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lunes, 17 de agosto de 2015

GABRIEL S. BORAGINA, "CAPITALISMO DE ESTADO": ASPECTOS POLÍTICOS Y ECONÓMICOS


La expresión "capitalismo de estado" se ha hecho más frecuente que sus equivalentes: socialismo, comunismo y economía planificada (quizás con la posible excepción de la palabra "izquierda"), aunque todos ellos pretenden designar a un mismo y único sistema, como claramente lo explica el profesor Ludwig von Mises:

"Conviene distinguir netamente la economía de mercado de aquel otro sistema - imaginable, aunque no realizable- de cooperación social, bajo un régimen de división del trabajo, en el cual la propiedad de los medios de producción correspondería a la sociedad o al estado. Este segundo sistema suele denominarse socialismo, comunismo, economía planificada o capitalismo de estado. La economía de mercado o capitalismo puro, como también se suele decir, y la economía socialista son términos antitéticos. No es posible, ni siquiera cabe suponer, una combinación de ambos órdenes. No existe una economía mixta, un sistema en parte capitalista y en parte socialista. La producción o la dirige el mercado o es ordenada por los mandatos del correspondiente órgano dictatorial, ya sea unipersonal, ya colegiado."[1]
Curiosamente, no es extraño que con la fórmula "capitalismo de estado" mucha gente quiera aludir -a veces inconsciente e instintivamente- a un régimen de "economía mixta". Pero de momento que el término capitalismo apunta a un sistema donde los bienes de capital son de propiedad privada, lo que implica el uso y disposición de los mismos por parte de su titular (es decir, donde es el particular el que tiene la dirección y el control del bien en cuestión) va de suyo que esto excluye de plano un control semejante por parte del órgano estatal. De donde deviene –a su turno- por completo contradictorio emplear la expresión "capitalismo de estado". Pese a ello, los autores socialistas, (en particular los marxistas) hicieron y siguen haciendo uso de tan equívoca fórmula, pero con un sentido totalmente diferente al enunciado en último lugar.
"«Capitalismo de Estado», versa sobre las políticas acumulativas adecuadas para llevar al Estado paso a paso a lo largo del camino de su «autorrealización». Su efecto consiste en cambiar el sistema social de forma de maximizar el potencial de poder discrecional y poner al Estado en condiciones de realizar plenamente dicho potencial."[2]
"Autorrealización" involucra pues la maximización del potencial de poder discrecional del estado-nación, que sólo puede obtenerse mediante la minimización del poder real residente en la sociedad civil (por oposición a la sociedad política). Este fue el objetivo que se propusieron los teóricos y líderes comunistas. En nuestro propio lenguaje, diríamos que el cambio del sistema social vendría dado por su politización, que es el modo más idóneo mediante el cual el poder estatal puede alcanzar su plena realización.
"La agenda para acrecentar el poder discrecional («¿Qué hacer?») debe abordar primero el problema de disminuir la autonomía de la sociedad civil y su capacidad de consenso. Las políticas por las que tiende a dejarse llevar el Estado democrático que dirige una «economía mixta» erosionarán inconscientemente una gran parte de los fundamentos de esta autonomía, la independencia de los medios de vida del pueblo. Lo que el Manifiesto Comunista llama «el triunfo en la batalla de la democracia» para «arrebatar, poco a poco, todo el capital de la burguesía, centralizar todos los instrumentos de producción en manos del Estado» constituye la culminación de este proceso. De este modo, el Estado socialista pone fin a la monstruosidad histórica y ló­gica de que el poder económico se encuentre difuso por toda la sociedad civil, mientras que el poder político está centralizado. Sin embargo, al centralizar y unificar los dos poderes, crea un sistema social que es inconsecuente con las normas democráticas de adjudicación de la tenencia del poder estatal y que no puede funcionar adecuadamente conforme a ellas. La socialdemocracia debe evolucionar hacia la democracia popular o algo muy parecido, siendo entonces el Estado lo suficientemente poderoso como para imponer este desarrollo y evitar el fracaso del sistema."[3]
El mecanismo por el cual comienza la erosión de "la autonomía de la sociedad civil y su capacidad de consenso", principia entonces con el sistema de "Estado democrático" (equiparado a la "socialdemocracia" conforme se infiere de la última parte de la cita anterior). Aunque este autor parece avalar la factibilidad de una «economía mixta» (la que L. v. Mises reputa imposible, conteste ya hemos visto en la primer cita) concluye que las políticas que tienden a dirigir ese tipo de economía "erosionarán inconscientemente una gran parte de los fundamentos de esta autonomía, la independencia de los medios de vida del pueblo." Lo que luciría acorde con la postura de L. v. Mises, por la cual los intentos de formalizar una "economía mixta" conducirán –inexorablemente- por el camino al socialismo, hasta caer de lleno en el. Esta consecuencia es forzosamente cierta. No obstante, queda pues la incertidumbre de conocer hasta qué punto dicho proceso es consciente o inconsciente, pero -concediendo el beneficio de la duda- podemos dar por innegables las "buenas intenciones" del "estado democrático", las que pese a su "bondad" llevarán ineluctablemente a la sociedad hacia el abismo económico. Es decir, que -según el marxismo- el "estado democrático" (siempre entendido como el que pretende dirigir una "economía mixta") es un simple (pero necesario) eslabón o paso previo al "estado socialista". Inmediatamente, el "estado socialista" (mal llamado "capitalismo de estado") importa la fusión de los dos poderes: el político y el económico en uno solo: el estatal (en rigor el gubernamental). Sin embargo, la concentración de ambos poderes conlleva a la aniquilación de "las normas democráticas de adjudicación de la tenencia del poder estatal", esto es: la desaparición del mecanismo democrático de elección.
La contracara de esta visión es la del estado liberal o capitalista, instrumentado mediante la democracia liberal o capitalista, cuya característica distintiva es –precisamente- la contraria: la más amplia dispersión del poder político y económico dentro de la sociedad civil. En otras palabras, el pleno auge de aquella autonomía que el socialismo procura exterminar.
[1] Ludwig von Mises, La acción humana, tratado de economía. Unión Editorial, S.A., cuarta edición. Pág. 398-399
[2] Anthony de Jasay. El Estado. La lógica del poder político. Alianza Universidad. Pág. 22/23
[3] Anthony de Jasay. El Estado. ..ob. cit. Pág. 22/23
Gabriel Boragina
gabriel.boragina@gmail.com
@GBoragina

