BIENVENIDOS AMIGOS PUES OTRA VENEZUELA ES POSIBLE. LUCHEMOS POR LA DEMOCRACIA LIBERAL

LA LIBERTAD, SANCHO, ES UNO DE LOS MÁS PRECIOSOS DONES QUE A LOS HOMBRES DIERON LOS CIELOS; CON ELLA NO PUEDEN IGUALARSE LOS TESOROS QUE ENCIERRAN LA TIERRA Y EL MAR: POR LA LIBERTAD, ASÍ COMO POR LA HONRA, SE PUEDE Y DEBE AVENTURAR LA VIDA. (MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA) ¡VENEZUELA SOMOS TODOS! NO DEFENDEMOS POSICIONES PARTIDISTAS. ESTAMOS CON LA AUTENTICA UNIDAD DE LA ALTERNATIVA DEMOCRATICA
Mostrando entradas con la etiqueta LIBRE ALBEDRIO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta LIBRE ALBEDRIO. Mostrar todas las entradas

jueves, 1 de octubre de 2015

NEURO J. VILLALOBOS RINCÓN, DESARROLLO HUMANO

“El ser humano no está programado por la naturaleza para cumplir determinadas funciones, sino que tiene que elegir. Eso es lo que llamamos “libertad””. Soren Kierkegaard.
Hablar de desarrollo humano pareciera redundante. ¿Para que serviría el desarrollo económico sino es para lograr el bienestar de los seres humanos?.
historia económica, la historia del ser humano como tal, se ha encargado de demostrarnos que no ha sido así. ¿Por qué?. Dos reflexiones pudieran intentar una respuesta. Thomas Hobbes afirmó que el hombre es como un lobo para el hombre y Gao Xin Jiang nos dice que hay hombres cuyas sombras reflejan al de una bestia. De esas consideraciones sobre el ser humano se derivan muchos de los males y de la imposibilidad de lograr el desarrollo humano.
Pero, no podemos detenernos en el pesimismo a pesar de que tanto la riqueza como el bienestar dependen más de actitudes, conductas y comportamientos del ser humano en consideración a su condición gregaria. En las distintas formas de organización social para tratar de lograr la convivencia, se crea la figura del Estado y desde entonces empieza a relativizarse el derecho de propiedad, derecho que algunos consideran natural.
Es la concepción sobre este derecho lo que ha creado una mayor división entre los seres humanos. Hay quienes creen en la omnipotencia y omnipresencia del Estado para lograr el bienestar de todos y los que consideran que es el hombre en atención a su libertad y su esfuerzo quien decide su propio bienestar en atención al ejercicio de su derecho de propiedad. Es obvio que entre esos extremos existen matices acerca del rol del Estado, el individuo y la sociedad. Lo que nos lleva de nuevo a considerar lo que plantea Inmanuel Kant para quien el centro de la moral –y aquí volvemos a la subjetividad- pasa porque el ser humano debe considerar a los otros individuos como fines en sí mismos y no como instrumentos.
¿Cómo salir de ese círculo dramático? ¿Cómo escapar de lo que Schopenhauer denominó la maldición de la voluntad, de esa cadena de deseos y de dolores, esa sumatoria de afanes y desasosiegos que conforman la vida humana? Como se ve, no es sencillo llegar a una noción del desarrollo humano. Es muy compleja su determinación y su medición. Va mucho más allá de la producción y distribución de las riquezas materiales y obliga a rediscutir el concepto de propiedad, la equidad y la justicia, el rol del Estado, el de los individuos en su dimensión  humana, su voluntad y deseo de vivir bien y en paz; con preservación de la naturaleza, el uso racional de la tecnología y en paz consigo mismo y sus creencias.
Neuro Villalobos
nevillarin@gmail.com
@nevillarin

EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, SIN COMUNISMO UN MUNDO MEJOR ES POSIBLE, ESTO NO PUEDE CONTINUAR, TERCERA VIA, DESCENTRALIZAR, DESPOLARIZAR, RECONCILIAR, DEMOCRACIA PARLAMENTARIA, LIBERTARIO ACTUALIDAD NACIONAL, VENEZUELA, NOTICIAS, ENCUESTAS, ACTUALIDAD INTERNACIONAL,

viernes, 17 de abril de 2015

ISAAC VILLAMIZAR, SOY Y ERES LIBRE

Toda mi vida he sido un amante y defensor a ultranza  de la libertad. Propugno la libertad para pensar, para creer, para decidir, para elegir, para amar, para sentir, para opinar, para informar, para reír, para llorar. El ser humano es libre para actuar como lo disponga su propia conciencia. Libre albedrío le dicen muchos.

Jamás les he dicho, indicado y menos aún impuesto a mis amigos y allegados cómo deben actuar en su vida, qué deben pensar, cuál criterio deben asumir, con cuál idea religiosa o política deben comulgar. Soy, diría con firmeza, excesivamente prudente en este proceder. 
Es cierto que deben existir algunas reglas morales, jurídicas y sociales mínimas para entendernos, para coexistir en armonía, en paz, que nos ayuden a salir ganando en un edificante diálogo y relación con el prójimo y consigo mismo. En el caso de las normas jurídicas, es también verdad que ellas regulan conductas, para conservar el orden y el bien común en esas relaciones. Pero la norma nunca nos impondrá un parecer, no nos someterá a que tomemos una u otra creencia, porque la norma jurídica nunca podrá llegar hasta el fuero interno. Ella sólo podrá orientar las manifestaciones externas del ser humano.
En mi vida son muchos los amigos y hasta gente extraña que se ha acercado a mí para contarme aspectos muy íntimos, personales y hasta secretos de su vida. También muchas de esas confidencias han llegado a mí en razón de mi profesión. Y lo han hecho sin yo haberlo solicitado. Simplemente, han visto en mí una persona para confiar esas revelaciones. Y todas ellas han estado seguras que de tan íntimo acontecimiento de sus existencias sólo lo sabe Dios y mi persona, y que ello estará resguardado hasta que mi alma trascienda  la tierra que me habrá de sepultar o las cenizas de mi cuerpo. 
De igual manera, no acepto que nadie me imponga una forma de pensar, de sentir, de decidir, de creer. Hoy día, la intimidad es más valiosa porque, como asegura Fernando Savater en “Etica de urgencia”, está secuestrada. La intimidad es una especie de aventura personal permanente, más aún en figuras públicas. Es tan difícil buscar espacios de intimidad, resguardarlos y negociar la intimidad con otras personas en la sociedad del registro electrónico. Más sin embargo, sigo siendo protagonista de tertulias de verdadera intimidad. Es aquí donde no juzgo a nadie, pero sé respetar y escuchar las posiciones personales de mis amigos.
Creo, como también afirma Savater, en “Figuraciones mías”, que sin prohibir nada, se puede recomendar algo. Me gusta la gente sin prejuicios, pero de buena voluntad. Y como cultor del aprendizaje, creo que hay que educar mucho más para ser racionalmente libres. Me anoto en el bando de quienes cultivan el pluralismo de perspectivas y el debate dentro del marco común de convivencia. Porque es real que hay muchos aspectos que no pueden estar sujetos a la originalidad de cada quien, a lo que a uno se le antoje en un momento. Siempre habrá que cumplir con aquello que debamos cumplir todos para que la sociedad no colapse. Pero los dogmas y las creencias nos determinan y nos obstaculizan una verdadera introspección. Por eso, podemos  actuar para cambiar algunos de esos condicionantes. Cada quien tiene el derecho de asumir convicciones religiosas, morales, políticas, pero no es una obligación de nadie ni mucho menos, como vuelve a señalar Savater, el único fundamento de los valores que debemos asumir, criterio que comparto plenamente.
Un esquema de vida sano es aquel que se impregna de la buena disposición de respetar las diferentes elecciones que cada quien hace, dentro de las alternativas que cada quien posee para decidir. Así entiendo la libertad.
Isaac Villamizar
isaacvil@yahoo.com
@isaacabogado

EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, SIN COMUNISMO UN MUNDO MEJOR ES POSIBLE, ESTO NO PUEDE CONTINUAR, UNIDAD NACIONAL ALTERNATIVA, DESCENTRALIZAR, DESPOLARIZAR, RECONCILIAR, DEMOCRACIA PARLAMENTARIA, LIBERTARIO ACTUALIDAD, VENEZUELA, INTERNACIONAL, NOTICIAS, ENCUESTAS,

lunes, 22 de octubre de 2012

ELEONORA BRUZUAL, LOS CENSURADORES

Vivimos el 7-O un proceso electoral, uno más de los que se ha inventado el castrochavismo para perpetrar en el poder a un hombre infinitamente abusador, desvergonzado y obsesivamente decidido a hacer de este país nuestro su heredad... Proceso que sorprendentemente el régimen organiza, le pone fecha a conveniencia, lo somete al embudo donde por supuesto lo ancho es siempre para Chávez y sus intereses, pero que vaya a saberse por qué, el liderazgo opositor acepta sin chistar y se embarca en semejante empresa que dadas sus características por supuesto que siempre le será adversa.

Casi han transcurrido 15 días de ese domingo que para millones se perfilaba como una fiesta democrática, tanto aquí como en ciudades lejanas de un mundo que desde que Chávez llegó al poder y se atornilla a él, conoce al venezolano emigrante, al venezolano exiliado... 15 días donde algunos hemos logrado un poco de sosiego frente a la amarga sorpresa de enterarnos -otra vez- que esa palabra que viene del latín Fraus exclusivamente no le calza a la programación tramposa de las máquinas de votación, también a un REP, ese Registro Electoral tan "Permanente" que no es revisado desde el año 2005. 
Que fraude es utilizar el tesoro nacional para financiarse la campaña, comprar conciencias y amarrarse votos. Que también lo es movilizar militares para que sean "maquinaria" partidista de quien definitivamente llegó para quedarse, más si el liderazgo opositor prefiere llamarse así mismo Alternativa, y deja huérfanos de ideología a los que no queremos otra cosa más que apoyar a quien se oponga a la traición a la patria, a la entrega a la tiranía más abyecta que ha vivido América, a la rebatiña del patrimonio nacional que desde hace casi 3 lustros se reparte entre chulos y vivarachos.
Poco tiempo para despejar el desengaño, la frustración, menos cuando ese liderazgo opositor y también una cuerdita de multifacéticas nulidades engreídas pretenden censurarnos el derecho a hablar, a decepcionarnos, olvidando que ese también es nuestro albedrío.
ebruzual@gmail.com @eleonorabruzual

EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, OPINIÓN, NOTICIA, REPUBLICANO LIBERAL, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA, INTERNACIONAL, ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA,CONTENIDO NOTICIOSO,

sábado, 5 de mayo de 2012

ALEXANDER GUERRERO E., DESALAMBRANDO LAS MISIONES DE CAPRILES

La campaña presidencial de H Capriles ha estado llena de algunas curiosas propuestas en materia económica la de inmediato impacto social, particularmente por el uso de un verbo duro en apariencia parecido en la forma, al lenguaje del gobierno, al del Presidente para ser más preciso.  En la opinión pública del universo opuesto a la revolución no deja de percibirse cierta confusión; aunque el tema que discutimos abajo no es precisamente este, en cierto modo, el resultado electoral en las primarias arrojó una verdad inobjetable, el discurso político electoral de Capriles resulto del gusto del electorado opositor. Cuando este discurso va en busca del votante potencialmente de la revolución, cierta mayéutica dice que su posibilidad de éxito es aun mayor.

Buscando el voto: prioritario

Cualquier analista político, afirmaría que la campaña electoral en desarrollo no es momento -al menos en las circunstancias de un proceso político que ha mutilado libertades y descapitalizando un país - para educar al electorado en cuanto a que solo trabajo, educación, libertad, propiedad son las herramientas e instituciones básicas para que el individuo y su familia satisfaga sus necesidades. Y que en caso contrario, el gobierno lo convertiría en un humilde y miserable dependiente rentista del fisco y de los mendrugos que este reparte vía un despótico autoritarismo económico, que escondido en el velo de la ignorancia es capaz de empobrecer a millones, porque las corporaciones políticas que controlan el Estado tienen interés en gobernar minusválidos políticos, sociales y económicos que reproduzcan su lógica fascista del poder político. La urgencia es evidente, la batalla electoral de hoy es casi un asunto de vida o muerte de nuestro gentilicio, la búsqueda del voto es el terreno de la política, y mas temprano que tarde se debe entender, no nos estamos jugando cuatro conchas de ajo.

