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sábado, 26 de septiembre de 2015

DARIO ACEVEDO CARMONA, EL GOLPE DE ESTADO Y LA TRANSICIÓN, DESDE COLOMBIA

Para entender lo que está sucediendo y lo que puede llegar a suceder en los próximos meses y años es indispensable echarle una mirada a la conferencia pronunciada por el Alto Comisionado de Paz, el filósofo Sergio Jaramillo, pronunciada en mayo de 2013 en la Universidad Externado.

Desde su propio título “La transición en Colombia”, que resume la concepción, el método y los pasos a dar durante las negociaciones de paz con la guerrilla de las FARC y el “posconflicto”, queda abierto el espacio a la incertidumbre y a la duda.

Según el Alto Comisionado, se dieron cinco pasos para aclimatar la negociación: 1. Reconocimiento  de la existencia de “un conflicto armado interno”. 2. Expedición de la Ley de Víctimas, que ubicó el centro de la reparación de millones de víctimas en el Estado. 3. Creación de “un entorno internacional favorable” desde el que se justificó la presencia de Venezuela como garante y a Cuba como sede de los diálogos. 4. Creación de un espacio legal para la aplicación de la Justicia Transicional y 5. “Armar un proceso metódico para llegar a la paz” pues la terminación del conflicto dará lugar a “a una fase de construcción de paz, es decir a una fase de transición.” Ya que “Una cosa es firmar un acuerdo que formalmente ponga fin al conflicto, y otra es la fase posterior de construcción de la paz”.

Desde el comienzo, pues, la filosofía gubernamental para la negociación entregó, sin ni siquiera un cese unilateral del fuego como contrapartida, una serie de posiciones de gran trascendencia: estatus de igualdad, reconocimiento de un conflicto armado, países amigos de las guerrillas, una ley marco previa a acuerdos que les permitió, sin discusión, saber hasta dónde podría ser laxo el gobierno, y, la adopción de la idea determinista y mecanicista, pregonada por las guerrillas, que explica “el alzamiento armado” como consecuencia de injusticias sociales y de la exclusión política, que deben ser enmendadas a través de reformas profundas (hay que “refundar el Estado” dijo Timochenko). Y como esas reformas se toman su tiempo, la paz, solo podrá ser tal, cuando hayan tenido resultados positivos. Eso es factible en un marco temporal al que nuestro generoso filósofo, denominó “la transición”.

Todos los acuerdos firmados hasta ahora y los que han quedado pendientes para ser abordados por el “congresito” o “comisión legislativa”, se corresponden con la Agenda de cinco puntos que se firmó con las FARC. El gobierno pretendió, inútilmente, convencernos de que en ese temario no cabrían asuntos de la Agenda Nacional ni cambios a la Constitución Nacional. Los hechos son tozudos y nos demuestran que mientras el Presidente y sus negociadores  se desgañitan aclarando que nada extraordinario ni anómalo se va a firmar, lo cierto del caso es que sí se está procediendo desde una lógica peligrosa que va en contra de la institucionalidad y de la sistemática expresión mayoritaria de los colombianos.

De manera que, la filosofía de la negociación se desveló como una filosofía de la concesión, del entreguismo y de la complacencia con las guerrillas, a partir del hecho discursivo más trascendental y arriesgado de todo el proceso: igualarnos con una guerrilla a punto de ser derrotada que no representa los intereses de ningún sector de la sociedad, y, otorgarle legitimidad, razón moral y validez al discurso guerrillero de las “causas objetivas” y por ende a que el Estado “pague la deuda social” con el agro , como si las guerrillas fuesen la voz del campesinado.

El pueblo colombiano, pues, según Jaramillo, está pagando una culpa, nos merecemos la suerte que corremos y hay que estar dispuestos a hacer sacrificios inenarrables para darles gusto a las guerrillas y poder convivir en paz. Es lo que se desprende de considerar que su lucha armada, con sus crímenes atroces, ha tenido y tiene razón de ser.

La noción de transición, se refiere a un periodo de tiempo -“10 años”- cedido, regalado, es decir, una década bajo el ojo escrutador de los jefes de las guerrillas ocupando puestos en el Congreso, movilizando las masas, estimulando las protestas sociales y exigiéndole a la “oligarquía” el cumplimiento de los acuerdos y que la transición se extienda otros 10 años.

Pero, el aspecto más inquietante de esta filosofía es el espíritu golpista que subyace en la idea de la “excepcionalidad”. Según esta perturbadora noción “Los efectos de 50 años de conflicto no se pueden reversar funcionando en la normalidad”. Y, ¡OJO!: “Tenemos que redoblar esfuerzos y echar mano de todo tipo de medidas y mecanismos de excepción: medidas jurídicas, recursos extraordinarios, instituciones nuevas… que trabajen intensamente en el terreno para lograr las metas de la transición”. Aquí está pues, el núcleo de una filosofía golpista que hace trizas nuestro ordenamiento legal, que arrasa con la convivencia alcanzada por las más importantes fuerzas políticas y sociales del país y que ofrece la Constitución como postre.

Abran sus ojos señores empresarios, tomen nota dirigentes de los partidos que aún sienten algo de estima por lo que nos rige y recapacite el alto clero que traga sapos sin vomitarlos. No es cosa nimia decir que no se puede “reversar el conflicto funcionando en la normalidad”. ¿Acaso no es clara la relación directa y estrecha entre este esperpento inconstitucional y el proyecto de ley que otorgaría poderes excepcionales al presidente Santos?

Diez años funcionando en la “excepcionalidad”, con “instituciones nuevas” y “recursos extraordinarios” y “medidas jurídicas” ¿no es la manera taimada de esconder que la Constitución de Colombia va a ser sustituida? ¿No es el “Congresito” o “Comisión Legislativa” una institución “nueva” que suplanta al lento y dudoso Congreso de la República que “trabajará intensamente” sin trabas ni tropiezos, con mayoría simple en pro de hacer reales los acuerdos de La Habana?

¿No giran los acuerdos de La Habana sobre temas de orden constitucional que dejan bajo la esfera presidencial asuntos cruciales como por ejemplo: cárcel para responsables de delitos atroces, la entrega de armas, reformas a la propiedad agraria, amnistía e indulto a comandantes, reparación a las víctimas de sus crímenes, creación de las mil y una comisiones que enredarán el país en una maraña burocrática, participación y elegibilidad política de los autores de crímenes atroces y otorgamiento de curules en el congreso, las asambleas departamentales y los concejos municipales?

A la sombra de esos parámetros es que el Fiscal desliza sus exabruptos jurídicos, los congresistas enmermelados justifican el golpe de estado y el nuevo minDefensa nos asusta con silencios que huelen a cobardía.

Inspirado en la filosofía de la “transición” el proyecto de “poderes especiales” para el Presidente se asemeja a tener un cuchillo en la yugular. Ese poderosísimo instrumento, en manos de un presidente que deshonra la promesa de someter los acuerdos a refrendación popular al afirmar que eso “sería un suicidio”, es una auténtica amenaza contra la democracia.

