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LA LIBERTAD, SANCHO, ES UNO DE LOS MÁS PRECIOSOS DONES QUE A LOS HOMBRES DIERON LOS CIELOS; CON ELLA NO PUEDEN IGUALARSE LOS TESOROS QUE ENCIERRAN LA TIERRA Y EL MAR: POR LA LIBERTAD, ASÍ COMO POR LA HONRA, SE PUEDE Y DEBE AVENTURAR LA VIDA. (MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA) ¡VENEZUELA SOMOS TODOS! NO DEFENDEMOS POSICIONES PARTIDISTAS. ESTAMOS CON LA AUTENTICA UNIDAD DE LA ALTERNATIVA DEMOCRATICA

lunes, 12 de septiembre de 2011

ROSENDO FRAGA: ¿HA ENTRADO EE.UU. EN DECADENCIA?

Los diez años de los atentados del 11 de setiembre en los EE.UU., se cumplen cuando se plantea el debate sobre si ha entrado en decadencia como potencia global.

La crisis global aumenta el debate sobre la decadencia de los EEUU. Hay quienes sostienen que el país ha entrado en un ciclo de decadencia histórica irreversible, como sucediera con los imperios occidentales: Roma, España y Gran Bretaña. La postura contraria sostiene que EEUU sólo está teniendo un tropiezo coyuntural y que su predominio mundial todavía durará mucho tiempo, dada su ventaja sobre el mundo emergente en múltiples sectores y actividades. Entre ambas posturas hay quienes sostienen que sólo se trata de un reacomodamiento tras el cual surgirá un nuevo orden con dos potencias, una en occidente y otra en oriente: EE.UU. y China. Se trata de un debate crucial para América Latina, que por geografía e historia es una región donde la hegemonía estadounidense es y será muy fuerte por lo menos en el corto y mediano plazo. Hay quienes comienzan a tomar medidas prematuramente, asumiendo que la influencia de Washington ha entrado en una declinación inevitable y que las potencias BRIC ya lo están sustituyendo. La realidad es que la influencia de los EE.UU. en el tercio de América Latina que está el norte del Canal de Panamá (México, América Central y Caribe) es y será muy fuerte, ante todo por el fenómeno hispano y el crecimiento demográfico. En cambio es probable que en los dos tercios de América Latina que están al sur del Canal de Panamá sea decreciente y que en esta región (UNASUR) la influencia de las potencias emergentes -comenzando por Brasil- crezca.

La historia muestra que cuando los imperios se expanden, el aumento del gasto militar que ello exige, termina arruinando su economía, llevándolos al un colapso inevitable. Es la tesis del historiador norteamericano Paul Johnson, que se verifica en el fin del imperio romano en los primeros siglos de la era cristiana, donde la necesidad de contratar mercenarios, combinada con la inflación generada para pagarlos, terminó con Roma; o en el caso del imperio español entre los siglos XVI y XVIII, cuando diversas guerras en Europa como la de Flandes, llevaron a la Corona a gastar el oro y la plata extraídos de la actual América Latina, en contratar y financiar ejércitos. Es lo sucedido también con el Imperio Británico, cuando su participación en las dos guerras mundiales del siglo XX, determinada por sus intereses globales, terminó agotando y desarticulando el Imperio. Hoy EE.UU. tiene el 45% del gasto militar mundial siendo sólo el 22% del PBI global, y esta diferencia tiende a aumentar. Desde esta perspectiva, parece darse exactamente la situación que precipitó la caída de los imperios occidentales. Según la nueva medición del FMI, la economía china alcanzará a la de EEUU en 2016, pero su gasto militar es aproximadamente ocho veces menor que el estadounidense.

Pero EE.UU. no es un imperio sino un estado-nación y además su riqueza en recursos naturales, territorio y población la transforman en otra potencia BRIC. Los tres imperios mencionados se desarticularon territorialmente, porque en realidad no eran un estado nacional sólido y unificado. Al perder la metrópoli la capacidad de controlar los territorios adquiridos por la fuerza, ello hizo colapsar el Imperio. El caso más reciente es Gran Bretaña, que perdió después de la Segunda Guerra Mundial sus colonias en África y Asia incluyendo la India y Pakistán -que hoy son potencias nucleares-, y finalmente Honk Kong en la última década del siglo XX. Paralelamente Canadá, Australia y Nueva Zelanda pasaron a tener un real grado de autonomía nacional, más allá de mantener la sujeción simbólica a la corona. Esta no es la situación de los EE.UU., exceptuando ideas extremistas como la que llegó a plantear el gobernador de Texas (Perry), alineado con el Tea Party, al amenazar con una secesión si el gobierno federal no cambiaba sus políticas. Cabe recordar que hace menos de un siglo y medio el país se vio conmovido por una sangrienta guerra civil que evitó la secesión. En los años sesenta, el ensayista francés Raymond Aron publicaba su libro La República Imperial, en el cual analizaba la doble característica que tenía los EE.UU. y que lo hacía un fenómeno singular en la historia. Pero además, es el tercer país del mundo por el valor de sus recursos naturales, por población y territorio es una potencia emergente con más habitantes que Brasil y Rusia, y tiene en recursos naturales un valor que supera a la última e India. EE.UU. es el único país del mundo que al mismo tiempo tiene las condiciones de potencia emergente y de país desarrollado. Sólo la secesión podría hacer válida la tesis historicista sobre el fin de los imperios occidentales, que hoy parece verificarse en la relación economía-gasto militar de la primera potencia del mundo.

