BIENVENIDOS AMIGOS PUES OTRA VENEZUELA ES POSIBLE. LUCHEMOS POR LA DEMOCRACIA LIBERAL

LA LIBERTAD, SANCHO, ES UNO DE LOS MÁS PRECIOSOS DONES QUE A LOS HOMBRES DIERON LOS CIELOS; CON ELLA NO PUEDEN IGUALARSE LOS TESOROS QUE ENCIERRAN LA TIERRA Y EL MAR: POR LA LIBERTAD, ASÍ COMO POR LA HONRA, SE PUEDE Y DEBE AVENTURAR LA VIDA. (MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA) ¡VENEZUELA SOMOS TODOS! NO DEFENDEMOS POSICIONES PARTIDISTAS. ESTAMOS CON LA AUTENTICA UNIDAD DE LA ALTERNATIVA DEMOCRATICA
Mostrando entradas con la etiqueta ARDID. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ARDID. Mostrar todas las entradas

viernes, 10 de enero de 2014

HUMBERTO GARCÍA LARRALDE, ¿Y SI EL GOBIERNO REALMENTE CREE SUS PROPIOS DISPARATES?


Los malos augurios de continuar con la tesis de “Guerra Económica”

El ardid de denunciar una “Guerra Económica” de comerciantes y empresarios le dio frutos a Maduro a finales del año pasado. Le permitió tomar la iniciativa por vez primera y remontar la brecha que lo separaba de la oposición en las preferencias del electorado. En el mejor estilo chavista, escogió un problema de gran sensibilidad para los venezolanos –el alto costo de la vida- para proyectarse como un gobernante decidido, “revolucionario”, dispuesto a tomar las medidas que fuesen necesarias para doblegar este flagelo “en beneficio del pueblo”, que no se amilana por sus posibles consecuencias.

Su padre putativo, Hugo Chávez, nunca fue un doctrinario, no obstante abrazar una retórica comunistoide para identificar su gestión. Mostró tener, sí, una aguda perspicacia para captar los temores y vulnerabilidades de la gente y aprovecharse de ello, como Mussolini, para desplegar un pragmatismo oportunista que le sirviese para adelantar sus propósitos de control. Entretuvo a los venezolanos con grandes promesas, como el desarrollo del eje Orinoco-Apure o el gasoducto a Argentina, y nos “vendió” los gallineros verticales, los cultivos hidropónicos, la ruta de la empanada y las cooperativas como base de su propuesta societaria -mientras asomaba el coco de las conspiraciones imperialistas, los intentos de magnicidio y los sabotajes “terroristas”- hasta atracar finalmente en la idea de un “Socialismo del Siglo XXI”. Invocó, según fueran las circunstancias, a Marx, a las enseñanzas de Jesús o versiones edulcoradas de comunidades indígenas precolombinas -dependiendo de la audiencia a seducir- como su fundamentación.

La propuesta “socialista” le permitió acaparar áreas crecientes del quehacer político y económico, así como la destrucción de la institucionalidad del Estado de Derecho, mientras edificaba un formidable dispositivo de expoliación de la riqueza social, cuyo reparto discrecional pasó a conformar la columna central de su ejercicio personalista y autocrático del poder. Este dispendioso e irresponsable comportamiento pudo durar mientras fluyesen a las arcas del Estado cuantiosísimos ingresos por exportación de petróleo. Pero, como nos enseña la historia o la justicia divina –escoja usted-, llega, tarde o temprano, la ineludible y desagradable tarea de afrontar las consecuencias.