Si quieren imaginar la situación que nos espera si no hacemos algo por evitar que se produzca este Golpe de Estado en ciernes, no hay que hacer mayor esfuerzo, miremos la caótica y deplorable situación de Venezuela.

Ruben Dario Acevedo Carmona
rdaceved@unal.edu.co
@darioacevedoc

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miércoles, 2 de septiembre de 2015

ROSA MARIA ESTABA, SOBRE UNA TUMBA, UNA CUMBIA…

1.- EL FRENAZO: Del atropello masivo, del verbo insultante, del incumplimiento de acuerdos (al no permitir, por ejemplo, la entrada al país del Defensor del Pueblo colombiano, como acordaron las ministras de relaciones exteriores de ambos países 48 horas antes en Cartagena) y de “llamar a consultas” al embajador venezolano en Colombia, el Sr. Maduro Moros pasó al “yo creo en las vías diplomáticas”. De decir “el Presidente Santos la embarró”,  Maduro pasó en 24 horas a decir “yo respeto mucho al Presidente Santos”.  El país y toda la región estaba pendiente de lo que Maduro diría el pasado viernes 28, pues había anunciado “medidas estructurales” sobre la problemática fronteriza.  En vez de tales anuncios trascendentales, lo que  el país y toda América Latina presenció fue un frenazo: del discurso belicista a la ambigüedad madurista.

2.- LA EVASIÓN: Tal ambigüedad se expresa no sólo en los discursos, sino también en los hechos:  Después de generar un conflicto internacional en la frontera, después de lesionar los derechos económicos y sociales, civiles y políticos, de miles de venezolanos; Después de deportar a centenares de colombianos y provocar la estampida por miedo de muchísimos más; Después de desafiar al Presidente Santos a debatir “cuando quiera y como quiera, pero eso sí, los dos solitos…” las supuestas medidas estructurales para atender la situación fronteriza, Maduro Moros anuncia que partiría al día siguiente, sabado 29, no para San Antonio del Táchira, no para Cúcuta, no para Bogotá… ¡Sino para China! Esta nueva excursión sobrevenida “para buscar apoyo en China” se produce precisamente la misma semana que la crisis de la economía china ocasionó el colapso de numerosas bolsas de valores en el mundo.  Hasta para inventar excusas hace falta un mínimo de información y criterio…
3.-  LA PAZ: Vaya donde vaya en actitud evasiva el Sr. Maduro Moros,  la crisis provocada en la frontera por su irresponsabilidad y su afán electorero tiene que encontrar respuestas y soluciones.  Y estas surgirán no del discurso belicista, no del efectismo armado, implícito en el cierre de la frontera en cuatro municipios más y el anuncio de la movilización a esa zona  de otros tres mil efectivos castrenses.  ¡No! Las soluciones necesarias surgirán del discurso de paz, de la acción política responsable, de la DIPLOMACIA. Y el escenario de donde surgirán eses soluciones diplomáticas difícilmente será UNASUR, pues por ahora (y ojalá siga siendo así) la única víctima fatal de la “guerra de Maduro” en la frontera es la credibilidad institucional de UNASUR, severamente cuestionada por el desempeño que su presidente tuvo en el contexto de esta crisis. En efecto, voceros del mismo gobierno que postuló a Ernesto Samper para presidir ese organismo hoy lo critica amargamente.  La que debió ser una organización de los pueblos suramericanos es señalada hoy por los propios paisanos y compañeros de partido de Ernesto Samper como “una oficina dócil a Nicolás Maduro”.  Tampoco surgirán las necesarias soluciones diplomáticas de una fantasmal “comisión paritaria sudamericana” que solo existe en la imaginación del mismo Maduro.  La solución diplomática a la crisis de derechos humanos generada en la frontera venezolana por las urgencias electorales del diosdado-madurismo decadente si podrá contar en cambio como plataforma de debate útil y de búsqueda de acuerdos con un foro calificado como la Organización de Estados Americanos, a la que pertenece Venezuela y cuyo Consejo Permanente celebrará una Sesión Extraordinaria el próximo lunes 31 de agosto.
4.- SOBRE UNA TUMBA, UNA CUMBIA: Pero si la credibilidad de UNASUR es por ahora la única baja de la escaramuza madurista en la frontera,  en el resto del país si han caído otras víctimas fatales, abatidas por los enemigos reales del pueblo venezolano, como lo son el desabastecimiento y la inseguridad:  el mismo viernes 28, el mismo dia en que Maduro bailó cumbia fente a Miraflores, en Maracaibo se conoció la noticia de que el hampa desbordada asesinó al Sargento Mayor de la Guardia Nacional Leonel Molina, para robarle el vehículo;  Mientras frente a Miraflores, en Caracas, Maduro bailaba Cumbia ante las cámaras,  en Sabaneta de Barinas  aun estaba tibio el cadaver de la señora María Aguirre, que murió aplastada en  un tumulto que se generó en un operativo de venta de la red pública Mercal.  Son sólo dos de los numerosos venezolanos que todos los días caen víctimas de la inseguridad y el desabastecimiento,  producidos a su vez por la incapacidad y la corrupción del Gobierno, y por un modelo económico socialista que incluso cuando funciona “bien” solo produce pobreza y distribuye miseria.
5.- EL CAMBIO: Por eso, la posición de la Unidad Democrática seguirá inalterable: Construir soluciones de fondo a los problemas en la frontera y en toda Venezuela sólo será posible cambiando el nefasto modelo socialista que logró quebrar la economia venezolana, y cambiando al equipo de gobierno que con su incapacidad y vocación corrupta agravó los daños que ese modelo maligno infligió a los venezolanos, y especialmente a los más pobres.  Y el principio de ese cambio lo tenemos a sólo 100 días, cuando el próximo 6 de diciembre el pueblo castigará al mal gobierno y abrirá camino a la prosperidad, al trabajo productivo, a la esperanza.  Para que haya paz en la frontera y en toda Venezuela tiene que haber CAMBIO: ¡Eso es lo que VENEZUELA QUIERE!
Rosa M. Estaba
rosaestaba@gmail.com
@RosaMEstaba

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sábado, 1 de agosto de 2015

RUBEN DARIO ACEVEDO CARMONA, LA PAZ QUE QUEREMOS, CASO COLOMBIA, DESDE COLOMBIA,

Se equivocan de buena o mala fe los que tildan de guerreristas a quienes planteamos discrepancias y críticas sobre la manera como discurren las conversaciones de paz en La Habana.