Nuestro juego político en la lucha contra el neo-comunismo es en los hechos una lucha por la sobrevivencia de las libertades, del libre albedrio, de la propiedad y la familia; sin embargo, la lucha política reclama en la coyuntura una oposición eficiente en la captura de voluntades y el voto para volcar a los venezolanos a construir un sistema de libertades y ello pasa por la derrota del gobierno. Capturar la voluntad del venezolano y sacarlo de sus ranchos y casas, de eliminar la dependencia del fisco, pasa por sostenerles sus esperanzas, muchas de ellas sembradas por el actual gobierno, con una habilidosa retorica política. Un grupo de ellas han tomado el nombre de Misiones, un emulo a los mecanismos redistributivos utilizados en Cuba y que sabemos, que como esquemas redistributivos son ineficientes y buscan la dependencia política, ideológica y económica de las bondades del “dictador benevolente”.

Las matemáticas redistributivas y la pobreza

Los mecanismos redistributivos en una sociedad moderna fluyen normalmente a través del gasto público y de la caridad privada, en educación, salud, seguridad personal, infraestructura, y hasta viviendas, para nombrar los clásicos. La idea central es transferir ingresos de quienes producen y obtienen mayores ingresos a quienes los necesitan, la eficiencia de estos esquemas redistributivas aun se discuten en medios académicos y en la opinión pública general en todo el mundo. Bajo esta lógica –además de algunos eufemismos económicos- nació el Estado de Bienestar, en Europa, en Inglaterra, Francia Italia, Alemania, tomo diversos caminos, hasta ahora, el alemán es el mas exitoso de todos, allí el bienestar busco simultáneamente la participación del individuo libre.

Las matemáticas redistributivas son precisas, de los que tienen mas, los cuales son mayoría en la sociedad, a quienes tienen menos, una minoría. Las cosas se complican considerablemente cuando los que tienen menos son mayoría, el milagro del pan en el desierto no parece ser una solución. Es el caso venezolano.

Sin embargo, en aquellos países donde el Estado es “rico” porque es dueño de las riquezas de sus ciudadanos, o los despojó de ellas, o le caen del cielo, como el petróleo, las matemáticas podrían ser temporalmente diferentes, aunque nuestra historia de varias décadas redistribuyendo renta del petróleo aguas abajo no muestre mayores éxitos, al contrario, sabemos que la renta del petróleo no acabara con la pobreza, ni siquiera sembrando el petróleo, una proclama política muy popular aunque naive. Aunque los números parezcan grandes, no es mucho lo que hay para redistribuir como el gobierno actual dice que lo hace, en Venezuela el ingreso fiscal petrolero es a 100 dólares el barril de petróleo un 12 % del PIB, puede ayudar en algo, podría ser un kick off o una semilla.

Las Misiones del socialismo

Las Misiones “venezolanas” fueron creadas con esos resabios de reproducir la dependencia política y económica del hombre de a pie del fisco a través de una relación de dependencia y servidumbre. La propuesta de H Capriles de una Ley de Misiones puede ser entonces una oportunidad para crear una puerta en ambas direcciones a cientos de miles de venezolanos que requieren la asistencia del Estado para enderezar sus cargas, mientras se incorpora al mercado laboral en “condiciones de normalidad” deseadas.  Ello permitiría así mismo acabar con las atrocidades sociopolíticas y económicas que caracterizan hoy esos esquemas redistributivos y transformarlos en mecanismos de naturaleza transicional que estimule al individuo al trabajo creador independiente que la asistencia social sea el vehículo inicial.

Las Misiones se financian a través de mecanismos fiscales difusos y opacos del ingreso fiscal dirigido a financiar estructuras políticas y sociales de naturaleza cuasi-fascista, están allí, en el margen de los mecanismos redistributivos tradicionales, de manera que la idea de Capriles de crear una Ley para ordenarlas y darle marco jurídico así como control y sanidad administrativa es a todo evento bienvenida. La propuesta de H Capriles de una Ley de Misiones, entra en la discusión política de modo oportuno. Aunque se desconocen por ahora los pormenores de su propuesta, es evidente que reordenar los esquemas redistributivos de origen y financiamiento fiscal , provenientes tanto de la renta petrolera como de los impuestos que pagan los que tienen ingreso en gasto en volúmenes suficientes para pagarlos, es una urgencia de tipo social y fiscal.

Una Ley para las Misiones

Un mecanismo legal e institucional -ley Misiones- permitirá pasar por el cedazo del cuerpo legislativo y de la discusión abierta del país para reorganizar en función de sus economías importantes actividades redistributivas originadas en el gasto fiscal. Seria una Ley  cuyo financiamiento iría empotrada en la Ley del Presupuesto, preferiblemente en el marco del gasto publico, auditable y controlable; fundamentalmente se constituiría en un mecanismo, que me atrevo a llamar de “auxilio social” que operaria sobre parámetros estimables que crearían estímulos a la incorporación del individuo al mercado laboral de manera normal.

Las Misiones tendrían dos puertas, un a para entrar y otra para salir. Es decir, todos los mecanismo redistributivos de la renta rendida al fisco/gobierno serán sujetos a auditorias ex ante y ex post, con lo cual se podrían  ordenar las economías que se quieren produzcan las Misiones en un régimen absolutamente accountable, controlable, fiscalizable y auditable, en cierto modo que registre y rinda cuenta a los venezolanos –que han puesto parte de su renta a quienes no tienen, por razones de minusvalía socioeconómica- sobre la rentabilidad del gasto social, vaya o no incorporado en la Ley de Misiones.

El principio de subsidiariedad en la “Ley de Misiones”

Dentro de esos objetivos en la Ley de Misiones debe incorporarse el principio organizativo de sistematizar el gasto social allí envuelto, hacerlo auditable, independizarlo de PDVSA, y que los flujos fiscales que financien las Misiones vengan directamente del fisco, así el origen de esos fondos sea el petrolero. En cuanto a su organización industrial, adscribir las Misiones a aquellas instituciones del Estado y a la distribución político territorial ajustado al PRINCIPIO DE SUBSIDIARIEDAD; es decir, habilitar la descentralización en estados y municipios para administrar esos mecanismos redistributivos, buscando siempre perfeccionar sus economías. Es evidente que en Venezuela hay grandes necesidades y muy diferentes entre estados y municipios; el principio de subsidiariedad es fundamental.