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domingo, 15 de mayo de 2011

RICARDO VALENZUELA. LA CÁMARA DE TORTURA NACIONAL. REFLEXIONES LIBERTARIAS (DESDE MEXICO)

En días pasados los diarios del país publicaron unos datos que son para congelar la sangre de todos los mexicanos: a) La burocracia, nada más en sueldos, le cuesta a México casi 250,000 millones de pesos. B) La corrupción le cuesta otros 35,000 millones de pesos. En el reporte no se incluye los 250,000 millones de dólares que se estima robaron los políticos durante el siglo XX reportado por el libro THE PAN AMERICAN DREAM. Ante esta vergonzosa información yo me pregunto ¿Cómo es posible que los mexicanos hayamos permitido se fraguara esta cámara de tortura nacional? Aun más grave ¿Cómo es posible que lo sigamos permitiendo? Y lo más importante ¿Qué haremos al respecto?

¿Cómo se construyó esta cámara de tortura que haría palidecer a Torquemada?

La protección del consumidor contra las “prácticas de negocios sin escrúpulos”, se convirtió en cimiento del Estado intruso y la raíz más profunda de la corrupción gubernamental. El argumento que da vida a las monstruosas burocracias que participan en este asalto, es que los hombres de negocios, sin regularlos, se dedicarían a vender productos defectuosos, valores fraudulentos, construirían edificios que con el soplo del viento se derrumbarían. Con esa bandera los gobiernos se han dedicado a edificar sus secretarías, agencias, fideicomisos, comisiones tan “indispensables” para proteger al pueblo de la “voracidad” de los negociantes. 