De Perogrullo es aceptar que la inmensa mayoría de colombianos respondería positivamente la pregunta de si queremos o no la paz. Por tanto debemos entender que el problema no está en el deseo sino en los procedimientos, la metodología y los términos que se han empleado para alcanzar el objetivo los cuales arrojan un amplio margen de descontento y desconfianza.
La opinión pública letrada y no letrada tiene, a estas alturas, suficientes elementos de juicio para procesar mental y políticamente todo lo que ha salido a flote en estos ya casi tres años de conversaciones.
Intentaré plasmar en una breve síntesis el punto de vista de quienes criticamos el proceso de La Habana, pero, asumiendo yo mismo la responsabilidad por cualquier olvido, error o incongruencia y en el entendido que no escribo en nombre de nadie ni en representación de alguien.
A pesar de que no nos gustó que el gobierno hubiera iniciado este proceso sin exigir a las FARC un cese unilateral del fuego y de las hostilidades y de que se las hubiera igualado con el Estado, hoy en día, no obstante las dudas, el descontento y la desconfianza, creemos que es mejor seguir negociando que romper el proceso. No obstante, consideramos que es preciso acelerar la búsqueda de un acuerdo y establecer un límite temporal, sin descartar que pueda llegar a ser útil una suspensión temporal con el fin de que cada parte evalúe si se justifica seguir conversando.
Si la guerrilla está realmente por la paz debe concentrarse en uno o pocos sitios bajo vigilancia internacional sin entregar las armas antes de la firma de un acuerdo definitivo. Podría ser un paso irreversible hacia la paz.
Pensamos que la Constitución Nacional es el límite normativo de las negociaciones. Ello quiere decir que cualquier tema que suponga una reforma de la misma no debe estar sobre la mesa pues eso es potestativo del constituyente primario y de las instituciones legítimas. Quiere decir, también, que los grandes temas de la Agenda Nacional no deben ser objeto de acuerdos con la guerrilla por cuanto son responsabilidad de gobiernos electos y estar sometidos al debate político y a la lucha electoral.
Debe aceptarse que las FARC y el ELN se incorporen a la lucha política y electoral solo después de la entrega de armas y haber asumido la reparación de sus víctimas.
Hay acuerdo en que el modelo de justicia apropiado para resolver la situación colombiana es el de la Justicia Transicional que consiste en juzgar y condenar a los principales responsables de delitos de lesa humanidad y de crímenes de guerra con penas privativas de la libertad.
Las FARC deben entender y aceptar que un cese bilateral de hostilidades creíble y eficaz solo es factible con verificación por parte de organismos internacionales totalmente ajenos y neutrales.
Ningún acuerdo de paz puede conllevar al establecimiento de zonas rurales controladas por las guerrillas ni a cambios en el tamaño y funciones constitucionales de las Fuerzas Militares.
No exigimos a quienes piensan que Colombia vive una guerra civil como consecuencia de causas objetivas, que dejen de pensar así. Esto hace parte del debate ideológico, político y académico. Pero sí, que acepten que las FARC no pueden equiparase al Estado en ningún aspecto, sea este moral, legal o militar, pues de aceptarse, necesariamente los límites a los que nos hemos referido, vuelan en añicos y todo quedaría abierto a la discusión.
Ingresar a la vida civil y legal, bajo condiciones de óptima seguridad, con planes sociales y de emprendimiento, con proyectos puntuales para las comunidades más sufridas y victimizadas, algo que ya se hizo en el pasado en otros procesos que no fueron humillantes, tener abierto el campo de la participación en política y obtener la aprobación de la población así como el perdón de los damnificados, debe ser suficiente atractivo para cesar hostilidades y firmar la paz.
En suma, queremos firmar una paz, no igual, pero sí parecida a las anteriores, sin falsos compromisos y sin falsas compensaciones.
Coda 1: Hay que celebrar que el gobierno nacional haya dicho que sin entrega de armas y penas privativas de la libertad para responsables de crímenes atroces, no habrá paz. Ojalá no sean palabras al viento.
Coda 2: Lo que hubo detrás del nuevo “cese unilateral” de las FARC no es otra cosa que un real y vergonzoso “cese bilateral” al que, para evitar un escándalo, han llamado “desescalamiento”. Desalentador ver que en simultánea cayeron las cabezas de tres generales comandantes de Armada, Ejército y Aviación.
Ruben Dario Acevedo Carmona
rdaceved@unal.edu.co
@darioacevedoc

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jueves, 30 de julio de 2015

OSWALDO ÁLVAREZ PAZ, RECONCILIACIÓN, PAZ Y JUSTICIA

La visita del Santo Padre Francisco a Ecuador, Bolivia y Paraguay, sumada a la reunión que personalmente logre tener en Caracas con mis seis hijos y casi todos los nietos, fueron dos jornadas dignas de ser comentadas.

Con relación a lo primero, el Papa Francisco nos hizo volver a las raíces. Removió todas las fibras morales y éticas que constituyen nuestra razón de ser como socialcristianos, o demócrata cristianos integrales, desde muy temprana edad. Especialmente quienes nos levantamos en la vida de la mano de los jesuitas, verdaderos maestros en el arte de preparar a sus alumnos para cualquier eventualidad en la vida. Aunque esa gira se cumplió hace varias semanas, invito a todos a leer las homilías, poner atención a sus discursos y entender el fondo de las distintas declaraciones ofrecidas a los medios en diversas circunstancias. La libertad, el valor de la dignidad de la persona humana, la opción preferencial por los pobres, la justicia social como instrumento para alcanzar el bien común y la descalificación a las “ideologías” como instrumentos de dominación política y social. Parecía estar atendiendo a las lecciones del inolvidable Arístides Calvani en los cursos recibidos como militantes y dirigentes de la Juventud Revolucionaria Copeyana. Hemos dedicado algo de tiempo para desempolvar a los viejos maestros como Emmanuel Mounier y Jacques Meritan, entre otros, y recargarnos de ánimo para profundizar la lucha contra la dictadura.
Con relación a lo segundo, como es sabido, tengo una prohibición judicial para salir del país, sin autorización del tribunal. Fue dictada por dos años como medida sustitutiva a la previa privación de libertad. Pues bien, han pasado cinco años y  tres meses largos y aún mantienen sobre mí la prohibición. De manera ilegal, arbitraria y contraria a Derecho sigo prisionero en el país, enterándome ahora adicionalmente, que tengo suspendidos mis derechos civiles y políticos. No pude votar en la última elección y no ha habido forma de renovar el vencido pasaporte. Cinco años y pico sin visitar a la parte de la familia que vive en el exterior, entre ellos, a mis tres hembras y un varón. Aquí están los dos varones mayores. Han sido días inolvidables todos juntos. Ya están regresando, pero la emoción permanece, junto a otros familiares cercanos de Maracaibo y Caracas.
Por todo eso y mucho más, decimos sí a la reconciliación. También al perdón, pero jamás serán eficientes sin justicia que será la clave de lo que está por llegar. En esa dirección trabajamos muchos más de los que desprevenidamente puede imaginarse el régimen.
Oswaldo Alvarez Paz
oalvarezpaz@gmail.com
@osalpaz

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sábado, 30 de mayo de 2015

DARIO ACEVEDO CARMONA, EL SILENTE SILENCIO DE LA IZQUIERDA, CASO COLOMBIA

En ese archipiélago que es la izquierda colombiana reina un silencio, entre sórdido y cómplice, frente a la actuación y a la línea de acción de los jefes de las Farc en las negociaciones de paz y con los atropellos a la libertad y la democracia en Latinoamérica.

Algunos de ellos, igual que los comunistas que impulsaron el nacimiento de las Farc y de su famosa “combinación de todas las formas de lucha” cuyo principal atizador fue Manuel Cepeda, consideran que todos los problemas de este proceso son responsabilidad de la extrema derecha y la derecha y cuando menos del Gobierno.

