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jueves, 6 de noviembre de 2014

DARÍO ACEVEDO CARMONA, CUMBRE BORRASCOSA, DESDE COLOMBIA

DARÍO ACEVEDO CARMONA

La última vez que los mandos de las FARC estuvieron juntos fue en febrero de 2002, en El Caguán. De ahí en adelante solo han retrocedido y huido ante la ofensiva del Estado y sus Fuerzas Militares. Hoy vuelven a reunirse en La Habana en condiciones óptimas de comodidad y seguridad. Podrán hacer la Conferencia más tranquila de su historia.

Gracias al presidente Santos y a su cuestionable política de paz, las FARC resucitaron, sus jefes se han vuelto a saludar, a mirarse cómo han engordado y envejecido, han constatado quienes siguen con vida. Se contarán historias, hablarán con nostalgia de los que ya no están, de corregir errores, harán cuentas, dirán que pasaron un mal momento, calibrarán sus fuerzas y trazarán una línea de conducta. Refrendarán su sagrado juramento de tomarse el poder por medio de las armas.
Los 18 que llegan hacen declaraciones tan graves y desafiantes como las de quienes, como Iván Márquez y compañía han hecho desde hace dos años. Uno de los “históricos”, alias Pastor Alape, leyó un texto en que afirma que en su lenguaje no figuran las palabras “entrega de armas”, “transición”, “desmovilización”, que la “dejación de armas” y el “cese de fuego” son temas bilaterales. Habla de “armisticio” que significa, según el diccionario de la RAE, cese temporal de hostilidades mientras se acuerda la paz.
Nada nuevo, siempre lo mismo, tal como el general Mendieta le contó a la nación, no hay un cambio de actitud en las FARC. Algunos intelectuales se devanan los sesos apelando a experiencias de otras negociaciones para justificar el “alargue” de las conversaciones, el “secretismo”, el trato de “par” o “contraparte” a las FARC, y hasta “las causas objetivas de su alzamiento”, pero, se olvidan de reconocer con quiénes estamos tratando, ahí les falla su capacidad investigativa. Olvidan que algunas negociaciones se adelantaron, incluso en Colombia, mediando declaraciones sobre el fracaso de la vía armada y su intención de acogerse a la democracia.
La retórica de los jefes guerrilleros es la misma y debe ser tomada en serio pues coincide con sus ataques terroristas. En cambio, el discurso oficial está afectado por la incoherencia, la ingenuidad y el entreguismo. Según el presidente Santos, todo lo que está sucediendo es “una buena señal” de que los diálogos “van por buen camino”. Expresó, sin rubor, que los negociadores de la guerrilla necesitan hacer consultas con los suyos y que por eso el gobierno ha facilitado el desplazamiento de “los que están COMBATIENDO… los más duros” (mayúsculas mías), de modo que el accionar terrorista es “combate” y piensa que en la guerrilla hay duros y blandos.
Por supuesto están en pie de lucha si por tal se entiende que antes de viajar a La Habana dejaron instrucciones para seguir “combatiendo”, por ejemplo, asesinaron un policía en Caquetá, colocaron un explosivo a metros de una escuela en Meta, volaron un oleoducto en Putumayo, instalaron una red de minas quiebrapatas en Cauca, atacaron una hidroeléctrica en Tolima.
El jefe negociador del gobierno, el doctor de la Calle, en el colmo de la ingenuidad pretende hacernos ver que la presencia de oficiales de la república en reuniones con criminales de guerra en La Habana, que siguen asesinando policías y soldados, “es un homenaje, una manifestación de respeto a nuestras Fuerzas”.
Y por si fuera poco, deja mal parado a Santos su ministro de Defensa cuando afirma que los guerrilleros que viajaron a Cuba “están allá huyendo de las acciones directas de las FF. AA. (El Espectador, oct. 24/2014)” pues eso quiere decir que la autorización presidencial los salvó de caer en manos del Ejército. ¿Habrá algo más contradictorio que ordenar “perseguirlos” para luego dejarlos escapar a través de innumerables operativos de despeje?
La delegación Oficial podría aclararnos cuántos miembros de las FARC están en Cuba en condición “legal”, es decir, con las órdenes de captura suspendidas. Si cada delegación puede acreditar 30, ¿a dónde han ido los guerrilleros reemplazados por los 18 que llegaron? Porque uno se imagina que no se quedaron allá, y si regresaron al país no será para cantar villancicos.
Las facilidades que le ha proporcionado este gobierno a las FARC no es cosa menuda. La conferencia nacional de las FARC permitida por el presidente Santos suena a un “cañazo” de esos que hace un jugador de póker desesperado por una mala racha que decide jugarse por el todo o nada. Con la salvedad de que aquí el jugador no está poniendo en el asador su billetera sino la suerte de un país y la unidad en torno a sus instituciones.
Entiéndase pues, que la función de los escándalos armados por periodistas amigos del presidente contra Uribe por sus intentos de negociar con las guerrillas, tienen por objeto ablandar a la opinión para que le parezca normal la cumbre de las FARC consentida por el presidente.
Ruben Dario Acevedo Carmona 
rdaceved@unal.edu.co
@darioacevedoc