De esta manera y retomando la descentralización y con ella el principio de subsidiariedad, se podrían eliminar las perversiones de una caja común ad hoc para el gasto social y aquellos programas seleccionados para ser administrados en el marco de la Ley de Misiones.  Esta distribución a lo largo y ancho del país, traería economías en lo político, institucional y socioeconómico, dado que los venezolanos que contribuyen a los fondos de la Ley de Misiones, si ese fuese el caso, a través del ingreso fiscal petrolero y no petroleros, conectarían la representatividad al voto, como un mecanismo que obligaría la eficiencia y pulcritud en la administración del gasto social embutido en la Ley de Misiones. En todo caso, este seria un mecanismos redistributivo que tendría sentido transitorio en la medida que los que sean beneficiados puedan económicamente ser transferidos al régimen natural de un mercado laboral típico de una economía que crezca con sentido sostenido.

alex102@movistar.net.ve
@AlexGuerreroE

EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, OPINIÓN, NOTICIA, REPUBLICANO LIBERAL, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA, INTERNACIONAL, ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA

viernes, 27 de enero de 2012

MURRAY ROTHBARD: SEIS MITOS SOBRE EL LIBERTARIANISMO

El libertarianismo es la corriente política de más auge hoy en América. Antes de juzgarla y evaluarla, es de vital importancia dilucidar precisamente en qué consiste la doctrina y, más en concreto, en qué no consiste. Es especialmente relevante aclarar unos cuantos malentendidos que la mayoría de gente tiene acerca del libertarianismo, en particular los conservadores. En este ensayo enumeraré y analizaré críticamente los mitos más comunes en relación con el libertarianismo. Cuando nos hayamos deshecho de éstos, entonces la gente será capaz de discutir sobre el libertarianismo sin fábulas, mitos y malentendidos, y tratar con éste tal y como corresponde: de acuerdo con sus verdaderos méritos y deméritos.

