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lunes, 12 de octubre de 2015

ANTONIO JOSÉ MONAGAS, ¿ATRAPADO SIN SALIDA?

El régimen se ha excusado de sus groseras equivocaciones apelando a manidos argumentos que le han resultado contraproducentes a sus pretensiones de validar y asentir envejecidas propuestas enmarcadas por ideales, históricamente, superados.

Aunque los escenarios gubernamentales ponen al descubierto las atribulaciones que exacerban al venezolano, indistintamente de su credo ideológico, la ciencia política por su parte pone a la orden su acervo cognoscitivo con el propósito de servir de marco referencial al análisis de los problemas que han deprimido al país en términos no sólo de su realidad social. También, en cuanto a las restantes variables que esgrimen toda explicación que pueda revisar la grave y descomunal crisis que asedia a la democracia venezolana. Y en consecuencia, al futuro de la nación.

En principio, el régimen se ha excusado reiteradamente de sus equivocaciones apelando a manidos argumentos que le han resultado contraproducentes a sus pretensiones de validar y asentir envejecidas propuestas enmarcadas por ideales que, históricamente, han sido superados. Y que por tanto, en nada se ajustan al patrón de respuesta o reacción del venezolano. Ahora, el régimen, valiéndose de las desgarradas teorías de Joseph Goebbels, político alemán, ministro para la Ilustración Pública y Propaganda de la Alemania nazi, intenta  apostar a pretextos abiertamente manipuladores e incisivos. De esta manera, logra imponer medidas cargadas de un craso cinismo con el cual se sirve para buscar doblegar aquellas actitudes que contradigan su discurso.

Es así como consigue en la deliberada ridiculez de la llamada “guerra económica”, el alegato más tóxico del cual se vale para afianzar las posturas del eventual presidente de la República mediante la promoción del odio a lo extranjero, al capitalismo, a derechos humanos, y a cualquier corriente ideológica que evidencie el desbarajuste actual provocado por el presente (des)gobierno. Particularmente, causado por decisiones amparadas en ilicitudes atiborradas de pleonasmos o excesos. Todas ellas, invocando absurdas razones que rayan en lo caricaturesco.

La denominada “guerra económica” adoptó un carácter tan alevoso, que el régimen se atrevió a instalar un Alto Mando Militar con la infundada suposición de contrarrestar sus manipulados efectos. Pero, sin haber entendido previamente que sus resultados acentuarían el rechazo de la población a medidas establecidas con tan contrariadas y despóticas intenciones. El régimen calcó enteramente, entre otros, el principio de la “exageración y desfiguración” de Goebbels el cual plantea convertir cualquier consideración adversa, por pequeña que sea, en grave amenaza para que entonces, quien detente el poder, se valga de sus efectos en beneficio suyo.

Una lectura politológica de lo que acontece en Venezuela en el marco de las perversiones incitadas por el régimen, deja ver una grosera coartada gubernamental mediante la cual culpabiliza al sector de la oposición democrática de problemas ante los cuales no tiene ninguna injerencia. O frente a compromisos que le resultaron imposibles de cumplir al mismo Ejecutivo Nacional. O sea, la ineptitud del gobernante tomó la delantera en la difícil carrera del desarrollo nacional.

La implantada desprofesionalización, acompañada de una exagerada militarización de espacios administrativos que son sólo competencia de la clase política perteneciente a la sociedad civil, configuran el meollo de los daños que han sacudido el curso de la vida republicana. Además de la mentida “guerra económica” resultado del errado manejo de la economía por un gobierno que no ha formulado debidas políticas públicas que puedan responder a exigencias propias de realidades altamente volubles o versátiles, el régimen insiste en vocear la existencia de otras presuntas “guerras”. De esa forma, ajusta los procedimientos de su pérfida estrategia con la cual busca desmovilizar los factores sociales, económicos y políticos nacionales, regionales y locales. Al mismo tiempo, dichos despropósitos aportan insumos para provocar un estado de inseguridad para lo cual se apoya en facciones paramilitares asentadas en barrios y territorios afectos o vinculados a la mentada revolución “pacífica, pero armada”. Precisamente, la venenosa idea que encarna la crisis actual, justifica la tentación de concebir estados de emergencias y de excepción que solamente conducen el país a verse, ante objetivos y necesidades de desarrollo económico y social, en el propio marasmo. De seguir entre tantos reveses, pudiera decirse que el país está a punto de quedar ¿atrapado sin salida?

VENTANA DE PAPEL

VÁYANSE “A LA PORRA”
Aunque el gracioso y duro vocablo “vete a la porra” solía utilizarse como expresión de desprecio a quien no merece mayor miramiento o cuidado, hoy día se convirtió en una forma más educada pero coloquial de decir “no molestes”, “lárgate”, “vete lejos”. O sencillamente, para manifestarle a otro que lo que plantea o piensa “no es interesante” o que simplemente “no sirve”. Decirle a alguien: váyase “a la porra”, significa mandarlo al mero “carajo” (cesta situada en lo alto del palo mayor de un barco de velas desde donde los vigías gritaban aquello de “tierraaaaa a la vistaaaaa”).
Cabe este exordio, para validar el malestar o enfado que padecen los venezolanos al verse sorprendidos por los efectos de una inflación la cual no ha podido ser controlada por el gobierno central. Menos, ha podido evitarla dentro de la situación marcada por el desorden que la actual gestión pública ha logrado al ritmo de la inseguridad entendida en todas sus manifestaciones. Hoy, por ejemplo, una sencilla hamburguesa pasa de 800 Bs. por nombrar una de las comidas más solicitadas en medio de la velocidad con la que transita la vida. ¿Y qué decir de los medicamentos? Y eso, cuando se corre con suerte de conseguirse. Los servicios públicos se tornaron pésimos. Algunos son: agua, luz, gas doméstico, atención hospitalaria, educación pública. Comprar un pantalón, una camisa o un par de zapatos, supera con creces el sueldo mínimo el cual monta en 7.421 Bs. Un US-dólar, ya alcanzó el nivel de los 800 Bs. Y cuidado si no alcanza los 1000 Bs. en pocos meses.
Adquirir bienes de consumo personal, se tornó un espinoso periplo. Además de lo agotador y peligroso, en tan elemental diligencia no hay manera de asegurarse que evitará ser objeto de robo por parte de algún desquiciado o alborotado desalmado bien armado. Indistintamente, si va a pié o en carro. Igual sale robado. Y si acaso el supermercado tiene algo de shampoo, desodorante o papel toilette, sucede que al acercarse el turno, incluso, del más optimista, los inventarios se agotan. Pero más por el temor del comerciante a ser calificado de acaparador, que por la desmedida demanda que cada día se agrava.
Sin embargo, los gobernantes y empedernidos funcionarios, dicen y vociferan que “hay patria”. Sólo que por presumir de tener “patria”, los problemas no han dejado de degradar la calidad de vida a la que tanto cacareo hace el régimen. Un internauta exponía en sus redes sociales que “antes los venezolanos le tenían miedo al Coco, al Silbón o a la Sayona. Ahora, es al motorizado”. O quizás, al funcionario encubierto o al prepotente furibundo por aquello de que “viviremos y venceremos” cuando ha sido todo lo contrario.
Así que para terminar este manifiesto de reproches, por lo que estos (des)gobernantes convirtieron al país, es propio pensar que con el voto castigo que se han ganado luego de tanto maltrato, robo y corrupción, habrá que decirles con fuerza, razón y mucha educación, “váyanse a la porra”
“Cuando todo se acaba, siempre queda la esperanza. Pero aún así, hay circunstancias que siguen mostrando su cara oculta. Sobre todo, si encubren ideologías políticas moldeadas a imagen y semejanza de la mediocridad, la intolerancia, la soberbia y la violencia contra el otro. Es ahí cuando pareciera haberse acabado el aire que respiran las libertades”

Antonio José Monagas
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas

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