No se tienen las cifras definitivas sobre el resultado económico del 2013, pero las de 2012 son preocupantes. De acuerdo con el BCV, las exportaciones totales para ese año fueron de USA $97,3 millardos, casi todas de origen petrolero. Las importaciones de bienes y servicios montaron en $75,3 millardos, arrojando un aparente superávit tranquilizador. No obstante, buena parte del ingreso por exportaciones no entró al país. Según los estados financieros de PdVSA, hubo un incremento en las cuentas por cobrar de USA $10.130 millones entre 2012 y 2011, mayormente debido a los muy generosos créditos a los países asociados en PetroCaribe para la compra de crudo venezolano. Estimaciones de lo erogado en servir el crédito chino basados con crudo exportado a ese país sitúan en $8.231 millones lo que dejó de percibir PdVSA en 2012. Finalmente, el BCV registra que el pago por servicio de la deuda externa ese año montó en $14.132 millones, lo cual parece no incluir lo del crédito chino referido antes. En total, por estas deducciones se redujo el ingreso efectivo a unos $65 millardos. Si, adicionalmente, se utilizan las cifras de exportación petrolera que registra para Venezuela el Monthly Report de la OPEP y no los de PdVSA, los ingresos se reducen aun más, a sólo $40 millardos, magnitud alarmantemente inferior al pago de las importaciones. ¡No en balde la extrema estrechez de divisas durante 2013!

Según fuentes noticiosas, las Industrias químicas tenían $550 millones en deudas con proveedores internacionales por la no entrega dólares CADIVI a finales del año pasado; la deuda de este ente con empresas electrodomésticas por tal motivo era de $150 millones; se debían $5 millardos a ensambladoras y autopartistas y $2,6 millardos a las líneas aéreas internacionales; la industria de las telecomunicaciones invirtió sólo 60% de lo requerido por falta de dólares; y el Presidente de Fedecámaras, reportó una deuda de $1,8 millardos a la industria farmacéutica y de $400 millones al sector gráfico, y pare usted de contar.

El problema está en que, mientras el “comandante eterno” disponía alegremente del patrimonio de los venezolanos amparado en la prédica socialista, hubo quienes, dentro del oficialismo, le tomaron la palabra, le creyeron el cuento de construir un “socialismo del siglo XXI”. Me refiero a los chicos del Frente Francisco de Miranda quienes, con devoción, se dieron presurosos a poner sobre el papel los planos de semejante adefesio. Como verdaderos creyentes, no escatimaron malabarismos para concordar los disparates que se le ocurrían a Chávez con los autos de fe de la liturgia marxista, peaje imprescindible para ingresar a la cofradía de quienes sólo aceptan las verdades reveladas de la Revolución (con mayúscula).

Como resultado, aparecieron el Primer Plan Nacional Socialista, 2007-2013 y el reencauchado Plan de la Patria (2013-2019).

Desaparecido el teniente coronel, con su carisma que disolvía falsamente las dificultades, y dilapidada la cuantiosa renta, cabe indagar si Maduro y su equipo van a intentar aplicar este engendro. En juego está si lo de la “Guerra Económica” fue una habilidosa treta a-lo-Chávez para ganar tiempo y espacio político, o si constituye la cabeza de proa de un empeño por acabar con lo que queda del aparato productivo venezolano.

