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sábado, 13 de octubre de 2012

SAÚL HERNÁNDEZ BOLÍVAR, COLOMBIA: SE VIENEN AÑOS DIFÍCILES

¿Qué sentido tiene la instalación de los diálogos en Oslo si la sustancia de la negociación ya se está cocinando aquí?
El pasado viernes debió comenzar el proceso de impunidad para las Farc en Oslo. Pero esa primera fecha, el 5 de octubre, fue cambiada por el 8; luego, por el 15, y ahora vamos en 17 de octubre, no se sabe de qué año. Se dirá que es un tema menor pero con esa guerrilla nada lo es. El pretexto es que está en trámite el levantamiento de las órdenes de captura de los delegados de las Farc, pero eso no disipa el tufillo a silla vacía.
En Internet se puede constatar que no hay vuelos directos Bogotá-Oslo ni La Habana-Oslo, y que todos hacen escala en países cuya justicia requiere a los terroristas de las Farc, como EE. UU., Canadá, Francia, España y el Reino Unido. Pero, por una parte, todos esos gobiernos han manifestado apoyo al proceso y, por otra, no se requieren vuelos comerciales para enviar a estos personajes a Noruega. De hecho, trascendió que a alias el ‘Médico’ lo llevaron a La Habana en un avión de la FAC y sabemos que Chávez, el mayor factor de inestabilidad del continente, está presto a disponer de los petrodólares que sean necesarios para financiar sus desvaríos ideológicos en todo el mundo.
Si nos atenemos a la revelación del pazólogo catalán Vicenç Fisas -quien también pide perdón y olvido para las Farc- de que estos diálogos se iniciaron con una reunión de ocho horas entre ‘Timochenko’ y Chávez en Venezuela, lo de prestar un avión es una minucia. Pero, más de fondo, ¿qué sentido tiene la instalación de los diálogos en Oslo si la sustancia de la negociación ya se está cocinando aquí? ¿O será, como dicen, que todo fue negociado ya a nuestras espaldas?
El Fiscal General de la Nación acaba de expresar que los guerrilleros de las Farc no irán a la cárcel pues -asegura- “el Estatuto de Roma no obliga”. Montealegre dice que el derecho fundamental a la paz está por encima de la justicia, sin importar ni siquiera los crímenes de lesa humanidad. Una de dos: o las doctrinas de la Corte Penal Internacional (CPI) son maleables como plastilina o se trataría, simplemente, de un tribunal de izquierda. Si la CPI condenó a Thomas Lubanga a 14 años de cárcel por reclutamiento forzado de menores en el Congo, también tendrá que condenar a los líderes de las Farc por lo mismo, pues las pruebas abundan.
Al mismo tiempo, César Gaviria viene a aclimatar la impunidad con posturas insostenibles, como esa de que “el problema grande que tiene Colombia hoy frente a la CPI se llaman los paramilitares. No es el proceso con las Farc. (…) Lo de las Farc es un problema menor”. Sin embargo, la realidad enseña que los ‘paras’ están presos, aunque a la fecha haya pocas condenas, mientras que los cabecillas de las Farc no van a pisar cárcel. Trastrocar eso es de un cinismo similar al de la declaración que le dio Rodrigo Granda a la BBC: “No hemos hecho sufrir a nadie”.
Cuando se anunciaron estos diálogos pensé que el papel de la prensa tendría que ser de absoluta discreción. El 29 de agosto escribí en Twitter: “Proceso no debe ser confidencial pero sí alejado de los medios. Mejor comunicados y ruedas de prensa que chivas y exclusivas”. No obstante, tanto secretismo me ha convencido de lo contrario. Sin un periodismo independiente, que defienda la democracia, estaremos en una dictadura como la de Venezuela antes de que cante el gallo.
En No hay causa perdida, el expresidente Uribe relata que Fidel Castro le advirtió en 1997, por intermedio de Gabriel García Márquez, que las Farc estaban interesadas en una negociación engañosa para “aumentar en secreto su poderío militar”, tal como ocurrió posteriormente en el Caguán. Una década después, Castro confirmó en su libro La paz en Colombia que sabía de las intenciones de esa guerrilla. Hoy no hay que ser Castro ni Gabo para saber que estamos en las mismas y que, como presagió el Nobel en aquel entonces, “se vienen años difíciles”.
Fuente: El Tiempo (Colombia)
http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/saul-hernandez-bolivar/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-12290861.html
@SaulHernandezB

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viernes, 28 de marzo de 2008

* SAÚL HERNÁNDEZ BOLÍVAR ESCRIBIÓ PARA EL MUNDO (MEDELLÍN – COLOMBIA): “EL COSTO DE LA PETROPOLÍTICA”


* SAÚL HERNÁNDEZ BOLÍVAR ESCRIBIÓ PARA EL MUNDO (MEDELLÍN – COLOMBIA): “EL COSTO DE LA PETROPOLÍTICA”

¿Qué pasaría si Hugo Chávez cumpliera con su amenaza de no venderle petróleo a los gringos o si estos no se lo compraran luego de incluir a Venezuela en la lista de países que apoyan el terrorismo? Chávez fue el primero en amenazar, a pesar de que, de acuerdo con un artículo del Washington Post, Venezuela sólo provee el 10 por ciento del petróleo que se consume en los E.U. y, peor aún, de que se trata de un crudo azufrado cuya refinación sólo se realiza en plantas especializadas ubicadas en el país del norte.

