Durante
los días más recientes en las redes sociales, particularmente en el twitter, la
campaña por boicotear, sabotear o bloquear las elecciones municipales, ha
venido en aumento. Un grupo de ciudadanos, a los cuales les confiero el pleno
derecho de expresar esa opinión, han venido adelantando esta tarea, sustentada
en la evidente, nunca negada por nosotros, esencia fraudulenta del Consejo
Nacional Electoral y, por ende, de los procesos que organiza. Argumentan
también, con certera puntería, que en el seno del Organismo hay tres Rectores
con tiempo vencido, de vigencia caducada.
Sin
embargo, estos ciudadanos, a muchos de los cuales conocemos personalmente, no
terminan de explicar de manera clara y, mucho menos convincente, como es que se
pretende lograr que las elecciones sean suspendidas o impedidas. Nos hablan de
protestas ciudadanas, marchas, concentraciones, desobediencia civil y, en fin,
muchos lugares comunes que expresan más que una estrategia, un deseo
inconmensurable de encontrar una salida, al régimen que agobia, oprime y domina
a Venezuela.
Por
otro lado, algunos de estos ciudadanos se permiten calificar, a personas que
apoyan las elecciones del 8 de diciembre, como quien suscribe, como bolsas,
sinónimo de tontos, zoquetes o ingenuos. Esa excesiva confianza, no puedo
compartirla. No creo que la gran mayoría de quienes estamos en la acera de
enfrente, por circunstancias coyunturales, reunamos las condiciones para ser
calificados como “bolsas”, aunque reconozco que hay ciertas excepciones, las
menos, afortunadamente. Sin embargo, si el precio que debemos pagar para
defender las elecciones municipales de diciembre, es ser mencionado como
“bolsa”, lo asumimos con gran dignidad.
Otro
aspecto que nos causa cierta mezcla de sentimientos, es que muchísimos de estos
ciudadanos han descubierto que en Venezuela no hay democracia. Según su avezada
conclusión, en Venezuela hay una Dictadura, con D mayúscula y, solo podremos
salvarnos cuando nosotros, los “bolsas”, lo entendamos. Nos causa hilaridad y
ganas de llorar, esta conclusión.
Además
de esto, la conclusión nos obliga, a dirigirnos de manera directa a ellos y, de
forma simultánea recordarles algunos episodios de nuestra vida contemporánea
reciente, tanto que todavía, son tan solo crónicas y lo único que existe, es la
versión oficial.
Durante
el primer cuatrimestre del año 2002, cuando se suscitó el primer ataque a PDVSA
con la intención de tomarla y ponerla al servicio del régimen, comenzamos a
transmitir a la sociedad venezolana, nuestra primera aproximación para definir
el gobierno de Hugo Chávez, de una inobjetable legitimidad de origen,
proveniente de una contundente victoria en un proceso electoral con autoridades
probas y capaces, respetuosas del estamento democrático.
Decíamos,
en aquel momento, que el gobierno de Hugo Chávez era populista, militarista,
autocrático y que pretendía destruir la democracia, usado los instrumentos de
la propia democracia para lograrlo. La actuación sólida y firme de un nutrido y
heterogéneo grupo de quienes, para el momento, laborábamos en PDVSA,
confrontado al régimen con todos los elementos que teníamos a la mano, logró
detener, de manera temporal, el acoso. Esa actuación fue sin duda el
combustible y el detonante para que los hechos que se sucedían en cadena y en
cascada, precipitaran los acontecimientos del 11 de abril, sobre los cuales no
ahondaremos, en estos momentos.
Los
meses subsiguientes, como bien deben recordar estos iluminados ciudadanos,
fueron de marchas grandiosas, de movilización de calle, mes a mes. Dentro de
ese ambiente de tensión y calle, sucedieron importantes eventos, como el insólito
hecho que cientos de militares activos, armados, uniformados y en puestos de
mando, se declararan en desobediencia civil. No militar. Es decir dejaron sus
armas y la opción de confrontación interna, para declararse en desobediencia
civil, en una plaza pública. Sin duda, un hecho digno de replay.