El sistema de controles extendidos de precio, regulaciones, prohibiciones y desconocimiento de los derechos de propiedad y procesales consagrados en la Constitución sobre el cual se monta la tan cacareada “Guerra Económica” de Maduro, ha generado una situación de precios distorsionados que ha agravado la incertidumbre en materia económica y ha arraigado un conjunto de incentivos perversos que hacen sumamente atractivas actividades que el ordenamiento económico actual ha convertido en ilícitas. Así como el narcotráfico es estimulado al arreciarse las medidas represivas en su contra porque eleva los precios y la rentabilidad del “negocio”, los precios artificialmente bajos de los bienes en el mercado venezolano incentivan el contrabando de extracción, cuando al otro lado de la frontera pueden venderse mucho más caros. El ejemplo más notorio es el de la gasolina cuyo precio en Colombia -70 veces mayor (a la tasa oficial de cambio)- da margen para pagar cualquier cantidad de coimas a Guardias Nacionales y custodios fronterizos y todavía hacer una fortuna. Igualmente, el precio oficial del dólar, muy inferior al que equilibraría el poder de compra interno y externo del bolívar, ha provocado su racionamiento cada vez más restrictivo y, como resultado, ha disparado su precio en el mercado paralelo, incentivando la actividad especulativa. Más allá, las comisiones, sobreprecios y robos descarados encubiertos en muchas contrataciones con PdVSA y otras dependencias públicas, sin rendición de cuentas como para hacer la debida contraloría, estimula el arrime a un “pesado” como la vía más expedita para meterse unos millones. Frente a este dinero fácil, los empresarios de verdad están obligados a vender a precios que muchas veces no cubren sus costos, son amenazados con multas, expropiaciones y otros mecanismos de intervención, no pueden combatir el ausentismo laboral y les es cada vez más difícil ponerse en los dólares oficiales con base en los cuales le son fijados los precios de venta. La grosera sobrevaluación del bolívar impide competir, además, con las importaciones y mucho menos exportar. ¿Puede alguien sorprenderse de que haya prácticamente desaparecido la inversión productiva, que escasamente crezca la economía, que haya desabastecimiento? ¿Se puede esperar que quiénes fueron conminados a vender sus mercancías a descuento repongan como si nada sus inventarios cuando desconocen a qué tasa podrán conseguir los dólares y los precios a que deberán vender? El hecho de que el país que haya implantado la mayor cantidad de controles –Venezuela- tenga, por mucho, la inflación más elevada de América Latina y la mayor dependencia de las importaciones, ¿no le dice algo al gobierno?

Entrado el nuevo año, se anuncia la centralización de todas las importaciones en un Centro Nacional de Comercio Exterior con requisitos adicionales (pago de fianza) para las empresas que quieren traer bienes de afuera, la extensión del sistema de controles de precio (ahora los automóviles) y más “vigilancia” –punitiva- de las transacciones realizadas a lo larga de las cadenas de producción y distribución de bienes y servicios. El gobierno parece creer que los graves desequilibrios de la economía venezolana, que amenazan con mayor inflación, desempleo y escasez este año, puede resolverse mano militari, impartiendo órdenes y castigando a quienes, por otro lado, incentiva con su manejo de la economía a especular y acometer negocios turbios. Es la “Guerra Económica” pues, que será librada hasta que no quede “ladrillo sobre ladrillo” de actividad económica autónoma. Dentro de esta psicosis bélica el Banco Central esconde las cifras de inflación, por primera vez no da a conocer su Mensaje de Fin de Año sobre el desempeño de la economía y libra un “parte de guerra” sobre la escalada de precios atribuida a “sectores de la oposición política y algunos empresarios” que agudizaron “artificialmente el deterioro de variables económicas”, aprovechándose de “la enfermedad y el fallecimiento de nuestro líder (¡!), Comandante Hugo Rafael Chávez Frías”. Prosigue el otrora serio instituto: “se conjugaron tensión política y desestabilización económica en la forma de una auténtica guerra económica en  perjuicio  del  pueblo  venezolano…”.  ¡Qué vergüenza!

El disfrute de las mieles del poder ciega al resentido. Mas si tiene a mano un dogma que le ahorra tener que pensar. ¡Aprés moi le déluge!

Nos esperan tiempos difíciles este año. En una próxima entrega examinaremos el Plan de la Patria.

