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viernes, 30 de mayo de 2014

SAÚL GODOY GÓMEZ, PEIRCE Y LAS COMUNICACIONES,

Fue en Michigan, donde me apliqué con intensidad en la Teoría de las Comunicaciones, dentro de la cual vi la semiótica, no fue sino hasta unos años después que me di cuenta de las grandes diferencias entre la escuela anglosajona de semiología y la europea continental, sobre todo la francesa, quienes tienen al ginebrino  Ferdinand de Saussure (1857-1913) como fundador de esta disciplina. 

El bostoniano Charles Sanders Peirce (1839-1914) padre, entre otras cosas, del pragmaticismo (para diferenciarla del pragmatismo de William James) como filosofía, uno de los más portentosos lógicos de su tiempo y fundador igualmente de los estudios de semiótica, de la verdadera, fue para nosotros, la brumosa clase del 76, nuestro guía en los laberintos del buen pensar y del buen decir.
Para Peirce lógica era semiótica y como tal, la estudió desde dos puntos de vista: “…una teoría del razonamiento científico y también una teoría del razonamiento de los hombres prácticos acerca de los asuntos de cada día- más adelante explicaba - Defino la lógica… como el estudio de las leyes formales de los signos”.
Los gringos no se andan por las ramas, mientras para los europeos el acto de la comunicación es algo retorcido, profundo y complejo que no se puede explicar sino luego de un exhaustivo preámbulo sobre la imposibilidad de comunicarnos, por aquello de que las palabras son polisémicas y cada quien entiende como puede o quiere.  Para mis profesores en el norte, la materia se resumía en: “Comunicación es un proceso de transmitir un mensaje de modo que el recipiente lo entienda” y a partir de allí fuimos descubriendo el fascinante mundo de las comunicaciones. 
Luego de mi regreso a Venezuela me sumergí en lo que significa comunicaciones para los europeos, en el transcendentalismo y la antropología, en la semiótica descrita por Eco, en la metafísica de las comunicaciones elaboradas por Habermas Jurgen, en lo que consideraba el poeta Paul Celan, cuando se refería al horizonte del lenguaje, que “trasciende la utilidad humana de la comunicación”, en los problemas sobre los límites del lenguaje explorados por Wittgenstein, o como plantea Derrida, el lenguaje como una fuerza independiente del sujeto, constantemente en movimiento, impidiendo la estabilización de los significados, haciendo de la comunicación un caos.
Para Peirce el conocimiento se sostiene en una estructura tríadica: el objeto, el carácter mediador del signo, y la mente del intérprete.  Su Teoría de la Interpretación y su idea de una semiosis sin límites, que conforman toda una filosofía ontológica del ser humano, me ayudaron a mantener la carreta en buen rumbo mientras surcaba las áridas planicies de la incomunicación, que según entendí, se trataba lo más importante para la escuela de comunicación europea.
“Cualquier cosa que algo sea, además de eso que es, también es un signo”- decía Pierce, convirtiendo la semiótica en filosofía, para entender su teoría de los signos hay que adentrase primero en su sistema de categorías fundamentales que básicamente trata de las cosas primeras, que son independientes de otras, las segundas, que son relativas a otras, y las terceras, que son un medio entre dos, afirmaba: “Todo el universo se encuentra penetrado por signos, si es que no se compone exclusivamente de ellos”.
Peirce fue un pionero al momento de poner en entredicho el determinismo, la creencia de que todo hecho particular del universo está determinado por leyes, que se impuso como doctrina científica en el siglo XIX, desmontó la teoría de la necesidad haciendo del azar un elemento absoluto pero sujeto a la domesticación estadística, es decir, por medio de la observación y las matemáticas, utilizando el método inductivo (él lo llamaba abducción aunque con particularidades propias) se podía hacer del azar una probabilidad que, en un mundo irreductiblemente fortuito, adquiere sentido y forma, es por ello que para autores como Ian Hacking, Peirce es uno de los padres fundadores de la Teoría del Caos.