Por esta razón, el escenario más probable es que EE.UU. pase a compartir con China el liderazgo mundial tras dos décadas de ser la única hiper-potencia. De las diez mejores universidades del mundo ocho están en los EE.UU., país que gasta en ellas el doble que Europa y tres o cuatro veces lo que gasta todavía China y ello es una ventaja que no desaparece en el corto y mediano plazo. Además tiene una gran capacidad de asimilar lo diferente. Los dos secretarios de estado de Bush fueron de origen afro (Powell y Rice) y ahora alguien de esta minoría ha llegado a la Presidencia (Obama). Pese a la crisis, la fuga de cerebros hacia los EE.UU. se sigue dando y la sufre no sólo Asia, sino también la primera economía de Europa que es Alemania. Los hispanos permiten mantener una alta tasa de crecimiento demográfico, lo que hoy ha pasado a ser más una ventaja que desventaja para una potencia global, evitando los problemas de envejecimiento de la población que ya enfrentan China y Rusia.

A ello se agrega la posición geográfica de EE.UU., con la costa Este funcionando más próxima a Europa y la oeste al Asia, lo que permite coexistir al mismo tiempo con ambos modelos.

En conclusión al cumplirse diez años de los atentados del 11 de setiembre, resulta claro que este hecho, quizás haya marcado el inicio del fin de los EEUU. como hiperpotencia o única potencia global, sin que ello implique su final como una de las grandes potencias del mundo, que seguirá siendo por mucho tiempo

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EDITORIAL DE ANALITICA PREMIUM: EL EXTREMISMO, ¿MAL DE NUESTRO TIEMPO?. LUNES, 12 DE SEPTIEMBRE DE 2011

En países tan diferentes como pueden serlo Venezuela, EE.UU. y Noruega hemos podido observar como surgen fanáticos capaces de cualquier acto, por criminal que pueda ser, si eso representa la justificación de una determinada ideología o de una fobia particular.

El fanatismo y el extremismo político han existido siempre en la historia de la humanidad y aunque han representado a un segmento minoritario de la población , el daño que  han causado ha sido terrible.

El 11 de septiembre de 2001 fue una fecha en  la que perecieron aproximadamente tres mil  personas en las Torres Gemelas y sus aledaños producto del odio y del fanatismo religioso. Pero, si bien este hecho resulta emblemático de lo que puede ocurrir cuando la incomprensión y el odio prevalecen en las relaciones internacionales, no es esa la única forma de expresión de ese nihilismo social.

En países tan diferentes como pueden serlo Venezuela ,EE.UU. y Noruega hemos podido observar como surgen fanáticos capaces de cualquier acto, por criminal  que pueda ser, si  eso representa la justificación de una determinada ideología o de una fobia particular. Algunas pueden ser absurdamente letales como la masacre ocurrida en la pequeña isla noruega, otras pueden ser potencialmente catastróficas como lo son algunas ideas mantenidas, con fe de carbonero, por algunos miembros del Tea Party del partido republicano, y otras como las que vivimos en nuestro país en la que una pequeña banda de militares  y algunos civiles conducidos por Chávez está dispuesta a ir, si  necesario, a una guerra civil con tal de no entregar el poder a los escuálidos contra-revolucionarios; también hay especímenes parecidos del otro lado de la barricada en los que su odio es tal magnitud  que no dudarían en prescindir de los métodos democráticos con tal de erradicar de raíz al chavismo.

Ojalá la gente sensata, que no dudamos que sea la mayoría en ambos bandos, se de cuenta de que nadie ganará con una guerra civil. Ya nuestra historia tiene demasiados ejemplos del daño que eso le hizo a nuestra nación y que sólo culminó con la larga y tenebrosa dictadura de Juan Vicente Gómez.

Hemos insistido en nuestros editoriales que para evitar mayores males en el futuro hay que emprender el camino del diálogo, aislar a los extremistas de ambos lados, y luchar por establecer un clima de tolerancia política en el país. Estamos conscientes de que la tarea no es fácil, hay que primero desmontar el mensaje de odio y entender que nadie es dueño de cien por ciento de la verdad y de la razón.  Pero el futuro de nuestros hijos nos los exige, no podemos seguir viviendo en una sociedad en la que cada día por motivos triviales se asesina y se destruye moralmente  a un número creciente de ciudadanos. Sólo un clima de paz, de tolerancia y de respeto podrá permitir reconstruir un país que de verdad sea de todos y no de una secta.