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domingo, 30 de junio de 2013

DARÍO ACEVEDO CARMONA, SÍ HAY QUINTO MALO

En La Habana las Farc han ejecutado con lujo de detalles el libreto de una aburrida obra teatral cuya trama consiste en jugar con las expectativas de paz de los colombianos. 
Dicha obra siempre comienza con un reconocimiento retórico sobre la importancia del diálogo para buscar “la salida negociada al conflicto armado”. El nombre de la paz, manipulado con adjetivos, sirve de bandera para sostener que ella “es mejor que seguir matándonos”, como si los colombianos se estuvieran matando a diestra y siniestra en una guerra civil.
Los agentes del establecimiento, llenos de buena fe y algo de torpeza han aceptado de buena gana y con gran candor la invitación a hacer parte del elenco en cuatro ocasiones en las que con leves cambios de escenografía y diálogos, concluyen en rotundo fracaso.
El segundo acto del drama, el más largo, pues dura meses y hasta años, consiste en una decodificación semántica que le agrega nuevos sentidos a las palabras paz, diálogo, democracia y justicia, entre otras. El discurso inicial cede el campo a todo aquello que no se contemplaba. Las guerrillas han demostrado, en las cinco escenificaciones, una gran habilidad para posar de representantes del pueblo, que sus propuestas deben ser atendidas y realizadas, que la entrega de armas nunca tendrá lugar, que están en igualdad de condiciones con el estado que no son victimarios sino víctimas, que no van a pagar un solo día de cárcel, que no van a reparar a nadie ni mucho menos pedirán perdón. Y, la tapa, que el estado debe ser reformado profundamente -algo así como el propósito de “refundar la patria” de políticos y paramilitares en Ralito- por medio de una asamblea constituyente. En la tribuna no faltan los que aplauden la tragicomedia, los que dicen que no nos debemos sorprender con lo que plantean y que es mejor que hablen con ideas en vez de con las armas.
El final es el esperado por defecto, las partes se levantan de la mesa, cada cual le achaca las culpas al otro. La guerrilla, como siempre, dirá que no fue escuchada, que el Régimen oligárquico los quería humillar. El saldo, a pesar de lo dicho por Santos, es de desazón pública ante la nueva pérdida de la esperanza en la paz. El presidente no podrá reelegirse ni ser premiado con el nobel de paz.
No obstante, las improductivas conversaciones de paz en La Habana dan señales de agonía. Desde Oslo, Iván Márquez dio señales de que irían más allá del documento inicial. Muchos advertimos que ahí cabía toda la Agenda Nacional. Con el paso de los días han subido el volumen de sus aspiraciones y exigencias. ¿Por qué lo hacen? Amén de todas las explicaciones que se escuchan en los medios hay una muy poderosa: las Farc no olvidan que hacen parte del proyecto de la revolución chavista-bolivariana que pretende implantar el socialismo del siglo XXI. Por eso no entregan armas ni renuncian a la lucha armada.
En La Habana están realizando el congreso que no pudieron celebrar en los diez años anteriores por el acoso de las tropas oficiales. Completan ocho meses hablándole al país y al mundo. Han copado los primeros lugares de la coyuntura política, son noticia a toda hora y mantienen la iniciativa sobre el equipo gubernamental. Han sabido sacar partido del afán oficial para abrirle paso a la reelección de Juan Manuel Santos.
Con mucha astucia y nuevas vestimentas, la facción más política de las Farc se niega a reconocer el fracaso de la vía armada. Siguen pensando que son el pueblo en armas, magnifican su poder para formular exigencias que no se compadecen con su debilitamiento estratégico, insisten en su culto a las armas. En este momento son los que dan al traste con la esperanza de paz negociada, de modo que el historiador Marco Palacios se debe tragar lo que le dijo al diario El País de España apenas se iniciaban las conversaciones en el sentido de que “no había una fuerza en Colombia capaz de hacer fracasar la paz”. Las Farc le tapan la boca.
A más de un columnista dejan mal parado con sus desorbitadas propuestas. Al presidente Santos le tumbaron hace rato el llamado a los colombianos de que había “que creerles”. No sé si haya que esperar un ataque militar horrible para que dirigentes partidistas nacionales dejen de decirnos pendejadas en las que pocos creemos como que “estamos más cerca de la paz que nunca antes”, como dijo el expresidente Cesar Gaviria.
En el colmo de la ingenuidad no faltan los que les escriben a los jefes farianos de La Habana para que moderen su lenguaje para evitar que los “enemigos de la paz” y la “extrema derecha” se salgan con la suya, como quien dice, las Farc no son los enemigos de la paz ni son extremistas.
Pero, se preguntarán los lectores de estas reflexiones ¿qué están buscando las Farc en la mesa de La Habana? Pienso que tratan de crear una situación en la que puedan participar del juego electoral a través de movimientos del tipo Marcha Patriótica sin dejación de armas y poner de esa forma contra las cuerdas al Gobierno. Le están cobrando duro a Santos el reconocimiento que les hizo como contraparte y su premura reelectoral. Mantienen vigente su sueño de convertir a Colombia en piedra angular del proyecto chavo-socialista. Pero, y quizás aquí puede estar la clave de toda su estrategia: o les aceptan sus demandas sobre el estado y el régimen político y aspiraciones de impunidad u obligan al gobierno, con provocaciones, a tomar la decisión de pararse de la mesa y quedar como responsable del fracaso. En esta apuesta es que se puede decir con alto grado de certeza que sí hay quinto malo.
Darío Acevedo Carmona, Medellín, 
rdaceved@gmail.com