Esta manera de pensar de Peirce está emparentada con las usadas por los mejores investigadores del mundo de la ficción, desde el detective Dupin, de  Edgar Allan Poe, pasando por Sherlock Holmes y terminando en Dr. Gregory House, personajes que desentrañan del mundo de los signos, significados que están ocultos para un observador sin entrenamiento, “… cada signo debe tener su interpretabilidad , una que le sea propia, antes de obtener un intérprete”, es solo por el método científico que se puede llegar a la verdad, y la contribución de Peirce, fue agregar a la deducción y a la inducción, “la abducción”, algo como un instinto, una percepción de conexiones entre aspectos del mundo que escapan a nuestra percepción normal.
Con el postmodernismo, la metafísica de las comunicaciones se fue haciendo más y más nihilista, al punto, de negar la posibilidad real de la comunicación, el lenguaje fue tomado como instrumento de opresión y explotación por el sistema mercantilista, la única manera de salir de la trampa era dándole significados y usos no convencionales, elevando a los poetas a la figura de guerrilleros del lenguaje, era el credo de France-Lanord el de resaltar el valor del silencio en una sociedad histérica por el ruido, el chismorreo y la basura periodística, de esta manera, el absurdo venció a la razón y se fueron por el despeñadero de la incredulidad y la relatividad, el resultado: la gran desconfianza que se ha sembrado en el acto que nos distingue como humanos, una destructiva crítica al mensaje, llena de todas las intrigas posibles y un discurso tan complicado que termina por ser inteligible, hasta finalizar en la idea de que no es quien habla quien utiliza el lenguaje, sino el lenguaje, utilizando al hablante.
En palabras del filósofo norteamericano Allan Bloom “El descubrimiento del sótano del alma, su exploración y la atracción a sus oscuros contenidos ha sido por mucho tiempo la especialidad del pensamiento Continental. Los oscuros deseos y la búsqueda de los elusivos cimientos de todas las cosas son los temas del siglo XIX y XX.”
Me resulta un misterio de cómo los europeos aún pueden entenderse entre ellos, aquí en Latinoamérica la mayor parte de nuestras escuelas han adoptado este modelo europeo (y socialista), con ello, la libertad de expresión se ha visto debilitada así como el derecho humano a la información, con este pensamiento sobre las comunicaciones se corre el peligro de extraviarnos en el laberinto de la deconstrucción, amenaza con enmudecer a todo un continente, como sucedió en Cuba y está sucediendo en Venezuela, Argentina, Ecuador, Brasil y Bolivia.
Cuando las comunicaciones son vistas como accesorias, que pueden manipularse para inculcar ideologías, se transforman en algo regulable, donde existe un proveedor y un usuario, se transforma en una actividad sujeta a cesura y a delitos, obviando lo fundamental, la necesidad humana de poner en palabras la experiencia del mundo, por ello es un derecho humano fundamental, y quienes se lanzan a cercenarlo, aunque sea en la más mínima de sus manifestaciones, están poniendo en peligro el edificio entero de la libertad, necesaria para expresar ese mundo simbólico.
Hemos visto en Venezuela como el proceso de comunicaciones se ha transformado en operaciones psicológicas por parte de un aparato de investigadores, operadores e ideólogos manejados desde Cuba, he escuchado al profesor Carlos Lanz referirse a las comunicaciones como fracturas del orden mental de los venezolanos para fines meramente políticos, preparatorios para la violencia y la desestabilización política, para este comunicador, ya fallecido, la información que circulaba en nuestro país no tenía ninguna veracidad, vivíamos del oportunismo político de grupos de interés, para él, los venezolanos éramos simples ratones en un inmenso experimento de manipulación en la 4ta. República, esta era la situación extrema- alegaba Lanz- a la que se llega por el camino de una comunicación instrumental, carente de significado, sin ética. Me gustaría saber la opinión del desaparecido intelectual a la luz de la dictadura mediática impulsada por el actual gobierno, lo que describía era un juego de niños en comparación con los excesos y el sometimiento comunicacional de este régimen militarista.