Sin embargo, la ambición, como bien lo señalaba Adam Smith—o más bien la búsqueda de su ganancia—es lo que verdaderamente garantiza la protección del consumidor. Lo que los colectivistas no entienden que el interés que mueve a los hombres de negocios, es lo que los impulsa a construir una buena reputación sobre bases morales para poder subsistir en el mercado. El mercado es ciego y valúa las empresas de acuerdo a capacidad para generar utilidades, es por ello que una buena reputación puede y debe ser un activo más valioso que sus activos físicos y financieros. Desafortunadamente en México se desarrolló el concepto de la familia revolucionaria en donde, más que el prestigio, lo importante eran las conexiones con el establishment.

El prestigio y la reputación en una economía verdaderamente libre, es la herramienta más efectiva para competir. Los participantes con la mejor reputación son siempre los que se llevan los mejores negocios. Cuando Mike Milken era el Rey de los bonos chatarra, con una llamada telefónica lograba que sus inversionistas le situaran, ese mismo día, billones de dólares. El caso de este hombre, quien democratizó el mercado financiero en EU, es un buen ejemplo. A Milken sus “enemigos”, con ayuda del gobierno, lo tuvieron que enviar a la cárcel con juicios fraudulentos, arruinar su reputación para expulsarlo del mercado que él había creado.

Las regulaciones gubernamentales no protegen al consumidor, no fabrican productos de calidad ni proporcionan información confiable. Su única contribución es la de sustituir los verdaderos incentivos con el hostigamiento, asumiendo su papel de “redentores” de la sociedad. Cuando hacemos a un lado la montaña de papeles que producen esas burocracias, lo único que encontramos, primero, es la aniquilación de la competencia—la base de las economías sanas. Segundo; la burocracia ofrece una garantía que el consumidor es el que debería de establecer haciendo sus propios juicios. A través de pasar por su colador a las empresas que cumplen con “sus requisitos” o estándares de su calidad, le afirma al consumidor que su juicio no es necesario.

El propósito de un gobierno regulador es el de no permitir en lugar de crear algo. La estructura mental de los reguladores es la de López Obrador y su grupo de cortesanos, “no pasa.” Eso se traduce en una serie de obstáculos para el desarrollo de mejores productos y una economía moderna. Alguien que trate de construir algo en el DF, se enfrentará a un ejército de inspectores, estándares de construcción que datan de la época de los aztecas, cerrando así la puerta a las nuevas tecnologías. Los constructores deben dedicar su tiempo a cumplir con esas anacrónicas regulaciones en lugar de buscar nuevas técnicas. De esa forma, es más fácil simplemente dar la requerida mordida para poder seguir adelante.

Esto perjudica seriamente al consumidor, pero la víctima más afectada es el productor. Regulaciones retiran de la competencia la reputación que ha tomado años construir. Es una forma especial de expropiación de algo mas valioso que sus activos; su integridad. Así el acto de un gobierno para despojar negocios de sus activos físicos o devaluar su reputación “nivelando el terreno,” permanecen en la misma categoría; ambos son actos de expropiación. La legislación proteccionista es la llamado ley preventiva. Los productores están sujetos a la coerción gubernamental antes de cometer algún delito. En una economía libre, el gobierno solo interviene cuando se ha cometido fraude o se ha producido algún daño al consumidor; en esos casos la protección es la ley criminal.

El gran problema de los colectivistas es esa desconfianza a la libertad y al mercado libre, pero es su cruzada de “protección al consumidor” expone la naturaleza de sus premisas. Al preferir la intimidación en lugar de incentivos y recompensa como medios de motivación, ellos declaran su concepto del hombre como un ser bruto sin capacidad para pensar, actuando en el nivel instintivo. De esa forma muestran su ignorancia del papel de la inteligencia en el proceso productivo, y de la visión a largo plazo requerida para mantener una economía moderna. Declaran su incapacidad para entender la importancia de los valores morales, que es el verdadero poder motivador de un capitalismo democrático.

En un país como EU en el que un asesino violador puede escapar el castigo de la justicia declarándose enfermo, el mercado no perdona. El capitalismo se basa en individualismo, interés personal y autoestima “Sus pilares son la confianza y la integridad consideradas como virtudes cardinales, extraordinariamente redituables demandando que el hombre viva a base de virtudes y no de vicios.”

El que no lo hace, por mas rehabilitado, el mercado no lo acepta de nuevo. Este es un sistema “superlativamente moral” que los estatistas han estado destruyendo sobre con legislación aplicable solo por excepción, oleadas de burócratas hambrientos de dinero sabiendo que la mejor forma de conseguirlo es obstaculizando el proceso, y el ancestral sistema de intimidación. Es lo que James Buchanan bautizó como “la economía de la política,” la gran enfermedad de México provocada por una legión de vampiros burócratas cinco veces más grande de lo que, en opinion de Buchanan, es lo que en realidad México requiere.

Tiwtter@elchero
  
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HÉCTOR BLAS TRILLO. LA GUERRA COMERCIAL Y EL MERCANTILISMO (DESDE ARGENTINA)

La situación que nuevamente se plantea con Brasil nos mueve a llevar adelante algunas reflexiones.  No es nuestra intención desarrollar aquí la política llevada a cabo con el gigante vecino en materia comercial en un grado de detalle que entendemos no vale la pena.

Iremos a los trazos gruesos para, como decimos, reflexionar respecto de las consecuencias.

Comencemos por decir que la cuestión del déficit o el superávit comercial externo suele ser vista desde una óptica puramente mercantilista entre nosotros. Se supone que su existe superávit, es decir, si exportamos más de lo que importamos, eso es mejor para el país. Este pensamiento se basa en el hecho de que, como el Estado adquiere las divisas que obligatoriamente los exportadores deben venderle, y también vende a los importadores las que éstos necesitan para adquirir sus productos en el exterior, la diferencia aumenta las reservas del Banco Central y mejora la situación general de la economía.

Sin embargo, si la compra de divisas por exportaciones se adquiere con emisión de moneda y la venta de ellas para las importaciones retira moneda de circulación, el efecto neto puede resultar (y así ocurre) inflacionario. Más allá de que las disposiciones que obligan a comprar y a vender las divisas deberían ser puestas de una buena vez en discusión, lo cierto es que si las divisas no son adquiridas con superávit fiscal, están inyectándose pesos frescos al mercado, que como se sabe el Estado intenta esterilizar mediante la colocación de bonos (Lebacs y Nobacs), con lo cual dicho sea de paso incrementa el endeudamiento. En estos momentos la emisión de bonos del Banco Central está en el orden de los 20.000 millones de dólares. A ello se suma la entrega de reservas para el pago de intereses de la deuda externa, que es cubierta, por así decirlo, con títulos del tesoro. Cada salida de dólares con ese fin es reemplazada por un bono.

Como además durante varios años la política monetaria fue la de mantener un tipo de cambio elevado artificialmente, el impulso inflacionario generado por la compra de excedentes de divisas  mediante emisión es el único resultado posible. Muchas veces lo hemos señalado.

En este punto, la moneda norteamericana está siendo ajustada en mucha menor medida que la inflación real. Ello se debe a que una vez desatada la espiral inflacionaria, y con una emisión cercana al 35% anual por diversos motivos adicionales, resulta indispensable retrasar el tipo de cambio para no provocar una inflación aún mayor.

Bien, el retraso cambiario es elocuente en estas horas. Por eso aumenta la compra de divisas para diversos fines (viajes al exterior, ahorro fuera del sistema, importaciones, etc.)

Entonces el Estado pretende desalentar esa adquisición adicional de  moneda extranjera aplicando todo tipo de restricciones. El mecanismo es de todos conocido: exigencias absurdas para adquirir dólares en casas de cambio (datos personales, origen de los fondos, destino de la moneda adquirida, etc.), trabas de diversa índole a las importaciones (listas de productos admitidos, licencias no automáticas, necesidad de pedir permiso, o de exportar tantos dólares como los que se importan, etc.)

Este tipo de política genera varias consecuencias. La primera de las cuales es la aparición de un mercado cambiario paralelo, donde el dólar y demás monedas son más caros que en el oficial. Se crean problemas tales como la falta de repuestos para automóviles o electrodomésticos, falta de competencia con productos de mejor calidad, etc. Todo ello deteriora la calidad de vida, encarece los precios de la producción local, obliga a gastar dinero en la adquisición de nuevos  electrodomésticos porque los viejos no pueden repararse, etc.

Y a todo esto se llega con las trabas mencionadas y por una única razón: porque el actual gobierno cree, como la mayoría de las personas, que es necesario mantener un superávit comercial: exportar más de lo que importamos.

¿Qué sentido tiene acumular reservas? Pues para muchos es una especie de reaseguro, de garantía de la solvencia del país. Sin embargo, si acercamos la lupa, podemos ver que el deterioro progresivo de la calidad de vida que estamos mencionando se acelera y contribuye al encarecimiento del mercado local, a la desmejora de la ya de por sí baja eficiencia, a la pérdida de productividad y demás males que son la consecuencia de las dificultades de lo que ciertos economistas han definido como "vivir con lo nuestro".

Pero resulta que esas reservas se acumulan esencialmente con emisión de moneda, de donde surge claramente que la moneda local es el pasivo del Banco Central, cuyo activo es la posesión de divisas. Cada vez que esas reservas se utilizan para pagos tales como los servicios de la deuda externa está dejándose "colgado" al pasivo en pesos, alentando la pérdida de valor de la moneda local.

¿Y qué ocurre si el país no tiene superávit comercial? Pues simplemente que se importan más bienes y servicios, se convierten los billetes de dólar que no se acumulan en el Banco Central, en bienes económicos, por así decirlo.

Es decir que se genera una mayor actividad económica. Que es lo mismo que ocurre cuando cada uno de nosotros teniendo capacidad de ahorro decide gastar su dinero, acelerando la demanda.

La vieja definición de compraventa mercantil tiene su sentido en el comercio exterior. Lucrar con la enajenación es el sentido del comercio. La movilidad económica se produce cuando el dinero se usa. Cuando los dólares se guardan en el colchón, en verdad lo que ocurre es que se está financiando al Tesoro de los EEUU de manera gratuita.

En definitiva cuanto más superávit comercial tiene el país, si se adquieren las divisas mediante la emisión de moneda, más pasivo monetario se tiene (pasivo que puede ser en pesos, en dólares, en bonos).

Volvamos entonces a la relación con Brasil. El volumen anual de exportaciones a ese país supera los 14.000 millones de dólares. Las importaciones alcanzan cifras en torno de los 18.000 millones. Estas cifras son aproximadas y corresponden al período anterior.

Lo cierto es que la situación con el país vecino es de déficit comercial y lo es desde hace varios años. Ello así pese a que la moneda brasileña se encuentra absolutamente revalorizada con respecto del dólar. Para que se tenga una idea cuando hace algunos años el dólar estaba entre nosotros en torno de los 3 pesos, en Brasil se cotizaba en 3 reales. Actualmente esos valores son 4,11 pesos en nuestro país, y apenas 1,60 reales en nuestro socio comercial del Mercosur.

Esto significa que para poder vender cada vez más bienes y servicios a la Argentina, el gigante vecino ha tenido que desarrollar de manera notable su capacidad productiva y su eficiencia. Y también es muy posible que nuestra ineficiencia contribuya, cosa que efectivamente ocurre.

Se ha dado el caso de que Brasil terminara importando trigo de los EEUU, para citar un ejemplo que viene a nuestra memoria. Ello en virtud de la baja de la  producción local y las trabas a las exportaciones.

Ahora bien, cuando desde la Secretaría de Comercio o desde algunos ministerios se  elaboran listas limitativas de las importaciones brasileñas se producen varios efectos nocivos como los que hemos señalado. Pero además se genera una guerra comercial de consecuencias nefastas para ambas partes.  Las trabas argentinas están generando trabas brasileñas (y no sólo brasileñas, recuérdese que todavía no está solucionado el tema del aceite de soja que se exportaba a China). El daño es evidente, tanto para nosotros como para Brasil.

Con toda seguridad se llegará a un acuerdo y la sangre no llegará al río. Pero ¿es necesario pasar por esto? La respuesta es sí, en la medida en que en la Argentina prevalezca la idea mercantilista de que acumular divisas es acumular riqueza y que eso favorece el bienestar general en nuestro país, cuando a todas luces lo que ocurre es lo contrario.

Y unas líneas finales para la eterna cuestión de que las importaciones quitan trabajo a los argentinos. Las importaciones generan competencia de bienes y servicios. Y si se trata de bienes de capital, éstos son destinados a la producción de bienes localmente, lo cual implica trabajo. A su vez la competencia beneficia a los consumidores, que son también los trabajadores. Eso mejora y no empeora sus ingresos.

Es que la economía real está conformada por bienes y servicios, y no por billetes de banco. La riqueza está en tales bienes y en tales servicios. Claro, esto a su vez debe ser acompañado por una política monetaria acorde. Lo cual implica dejar flotar el tipo de cambio, eliminar la exigencia de vender las divisas el Banco Central y adquirirlas en todo caso únicamente si existe superávit fiscal. Un giro copernicano de mentalidad que difícilmente ocurra en la Argentina actual. Obvio que no esperamos que ocurra, con lo cual el daño seguirá acentuándose, aún si se acuerda con Brasil. Porque el mecanismo elegido afecta al comercio exterior en su conjunto.

Acabamos de leer en un diario que el flamante presidente de la UIA afirmó que algunos sectores están necesitando una devaluación de la moneda. No es nueva la posición del Sr. De Mendiguren. Porque una manera de ser más eficientes es el tipo de cambio alto, viejo axioma del actual gobierno. Y el tipo de cambio alto significa mayor emisión de moneda y por lo tanto mayor inflación. Y menores sueldos en dólares. El perro vuelve a morderse la cola.

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martes, 13 de julio de 2010

PERÚ HABRÍA ANOTADO CRECIMIENTO DE DOS DÍGITOS EN EL SEGUNDO TRIMESTRE DE 2010

Perú

Pese a las sólidas cifras económicas de los últimos meses, la ministra de Economía aseguró que gobierno mantiene su previsión de expansión del PIB de 5,5% para este año.

La economía peruana creció 6% interanual entre enero y marzo de este año.

Lima. La economía de Perú habría crecido a una tasa de dos dígitos en el segundo trimestre f

rente al mismo período del año pasado, dijo este lunes la ministra de Economía, Mercedes Aráoz.

La nación sudamericana ha registrado arrolladoras cifras de crecimiento en los últimos meses, ante lo cual el gobierno ha puesto en marcha medidas para frenar el ritmo del gasto público y evitar así un sobrecalentamiento de la economía.

Al ser consultada por periodistas sobre si la economía local habría crecido a tasas de dos dígitos entre abril y junio, la ministra respondió: "puede ser, el resultado del año pasado fue muy malo (...) tuvimos retrocesos en crecimiento y comercio".

Sin embargo, la ministra se abstuvo de precisar una cifra.

El Producto Interno Bruto (PIB) de Perú se expandió 6% interanual en el primer trimestre, aunque en términos desestacionalizados creció 1,3% contra el trimestre previo.

Pese a las sólidas cifras económicas de los últimos meses, Aráoz agregó que el gobierno mantiene su previsión de un crecimiento del PIB de 5,5% para este año.

La economía del país andino se expandió apenas 0,9% el año pasado, tras haber crecido casi 10% en 2008, debido a que la crisis financiera mundial golpeó la demanda interna y los precios de sus vitales exportaciones mineras.

Según estimaciones de organismos internacionales, como el Fondo Monetario Internacional (FMI), Perú sería -junto a Brasil- la economía que más crecería en la región este año.

http://www.americaeconomia.com/economia-mercados/finanzas/peru-habria-anotado-crecimiento-de-dos-digitos-en-el-segundo-trimestre

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