23 de junio de 2013EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, OPINIÓN, NOTICIA, REPUBLICANO LIBERAL, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA, INTERNACIONAL, ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA,CONTENIDO NOTICIOSO,

jueves, 25 de octubre de 2012

EDUARDO MACKENZIE, LO QUE MOSTRÓ LA DISCUSIÓN EN OSLO, DESDE FRANCIA

Lo más chocante de la conferencia de prensa en el Hotel de Hurdal, en la periferia de Oslo, fue  el nuevo intento de las FARC, por la boca de Iván Márquez, de  borrar con unas frases destempladas la cadena interminable de atrocidades que ellas han cometido contra Colombia y los colombianos en los 50 últimos años.
Humberto de la Calle e Ivan Marques
Al adoptar la mentira como sistema de diálogo, en el acto que se supone abría la fase destinada a llegar a un “acuerdo general para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”, las FARC mostraron su verdadero rostro y dijeron que estaban allí, en realidad, para golpear una vez más a sus víctimas, para burlarse del gobierno colombiano y de quienes las creen, en nuestro país y en el extranjero, capaces de emprender una negociación seria.
Por fortuna, el jefe de la delegación gubernamental tuvo la entereza de restablecer la agenda de ese escenario que el vocero provocador  de las FARC trató de cambiar. Humberto de la Calle Lombana, al subrayar que sí había unos imponderables, unos puntos no negociables   --la propiedad privada, el modelo económico, la inversión extranjera, la política de defensa,  la acción de las Fuerzas Armadas, el ordenamiento territorial--, y que la negociación en La Habana giraría únicamente sobre los cinco puntos firmados por plenipotenciarios de los dos bandos, delimitó en buena hora los alcances de ese proceso. El ex vice presidente colombiano advirtió, además, que las FARC "tendrán que darle la cara a las víctimas". Su gesto firme y oportuno debe ser saludado pues puso fin al silencio, cuan desesperante, que había guardado el gobierno sobre esos aspectos cruciales de la nueva “negociación de paz”.
Falta ver hasta dónde la delegación gubernamental será consecuente y lógica con lo dicho por Humberto de la Calle pues en Cuba los hombres de las FARC intentarán  de nuevo romper la agenda y desviar el curso de los diálogos. En todo caso, la diatriba de Iván Márquez en Oslo aisló más a las FARC: fue rechazada por las mayorías colombianas, reflejadas en las críticas del presidente Santos, de los ex presidentes Uribe y Gaviria, de los empresarios, de decenas de columnistas y de los mejores diarios del país. Un solo ejemplo: El Colombiano dijo algo excelente:   “La mayor trasnacional del crimen de América Latina, el mayor cartel de drogas del hemisferio occidental, quiere la crucifixión de las ‘multinacionales’ que invierten lícitamente en Colombia y derivan su patrimonio de algo tal vez desconocido para los jefes guerrilleros que se lucran del narcotráfico: el trabajo esforzado en la producción de bienes y servicios legítimos”.
Como Márquez también insultó a los periodistas, exceptuando a los “comunicadores alternativos” --los comparsas mediáticos de esa banda--, el diario antioqueño respondió: “A los medios de comunicación de Colombia, que en un entorno difícil y violento han -hemos- defendido a capa y espada la democracia, la discusión pluralista y la libertad de ideas y pensamiento, nos gradúan de ‘inicuos’. Viniendo el epíteto de quien viene, puede constituir un honor.”