Mito #1: Los libertarianos creen que cada individuo es un átomo aislado, herméticamente sellado, actuando en un vacío sin influenciarse con los demás.
Ésta es una acusación habitual, pero harto curiosa. En toda una vida de lector de literatura libertariana no me he topado con un solo teórico o autor que sostuviera algo parecido a esta posición. La única posible excepción es el fanático Max Stirner, un alemán individualista de mediados del siglo XIX quien, sin embargo, tuvo una repercusión mínima en el libertarianismo de su tiempo y posterior. Además, la explícita filosofía “la fuerza hace el derecho” de Stirner y su rechazo de todo principio moral incluyendo los derechos individuales, tenidos por “fantasmas mentales”, dudosamente le acreditan como libertariano en cualquier sentido. Aparte de Stirner no hay nadie con una opinión siquiera remotamente similar a la que sugiere esta acusación.
Los libertarianos son metodológica y políticamente individualistas, desde luego. Ellos creen que sólo los individuos piensan, valoran y eligen. Creen que cada individuo tiene derecho a la propiedad sobre su cuerpo, libre de interferencias coercitivas. Pero ningún individualista niega que la gente se influencia mutuamente de forma constante en sus objetivos, en sus valores, en sus iniciativas y en sus ocupaciones. Como Friedrich A. Hayek mencionó en su notable artículo “The Non-Sequitur of the ‘Dependence Effect’”, el asalto de John Kenneth Galbraith a la economía de libre mercado en su best-seller “The Affluent Society” se cimentaba en esta premisa: la economía asume que cada individuo llega a su escala de valores de un modo totalmente independiente, sin estar sujeto a la influencia de nadie más.
Por el contrario, como responde Hayek, todos saben que la mayoría de gente no produce sus propios valores, sino que es instigada a adoptarlos de otras personas.1 Ningún individualista o libertariano niega que la gente se influencie mutuamente todo el tiempo, y por supuesto no hay nada de nocivo en este ineludible proceso. A lo que los libertarianos se oponen no es a la persuasión voluntaria, sino a la imposición coercitiva de valores mediante el uso de la fuerza y el poder policial. Los libertarianos no están en modo alguno en contra de la cooperación voluntaria y la colaboración entre individuos; sólo en contra de la obligatoria pseudo-cooperación impuesta por el Estado.
Mito #2: Los libertarianos son libertinos: son hedonistas que anhelan estilos de vida alternativos.
Este mito ha sido planteado recientemente por Irving Kristol, quien identifica la ética libertariana con el hedonismo y asevera que los libertarianos “veneran el catálogo de Sears Roebuck y todos los estilos de vida alternativa que la afluencia capitalista permite elegir al individuo”.2 El hecho es que el libertarianismo no es ni pretende ser una completa guía moral o ascética, sino sólo una teoría política, esto es, el importante subconjunto de la teoría moral que versa sobre el uso legítimo de la violencia en la vida social. La teoría política se refiere a aquello que es apropiado o inapropiado que el gobierno haga, y el gobierno se distingue de cualquier otro grupo social como la institución de la violencia organizada. El libertarianismo sostiene que el único papel legítimo de la violencia es la defensa de la persona y su propiedad contra la agresión, que cualquier uso de la violencia que vaya más allá de esta legítima defensa resulta agresiva en sí misma, injusta y criminal. El libertarianismo, por tanto, es una teoría que afirma que cada individuo debe estar libre invasiones violentas, debe tener derecho para hacer lo que quiera excepto agredir a otra persona o la propiedad ajena. Lo que haga una persona con su vida es esencial y de suma importancia, pero es simplemente irrelevante para el libertarianismo.
Luego no debe sorprender que haya libertarianos que sean de hecho hedonistas y devotos de estilos de vida alternativos, y que haya también libertarianos que sean firmes adherentes de la moralidad burguesa convencional o religiosa. Hay libertarianos libertinos y hay libertarianos vinculados firmemente a la disciplina de la ley natural o religiosa. Hay otros libertarianos que no tienen ninguna teoría moral en absoluto aparte del imperativo de la no-violación de derechos. Esto es así porque el libertarianismo per se no pregona ninguna teoría moral general o personal. El libertarianismo no ofrece un estilo de vida; ofrece libertad, para que cada persona sea libre de adoptar y actuar de acuerdo con sus propios valores y principios morales. Los libertarianos convienen con Lord Acton en que “la libertad es fin político más alto”, pero no necesariamente el fin más alto en la escala de valores de cada uno.
No hay ninguna duda acerca del hecho, sin embargo, de que el subgrupo de libertarianos que son economistas pro-mercado tienden a mostrarse complacidos cuando el libre mercado dispensa más posibilidades de elección a los consumidores, elevando así su nivel de vida. Incuestionablemente, la idea de que la prosperidad es mejor que la miseria absoluta es una proposición moral, y nos conduce al ámbito de la teoría moral general, pero no es una proposición por la que crea que deba disculparme.
Mito #3: Los libertarianos no creen en los principios morales; se limitan al análisis de costes-beneficios asumiendo que el hombre es siempre racional.
Este mito está desde luego relacionado con la precedente acusación de hedonismo, y en parte puede responderse en la misma línea. Hay libertarianos, particularmente los economistas de la escuela de Chicago, que rechazan la libertad y los derechos individuales como principios morales, y en su lugar intentan llegar a conclusiones de política pública sopesando presuntos costes y beneficios sociales.
En primer lugar, la mayoría de libertarianos son “subjetivistas” en economía, esto es, creen que las utilidades y los costes de los distintos individuos no pueden ser sumados o mesurados. Por tanto, el concepto mismo de costes y beneficios sociales es ilegítimo. Pero, más importante, la mayoría de libertarianos fundamentan su postura en principios morales, en la convicción en los derechos naturales de cada individuo sobre su persona o propiedad. Ellos creen entonces en la absoluta inmoralidad de la violencia agresiva, de la invasión de los derechos sobre la propia persona y propiedad, independientemente de qué individuo o grupo ejerce dicha violencia.
Lejos de ser inmorales, los libertarianos simplemente aplican una ética humana universal al gobierno del mismo modo que cualquier otro aplicaría esta ética a cada persona o institución social. En concreto, como he apuntado antes, el libertarianismo en tanto que filosofía política que versa sobre el uso legítimo de la violencia, toma la ética universal a la que la mayoría de nosotros nos acogemos y la aplica llanamente al gobierno. Los libertarianos no hacen ninguna excepción a la regla de oro y no dejan ninguna laguna moral, no aplican ninguna vara de medir distinta al gobierno. Es decir, los libertarianos creen que un asesinato es un asesinato y que no deviene santificado por razones de estado si es perpetrado por el gobierno. Nosotros creemos que el robo es un robo y que no queda legitimado porque una organización de ladrones decida llamarlo “impuestos”. Nosotros creemos que la esclavitud es esclavitud incluso si la institución que la ejerce la denomina “servicio militar”. En síntesis, la clave en la teoría libertariana es que no concede excepción alguna al gobierno en su ética universal.
Por tanto, lejos de ser indiferentes u hostiles a los principios morales, los libertarianos los consuman siendo el único grupo dispuesto a extender estos principios por todo el espectro hasta al gobierno mismo. 3