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NELSON MAICA C: FRACASO DEL GOBIERNO

¿Cuándo podemos considerar que se percibe el fracaso de un gobierno? Oímos aseveraciones como las siguientes: este gobierno fracasó, luego de 12 años de gestión, en garantizarle la vida, la vivienda, la salud, las medicinas, la propiedad, los alimentos, la luz, el agua, etc., al pueblo, al ciudadano venezolano. Etc. Etc.
Pero no lo leemos bien sustentado, en blanco y negro, caso por caso, fracaso por fracaso. Deberíamos poder bajarlos de Internet y/o adquirirlos en la librería y/o consultarlos en las bibliotecas y/o tribunales nacionales y/o internacionales. Casos de estudio en las universidades, etc., uno por uno. ¡Sentimos día a día el fracaso del régimen en todo y en todo el territorio nacional! ¡Que calamidad!
Nos topamos con variadas explicaciones, conjeturas, teorías, etc., de cómo y cuando fracasa un gobierno. Aquí nos referimos al tema solo desde una perspectiva y les invitamos a darnos a conocer la suya.
Desde un punto de vista muy general podríamos decir que un gobierno, cualquier gobierno, fracasa cuando pierde el control exclusivo sobre los medios de coacción, según algunos teóricos.
Pero también fracasa, cuando:
Pierde el control físico sobre su territorio y no tiene el monopolio del uso legal y legitimo de la fuerza bruta. Ojo: sostenemos que no se le debe atribuir éxito o fracaso al estado. El estado no gestiona, no actúa. Quien actúa es el gobierno.
Carece de la autoridad suficiente para tomar decisiones que beneficien o no al colectivo, en su conjunto, no a sectores y/o minorías.
No es capaz de proporcionar a los ciudadanos, al pueblo, servicios públicos aceptables, especialmente seguridad para su vida y bienes.
Deja de interactuar en relaciones formales con otros gobiernos, como miembro de pleno derecho de la comunidad internacional.
Como una consecuencia inmediata de lo anterior queda en evidencia que el estamento político en el poder, el mismo desgasta, termina con su legitimidad y autoridad.
Según lo anterior pudiéramos afirmar que el gobierno establecido en el país que no existe desde 1999 hasta hoy 2011 es un fracaso o ha fracasado de la manera más rotunda. Examinemos algunos ítems relacionados.
¿Perdió el control físico sobre su territorio?
Gritos rojos vociferan que no; pero hay inmensas zonas del territorio en donde no llega la presencia gubernamental. Hay áreas político administrativas dirigidas y administradas por ocupantes extranjeros como los castristas. Se dice y se han hecho planteamientos, incluso, en otros países, de que la guerrilla y el narco tráfico y el terrorismo internacional controlan bastas zonas y rutas dentro del territorio nacional. Incluso, los vecinos, publicaron hasta unas coordenadas indicando zonas de campamentos guerrilleros y presencia de sus jefes.
Se ha dicho, también, públicamente, que el país es una zona de alivio para la guerrilla y de transito para el narcotráfico y, además, que tienen la anuencia del presente régimen socialista comunista dependiente de los hermanos castro cubanos. Es inolvidable e inocultable el discurso a favor de la guerrilla y de la coca por parte del gobernante de turno, incluso, en el recinto de la AN y por los medios de comunicación.
Eso hace concordancia con la cantidad de dinero en dólares que se ha destinado a la compra de armamento pesado, liviano y medio, precisamente a países que no practican la democracia plural.
Da la impresión de que el número de armas adquiridas sobrepasa el número de integrantes de las FA y de la población. Lo cual pareciera un contrasentido con las afirmaciones de rojitos al decir que existe una política seria y responsable sobre seguridad en el país. Se compran y fabrican armas y aumenta la criminalidad y la inseguridad y aumentan los cuerpos represivos. ¿?  ¿A dónde van, entonces, tantas armas? ¿Quién las distribuye y quien las controla? ¿Cómo fueron a parar al interior de las cárceles y crimen?
¿Por qué? Para algunos observadores, presuntamente, porque van a las guerrillas en toda Latinoamérica y lugares del planeta, en especial, a la colombiana y van al mundo criminal. ¿Negocio? ¿Corrupción a la máxima expresión? ¿Plan político?
Todo ello sugiere dos cosas: una, si perdió el control del territorio y, dos, que pudiera existir algún tipo de convenio y/o acuerdo con el “bajo mundo”. ¿Lo respetaran? ¿Hasta cuando? ¿El crimen paga, por ahora?
¿Y tiene el monopolio del uso legal y legitimo de la fuerza bruta? No, legal y legitimo. Si, en los hechos. Se ha saltado a la torera el orden constitucional99. Desconoció la Constitución99. Creó unidades armadas no contempladas en la constitución99 que, como en los tiempos de la decadencia romana, están constituidas presuntamente por “todo lo menos adecuado” y solo le obedecen al jefe y no a las leyes, con ayuda de los invasores castro. ¿El Rodeo? ¿Sanciones del Departamento del Tesoro de USA a determinados ciudadanos? ¿Por qué no renuncian a sus cargos, se entregan y demuestran, ahora al mundo, su “inocencia” y rectitud? ¿A quien le están mostrando el “tramojo”?... Dime con quien andas y te diré quien eres…
¿Pierde o carece de la autoridad suficiente para tomar decisiones colectivas?
Es un régimen de minoría. Ilegitimo y de dudosa legalidad. En estos momentos el rechazo llega aproximadamente al 70%. Las gobernaciones con el 60% de la población tienen gobernadores de la oposición.
En política, desde la época de las luces a esta parte, había que someterse a la voluntad general, pero no a la voluntad de todos (no a los votos de una mayoría obediente); someterse a lo que conviene a la felicidad de todos, cuando la mayoría representa la razón y la opinión mejor esclarecida, tal como lo representa hoy la “oposición” a este régimen destructor.
