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martes, 12 de febrero de 2013

LA NACION DE ARGENTINA, EDITORIAL, EL FRACASO DE LA ESTATIZACION Y LA INTERVENCIÓN EN EL AGRO

 

La Nación - 11-Feb-13 - Opinión

http://www.lanacion.com.ar/1553673-el-fracaso-de-la-estatizacion-y-la-intervencion-en-el-agro

Editorial I
El fracaso de la estatización y la intervención en el agro

La ola estatizadora que impulsa el Gobierno en la economía se devora
la renta del campo y genera un retroceso que tardará en revertirse

Paso a paso, mediante impuestos, distorsiones y normas que aumentan los costos, se va concretando lo que se percibe como la estatización de la renta agraria, un propósito nacido de las entrañas del poder kirchnerista a poco de asumido el poder y esencialmente a partir de 2005, hace ya ocho años. Para ello se utilizaron cuantos mecanismos resultaron necesarios.

Bajo la tutela del secretario de Comercio Interior y contando con los sueños de quienes añoraron los organismos oficiales reguladores léase Juntas de Granos y otros- se crearon los Registros de Operaciones de Exportación, los ROEs verdes, rojos y blancos, destinados a disciplinar las exportaciones de granos, carnes y lácteos. Quiso ser una manera de desacoplar el mercado interno del exterior para beneficio de lo que denominó "la mesa de los argentinos", verdaderos destinatarios, según la versión oficial, de la producción de alimentos. El trigo fue objeto de fijación de cupos de exportación que distorsionaron de tal modo el mercado que redujeron el precio del cereal en el orden de los 50 dólares por tonelada, engrosando el bolsillo de terceros.

La Federación Agraria, por su parte, se vio despojada de la certificación del acopio de granos y de la emisión de las cartas de porte para el transporte de las cosechas, en tanto que el gobierno nacional asumió el control del Renatre, el registro de los trabajadores agrarios, funciones éstas de fuerte contenido estatizante. Las retenciones a las exportaciones, por su parte, alcanzan al astronómico 35 por ciento para la soja, 23 por ciento para el trigo y 20 por ciento para el maíz. Ocurrió por entonces el conflicto por la Resolución 125, destinada a establecer retenciones móviles a los granos, cuyo fracaso dejó una cicatriz nunca cerrada en las relaciones entre el agro y el Gobierno.

Por su lado, ganados y carnes comenzaron a ser hostigados en 2005 con acuerdos de precios seguidos de precios máximos cuya aplicación dio lugar a la prohibición de las exportaciones, medida extrema que afortunadamente fracasó por incompetencia en la redacción de la disposición administrativa que permitió la continuidad de buena parte de las exportaciones.

A todo esto, se derogó la devolución de los impuestos indirectos a las exportaciones de carnes y productos del agro, al mismo tiempo que se aumentaron las retenciones a sus exportaciones del 5 por ciento al 15 por ciento y se instrumentó un régimen de cuotas de exportación. Para incrementar la oferta interna de carnes bovinas se sancionó un sistema de subsidios a la producción en corrales que alcanzó altos registros, algunos de los cuales permanecen impagos mientras que otros son motivo de investigaciones por corrupción. Más recientemente, se sancionó un sistema llamado de encajes, en virtud del cual las empresas exportadoras deben reservar una proporción de su capacidad de almacenamiento, una suerte de stock de seguridad para abastecer el mercado interno , cuyo porcentaje fue variando con el tiempo.

Sin agotar el recetario intervencionista, se sancionó el régimen de la Gran Barata, por el cual se obliga a las mayores empresas exportadoras a vender carnes a precios reducidos a las grandes cadenas de supermercados. La condición para recibir ROEs y luego un preROE es, justamente, participar en las "baratas".

El inventario hasta aquí realizado sólo en materia de granos y carnes, y muy resumido, permite conocer la formidable artillería estatista e intervencionista en cuyo contexto quedó plasmado uno de los fracasos de la economía kirchnerista. En efecto, en menos de 10 años, la ganadería vacuna perdió entre 8 y 10 millones de cabezas y su exportación declinó a 180.000 toneladas por año, un tercio del promedio del último decenio.

Del lado de los granos, el fracaso se concentró en el trigo, cuya siembra se redujo de seis millones de hectáreas anuales a solo 3,5. Con una mirada indulgente, se puede concluir que el "yugo de la soja" puso a salvo de otro gran fracaso colectivo al sector granario, aunque el maíz, el girasol y el sorgo mantuvieron cosechas sin los crecimientos esperables. Finalmente, la cruda síntesis realizada requiere sumar dos elementos cruciales, la creciente inflación y el tipo de cambio a todas luces insuficiente.

