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jueves, 8 de mayo de 2014

SAÚL GODOY GÓMEZ, ¿SOY UN RADICAL?,

Es uno de los calificativos que más me endilgan, debido a la naturaleza de mis escritos políticos; principalmente, porque levanto tienda en el terreno del liberalismo clásico, lo estudio, lo describo, lo defiendo, es decir, tomo posición, y desde allí miro al mundo, con lo cual no quiero decir que no entienda el resto del orbe y sus manifestaciones. He estudiado con igual denuedo el comunismo, el socialismo, el anarquismo, el nacionalismo y otros muchos “ismos”, y en muchos de mis escritos los explico, a mi humilde entender.

DESDE LAS RAICES
Desde su acepción, la palabra radical describe a quien toma las cosas desde la raíz, que tiene arraigo en algún lugar o pensamiento, en esa dimensión de la economía política, el liberalismo clásico me da razones y herramientas para entender mi entorno y darme cuenta de las cosas que funcionan y las que no, de los principios que se privilegia y los valores que se tiene o con los que se comulga.
En la Venezuela postmodernista, esa que se inclina peligrosamente hacia el socialismo del siglo XXI, el relativismo es la norma; por lo tanto, tener una posición, estar “comprometido” con algo, es demodé, y hasta absurdo, de allí el incesante flirteo con todo tipo de tendencias, ideologías y maneras de ver el mundo. 
Hay gente que no entiende de dónde viene ese sentimiento de desarraigo, esa falta de creencia “en algo”, lo que conlleva a una especie de nihilismo, de inconformidad que, muchas veces, se traduce en estados depresivos, de confusión y, en el campo moral, de predisposición al crimen y a la violencia.
No tener anclajes en el mundo de las ideas, no tener un pensamiento definido sino un inmenso pastiche informe, sólo conduce a una enloquecida y superficial carrera a diversas posiciones, que la persona cambia diariamente, como si fueran camisas; de acuerdo al sitio, al ambiente y al grupo, las personas se hacen camaleónicas y adoptan sombreros, como si estuvieran en una película, “hoy soy un vaquero, mañana seré un pirata y pasado mañana, un misionero…” pregúntele a un actor profesional y les explicará que tal intercambio de roles tiene un costo físico y psíquico que, en algún momento, lo llevarán a una crisis, si no lo toma con calma y conservando su centro, su personalidad, su sustancia.
El relativismo y la duda sistemática nos lleva a estar caminando sobre un piso de vidrio muy delgado, que en cualquier momento se rompe y nos hunde en el vacío; pero muchas veces puede más el temor al compromiso que el miedo a perder sustento, porque el compromiso significa sostener la posición contra los ataques, que te vienen de todos lados, de críticas y señalamientos; si insistes, te acusan de radical, de extremista y fundamentalista.
Para los que estudiamos el problema del lenguaje, como objeto de la filosofía, nos damos cuenta de que el grueso del relativismo postmoderno proviene, justamente, de la fragilidad del verbo frente al mundo; las interpretaciones, los significados, los discursos son una galería de espejos que, fácilmente, confunden y le dan a la razón una consistencia de humo, de engaño.
De allí mi esfuerzo por tratar de ser lo más claro y preciso posible, lo que obligatoriamente me lleva a colidir de frente con personas que creen que soy un radical, un extremista.
Si algo nos distingue a los venezolanos es que tendemos a ser elusivos en el lenguaje, no nos gusta comprometernos, damos grandes rodeos para expresar nuestras opiniones, con el cuidado de no pisar callos, o herir susceptibilidades, tememos hasta fijar una hora exacta para nuestras citas, calificamos en lugar de describir; somos más empáticos que asertivos, queremos caerle bien a todo el mundo, evitamos la confrontación.  Por ello, cuando nos encontramos con alguien “claro”, que tiene una opinión, que no se amolda al común relativista, congenial y que lo acepta todo, sin distinciones, sin análisis, sin compromiso, entonces, surge la idea de que nos encontramos frente a un radical.
Y ante un radical se encienden todas las alarmas; pero sucede que dentro de esta subespecie humana llamada radical, hay toda una taxonomía y clasificación pues hay radicales de radicales.
El común del radical venezolano es, simplemente, un dogmático, alguien que repite como un mantra lo que aprendió en clases de adoctrinamiento, que se leyó algún manual sobre comunismo o capitalismo, o alguno de esos abecedarios para Dummies, donde le explicaron lo más básico de una teoría, se la aprenden y la sueltan sin pensarlo, esa es la gran mayoría de nuestros radicales, unos idiotas (savans), que recuerdan listados; pero presione un poco sobre esas letanías y se dará cuenta, inmediatamente, que no tienen nada en el cerebro, que no entienden lo que dicen, ni pueden hacer relaciones más complejas, como afirmar que el socialismo (o el capitalismo) salvará el mundo, sin entender porqué.
Están los que estudian una parcela de conocimiento, una doctrina y, porque se han leído los principales libros, porque han asistido a cursos sobre el tema y ocupan algún cargo que los involucra en la práctica de sus ideales, creen que pueden predicar; esos son los más fastidiosos, los que se encierran en sus argumentos aprendidos y no salen de un ritornelo, siempre caen en las mismas conclusiones.
También están los maestros, lo estudiosos, los que se han dedicado, como misión en la vida, a ser un “experto”, a no sólo acumular conocimiento, sino a ensanchar los límites de las doctrinas, justificarlas ante el fracaso, llevarlas a un nivel más elevado de comprensión, pensar esas ideas, metabolizarlas y crear nuevas relaciones; esos son los radicales que me interesan y que, lamentablemente, son casi inexistentes en nuestro país.
¿En qué grupo me ubico? Bien, para aquellos que me han llamado radical, sí, desde que se inició este diabólico proceso del socialismo del siglo XXI, me puse como meta hacer el contraste, construir el fuerte al otro lado de la ribera de quienes no estamos de acuerdo con esa ideología basura, y defender esta muralla; porque si ellos querían asumir el Alfa de la verdad, yo estaría con el Omega, en lado opuesto, pues entiendo, y no estoy equivocado, que sólo en la contradicción más áspera y en la confrontación más dura de las ideas puede el común de la gente comprender la naturaleza de ambas posiciones.
Luego de esta inmersión en el socialismo extremo que nos hemos dado y salir escaldados y con quemaduras de segundo grado, espero que nuestro espíritu crítico se haya despertado y que nunca más callemos ante los cantos de sirena del populismo, porque lo que Venezuela necesita de ahora en adelante es de un poco de escepticismo y desconfianza ante quienes quieren vendernos felicidad sin costo alguno, pero principalmente no quedarnos callados, ni que nos callen y peor aún, autocensurarnos por no aparecer como radicales.
Quienes vienen señalándome como extremista se equivocaron en otro sentido mucho mas profundo, no soy simplemente un radical, soy un ultraradical, de acuerdo a Heidegger, porque no sólo me asiento en las raíces, sino en la tierra, el agua y el sol que nutren a esas raíces. –
Saul Godoy Gomez
saulgodoy@gmail.com
@godoy_saul