La izquierda no marxista o no comunista, tampoco es que se desvele por manifestar alguna crítica a las Farc. No se sabe si es por la pena que sienten de coincidir con las derechas o el establecimiento.

En la academia y en la intelectualidad aunque se escucha o se lee una que otra voz crítica, prima también el silencio como si pensaran que cualquier cosa que demande la guerrilla debe ser concedida con tal de que se firme la paz, aun cuando eso signifique ponerse en contravía de ideas y principios de derechos humanos que han defendido en su carácter de universales.

Es una actitud similar a la de las izquierdas del continente frente a los atropellos a la libertad y a la democracia de los regímenes dictatoriales de Maduro y los Castro. Hago un esfuerzo por encontrar una explicación convincente sobre ese profundo silencio, sin encontrar una razón convincente.

Sé muy bien que este sector de la sociedad no es asimilable a un organismo o a un aparato sometido a los designios u orientaciones de un núcleo directivo. Pero, al margen de reconocer su condición heterogénea, hay rasgos que siempre les han sido característicos. Generalmente, por ejemplo, dan sustento ético a la lucha contra dictaduras y tiranías, si son de derecha. Hacen gala de actitudes irreverentes frente al poder y los poderosos. Hay un no sé qué en su forma de mirar y gesticular ante interlocutores adversos. Les parece que Fidel es un gran gobernante. El espíritu mordaz con las costumbres les acompaña. Denotan escepticismo frente a las ideas de felicidad, amor, patria, dios, autoridad, religión, orden, autoridad.

Los intelectuales de los años 60 y 70 fueron reverentes con la revolución cubana y con su caudillo, el tirano Fidel Castro, miran con sagrado respeto la miseria de la misma y se tragan el cuento de que sus limitaciones son la consecuencia del embargo del imperialismo yanqui.

Abrazaron con entusiasmo religioso el ideal revolucionario y muchos se hicieron militantes de piedra y de fusil, otros con la tiza y el tablero o desde la oficina o el cafetín.

El desengaño que debió haber producido el colapso estruendoso del experimento comunista no les ha pasado factura de cobro. Todavía hay intelectuales que siguen siendo comunistas a su manera, se adaptan, se camuflan, se solapan, y guardan la fe de que la versión correcta de Marx renacerá. Por ahora luchan contra la globalización y por la salvación del planeta. Han refinado su léxico pues ya no hablan de lucha de clases sino de conflictos interétnicos, en vez de oprimidos y explotados se refieren a sectores subalternos

Toleran en silencio, porque en eso sí son tolerantes, las barbaridades de Evo, Cristina, Correa, Lula y Daniel para mantener  viva la idea de la revolución socialista en versión del Foro de Sao Paulo.

No se escandalizan con las movidas nepótistas del tirano de Nicaragua que sin ruborizarse nombró canciller a su mujer, a los hijos asesores y estropeó la constitución para hacerse reelegir indefinidamente tal como lo hicieron o intentan sus pares de Ecuador, Bolivia y Brasil. La gran piñata venezolana que ha extendido sus jugosos regalos a casi todo el continente e incluso a los desengañados de Podemos en España, tampoco merece una línea crítica.

Nuestra izquierda variopinta y sus intelectuales tan incrédulos y materialistas, no expresaron asombro con el manejo sospechoso de la muerte del demagogo populista Hugo Chávez, con la truculenta transición del poder, con que Maduro le hable a su antecesor a través de un pajarito o a que afirme haber hablado con el muerto.

Calladitos están ante la persecución contra figuras de Oposición por parte del monigote de los Castro en Venezuela. Han sido impasibles con la eliminación real y por vías de hecho de la separación de poderes, con el cierre de periódicos, la censura de los pocos que son críticos y la judicialización de sus directores. Ni siquiera han manifestado solidaridad con Teodoro Petkof, un dirigente de izquierda ni han respaldado la gestión solidaria del exprimer ministro español  Felipe González con los presos políticos venezolanos.

En cambio le hacen eco a la pretensión de las guerrillas de imponer su visión del conflicto, justificando histórica y sociológicamente su existencia y legitimando el uso de la violencia “altruista” con el dogma de las causas objetivas del levantamiento armado y cerrando los ojos ante sus crímenes y su degradación moral.

Coda: La única forma de aceptar un cese del fuego unilateral es que sea verificable y que la guerrilla, con verificación y protección internacional, se concentre en un solo lugar.

Ruben Dario Acevedo Carmona
rdaceved@unal.edu.co
@darioacevedoc

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lunes, 27 de abril de 2015

DARIO ACEVEDO CARMONA ¿A QUÉ TEMEN LAS FARC?, CASO COLOMBIA

Más que a cualquier cosa, las FARC le temen a que la política en términos civiles, sin armas, sin la primacía de relaciones verticales propias de ejércitos y milicias, los disuelva.

Porque una cosa es hacer política con armas y dinero abundante para reclutar campesinos pobres y uno que otro cuadro de la intelectualidad, bajo las estrictas normas disciplinarias y jerárquicas de la milicia, que enfrentarse a la acción proselitista, esa especie de agujero negro, ir al encuentro de la opinión pública, del ciudadano común, de sus votos. Ahí las armas serán y tienen que ser, si de verdad están por la paz, cosa del pasado, un camino sin retorno.

Buscar el apoyo de la opinión pública, que siempre les ha sido adversa, para validar y legitimar un programa y unas promesas de cambio debe tener a más de un “Timochenko” pensando y penando.

Imaginemos lo que hay entre un hombre cuyo poder se deriva de su experticia en el “arte” de la guerra de guerrillas o de la acción terrorista, a aquel que, despojado de armas y de mando, se enfrenta al desafío de conquistar votos. ¿Cómo lo hará? ¿Qué lenguaje y qué métodos utilizará? El viraje es brutal. Constatarían que ganar el respaldo de la ciudadanía es más difícil que tirar “tatucos” y disparar fusiles.

Muchas dudas debieron atormentar la conciencia de quienes hicieron el tránsito de las armas a la civilidad en el pasado. Hay experiencias en las que se pueden mirar, unas exitosas otras no tanto y otras un total desastre. El M-19, por ejemplo, fue hecho pedazos en sentido político y orgánico, sus dirigentes se dividieron, los subordinados de antes como Petro, asumieron el mando cuando la voz estentórea del demagogo se hizo más eficaz que el mando militar.

Deben tener miedo a enfrentar la posibilidad de que les suceda algo similar. Por eso no descartan tomar el camino del engaño, o sea, el de no entregar las armas mientras usufructúan la democracia, se airean políticamente y, alegar después que el “sistema” incumplió los compromisos y por eso se ven “obligados” a retomar las armas.

Si el gobierno cede a las mayorías nacionales en imponer la condición de que los responsables de delitos atroces deben pagar cárcel, así sea por corto lapso, peor será su suerte pensarán los más radicales que al parecer están ganando el pulso interno. Los que quieren asustar a sus camaradas con el fantasma de la desaparición ante la incontrolable dinámica de la política nacional o ser absorbidos por una izquierda en la que no serían los líderes sino los recién llegados, y sobre la que mantienen serias reservas acerca de su firmeza ideológica. ¿Una alianza en la que serían un grupo más? No faltará aludir al fantasma de la división por aspiraciones grupales o individuales al fin liberadas.

