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martes, 8 de julio de 2014

JOSÉ LUÍS MÉNDEZ LA FUENTE, ESE MODELO CHAVISTA

Reseña El Universal del domingo pasado, que en España la Fundación para el Análisis y los Estudios sociales (FAES), entidad muy vinculada al Partido Popular, hasta el punto de que su presidente es José María Aznar, realizó una mesa redonda, con la participación de representantes de la oposición venezolana, donde se trató la situación actual de Venezuela. Allí, la directora del Área Internacional de dicha fundación, Cayetana Álvarez de Toledo, envió un mensaje a quienes coquetean con el chavismo o se financian a través de él, en una clara alusión al partido Podemos y a su lidere Pablo Iglesias, al afirmar que "no queremos ese modelo ni en España ni en Venezuela, ni en ningún país del mundo".


Ahora bien, cuando se habla del modelo chavista, se hace generalmente en relación a su contenido; esto es, a los lineamientos ideológicos de corte socialista dirigidos a restringir la propiedad privada; controlar sectores estratégicos de la economía como telecomunicaciones, energía y petróleo, alimentación y transporte; dar subsidios sociales de todo tipo a los sectores desposeídos; reformar la legislación laboral para imposibilitar despidos y crear  mecanismos de cogestión y los consejos de trabajadores en sustitución de los sindicatos; controlar el cambio burgués de divisas y reformar las bases educativas con fines proselitistas, entre otras políticas. Es lo que se conoce como “socialismo del siglo XXI” nombre con el que lo bautizó Chávez, por lo que muchas de esas medidas económico-sociales pueden ser copiadas en mayor o menor medida, como de hecho ya lo hizo en el contexto español, el partido Podemos en su programa político y que le dio tan buenos resultados en las pasadas elecciones europeas.
Pero hay otra manera de entender el modelo chavista. Una que no hace referencia a su propuesta socialista. Es el chavismo desprovisto de contenido ideológico, visto tan solo en su andamiaje político, como un mero instrumento para alcanzar un fin. Un mecanismo para obtener el poder por la vía electoral y mantenerse en él por un buen rato. “Absolutismo Presidencialista” lo llamamos en un artículo anterior,
Dicha receta que ya alcanza proporciones de manual y pudiera ser incorporada a la lista de consejos y estrategias que contiene El Príncipe de Machiavelo, puede resumirse de la siguiente manera: lanzar al electorado la promesa de una “asamblea constituyente” o de la “refundación del Estado”, como parte de la campaña electoral. Este es un requisito indispensable para ganar la presidencia la primera vez. Ya una vez en la presidencia, lo que sigue es una reforma de la Constitución, a través de una Asamblea Constituyente. Los motivos para esa reforma siempre sobran (educación, derechos sociales, participación popular, etc.,) pero el verdadero objetivo será permitir la reelección o hacerla indefinida y de paso alargar el periodo presidencial. Estando en la cúspide de la popularidad que da la aplicación de las medidas populistas del nuevo socialismo, es casi imposible no ganar la nueva elección dentro de la égida de la nueva Constitución con absoluta mayoría para reafirmarse en la presidencia y controlar todos los poderes del Estado
Seguidamente, consolidados en la Presidencia, ya con por lo menos dos periodos, habrá que ver si las encuestas permiten una tercera o cuarta presidencia, para lo cual  las barreras de la propia Constitución redactada por el Poder Constituyente, no son jurídicamente insalvables; para eso están las instituciones como el Poder Judicial o el Legislativo, verdaderos intérpretes del espíritu de la ley y de la voluntad del Constituyente. Esto fue precisamente lo que ocurrió, por ejemplo, en Venezuela, con la enmienda constitucional del año 2009 para permitir una segunda reelección a Hugo Chávez en el 2012 y en Bolivia, con  la  Ley de Aplicación Normativa que permitirá a Evo Morales concurrir a los comicios de octubre de este 2014, para buscar un cuarto mandato que le permita gobernar Bolivia hasta el año 2020, con lo cual se convertirá, de ganar esa tercera reelección, en el presidente que más tiempo ha gobernado aquel país andino y en uno de los mandatarios de Suramérica con mayor permanencia continua en el poder, solamente superado por Chávez, de no haber fallecido, quien venía gobernando desde febrero de 1999..Correa, por su parte, reelecto por segunda vez en los comicios del 17 de febrero del año pasado para el periodo 2013-2017, ejerce su  tercer mandato. Algunos de aquellos componentes, han mantenido a Daniel Ortega en la presidencia Nicaragua.
Ese modelo chavista vale tanto para regímenes de izquierda como de derecha, pues encaja en cualquier ideología, por lo que habrá que estar atentos a futuras reformas constitucionales en países como Colombia, Chile y la propia Argentina, donde los textos constitucionales contienen impedimentos para reelección presidencial continuada. Y  ¡Ojo! también de lo que pueda pasar en la mismísima España.
Jose Luis Mendez
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miércoles, 25 de junio de 2014

JOSÉ LUÍS MÉNDEZ LA FUENTE, DE MIQUILENA A GIORDANI.

La salida de Jorge Giordani del gabinete ministerial donde era Vicepresidente de Planificación Estratégica, hubiera pasado desapercibida, si no fuera porque decide publicar al día siguiente, en el portal revolucionario “Rebelión“, un documento titulado “Testimonio y responsabilidad ante la historia”, una verdadera herejía revolucionaria, que lo califica desde ya  entre sus excamaradas como un contrarrevolucionario, o lo que es aún peor, como un traidor. Su caso recuerda, de alguna manera, el de Luis Miquilena, uno de los mentores de Chávez y quien abandonó la revolución en el 2002.
LA REVOLUCION SE VA DE VIAJE
Pero no fue Miquilena la primera víctima, ni tampoco será Giordani la última, que la causa revolucionaria se lleve por delante. Y aquí los motivos, sean autocritica, revisionismo o reformismo, nunca son justificaciones suficientes, sobre todo cuando apuntan al líder con el dedo, como lo hizo Giordani con Maduro.
Las revoluciones terminan comiéndose a sus hijos, anuqué algunos se suiciden primero. Los ejemplos en esta materia son más que abundantes. Así, en la Revolución Francesa, quizás la más conocida popularmente,  la lista es inmensa: Hébert, Brissot, Danton, Marat, Couthon y el propio Robespierre, por mencionar solo algunos de sus “hijos” más notables.  En la Rusa, Kámenev, Zinoviev, Sokólnikov, Bujarín, Yezhov, Tujachevsky, Yagoda, y Trostky, entre muchos otros, fueron asesinados por órdenes de Stalin, pero con la diferencia de que en la revolución bolchevique, las purgas no solo condujeron al asesinato de miles de personas, sino también a su destierro político y humillación pública, con cartas y “confesiones de errores” contra la revolución que al final de nada sirvieron, pues en muchos de esos casos, fueron igualmente ejecutados y perseguidos, y hasta asesinados  esposas e hijos.
Mucho más nuevos, son los casos en Cuba, de Carlos Lage y de Felipe Pérez Roque quienes se desempeñaron como vicepresidente y canciller en el 2009, cayendo en desgracia a causa de las ambiciones de poder que, según Fidel Castro, los condujo a desempeñar un “papel  indigno”. Aquí, las confesiones  en cartas públicas tampoco se hicieron esperar. Esta “ética revolucionaria” fue la que le aplicaron antes, al General Arnaldo Ochoa, jefe de las operaciones en Angola, el más condecorado de los oficiales y héroe de la revolución cubana,  quien en 1989 fue fusilado junto a los militares Jorge Martínez, Antonio De La Guardia, y Amado Padrón por órdenes del régimen de Castro, después de un Juicio público que recuerda  los “Procesos de Moscú” del estalinismo soviético, entre 1936 y 1938, con simulacros de juicios, confesiones públicas, etc..  Ochoa fue acusado, junto a  otros trece implicados, de tráfico de cocaína, diamantes y marfil,  además de avergonzar a la revolución con actos de alta traición. Durante el juicio se le acusó igualmente, de incumplimiento de deberes militares y pérdida de vidas en Angola. El militar jamás admitió ser culpable de narcotráfico. Meses antes, Ochoa había manifestado sus simpatías por Gorbachov y la apertura soviética.