También,
en ese lapso, desde PDVSA y a través de Unapetrol y Gente del Petróleo,
diversos voceros estuvimos alertando sobre los planes que se adelantaban, para
la toma de la empresa. Su militarización era evidente, su carga de
ideologización interna, era incuestionable. Pocos atendieron el alerta.
Expresamos que el gobierno de Hugo Chávez tenía una profunda convicción
totalitaria del poder, además de ser populista, militarista y autocrático.
La
no comprensión de esta importante característica llevó a que connotados y muy
respetados liderazgos políticos, sindicales y empresariales, convocaran a un
Paro Cívico Nacional el 02 de diciembre de 2002, seguros de lograr, bajo
presión que la Mesa de Negociaciones y Acuerdos, coordinada por Cesar Gaviria,
a la sazón Secretario General de la OEA, sentar al gobierno a negociar.
Como
ya sabemos, el resultado fue otro, totalmente diferente. Solo algunos sectores
de la población, de empresarios y trabajadores, apoyaban el paro con un pueblo
mayoritario que no estaba en sintonía con ese liderazgo. El régimen tomó PDVSA,
cometió el genocidio laboral más grande en la historia de la humanidad, al
despedir 23 mil personas, marcó la pauta en la Mesa y dejó sentadas las bases
para la toma de Fuerza Armada Nacional, Metro, CANTV, EDELCA y demás poderes
públicos. Nadie se movilizó, no hubo defensa.
Luego
vino el Referendo Revocatorio, con un CNE dando sus primeros, pero muy firmes,
pasos para montar el sistema electoral fraudulento que tenemos. Casi de
inmediato, cautivos de la desmotivación y con una estrategia de abstención, le
servimos en bandeja de plata las Gobernaciones y la Asamblea Nacional.
No
podemos menos que decirles, a estos amigos iluminados, que hace más de diez
años que tenemos muy clara la naturaleza del régimen y, es precisamente por
esto, es que estamos persuadidos que el uso del instrumento electoral y la
organización de las bases populares, son el camino correcto para derrotarlo y
ahora, más que nunca. A Chávez le gustaban las elecciones, su gran carisma como
líder populista; como redentor de los resentidos; su sagacidad sin principios y
el magnetismo de una chequera de PDVSA repleta, lo impulsaban. A Maduro, le dan
miedo las elecciones, su carisma brilla, pero por ausencia; la astucia y el
olfato político son carencias personales y, para colmo, la chequera ya no
alcanza para satisfacer las demandas internas. Eso sin olvidar, las altísimas
tasas de escasez, inflación e inseguridad.
Plantearse
el camino de no votar y de confrontar, para exigir cambios políticos y
electorales, sin una férrea organización en la base popular es, a nuestro modo
de ver, mucho más ingenuo que ir a votar. Esa propuesta nos dejará como
“bolsas” e inevitablemente sin, por lo menos, 200 Alcaldías.
Por lo pronto, tenemos que concluir que la mayoría de la gente, hasta los chavistas, preferirán un millón de veces, tener como Alcalde a Carlos Ocariz y no al “potro” Álvarez; a David Uzcategui y no a Winston Vallenilla; a Antonio Ledezma que a Ernesto Villegas; a Marcos Figueroa y no a Magglio Ordoñez; a Eveling Trejo en vez de Pérez Pirela; etc.; etc.; etc.
Ahora
bien y para finalizar, por los momentos, estamos persuadidos que votando lo
lograremos. Sin embargo, y aquí va mi alerta a la MUD, no basta con organizarnos
para votar, la organización política de base es imprescindible para presionar
por cambios y por mejorar condiciones de lucha. El trabajo de organización en
la base, es muy complejo y hasta peligroso, en este tipo de regímenes, pero es
también imprescindible, para salir de ellos. Luego de las municipales habrá que
enfrentar a las comunas. Después habrá que prepararse para la Constituyente o
la Asamblea Nacional y, quien sabe,hasta para lograr el cambio en la calle.
hormed2007@gmail.comEL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, OPINIÓN, NOTICIA, REPUBLICANO LIBERAL, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA, INTERNACIONAL, ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA,CONTENIDO NOTICIOSO,