Por supuesto, carece de la autoridad y del consenso suficiente para tomar decisiones colectivas y que se ejecuten. Por ahora las decisiones están basadas en la fuerza bruta. El numero de obras sin concluir es desconocido y el dinero gastado en ellas también.
¿Es capaz de proporcionar a los gobernados servicios públicos aceptables?
No solo no es capaz, en casi doce años de gobierno, en todos los servicios públicos y en su estructura física, la Nación esta al borde de la ruina. Ningún servicio publico, hoy, responde a las condiciones mínimas requeridas. Tampoco responde por la vida y menos por los derechos humanos de la población. En publicaciones internacionales se pueden leer los resultados. Acabó, además, con el aparato productivo del país.
¿Dejo de interactuar en relaciones formales con otros gobiernos, como miembro de pleno derecho de la comunidad internacional?
Su predica favorita u obsesiva es sobre una guerra contra los Estados Unidos de América. Enfrentamiento y distanciamiento con parte de los gobiernos del planeta y muy cercano roce y compromisos con los integrantes del llamado “eje del mal” y la “pandilla” latinoamericana. Nada loable y beneficioso para el pueblo. A la vista y en los medios “las maromas” y “desatinos” correspondientes. Caso Libia.
Además de nombrar y trabajar con el equipo ministerial en relaciones exteriores peor y mal preparado intelectual y profesionalmente de toda la historia del país.
¿Por qué si el gobierno ha perdido legitimidad y autoridad sigue en el poder?
Algo no andaría bien, entonces, en esta supuesta hipótesis sobre el por qué del fracaso de un gobierno, porque la consecuencia lógica es que ese régimen debía ser cambiado o sustituido hace ya bastante tiempo; pero eso no ha ocurrido en este caso. Cada pueblo tiene sus peculiaridades, su desigualdad dentro de la universalidad.
¿Por que? Porque pasó a ser un gobierno de facto, no constitucional99, dio un golpe de estado al borrar en los hechos la separación y actuación de las ramas del poder publico (poderes) y reinstalar el centralismo (en contra del estado federal descentralizado, Art. 4, CN99) y ha sido tolerado por la ciudadanía, el pueblo y sus organizaciones, sobre todo las políticas, sus elites.
Supuestamente, a quienes les corresponde, no han valorado a cabalidad cada uno de los ítems y/o los factores de poder y no han actuado en consecuencia.
Sus respuestas no están ajustadas del todo a la realidad y/o la población y sus organizaciones, sobre todo las políticas, las elites, no han sido normalmente activas en los asuntos políticos de fondo como para movilizarse de inmediato y proceder a los cambios requeridos. ¿Parte de la cultura política especifica de esta población? ¿Simple acomodo?
¿Y que puede suceder en estos casos?
Que generalmente las teorías y/o esquemas y, por supuesto sus indicadores, no concuerdan, están distanciados en ciertos aspectos con la realidad del día a día; por otra parte, los analistas y/o quienes toman las muestras, los datos, acusan algunos deslices, errores propios del hacer, en sus notas de campo; la información y la comunicación no es neutral. Y la vida continúa. El sol brilla todos los días.
Aquí, por ejemplo, no se toma en cuenta, en la teoría y en los índices, la pobreza generalizada, la debilidad de las instituciones, la profundidad de la corrupción, el grado de ocupación y penetración por otros países y determinados grupos y carteles (castristas, extremistas de otras latitudes, el eje del mal, la pandilla, etc.), eso hace débil y, por lo tanto acentúa y agiliza el fracaso de un gobierno.
Podríamos decir que en los países en donde se posesionan gobiernos de grupos peligrosos, tipo bandas, son un riesgo para sus pueblos y para los vecinos. Ahí esta Libia, lo mas reciente.
También fracasan los gobiernos debido a la indignidad de la dirigencia nacional y, sobre todo, de la dirigencia política, por su codicia, por su complicidad, por su corrupción.
El fracaso del gobierno lo provoca el gobernante, no es casual, ni por los elementos naturales, ni las injusticias, ni la exclusión social, ni los problemas heredados, ni otras causas, son sus malas decisiones, sus erradas políticas, acompañarse de incompetentes colaboradores.
Existen papeles de trabajo en donde se indica que las guerras civiles no son provocadas, en la mayoría de los casos, solo por la injusticia social sino por personas con inclinaciones hacia la codicia, hacia la rapiña, hacia la posesión del poder para su beneficio y su grupo.
Se comenta en algunas publicaciones que el fracaso del gobierno, en términos generales, se vincula, igualmente, a bajos niveles de vida de la población; a conflictos que pasan de una frontera a otra; a violaciones constantes de la constitución por parte del gobierno; abusos contra los derechos humanos; notoria desproporcionalidad de ingresos económicos entre los funcionarios del gobierno y resto de la población; la criminalizacion de la opinión; cuando el gobierno es considerado, por la mayoría de la población, corrupto, ineficaz.
¿Conoce algún problema nacional resuelto por este régimen? ¿Usted cree que este gobierno es un total fracaso?
Tips:
A este determinista rojo nadie le ha dado facultades, ni atribuciones, ni nada, para forzar el comportamiento individual de cada ciudadano y tampoco le es lícito reducirlos a la esclavitud, tal como le dictan.
La esclavitud se abolió; pero existen, muy a pesar, los rojos, autos denominados proletarios, esclavos modernos, que allí están, todavía.