Chávez se quejaba de lo malo que resultaba su proceso de comunicación, nunca entendió que su gobierno no hacía comunicación, lo que transmitía en su propaganda, era alienación, manipulación, trataba de suplantar la realidad con unas ideas absurdas, no dialogaba, no escuchaba, hablaba y hablaba, y cuando era confrontado con el fracaso en la imposición de su pensamiento, culpaba a sus comunicadores, que de más está decir, eran y son bien malos, y para muestra, allí están los presentadores fascistoides de Venezolana de Televisión, “el canal de todos los venezolanos”.
Cuando llega Maduro al poder el concepto de comunicaciones se empobrece de manera importante, su primera necesidad era ocultar no informar, engañar, no ser verás; el estado en que se encontraba el país, gracias a las políticas socialistas, era realmente calamitoso y si había que continuar por esa ruta, era necesario crear un modelo mediático de la realidad e imponerlo a “trocha y mocha”.
Se incrementó de manera sustancial los actos de censura en los medios públicos y se creó la amenaza en contra de los medios privados; CONATEL, el organismo regulador de los medios radioeléctricos, cayó en manos de los mas fundamentalistas de la tribu chavista y se orquestó una serie de regulaciones que incidían hasta en las señales por satélites para evitar que los venezolanos nos enteráramos de lo que ocurría en nuestro entorno inmediato, ya la televisión estaba copada por los intereses del gobierno, la radio igual, apenas quedan algunas islas de libertad, pero el éxito de las redes sociales por internet les jugó una mala pasada y fue entonces que CANTV, la telefónica del gobierno y que controla la banda de transmisión de internet, empezó a manipularla para reducir su eficacia en la transmisión.
 No contento con esto, atacó de manera despiadada a los periodistas venezolanos por reportar la realidad que asumía imágenes de violencia callejera y represión policial, acusó a las telenovelas de promover el odio social, a los que escribían columnas de opinión de alentar la guerra, a quienes reportaban desde la calle las protestas de fomentar el miedo y las enfermedades mentales, con esto asfixió a la prensa impresa con la falta de recursos para adquirir papel, al hacer ilegal las protestas y tratar de regular las manifestaciones públicas trataba de amordazar al pueblo en su derecho de exigir derechos, su intención era aislar al país, nada entraba, nada salía, las posibilidades de recibir y enviar correos también lo amputaron, las posibilidades de poder viajar las redujeron al mínimo, no había posibilidades de enterarse de lo que pasaba en el mundo, las revistas y libros desaparecieron de la vida del venezolano, la censura fascista era total y aún así, la gente seguía comunicándose aunque fuera por señas…
Si quieren saber cuándo hay dictadura en un país, vean a sus medios de comunicación, averigüen el estado de la libertad de prensa, del derecho a estar informados, si existen aberraciones como lo son “las cadenas” que diariamente se imponen a la fuerza en contra del pueblo, si ven las enormes vallas y gigantografías del líder del gobierno diciéndose que es del “pueblo”, entonces tendrán los verdaderos indicios de una dictadura en pleno proceso.
El gobierno de Maduro diariamente, hora tras hora, minuto a minuto hace un enorme y costoso esfuerzo por convencernos de que el mundo que nos pinta y dice que vivimos es lo mejor del socialismo, de que somos felices y que todo se lo debemos a él y a su padre Chávez, sólo que olvida una cosa, que Charles S. Peirce dijo hace ya más de cien años, y es que la gente, por muy ignorante que sea para comprender el mundo real lo toma, lo reinterpreta y lo reconstruye a la luz de lo posible, y esa Venezuela que nos vende el chavismo nunca encaja en nuestra mente porque nunca encaja en nuestros bolsillos, en nuestros estómagos, en nuestra salud, en nuestras casas y barrios y en nuestras esperanzas. 
Saul Godoy Gomez
saulgodoy@gmail.com
@godoy_saul