Mientras tanto, aquí en Venezuela, la revolución del “socialismo del siglo XXI”, también se ha engullido  a unos cuantos de sus hijos, padres y hermanos. La lista, durante la larga década de Chávez, fue igualmente kilométrica, aunque no tan sangrienta, pero similarmente aleccionadora. Al igual que en la francesa, la rusa o la cubana, también tenemos nuestros Robespierre, Kámenev e incluso Ochoa. Muchos de quienes la apoyaron desde el principio en la Constituyente, pasando por los que la consolidaron durante y después de los sucesos de abril 2004, con golpes de pecho y rasgadura de vestiduras incluida, hasta los que crearon listas indignantes o se arrodillaron frente al “patria, socialismo o muerte”, fueron más tarde o más temprano, botados de la causa revolucionaria o hechos  aun lado. No creo que haga falta  nombrarlos, basta con hacer un poco de memoria.
En la “segunda etapa de la revolución”, como llaman algunos a la presidencia de Maduro, las destituciones de Eugenia Sader como Ministra de Salud y Desarrollo Social, imputada posteriormente por el Ministerio Público por la presunta comisión de los delitos de peculado doloso propio, sobregiro presupuestario y asociación para delinquir; del Coronel Félix Osorio como Ministro de Alimentación, por “refrescamiento” del ministerio en cuestión, y de Eduardo Samán como Director del INDEPABIS, a causa de una reestructuración del organismo, se suman a la de Giordani. La línea divisoria entre un cambio de funcionarios y una “purga política” radica tan solo en la finalidad.
 El presidente Nicolás Maduro, dijo que no hay excusa para “traicionar” el proyecto revolucionario que inició su antecesor, Hugo Chávez, y criticó los “grandes egos” de algunos “compañeros”, al referirse sin nómbrala a  la ya famosa carta de Giordani.
Quien traiciona a quien dentro de una revolución, es algo difícil de determinar; ocurriendo algunas veces que los acusadores terminan siendo, al final,  los acusados.
Jose Luis Mendez
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jueves, 19 de junio de 2014

JOSÉ LUÍS MÉNDEZ LA FUENTE, LA REPÚBLICA BOLIVARIANA Y LAS MONARQUÍAS EUROPEAS

La reciente abdicación del Rey Juan Carlos I, ha abierto nuevamente la polémica sobre la monarquía, un asunto que tiene dividida a la opinión pública española.

ROSA DIEZ
Aunque la vigente Constitución de España regula el tema de la sucesión  y que en caso de renuncia, muerte o abdicación, la continuidad real está garantizada, hay quienes han visto en esta dimisión de Juan Carlos I la coyuntura ideal para poner en el tapete la necesidad de un referéndum que permita a los españoles escoger entre monarquía o república.
Lo cierto del caso es que la coyuntura se presta, pues la imagen de la monarquía se ha visto afectada  debido a una serie de escándalos protagonizados por los  miembros de la familia real;  especialmente el caso de corrupción en el que está involucrado el yerno del Rey y que salpica a su hija la infanta Cristina. También le hicieron daño a la institución, las fotografías del ´propio Juan Carlos I en una cacería de elefantes en Botsuana en  el 2012. No obstante, la monarquía era  hasta no hace mucho, según las encuestas publicadas por el oficial Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), la institución mejor valorada por los españoles.
Las críticas  a la monarquía son tan rancias como la institución misma, y los argumentos de los españoles de hoy, así como de los dirigentes políticos que la rechazan, básicamente la denominada izquierda plural y los partidos nacionalistas, son  los mismos de hace un siglo; oponiendo siempre a la Monarquía, una forma hereditaria de gobierno, la República, como la mejor expresión de la democracia,
Pero en la España actual, con unas instituciones políticas en crisis, un gobierno debilitado y una oposición  política  encabezada por un  PSOE comprometido y desgastado, en plena reconstrucción de su dirigencia,  no debemos esperar un debate entre monárquicos y republicanos, al menos no en los términos de antaño, sino más bien una rebatiña  entre los otros partidos de izquierda, incluidos los nacionalistas catalanes y vascos, por tomar iniciativas, aprovechando la coyuntura  del momento,  para crecer en popularidad y llevarse el liderazgo del republicanismo en las encuestas.

El término monarquía no puede ser entendido hoy en día como el gobierno de reyes absolutistas  y personalistas, ungidos por la gracia de Dios, tal cual sucedía  en el pasado. En los últimos siete siglos algunas cosas ocurrieron, y mientras que en la Francia del XVII alcanzaba su expresión más absoluta en aquella célebre frase  de Luis XIV “el Estado soy yo”, del otro lado del Canal, los ingleses le encontraban un sitio perfecto al monarca como Jefe de Estado. “El Rey reina pero no gobierna”,  principio político que define al parlamentarismo británico, en el que, no obstante, la figura de la Reina cumple un papel fundamental  en el mantenimiento de la unidad del Reino Unido. En la vieja Europa,  las monarquías han dejado de serlo hace tiempo, para convertirse en símbolos e instituciones  decorativas que representan la tradición.

Y fue eso lo que trató de dejar en claro con su intervención en el Congreso de los Diputados,  la líder del partido Unión Progreso y Democracia, cuando se votó la Ley de Abdicación hace unos días, al tachar el referendo propuesto por algunas toldas políticas  de ilegal y calificarlo de fraude, pues no se puede elegir entre República como epíteto de la democracia y Monarquía como sinónimo de lo contrario, cuando la verdad es que una república, por el simple hecho de serlo, no es más democrática que una monarquía parlamentaria como la española o la inglesa.

La parlamentaria lanzo al aire la pregunta de si a aquellos que defienden dicha consulta “les parecen sistemas democráticos y justos los de “la República de Corea del Norte, o la República de Irán, o Cuba, o la Bolivariana de Venezuela”; para después comparar “Les parece que esos sistemas son más progresistas y más justos que las monarquías que funcionan en Suecia, Noruega, Dinamarca  o el Reino Unido”.

La intervención de la diputada Diez fue criticada por varios parlamentarios de izquierda, quienes la tildaron de ignorante por haber calificado de “republicas” a Corea del Norte e Irán, cuando en realidad son  sistemas políticos con un partido único y gobiernos dictatoriales, que por la forma de transmitirse el poder, varias generaciones de padre a hijo en el caso de Corea, y yo añadiría que también entre  hermanos en el de  Cuba, son monarquías de facto. No obstante la crítica, la comparación de las monarquías parlamentarias europeas con Cuba y Venezuela fue más que acertada y nadie, hasta ahora, ha intentado desmentirla.