"Bajo el sistema federativo, los funcionarios públicos no pueden disponer de las rentas sin responsabilidad”.
Benito Juárez, 1806-1872, Presidente y político mexicano

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AYN RAND: SOBRE LA NATURALEZA DE UN GOBIERNO


Un gobierno es una institución que posee el poder exclusivo de forzar ciertas reglas de conducta social en un área geográfica.


¿Necesitan los hombres tal institución y por qué?


Ya que la mente del hombre es su herramienta básica para sobrevivir, su instrumento para obtener conocimientos y guiar sus acciones, la condición básica que necesita es la libertad de pensar y actuar de acuerdo con su juicio racional. Esto no quiere decir que el hombre debe vivir solo y que una isla desierta es el ambiente que mejor satisface sus necesidades. El hombre puede derivar beneficios enormes de la cooperación con otros. El ambiente social es el que más conduce para su supervivencia exitosa, pero solamente en ciertas condiciones.


"Los dos grandes valores que se pueden obtener de la existencia social son: conocimientos e intercambio. El hombre es la única especie que puede transmitir y expandir cúmulos de conocimientos de generación en generación; los conocimientos que potencialmente están al alcance del hombre son mucho mayores que lo que un solo hombre pudiese comenzar a adquirir en una vida; cada hombre obtiene beneficios incalculables de los conocimientos descubiertos por otros. 


El segundo gran beneficio es la división del trabajo: permite que un hombre dedique su esfuerzo a un campo particular de trabajo y que intercambie con otros, quienes se especializan en otros campos. Esta forma de cooperación permite a todos los hombres que participan en ella adquirir mayores conocimientos, destreza y beneficios productivos de su trabajo que lo que lograrían si cada uno tuviera que producir todo lo que necesita, ya en una isla desierta o en una unidad agrícola autosuficiente.


"Pero estos mismos beneficios indican, delimitan y definen qué clase de hombres pueden ser de valor uno para el otro, y en qué clase de sociedad: únicamente hombres racionales, productivos e independientes, en una sociedad racional, productiva y libre". (The Objectivist Effects).


Una sociedad que roba al individuo el producto de su esfuerzo, o lo esclaviza, o pretende limitar la libertad de su mente, o le obliga a actuar en contra de su juicio personal una sociedad que establece un conflicto entre sus leyes y los requerimientos de la naturaleza del hombre no es, hablando estrictamente, una sociedad, sino una chusma unida por leyes de pandilla institucionalizada.


Tal sociedad destruye todos los valores de la coexistencia humana, no tiene justificación posible y representa, no una fuente de beneficio, sino la amenaza más mortal incomparablemente a la supervivencia del hombre. La vida en una isla desierta, es más segura y preferible a la existencia en la Rusia soviética o en la Alemania nazi.


Si los hombres han de vivir juntos en una sociedad pacífica, productiva y racional, y tratar uno con el otro para beneficio mutuo, tienen que aceptar el principio básico social, sin el cual no es posible una sociedad moral o civilizada: el principio de los derechos individuales.


Reconocer los derechos individuales significa reconocer y aceptar las condiciones que requiere el hombre por su naturaleza para sobrevivir adecuadamente.


Los derechos del hombre pueden ser violados únicamente por la fuerza física. Es únicamente por medio de la fuerza física que un hombre puede quitarle a otro la vida o esclavizarlo o robarle, o impedir que otro persiga sus propias finalidades, u obligarlo a actuar contra su propio juicio racional.


La precondición de una sociedad civilizada es la prohibición de la fuerza física en las relaciones sociales, estableciendo así el principio que si el hombre desea tratar uno con el otro, puede hacerlo únicamente por medio de la razón: mediante discusión, persuasión y acuerdo voluntario sin coerción. La consecuencia necesaria del derecho del hombre a su vida, es su derecho a defenderse. En una sociedad civilizada la fuerza puede utilizarse únicamente en vía de represalia y únicamente contra aquellos que iniciaron su uso. Todas las razones que convierten la iniciación de fuerza física en un mal, convierten el uso de la fuerza física en vía de represalia, un imperativo moral.


Si una sociedad "pacifista" renunciara al uso de la fuerza en vía de represalia, ella quedaría inútilmente a la merced del primer rufián que decidiese actuar inmoralmente. Tal sociedad lograría lo opuesto a su propia intención: en vez de abolir el mal, lo fomentaría y gratificaría.


Si una sociedad no provee protección organizada contra la fuerza, obligaría a cada ciudadano a vivir armado, convertir su hogar en una fortaleza, y disparar a los extraños que se acercasen a su puerta, o a asociarse a una pandilla de ciudadanos para protegerse, quienes pelearían con otras pandillas, formadas para el mismo propósito, y así traería la degeneración de esa sociedad al caos: al dominio por pandilla, es decir, gobierno por fuerza bruta, hacia la guerrilla de tribu típica de salvajes prehistóricos.


El uso de la fuerza física aun en vía de represalia no puede dejarse a la discreción de los ciudadanos individuales. La coexistencia pacífica es imposible si el hombre tiene que vivir bajo la amenaza constante del uso de la fuerza bruta por parte de sus vecinos en cualquier momento. Ya sea que las intenciones de sus vecinos sean buenas o malas, que sus juicios sean racionales o irracionales, que estén motivados por un sentido de justicia o por ignorancia o prejuicio o malicia, el uso de la fuerza contra un hombre no puede dejarse a la decisión arbitraria de otro.