Humberto García Larralde
humgarl@gmail.com

EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, OPINIÓN, NOTICIA, REPUBLICANO LIBERAL, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA, INTERNACIONAL, ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA,CONTENIDO NOTICIOSO,

miércoles, 24 de abril de 2013

ENRIQUE KRAUZE, EL ARDID Y EL VALOR

A la memoria de Simón Alberto Consalvi
En su historia bicentenaria, Venezuela ha padecido la opresión como ningún otro país, y como ningún otro ha valorado la libertad. Fue la primera en decretar la independencia y fue la cuna del libertador. Su himno nacional es quizá el más antiguo de todos. Hace unos días, el venezolano Gilbson P. Beltrán me mandó por Twitter la que (según entiendo) es la versión original, tal como corría —con guitarra barroca y voz— en abril de 1810 en las calles de Caracas. La estrofa de inicio es la misma del himno actual:
Gloria al bravo pueblo
que el yugo lanzó
la ley respetando la
virtud y honor
Pero, por algún motivo, la estrofa siguiente no se canta ahora. Puede escucharse  con emoción contemporánea:
Pensaba en su trono que el ardid ganó
darnos duras leyes el usurpador
previó su cautela nuestro corazón
y a su inicuo fraude opuso el valor
CARACAS EMIGRA AL ORIENTE
Con la sola excepción de Haití, ningún país iberoamericano, ni siquiera México, sufrió una devastación similar a la de Venezuela en las guerras de independencia. No obstante, fueron tropas populares venezolanas las que contribuyeron decisivamente a la liberación de la actual Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia. En el camino, Venezuela perdió una cuarta parte de la población y casi toda su riqueza.
Merecía un destino mejor, pero el personalismo político —la herencia oscura del luminoso libertador— marcó su destino. A cada experimento de institucionalidad política (como el que inicialmente encabezó José Antonio Páez) siguió un período de inestabilidad, caudillismo y violencia, y a la postre una larga dictadura, que lo mismo podía ser de oropel y vanagloria (como la de Antonio Guzmán Blanco a fines del siglo XIX) o de hierros, grilletes y sangre (como la de Juan Vicente Gómez, en las primeras décadas del XX).
Frente al régimen de Gómez se alzó la Generación de 1928, que soñó una Venezuela democrática y trabajó por ella. La integraban, entre otros, Rómulo Betancourt, Jóbito Villalba y Miguel Otero Silva. Tras la muerte (en su cama, claro) del dictador en 1935, y luego de dos gobiernos castrenses moderados, una alianza entre civiles y militares propició las primeras elecciones libres en Venezuela, que llevaron al poder a un renombrado escritor, Rómulo Gallegos. Casi de inmediato, el golpe de Marcos Pérez Jiménez acabó con el ensayo. Siguió una dictadura de diez años. Pero los demócratas no cejaron. Y por fin, en 1959, Betancourt, Villalba y Rafael Caldera pactaron el advenimiento de la democracia: la Cuarta República.
Todos sabíamos que el Chavismo sin Chávez tendría fecha de caducidad pero no esperábamos que esa fecha se adelantara. Desde los prolegómenos de su campaña hasta los tiempos postreros de su vida, Hugo Chávez se empeñó en denigrar a la Cuarta República. Llegó al extremo de postular la casi inexistencia histórica de Venezuela entre la muerte de Bolívar (1830) y la llegada al poder del “nuevo Bolívar” (el propio Chávez) y el establecimiento de la Republica Bolivariana en 1999. Pero la verdad es otra. La Cuarta República