Es cierto que los libertarianos permitirían a cada individuo elegir sus valores y actuar acorde con ellos, y reconocerían en suma a cada individuo el derecho a ser moral o inmoral según su juicio particular. El libetarianismo se opone firmemente a la imposición de todo credo moral a cualquier persona o grupo mediante el uso de la violencia – excepto, por supuesto, la prohibición moral de la violencia agresiva en sí misma. Pero debemos percatarnos de que ninguna acción puede considerarse virtuosa a menos que sea emprendida en libertad, habiendo consentido voluntariamente la persona. Como dijera Frank Meyer:
“No puede forzarse a los hombres a ser libres, ni puede forzárseles a ser virtuosos. Hasta cierto punto, es verdad, pueden ser obligados a actuar como si fueran virtuosos. Pero la virtud es el fruto de la libertad bien empleada. Y ningún acto, en la medida en que sea coaccionado, puede implicar virtud – o vicio”4.
Si una persona es obligada por la fuerza o la amenaza de la misma a llevar a cabo una determinada acción, entonces ésta ya no supone una elección moral por su parte. La moralidad de una acción sólo puede ser el resultado de una decisión libremente adoptada; una acción difícilmente puede tildarse de moral si uno la acomete a punta de pistola. Imponer las acciones morales o prohibir la acciones inmorales, por tanto, no fomenta la moral o la virtud. Por el contrario, la coerción atrofia la moralidad porque priva al individuo de la libertad para ser moral o inmoral, y entonces necesariamente despoja a la gente de la posibilidad de ser virtuosa. Paradójicamente, pues, la moral obligatoria nos sustrae la oportunidad misma de actuar moralmente.
Es además especialmente grotesco dejar la salvaguarda de la moralidad en manos del aparato estatal, es decir, ni más ni menos que la organización de policías, gendarmes y soldados. Poner al Estado a cargo de los principios morales equivale a poner al zorro al cuidado del gallinero. Prescindiendo de otras consideraciones, los responsables de la violencia organizada en la sociedad jamás se han distinguido por su superior estatura moral o por la rectitud con la que sostienen los principios morales.
Mito #4: El libertarianismo es ateísta y materialista, y desdeña la dimensión espiritual de la vida.
No hay ninguna conexión necesaria entre las adscripción al libertarianismo y la posición religiosa de cada uno. Es verdad que muchos si no la mayoría de los libertarianos en la actualidad son ateos, pero esto tiene que ver con el hecho de que la mayoría de los intelectuales, de la mayoría de credos políticos, son ateos también. Hay muchos libertarianos que son ateos, judíos o cristianos. Entre los liberales clásicos precursores del libertarianismo moderno en una época más religiosa que ésta encontramos una miríada de cristianos: desde John Lilburne, Roger Williams, Anne Hutchinson y John Locke en el siglo XVII hasta Cobden y Bright, Fréderic Bastiat y los liberales franceses del laissez-faire y el gran Lord Acton.
Los libertarianos creen que la libertad es un derecho inserto en una ley natural sobre lo que es adecuado para la humanidad, en conformidad con la naturaleza del hombre. De dónde emanan este conjunto de leyes naturales, si son puramente naturales o fueron prescritas por un creador, es una cuestión ontológica importante pero irrelevante desde el punto de vista de la filosofía política o social. Como el padre Thomas Davitt señaló:
“Si la palabra ‘natural’ significa algo en absoluto se refiere a la naturaleza del hombre, y en conjunción con la palabra ‘ley’, ‘natural’ remite al orden que es manifestado por las inclinaciones de la naturaleza humana y nada más. Por tanto, tomada en sí misma, no hay nada de religioso o teológico en la ‘Ley Natural’ de Aquino”5.
O, como d’Entrèves escribió en el siglo XVII aludiendo al jurista protestante holandés Hugo Grotius:
“La definición de ley natural [de Grotius] no tiene nada de revolucionaria. Cuando mantiene que la ley natural es el cuerpo de normas que el hombre es capaz de descubrir mediante el uso de su razón, no hace otra cosa que reafirmar la noción escolástica de una fundamentación racional de la ética. De hecho, su intención es más bien la de restaurar esta noción debilitada por el augustianismo radical de ciertas corrientes protestantes de pensamiento. Cuando asevera que estas normas son válidas en sí mismas, independientemente de que Dios las dispusiera, repite el aserto que ya fue proclamado por algunos de los escolásticos…”6
El libertarianismo ha sido acusado de ignorar la naturaleza espiritual del hombre. Pero uno fácilmente puede llegar al libertarianismo desde posiciones religiosas o cristianas: enfatizando la importancia del individuo, de su libre voluntad, de sus derechos naturales y de su propiedad privada. Uno puede igualmente llegar al libertarianismo mediante una aproximación secular a los derechos naturales, con la convicción de que el hombre puede alcanzar la comprensión racional de la ley natural.
Atendiendo a la historia, además, no está claro en absoluto que la religión sea un fundamento más sólido del libertarianismo que la ley natural secular. Como Karl Wittfogel nos recuerda en su Oriental Despotism, la unión del trono y el altar ha sido una constante durante décadas que ha facilitado el imperio del despotismo en la sociedad7. Históricamente, la unión de la Iglesia y el Estado ha sido en muchos casos una coalición mutuamente alentadora de la tiranía. El Estado se servía de la Iglesia para santificar sus actos y llamar a la obediencia de su mando, presuntamente sancionado por Dios, y la Iglesia se servía del Estado para obtener ingresos y privilegios. Los Anabaptistas colectivizaron y tiranizaron Münster en nombre de la religión cristiana8. Y, más cerca de nuestro siglo, el socialismo cristiano y el evangelio social jugaron un importante papel en la marcha hacia el estatismo, y el proceder condescendiente de la Iglesia Ortodoxa en la Rusia soviética habla por sí mismo. Algunos obispos católicos en Latinoamérica han proclamado que la única vía hacía el reino de los cielos pasa por el marxismo, y si quisiera ser grosero diría que el reverendo Jim Jones, además de considerarse un leninista, se presentó a sí mismo como la reencarnación de Jesús.
Por otra parte, ahora que el socialismo ha fracasado de un modo manifiesto, política y económicamente, sus valedores han recurrido a la “moral” y a la “espiritualidad” como último argumento en pro de su causa. El socialista Robert Heilbroner, arguyendo que el socialismo debe ser coactivo y tiene que imponer una “moral colectiva” a la sociedad, opina que: “La cultura burguesa está centrada en los logros materiales del individuo. La cultura socialista debe centrarse en sus logros morales o espirituales”. Lo curioso es que esta tesis de Heilbroner fue elogiada por el escritor conservador y religioso de National Review Dale Vree, que dijo:
“Heilbroner está… diciendo lo que muchos colaboradores del NR han dicho en el último cuarto de siglo: no puedes tener libertad y virtud al mismo tiempo. Tomad nota, tradicionalistas. A pesar de su terminología disonante, Heilbroner está interesado en lo mismo que vosotros: la virtud9.
Vree también está fascinado con la visión de Heilbroner de que una cultura socialista “promueva la primacía de la colectividad” antes que la “primacía del individuo”. Cita a Heilbroner con relación a los logros “morales y espirituales” bajo socialismo en oposición a los burgueses logros “materiales”, y añade acertadamente: “contiene un timbre tradicionalista esta afirmación”. Vree prosigue aplaudiendo el ataque de Heilbroner al capitalismo por no tener “ningún sentido de ‘lo correcto’” y permitir a los “adultos que consienten” hacer aquello que les plazca. En contraste con este retrato de la libertad y la diversidad tolerada, Vree escribe: “Heilbroner dice seductoramente que debido a que la sociedad socialista debe tener un sentido de ‘lo correcto’, no todo estará permitido”. Para Vree, es imposible “tener colectivismo económico junto con individualismo cultural”, y por tanto él está inclinado hacia un nueva fusión socialista-tradicionalista – hacia un colectivismo omnicompresivo.
