BIENVENIDOS AMIGOS PUES OTRA VENEZUELA ES POSIBLE. LUCHEMOS POR LA DEMOCRACIA LIBERAL

LA LIBERTAD, SANCHO, ES UNO DE LOS MÁS PRECIOSOS DONES QUE A LOS HOMBRES DIERON LOS CIELOS; CON ELLA NO PUEDEN IGUALARSE LOS TESOROS QUE ENCIERRAN LA TIERRA Y EL MAR: POR LA LIBERTAD, ASÍ COMO POR LA HONRA, SE PUEDE Y DEBE AVENTURAR LA VIDA. (MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA) ¡VENEZUELA SOMOS TODOS! NO DEFENDEMOS POSICIONES PARTIDISTAS. ESTAMOS CON LA AUTENTICA UNIDAD DE LA ALTERNATIVA DEMOCRATICA
Mostrando entradas con la etiqueta EL VALLE SIN AMOS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta EL VALLE SIN AMOS. Mostrar todas las entradas

domingo, 19 de octubre de 2014

OSWALDO ÁLVAREZ PAZ, EL LIBRO DE LUIS JOSÉ OROPEZA, DESDE EL PUENTE,

“Venezuela: Fábula de una riqueza… El valle sin amos” es un trabajo importante. De indispensable lectura en este tiempo donde la mayoría de los compatriotas, incluidos los socialistas del gobierno y el pluralismo multisápido de la oposición, somos herederos de una tradición profundamente mercantilista, centralista, con sus matices, a pesar de la retórica federal que acompaña muchas declaraciones públicas y hasta el texto constitucional. No olvidemos que aquello de “Dios y Federación” en las correspondencias oficiales pocas veces hace justicia a su contenido.

El doctor Luis José Oropeza, viejo y noble amigo caroreño, hace un aporte de extraordinario valor para el debate que debemos de librar en la Venezuela de hoy. Luis José es abogado, economista y especializado en ciencias políticas, egresado de afamadas instituciones universitarias nacionales y extrajeras.

Tiene una amplia experiencia, teórica y práctica, en el mundo de la política, de la industria y el comercio, de la banca y las finanzas y, más que todo eso, en las cosas de la amistad y de la vida. Explica su visión sobre la evolución histórica de nuestra cultura en materia económica, el rol del Estado-gobierno, el papel cumplido por el sector privado de la economía, la tragedia de los que se han levantado al margen y hasta en contra de la voluntad de quienes dirigen el sector público, es decir, con su propio esfuerzo superando las indebidas interferencias de los gobiernos y también de una competencia no siempre honrada, prevalida de “complicidades” con el poder. Por supuesto que todo esto incluye la incertidumbre generalizada en el ciudadano común frente al presente y el futuro, con raíces tan condicionadas por un pasado que debemos superar definitivamente.

Yo comparto su pensamiento y obra, pero estoy seguro que otros discreparán del todo o, al menos, de partes fundamentales del análisis y conclusiones. Se trata de una invitación al debate pendiente sobre temas fundamentales. Invito al estudio de esta obra.

Oswaldo Alvarez Paz
oalvarezpaz@gmail.com
@osalpaz

EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, DIARIO DE OPINIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, ACTUALIDAD INTERNACIONAL, OPINIÓN, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, REPUBLICANISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA,ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA,CONTENIDO NOTICIOSO,

jueves, 25 de septiembre de 2014

ANÍBAL ROMERO, VENEZUELA: FÁBULA DE UNA RIQUEZA

El propósito de estas notas, por una parte, es dar cuenta de la reciente publicación del libro de Luis José Oropeza, Venezuela: fábula de una riqueza. El valle sin amos (Caracas: Artesano Editores, 2014, con el patrocinio de Cedice). 

Esta obra de Oropeza constituye un importante aporte al debate de ideas en el país y merece amplia difusión. El autor aborda temas socioeconómicos, politicos e ideológicos de fundamental relevancia a lo largo del devenir histórico venezolano, enfocándose con especial detalle en algunos de los mitos culturales que mayor influencia han ejercido sobre nuestra evolución como pueblo. Entre estos últimos, desde luego, destaca el mito de la existencia de un presunto “país inmensamente rico” debido a sus recursos naturales, y capaz por ello de proveer sin mayores empeños, dedicación, trabajo, creatividad y esfuerzo, la prosperidad y el bienestar ansiados por los habitantes de la “tierra de gracia”.

Lo que concede particular originalidad al libro de Oropeza es que ha sido escrito desde la perspectiva de un genuino empresario, es decir, de una persona que ha conocido de manera directa lo que significa e implica generar riqueza en Venezuela a través de la inversión privada, de la puesta en riesgo del capital propio y no del Estado, procurando crear puestos de trabajo, innovación gerencial y progreso perdurable para individuos y familias. En vista de que la condición de empresario es hoy más que nunca perseguida y denigrada en Venezuela, las puntualizaciones de Oropeza, muy arraigadas en su tradición familiar y su experiencia personal, adquieren una densidad singular y hondamente reveladora acerca de los enormes obstáculos que enfrenta Venezuela como sociedad, para salir del foso en que se ha hundido.

Por otra parte, deseo acá desarrollar algunas reflexiones inspiradas por la lectura del libro, en torno a la actual situación del país y sus perspectivas. Debo en tal sentido advertir que las líneas que siguen no forman parte de una reseña propiamente dicha de la obra de Luis José Oropeza, sino más bien de consideraciones posteriores a la lectura de su libro, por las que asumo exclusiva responsabilidad.

Resulta evidente para quien estudie con criterio ponderado la historia moderna de Venezuela, que nuestra sociedad comparte de manera predominante ciertas percepciones, imágenes y convicciones sobre el país que tenemos. Tres de ellas tienen gran importancia: La ya mencionada idea según la cual Venezuela es un país “rico” debido a sus recursos naturales, que son concebidos como abrumadoramente abundantes e inagotables. En segundo lugar la percepción de que el interés público que dichos recursos deben servir no puede surgir de la suma de intereses privados, a la manera de la “mano invisible” de Adam Smith, sino que tienen que ser manejados por el Estado centralizado, única entidad capaz de usar los recursos en función de la “justicia social”. Por último, en tercer lugar, la cosmovisión más extendida entre la mayoría incluye la inocultable tendencia a aguardar que algún mesías benevolente, un jefe justiciero, un caudillo admirable se ocupe de asegurar que las expectativas de justicia se cumplan.

Los diversos y complejos orígenes, así como el proceso de formación de las anteriores imágenes y pulsiones colectivas, han sido analizados por buen número de estudiosos de nuestro rumbo histórico hasta el presente, entre ellos el propio Oropeza, y no es mi propósito repasar acá el amplio legado de hallazgos que la labor de nuestros intelectuales, académicos e investigadores ha aportado.

Lo que busco es señalar y comentar tres asuntos: 

Primero, no cabe duda que el masivo peso de las imágenes y convicciones antes mencionadas, coloca enormes obstáculos en el camino de cambiar las deplorables realidades de una sociedad que existe en el engaño, para transformarse gradualmente en un país cuya prosperidad se sustente en el trabajo, la disciplina personal, el apego a la familia y la voluntad de convivir en un espacio de libertad. 

Segundo, parece claro que para desgracia de Venezuela y durante quince nefastos y destructivos años, Hugo Chávez y el chavismo han representado la culminación más cabal de todas las distorsiones colectivas que la “fábula de una riqueza” ha inoculado en el torrente psíquico de vastos sectores sociales. 

Tercero, frente al desafío impuesto por el mito de El Dorado y de quienes le manipulan para afianzar su poder politico y económico, la dirigencia opositora que hoy intenta enarbolar las banderas de un cambio tiene dos opciones: o bien rendirse frente a los obstáculos ciertamente existentes, o bien separarse claramente del modelo socialista en lo económico y lo político, y luchar para abrir a una mayoría de venezolanos una senda de esperanza con otras bases e ideales.

Cabe preguntarse: ¿Qué sentido tiene para la oposición asumir el proyecto socialista, o imitaciones y versiones atenuadas del mismo, ante la patente evidencia de sus terribles resultados? El hecho de que los sectores populares se engañen acerca de la realidad, ¿debe llevar a los jóvenes politicos de la oposición a aceptarlo resignadamente, o más bien a combatir por otra vía hacia el futuro, que suscite ánimo, respaldo y compromiso? ¿Es la verdad un valor en la política, especialmente en situaciones críticas como las que hoy experimenta Venezuela, o debe la verdad ser desechada para en su lugar nadar con la corriente de la mentira?

Estas interrogantes me acosaron de modo muy intenso luego de ver en internet, con mucho interés y detalle, el video de una entrevista  de alrededor de 25 minutos, realizada por un canal de televisión internacional a quien fue candidato presidencial de la oposición en abril de 2013.

Dos aspectos me llamaron profundamente la atención. De un lado, este joven politico dijo en algún momento que las palabras democracia y libertad nada representan para los sectores pobres del país. De otro lado, aunque de manera indirecta, el entrevistado criticó a individuos y grupos opositores que no comparten su visión de lo que exige la lucha contra el régimen vigente. Lo que me impactó de esas no tan sutiles referencias es que varios de los cuestionados sufren ahora mismo arbitrarias penas de prisión, a raíz de su combate frontal contra el gobierno socialista respaldado por Cuba, y que decenas de estudiantes murieron este año en luchas callejeras que serán recordadas como una gesta heroica. Lo primero me pareció miope; lo segundo mezquino.

Nada personal tengo contra quien fue el candidato de la oposición en abril de 2013. Reconozco su esfuerzo entonces, aunque en ese momento clave me desconcertó su actitud ante el fraude por él mismo denunciado, y desde entonces me deja perplejo su línea política ante un régimen dictatorial que aspira esclavizar por completo a Venezuela.

Precisado ese punto, no entraré tampoco a discutir las distintas estrategias que dividen a la oposición democrática. Mi propósito es otro y se vincula a la reflexión que he venido previamente delineando.

Aún si admitimos, en aras del argumento, que en efecto los sectores más necesitados de Venezuela solo tienen interés en sus problemas materiales y no les importan la libertad y la democracia (cosa que por lo demás no creo sea cierta), ¿no es acaso el deber de los dirigentes que aspiran superar este régimen y abrir puertas a otro plantear al pueblo un mensaje de libertad, democracia e independencia nacional frente a la Cuba castrista? ¿No es acaso la política también pedagogía? Y si un dirigente de relevancia, como el acá reseñado piensa como dijo hacerlo de nuestro pueblo, ¿qué busca entonces en y de la política? ¿Para qué llegar al poder en función de la perdurabilidad del autoengaño que asola a los venezolanos, en particular los de menos recursos? ¿Será tal vez que no pocos en la oposición continuán siendo, en el fondo de su espíritu, socialistas, y de allí que les resulte tan difícil confrontar al régimen en el terreno de las ideas y no meramente el de la eficacia? 

¿Qué sentido tendría poner fin al socialismo de Chávez-Maduro para inaugurar el socialismo de la oposición?

Para que exista una “salida” tiene que haber una “entrada”; y si bien, repito, no voy a discutir estrategias, sí quiero hablar de lo que significa la verdad en política. En tal sentido sostengo que los dirigentes que en su momento insurgieron alrededor de la bandera llamada “la salida” han tenido el coraje de decir la verdad, y por lo tanto lograron como mínimo una entrada digna al terreno de la lucha política.