tuvo tres períodos distintos. Los primeros tres lustros dejaron huella: fueron ejemplares en su pulcritud democrática, su efectiva vocación social y su extraordinario desarrollo económico. Los segundos quince años, marcados por un súbito auge petrolero, tuvieron logros educativos y culturales pero cayeron en el despilfarro y la corrupción, y condujeron a un shock económico que precipitó la violencia (el Caracazo de febrero de 1989) y la deslegitimación generalizada del régimen. Ante el desprestigio de la clase política y del ejercicio mismo de la política, no es casual que resurgieran los viejos instintos personalistas: poner la salvación del país en las manos de un hombre providencial, el Comandante Hugo Chávez.
Algún día, por fortuna no muy lejano, los venezolanos que apoyaron a Chávez tomarán conciencia del enorme costo que tuvo la reiterada decisión de mantenerlo en el poder. Costo, para empezar, económico. ¿Cómo fue posible —se preguntarán, se preguntan ya— que los más de 800,000 millones de dólares de ingresos petroleros —infinitamente superiores a los que nunca soñó la Cuarta República— se esfumaran hasta dejar un país hundido en la escasez y la inflación? ¿Cómo explicar que Venezuela tenga las reservas petroleras más altas del mundo y viva emergencias similares a las de Cuba? Y la explicación la encontrarán precisamente ahí, en Cuba, en la insensata voluntad de emular en Venezuela el modelo cubano, en la infantil dependencia que Chávez desarrolló frente a su astuto padre, Fidel Castro.
Pero si el daño económico ha sido inmenso, más grande ha sido el daño político (la concentración absoluta de poder en manos del endiosado presidente, el acoso a las libertades) y mayor aún el perjuicio moral: la inimaginable corrupción así como la discordia plantada desde el poder en el seno de los hogares venezolanos. Quizá el hipnotismo mediático de Chávez hubiera sostenido por un tiempo la ficción del Socialismo del siglo XXI, pero la naturaleza se opuso. Una rendija de esperanza se abrió recientemente para la democracia, si bien acotada por un marco electoral abusivo e inequitativo. Todos sabíamos que el Chavismo sin Chávez tendría fecha de caducidad pero no esperábamos que esa fecha se adelantara. Y de pronto, como en 1810, “previendo la cautela” de un poder si no “usurpador” sí opresivo, apareció el verdadero protagonista de la historia de Venezuela, el bravo pueblo que nunca olvidó el sentido de la libertad.
No sé si el Gobierno del vociferante Maduro pase la prueba de un recuento de votos. Pero si fuera así, está claro que Venezuela tiene un líder valeroso (Henrique Capriles) y una oposición unida. Al menos la mitad de los votantes sabe ya del ardid al que fue sometida por tantos años y reacciona con valor para restablecer pronto —en el referéndum revocatorio de 2015— la democracia plena, la libertad de expresión y la concordia. Y entonces sí, el siglo XXI será de los venezolanos (de todos los venezolanos), que sabrán emplear con responsabilidad su riqueza petrolera en un marco madurez política, “la ley respetando la virtud y honor”.
@EnriqueKrauze
Artículo publicado en El País el 23 de Abril 2013
http://elpais.com/autor/enrique_krauze/a/
EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, OPINIÓN, NOTICIA, REPUBLICANO LIBERAL, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA, INTERNACIONAL, ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA,CONTENIDO NOTICIOSO,