Cabe apuntar aquí que el socialismo deviene especialmente despótico cuando reemplaza los incentivos “económicos” o “materiales” por los incentivos pretendidamente “morales” o “espirituales”, cuando aparenta promover una indefinible “calidad de vida” antes que la prosperidad económica. Si las remuneraciones son ajustadas a la productividad hay considerablemente más libertad así como estándares de vida más altos. Pero si se fundamentan en la devoción altruista a la madre patria socialista, la devoción tiene que ser regularmente reforzada a golpe de látigo. Un creciente énfasis en los incentivos materiales del individuo suponen ineluctablemente un mayor acento en la propiedad privada y en la preservación de lo que uno gana, y trae consigo una libertad personal superior, como atestigua Yugoslavia en las últimas décadas en contraste con la Rusia soviética. El despotismo más horrible en la faz de la Tierra en los años recientes ha sido sin duda el de Pol Pot en Camboya, donde el “materialismo” fue hasta tal punto desterrado que el dinero fue abolido por el régimen. Habiendo suprimido el dinero y la propiedad privada, cada individuo era totalmente dependiente de las cartillas de racionamiento de subsistencia del Estado y la vida no era sino un completo infierno. Debemos ser prudentes, pues, antes de despreciar los objetivos o incentivos “meramente materiales”.
El cargo de “materialismo” dirigido contra el libre mercado ignora el hecho de que cada acción envuelve la transformación de objetos materiales mediante el uso de la energía humana conforme a ideas y propósitos sostenidos por los actores. Es inaceptable separar lo “mental” o lo “espiritual” de lo “material”. En todas las grandes obras de arte, extraordinarias emanaciones del espíritu humano, se han empleado objetos materiales: ya fueran lienzos, pinceles y pintura, papel e instrumentos musicales, o la construcción de bloques y materia primas para las iglesias. No hay ninguna escisión real entre lo “espiritual” y lo “material” y por tanto cualquier despotismo sobre aquello material sojuzgará también aquello espiritual.
Jean-Jacques Rousseau 
Mito #5: Los libertarianos son utópicos que creen que toda la gente es buena por naturaleza y que por tanto el control del Estado es innecesario.
Los conservadores tienden a añadir que, puesto que el hombre es vil por naturaleza parcial o totalmente, se hace precisa una severa regulación estatal de la sociedad.
Esta es una opinión muy común acerca de los libertarianos, si bien es difícil identificar la fuente de semejante malentendido. Rousseau, el locus classicus de la idea de que el hombre es bueno pero es corrompido por sus instituciones no era precisamente un libertariano. Aparte de algunos escritos románticos de unos pocos anarco-comunistas, que en ningún caso consideraría libertarianos, no conozco a un solo autor libertariano o liberal clásico que haya defendido esta postura. Por el contrario, la mayoría de escritores libertarianos sostiene que el hombre es una mezcla de bondad y maldad y que lo importante para las instituciones sociales es fomentar lo primero y mitigar lo segundo. El Estado es la única institución social capaz de extraer sus ingresos y su riqueza mediante coerción; todos los demás deben obtener sus rentas o bien vendiendo un producto o servicio a sus clientes o bien recibiendo una donación voluntaria. Y el Estado es la única institución social que puede emplear sus ingresos provinentes del robo organizado para intentar controlar y regular la vida y la propiedad de la gente. Por tanto, la institución del Estado establece un canal socialmente legitimado y santificado para que las personas malvadas cometan sus fechorías, emprendan el robo organizado y manejen poderes dictatoriales. El estatismo, así pues, alienta la maldad, o como mínimo los aspectos criminales de la naturaleza humana.
Como Frank H. Knight mordazmente resalta: “La probabilidad de que los titulares del poder sean individuos que detestan su posesión y su ejercicio es análoga a la probabilidad de que una persona de corazón extremadamente benévolo devenga el patrono de una plantación de esclavos”10.
Una sociedad libre, por el hecho de no instituir un canal legitimado para el robo y la tiranía, desalienta las tendencias criminales de la naturaleza humana y aviva aquéllas que son pacíficas y voluntarias. La libertad y el libre mercado desincentivan la agresión y la compulsión y fomentan la armonía y el beneficio mutuo del intercambio voluntario, en la esfera económica, social y cultural.
Puesto que un sistema de libertad promovería la voluntariedad y desalentaría la criminalidad, además de deponer el único canal legitimado de crimen y agresión, cabe esperar que una sociedad libre padeciera de hecho menos violencia criminal y agresiones de las que padecemos actualmente, aunque no hay razón alguna para asumir que desaparecerían por completo. Esto no es utópico, sino una implicación de sentido común del cambio de lo que socialmente se tiene por legítimo y del cambio de la estructura de premio y castigo en la sociedad.
Podemos aproximarnos a nuestra tesis desde otro ángulo. Si todos los hombres fueran buenos y ninguna tuviera tendencias criminales, entonces no habría ninguna necesidad de un Estado, tal y como conceden los conservadores. Pero si por otro lado todos los hombres son malvados, entonces el caso a favor del Estado es igualmente débil, pues ¿por qué tiene uno que asumir que aquellos hombres que componen el gobierno y retienen todas las armas y el poder para coaccionar a los demás están mágicamente exentos de la maldad que afecta a todas las otras personas que se hallan fuera del gobierno?
Tom Paine, un libertariano clásico a menudo considerado ingenuamente optimista acerca de la naturaleza humana, rebate el argumento conservador de la maldad humana en pro del Estado fuerte como sigue:
“si toda la naturaleza humana fuera corrupta, estaría infundado fortalecer la corrupción instituyendo una sucesión de reyes, a quienes debiera rendirse obediencia aun cuando fueran siempre tan viles…” Paine añadió que “ningún hombre desde el principio de los tiempos ha merecido que se le confiase el poder sobre todos los demás”11.
Y como el libertariano F.A. Harper escribió una vez:
“De acuerdo con el principio de que la autoridad política debe imponerse en proporción a la maldad del hombre, tendremos entonces una sociedad en la cual se demandará una autoridad política completa sobre todos los asuntos humanos… Un hombre gobernará a todos. ¿Pero quién ejercerá de dictador? Quienquiera que sea el elegido para el trono con seguridad será una persona enteramente malvada, puesto que todos los hombres lo son. Y esta sociedad será entonces regida por un dictador absolutamente malvado en posesión de todo el poder político. ¿Y cómo, en nombre de la lógica, puede emanar de ahí algo que no sea pura maldad? ¿Cómo puede ser esto mejor que el que no haya autoridad política alguna en la sociedad?”12
Por último, como hemos visto, puesto que los hombres son en realidad una mezcla de virtud y maldad, un régimen de libertad sirve para alentar la virtud y desalentar la maldad, al menos en el sentido de que la voluntariedad y lo mutuamente beneficioso es bueno y lo criminal es malo. En ninguna teoría de la naturaleza humana, por tanto, ya establezca que el hombre es bueno, malo, o una combinación de ambos, se justifica el estatismo. En el curso de negar que es un conservador, el liberal clásico Friedrich Hayek apuntó:
“El principal mérito del individualismo [que Adam Smith y sus contemporáneos defendieron] es que es un sistema bajo el cual los hombres malvados pueden hacer menos daño. Es un sistema social que no depende para su funcionamiento de que encontremos hombres buenos que lo dirijan, o de que todos los hombres devengan más buenos de lo que son ahora, sino que toma al hombre en su variedad y complejidad dada…”[13]
Es importante señalar qué es lo que diferencia a los libertarianos de los utópicos en el sentido peyorativo. El libertarianismo no se propone remodelar la naturaleza humana. Uno de los objetivos centrales del socialismo fue crear, lo cual en la práctica supone emplear métodos totalitarios, un Hombre Socialista Nuevo, un individuo cuyo primer fin fuera trabajar diligente y altruistamente por la colectividad. El libertarianismo es una filosofía política que dice: dada cualquier naturaleza humana, la libertad es el único sistema político moral y el más efectivo. Obviamente, el libertarianismo – como los demás sistemas sociales – funcionará mejor cuanto más pacíficos y menos agresivos sean los individuos y menos criminales haya. Y los libertarianos, como la mayoría de la otra gente, querrían alcanzar un mundo donde más personas fueran “buenas” y menos criminales hubiera. Pero esta no es la doctrina del libertarianismo per se, que dice que cualesquiera sea la composición de la naturaleza humana en un momento dado, la libertad es lo más deseable.
Mito #6: Los libertarianos creen que cada persona conoce mejor sus propios intereses.
Del mismo modo que la acusación precedente sugería que los libertarianos creen que todos los hombres son perfectamente buenos, este mito les acusa de creer que todos son perfectamente sabios. Pero como esto no es cierto con respecto a mucha gente, se dice, el Estado debe intervenir.
Pero los libertarianos no asumimos la perfecta sabiduría del hombre más de lo que asumimos su perfecta bondad. Hay algo de sentido común en la afirmación de que la mayoría de los hombres conoce mejor que cualquier otro sus propias necesidades e intereses. Pero no se asume en absoluto que todos siempre conocen mejor sus intereses. El libertarianismo propugna que cada uno debe tener el derecho a perseguir sus propios fines como estime oportuno. Lo que se defiende es el derecho a actuar libremente, no la necesaria sensatez de dicha acción.
Es cierto también, no obstante, que el libre mercado – en contraste con el gobierno – ha articulado mecanismos que permiten a las personas acudir a expertos que pueden aconsejar sensatamente acerca de cómo alcanzar los fines propios de la mejor manera posible. Como hemos visto antes, los individuos libres no están separados los unos de los otros. En el libre mercado cualquier individuo, si tiene dudas sobre sus verdaderos intereses, es libre de contratar o consultar a un experto que le ofrezca consejo en base a su conocimiento presumiblemente superior. El individuo puede contratar a este experto y, en el libre mercado, testar continuamente su competencia y su utilidad. Las personas en el mercado, por tanto, pueden patrocinar aquellos expertos cuyos consejos estimen más provechosos. Los buenos doctores, abogados o arquitectos serán recompensados en el libre mercado, mientras que los malos tenderán a ser desplazados. Pero cuando el gobierno interviene, el experto del gobierno obtiene sus ingresos mediante la coacción sobre los contribuyentes. No hay ninguna fórmula de mercado para testar su éxito informando a la gene de sus verdaderos intereses. Sólo necesita tener habilidad para adquirir el apoyo político de la maquinaria coercitiva del Estado.
Por tanto, el experto privado tenderá a florecer en proporción a su habilidad, mientras que el experto del gobierno florecerá en proporción a su destreza en obtener prebendas políticas. Además, el experto del gobierno no será más virtuoso que el privado; su única superioridad radica en el arte de conseguir favores de aquellos que retienen el poder político. Pero una diferencia crucial entre ambos es que el experto privado tiene todos los incentivos para velar por sus clientes o pacientes, obrando del mejor modo posible. El experto del gobierno carece por completo de semejantes incentivos; él obtiene sus ingresos de todos modos. Luego el libre mercado tenderá a satisfacer mejor al consumidor.
Espero que este artículo haya contribuido a limpiar el libertarianismo de mitos y malentendidos. Los conservadores y todos los demás deben ser educadamente advertidos de que los libertarianos no creemos que los hombres son buenos por naturaleza, ni que todos están perfectamente informados acerca de sus propios intereses, ni que cada individuo es un átomo aislado y herméticamente sellado. Los libertarianos no son necesariamente libertinos o hedonistas, ni son necesariamente ateos; y los libertarianos enfáticamente creen en principios morales. Dejemos ahora que cada uno de nosotros se disponga a examinar el libertarianismo tal cual es, sin temor ni partidismos. Yo estoy seguro de que, allí donde este examen tenga lugar, el libertarianismo gozará de un auge impresionante en el número de sus seguidores.
Traducido por Albert Esplugas Boter
Editado por Daniel Duarte
Este artículo, publicado inicialmente en Modern Age, 24, 1 (Invierno 1980), pág. 9-15, como “Mito y verdad acerca del libertaranismo”*, está basado en una ponencia presentada en abril de 1979 en el congreso nacional de la Philadephia Society de Chicago. El tema del encuentro fue “Conservadurismo y Libertarianismo”. (Puede leerse el original en LewRockwell.com).
[1] John Kenneth Galbraith, The Affluent Society (Boston: Houghton Mifflin, 1958); F. A. Hayek, “The Non-Sequitur of the ‘Dependence Effect,’” Southern Economic Journal (Abril, 1961), pp. 346-48.
[2] Irving Kristol, “No Cheers for the Profit Motive,” Wall Street Journal (Feb. 21, 1979).
[3] Para un llamamiento a aplicar estándares éticos universales al gobierno, véase Pitirim A. Sorokin and Walter A. Lunden, Power and Morality: Who Shall Guard the Guardians? (Boston: Porter Sargent, 1959), pp. 16-30.
[4] Frank S. Meyer, In Defense of Freedom: A Conservative Credo (Chicago: Henry Regnery, 1962), p. 66.
[5] Thomas E. Davitt, S.J., “St. Thomas Aquinas and the Natural Law,” in Arthur L. Harding, ed., Origins of the Natural Law Tradition (Dallas, Tex: Southern Methodist University Press, 1954), p. 39
[6] A. P d’Entrèves, Natural Law (London: Hutchinson University Library, 1951), pp. 51-52.
[7] Karl Wittfogel, Oriental Despotism (New Haven: Yale University Press, 1957), esp. pp. 87-100.
[8] Acerca de esto y otras sectas cristianas totalitarias, véase Norman Cohn, Pursuit of the Millenium (Fairlawn, N.J.: Essential Books, 1957).
[9] Dale Vree, “Against Socialist Fusionism,” National Review (Diciembre 8, 1978), p. 1547. El artículo de Heilbroner se publicó en Dissent, Verano 1978. Más sobre el artículo de Vree en Murray N. Rothbard, “Statism, Left, Right, and Center,” Libertarian Review (Enero 1979), pp. 14-15.
[10] Journal of Political Economy (Diciembre 1938), p. 869. Citado en Friedrich A. Hayek, The Road to Serfdom (Chicago: University of Chicago Press, 1944), p. 152.
[11] “The Forester’s Letters, III,”(orig. in Pennsylvania Journal, Apr. 24, 1776), en The Writings of Thomas Paine (ed. M. D. Conway, New York: G. P. Putnam’s Sons, 1906), I, 149-150.
[12] F. A. Harper, “Try This On Your Friends”, Faith and Freedom (January, 1955), p. 19.
[13] F. A. Hayek, Individualism and Economic Order (Chicago: University of Chicago Press, 1948), enfatizado en el curso de su “Why I Am Not a Conservative,” The Constitution of Liberty (Chicago: University of Chicago Press, 1960), p. 529.
11 JUNIO 2011 PUBLICADO POR: DANIEL via orden voluntario

EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, OPINIÓN, NOTICIA, REPUBLICANO LIBERAL, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA, INTERNACIONAL, ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA