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LA LIBERTAD, SANCHO, ES UNO DE LOS MÁS PRECIOSOS DONES QUE A LOS HOMBRES DIERON LOS CIELOS; CON ELLA NO PUEDEN IGUALARSE LOS TESOROS QUE ENCIERRAN LA TIERRA Y EL MAR: POR LA LIBERTAD, ASÍ COMO POR LA HONRA, SE PUEDE Y DEBE AVENTURAR LA VIDA. (MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA) ¡VENEZUELA SOMOS TODOS! NO DEFENDEMOS POSICIONES PARTIDISTAS. ESTAMOS CON LA AUTENTICA UNIDAD DE LA ALTERNATIVA DEMOCRATICA
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jueves, 4 de noviembre de 2010

CHÁVEZ ES UN DESCARADO. ENRIQUE PEREIRA

Ni siquiera pestañea cuando miente con tanto descaro. Sólo repite sin cesar su muletilla.

Una y otra vez tuve que frotar mis ojos para dar crédito a lo que estaba observando y escuchando. Santos y Chávez haciéndose ojitos, de lo más cariñosos. Así es cómo se bate el cobre en las relaciones internacionales.

Santos es el presidente de los colombianos, el que ellos escogieron para regir sus destinos. Eso parecía no estar claro para el presidente Chávez, que desde mucho antes de su elección, lo ofendió, lo insultó, habló mal de él hasta por los codos, al tiempo que Santos, muy inteligentemente, no ofreció pelea y le dejó ese trabajo sucio al saliente presidente Uribe.

Chávez ahora habla de concordia, de relanzamiento de relaciones comerciales, del gasoducto, del poliducto y de cuanto proyecto se le ocurre para llenarnos otra vez la mente de grandiosismo, que termina encuadernado en acuerdos bilaterales que nunca se llevan a cabo. Ahora propone unir esfuerzos para venderle café al mundo y hasta nos engaña diciendo que estamos vendiendo en Europa, cuando los colombianos, brasileros y centroamericanos están llenado nuestros estantes de ese recurso. Puso a pasar trabajos a los colombianos, reduciendo las importaciones de comida, de vehículos, de partes automotrices y de otros tantos rubros, bajo la idea de que usando esa herramienta los doblegaría. Los colombianos trabajaron para reconstruir su economía y jamás doblegaron su espíritu. Jamás cedieron un centímetro de terreno ante las barrabasadas y los insultos de Chávez. Yo no soy colombiano, pero jamás podré aceptar que un venezolano ofenda sin razón a ningún ciudadano de otro país. Es un nacionalismo estúpido convalidar esas actitudes.

Colombia nos ha estado vendiendo gas natural para alimentar nuestra industria refinadora, petroquímica y el consumo de una parte de occidente del país. Duele decirlo, pero este país de las mega millones de reservas probadas de gas, que tanto nos enorgullecen, tiene que comprar gas a un vecino, a precios internacionales, para poder sostenerse en pie. Nuestro gas, asociado a la producción de petróleo, cada vez es más escaso.

Gas colombiano, leche ecuatoriana, café brasilero, carne uruguaya, construcciones bielorrusas, redes ferroviarias chinas, médicos cubanos, computadoras portuguesas, casas uruguayas, carros rusos, tractores iraníes, aceite de oliva sirio, militares provenientes de Cuba,  teléfonos celulares chinos, fusiles rusos, puentes brasileros,  pollos, maíz, arroz, trigo europeo y cosas tan inverosímiles como pasta proveniente de Chile. Dejamos morir a las ensambladoras automotrices, para prometer que importaremos carros de Argentina y no promovemos el ensamblaje de camiones para favorecer a una planta Bielorrusa que nos llenará de chatarra. Atacamos a la Polar, al tiempo que permitimos importaciones masivas de alimentos de otros países y destruimos las fincas productivas para terminar acabando con los dólares en importaciones que reemplazan esas producciones.