jueves, 29 de marzo de 2012

ZENAIR BRITO CABALLERO: ¿QUIÉNES SON LOS FARISEOS Y MEDIOCRES DE NUESTRA SOCIEDAD?

Son aquellos (as) que dan la apariencia de ser encantadores; todo lo fundan en la aceptación social o política. Hacen creer que están inundados de conocimientos y expresan sus opiniones, más bien sus prejuicios o caprichos, con un notorio desparpajo, con una soltura tal que por sí misma les conferiría la condición de hombres de mundo. Engañan a los incautos. Se muestran como personas serviciales o solícitas, cuando no hacen sino obedecer a cálculos mezquinos, algo que luego cobran con el carácter de una recompensa. Arrastran un egoísmo insalvable. El interés es su motivación primordial. Nunca conceden nada a cambio de nada. En su interior se saben poca cosa, pero eso lo compensan con maneras cortesanas y un andar insolente que les granjea, en ocasiones, aplausos de compromiso. Y eso los envanece.
Hablan en los pasillos, despotrican a espaldas de los incriminados, se hacen los valientes detrás del burladero de la cobardía y llevan y traen cuentos en tono de murmuración. No soportan la existencia de alguien que sea independiente u honrado, porque ellos necesitan prosperar a la sombra de alguien, con la aquiescencia de alguien. En esto son expertos. Halagan, intrigan y dejan caer ante el interlocutor de turno unas falsas migajas de preocupación sobre temas éticos. Por supuesto, confunden ética con moral. Como no tienen un sentido de lo universal, lo pequeño les merece una atención neurótica, obsesiva. El chisme y la burla les interesan como una forma de dañar un prestigio, no como una opción de ridiculizar la solemnidad.
Tienen tan poco sedimento cultural que cualquier tontería les parece una muestra encomiable de ingenio. Confunden la sabiduría con el ardid, se ufanan de sus pequeños éxitos materiales y suponen que el espíritu se reduce a la exhibición impúdica, con ojos entrecerrados, de una fe dominguera y sospechosa. La noción de Dios, por supuesto, se les prefigura como un patético cuadro de viernes Santo, con truenos, lluvia torrencial y nubes arreboladas. Quien más les recuerda su propia idiosincrasia es Poncio Pilatos. Lavarse las manos es, para ellos, una forma de genialidad o de viveza. Nunca aparecen, nada hacen con el pecho por delante, jamás se exponen a una cornada.
La oscuridad es su reino, donde más cómodos se sienten. Allí urden y alimentan envidias, recelos y aversiones, los cuales expresan con la advertencia de que eso no es de su coleto sino que proviene de la maledicencia ajena, siempre tan ruin y desvergonzada, según piensan para sí. Después de que se cruzan con un hombre de bien, en su intimidad hacen una mueca de perplejidad y descreimiento. Les parece irreal. No conciben que haya alguien distinto a ellos, que repose en sus antípodas, sin hacerle venias a la liviandad o al oportunismo.
Son, en el lenguaje común, unos paquetes que se autocomplacen. Sin jamás haber dictado una clase en una universidad de prestigio o una conferencia, ni nunca haber escrito una página siquiera aceptable en un periódico de los más leídos, fungen con vana prepotencia de poseer una inteligencia noble y cultivada. Mostrarse como son les significaría el descrédito o la muerte pública. Los libros les son ajenos. La literatura o el arte les son indiferentes, tal vez fastidiosos o innecesarios. Creen que la vida es el cuerpo, la ropa, los zapatos y un andar vanidoso por los pasadizos de un club.
 Lo subjetivo nada les dice, y lo objetivo lo conminan a las apariencias, donde el ser humano se siente igual a los demás, es decir, donde es más fácilmente aceptado por los demás. Los errores humanos, los de los otros, los califican en blanco y negro. Excepto los suyos, los yerros merecen el infierno. Nunca ven colores, jamás miran la contrafaz de las cosas, porque su talante tiende a excluir por conveniencia y a complacer por abyección.
El amor no les atrae sino como un detalle instrumental, objeto de vanagloria. La simplicidad de sus almas se regodea en la televisión, en el cine barato o en las telenovelas de truculento acontecer. Pero lo que más los distingue es la superficialidad. No les interesa la ciencia, que poco entienden, pero hacen de sus vidas una especie de ciencia-ficción, la cual adoban con un vano apego al dudoso brillo de los desechos tecnológicos. Aprovechan, claro, cuanta oportunidad aparezca de hacerse invitar, sea viajes o fiestas.
En aquéllos no ven más allá de lo que permite la ventanilla de un avión, el concreto de unos edificios o el ambiente selvático y lujurioso de ciertos parques; de éstas sólo les interesa la posibilidad de lucirse con trivialidades o de adquirir nuevas víctimas para sus indeclinables y prosaicas apetencias. Son, en resumidas cuentas, pequeños hombres y mujeres de medianos triunfos, endebles notoriedades, infatuados fariseos, mediocridades irremediables…  

britozenair@gmail.com

EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, OPINIÓN, NOTICIA, REPUBLICANO LIBERAL, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA, INTERNACIONAL, ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA