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viernes, 9 de agosto de 2013

HORACIO MEDINA, ¿DÓNDE ESTÁN “LAS” BOLSAS Y “LOS” BOLSAS?

Durante los días más recientes en las redes sociales, particularmente en el twitter, la campaña por boicotear, sabotear o bloquear las elecciones municipales, ha venido en aumento. Un grupo de ciudadanos, a los cuales les confiero el pleno derecho de expresar esa opinión, han venido adelantando esta tarea, sustentada en la evidente, nunca negada por nosotros, esencia fraudulenta del Consejo Nacional Electoral y, por ende, de los procesos que organiza. Argumentan también, con certera puntería, que en el seno del Organismo hay tres Rectores con tiempo vencido, de vigencia caducada.
Sin embargo, estos ciudadanos, a muchos de los cuales conocemos personalmente, no terminan de explicar de manera clara y, mucho menos convincente, como es que se pretende lograr que las elecciones sean suspendidas o impedidas. Nos hablan de protestas ciudadanas, marchas, concentraciones, desobediencia civil y, en fin, muchos lugares comunes que expresan más que una estrategia, un deseo inconmensurable de encontrar una salida, al régimen que agobia, oprime y domina a Venezuela.
Por otro lado, algunos de estos ciudadanos se permiten calificar, a personas que apoyan las elecciones del 8 de diciembre, como quien suscribe, como bolsas, sinónimo de tontos, zoquetes o ingenuos. Esa excesiva confianza, no puedo compartirla. No creo que la gran mayoría de quienes estamos en la acera de enfrente, por circunstancias coyunturales, reunamos las condiciones para ser calificados como “bolsas”, aunque reconozco que hay ciertas excepciones, las menos, afortunadamente. Sin embargo, si el precio que debemos pagar para defender las elecciones municipales de diciembre, es ser mencionado como “bolsa”, lo asumimos con gran dignidad.
Otro aspecto que nos causa cierta mezcla de sentimientos, es que muchísimos de estos ciudadanos han descubierto que en Venezuela no hay democracia. Según su avezada conclusión, en Venezuela hay una Dictadura, con D mayúscula y, solo podremos salvarnos cuando nosotros, los “bolsas”, lo entendamos. Nos causa hilaridad y ganas de llorar, esta conclusión.
Además de esto, la conclusión nos obliga, a dirigirnos de manera directa a ellos y, de forma simultánea recordarles algunos episodios de nuestra vida contemporánea reciente, tanto que todavía, son tan solo crónicas y lo único que existe, es la versión oficial.
Durante el primer cuatrimestre del año 2002, cuando se suscitó el primer ataque a PDVSA con la intención de tomarla y ponerla al servicio del régimen, comenzamos a transmitir a la sociedad venezolana, nuestra primera aproximación para definir el gobierno de Hugo Chávez, de una inobjetable legitimidad de origen, proveniente de una contundente victoria en un proceso electoral con autoridades probas y capaces, respetuosas del estamento democrático.
Decíamos, en aquel momento, que el gobierno de Hugo Chávez era populista, militarista, autocrático y que pretendía destruir la democracia, usado los instrumentos de la propia democracia para lograrlo. La actuación sólida y firme de un nutrido y heterogéneo grupo de quienes, para el momento, laborábamos en PDVSA, confrontado al régimen con todos los elementos que teníamos a la mano, logró detener, de manera temporal, el acoso. Esa actuación fue sin duda el combustible y el detonante para que los hechos que se sucedían en cadena y en cascada, precipitaran los acontecimientos del 11 de abril, sobre los cuales no ahondaremos, en estos momentos.
Los meses subsiguientes, como bien deben recordar estos iluminados ciudadanos, fueron de marchas grandiosas, de movilización de calle, mes a mes. Dentro de ese ambiente de tensión y calle, sucedieron importantes eventos, como el insólito hecho que cientos de militares activos, armados, uniformados y en puestos de mando, se declararan en desobediencia civil. No militar. Es decir dejaron sus armas y la opción de confrontación interna, para declararse en desobediencia civil, en una plaza pública. Sin duda, un hecho digno de replay.