¿Cuántos cuadros del monte podrían hacer un buen papel en ciudades de las que ni conocen sus mapas ni sus gentes ni sus problemas diarios ni sus formas de relacionarse con los políticos ni sus usos y costumbres? Podrá salir airoso uno que otro comandante, pero el grueso de su militancia tendrá que dedicar, en el evento de la paz, mucho tiempo a su reinserción a la vida normal, trabajo, vivienda, atención médica, educación, vida familiar, toma de decisiones en la cotidianidad, disfrute del tiempo libre y de la libertad de no estar en filas 24 horas. No los podrán disciplinar como estando en regla.

A diferencia del M-19, las FARC han sobrevivido con el dogma comunista durante toda su existencia. Esa condición, que suponemos conserva la alta dirección de la guerrilla, también pesará negativamente a la hora de definir si se da o no el paso a la civilidad. El desprestigio de esa doctrina los obligará a camuflarla en sus discursos lo que sin duda se traducirá en relajamiento del dogma, nada bueno para sus propósitos.

De todo lo anterior deducimos que la exigencia de mayores concesiones en la Mesa de La Habana, como cero cárcel, nueve millones de hectáreas en 54 Zonas de Reserva Campesina (donde mantendrán sus tropas concentradas en formación militar alerta para un eventual resurgimiento de la confrontación), cupos en buen número en corporaciones públicas, no entrega de armas, reducción de la Fuerza Pública y redefinición de las funciones del Ejército, renegociación de los tratados de libre comercio, cambio del modelo económico, otorgamiento de numerosas licencias de emisoras, periódicos y canales de tv, convocatoria de una asamblea constituyente con cupos fijos, etc., tiene el sentido de cobrar muy caro la firma de un acuerdo, que, en todo caso, querrán que los deje muy pero muy cerca de conquistar el poder, su máximo y perenne objetivo.

Ruben Dario Acevedo Carmona
rdaceved@unal.edu.co
@darioacevedoc

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jueves, 23 de abril de 2015

RAFAEL BELLO, LIBERTAD Y PAZ

Las miradas son expresivas de lo que el venezolano vive día tras día.  Hay rechazo general del oprobio. El pueblo venezolano privilegia un sentimiento  inequívoco de valores arraigados que se manifiestan en los momentos cuando la libertad está en riesgo. No es casual entonces el espíritu libre del venezolano. Es por eso que, en esta hora que vive la República, en su trascendencia histórica,  las fuerzas de sus reservas democráticas echan mano de su poder decisorio de identidad con los valores existenciales del venezolano en ese sentimiento de patria libre.

 De allí que cuando el terror deja cientos de muertos y heridos en las calles de pueblos y ciudades de esta nación, se fortalece ese espíritu nacional de independencia  que representa derecho insustituible, que forja el amor a la libertad y, en su elevada razón de ser, la soberanía y determinación en los valores y principios democráticos.
 Tenemos ahora los venezolanos una situación no tan solo en lo referente al ámbito meramente político. Lo que fluye en los lineamientos y procederes del régimen es totalmente ajeno al marco democrático de la nación. A la integridad de la nación, así como los fundamentos que privilegian su razón de ser. En ello se concentra la actitud del pueblo en el accionar de la lucha democrática frente al accionar del asalto totalitario que busca sustituir fundamentos de la historia republicana que menosprecia la independencia nacional.
 Frente a ese esquema totalitario, somos una nación soberana y eso constituye actitud inequívoca de la condición de tener patria. Ante hechos que ponen en evidencia la supresión de la soberanía, de nuestra identidad como nación, la sociedad democrática se percata de ello y asume el compromiso trascendente de la defensa de la República de Venezuela, en su integridad soberana. De allí la lucha gloriosa de la juventud venezolana por el derecho que abrigue sus inquietudes y esperanzas.    
 La nación no está envilecida frente a hechos que dejan una estela de preocupaciones que los cuadros dirigentes de la juventud estudiantil no la dejan en el olvido, sino que por el contrario, asumen el compromiso de cambio democrático. Cambio democrático por el que luchan valientemente con  integridad venezolana. Eso lo realiza el estudiantado en todo el país, mientras tanto, organizaciones políticas electoreras, van por el camino de la entrega y, en ello, nada expresan por cuanto se alistan en seguir la corriente a la tragedia totalitaria.
 Estamos sumidos en una ola de violencia política que no la genera la sociedad democrática venezolana. La activa de manera antinacional el régimen. Y se manifiesta hoy por hoy en la muestra terrible de lo que significa un régimen fuera del ámbito democrático. Es un estado donde el silencio no cuadra con la actitud decidida de la sociedad democrática que con su fuerza estudiantil preeminente deja constancia de lo que representa en la lucha por la libertad de Venezuela en estos tiempos cuando el odio, la ambición de poder y el menosprecio de los valores y principios democrático, no puede suprimirlos el autoritarismo totalitario. Es el sistema democrático que flamea sus banderas de libertad.  
 Hay una Venezuela que no la arrincona el atraso ni el miedo. Y es porque está vigente el sentimiento democrático en millones de seres humanos. Esta es la Venezuela que queremos. La Venezuela que lucha porque tiene muy presente la tragedia de ver morir a sus hijos abrazados al tricolor nacional cuando son abaleados en las calles porque expresan a viva voz, el sentimiento glorioso de independencia, derechos del hombre libre, convivencia y paz. En ello convocamos a la unión con la fortaleza de la libertad.

Rafael Bello
bello.rafael@yahoo.es
@unidadylagente

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FELIPE GUERRERO SOÑADORES, MILITANTES DE LA ESPERANZA


Séneca afirmó que «Cuando ya nos parece que no hay esperanza es el momento de no desesperar».  En Venezuela, una  ideología fatalista trata de convencer a los jóvenes de que no se puede hacer nada contra esta realidad.
Una idea-fuerza para el tratamiento de la desesperanza viene expresada por un proverbio chino que dice así: «No hay que lanzarse al agua antes de que la barca haya naufragado» y Albert Camus nos legó que «El hábito del desespero es peor que la propia desesperanza».

En estos días de Pascua de Resurrección vivimos la hermosa estación de la esperanza y junto a unas mañanas frescas, hermosas y brillantes, transitamos los pasillos de la Universidad, el vivero de la patria nueva, un buen territorio para mirar desde esta orilla el caminar de los hombres y mujeres del porvenir. Intentamos entrar en el abismo de sus ojos, buscamos largamente bucear en su vacío y dolorosamente nos encontramos con centenares de ilusiones perdidas.

La muchachada que invade veredas, aulas y laboratorios busca ansiosamente refugiarse en la compañía de algún amigo fiel para compartir los dolores e incomprensiones de la hora.