La crítica del sistema colombiano que hizo Márquez fue la repetición de las imposturas inventadas por Gilberto Vieira en los años 1950, para justificar la acción criminal de Tirofijo, Jacobo Arenas, Raúl Reyes y demás: que las FARC tienen un origen “social” y que su patente para matar y destruir emana de que ellas son “agentes del cambio” y de un “porvenir radiante”: el comunismo. ¿Quién puede creer hoy en semejantes sornetas?  El origen de las Farc fue únicamente político y su balance reformista es nulo. Y el comunismo, el régimen de la infamia total, frenó el desarrollo humano, es responsable de uno de los mayores genocidios de la historia, llevó a la miseria a continentes enteros y le arrancó la vida, en sólo Europa y Asia, a más de 80 millones de personas. Los países que fueron los primeros en sufrir esa catástrofe, Rusia, China y Europa del Este, abandonaron el comunismo. Las FARC creen que los equivocados son esos pueblos, y no ellas. Por eso fueron a Oslo a amenazar a sus interlocutores con el cuento de que no habrá paz mientras el programa de las FARC no se cumpla.
Resulta preocupante que aberraciones tales como eliminar la propiedad privada de la tierra, demoler la agroindustria, la ganadería y la minería, como pretende Iván Márquez,  tengan todavía eco en algunos núcleos de opinión. Esa idea aparece de manera asombrosa, aunque en lenguaje cifrado, en un  texto (1) del 14 de octubre firmado por 250 personas, casi todos miembros del PCC, del Polo Democrático y del Partido Progresista, en el que exigen “reformas substanciales” como condición para que haya paz y hasta piden crear “reservas campesinas” (!).
Ese grupo promete desatar en los próximos días un “amplio debate” a favor de esas tesis y crear  un “clima nacional favorable a la paz”. Cuando se sabe qué significan para el PCC palabras como “debate” y “paz”, podemos augurar lo peor.  El escenario que aparece en el horizonte es pues éste: acometidas dialécticas en La Habana para desbordar el temario que defiende el ex vicepresidente colombiano, ataques de las FARC en Colombia,  pedidos al gobierno para que paralice las Fuerzas Armadas (bajo el pretexto de una tregua bilateral) y jornadas brutales de agitación y propaganda a favor de la “refundación de Colombia” que busca Iván Márquez.
¿Qué deben hacer los colombianos ante esa tenaza? Movilizarse contra eso, en las calles y en los salones, como lo están haciendo ya varios grupos de víctimas de la guerrilla que están decididos a ir hasta La Habana a exigirle cuentas a Iván Márquez y sus cómplices. Hay que crear amplios lazos de solidaridad y salirle al paso a la batalla ideológica que pretenden instaurar los grupúsculos extremistas  que quieren hacerle creer a los colombianos que las exigencias de las FARC son razonables y necesarias.  Hay que utilizar este momento álgido para explicarle al mundo lo que está en juego en Colombia.
 (1).Ver: http://razonpublica.com/index.php/conflicto-drogas-y-paz-temas-30/3334-dialogos-en-oslo-una-oportunidad-unica-e-irrepetible.html
eduardo.mackenzie@numericable.fr

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