Visualice, por ejemplo, qué pasaría si un hombre perdiese su cartera, concluyese que se la han robado, y entrase en todas las casas del vecindario a buscarla, matando al primer hombre que le mirase en forma sospechosa, tomando tal mirada como prueba de culpabilidad.


El uso de la fuerza de represalia requiere reglas objetivas para establecer pruebas de que un crimen ha sido cometido y probar quién lo ha cometido, así como también reglas objetivas para definir castigos y procedimientos para implementarlos. Los hombres que pretenden perseguir crímenes sin tales reglas, constituyen una chusma furiosa. Si una sociedad dejase el uso de la fuerza represiva en las manos de ciudadanos individuales, degeneraría hacia la ley de la jungla y hacia una serie interminable de vendetas y guerras privadas.

Si la fuerza física va a ser excluida de las relaciones sociales, el hombre necesita una institución encargada de la tarea de proteger sus derechos y supeditada a un código objetivo de reglas.


Esta es la función de un Gobierno de un legítimo Gobierno, su función primordial, su única justificación moral y la razón por la cual los hombres sí necesitan un gobierno.


Un gobierno es el medio que coloca el uso de la fuerza física represiva bajo el control objetivo. Es decir, bajo leyes definidas objetivamente.


La diferencia fundamental entre una acción privada y una acción gubernamental, una diferencia completamente ignorada y evadida hoy día descansa en el hecho que el gobierno tiene el monopolio del uso legal de la fuerza física. Tiene que tener tal monopolio, ya que es el agente para restringir y combatir el uso de la fuerza y, por esa misma razón, sus acciones tienen que ser rígidamente definidas, delimitadas, y circunscritas; ni el más ligero capricho o antojo debe serle permitido en el cumplimiento de sus obligaciones; debe actuar como robot impersonal, con la ley como su única fuerza motivadora. Si una sociedad ha de ser libre, su gobierno tiene que estar controlado.


Bajo un sistema social adecuado, un individuo particular es legalmente libre para tomar cualquier acción que desea, siempre que no viole los derechos de otros, mientras que un funcionario gubernamental está limitado por ley en cada uno de sus actos oficiales. Una persona individual puede hacer todo aquello excepto lo que está legalmente prohibido; un funcionario gubernamental no puede hacer nada excepto aquello que está legalmente permitido.

Esta es la manera de subordinar la "fuerza" al "derecho". Éste es el concepto estadounidense de "un gobierno de leyes y no de hombres".


La naturaleza de las leyes propias a una sociedad libre y de la fuente de la autoridad gubernamental, se derivan de la naturaleza o propósito de un gobierno adecuado. El principio básico de ambas está indicado en la Declaración de Independencia: "para afianzar estos derechos (individuales), los hombres instituyen gobiernos derivando su justo poder del consentimiento de los gobernados...".

Ya que la protección de los derechos individuales es la única función propia de un gobierno, igualmente la es la única función impropia de la legislación: todas las leyes deben estar basadas en los derechos individuales y dirigidas hacia su protección. Todas las leyes deben ser objetivas (y objetivamente justificables): los hombres deben saber claramente y con anticipación a sus actos, lo que la ley les prohibe hacer (y por qué), qué constituye un delito y cuál es el castigo que sufrirán sí lo cometen.


La fuente de autoridad del gobierno es "el consentimiento de los gobernados". Esto quiere decir que el gobierno no es el mandante, sino el que sirve, el mandatario, o sea un agente de los ciudadanos; eso significa que el gobierno como tal no tiene más derechos excepto los derechos delegados en él por los ciudadanos para un objeto específico.


Existe únicamente un principio básico, al cual el individuo debe consentir si desea vivir en una sociedad libre y civilizada: el principio de renunciar al uso de la fuerza física y delegarle al gobierno su derecho de autodefensa, con objeto de que la implementación sea ordenada, objetiva y legalmente definida, O, poniéndolo de otra manera, debe aceptar la separación de la fuerza y el capricho (cualquier capricho, incluyendo los propios).


Pues bien, ¿qué sucede en caso de desacuerdo entre dos hombres referente a alguna actividad en la cual ambos están involucrados? En una sociedad libre, los hombres no están obligados a tratar unos con los otros. Ellos lo hacen únicamente por acuerdo voluntario y, cuando existe un elemento de tiempo, mediante contrato. Si un contrato es quebrantado por la decisión arbitraria de un hombre, puede causarle daños financieros desastrosos al otro, y la víctima no tendría otro recurso que arrebatarle al que lo ha ofendido su propiedad en vía de compensación. Pero nuevamente, el uso de la fuerza no puede dejarse sujeto a la decisión de individuos particulares. Y esto nos lleva a una de las funciones más importantes y más complejas de un gobierno: la función de árbitro que arregla disputas entre los hombres de acuerdo con leyes objetivas.


Los delincuentes son una pequeña minoría en cualquier sociedad semicivilizada. Pero la protección e implementación de contratos a través de cortes de ley civil, es la necesidad más crucial de una sociedad pacífica; pues, sin tal protección, ninguna civilización podría ser desarrollada o mantenida.


