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sábado, 17 de mayo de 2014

PEDRO R GARCÍA, EN EL PAÍS ¿CORRUPCIÓN O CLEPTOCRACIA?, PUNTO DE QUIEBRE

“La corrupción como ciertos monstruos del antro nace mirando la penumbra; porque en lo moral, como en lo físico, existen enfermedades que dejan ciegos a los hombres, así como existen cegueras que los iluminan”. (Pedro R. García).
Ya en el siglo pasado el poeta, Esteban Echeverria nos enseñaba: "la perfección moral es la virtud. La virtud consiste en la devoción incesante, en la práctica fiel de los deberes que no impone a ley moral o divina. Porque para ser hombre de bien no basta con cierto numero de acciones buenas. 
Para ser virtuoso no basta abstenerse de obrar el mal es preciso buscar las ocasiones de hacer el bien. No importa tener sentimiento de benevolencia, es necesario manifestarlos ejerciendo la caridad con el prójimo. No importa amar a la patria, sino pudiendo hacer por ella toda clase sacrificios: no hay virtud sin abnegación ni sacrificio, ni habrá lugar a la prueba y al sacrificio permaneciendo en la inacción. 
Solo es digno de alabanza el que penetrado de su misión esta siempre dispuesto a sacrificarse por la patria, y por la causa sagrada de la libertad, la igualdad la fraternidad de todos los hombres")
Ubicando algunas pistas…
Hay una disciplina poco conocida entre nosotros, la Dexiologia su nombre proviene de la raíz griega “dexis” que significa “mordida”.  La mordida es el modismo mexicano, del cual se ha apropiado el pueblo para nombrar la asfixiante Corrupción.
El fundador de la dexiología no podía ser otro que un pensador mexicano: Gabriel Zaid, economista  y poeta, autor de un extraordinario ensayo: Para una ciencia de la mordida.
Una de las primeras preguntas que se hace Zaid en su ensayo son:
¿Dónde esta la antropología de la mordida que estudie seriamente esta manifestación social como se ha estudiado, por ejemplo, el Potlach?
¿Quién ha hecho el psicoanálisis de la vida esquizoide que hay que llevar para enriquecerse en un puesto público predicando lo contrario?
¿Qué marxista ha denunciado la falsa conciencia marxista por la cual se pueden tener becas, viajes y empleos privilegiados (Zaid escribe esto en México de mediados de los años setenta), sin dejar de sentirse explotado y con la necesidad histórica de efectuar discretas “expropiaciones revolucionarias” (les suena familiar), para consolidar las posiciones progresistas en la lucha de clases? ¿Qué sociología ha investigado cómo funciona el respeto filial, de los hijos de un policía de tránsito, de un funcionario de aduanas, de un concejal, de un Alcalde, de un Gobernador, de un Magistrado de un Ministro de un Diputado enriquecido súbitamente?
¿Quién elaborará una teoría del Estado fundada en los intereses de los servidores públicos?
¿Dónde están los especialistas en sistemas que analicen cómo la corrupción genera complejidad en los procedimientos (para evitar la corrupción) y cómo esta complejidad aumenta los costos, distorsiona las operaciones y multiplica las oportunidades de corrupción? ¿Dónde está el análisis económico de la corrupción?
IMPUESTO AL CUANTO HAY PA ESO
Buena parte de arrojo intelectual que invierte Zaid en pensar la corrupción, sin predicar en torno a su manifestación la astronómica mordida, pretende si defender una idea suya, recomendable de ser meditada formalmente: que las naciones como la nuestra implanten un gravamen a la mordida. En criollo podría ser “impuesto a la bajada de mula”, “impuesto al cuánto hay pa´eso” al “impuesto al aplique” fifty-fifty, o dame lo mío.
El elemento esencial del argumento de Zaid no puede ser más loable legitimar hacer transparente, natural y fiscalmente contabilizable un impuesto a lo que el funcionario alcanza a quitarte por entregar un pasaporte una solvencia, por ejemplo haría más razonable y decente el servicio público.  Ello además, para usar la expresión de Zaid, un efecto de “multiplicador moral”.
Se trata de una medida verdaderamente revolucionaria que traería consigo indiscutible justicia social, pues como es notorio, el sector público es el más vasto y el menos igualitario: sus pirámides, bien observa Zaid, son en México, y agregaríamos tanto como en Venezuela, las más grandes.
Si se elaborarán las respectivas curvas de Lorenz y se calculará el coeficiente de Gini, para la administración pública nativa, contaríamos con un recurso valiosísimo para explicar desigualdades hasta ahora sólo achacadas a la ineptitud del funcionario alto y medio o a la rapacidad de las oligarquías.