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domingo, 25 de agosto de 2013

MARIO TASCÓN / YOLANDA QUINTANA SERRANO, REVOLUCIONES EN RED

Las redes sociales empiezan a desempeñar el papel que tuvo la prensa

Los ciudadanos reclaman en todo el mundo un cambio del modelo económico y político; lanzan mensajes con sus demandas a través de nuevas plataformas; y urgen un cambio en el ecosistema de los medios de comunicación.

En Madrid las personas congregadas en la puerta del Sol desde los primeros momentos del #15M clamaban contra los medios tradicionales que, a su modo de ver, no estaban destacando lo que sucedía en las calles. Sol se había llenado de manera inesperada para los políticos, la policía y… muchos periodistas.

Mientras que las protestas de la capital española ocupaban espacio en los informativos de los principales sitios web y televisiones tradicionales extranjeras, los medios locales apenas hacían ligeras menciones sobre aquel fenómeno que aparecía de improviso ante sus ojos y que incluso fue recibido por muchos comunicadores con aspereza.

Sin embargo el movimiento consiguió una gran repercusión pública sin que, en general, hubieran funcionado los mecanismos de mediación comunicacional convencionales. Las antiguas élites que estaban siendo acusadas (políticos, sindicatos, medios), los organizadores, y las nuevas masas que protestaban así como la propia población general se empezaron a enterar de lo que pasaba en un 82% por las redes sociales frente a un 33% por la tele o un 23% por la prensa, según datos del análisis Tecnopolítica y 15M.

El mecanismo viejo de transmisión de mensajes y movilización social no se había comportado como siempre, pero el efecto de lo nuevo mezclado con lo viejo era muy superior.

En las primaveras árabes los movimientos sociales habían pasado también desapercibidos para las agencias de prensa y los observadores internacionales hasta el estallido final. Los primeros y más recientes ecos de las manifestaciones apartidistas en São Paulo y resto de ciudades brasileñas solo fueron recogidos al principio por la prensa local e internacional como simples “protestas por las tarifas del transporte público”.

Los políticos están descolocados en un mundo que les cuesta comprender
En Turquía ha pasado lo mismo y las masas de indignados dieron la espalda a los políticos al igual que a los medios de toda la vida: ninguno les había anticipado nada de lo que se avecinaba. La gente a falta de periodismo independiente se ha puesto a tuitear. El terreno está abonado con el hartazgo social y por el silencio cómplice de diarios, radios y televisiones con la corrupción política.

Hace pocos días leíamos en este periódico: “Al concluir la protesta, el Movimiento por el Pase Libre de São Paulo emitió un comunicado en Facebook, su gran medio de difusión, donde decía (…)”. El gran medio de difusión de los brasileños no es la poderosa Globo TV, ni el popular diario Folha de Sao Paulo, es Facebook, una red social global.

Los indignados (en una gran parte las clases medias) han venido tomando esas redes como los nuevos medios de comunicación y difusión de ideas y actividades, a la vez que desarrollan una hostil actitud hacia buena parte del colectivo de la prensa convencional, al que acusan de, como mínimo, connivencia con el poder económico y político del cual emana la situación de crisis contemporánea. En México el importante movimiento #yosoy132 se inició como contestación a la supuesta imposición mediática del candidato Peña Nieto y su primer punto reivindicativo pide la democratización y transformación de los medios.

Históricamente en cada cambio político importante algún nuevo medio de comunicación había acompañado y crecido con la nueva élite emergente que luchaba por conseguir el poder. Siempre había una radio, un periódico hermanado de algún modo con las masas reformistas o revolucionarias. Hoy ese papel apenas es asumido por algunos periodistas individuales, pequeños medios digitales, redes de blogs o incluso antiguos y nuevos foros utilizados como catacumbas en las que se preparan y discuten estrategias políticas. Las cabeceras tradicionales están en gran parte ausentes.