Nuestro presidente no acaba de entender cómo se gobierna un país. Nuestro presidente vive de espasmo en espasmo y de invento en invento. No entiende que necesitamos un plan rector que incorpore a todos a la producción en lugar de un plan represor que nos espante. Tuvo su propio Halloween la semana pasada. Me gustaría conocer a un valiente que esté dispuesto a enterrar unas cabillas en un terreno, después de las brillantes intervenciones de este estado represor. Tendrán que comprar casas en Colombia. Lo van a disfrazar de votos en contra, en el Halloween de 2012

Enrique Pereira
vienegrande@yahoo.es
@pereiralibre

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martes, 3 de febrero de 2009

*VENEZUELA Y CHAVEZ. SINTOMA A SINTOMA, PASO A PASO, EL REPUBLICANO DIGITAL, ESPAÑA, 02.02.2009

No falla. Todos los dictadores tienen una serie de rasgos en común, que les iguala. No importa que aseguren defender la libertad de los pueblos luchando contra el fascismo, el comunismo, el capitalismo, el imperialismo… Los resultados tienden a ser los mismos, pero , en cuestión de cifras, más dañinos unos que otros.

Precisamente, una de esas características comunes a todo dictador de facto o en potencia es otro “ismo”; el de autoritarismo.

Autoritarismo profundo, ya sea por convicción, o por simple interés. Y muchas veces, por una mezcla de ambas cosas.

Hugo Chávez ya superó esa fase en la que un dictador al uso comienza por tener sueños de poder, sube otro escalón hacia los delirios de grandeza y termina por convertirse él mismo en un completo delirio. Y como todos estos gobernantes delirantes, arrastra a sus acólitos con el espejismo de la gloria perdida y el síndrome de supervivencia que caracteriza a todo este tipo de movimientos populistas. Bajo ciertas condiciones, convencer al pueblo de que los males de un país se deben a una potencia extranjera suele resultar rentable. Una vez en el poder y transcurridos suficientes años como para que los disidentes comiencen a pedir explicaciones de la causa de una miseria aún mayor, la culpa sigue siendo de la potencia extranjera y el complot internacional. Y sus acólitos tragan, pero el país se empobrece.

El hecho de que Chávez quiera perpetuarse a toda costa, y de que lo intente una y otra vez, debería ser un claro y visible síntoma para quienes le defienden y le admiten toca clase de tropelías, fundamentadas bajo el viejo argumento de que él encarna los verdaderos valores de la democracia y la libertad. Democracia y libertad cada vez más alejadas de la esperanza de muchos venezolanos.

Venezuela vive hoy, desde hace mucho tiempo, una situación parecida a las que han vivido otros países que han caído en el mismo pozo. Los síntomas son siempre los mismos y todos, uno a uno, se van reuniendo para crear el mismo perfil de “Salvador de la Patria”: Personalización de todos los poderes del estado alrededor de un solo líder que se hace omnipresente en todos los aspectos de la vida social del país. Ahora desgránen ustedes a este fenómeno, empezando por donde quieran, y comprobarán que dicho fenómeno se repite en la mayoría de dictadores que podamos encontrar en la historia reciente. Cada uno de ellos con sus características propias, pero similares en la forma y en el fondo.

En el caso de Chávez, le pierde su afán de ser la vedette del circo venezolano. Nadie puede lucir las plumas y las lentejuelas mejor que él, ni nadie puede llevar los tacones más altos. Vocea en sus discursos como lo hacen algunos vendedores del Mercado de los Guajiros. Pero Chávez no ofrece mercaderías. Ofrece revolución bolivariana, como si en alguna ocasión una revolución hubiese servido para solucionar algo.

La última ocurrencia es de tema de Les Luthiers: Don Aló Presidente decreta un día en su propio honor. Que nadie olvide en Venezuela que él llegó al poder en ese día. Ese día que abrió una época, no solo en Venezuela, también en América Latina. Ese día comenzó el amanecer, el alba de una nueva época de liberación y desarrollo de los pueblos de América Latina y nos toca a nosotros ser la vanguardia de ese proceso.

O ando yo un poco descolocado, que todo puede ser, o tenía yo asumido que el amanecer de la libertad y el desarrollo del pueblo latino americano comenzó en enero del 59, cuando Castro logró imponer en Cuba un régimen que él juró y perjuró que no era comunista. Desde entonces hemos vivido en el mundo contemplando el despegue de la liberación del pueblo oprimido. Y qué despegue. Cincuenta años tomando impulso sin haber dejado de tocar el suelo.

Pero no. Los populistas nos tenían engañados a todos. El amanecer comienza con Chávez. Se ve que el medio siglo de Castro solo era el prólogo.


Fidel Castro, Hugo Chávez, Socialismo, Venezuela