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jueves, 20 de octubre de 2011

ALBERTO JORDÁN HERNÁNDEZ: IRRESPETO A DH BICENTENARIO (CON VOZ PROPIA)

El 24 de octubre 1808 se registró el nacimiento de la prensa en Venezuela con la Gazeta de Caracas, y en ese mes de este siglo XXI, el régimen que más ha violado el derecho a la información rechazó  recomendaciones de acatarlo expuestas en el Examen Periódico Universal de Derechos Humanos de la ONU.
LA GACETA DE CARACAS
ANDRES BELLO
Varios países, algunos considerados aliados como Brasil, se pronunciaron en defensa de tal derecho, consagrado constitucionalmente por primera vez en el mundo hispano  en la Carta Magna de 1811 y establecido en la actual con mayor número de normas (13).
Menospreció el régimen la responsabilidad de libre expresión como insinuó Eslovenia. Igual posición tuvo las  sugerencias de Eslovaquia de armonizar el marco jurídico con las obligaciones internacionales; proporcionar pluralidad y diversidad de los medios de comunicación social (mcs) como componente del derecho a la información y asegurar que los periodistas se desempeñen sin  procesos injustificados.
También desdeñó la sugerencia de Canadá de eliminar la criminalización por desacato, difamación o calumnia en la línea los derechos humanos y promover la libre expresión sin restricciones indebidas. En ese sentido se pronunció Noruega al aconsejar modificación de los Código Penal y el Orgánico Militar.
 Negadas fueron las insinuaciones de Suiza e Israel de respetar  y proteger la libertad de expresión y abolir el uso del sistema judicial para silenciar a críticos del gobierno.
Jamás pensó Francia que desaprobaría la renovación de la libre  expresión y de opinión plural y la garantía de acceso a la información con medidas para combatir amenazas y ataques contra los periodistas.
Otro rechazo provocó la advertencia de Alemania de reevaluar la legislación de los mcs e intensificar esfuerzos por garantizar la libertad de expresión así como la seguridad de los periodistas.
Reprobada resultó la invitación de Australia de garantizar acceso oportuno y efectivo a la información gubernamental. Contradictoriamente el régimen difirió la indicación de “tomar medida para proteger la libertad de expresión y de opinión de acuerdo al pacto internacional de derechos civiles y políticos”.
Quedó claro el acoso contra medios y comunicadores por el régimen que tiene periodistas presos, enjuiciados y exiliados; la inobservancia de sentencias y medidas cautelares de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Y el impedimento a relatores de Libertad de Expresión de ONU y OEA de verificar in situ infracciones a libertad de información.
Y para ratificar su evidente y cuestionada línea de limitar el derecho fundamental de la información ordenó el criminal atropello contra Globovisión.
E irrespetando el bicentenario de ese derecho humano (DH) el régimen conmemora el 203º aniversario de aquel histórico 24 de octubre, antes Día Nacional del Periodista.
NOTA MARGINAL: A lo que nos ha llevado la corrupta dirigencia. Un partido comunista que se opuso al ingreso del Che Guevara a la guerrilla venezolana, hoy sumisamente acepta la invasión cubana sin disparar un solo tiro a instalaciones militares. Y para colmo que cuarteles icen la bandera antillana. 
albertojordanh@gmail.com.

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lunes, 17 de octubre de 2011

ZENAIR BRITO CABALLERO: A LA HORA DE CALIFICAR A UN GOBIERNO, SE LE DEVASTA O SE LE ELOGIA

La autocensura consiste en que la persona no manifiesta su verdadera opinión por miedo a las consecuencias o, en términos más generales, consiste en renunciar a la libertad personal por miedo a las consecuencias.
Nuevamente quiero y me veo en la necesidad de plantear el debate sobre el periodismo de opinión en el país; su libertad, su responsabilidad, su credibilidad y su relación con el poder, entre otros aspectos. Esto lo hago porque he venido observando, que algunos periódicos regionales para quienes escribo desde hace varias semanas, no han vuelto a publicar mis columnas, quizás porque no les parece o no les interesa el contenido de las opiniones allí dadas o no sé en verdad ¿cuál es la causa?

Envió semanalmente un artículo a cada diario, y observo que estoy siendo apartada después de muchos años en esta dura tarea que no es tan fácil como muchos creen, que requiere tiempo, dedicación, estilo literario, sintaxis gramatical y calidad de redacción, aunado a una capacidad análisis y de síntesis para meter un tema en 35 líneas o cuartilla y media y muchas veces solamente 2500 caracteres.

Por ello pienso y no me amedrenta porque son botones de muestra sobre la vigencia del momento político que vive Venezuela. En primer término hay que decir que siempre es bueno y sano para la democracia discutir, de manera permanente, abierta y transparente, las relaciones entre los medios de comunicación y el poder; relaciones que son polémicas, por múltiples razones, pero principalmente por cuestiones políticas, por el manejo de la publicidad y la propiedad de los medios de comunicación, entre otros factores.

Leo mucho los grandes columnistas de El Nacional, El Universal, Tal Cual, El Nuevo País y creo que me han dejado muchas enseñanzas por su experiencia en el periodismo pues yo no lo soy y lo que ellos escriben es un buen testimonio sobre la historia contemporánea del país y de todo lo que ha sucedido en estos últimos trece años de gobierno socialista-comunista y las relaciones de los medios con el poder estatal y con la política en general; pero también con el poder de los grandes grupos económicos, el poder irregular gubernamental, la corrupción; el capítulo del proceso de periodistas como Leocenis García, lo de la Jueza Afiuni, el de los diputados presos que no se les permitió juramentarse, los periodistas de Globovisión y las relaciones entre los periodistas de oposición y el gobierno del teniente coronel.

El Editorial de estos diarios vale la pena leerlos y nos permitimos recomendarlo a los otros columnistas, colaboradores y lectores, en general. En el mismo se ratifican esas relaciones conflictivas entre el poder y los medios, problema que sucede en Venezuela, al igual que en toda América Latina y el resto del mundo.

Por mi parte, advierto mi preocupación por el riesgo que en Venezuela se esté ejerciendo lo de “un periodismo pasional” hacia el gobierno, particularmente en las páginas de opinión. A la hora de juzgar a un gobierno, se le devasta o se le elogia. La pasión se impone sobre una visión fría y objetiva de la realidad. Algunos columnistas toman partido a ciegas. Y así, en vez de orientar a la opinión, contribuyen a desorientarla, Y agrego que no todo es luz o sombra.

Necesitamos como nunca un periodismo ponderado y objetivo en vez de un periodismo pasional, entregado, genuflexo y exaltador del yo y de los que dan puras loas al teniente-coronel y a su gobierno comunista. Considero conveniente agregar que esa opinión es libre y de colaboración al diario, pero debe ser responsable y esa responsabilidad, desde cualquier ángulo del espectro ideológico, es un compromiso con el lector, que es en última instancia quien decide a quien lee y a quien le cree.

Quien ejerce ser articulista o columnista de opinión puede tomar partido, a favor o en contra de este gobierno comunista, pero en uno y en otro caso se arriesga a perder su principal activo: su credibilidad. De mi parte, como columnista pluralista y abierta de tantos años en los medios, reitero que el columnista o articulista, que ejerce el periodismo de opinión, y en la mayoría de las veces no es como en mi caso periodista, sino abogado, psicólogo, economista, médico, educador, o tiene cualquier otra profesión, sea de izquierda, o de derecha o de centro; amigo o enemigo de un gobierno (nacional, estadal o municipal), debe opinar y escribir con fundamento, no escribir por escribir muchas veces simplezas que si son publicadas en primera plana.

Se debe opinar con conocimiento de causa, con respeto por las instituciones y las personas, y con el único fin de ilustrar a la opinión sobre temas de actualidad y de interés general, ojalá no sobre historias personales y anecdóticas. Por supuesto, el único límite es la Constitución y la ley; pero debe primar siempre el principio de comentar y opinar de buena fe, hacerlo a conciencia, y buscando el bien común Por último, insisto, que en el periodismo de opinión, son los lectores quienes tienen la opción de leer a todos y – sin tragar entero, porque no lo hacen – analizar los argumentos de uno u otro columnista, sobre tantos y diversos temas y sacar sus propias conclusiones. ¿CIERTO?

britozenair@gmail.com

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lunes, 6 de junio de 2011

ALBERTO MEDINA MENDEZ: PRETENSIÓN IMPROCEDENTE.

PERIOCierto sector de la ciudadanía, y buena parte de la política pretenden que la actividad periodística traicione su esencia. Alguna vez ya lo dijimos. No existe tal cosa como el periodismo oficialista.

El oficio de quien ha elegido la comunicación como medio de vida supone una perseverante actitud crítica. No hacerlo, sería abandonar el rol primordial y claudicar en la misión de convertirse en un contrapeso del sistema, una oportunidad para mostrar una mirada diferente.

El periodista debe tener compromiso con sus convicciones, equivocado o no, disponer de fundamentos, argumentar, esgrimir ideas que sostengan su visión. No se trata de que le asista la razón, solo que sea capaz de aportar elementos sólidos que hagan de su perspectiva, algo verosímil, consistente.

Queda claro que a la inmensa mayoría, le incomoda recibir críticas, a su desempeño, a su gestión, a su despliegue cotidiano. Que los elogios suenan mejor a los oídos de cualquiera, que los despiadados cuestionamientos de algunos.

Más allá de la imprescindible sutileza del lenguaje, del cuidado en los modos, que resulta necesario para decir lo adecuado y no pasarse de la línea, es bueno saber que la critica forma parte inseparable del repertorio de un comunicador, y que su trabajo es más efectivo cuando detecta la pieza que no encaja, señala lo incorrecto, marca lo que no lo convence.

También resulta evidente que el poder desea comprar alabanzas y que nunca faltan aduladores dispuestos a recibir recompensas para darle fluidez a los mas preciosas palabras dedicadas al poderoso de turno.

Pero habrá que entender que sin reproches, sin un profundo examen de cada decisión, sobre todo de las que involucran la cosa pública, solo construiremos un discurso único, y seremos cómplices de una hegemonía que poco favor le hace a la sociedad.

Si hay que pecar de excesos, si ellos se hacen inevitables, es preferible que estos se abusen de su falta de prudencia, a que la abundancia de sensatez se convierta en la cuna de la concentración de poder.

Sabemos que están aquellos, que amparados en las supuestas prerrogativas que se derivan del ejercicio profesional, caen en la arbitrariedad extralimitándose sin encontrar frenos. Somos testigos también del protagonismo que cobran a veces los más audaces, perversos y hasta maliciosos, que no dejan de usar todos los medios para fines inconfesables.

Pero hay que perderle el miedo a la libertad. A los criticados los fortalece si hacen las lecturas correctas, si aprovechan lo que parece negativo para corregir lo evidente, si entienden la música y giran a tiempo.

Y si el enjuiciamiento al que son sometidos a veces los personajes públicos, se consideran excesivos, crueles o injustos, debiera ser una ocasión para poner las cosas en claro con elementos concretos, que demuestren la irresponsabilidad de los comunicadores que adolecen de profesionalismo.

Hay que decir que solo los grandes, soportan estoicamente el embate de la crítica. Quien no resiste esa prueba, no puede siquiera pretender pasar a la historia. Los que optan por acallar voces y recurren al perverso mecanismo de engordar los bolsillos de los estafadores crónicos que deambulan por los medios de comunicación, los que prefieren rodearse de los hipócritas que repugnan con sus modos, tan indignos como abyectos, solo construirán una farsa, un microclima alejado de la realidad.

El periodismo es una actividad que no escapa a las reglas generales. Caben en ella los mejores y también los peores, militan en sus filas mediocres y geniales, talentosos y despreciables, gente integra y de las otras.

Pero pedirle a un periodista que abandone su esencia, deje su sentido crítico de lado, abandone sus convicciones, es como exigirle a un atleta que quede inmóvil. La sociedad, y sobre todo el poder, debe tomar el riesgo de asumir la necesidad de un periodismo inteligente, lo que no significa acertado, debe ser demandante a la hora de reclamar profesionales comprometidos para no terminar conformándose con la fauna de extorsionadores endémicos.

El comunicador, el que abrazó este oficio con convicción, puede tener su propia visión ideológica y es sano que así sea. Su supuesta asepsia no lo hace  mejor en lo suyo. Y puede desde su mirada aplaudir gestos, obras, discursos, acciones. Tampoco eso es incorrecto en sí mismo. Lo que no resulta convincente es cuando elogia todo avalando lo injustificable, cuando aplaude a libro cerrado y firma cheques en blanco al poderoso de turno.

El mayor capital de un profesional es su idoneidad, y sobre todo su credibilidad. No se trata de que siempre tenga razón, sino de que se juegue por lo que piensa. Cuando sus palabras, sus dichos, la letra fría de lo que expresa, cae en la sospecha de un sesgo rentado, de una opinión mercantilizada, y financiada por el poder, en cualquiera de sus formas, ese comunicador, habrá iniciado un camino sin retorno.

Para los muchos que han elegido este oficio, el del periodismo, como medio de vida, y entendido el significado de custodiar con criterio su mayor capital profesional, mucho de lo dicho aquí está lejos de ser novedoso. Para otros que optaron por el sendero más corto, ese que construye supuestos triunfos en el presente para culminar con la derrota definitiva del mañana, esto solo son teorías, meras especulaciones vacías de contenido.

Pero lo que importa es la opinión de la sociedad, y esta no debe equivocarse, ni entusiasmarse con las grandilocuencias de la intelectualidad, para no caer en el juego de pedir a los periodistas que traicionen su esencia, que prescindan de la crítica para plegarse gentilmente a la inercia del momento. A todas luces, intentarlo, sería una pretensión improcedente.


Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com
skype: amedinamendez
www.albertomedinamendez.com
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martes, 25 de agosto de 2009

*“CÁLLATE O TE QUIEBRO”, LE GRITA CHÁVEZ AL PERIODISMO INDEPENDIENTE, EN LA RAZÓN / ND,AGOSTO 16, 2009

No fue una sorpresa, sino una rutina, que la Ley de Educación (LOE) fuera aprobada en vacaciones y entre gallos y medianoche, y discutida en un clima de violencia que arrojó 12 periodistas heridos por el simple “delito” de salir a manifestar contra un artículo de la ley (el 50) que consideran vulnera sus derechos y garantías constitucionales.

O sea, que la ley comenzó dándole continuidad a una disposición no escrita, genérica, holista y de obligatorio cumplimiento para cualquiera que, sintiéndose comprometido con el proceso, cree su deber echar mano a objetos contundentes, bombas lacrimógenas, granadas y armas de fuego para desalojar de las calles a disidentes, protestarios y manifestantes.

En este sentido, la agresión a los 12 colegas que salieron la mañana del jueves de sus puestos de trabajo en el diario “Ultimas Noticias” a realizar en una esquina aledaña una sencilla actividad de “volanteo” no pudo ser más emblemática, pues lanzó a la calle a grupos previamente organizados, armados para insultar y agredir, con el sello del fanatismo y la criminalidad en los ojos y en las manos y dispuestos a cumplir “órdenes arriba” sin importar los daños y bajas que causaran.

Nada distinto, en general, a lo ocurrido el sábado 3 de agosto con el cierre de 34 emisoras de radio por una decisión ilegal y compulsiva del ministro de Infraestructura, Diosdado Cabello; o el lunes siguiente, cuando grupos armados dirigidos por Lina Ron en persona asaltaron las instalaciones de GLOBOVISION disparando y lanzando granadas; pero que en el caso de los 12 colegas de “Últimas Noticias”, se planeó para producirles daños físicos a seres humanos reales y concretos, de carne y hueso, con nombres y apellidos, como si previamente se les hubiese hecho seguimiento y se les quisiera aplicar un escarmiento, y a los cuales, y de acuerdo al lenguaje al uso de Chávez y “su” revolución, simplemente se trató “sacar de combate”.

La gran pregunta es: ¿Por qué tanto odio contra los periodistas y los medios independientes?

¿Por qué, no ya sus permisos (concesiones) se anulan, y las instalaciones se asaltan y depredan, sino que a los dueños de medios y periodistas se les inventan causas judiciales y se les reduce a persecuciones o calabozos (como son los casos de Guillermo Zuloaga y Gustavo Azócar), o son agredidos a palo limpio, tal ocurrió hace unas semanas con Cecilia Caione, y hace unas horas con los colegas de “Últimas Noticias?

¿Por qué esa incontinencia en un régimen experto en dobleces y simulaciones, por qué tanta intolerancia frente a instituciones y ciudadanos cuyas únicas armas son la palabra escrita, hablada, radiodifundida y la imagen televisada?