El pasado 19 de febrero, el barril de petróleo rompió la barrera de los 100 dólares luego de un anuncio del presidente de la Opep, Chakib Khelil, en el que descartó un incremento de la producción. Es decir, el precio de los combustibles es artificial, es manipulado mediante un esquema especulativo que en estos tiempos se parece mucho a un chantaje, no siendo Chávez el único que lo practica.

Desde que el petróleo empezó a encarecerse por el exagerado aumento de la demanda en China, no se ha querido aumentar la producción con el fin de jalonar el precio. Por tanto, el mercado se ha vuelto tan inestable que cualquier turbulencia política -en Irak, Turquía, Nigeria, Rusia o Venezuela- valoriza el crudo de tal forma que en diez años su precio se ha incrementado en alrededor de 1.000 por ciento: cuando Chávez llegó al poder, en 1999, el barril estaba en diez dólares y hoy está por encima de 111 sin que producirlo valga más que antes.

Entonces, lo primero que puede verse es que si Venezuela dejara de venderle petróleo a E.U., el precio se incrementaría inmediatamente por el nerviosismo de los mercados. La pregunta es si tal aumento podría llegar a los 200 dólares, como pronostica Chávez, y la respuesta es que, probablemente, el precio llegará hasta donde los mismos productores consideren que su propia economía no se va a ver afectada por una recesión mundial en la que el precio del petróleo sería doble y hasta triplemente inflacionario y recesivo: primero, por su precio intrínseco; segundo, por el aumento en el precio de los alimentos, jalonado por la cantidad de tierras que se están dedicando -y que se dedicarían in crescendo- a la producción de etanol como alternativa al carísimo crudo; y, tercero, por el aumento en los costos del transporte aéreo, marítimo, fluvial y terrestre de personas y mercancías.

Ahora, aparte del incremento mundial del costo del barril y las consecuencias inflacionarias y recesivas en todo el mundo, ¿quién se perjudicaría más entre Venezuela y Estados Unidos? Los gringos podrían acudir a sus grandes reservas de Alaska o a socios que gustosamente aumentarían su participación en el mercado norteamericano como Canadá, México y los estados árabes. En cambio, Venezuela no tiene a quien venderle su petróleo de la noche a la mañana no sólo por ser un crudo pesado, de mala calidad, sino porque el abastecimiento mundial de este producto se hace a largo plazo y todos los grandes consumidores tienen tratos firmados con anticipación que nadie puede cancelar sólo para congraciarse con el dictador de Venezuela. En tanto, China, el único país que podría absorber los más de 30 mil millones de dólares anuales que Venezuela le vende a E.U. en materia de hidrocarburos -el 90 por ciento de todas las ventas de Venezuela al exterior-, no sólo tendría que construir refinerías especializadas sino que ese cargamento sería objeto de un largo y costoso viaje dado que el presidente Chávez aún no tiene una llave de salida de su petróleo por el Pacífico, que sería idealmente en costas colombianas.

Precisamente, ¿cómo se vería afectado nuestro país en todo esto? Ya el periodista Mauricio Vargas se atrevió a apostar que Chávez no termina este año como Presidente de Venezuela (El Tiempo, 18/02/2008), y como van las cosas puede ganar esa apuesta. Ya algunos alzaron la voz para que E.U. no le compre más petróleo, lo que acabaría con el 'socialismo del siglo XXI' en un abrir y cerrar de ojos. Pero, para el mundo, el costo de una decisión de esa naturaleza podría ser catastrófico en términos económicos. La dependencia del petróleo hay que reducirla no sólo por motivos ambientales sino por razones de mercado: el precio no volverá a bajar en un escenario de agotamiento de las reservas mundiales. Alguien dirá que los precios altos van a estimular el posicionamiento de sustitutos más amigables con el medio ambiente, pero para los países pobres eso no sirve de consuelo.

Imaginar a Colombia con el galón de gasolina a 14 mil pesos, golpeado por la inflación generalizada a raíz de los altos precios de los alimentos y el transporte, y por una recesión interna ante la debacle de Venezuela y un bajonazo de la economía mundial, es dramático. Lo cierto de todo es que la política mundial está 'petrolizada' y los precios del crudo, 'politizados'. Así, el petróleo terminará siendo un dolor de cabeza para todos.

Saúl Hernández Bolívar
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