En el caso venezolano un impuesto a “bajada de mula”, suena vulgar, pero los burócratas venezolanos no son los más negligentes y con seguridad encontrarán una denominación más imponente y sobria para un tal impuesto, que asumido con coraje fiscal por el organismo competente, contribuiría a la convivencia ciudadana.
Zaid, aparte de reconocido economista, es un poeta de indiscutido talento y quizás sea a través de los ininteligibles caminos de la intuición poética por donde le llega a la perspicacia de la degradación del hombre.
Se nos dice que la “pureza moral” la abnegada rectitud, son atributos de los que presumen todas las revoluciones populistas (o socialitas del siglo XXI), es el antídoto de la corrupción. ¿Cómo se entiende esa pureza en esos regímenes?
Esa moralidad es utópica y solo puede dar lugar a más corrupción; sencillamente porque exige desvirtuar al ser humano. “Afinar los mecanismos revolucionarios para luchar contra la corrupción” con variantes retóricas de esta consigna, los voceros de la depuración moral, no cesan como Júpiter de tronar contra las corrupción que pudiese prosperar en sus filas y de amenazarla con perseguirla implacablemente para castigarla como nunca antes se hizo.
Pero el milenario diezmo, mordida, “cuanto hay pa` eso, dame lo mío”, ha sido siempre más rápida que las revoluciones.  Esto es así y Zaid  advierte sin sorna alguna: en el populismo, casi lo único verdaderamente moderno es el mercadeo de la concesión, es en esta primera parte y como para borrarle la sonrisa a los “neoconservadores” de cabeza cuadrada que tanto abundan en América Latina, Zaid sugiere aplicarle los mismos cálculos a la corrupción del sector privado.
De este epidérmico rastreo debe  quedar claro la existencia de una axiología legislativa en la mayoría de las Constituciones y su obligación de cumplirla, así el Profesor Germán José Bidart Campos nos dice: "Toda Constitución cuenta con lo que los españoles llaman el techo ideológico, o bien, el conjunto de principios y valores, de fines y de razones históricas, que alimentan el complejo normativo supremo. Este eje principista  axiológico no es una mera invitación, ni un cúmulo de consejos o recomendaciones, ni una declaración declamatoria carente de obligatoriedad. Vincula a todos: a los poderes públicos, y a los particulares. Orienta, inspira y nutre a todo el articulado constitucional; impone deberes; suministra pautas para aplicarlo y cumplirlo y, sobre todo, da base a la filosofía que comparte la parte dogmática (derechos y garantías) con la parte orgánica (estructura del poder, de sus órganos y funciones).
Y con este razonamiento reingresamos al campo de la función pública, como nos recuerda González Pérez " Asistimos a una quiebra general de los valores morales. En la vida política y en la privada. En el político y en el ciudadano, En el administrador y en el administrado. No siempre ha sido así. Mientras en algunas épocas la inmoralidad de la clase política contrastaba con la probidad del ciudadano medio, en otras era la conducta de lo ciudadanos la que no estaba a la altura de la ejemplaridad de los gobernantes. Hoy desgraciadamente, ni unos ni otros están en condiciones de elevar su voz pidiendo moralidad, aunque unos y otros alardeen de unas probidades, de las pocas virtudes a que ha quedado reducida la ética necesaria para una convivencia mas elemental "Ética de los náufragos" (como ha sido designada en una obra reciente. Y no es infrecuente que, a veces, en ciertos sectores afortunadamente reducidos o si se quiere, de la masa, hasta se encuentre justificada la conducta corrupta de sus líderes: si antes se lucraban los otros  ¿porque no van a poder enriquecerse “los nuestros” al llegar al poder? De aquí la urgencia e insistencia con que se demanda una nueva regeneración".
El papa Juan Pablo II en su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz en 1.998, nos indico que la corrupción "socava el desarrollo social y político de tantos pueblos. Es un fenómeno creciente que va penetrando insidiosamente en muchos sectores de la sociedad, burlándose de la ley e ignorando las normas de justicia y de verdad. La corrupción es difícil de contrarrestar porque adopta múltiples formas; sofocada en un área rebrota a veces en otra. El hecho mismo de denunciarla requiere valor. Para erradicarla se necesita además, junto con la voluntad tenaz de la autoridades, la colaboración generosa de todos los ciudadanos, sostenidos por una fuerte conciencia moral".
Pedro R. Garcia M.
pgpgarcia5@gmail.com
@pgpgarcia5

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