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martes, 17 de febrero de 2015

RICHARD CASANOVA, ¿QUE VA A PASAR? (PARTE II)

La crisis se va a agudizar y con este gobierno no es posible superarla, fueron las conclusiones de nuestro artículo anterior y advertimos -al menos- cuatro escenarios que ahora revisamos.  
El primero, golpe de Estado. Sustentado en la inmensa debilidad del gobierno y su manejo irresponsable, además Maduro y el liderazgo oficialista tiene un rechazo elevado y aunque se intente disimular, existen severos conflictos internos. 
Por otra parte, la ausencia de una visión compartida en el campo opositor y las debilidades de la MUD, benefician al PSUV y a la postre, abonan a favor de este escenario.  No será el imperio, la derecha o la oligarquía quien ateste un golpe de Estado, ni la oposición tienen fuerza militar para ello, la intentona vendría de sus propias filas. 
Una variante de este escenario es el autogolpe. Ante la imposibilidad de ofrecer soluciones, un autogolpe justifica la suspensión de garantías (y de elecciones), facilita la represión, alimenta el discurso oficialista al lanzar culpas a otro y permite implantar abiertamente una dictadura en Venezuela. El objetivo es preservar el poder, no solucionar la crisis.
Segundo, un estallido social. Nadie pudo predecir el Caracazo (27F), tampoco nadie podría hacerlo hoy pero existen las condiciones, incluso la situación actual es mucho peor. 
Tenemos un cuadro social dramático, la corrupción es obscena y la incompetencia del gobierno es colosal, el descontento se hace creciente. Por supuesto, el caos deriva igualmente en una intervención militar, la necesidad de restablecer el orden es la excusa para imponer la fuerza. Estos dos escenarios son manejados con ligereza por sectores radicales que -por desespero, ingenuidad o ignorancia- son incapaces de prever las aterradoras consecuencias.     
Tercero, una salida intermedia. Es una candidez pensar que basta con exigir la renuncia o creer que ésta se producirá y nuestro líder predilecto será el nuevo presidente. Tan ingenuo como presumir que luego de una acción militar, vendrá la democracia. Si la crisis se hace insoportable, lo lógico es construir una salida para evitar un trágico desenlace y ello supone un diálogo entre los factores de poder para facilitar una renuncia, adelantar elecciones o definir una transición, cualquiera sea. La actitud del gobierno imposibilita esa ruta, además el diálogo es satanizado por grupos minoritarios extremistas y ultra-radicales, siempre prestos a boicotear cualquier salida pacífica y democrática, con ellos es imposible un mínimo consenso. Al contrario, le hacen el juego al régimen atacando a la MUD y agrediendo a opositores.
Cuarto escenario, elecciones parlamentarias. No hay estallido social, ni golpe de estado, ni diálogo que facilite una salida, la crisis avanza, la agonía se prolonga y así, con un país devastado llegamos a las elecciones que -por fortuna- están “a la vuelta de la esquina”. Una sólida victoria opositora convierte a la AN en el epicentro del cambio: será posible liberar a los presos políticos con una ley de amnistía, relegitimar los poderes y hasta convocar una constituyente.  
En definitiva, hay cuatro escenarios con varios desarrollos posibles, lo que suceda dependerá de la unidad de las fuerzas democráticas, no de la providencia. Más allá del discurso, hay que demostrar unidad y denunciar a divisionistas y mercaderes de la política que le hacen juego al gobierno.
Richard Casanova
richcasanova@gmail.com
@richcasanova

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jueves, 31 de julio de 2014

GOLFREDO DAVILA, SERVICIOS PÚBLICOS (PARTE II)

En el artículo anterior se planteó que la crisis de servicios públicos en nuestro país obedece  a la inercia en las instituciones públicas, a la corrupción y a la concepción reaccionaria y retrógrada de la cúpula gobernante, que además de violar la Constitución Nacional y las leyes de la República, hacen recaer los problemas, por ellos causados, en la población.

En Venezuela hay escasez de bienes y servicios y también de soluciones. A la anarquía y a la desidia se le agrega la privatización de los servicios públicos, los dueños del poder se ufanan sintiéndose dueños de lo público. Sólo han democratizado las colas y la impunidad. Escasea el agua, los productos básicos y los alimentos, mientras que abundan los apagones, los crímenes y las colas. La cúpula no hace colas. Solo pensar en la letanía y diversidad de colas que se consiguen por doquier, ya causa angustia. Las más comunes; las que genera el destartalado transporte público y la mala vialidad, las de los supermercados, los meses de espera para una intervención quirúrgica en cualquier hospital y pare de contar. Lograr servicios eficientes y acabar con las colas, no es una quimera, se requiere orden, buenos planes, voluntad política para cambiar la forma de gobernar y un esfuerzo por promover la organización y participación de la gente en el proceso de toma y ejecución de decisiones.

Un Estado ajustado a derecho puede restablecer la normalidad del país. El que tenemos no lo logrará por la excesiva y absurda concentración de poder en el gobierno central. Ellos convirtieron todo en cuerpo del Estado, al viejo estilo del dictador fascista Benito Mussolini. Un Estado que controla, asfixia y manipula a la gente, que se apropia de las organizaciones sociales y frena toda iniciativa autónoma de la sociedad, no podrá promover nada bueno y menos cuando se comporta complaciente con el delito y el crimen y es cruel contra quien disiente.

El cambio que se requiere pasa por reinstitucionalizar el País, democratizar el poder, descentralizar y adecentar la administración pública y promover la participación ciudadana. La sociedad no puede esperar y debe ir abonando el terreno para lograrlo. Atarse de manos frente al aberrante centralismo es un craso error. Experiencias indican que si se puede avanzar con la participación organizada de la gente; también, desde lo local y regional se pueden marcar caminos y pautas, ello implica, por supuesto, luchar por conquistar gobiernos locales abiertos que junto con los vecinos resuelvan asuntos de su competencia, ejemplo mitigar el caos del transporte y la crisis de la basura.

Bien vale la pena estudiar y emular la experiencia de Curitiba en Brasil, Santiago de Surco en Lima Perú y la de algunos municipios en nuestro país, que han logrado un desarrollo sustentable y sostenible junto con los ciudadanos. Desde lo local y comunitario no se podrá erradicar la crisis, pero si se puede mitigar e ir revirtiendo el grave deterioro acumulado.

Golfredo Davila
golfredodavila@yahoo.es
@golfredodavila

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