Y la verdad, como lo vienen afirmando con gran valentía Leopoldo López y Maria Corina Machado, entre otros, es que Venezuela vive bajo una dictadura. ¿Y qué es una dictadura? La respuesta no es en absoluto complicada: una dictadura es un régimen capaz en todo momento de actuar con arbitrariedad contra los ciudadanos que se le oponen o le resultan molestos, por las razones que sean. La caracterización de una dictadura no se fundamenta principalmente en la represión sistemática, las persecusiones y las torturas, entre otros rasgos, aunque normalmente dichos rasgos son parte del significado de “dictatorial”.

La esencia de una dictadura es el carácter arbitrario del poder que ejerce, y es por ello que el régimen que gobierna en Venezuela es una dictadura. Y es por ello que la “entrada” solo hallará “salida”, cualquiera que esa salida sea, si tal “entrada” surge de la verdad.

Anibal Romero
aromeroarticulos@yahoo.com


EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, ACTUALIDAD INTERNACIONAL, OPINIÓN, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, REPUBLICANISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA,ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA,CONTENIDO NOTICIOSO,

miércoles, 6 de agosto de 2014

ENRIQUE MELÉNDEZ, VENEZUELA SE HA DEDICADO A PERDER LA GUERRA FRÍA, DISCURSO DE LUIS JOSE OROPEZA,

El doctor Luis José Oropeza afirma que, habiéndose ganado la guerra fría, Venezuela se ha dedicado a perderla, y se va por los perdedores.

Destaca que no hemos tenido sino Constituciones románticas. “Nosotros hemos hecho Constituciones; que prevén la conformación de un Estado; que hacen la estructura del Estado; pero que se olvidan de la sociedad”.

La afirmación la hizo en la presentación de su libro “Venezuela: la fábula de una riqueza. El valle sin amos”, en un evento, que se realizó en Cedice, y que contó con la presencia del sector académico, ligado al doctor Oropeza.

A continuación el texto de su discurso:

Este libro me nació de la preocupación, que fecundaba en mí en torno a la idea de que no es posible que la política de independencia de los pueblos de América Latina a estas alturas del Siglo XXI todavía no haya podido superar los estratos más elementales, los escalones más elementales de una posibilidad de surgir, de crecer y de prosperar. Somos casi un “Haití” continental. Ahora, lo que sobrepasó todos los límites, es que habiéndose ganado la Guerra Fría, Venezuela se dedica a perderla, y se va por los perdedores. Ya yo no pude resistir más.

Definitivamente, había que lanzarles a los venezolanos algunas preguntas, interrogantes, indagaciones. ¿De dónde viene esto? Y cuanto más temor me daba es que si este régimen actual del siglo XXI llega a su fin, nosotros nos vamos a ser los suizos, y vamos a decir que todo se debe a Chávez. Eso no es verdad; todo se debe a nosotros, a nosotros mismos, a nuestra historia; a nuestra trayectoria en el pasado. Se remonta, incluso, a los tiempos del Estado colonial.
                                                                                             
Cuando Colón vino a América trajo consigo las ideas del Estado que tenían los reyes católicos, y aquí instalamos desde entonces la concepción del Estado como un ente bienhechor; incapaz de hacerle daño a nadie, incapaz de perjudicar, y salvar a todo el mundo. Los 300 años de La Colonia superan en 100 años los 200, que tenemos de independencia. Fuimos un país sometido al régimen mercantilista, absorbente, terriblemente, eficaz en impedir que la sociedad civil tuviera un valor importante.
                                                                                             
Cuando llegó la independencia, nosotros nos confundimos; cuando nos independizamos de España creíamos que había ganado la libertad, y todavía no la hemos ganado. Nosotros no somos independientes. Eso es mentira la emancipación de 1821 o del 10 ó del 11.

Porque en aquel momento nos independizamos de un país extraño. Pero nos sometimos al yugo de una tiranía doméstica. ¿Entonces, cómo vamos a ser libres, si en lugar de una corona se instala entre nosotros un poder omnímodo; de un hombre que lo sabe todo; que lo tiene todo; que es capaz de todo, y que nos va a salvar?