Este es un reenvío de un mensaje de "Tábano Informa"
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miércoles, 14 de marzo de 2012

LA NACION DE ARGENTINA EDITORIAL VENCER EL MIEDO

Tábano Informa

La Nación - 13-Mar-12 - Opinión

http://www.lanacion.com.ar/1456050-vencer-el-miedo

Editorial I
Vencer el miedo

La consolidación de la vida democrática impone que distintos
sectores abandonen un silencio que avala los abusos de poder

En los últimos años se ha ido construyendo en nuestro país, fundamentalmente en sectores empresarios, una creciente sensación de que es mejor callar lo que uno piensa, sobre todo si esto contraría las acciones del gobierno nacional.

Este clima de miedo es contemporáneo con el llamado "relato", esto es, el modo como las más altas autoridades del Gobierno se ven a sí mismas y les gusta que las reflejen. Si alguien desliza un comentario que no encaja en esa leyenda creada desde el poder político, será invadido por un fuerte temor de que algo malo podrá sucederle.

El miedo a verter opiniones o a difundir informaciones que podrían incomodar a las autoridades nacionales puede advertirse en empresarios, en economistas, en representantes de organizaciones sociales o fundaciones, en sectores religiosos, en intelectuales, en periodistas y en dirigentes políticos, incluso del propio oficialismo.

Sería interesante desgranar ese sentimiento para poder ver cuánto de cierto hay detrás de ese llamativo silencio en actores que, tradicionalmente, eran protagonistas. Hoy, por ejemplo, no hablan algunas organizaciones sociales que nunca dejaban de hacer oír su voz cuando la calidad institucional era amenazada. Por caso, muchas de ellas se han callado ante el oscuro Proyecto X.

También hicieron silencio frente a las desafortunadas declaraciones de la Presidenta sobre los docentes, a quienes descalificó sin fundamentos, acusándolos de trabajar sólo cuatro horas diarias y de tomarse tres meses de vacaciones. La hipocresía de algunos sectores es a menudo palpable en actos oficiales, donde empresarios y sindicalistas aplauden ante las cámaras de TV anuncios presidenciales que luego, lejos de las cámaras y micrófonos, no dudan en cuestionar.

Igual actitud se observa en dirigentes del oficialismo que despiden con aplausos al secretario de Transporte saliente a pesar de que sobre sus espaldas carga la vida de 51 personas muertas y más de 700 heridos.

Hemos visto más de una vez cómo se usan las herramientas del Estado para intentar enderezar a los que piensan distinto y se animan a expresarse. Pero, a pesar de ese peligro, es un riesgo que se debe correr para evitar caer en el discurso único que llevaría al país a un estancamiento más profundo. Ejemplos cercanos tenemos en el continente.

La vida democrática se nutre de la diversidad de ideas y del debate constructivo. Si distintos sectores de la Nación se dejan ganar por el miedo o pretenden prosperar a la sombra del poder político, no sólo se estarán resignando a no levantar vuelo, sino que les seguirán haciendo un grave daño a las instituciones y a la libertad de expresión.

Es verdad que el diálogo y la discusión de ideas difícilmente pueda producirse con un gobierno que entiende al principio de división de poderes como un mero obstáculo burocrático. Pero si se persiste en el silencio con el afán de obtener una pequeña ventaja sobre los demás, si prevalece la mezquindad sectorial, no harán más que profundizarse los abusos de poder, el intervencionismo cada vez más arbitrario y las provocaciones de quienes manejan los resortes del Estado.

La bonanza de la economía ha sido con frecuencia una excusa para callarse la boca. El consumo exacerbado a veces mitigaba o sepultaba cualquier crítica. Hoy, no vivimos precisamente momentos florecientes en el terreno económico y, seguramente, no podamos echarle la culpa al mundo. En todo caso, es responsabilidad de un gobierno que prefirió escuchar los elogios hipócritas de muchos antes que los cuestionamientos constructivos de quienes se animaron a formularlos.

Es por eso preciso desmitificar el clima de miedo e invitar a todos los sectores a actuar con coraje cívico, respondiendo a quienes bregan por la consolidación de un pensamiento único mediante atropellos autoritarios.

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