Jose Luis Mendez
Xlmlf1@gmail.com
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miércoles, 4 de junio de 2014

JOSÉ LUÍS MÉNDEZ LA FUENTE, UN NUEVO PRESIDENTE EXGUERRILLERO

El triunfo en las elecciones presidenciales de El Salvador del exguerrillero y maestro de profesión  Salvador Sánchez Cerén, coloca nuevamente a un  hombre proveniente de la extrema izquierda, en circunstancias de hacer por la vía  democrática lo que no hicieron aquellos que en un pasado no tan lejano, fueron el objetivo de la lucha armada y clandestina. O visto de otra manera, de fracasar y repetir aquello contra lo cual se levantaron en armas en una oportunidad.

El nuevo presidente salvadoreño, fue conocido durante la guerra civil (1979-1992) bajo el alias de  Comandante Leonel González, Jefe de las Fuerzas Populares de Liberación (FPL), una de las cinco organizaciones armadas que conformaron el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, que combatió a la dictadura militar.

Pero no es la primera vez que un exguerrillero llega al poder en América Latina. El triunfo de las guerrillas de Fidel Castro en la Cuba de Batista, en 1959, favoreció el florecimiento de movimientos contra las dictaduras militares, el autoritarismo y el nepotismo delas oligarquías, que avivó más bien la represión y el autoritarismo de los gobiernos de derecha, durante las décadas de los sesenta, los setenta y los ochenta. Fue sin embargo en Nicaragua, donde el “sandinismo” marcó el camino para llegar al poder por la  ruta electoral.

Varios de aquellos guerrilleros encontraron así, una vez que dejaron la selva y la montaña para volver a la ciudad, el camino para reinsertarse a lucha, esta vez democrática, en los procesos electorales dentro sus respectivos países. De aquellos jóvenes idealistas revolucionarios que se veían reflejados en la figura de “El Che” o en la de Fidel, solo quedaron después las cenizas de su ideario, convirtiéndose en dirigentes maduros y poniendo en práctica los mismos postulados de antaño contra los que lucharon. Al final pudo más el sistema contra el cual lucharon.

En Colombia podemos recordar los casos de Carlos Pizarro, candidato a la Presidencia de Colombia por el partido político Alianza Democrática M19, asesinado el 26 de abril de 1990 en Bogotá, así como el de Gustavo Petro, quien también militó en la guerrilla Movimiento 19 de Abril y fue también candidato presidencial  por el partido  Polo Democrático, resultando electo más tarde Alcalde de la ciudad de Bogotá,  caso este último al que nos hemos referido en varios artículos anteriores. En Brasil tenemos el de Dilma Rousseff, cuya popularidad al frente de la presidencia de aquel país sube y baja como la espuma. En Uruguay encontramos el de José Mujica, fundador del movimiento Tupamaro y del que una vez alguien  dijo que  no fue una  guerrilla, sino un «movimiento político con armas».

El otro caso es del nicaragüense Daniel Ortega, quien ha sido  presidente tres veces, la última de ellas en franca violación  a la Constitución de su país. Su continuidad en el poder desde el 2006 y sus políticas personalistas, han conducido a que ex guerrilleros de la vieja guardia sandinista, como Dora María Téllez, Sergio Ramírez, Ernesto Cardenal y Gioconda Belli, se hayan convertido en  furibundos opositores, de Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo, a quienes  acusan de haber  llevado al país hacia una dictadura familiar, similar a la de Anastasio Somoza.

Con el gobierno  de Sánchez Cerén no creemos que se vayan a producir  cambios muy diferentes a los del de su antecesor, del que fue vice presidente. En su primer discurso como nuevo presidente de El Salvador, hizo un llamado a la unión de todos los salvadoreños, a la inversión empresarial, a  la lucha contra la pobreza y la violencia que azota a su país, a la vez que se comprometió a gobernar con eficiencia, austeridad, transparencia y a combatir la corrupción. Una proclama de intenciones y de buenos propósitos que no se diferencia en nada de las que han pronunciado otros gobernantes de la región y del continente. Anunció, además, la creación de los ministerios de Cultura y de la Mujer, así como la Secretaría Presidencial para la Transparencia, instrumentos populistas que con nombres similares, ya han sido probados por otros gobiernos de izquierda sin logros significativos.

Pero tal vez sean, precisamente, las palabras del presidente saliente Mauricio Funes, también del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, las que nos adelanten la forma de gobierno que conducirá Sánchez Cerén. Funes aseguró en su despedida, que su gobierno inició la transformación social del país, reduciendo la pobreza a través de programas sociales, pero recalcando que la verdadera transformación, quizá mucho más importante, fue la  de que con su Gobierno “acabamos, enterramos, una forma de ejercer el poder, porque, hasta ahora, el poder del Estado se había puesto al servicio de los poderosos”.

Palabras que nos recuerdan a las de otros mandatarios y a su misma forma de hacer política; populismo y demagogia.
  
Jose Luis Mendez
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jueves, 22 de mayo de 2014

JOSÉ LUÍS MÉNDEZ LA FUENTE, LA MESA ES PARA COMER

Las recientes declaraciones de Nicolás Maduro, aseverando que las mesas son de dialogo y no de negociación, al referirse a las peticiones que la Mesa de la Unidad  ha hecho, según él, "cosas que no pueden ser", durante los encuentros del dialogo entre representantes de la oposición y del oficialismo, ratifican la idea de inutilidad que la convocatoria a “dialogar”, tenía para los altos jerarcas del gobierno nacional.

En otra parte de su alocución, ilustrativa de su posición, dijo Maduro "no vinimos a negociar nada de lo que es la democracia, la Constitución y la revolución”. “Que se entienda, no aceptamos chantaje de nadie,.. Entonces dicen que tienen que haber resultados ya, ¿resultados de qué?... El propio diálogo ya es un resultado positivo, el hecho de que estemos hablando, dialogando y que establezcamos la diferencia ya es positivo”. 
Dialogar por dialogar y establecer diferencias, es pues lo importante para quienes representan al oficialismo en la mesa. Negociaciones y resultados, no son bien vistos; se les califica de chantajes. Pero si el dialogo no tiene como finalidad negociar nada, tampoco sirve para establecer las diferencias entre chavismo y oposición, pues éstas ya eran más que conocidas en estos últimos quince años, por lo que es evidente que el dialogo no hacía falta, al menos para eso.
Cuando decimos que ya Maduro y el “alto mando psuvista” tenían claro la ineficacia de un dialogo así diseñado, debemos recordar que el propio Presidente de la República decoraba, en vísperas de la instalación de la Mesa de Dialogo en Miraflores "No tengo nada que negociar con nadie (...) ni negociación ni pacto, aquí lo que hay es un debate, diálogo, que es diferente a una negociación y un pacto". En aquel momento Maduro respondía, nada menos, que unas  declaraciones del expresidente  brasileño Lula, quien se lamentaba de que en Venezuela no hubiese tiempo para la reflexión y consideraba apropiado establecer una política de coalición por los próximos cinco años, a la vez que recomendaba a Maduro “intentar disminuir la intensidad del debate político para dedicarse enteramente a gobernar, disminuir la tensión”.
Unas tajantes afirmaciones que repitió unas semanas después, a finales de abril, al referirse al papel de las Conferencias de Paz que servirían para todos escucharse, “dialogar, debatir, nosotros hemos vivido 15 años en un nuevo esquema para hacer la política y nosotros no nos sentamos con ningún sector así sea la derecha más rancia jamás nos sentaremos a negociar nada, una cosa es debatir dialogar conversar y otra cosa es retroceder, no hay negociación ni con la burguesía ni con nadie”. Más claro no canta un gallo, la negociación es imposible pues se ve como retroceso, como traición, porque es con la burguesía, es decir, con la derecha.
Negociación que quedó igualmente rechazada, como una especie de herejía, por el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, durante el III Congreso Nacional del Partido Socialista Unido de Venezuela, apenas un día después de haberse televisado el primer "diálogo de paz" en Miaraflores, pues los dirigente opositores que asistieron al mismo, son los mismos que llaman a la violencia: “Sabemos con quienes estamos sentados, allí no hay negociación ni pactos a espaldas del pueblo”. y más explícitamente: ”Estaban sentados un grupo de venezolanos, que se les reconoce la intención de sentarse y escuchar lo que estábamos diciendo, pero no les gustan que les digan las cosas. Estaban ahí, con sus caras de yo no fui, pero siguen llamando al ataque del pueblo y al desconocimiento de las autoridades”.
Ahora bien, si ya sabían con quién de la oposición se estaban sentando, además de que no se buscaba negociar nada, para que convocó entonces el gobierno una Mesa de Dialogo como lo recuerda el presidente Maduro a cada rato. La conclusión inevitable es que fue tan solo para salirle al paso a la crisis política que el clima de protestas y violencia en las calles estaban generando y dar una conveniente  imagen, a la opinión pública, de gobierno conciliador y dialogante. Una mera obligación de circunstancias.
En verdad, el señor Maduro tiene razón al afirmar que la mesa no es para pactar; aunque se equivoca  cuando la utiliza para tratar de mantener un dialogo, después de llamar chantajistas a quienes solicitan negociar y concretar resultados.
Mirándolo bien, con esa óptica, la mesa pareciera no servir para una cosa, ni para la otra; solo para comer.
José Luís Méndez La Fuente
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martes, 13 de mayo de 2014