También, en ese lapso, desde PDVSA y a través de Unapetrol y Gente del Petróleo, diversos voceros estuvimos alertando sobre los planes que se adelantaban, para la toma de la empresa. Su militarización era evidente, su carga de ideologización interna, era incuestionable. Pocos atendieron el alerta. Expresamos que el gobierno de Hugo Chávez tenía una profunda convicción totalitaria del poder, además de ser populista, militarista y autocrático.
La no comprensión de esta importante característica llevó a que connotados y muy respetados liderazgos políticos, sindicales y empresariales, convocaran a un Paro Cívico Nacional el 02 de diciembre de 2002, seguros de lograr, bajo presión que la Mesa de Negociaciones y Acuerdos, coordinada por Cesar Gaviria, a la sazón Secretario General de la OEA, sentar al gobierno a negociar.
Como ya sabemos, el resultado fue otro, totalmente diferente. Solo algunos sectores de la población, de empresarios y trabajadores, apoyaban el paro con un pueblo mayoritario que no estaba en sintonía con ese liderazgo. El régimen tomó PDVSA, cometió el genocidio laboral más grande en la historia de la humanidad, al despedir 23 mil personas, marcó la pauta en la Mesa y dejó sentadas las bases para la toma de Fuerza Armada Nacional, Metro, CANTV, EDELCA y demás poderes públicos. Nadie se movilizó, no hubo defensa.
Luego vino el Referendo Revocatorio, con un CNE dando sus primeros, pero muy firmes, pasos para montar el sistema electoral fraudulento que tenemos. Casi de inmediato, cautivos de la desmotivación y con una estrategia de abstención, le servimos en bandeja de plata las Gobernaciones y la Asamblea Nacional.
No podemos menos que decirles, a estos amigos iluminados, que hace más de diez años que tenemos muy clara la naturaleza del régimen y, es precisamente por esto, es que estamos persuadidos que el uso del instrumento electoral y la organización de las bases populares, son el camino correcto para derrotarlo y ahora, más que nunca. A Chávez le gustaban las elecciones, su gran carisma como líder populista; como redentor de los resentidos; su sagacidad sin principios y el magnetismo de una chequera de PDVSA repleta, lo impulsaban. A Maduro, le dan miedo las elecciones, su carisma brilla, pero por ausencia; la astucia y el olfato político son carencias personales y, para colmo, la chequera ya no alcanza para satisfacer las demandas internas. Eso sin olvidar, las altísimas tasas de escasez, inflación e inseguridad.
Plantearse el camino de no votar y de confrontar, para exigir cambios políticos y electorales, sin una férrea organización en la base popular es, a nuestro modo de ver, mucho más ingenuo que ir a votar. Esa propuesta nos dejará como “bolsas” e inevitablemente sin, por lo menos, 200 Alcaldías.
Por lo pronto, tenemos que concluir que la mayoría de la gente, hasta los chavistas, preferirán un millón de veces, tener como Alcalde a Carlos Ocariz y no al “potro” Álvarez; a David Uzcategui y no a Winston Vallenilla; a Antonio Ledezma que a Ernesto Villegas; a Marcos Figueroa y no a Magglio Ordoñez; a Eveling Trejo en vez de Pérez Pirela; etc.; etc.; etc.
Ahora bien y para finalizar, por los momentos, estamos persuadidos que votando lo lograremos. Sin embargo, y aquí va mi alerta a la MUD, no basta con organizarnos para votar, la organización política de base es imprescindible para presionar por cambios y por mejorar condiciones de lucha. El trabajo de organización en la base, es muy complejo y hasta peligroso, en este tipo de regímenes, pero es también imprescindible, para salir de ellos. Luego de las municipales habrá que enfrentar a las comunas. Después habrá que prepararse para la Constituyente o la Asamblea Nacional y, quien sabe,hasta para lograr el cambio en la calle.
hormed2007@gmail.com

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