Y fueron los intelectuales los que crearon ese mito. Elías Pino Iturrieta en la presentación de este libro dice que yo pongo el dedo en muchas llagas. Eso es verdad. Una de las llagas es Fermín Toro. A nosotros nos enseñaron, desde que estudiamos bachillerato, que Fermín Toro era un prócer; excepcional, impecable, intachable. A mí no se me olvida al doctor Rafael Caldera, dándonos clases a nosotros, exaltando la figura egregia del gran republicano.
                                                                                             
Un hombre que le dijo a Monagas: “Usted me violentará, pero sepa que Fermín Toro no se prostituye”. Eso es verdad. Eso fue un gran valor cívico. Pero cuando uno lee los reportes que él escribió sobre la Ley del 10 Abril de 1834, entonces se da cuenta lo que él pensaba. ¿Qué era lo que pensaba? Que las sociedades tenían que lograr primero la igualdad. ¡Incluso a costa de la libertad!
                                                                                             
Bueno, eso fue lo que se dijo en la Revolución del 17, que para ser iguales había que arrasar a todo el mundo: la igualdad impuesta. Por eso a mí me impresionó mucho una frase de Hayek, cuando en uno de esos eventos que tenemos aquí en Cedice, manifestó que el gran factor del desarrollo humano era la desigualdad. Porque con desigualdad los hombres se superan. Las virtudes de la adversidad funcionan.
                                                                                             
Si todos fuéramos iguales, nadie trabajara, y esto es más o menos lo que es el comunismo. Bueno, ustedes saben que para justificar las tiranías en Venezuela, hubo un gran intelectual, Laureano Vallenilla Lanz; quien escribió a ese propósito “Cesarismo Democrático”. Ese fue un libro que trascendió muchos años, mucho tiempo y se hizo el libro esencial, para justificar las dictaduras en Venezuela.
                                                                                             
Pero a mí me parece que el precursor de esas ideas no fue el viejo Vallenilla. Fue Fermín Toro, y lo que más me preocupa de Fermín Toro y del tiempo en que vivió Fermín Toro es que todos sus compañeros; los grandes liberales del siglo XIX; desde el fundador de su partido: Santos Michelena, Juan Vicente González; todo ese gentío no dijo una palabra; ni censuró a Fermín Toro. A mí no me preocupa tanto que Fermín Toro lo diga; sino que lo admitan los demás.
                                                                                             
Entonces, ¿cómo fue que se le escapó la bola a estos señores por los pies? ¿Cómo no se dieron cuenta de que, incluso, había que sacrificar la libertad? El Negro (el economista y profesor Antonio Paiva), que está sentado allá, me pasó unas notas sobre Santos Michelena una vez, y allí decía que Santos Michelena, siendo ministro de Páez, no tenía ninguna potestad para decirle a éste: “Usted no puede influir sobre el Congreso. Hay separación de poderes. Usted no se puede meter en la Corte Suprema de Justicia”
                                                                                             
Páez no podía entender eso. Es posible que lo haya leído todo, incluido el libro de Adam Smith, pues la obra La Riqueza de las Naciones es del mismo año de la Revolución Americana. Seguro que ya todos estos planteamientos eran sabiduría convencional en Europa. Pero, ¿por qué en nuestro medio no?

Nosotros nos creímos distintos. Ese libro mío yo no sé si me quedó bueno o malo. Lo que sí es verdad es que plantea temas fundamentales, en los cuales hay que pensar; sólo por ello, yo les pediría a los lectores que le pongan cuidado.
                                                                                             
La verdad es que el tema de la riqueza en Venezuela no existe, porque no lo han dejado crear. Quiero advertir una cosa: yo no soy enemigo del Estado, yo no soy enemigo del Estado de Noruega; que tiene un trillón de dólares, con la mitad de la producción petrolera que tuvo Venezuela, y los tiene guardados, como hacía antes nuestro país, en un fondo.

Ellos se copiaron de nosotros. El viejo Pérez Alfonso y Betancourt inventaron la separación del Tesoro; para crear el Fondo de Inversiones de Venezuela, y lo establecieron, y Noruega se copió de eso. Nosotros, que fuimos los originarios de la idea, destruimos más de un trillón en los últimos años, más lo que se destruyó en la República civil, pero aquí el Estado ha sido el factor más eficaz para impedir el fomento de la riqueza.
                                                                                             
Ahora, ¿por qué a mí me da miedo lo que está pasando, y por qué yo pienso que hay que crearse conciencia? El trabajo que yo estoy haciendo nuevo es, precisamente, eso. Tiene que ver con las Constituciones románticas de Venezuela. Nosotros hemos hecho Constituciones; que prevén la conformación de un Estado; que hacen la estructura del Estado; pero que se olvidan de la sociedad.
                                                                                             
Por eso es que los americanos tienen una Constitución que data de hace 200 años. Porque ellos dijeron: nosotros tenemos que tenerle miedo al Estado. Porque el Estado no siempre es bueno; pues, como decía Hume, los Estados deben hacerse con las suficientes previsiones, como para que lo maligno no haga tanto daño. Nosotros creímos que las Constituciones eran para entregárselas a los arcángeles, ángeles y querubines. ¿Qué nos pasó? Bueno, entre querubines andamos.
                                                                                             
Cuando yo terminé de escribir este libro me dije: aquí pasa algo, porque yo escribí estas cosas. Resulta que yo soy de un pueblito de Venezuela, llamado Carora, del siglo XVI, y allí desde el 1900 la iniciativa privada hizo hospitales, maternidades, teléfonos, luz eléctrica, el ganado raza Carora. Todo eso fue hecho por una elite de inversionistas privados; donde el gobierno no se metió.
                                                                                             
Y cuando el gobierno, después, nacionalizó los hospitales. Todo se acabó , y todo es igualito a Caracas. No sirve. El hospital fue un modelo en Venezuela durante 40 años. Por cierto, no sé si ustedes han visto esa versión en internet del Technology, Entertainment, Design, el TED. Oigan el TED.

Esa idea de Carora me salió a mí de una intervención de Paul Bowles, el profesor de Princeton; quien dijo que había que hacer ciudades con estatutos especiales; donde el Estado no se metiera; donde las normas fueran distintas, para ver si era posible. Fue cuando dijo que Guantánamo fuera un Hong Kong. Enseguida yo me dije: pero si eso fue lo que pasó en Carora. No sería un Hong Kong. Pero sí hubo una iniciativa privada.

Aquí, pues, convivimos con una serie de mitos. Los americanos no tienen colonos, los colonos son de nosotros no más. No hay libertadores, hay los father Father. A nosotros nos encanta un mito y un gran personaje. Y no podemos estar toda la vida pensando que las instituciones hay que hacerlas lo suficientemente ponderadas, para asegurarse de que siempre va a haber un Rómulo Bentancourt que se va a adueñar de ellas.

Rómulo no abusó de las instituciones privadas. Pero, lamentablemente, Venezuela ha tenido tantos caudillos; tantos malhechores, tantas circunstancias, que nos han dañado; nos han perjudicado, y nos han metido en el drama que estamos viviendo. Yo no quiero asentar la idea de que yo soy pesimista. ¡Yo no soy ni optimista ni pesimista!

Eso es una tontería muy grande: ser optimista por optimista y pesimista por pesimista. Solamente, existe la idea de analizar críticamente las cosas. O sea, lo que es blanco es blanco. Nosotros no podemos estar creyendo en mitos. A nosotros nos encanta el mito. De ahí es de donde viene. Porque nos encanta montarnos en una fábula.
-Señores: yo no creo que el optimismo sea un recurso; el voluntarismo es muy útil. Pero no es la fórmula mágica para salir de las adversidades. De manera que yo dejo en manos del lector esos papeles y esas páginas.

Enrique Melendez O.
melendezo.enrique@yahoo.com
@emelendezo

EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, ACTUALIDAD INTERNACIONAL, OPINIÓN, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, REPUBLICANISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA,ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA,CONTENIDO NOTICIOSO,