Cuánta razón tenía Octavio Paz al afirmar que «Todos los hombres, en algún momento de su vida, se sienten solos; y más: todos los hombres están solos. Vivir es separarnos del que fuimos para internarnos en el que vamos a ser, futuro extraño siempre. La soledad es el fondo último de la condición humana»
Estos seres humanos a quienes el dolor les clava sus punzones sin remedio, están pidiéndonos que les acompañemos, que nos ocupemos y preocupemos por ellos, pues viven una soledad anónima, están hambrientos de contar con calor humano pues sus proyectos juveniles  se les derriten entre las manos a causa de las dificultades que les colocan las élites del poder cuyas decisiones no valoran los méritos de la formación universitaria ni están basadas en la justicia, sino en el enchufismo, el amiguismo y el clientelismo.

Esas expresiones de exclusión han venido horadando los muros de la esperanza juvenil y empezamos a notar que los cultores de la muerte buscan taladrar los cimientos de los sueños. El maestro Paulo Freire nos advierte que: «Una ideología fatalista e inmovilizadora anda suelta… Insiste en convencernos de que nada podemos hacer contra la realidad social que, de histórica y cultural, pasa a ser o tornarse casi natural».

Los líderes de esta cultura de oscuridad han cargado el ánimo de derrota, desesperanza y pragmatismo. Son los predicadores de una ética de la muerte que empobrece a la sociedad y desean que todos asumamos en forma acrítica  la actual hegemonía que excluye a las grandes mayorías y pretende justificar los crímenes y la violencia desatada en nombre de unos dioses que ellos mismos inventan, semidioses que entronizan mediante sus sofisticados mecanismos ideológicos, aprovechando el control de los medios de comunicación.
Vivimos el momento de la lucha por rescatar la esperanza.

En esta hora estamos obligados a acompañar la resurrección del hombre libre que se niega a aceptar las esclavitudes de los poderosos.
A los jóvenes les decimos con Steve Jobs «Lucha y trabaja por tus sueños, si no lo haces puede que acabes trabajando contratado para que otro cumpla los suyos».

Vamos a resucitar los sueños de libertad que han impulsado los eternos anhelos juveniles.

Los predicadores de la cultura de la muerte señalan que los personas portadoras de esperanza y soñadoras de ideales son unos seres fuera de la realidad, que son almas despistadas e inocentonas, que viven en su mundo de ilusiones.

Se dice que soñador es aquel que guía su vida en base a ideas que la soledad de la noche le hizo conocer.

Los militantes de la esperanza estamos convencidos que soñar es el lenguaje que utiliza el destino para comunicar a una raza especial de seres humanos que el camino es aún mucho más extenso que el que los ojos alcanzan a divisar. Soñar es vivir el futuro antes, sin tener la certeza que el sueño ya hecho realidad lo alcanzará a ver plasmado en el teatro de la vida.

Un soñador pensó que el mundo era redondo y la gente lo consideró loco, pero su sueño siguió adelante; una soñadora le creyó y así compartieron el sueño llamado América.
Otro soñador pensó que la luna era una empresa fácil de alcanzar, se vio en ella, caminó y viajó; muchos años después dos hombres llegaron a la luna.

Todo sueño implica una lucha con todos, contra el destino, contra la adversidad, contra lo evidente, contra las élites del poder.

Solo aspiro en esta estación de la resurrección que la alegría de nuestra juventud siga inundando los espacios universitarios para que se siga imponiendo la cultura de la esperanza.

El soñador no se rinde, no claudica, persevera, no transige. El soñador sabe que su camino no es fácil y eso lo hace diferente; porque el sueño, para ser tal, no debe ser una proyección de la historia, debe de ser lo imposible, lo inaudito, lo que sale fuera del cálculo humano.

El soñador nunca espera que sus sueños se cumplan, trabaja por ellos incansablemente, porque los grandes sueños, los que dan vida, solo tienen la recompensa en lo infinito,  en lo eterno de sus ideas y en lo intangible de sus realidades.  En esta estación de la resurrección, lancémonos a soñar en una Venezuela mejor.

Felipe Guerrero
felipeguerrero11@gmail.com

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viernes, 20 de febrero de 2015

RUBEN DARIO ACEVEDO CARMONA, CON LAS FARC Y CONTRA URIBE, CASO COLOMBIA

Coincidimos con otros analistas que interpretan las recientes movidas del presidente Santos y su fiscal de bolsillo como fruto del afán por limpiar el camino de “obstáculos” para firmar, antes de que sea demasiado tarde, un documento sobre “cese bilateral de hostilidades” con las FARC.
El equipo negociador del gobierno debe haber entendido que la inminente debacle del régimen castro-chavista puede dar al traste con el papel que Venezuela juega en las conversaciones de La Habana y poner en peligro la presencia allí de “Timochenko” y otros cuadros de las guerrillas.
La estrategia oficial de paz se enfrenta a tres grandes problemas en este momento: El primero es la crisis del vecino país, el segundo es la férrea oposición del uribismo a los términos de dicha estrategia. Un tercer elemento es el relativo al margen temporal. Sobre este último es claro que el presidente ha fallado en todos los plazos que ha pretendido imponerle a las conversaciones, hasta el punto que a la idea de firmar y validar los acuerdos de tal forma que coincidan con las elecciones regionales de octubre, solo le quedan unas semanas de maniobra.
En su propósito de evitar la caída de la estantería, el gobierno concentra la atención en dos frentes. El primero es el de las concesiones a granel a las demandas y expectativas de las FARC. Se nota por ejemplo en abrir puertas que están cerradas a la impunidad. Es que “las guerrillas colombianas no quieren ser las primeras en la historia que firman la paz para ir a la cárcel”, dice con un tono compasivo, mientras guarda silencio ante las desmedidas propuestas farianas, entre las que figura la reestructuración del gasto y de la estructura militar.
Y para los efectos de hablar directo está el Fiscal general de la Nación. En una escandalosa intervención en el evento político de lanzamiento de Poder Ciudadano, otro de los aparatos pro FARC montados por la exsenadora Piedad Córdoba, Montealegre, de manera impúdica, se solazó en alabanzas a dirigentes comunistas que han defendido la combinación de todas las formas de lucha y luego hizo una alambicada disertación a medida de lo que las FARC esperan, según la cual sus altos jefes no deben ir a la cárcel y se les debe facilitar su participación en elecciones.
El precio de esta paz, como hemos señalado los críticos, es la total impunidad. Con el agravante de que no es tal lo que se va a firmar sino el inicio de la transición por diez años.   
El segundo frente tiene que ver con lo enunciado en el encabezado de este escrito. El gobierno sabe que los argumentos de la oposición uribista gozan de amplio respaldo en la opinión pública. Esa es  la raíz de la directriz de acallar, enredar y obstruir a la oposición persiguiendo a sus principales dirigentes por la vía judicial, maniobra en la que también la ficha clave es el fiscal de marras. No de otra manera podemos  interpretar la andanada mediático-jurídica en la que coinciden o se conciertan, reviviendo incluso señalamientos que en otros tiempos le hicieron al expresidente y senador Uribe desde Anncol, el Colectivo Alvear, el partido Comunista  y sus epígonos de la socialbacanería.
El presidente Santos y sus consejeros pretenden disminuir o anular la acogida del discurso uribista con el fin de darle vía libre a la firma del documento que pretenden acordar en las próximas semanas. Y creen que la forma más eficaz de hacerlo es llevando a Alvaro Uribe a los estrados judiciales para que gaste su tiempo en defenderse, y enredar a los Zuluaga con el montaje del hacker.
El matoneo contra Uribe y el Centro Democrático ha sido abonado por el mamertismo de viejo y nuevo cuño en las redes y en panfletos como Voz y Caja de Herramientas, y ha tenido amplio eco en los medios desde donde obsesivamente disparan Coronell, Bejarano, Arismendi, Valencia, los Silva, las amazonas y tantos otros que quieren destruir al expresidente con el método utilizado contra Fujimori.
El plegamiento del presidente Santos y sus círculos de apoyo  a esta campaña de difamación constituye un episodio lamentable de nuestra historia. Que un sector importante de las elites tradicionales se avenga a la campaña que desde mediados de los años 90 adelantan el Secretariado y los filocomunistas con el apoyo de Colectivos, ONGs y sectores de la academia y la intelectualidad “progre”, suena extraño.
Casi sin darnos cuenta, los leninistas colombianos están coronando una de sus ambicionadas metas: dividir a las “clases dominantes”, desprestigiar e infiltrar las instituciones, desarmar moralmente a su fuerza pública y ganar como aliados en su lucha por el poder a unas elites prisioneras de su sentimiento de culpa, corta de miras y flojas en la defensa de principios democrático liberales.
Ruben Dario Acevedo Carmona
rdaceved@unal.edu.co
@darioacevedoc

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viernes, 12 de diciembre de 2014

AMBROSIO PERERA BRICEÑO, PAZ, JUSTICIA Y DESARROLLO ECONÓMICO Y SOCIAL

Como dice la Biblia, “de la paz y la justicia Dios necesitaba a San Juan Bautista para prepararle el camino”.

Hoy nos necesita a nosotros. Él no nos da las cosas hechas, necesita de nuestra colaboración. No es esperar con los brazos cruzados, sino trabajas, o sea hacer cosas para que la paz y la justicia sean disfrutadas por todos.
Decía Gandhi, el gran precausor de la independencia Indú: “ No hay caminos para la paz. La paz es el camino”, y alguien añadió: “No hay camino para la justicia. La justicia es el camino”.
La impunidad fomenta y acrecienta la violencia. Nuestros gobernantes nos han llevado a una situación de violencia, que algunos dicen que su causa es la pobreza, que ha sido impulsada por el Gobierno, como cuenta un General, que Giordani, a una solicitud de él de un programa para acabar con la pobreza, le respondió que no haría un programa para ello pues la “revolución” necesita que haya muchos pobres (!!!).
Ayer Maduro se quejaba por ya sabíamos vendría: No le prestan dinero porque no hay respaldo que lo garantice, pues el Gobierno acabó con nuestras industrias, inclusive la petrolera, con el despido de esa industria, por Chávez, a nuestros venezolanos mejor preparados para conducirla,  y acabó también con nuestro desarrollo agrícola.
Conduciéndonos a que tengamos menos respaldo económico y por consiguiente menos países y organismos estarán dispuestos a prestarnos dinero, a menos que sea a intereses mucho más altos que lo normal, y eso es lo que estamos viviendo, y es lo que el mismo Maduro dijo, porque el “Riesgo País” de Venezuela es el mayor del mundo, como todos saben porque: Mientras menos respaldo. Mayores intereses y peores condiciones y exigencias, porque todos quiren garantizar su dinero y crecimiento de sus países.
El camino para salir de esta situación todos lo saben, inclusive los de menor preparación, y es un cambio de rumbo y accionar, del Gobierno. Dios los ilumine a cómo hacerlo, por el bien del País y estabilidad y crecimiento de nuestra economía.
Ambrosio Perera Briceño
bochitoperera@gmail.com
@bochitoperera

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martes, 9 de diciembre de 2014

RUBEN DARIO ACEVEDO CARMONA, DEFORMACIÓN TROPICAL DEL DELITO POLÍTICO, DESDE COLOMBIA

RUBEN DARIO ACEVEDO CARMONA,
En entrevista concedida a CNN el 28 de septiembre de 2012, el presidente Santos manifestó que "no se les puede pedir a las Farc que se arrodillen, se rindan y entreguen las armas. No lo harán. Debe existir una salida, y esta salida debe permitirles participar en la arena política".

Dos años largos después, en medio de una grave crisis del proceso de conversaciones de La Habana, Santos retoma su apreciación de forma más concreta al convocar a la redefinición del delito político de tal forma que se admita la conexidad del narcotráfico y el secuestro. Así, abre la puerta a una solución interna, propia, sin ataduras internacionales, para que los guerrilleros incursos en delitos horrendos, puedan participar en política.

Un cambio de esa envergadura dejaría el derecho penal prácticamente sin objeto ya que una porción muy grande de los delitos penales en el país están relacionados con el secuestro, la extorsión y el narcotráfico (este último toma cuerpo en numerosos hechos de sangre). Emocionada, la presidente del Polo Democrático Clara López, propuso que todos los delitos penales sean vistos como conexos con el delito político.

Esa maniobra impúdica, de salir avante, convertiría a Colombia en un país paria en materia de aplicación del derecho internacional y de observancia de los derechos humanos. Significaría entrar en rebeldía contra la Corte y el Estatuto Penal Internacional e internamente, consolidaría la profunda división en la que, de hecho, estamos sumidos como consecuencia de unas conversaciones adelantadas dentro de la mayor confusión.

Lo que se pone de presente en esta coyuntura, es la existencia de condicionamientos insalvables, de parte y parte, que no fueron precisados en el temario de la agenda acordada al inicio.

Los jefes de la guerrilla han procedido con total astucia durante el proceso. Han logrado tomar la manija hasta el punto de sacar partido del secuestro del general Rubén Darío Alzate, al que presentan como prisionero fruto de acción legítima de guerra. Se asumen contraparte del conflicto.

Han sido y siguen siendo coherentes en sus pretensiones, como cuando al comienzo del diálogo uno de sus jefes dijo que entre sus objetivos figuraba: “acallar a las armas, pero también y, sobre todo, refundar nuestro país, que es el cuarto más desigual del mundo… Todos los temas son importantes y necesitan ser tratados tranquilamente y negociados escrupulosamente. Tienen que ver con la soberanía alimentaria, la salud, la educación, el derecho al trabajo, la seguridad social. Debemos reinventar Colombia, que es un país muy injusto” (www.RadioSantafé.com, Bogotá, octubre 8 de 2012)

Casi todos los nudos de la negociación conducen, pues, al problema de la participación política, puesto que las Farc pretenden o aspiran a hacer política de una manera que supondría el desbarajuste de la Constitución ya que la concepción clásica del delito político y sus conexos así como los compromisos internacionales, forman parte del Bloque de Constitucionalidad. La iniciativa presidencial facilitaría a las guerrillas hacer política sin entregar las armas, sin admitir culpabilidad en crímenes de guerra y de lesa humanidad y, por tanto, sin penas privativas de la libertad.