JOSÉ LUÍS MÉNDEZ LA FUENTE, ¿EXISTE EL “MADURISMO”?

El término “madurísmo” se ha venido utilizando prácticamente desde que Chávez nombró heredero de su legado a Nicolás Maduro, en una noche de plenilunio. El propio Nicolás Maduro ya en mayo del 2013,  recién electo presidente, trató de rechazarlo advirtiendo que  "los están preparando para que salgan a decir que el chavismo se murió y que esto es no sé qué cosa. Una de las trampas es decir que ahora existe el madurismo, aquí no hay madurismo, no existe ni va a existir, es chavismo, bolivarianismo, socialismo. No nos dejemos entusiasmar por cantos de sirena falsos".

En unas declaraciones dadas en el programa José Vicente Hoy, transmitido el domingo pasado por Televen el presidente de la Asamblea Nacional Diosdado Cabello se volvió a referir al tema del “madurismo”, con ocasión de responder una pregunta referente a si existía o no, un ala civil y un ala militar dentro del Gobierno. Al respecto, dijo lo siguiente: “No existe que si madurismo, que si no sé qué. Eso no existe. Es una creación de la oposición para tratar de que nos olvidemos de Chávez, y no lo van a lograr. El primer chavista es Nicolás”. “Eso de una división del chavismo es parte de lo que quisiera un sector opositor, y buscan cómo debilitar al chavismo, sembrando intrigas, discordias”."Yo creo que el ala civil es más militar que nosotros mismos. El ala civil, esa que ellos dicen, me imagino que meten allí al presidente Nicolás Maduro y que se yo a Rafael (Ramírez) y otra gente, pero esta revolución tiene dos pilares fundamentales: el pueblo trabajador, mujeres, jóvenes, campesinos, y la Fuerza Armada. Son dos pilares fundamentales. Nosotros venimos de la FAN y dejamos de ser militares activos pero seguimos siendo militares de corazón ". “Esa apuesta del ala militar y el ala civil la hacen ellos porque ellos si son así. Nosotros tenemos una unión cívico militar". Unas interesantes afirmaciones que dan mucho en que pensar y también para escribir.
La presencia de un alto número de representantes del sector castrense en funciones de gobierno, un rasgo característico del chavismo, de por si habla a las claras de que hemos estado durante estos tres últimos lustros gobernados por militares en todo el sentido de la palabra; es decir, por gente que aunque no vistiese un uniforme constantemente, el uniforme lo llevaban en la cabeza. Por lo tanto, especular sobre la existencia de un ala civil en el actual gobierno, encarnada por funcionarios que como el propio presidente Maduro o el ministro Rafael Ramírez, entre otros, no provienen del ejército, es algo que parece completamente lógico.
Sin embargo, el hecho de que el actual presidente sea un civil y  haya otros civiles en altos cargos, no significa que necesariamente exista una corriente civilista y que piensen como civiles. Y en esto creo que el señor Cabello  tiene razón cuando asegura que “el ala civil es más militar que nosotros mismos”, en qué quedamos, ¿hay o no, un ala civil?, pues si juzgamos por sus ejecutorias y su leguaje belicista, a Maduro lo único que le falta es ponerse el uniforme.
Pero en el asunto del “madurismo”, algo nos dice que pudiera ser cierto. Basta con revisar algunos artículos escritos por exponentes chavistas, para darnos cuenta que el término es algo más que un invento de la oposición. Y no nos referimos a una corriente doctrinaria derivada del chavismo, o a un movimiento partidista nuevo, sino simplemente a lo que el pragmatismo político a la venezolana indica, que la denominada ala civil prefiere seguir a Maduro por causas naturales, que a los militares contra natura. Al final de cuentas, si Maduro aparenta con sus palabras y acciones ser como un militar, es porque en el fondo quiere parecerse a Chávez, o lo que es lo mismo, sustituir a Chávez.
Tal vez por eso,  el propio Diosdado Cabello, Presidente del PSUV, tocó dicho  tema, en el mes de abril pasado, durante  la reunión preparatoria de las 509 Unidades de Batalla Bolívar- Chávez (UBCH) que se realizó en el estado Barinas, como parte de los actos previos al tercer Congreso Nacional del PSUV y donde resaltó que en estos Congresos “el único grupo que debe existir es el de Chávez, esto no es Madurismo, aquí hay Chavismo puro”. 
Por lo pronto, está claro, con claridad de luna llena, que cualquier  “ismo” con nombre propio, que pretenda por ahora, apoderarse del chavismo va a ser rechazado, tanto dentro, como fuera del PSUV.
Jose Luis Mendez
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martes, 25 de marzo de 2014

JOSÉ LUÍS MÉNDEZ LA FUENTE, LOS INTOCABLES

Decíamos en nuestro artículo publicado el día de navidad del año pasado, titulado “El caso Petro en Colombia”, que cuando alguien que está ocupando un cargo público de elección popular es destituido del mismo por una sentencia condenatoria dictada por un tribunal, después de un juicio realizado dentro del marco legal de un país y como consecuencia, todo ello, de haber sido acusado de un delito, puede afirmarse que nos encontramos en presencia de un acto de justicia. Pero cuando ese mismo funcionario es sacado de su cargo  por la decisión de otro funcionario, sin  procedimiento legal alguno, sin que tenga la oportunidad de defenderse y, sobre todo, sin que la causa de la remoción esté clara, no hay duda de que estamos en presencia de un caso político, de venganza  política.

