pinzas para tender la ropa, en embudos para trasvasar combustible o en exprimidores de naranjas. Ante la ausencia de un mercado mayorista donde comprar materias primas, cualquier objeto en la vía pública puede terminar transmutado en un producto para ser vendido. No quedan rastros, sólo unas vetas de color gris que en el cepillo de lavar rememoran al tanque de basura que había en la otra esquina.

@yoanisanchez

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