Que se trata del almendrón de la negociación y de una exigencia perentoria lo podemos constatar en la respuesta que Alberto Pinzón Sánchez, ideólogo asiduo del portal ANNCOL de las Farc, que, como bien sabemos, es donde ella expone su línea de pensamiento, da a la periodista Cecilia Orozco cuando le pregunta si los jefes de las Farc aceptarían ir a la cárcel para cumplir convenios internacionales firmados por el Estado colombiano: “Las Farc no han luchado contra la justicia internacional sino contra el Estado… (éste) debe encontrar, en una discusión amplia con la insurgencia, la solución política en cuanto a cómo va a funcionar la nueva legalidad… una negociación realista debería basarse en las reformas estructurales que demanda el país y que hay que garantizar en un texto constitucional… tendrían que ser validadas en una constituyente” (elespectador.com, noviembre 23 de 2014).

Los jefes guerrilleros saben que si son condenados, aún en el Marco Jurídico de la Paz y en el modelo de Justicia Transicional, quedan inhabilitados, de por vida, para ocupar cargos públicos y de representación popular. El Gobierno Santos, en su estrategia negociadora, concedió, sin haberse sentado en la mesa, que habría cambios para facilitarlos, tal como dijo en 2012 y nos recuerda hoy de nuevo. Para despejar dudas, releamos la tesis del Alto Comisionado de Paz que abre la puerta al estropicio que nos proponen, dijo él que, durante el periodo de “transición de 10 años” tenemos que: “echar mano de todo tipo de medidas y mecanismos de excepción: medidas jurídicas, recursos extraordinarios, instituciones nuevas…” (Conferencia de Sergio Jaramillo en Universidad Externado, mayo 9 de 2013).

Por ello es que ahora, para evitar el fracaso y sin ningún pudor, el Gobierno propone la “medida de excepción” de redefinir el delito político y sus conexidades.

De manera que cuando Humberto de la Calle, el mismo Presidente y el Alto Comisionado le dicen a la opinión pública que no habrá cambios en la Constitución ni se negociará la institucionalidad, simple y llanamente mienten.

Ruben Dario Acevedo Carmona
rdaceved@unal.edu.co
@darioacevedoc

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jueves, 6 de noviembre de 2014

DARÍO ACEVEDO CARMONA, CUMBRE BORRASCOSA, DESDE COLOMBIA

DARÍO ACEVEDO CARMONA

La última vez que los mandos de las FARC estuvieron juntos fue en febrero de 2002, en El Caguán. De ahí en adelante solo han retrocedido y huido ante la ofensiva del Estado y sus Fuerzas Militares. Hoy vuelven a reunirse en La Habana en condiciones óptimas de comodidad y seguridad. Podrán hacer la Conferencia más tranquila de su historia.

Gracias al presidente Santos y a su cuestionable política de paz, las FARC resucitaron, sus jefes se han vuelto a saludar, a mirarse cómo han engordado y envejecido, han constatado quienes siguen con vida. Se contarán historias, hablarán con nostalgia de los que ya no están, de corregir errores, harán cuentas, dirán que pasaron un mal momento, calibrarán sus fuerzas y trazarán una línea de conducta. Refrendarán su sagrado juramento de tomarse el poder por medio de las armas.
Los 18 que llegan hacen declaraciones tan graves y desafiantes como las de quienes, como Iván Márquez y compañía han hecho desde hace dos años. Uno de los “históricos”, alias Pastor Alape, leyó un texto en que afirma que en su lenguaje no figuran las palabras “entrega de armas”, “transición”, “desmovilización”, que la “dejación de armas” y el “cese de fuego” son temas bilaterales. Habla de “armisticio” que significa, según el diccionario de la RAE, cese temporal de hostilidades mientras se acuerda la paz.
Nada nuevo, siempre lo mismo, tal como el general Mendieta le contó a la nación, no hay un cambio de actitud en las FARC. Algunos intelectuales se devanan los sesos apelando a experiencias de otras negociaciones para justificar el “alargue” de las conversaciones, el “secretismo”, el trato de “par” o “contraparte” a las FARC, y hasta “las causas objetivas de su alzamiento”, pero, se olvidan de reconocer con quiénes estamos tratando, ahí les falla su capacidad investigativa. Olvidan que algunas negociaciones se adelantaron, incluso en Colombia, mediando declaraciones sobre el fracaso de la vía armada y su intención de acogerse a la democracia.
La retórica de los jefes guerrilleros es la misma y debe ser tomada en serio pues coincide con sus ataques terroristas. En cambio, el discurso oficial está afectado por la incoherencia, la ingenuidad y el entreguismo. Según el presidente Santos, todo lo que está sucediendo es “una buena señal” de que los diálogos “van por buen camino”. Expresó, sin rubor, que los negociadores de la guerrilla necesitan hacer consultas con los suyos y que por eso el gobierno ha facilitado el desplazamiento de “los que están COMBATIENDO… los más duros” (mayúsculas mías), de modo que el accionar terrorista es “combate” y piensa que en la guerrilla hay duros y blandos.
Por supuesto están en pie de lucha si por tal se entiende que antes de viajar a La Habana dejaron instrucciones para seguir “combatiendo”, por ejemplo, asesinaron un policía en Caquetá, colocaron un explosivo a metros de una escuela en Meta, volaron un oleoducto en Putumayo, instalaron una red de minas quiebrapatas en Cauca, atacaron una hidroeléctrica en Tolima.
El jefe negociador del gobierno, el doctor de la Calle, en el colmo de la ingenuidad pretende hacernos ver que la presencia de oficiales de la república en reuniones con criminales de guerra en La Habana, que siguen asesinando policías y soldados, “es un homenaje, una manifestación de respeto a nuestras Fuerzas”.
Y por si fuera poco, deja mal parado a Santos su ministro de Defensa cuando afirma que los guerrilleros que viajaron a Cuba “están allá huyendo de las acciones directas de las FF. AA. (El Espectador, oct. 24/2014)” pues eso quiere decir que la autorización presidencial los salvó de caer en manos del Ejército. ¿Habrá algo más contradictorio que ordenar “perseguirlos” para luego dejarlos escapar a través de innumerables operativos de despeje?
La delegación Oficial podría aclararnos cuántos miembros de las FARC están en Cuba en condición “legal”, es decir, con las órdenes de captura suspendidas. Si cada delegación puede acreditar 30, ¿a dónde han ido los guerrilleros reemplazados por los 18 que llegaron? Porque uno se imagina que no se quedaron allá, y si regresaron al país no será para cantar villancicos.
Las facilidades que le ha proporcionado este gobierno a las FARC no es cosa menuda. La conferencia nacional de las FARC permitida por el presidente Santos suena a un “cañazo” de esos que hace un jugador de póker desesperado por una mala racha que decide jugarse por el todo o nada. Con la salvedad de que aquí el jugador no está poniendo en el asador su billetera sino la suerte de un país y la unidad en torno a sus instituciones.
Entiéndase pues, que la función de los escándalos armados por periodistas amigos del presidente contra Uribe por sus intentos de negociar con las guerrillas, tienen por objeto ablandar a la opinión para que le parezca normal la cumbre de las FARC consentida por el presidente.
Ruben Dario Acevedo Carmona 
rdaceved@unal.edu.co
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