El hombre no puede sobrevivir, como lo hacen los animales, actuando bajo el impulso del momento inmediato. El hombre tiene que proyectar sus finalidades y alcanzarlas a través del tiempo; tiene que calcular sus actos y planificar su vida a largo plazo. Mientras mejor sea la mente del hombre y mientras mayor sus conocimientos, mayor el plazo de su planificación.


Mientras más elevada y compleja una civilización, mayor será el plazo de sus actividades y, por lo tanto, mayor será el plazo de los acuerdos contractuales entre los hombres, y más urgente será su necesidad de proteger la seguridad de tales acuerdos. Y aun una necesidad primitiva a base de trueque no podría funcionar si un hombre, después de haber acordado entregar un quintal de papas a cambio de una canasta de huevos, y después de haber recibido los huevos, rehusara entregar las papas. Visualice las consecuencias de este tipo de acción caprichosa en una sociedad industrializada, donde los hombres entregan millones de dólares de bienes al crédito, o contratan las construcciones de miles de millones, o firman contratos a noventa años.


El rompimiento unilateral de un contrato involucra el uso indirecto de la fuerza física: consiste, en esencia, en que un hombre recibe valores materiales, bienes o servicios de otro, y entonces rehusa pagar por ellos reteniéndolos por la fuerza (por la mera posesión física), y no por derecho, es decir, que los guarda sin el consentimiento de su dueño. 


El fraude involucra un uso similar indirecto de la fuerza: consiste en obtener valores materiales sin el consentimiento del dueño bajo premisas o pretensiones falsas. La extorsión es otra variante del uso indirecto de la fuerza: consiste en obtener valores materiales, no a cambio de valores, sino mediante la amenaza, fuerza, violencia o daño. Algunas de estas acciones evidentemente son criminales. 


Otras, como el rompimiento unilateral de un contrato, puede que no esté motivada criminalmente, pero puede ser causada por irresponsabilidad o irracionalidad. Otros podrán ser asuntos complejos con algo de justicia en ambos lados. Pero sea el caso que fuere, todas esas disputas tienen que sujetarse a leyes objetivamente definidas y tienen que ser resueltas por un árbitro imparcial, aplicando las leyes, en otras palabras, por un juez (y un jurado cuando corresponde). Obsérvese el principio básico que rige a la justicia en todos estos casos: es el principio que ningún hombre puede obtener valores de otros sin el consentimiento del dueño y, como corolario, que los derechos del hombre no pueden abandonarse a la suerte de la decisión unilateral, el juicio arbitrario, o el capricho y juicio irracional de otro hombre.


Tal en esencia, es el fin propio de un gobierno: hacer la existencia social posible a los hombres, mediante la protección de los beneficios y combatiendo los males que los hombres pueden causarse unos a otros.


La función propia de un gobierno cae dentro de tres amplias categorías, todas las cuales involucran el punto del uso de la fuerza y la protección de los derechos del hombre: la Policía, para proteger a los hombres de los criminales; las Fuerzas Armadas, para proteger a los hombres de invasores extranjeros; las Cortes, para decidir disputas de acuerdo con leyes objetivas.

De estas tres categorías se derivan muchas situaciones y corolarios, y su implementación en la práctica, en forma de legislación específica, es enormemente compleja. Pertenece a un campo especial de la ciencia: la filosofía de la ley. Muchos errores y muchos desacuerdos son posibles en el campo de la implementación, pero lo que es esencial aquí, es el principio que ha de implementarse: el principio que el objeto de la ley de un gobierno es la protección de derechos individuales.


Hoy, ese principio está olvidado, ignorado y evadido. El resultado es el presente estado del mundo, con la regresión de la humanidad hacia la tiranía absolutista sin ley, hacia el salvajismo primitivo de gobierno por la fuerza bruta.


En actitud de protesta insensata contra esta tendencia, algunas personas presentan la cuestión de que siendo tales gobiernos tan malos por naturaleza, si no será la anarquía el sistema social ideal. La anarquía, como concepto político, es una abstracción que flota ingenuamente: por todas las razones discutidas antes, una sociedad sin un gobierno organizado estaría a merced del primer criminal que llegase, el cual la precipitaría hacia el caos de las guerrillas pandilleras. 


Pero la posibilidad de inmoralidad humana no es la única objeción a la anarquía: aún en una sociedad donde cada uno de sus miembros fuese completamente racional y sin tacha moral, no podría funcionar en estado de anarquía, es la necesidad de leyes objetivas y de un árbitro para desacuerdos honrados dentro de los hombres que crea la necesidad de establecer un gobierno.


Una variante reciente de la teoría anarquista, que está confundiendo a algunos jóvenes que abogan por la libertad, es el espantoso absurdo llamado "gobiernos en competencia". Aceptando la premisa básica de los modernos estatistas que no ven la diferencia entre las funciones de un gobierno y la función de la industria, entre la fuerza y la producción, y que abogan por la propiedad estatal de los negocios, los proponentes de "gobiernos en competencia" toman el otro lado de la misma moneda y declaran que ya que la competencia es tan beneficiosa para los negocios, debería aplicarse también a los gobiernos. En vez de un solo gobierno monopolista, declaran, debiera existir un número de diferentes gobiernos en la misma área geográfica, compitiendo por la lealtad de los ciudadanos individuales, dejando a cada ciudadano libre de escoger y estar con el gobierno que escoge.


Recordemos que el control del hombre por la fuerza es el único servicio que un gobierno puede ofrecer. Pregúntese qué significaría la competencia en control forzoso.


No puede llamársele a esto una teoría contradictoria en terminología, ya que evidentemente carece de comprensión de los términos "competencias" y "gobierno". Tampoco puede llamársele una abstracción flotante, ya que es carente de cualquier contacto o referencia a la realidad y no puede concretarse, ni siquiera en forma aproximada. Una ilustración será suficiente: supongamos que el Sr. Smith, un cliente del gobierno "A", sospecha que su vecino, el Sr. Jones, quien es cliente del gobierno "E", le ha robado; un destacamento de la policía "A" llega a la casa del Sr. Jones y encuentran en la puerta un destacamento de la policía "B", que declara que no aceptan la validez de la acusación del Sr. Smith y que no reconocen la autoridad del gobierno "A". ¿Qué sucede entonces? Siga usted adelante con el ejemplo.


La evolución del concepto del gobierno ha tenido una larga y difícil historia. Alguna idea de la función propia de un gobierno parece haber existido en toda sociedad organizada, manifestándose en un fenómeno tal como el reconocimiento implícito (aunque a veces no existente) de la diferencia entre un gobierno y una pandilla la aureola de respeto y de autoridad moral otorgada a un gobierno como el guardián de la "ley y el orden", el hecho que aun los gobiernos más malos reconocieron la necesidad de mantener alguna apariencia de orden y alguna pretensión de justicia, aunque fuese únicamente rutina y tradición, y de proclamar más de alguna justificación moral por su poder, ya de naturaleza mística o social. 


Así como los monarcas absolutos de Francia tuvieron que invocar "Los Derechos Divinos de Los Reyes", los dictadores modernos de la Rusia soviética tienen que gastar fortunas en propaganda para justificar su poder ante los ojos de los sujetos esclavizados.

En la historia del hombre, la comprensión de la propia función de un gobierno es de logro reciente. Únicamente tiene 200 años de edad y data de la revolución estadounidense. No solamente identificaron la naturaleza y la necesidad de una sociedad libre, sino encontraron la manera de traducirla a la práctica. Una sociedad libre como cualquier otro producto humano no puede obtenerse por casualidad, mediante el mero deseo ni sólo por la "buena voluntad" de sus líderes.


Un complejo sistema legal, basado en principios de validez objetivos, son requeridos para hacer una sociedad libre y mantenerla libre, un sistema que no depende de las motivaciones, del carácter moral o de las intenciones de algún funcionario público, un sistema que no ofrece oportunidad ni "salidas" para el desarrollo de la tiranía.

El sistema estadounidense de poderes balanceados y limitados consistió en tal hazaña. Y aunque ciertas contradicciones en la Constitución sí dejaron algunas salidas para el crecimiento del estatismo, la hazaña incomparable fue el concepto de una Constitución como medio para limitar y restringir el poder del gobierno.


Hoy día, cuando se está haciendo un gran esfuerzo conjunto para borrar este punto, no se puede repetir con demasiada frecuencia que la Constitución es una limitación al gobierno y no al individuo particular que no ordena la conducta del individuo particular, sino únicamente la conducta de un gobierno-, que no es una carta para poder estatal, sino una carta de protección ciudadana contra el gobierno.


Ahora considere la generalización del concepto moral y político invertido en el concepto prevaleciente de gobierno. En vez de ser un protector de los derechos del hombre, el gobierno se está convirtiendo en el violador más peligroso; en vez de guardar la libertad, los gobiernos están estableciendo esclavitud; en vez de proteger a los hombres de los iniciadores de la fuerza física, los gobiernos están iniciando la fuerza física y coerción en la forma y en los casos que le place. En vez de servir como el instrumento de objetividad en las relaciones humanas, los gobiernos están creando un mortal y subterráneo reinado de la inseguridad y miedo, mediante leyes no objetivas, cuya interpretación se deja a las decisiones arbitrarias de burócratas ocasionales; en vez de proteger a los hombres del daño por caprichos, los gobiernos se abrogan el poder del capricho ilimitado, en tal forma que rápidamente estamos llegando a la etapa de última inversión: la etapa cuando el gobierno es libre de hacer cualquier cosa que le plazca, mientras los ciudadanos actúan únicamente por permiso; que es la etapa de los períodos más oscuros de la historia humana, la etapa de gobierno por la fuerza bruta.


Muchas veces se ha mencionado que a pesar del progreso material, la humanidad no ha alcanzado un grado comparable de progreso moral. Tal expresión generalmente es seguida por alguna conclusión pesimista referente a la naturaleza humana. Es cierto que el estado moral de la humanidad es vergonzosamente bajo. Pero cuando uno considera las monstruosas inversiones morales de los gobiernos (hechas posibles por una moralidad altruista colectivista), bajo la cual la humanidad ha tenido que vivir a través de la mayor parte de su historia, uno principia a asombrarse cómo los hombres han logrado preservar aún un semblante de civilización, y cual vestigio indestructible de autoestimación, lo ha mantenido caminando sobre dos pies.


Uno también principia a ver más claro la naturaleza de los principios políticos que tienen que llegarse a aceptar y a advocar, como parte de la batalla, por el renacimiento intelectual del hombre.


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