Tres meses después de escribir eso, tengo que reconocer que me equivoqué y que no siempre que se produce una sentencia judicial se hace justicia. Y no lo digo tratando de rectificar o de retractarme de aquello, pues en lo que a la situación legal del exalcalde de Bogotá se refiere, el desconocimiento hace apenas unos días, por parte del gobierno del Presidente de Juan Manuel Santos de las medidas cautelares dictadas por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, vuelve a dejar muy mal parado no solo al Estado de Derecho en el vecino país, sino que confirma las dudas y sospechas de que a Gustavo Petro lo sacaron de la alcaldía de Bogotá, el cargo de elección popular más importante, después de la presidencia de la Republica, a través de una triquiñuela jurídica, con el único propósito de llamar a elecciones y poner a alguien menos incómodo. 
Cuando digo que me equivoqué, es refiriéndome, en todo caso, a la decisión de la Sala Constitucional del TSJ venezolano, el día de San José pasado, en la cual se relevó de sus funciones, al alcalde del municipio San Diego del estado Carabobo, Enzo Scarano, y se le dictó medida privativa de libertad por diez meses y pico, todo ello por desacato. En efecto, aunque en este caso se destituye a un alcalde mediante una sentencia, lo que no ocurrió con Petro  en  Colombia, al igual que allá, tampoco se hizo justicia. Y es que cuando se irrespeta el marco legal y los jueces dejan de ser árbitros para convertirse en partes, la arbitrariedad se impone por encima de la razón.
No es la primera vez ni será la última mientras el chavismo gobierne, que la desprestigiada tantas veces, Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, hecha por una constituyente chavista, sea ultrajada y pisoteada por el TSJ a través de su Sala Constitucional, la cual fue creada precisamente para protegerla. En este sentido, podemos recordar rápidamente por ser de factura reciente, algunas otras atrocidades jurídicas cometidas por el TSJ en su afán desmedido de ejecutar las órdenes impartidas por el gobierno, sin importar la irracionalidad manifiesta en la que incurre. Tal es el caso de la sentencia del 9 de enero del 2013, por medio de la cual se consideró que la juramentación del presidente electo era innecesaria y que Nicolás Maduro, Vicepresidente del gobierno saliente, por medio de la figura de la continuidad administrativa, podía seguir siendo vicepresidente en el gabinete del gobierno entrante. Un disparate jurídico, que no tenía asidero constitucional alguno y que descosía  los artículos 231 y 233 de la Constitución del 99.
Pero en dicho tema presidencial donde el gobierno tenía tantas urgencias, se produjo casi inmediatamente, otra decisión,  también de muchos quilates, aunque no de oro, el día 8  de marzo del mismo 2013, para que Maduro se convirtiese en Presidente Encargado, dada la falta absoluta que produjo el deceso de Chávez, unos días antes, y de esa manera pudiese ser candidato al mismo tiempo en las próximas elecciones, sin necesidad de dejar el cargo, con la ventaja de todas las prebendas que le daba estar en el poder. Sólo dos días tardó la Sala Constitucional del TSJ en dar respuesta al recurso de interpretación del artículo 233 de la Constitución. Sin embargo, no tuvo la misma rapidez con respecto a las cinco solicitudes interpuestas entre el 15 de febrero y el 4 de marzo, en las que se pidió la designación de una junta médica que evaluara el estado de salud de Chávez, para determinar si había o no falta absoluta.
Igualmente, aunque más lejanas, podemos mencionar las dos decisiones del TSJ de fechas 25 de agosto del 2003 y 20 de enero del 2005, con el objeto de designar a los miembros del Consejo Nacional Electoral, no obstante que  el artículo 296 de la Constitución de 1999, establece que el CNE debe ser designado .por la Asamblea Nacional con el voto de las dos terceras partes de sus integrantes, y que sirvieron para darle una mayoría absoluta al chavismo dentro de dicho organismo electoral, que permitió entre otras cosas el desconocimiento de las firmas presentadas por la oposición para solicitar el Referendo Revocatorio Presidencial.
Refiriéndose a Scarano y a los demás alcaldes de la oposición contra  los que también el TSJ dictó medidas de amparo que pudieran llevarlos a la cárcel, el Presidente Maduro en días pasados comentó "Se creían por encima de las leyes, intocables. Ahí están los intocables, pues”.
Al escuchar ésto, uno no puede más que quedarse perplejo y preguntar ¿quiénes se creen intocables y por encima de la ley y de la justicia?
José Luís Méndez La Fuente
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miércoles, 12 de marzo de 2014

JOSÉ LUÍS MÉNDEZ LA FUENTE, LAS TORTUOSAS DECLARACIONES DE LA DEFENSORA DEL PUEBLO

Las polémicas declaraciones de la Defensora del Pueblo, Gabriela Ramírez, realizadas en el marco de la presentación del informe “Febrero: Un golpe a la Paz”, que han dado lugar a solicitudes de la  renuncia de su cargo por parte de dirigentes políticos de la oposición y a titulares de prensa retirados o rectificados horas más tarde por sus editores,  tuvieron una aclaratoria por parte de la titular del cargo a través de un comunicado de prensa donde, en resumen, se  asegura  que dichas declaraciones no fueron transcritas de manera íntegra y que además fueron sacadas de contexto, para darles una intencionalidad que no se deprende en modo alguno de su contenido, donde simplemente se estaba explicando la diferencia entre la tortura y otros tratos crueles, inhumanos o degradantes. 

En el comunicado también se recuerda que fue la propia Defensora del Pueblo, al responder a una pregunta de una periodista de El Nacional, quien afirmó tajantemente: “Nosotros rechazamos, y vamos a investigar, cualquier uso desproporcionado de la fuerza física”. 

Las declaraciones en cuestión, de por sí, nada felices, dejan  una primera impresión en quien las escucha, de que ciertamente se estaba haciendo una apología de la tortura. Veamos  lo que dijo la Defensora del Pueblo: “porque, por ejemplo, si se aprenden 11 jóvenes o 15 jóvenes o 20 jóvenes en un sitio de estos, y una persona es golpeada o es tratada o se intenta… fíjense, la tortura tiene un sentido, por eso nosotros tenemos que ser muy rigurosos con el uso de los términos, la tortura se emplea para obtener… se le inflige sufrimiento físico a una persona para obtener una confesión, y tenemos que diferenciarlo de lo que es un trato excesivo o un uso desproporcionado de la fuerza y, sobre la base de si es tortura o si es trato cruel, inhumano o degradante, se establece la entidad de la pena y la proporcionalidad del castigo”.

La expresión “la tortura tiene un sentido” subrayada por nosotros, es sin duda desafortunada, pues si en algo se debe estar de acuerdo es en que ninguna forma de tortura tiene sentido, menos aún en el contexto del ejemplo utilizado por la Defensora del Pueblo, referido precisamente a los jóvenes que han denunciado ser víctimas de torturas por funcionarios de los cuerpos de seguridad del Estado.

Tampoco ayuda, más bien enreda, el que la tortura se trate de diferenciar directamente, en la declaración original dada a la prensa por la Defensora del Pueblo, no de otros tratos crueles, inhumanos o degradantes, como lo hace el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 1966, o en el derecho interno la Ley Orgánica  de la Defensoría del Pueblo de junio del 2013, sino de un “trato excesivo o un uso desproporcionado de la fuerza”. Una expresión esta última, vaga, genérica, que pareciera justificar el “uso no excesivo o proporcionado de la fuerza”, y que nos conduce a un callejón sin salida, pues si la tortura se diferencia de la fuerza excesiva o desproporcionada, como dice la Defensora del Pueblo, forzosamente tendríamos entonces que aceptar que la tortura es una “fuerza no excesiva o no desproporcionada”.

Pero el tema se hace aún más perturbador y desconcertante si tomamos en cuenta que tanto en la explicación original a la prensa como en el comunicado posterior de la Defensoría del Pueblo, el “trato excesivo o uso desproporcionado de la fuerza” se utiliza como símil o alternativa  de “trato cruel, inhumano o degradante”, es decir, como si ambas expresiones encerraran conceptos similares o idénticos, lo que de cara a la situación de los estudiantes y civiles detenidos no ayuda a esclarecer en qué situación jurídica se encuentran sus denuncias de tortura y malos tratos, pues de lo dicho por la Defensora del Pueblo en esas controversiales declaraciones se puede concluir lógicamente, con rigurosidad científica, que solo se van a investigar las acusaciones de uso desproporcionado de la fuerza física, o lo que es lo mismo, los tratos crueles o inhumanos, pero no necesariamente las torturas.

Suponemos que en la práctica esto no es así y que en realidad la Defensora del Pueblo si está investigando las denuncias de tortura existentes y velando, en general, por los derechos y garantías de las personas que por cualquier causa hubieren sido privadas de libertad, recluidas, internadas, detenidas o que de alguna manera tengan limitada su libertad, tal como lo establece el Artículo 15 de la Ley Orgánica  de la Defensoría del Pueblo.

En resumen, como dijo la propia Defensora del Pueblo en su informe a la prensa “nosotros tenemos que ser muy rigurosos con el uso de los términos”, pues de lo contrario, no solo cabe que los periódicos y la  opinión pública, en general, se confundan, sino que lo que es peor, que alguien piense que quien está confundida, en realidad, es la propia Defensoría del Pueblo.

José Luís Méndez La Fuente
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jueves, 6 de marzo de 2014

JOSÉ LUÍS MÉNDEZ LA FUENTE, MADURO Y LOS PINTORES DEL RENACIMIENTO

Una de las características, entre otras muchas, de los pintores del renacimiento italiano, que los hizo famosos, fue la de haber creado y desarrollado la técnica del “sfumato” que consiste en suavizar o difuminar los contornos de las figuras que se pintan mediante sombras y colores, de modo tal que las personas, árboles y objetos en general, no lucen al observador como planos cercanos o superpuestos  al paisaje, sino con un aspecto de vaguedad y lejanía que los hacen perderse dentro  del mismo. De modo similar, se utilizan las palabras esfumar o difuminar  fuera del ámbito pictórico, para indicar que una imagen determinada, una idea  o  una  situación que parecía muy concreta se ha desdibujado,  ha  perdido  nitidez, claridad o intensidad.
No sabemos si el señor Maduro o alguno de los asesores del gobierno conocen algo de pintura clásica, pero es indudable  que manejan la técnica del “sfumato”  de manera magistral.
Ahora resulta que lo que le hace falta al país no es llenar los anaqueles de alimentos y productos de primera necesidad, no es acabar con los mal llamados “colectivos”, que realmente son bandas armadas al margen de la ley, ni darle seguridad y servicios públicos eficientes a la ciudadanía, sino una Conferencia de Paz.
La idea de crear una Conferencia de Paz para conversar y meditar  sobre la violencia que ha sacudido al país en las últimas dos semanas, es realmente brillante desde un punto de vista de estrategia política, pues coloca el problema de fondo  dentro de un contexto mucho más general, más indefinido y vago, lo que hace que el espectador aparte la vista del tema principal que son las causas y la desvíe hacia el uso de la fuerza, las agresiones y tropelías  generadas dentro de las manifestaciones y protestas sociales acontecidas hasta ahora.
Pero lo más importante para el gobierno, es  que le da un tratamiento al  asunto,  de cara  a  la opinión pública tanto nacional como internacional, de conflicto armado, de acto de beligerancia por parte de la oposición, como si el país realmente fuese un campo de batalla y aquí se estuviese escenificando una verdadera  guerra, para acabar, en este caso, con la autoridad establecida, lo cual ayuda a difuminar  las verdaderas causas del problema principal y a confundir a cualquiera que no esté bien claro de ideas en cuanto a lo que está sucediendo en Venezuela. Y es que una Conferencia de Paz, supone una tregua o la búsqueda de una solución a una conflagración multilateral, como ocurrió con las Conferencias de Paz de París de 1919 o la de Yalta y San Francisco en 1945, todas concluyendo con la firma de tratados internacionales, que ponían fin a años de cruentas hostilidades y regulaban la postguerra.
El nombre de Conferencia de Paz  es tan pomposo, quizás por la seriedad de lo que encierra, que ni siquiera en  el diálogo que sostiene en Cuba, el  gobierno de Juan Manuel Santos con  las FARC,  se utiliza. Por lo que cabe preguntarse en condición de qué, la oposición venezolana, que es una colectividad pero no un “colectivo”,  que está  conformada por políticos, estudiantes,  trabajadores, empresarios, es decir, por miembros de la sociedad civil que no integran un organismo armado de manera  alguna, por lo que  tampoco es una guerrilla o un ejército de liberación nacional,  puede ser parte de una Conferencia de Paz.
Por qué, sencillamente, el gobierno no entabla un dialogo, si eso es lo que quiere, con los diferentes componentes de esa sociedad civil, en vez de llamar a una Conferencia de Paz que esta fuera de lugar. Basta recordar que  quince años atrás, los gobiernos de entonces  entablaban  conversaciones  con el sector laboral y empresarial para buscar soluciones a los problemas sociales y económicos, independientemente de si resultaban o no exitosas.
Una de las críticas que precisamente se le hacían a Chávez como presidente, era  que no dialogaba, sino que mandaba y monologaba desde el poder, a través de la TV y demás medios, pero siempre sin debatir y sin nadie enfrente que le pusiera en entredicho sus ideas.
Saber escuchar es fundamental en medio de una crisis política; pero para ello se debe empezar por reconocer que la hay. De las declaraciones que dieron algunos representantes del oficialismo con motivo de la sesión de instalación de la Comisión Política nombrada por el Ejecutivo para coordinar la Conferencia de Paz, se desprende que ese reconocimiento aún no es posible, por lo menos de la boca para fuera, porque sería tanto como reconocer que las causas para la  protesta popular también existen.
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jueves, 27 de febrero de 2014

JOSÉ LUÍS MÉNDEZ LA FUENTE, PROTESTAS ESTUDIANTILES

Las protestas estudiantiles conforman una buena parte de la  historia contemporánea de Venezuela.  De hecho, puede afirmarse que son el eje motor en el desarrollo de los acontecimientos políticos del siglo XX. 

Desde la Generación del 28, nombre con el que se conoce al grupo de estudiantes universitarios que lideraron en el carnaval caraqueño de 1928 un movimiento de carácter académico y estudiantil que derivó en un enfrentamiento con el régimen de Juan Vicente Gómez y que llevó a la cárcel de la Rotunda y al castillo de Puerto Cabello a centenares de jóvenes, hasta las  más recientes manifestaciones públicas de rechazo al régimen de Nicolás Maduro, por parte del sector estudiantil, ha transcurrido casi un siglo, pero los protagonistas siguen siendo los mismos. 

Podrán cambiar las condiciones socioeconómicas, las circunstancias políticas internas, los factores de poder internacional, pero los estudiantes y su voz estrepitosa en el aire, seguirán  siendo los héroes de la jornada.

Las manifestaciones estudiantiles en cualquiera de  sus formas, estuvieron presentes en todos los gobiernos adeco-copeyanos entre 1958 y 1998.  Las causas y las justificaciones varían; no así  la manera de enfrentarlas, y por eso las reacciones de los gobiernos de turno para reprimirlas, frenarlas o acabarlas, casi siempre conllevaba al uso de la fuerza o conducían, por el choque, a más violencia. Un error político recurrente, del que ningún gobierno, sea de izquierda o de derecha, sale bien librado. 

Durante esos cuarenta años,  basta hacer un recorrido por los periódicos de la época, para darse cuenta que  las noticias sobre la desaparición de algún estudiante, o algún universitario o liceísta muerto en disturbios estudiantiles y enfrentamientos con las fuerza del orden público no son una novedad reciente. Incluso debido a circunstancias típicas de esos años, en que la universidad autónoma, además de un lugar para el saber, era también un refugio de la subversión y de los movimientos insurgentes, así como de la clandestinidad a la luz del sol, algunos gobiernos decidieron  intervenir a las universidades nacionales, como ocurrió, por ejemplo con  la UCV, allanada en mayo de 1964, bajo la presidencia de Leoni, y posteriormente en octubre de 1969 siendo Rafael Caldera presidente, con fuerzas militares y cierre incluido durante año y medio.

Durante la década de los ochenta el movimiento estudiantil venezolano también estuvo presente en el seno del movimiento popular. Esta vez, factores como el incremento de la deuda externa, la fuga de divisas y la caída internacional de los precios del petróleo, entre otras circunstancias sociales y económicas, como el  famoso” viernes negro” y los sucesos del Tazón, conllevaron a varios episodios de disconformidad social.

Las manifestaciones  estudiantiles continuaron durante la década de los noventa, bien para tomar las calles en protesta por el asesinato de catorce pescadores del estado Apure, conocido como “la masacre de El Amparo”, o bien para apoyar la marcha de varias asociaciones de vecinos contra el gobierno, o enfrentarse a un nuevo allanamiento de la UCV durante el segundo gobierno de Carlos A, Pérez.

Algunas cosas han cambiado entre aquellas manifestaciones estudiantiles del siglo pasado y las que se han dado, en lo que va de este siglo XXI, tanto contra Chávez como contra Maduro.

Una, es que la izquierda ya no se encuentra enconchada en las universidades nacionales y ahora juega para el gobierno.

Otra, es que los gobiernos de antes no calificaban de  “golpe de estado”  las manifestaciones estudiantiles, por más violentas que fueran.

Por lo demás, con el arribo de Chávez al poder, las causas del malestar estudiantil no desparecieron, estuvieron tapadas por el hecho político, el fenómeno mediático, y el adormecimiento de los problemas socioeconómicos con la abundancia de los petrodólares repartidos en forma de misiones sociales.

Pero con un mañana incierto, tomando forma de presente, de este presente aniquilador y desesperanzador, el movimiento estudiantil, como tal, y los jóvenes de este país, en general, tienen una causa que va más allá de la política, para protestar y reclamar.  Ya no se trata simplemente de un problema de izquierdas o de derechas, de una lucha  por el poder, sino por su futuro.  

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jueves, 20 de febrero de 2014

JOSÉ LUÍS MÉNDEZ LA FUENTE, EL GRAN DICTADOR

El 15 de octubre de 1940, se estrenó en Nueva York  la primera película sonora del  famoso actor   británico Charles Chaplin, hasta ese momento el único cineasta en Hollywood que seguía realizando películas mudas, cuando el sonido tenía ya rato en el cine.  El gran dictador (The Great Dictator ) fue su película, no muda, de mayor éxito, obteniendo  el premio  a mejor actor del Círculo de Críticos de Cine de Nueva York y siendo nominada a cinco premios Oscar ese mismo año de 1940, aunque al final no ganó ninguno. Prohibido en muchos países durante años, el film que en España, por ejemplo, no pudo ser visto sino hasta el año 1976, a la muerte de Franco, fue galardonado igualmente en 1961 (Premio Kinema Junpo) y en 1976 (Premio Jussi).
La película es una dura e inteligente sátira contra el nazismo, el fascismo, el antisemitismo y las dictaduras en general. En ella, Chaplin define a los nazis como "hombres-máquinas, con cerebros y corazones de máquinas". Allí, Chaplin interpreta dos papeles, el del dictador Adenoid Hynkel,  parodiando a Adolf Hitler, y el de un barbero judío, personaje que según los entendidos en esta materia, tiene muchas similitudes con el famoso y conocido Charlot.
Este barbero judío que combatió con el ejército de Tomania (Alemanía) en la primera guerra mundial vuelve a su casa años después del fin del conflicto. Amnésico a causa de un accidente de avión, no recuerda nada de su vida pasada, y desconociendo igualmente la situación política actual del país donde Adenoid Hynkel (Hitler) un dictador fascista y racista, ha llegado al poder y ha iniciado la persecución del pueblo judío, a quien considera responsable de la situación de crisis que vive el país. Hynkel y sus colaboradores pretenden conquistar el mundo para lo cual han empezado a preparar una ofensiva militar. 
En el desarrollo de la trama el barbero es enviado a un campo de concentración del que logra escapar después de muchas peripecias, vestido con un uniforme del ejecito de Tomania; pero debido a su gran parecido con Hynkel, los guardias fronterizos que lo detienen, lo confunden con él, mientras que Hynkel es detenido por error, al creer que es el barbero, por sus propias tropas. Así, el barbero, bajo la identidad de Hynkel, es conducido a la capital de Osterlich (Austria) para dar un discurso sobre el inicio de la conquista del mundo, la anulación de la libertad de expresión y el sometimiento de los judío
Contrariamente a lo que se esperaba, el barbero pronuncia un discurso conmovedor, que contradice al de cualquier dictador, en contra de las políticas antisemitas de Hynkel, declarando que Tomania y Osterlich se convertirán en naciones libres y democráticas y haciendo un  llamado a la humanidad para acabar con las dictaduras. He aquí un resumen de lo que dijo:
“Lo siento. Pero yo no quiero ser emperador. Ese no es mi oficio. No quiero gobernar ni conquistar a nadie, sino ayudar a todos si fuera posible. Judíos o gentiles, blancos o negros. Tenemos que ayudarnos los unos a los otros; los seres humanos somos así. Queremos hacer felices a los demás, no hacerlos desgraciados. No queremos odiar ni despreciar a nadie. En este mundo hay sitio para todos…..El camino de la vida puede ser libre y hermoso, pero lo hemos perdido. La codicia ha envenenado las almas, ha levantado barreras de odio…Ahora mismo, mi voz llega a millones de seres en todo el mundo, a millones de hombres desesperados, mujeres y niños, víctimas de un sistema que hace torturar a los hombres y encarcelar a gentes inocentes. A los que puedan oírme, les digo: no desesperéis. La desdicha que padecemos no es más que la pasajera codicia y la amargura de hombres que temen seguir el camino del progreso humano…El odio pasará y caerán los dictadores, y el poder que se le quitó al pueblo se le reintegrará al pueblo, y, así, mientras el hombre exista, la libertad no perecerá.
Soldados: no os entreguéis a ésos que en realidad os desprecian, os esclavizan, reglamentan vuestras vidas y os dicen qué tenéis que hacer, qué decir y qué sentir….Soldados, no luchéis por la esclavitud, sino por la libertad…En nombre de la democracia, utilicemos ese poder actuando todos unidos. Luchemos por un mundo nuevo, digno y noble que garantice a los hombres trabajo y dé a la juventud un futuro y a la vejez seguridad. Con la promesa de esas cosas, las fieras alcanzaron el  poder, pero mintieron. Nunca han cumplido sus promesas ni nunca las cumplirán. Los dictadores son libres sólo ellos, pero esclavizan al pueblo. ..Todos a luchar para liberar al mundo. Para derribar barreras nacionales, para eliminar la ambición, el odio y la intolerancia. Luchemos por el mundo de la razón. Soldados: En nombre de la democracia, debemos unirnos todos."
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miércoles, 5 de febrero de 2014

JOSÉ LUÍS MÉNDEZ LA FUENTE, ENTRE ATAJOS Y CAMINOS

Es una regla de oro en los países con desarrollo democrático que quien ejerza  un cierto liderazgo dentro de un  partido político sea escogido internamente como candidato  a las elecciones  para la primera magistratura del gobierno.  Un liderazgo que generalmente termina cuando pierde las elecciones  o  bien cuando las gana,  aunque por motivos opuestos.
En nuestras latitudes latinoamericanas  no  suele suceder  lo mismo y ese liderazgo  aunque se pierda puede volver a recuperarse. De hecho  hay quien nunca lo pierde y por ello se convierten en  eternos candidatos a la presidencia; no importa si ganan o pierden. En  nuestro país  podemos  recordar,  a manera de ejemplo,  los casos  de Rafael Caldera y de Hugo Chávez.
En el  caso de la Venezuela actual, en que la oposición política no está representada  en un  único partido, sino en  varios,  unidos circunstancialmente  por un interés electoral  bajo un comando coordinador conocido como  “la Mesa de la Unidad”, el tema del  liderazgo no puede medirse en su origen del modo exactamente antes referido, aunque sus consecuencias  postelectorales puedan ser similares. Des pues de dos derrotas  en las presidenciales de finales del 2012 y principios del 2013, una contra Chávez y la segunda  también contra Chávez, no obstante que su contendor  físico fuera  Maduro, pudiera inferirse que el liderazgo de Henrique Capriles llegó a su fin. Sobre todo, cuando en el calendario electoral las presidenciales están muy lejos y más que un candidato para  un proceso electoral  se requiere alguien que encabece un  programa de acción opositora, con una estrategia y unos objetivos muy claros. Lo que significa, a su vez, que cualquier liderazgo  debe venir apuntalado a una agenda de propósitos y metas que sean el resultado de un acuerdo general entre los integrantes  de “la Mesa de la Unidad”,  con o sin Mesa. Algo  que en este momento no está definido.
Que a estas alturas, es decir, después de un año de la presidencia  de Maduro y  de las secuelas  de su gobierno, surjan  diferencias  y se hagan públicas, entre algunos de los principales dirigentes de la oposición y Capriles, no debe verse como algo extraño. Lo raro sería más bien lo contrario.
Capriles, por su parte, sigue fiel a su idea de que  el  único camino que  existe es el electoral y que la lucha es política y cualquier reclamo o exigencia debe hacerse por la vía democrática  y con apego a la constitución. Por eso, quien acuño la frase “hay un camino”, durante su campaña pasada, considere ahora que  no podía apoyar la concentración  convocada para el domingo pasado por María Corina Machado y por Leopoldo López,  pues  es un atajo que conduce a un callejón sin salida. Y para él eso es salirse de ese  “camino” que se trazó.
En el otro bando, Machado, López y Arria, entre otros, piensan que las circunstancias actuales del país, prácticamente de caos y emergencia nacional, requieren una acción opositora inmediata  que  dé respuesta a la mitad de la población que no votó por el chavismo  y que quiere un cambio.
No cabe duda de que  la oposición venezolana  vive un momento sino de crisis, al menos  de opiniones contrastadas  entre sus dirigentes. Además, es evidente que existen también  diferentes puntos de vista y de estrategias  entre ellos. Al menos una cosa es cierta, la agenda  del señor Capriles no es única, ni tampoco unitaria. Y eso, en un camino tan largo como el que queda  hasta el 2019, es más que conveniente.
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viernes, 31 de enero de 2014

JOSÉ LUÍS MÉNDEZ LA FUENTE, LA ACTITUD DEL VENEZOLANO

En días recientes, en una de esas conversaciones de café, alguien  aseguraba  que  uno de los grandes problemas del país era el cambio de actitud del venezolano; que el venezolano había cambiado mucho en todo este tiempo  y que la pérdida o confusión de valores era notoria. 

Para ilustrar su tesis, decía mi contertulio, que hoy en día, por ejemplo, la gente conocía y hablaba más de los jefes del narcotráfico y del “liderazgo” de los “pranes” en las cárceles venezolanas, reconocido por el  propio gobierno, que del  jefe de policía, de los bomberos o del director de  la escuela donde estudian sus hijos. Añadía, que esto no es nuevo  y que el  propio Presidente del  Estado contribuía  a ese clima de desvalorización social cuando  daba declaraciones, como las de días pasados, asegurando que cuando la derecha pide “plomo al hampa… cada vez que digan eso es plomo al pueblo”. 

Pero,  si el hampa y el pueblo son lo mismo, se preguntaba, ¿cómo quedan entonces jerarquizados, los principios y los valores tradicionales de respeto a los demás, al trabajo diario, a la familia, a la autoridad, que han venido guiando desde siempre a la sociedad?
Mi otro compañero de mesa, le contestó enseguida, con un no a medias, que si bien  coincidía con lo de la depauperación de valores, fenómeno no solo  venezolano, sino mundial, no podía estar de acuerdo  con el supuesto cambio de actitud o talante de los venezolanos como una de las causas de la crisis que vive el país. Por el contrario, él creía que el trance y recesión, en todos los sentidos, no solo el económico, sino moral y político, que vivía el país, se debía en buena parte a que, precisamente,  el venezolano no había cambiado y  seguía siendo el mismo del siglo pasado y antepasado. 

Es decir, ese mismo venezolano con preferencia, quizás por causas socioculturales más que  genéticas, a los gobiernos de uniforme, al autoritarismo y al estado-gendarme, pero al mismo tiempo paternal, que sabe recompensar a sus hijos con subsidios y dádivas de todo tipo. Dos siglos de caudillismo pareciera que no han sido bastante, pues hay quienes pretenden  continuarlo durante el siglo XXI.
Y nuestro interlocutor siguió diciendo: de José Antonio Páez para acá, son muchos los caudillos que, con charreteras o sin ellas, han ocupado la Presidencia de Venezuela. El personalismo de nuestros gobernantes, mayoritariamente de origen militar, ha estado dirigido casi siempre, a manipular la Constitución, a desconocer los regímenes establecidos, y a sobreponer sus propios intereses a los intereses de la sociedad civil. Revoluciones tampoco nos han faltado, aseveró, y como prueba están la Libertadora, la Federalista, la de Marzo, la Azul y más recientemente la Bolivariana, pero siempre con el propósito de haber servido de instrumento "ideológico" para propiciar un golpe o  una revuelta contra el poder establecido de manera regular o quizás igualmente irregular. Un círculo difícil de cerrar y en el cual la madeja de más de dos docenas de constituciones ha servido, casi siempre, de excusa legitimadora.
Pero ¿qué diferencia al venezolano actual del anterior? se preguntó nuestro amigo a su vez; pues nada, se respondió; le siguen gustando los regímenes autocráticos y el militarismo, así como también los regalos y ayudas del “Estado protector”, que lo reconcilian, en el fondo, con su “benefactor”, sin importar  las largas colas de varias horas para adquirir alimentos o una larga espera de días, mientras se deshojaba la margarita de si la página de CADIVI seguirá funcionando para hacer unas compras por internet.  Al  final,  cuando se termina la cola y se marcha la persona felizmente  a su casa, con un par de pollos y  tres paquetes de harina, o se le permite el acceso con la tarjeta de crédito al fruto prohibido, el perdón sigue al castigo, y uno mismo se dice interiormente:” todo está bien no pasa nada”.
Así que, terminó concluyendo mi amigo, no hay razones para pensar que el venezolano haya cambiado su comportamiento, sino que es al revés, sigue siendo el mismo, y eso si es una causa que ayuda a soportar la situación actual.
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