Pues, sencillamente, por miedo, pánico y terror a la verdad, a la versión real o aproximada del fraude, mentira, o estafa que, a nombre de una presunta redención de los pobres, y de lucha por la igualdad, el bienestar y la justicia social, no ha concluido en otra cosa que no sea instaurar una dictadura militar decimonónica, aderezada con los ingredientes del totalitarismo del siglo XX, excluyente y depredadora y cuyo aliento es promover el odio y resentimiento social para granjearle apoyos a Chávez y su régimen de presidencia vitalicia y dinástica.

De modo que, en ese contexto, los comunicadores y los medios independientes somos un enemigo a vencer y desaparecer, a ser perseguidos, estigmatizados y agredidos, hasta que por la fuerza del terror seamos obligados, o a emigrar del país, o a callarnos, haciéndonos cómplices, por acción u omisión, de la autocracia.

De ahí que no sea metafórico, ni retórico, afirmar que, Chávez, está gritándole a los medios y periodistas independientes del país, la misma frase que les gritan los atracadores a sus víctimas cuando los detienen en calles de barrios y urbanizaciones para despojarlos de sus bienes: “Cállate o te quiebro”.

Y con el silencio, se inicia, continúa y completa el atraco: chequeo, registro, despojo y, “si se pone cómico”, golpes, patadas, o un tiro para intimidar, herir o matar.

Ese, por lo menos, es el sentimiento que cunde en toda ocasión y lugar donde se reúnen periodistas independientes en este momento, como me pasó el viernes pasado, cuando con Roger Santodomingo, Luz Mely Reyes, y José Suárez Nuñez estuve en el programa “Mesa de Análisis” de Unión Radio, conducido por, José Gregorio Graterol, quien le hacía una suplencia a Marta Colomina.

Pero aquí surge la otra pregunta: ¿Por qué, justamente, en este mediados del 2009 está Chávez interesado en barrer las calles de ojos, lápices, cámaras y micrófonos indiscretos, porque no quiere que desde la objetividad, la imparcialidad y la independencia se cuente la verdad de la catástrofe que ha significado su gobierno para Venezuela en términos de resultados de lucha contra la corrupción, la desigualdad, las injusticias sociales, de bienestar y de soberanía nacional?

¿Por qué no quiere que se conozca que ahora somos más dependientes de Estados Unidos en cuanto que es el cliente que adquiere el 70 por ciento de nuestras exportaciones petroleras; de Colombia antes, y de Argentina después, que debe suministrarnos el 50 por ciento de la comida que necesitamos; de Rusia, cuyo complejo militar industrial monopoliza la dotación de la FAN; y de Cuba que envía a granel médicos, burócratas y entrenadores para deportes, l cuarteles y cuerpos de seguridad que, un país medianamente serio, se cuidaría de no permitir, ni admitir?

¿Por qué no quiere que se sepa que a 10 años del llamado gobierno revolucionario las parturientas de las familias más pobres tienen que dar a luz en las calles porque para ellas no hay cupos en maternidades, clínicas y hospitales, como él mismo lo reconoció en su programa “Alo presidente”, conminado por una invitada que se salió del guión?

¿Por qué se niega a aceptar que las escuelas primarias se deterioran a ritmos sin precedentes y sin esperanzas de recuperación, igual que pasa en la secundaria, en universidades, y con cuanta instalación tiene que ver con la formación de una sociedad útil, productiva, creativa, igualitaria, justa, creativa y diversa?

¿Por qué quiere ocultar que Venezuela es un país en manos del hampa, donde mueren hasta 200 ciudadanos semanales por la acción de los criminales, y en el cual los secuestros, el sicariato, ajustes de cuentas, atracos y terrorismo son flagelos que mantienen a los venezolanos encerrados en sus casas, tal si vivieran en plena guerra o sitiados por un ejército de ocupación?

¿Por qué niega la gigantesca corrupción que encabeza la nueva élite, la también llamada “burguesía roja”, una claque de seudo empresarios y funcionarios del alto gobierno que le han entrado a saco a los dineros públicos y son detentadores de fortunas que dejan pálidas a las de los “ricos y famosos” de este y otros continentes.

Bueno, pues simplemente porque ya los 27 millones de venezolanos, y en especial los pobres, despertaron y están decididos a poner fin a una satrapía que al igual que Stalin en Rusia, Mao en China y los hermanos Castro en Cuba, ha incautado la libertad para que la esclavitud sea más silenciosa, criminal y letal.

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