La labor de watchdog (vigilantes del poder) que tradicionalmente se atribuyó a los periodistas ha desaparecido del imaginario de los lectores. No hay alli lugar más que para un puñado de periodistas que aguantan como pueden su imagen de independientes, y ahora a ellos se suman blogueros, tuiteros o redes de opinión colectiva en la que no se distinguen con claridad las voces más significadas porque cada día hay oportunidad para una nueva. Un problema incluso de interlocución para el poder tradicional que no sabe con quién tiene que hablar, con quién puede negociar, a quién intentar sobornar ya que no hay líderes. Las aristocracias políticas y financieras están inquietas. Lo anticipan las letras de grupos de punk rap como Los Chikos del Maíz en su canción El miedo va a cambiar de bando. Ahora es el rap y no el rock la música de la reivindicación.

¿Qué papel pueden tener los medios si están ausentes de las vidas de las personas?

El papel de foro de la opinión pública y la democracia está siendo arrebatado a los pseudo-parlamentos de tubos catódicos y los escaños de papel impreso por las nuevas élites conectadas que se empiezan a configurar y que llevan a la calle y a las redes la discusión política, en un nuevo espacio con tremendas resonancias a bits e incomprendido por las élites antiguas, desplazadas por una marea que en cada sitio adopta un color y una red social de cabecera. Políticos, pero también periodistas, se sienten descolocados en un mundo que les cuesta comprender. Ya lo anticipó Barlow en su Declaración de Independencia del Ciberespacio en 1996: “Gobiernos… no sois bienvenidos entre nosotros. No ejercéis ninguna soberanía sobre el lugar donde nos reunimos (la Red)”

Una idea antes podía ser transcrita con tinta en un papel, ser un titular, o la cubierta de un manifiesto; hoy pasa a convertirse en software y a formar parte de un nuevo mecanismo en el que la colectividad es capaz de mejorarla, moverla y discutirla a una velocidad que hubiera sorprendido a Antonio Gramsci, pensador comunista cuyas ideas sobre la lucha entre élites parecen hoy, muchas décadas después de su muerte, tan actuales.

Erdogan, primer ministro turco, hacía referencia a esta preocupación: “Hay un problema que se llama Twitter. Allí se difunden mentiras absolutas”. Una declaración que resume el sentir de muchos políticos, intelectuales…y periodistas. Hace años el punto de mira, el enemigo, en situaciones similares hubieran sido los medios de comunicación, ahora son las redes sociales, lo digital, porque tienen parte del papel que anteriormente tuvo la prensa; la opinión pública gravita sobre ellos, como si fueran una corriente, un caudal. Y los medios, sin negar el papel que siguen desempeñando en ocasiones, ven como parte de su posición social ha menguado, está siendo también desplazada. Sus propios trabajadores se acaban de manifestar en Estambul contra el autoritarismo del gobierno y la autocensura de las cabeceras para las que escriben.

El usuario de Twitter @Paktin sentenciaba: “Los medios turcos demostraron que ninguno es suficientemente valiente para hacer las noticias de hoy. La historia se está escribiendo a través de los medios sociales”.

La prensa lleva años debatiendo cuál es su nuevo modelo de negocio, incluso algunos se atreven a plantear una imprescindible transformación de producto más allá de las obvias metamorfosis a las que obliga el multimedia. La compra del Washington Post por Jeff Bezos no hace sino agitar esta polémica. Pero… y si la cuestión básica fuera ¿qué papel reclama la sociedad para los medios cuando se enfada con ellos por estar ausentes de sus cambios, de su vida? Contestando a esta última pregunta seguro que se halla la respuesta a las anteriores.

Mario Tascón y Yolanda Quintana son autores del libro Ciberactivismo: las nuevas revoluciones de las multitudes conectadas.



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