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miércoles, 7 de marzo de 2012

ALBERTO MANSUETI: VENEZUELA, LA OPOSICIÓN AL SISTEMA. LOS DOCE PASOS

El Plan Político
Los liberales llevamos muchos años “difundiendo el ideario de la libertad”; y poco hemos logrado con nuestros cursos, libros, seminarios y conferencias. Porque nos ha faltado un Plan Político, mostrando a la gente una Hoja de Ruta, con su punto de partida, su punto de llegada, y las estaciones intermedias. Por eso nos ha faltado una fuerza de opinión y electoral para concretarlo. Eso es lo que queremos los “Nuevos Liberales”, que somos liberales clásicos con un Plan Político. Con un Proyecto.
¿Qué es el estatismo? 1) Es la usurpación por el Estado de funciones y actividades que son propias de la gente, en todas las esferas, tanto en la producción, el comercio y la economía, como en las familias, la educación y los valores, en la atención médica, en las jubilaciones y pensiones, etc. 2) Además, con el fatuo pretexto de cumplir todas estas actividades y funciones –producir, invertir, educar, curar, atender, cuidar, aconsejar, asegurar, etc.– el estatismo ha ido usurpando cada vez más poderes y atribuciones a los particulares, quitando así libertades a la gente. 3) Y ha ido quitando cada vez más recursos y dinero, despojando así de medios a las personas, empresas e instituciones privadas. Y todo esto ha sido a través de leyes dictadas por el Congreso: las Leyes Malas.
¿Y qué es el liberalismo? “El ideario de la libertad” es una definición imprecisa, vaga, carente de significación, de atractivos y capacidad de convocatoria. El Liberalismo es: 1) la “devolución” por el Estado a los particulares de todas las funciones y actividades que han sido usurpadas a la sociedad civil, y a sus instituciones propias: las familias y las empresas, los centros educativos, las iglesias, y demás sociedades naturales, y asociaciones voluntarias privadas. Por consiguiente, el Liberalismo es además, 2) la devolución de las libertades conculcadas, y 3) de los recursos despojados. Lo cual tiene que ser a través del Congreso, para revertir el proceso: derogando las Leyes Malas.
Porque así como hay 12 Pasos para salir del alcoholismo, también hay 12 Pasos para salir del estatismo.
I. “La Salida”, un medio de prensa, puede ser revista, periódico o radio. Objetivos: 1) Dar a conocer el Manifiesto Liberal y el Plan Político, en el contexto de la realidad diaria, mirada y mostrada en clave de liberalismo clásico. 2) Despejar las confusiones con el “Neo” liberalismo. 3) Pasar el mensaje: “el problema es el sistema”; el estatismo se encarna en las leyes malas. 4) Mostrar las conexiones entre el ideario liberal y la actualidad cotidiana en política y gobiernos, economía y negocios, cultura, arte y educación, en América y el mundo. 5) Mostrar a los cristianos de todas las iglesias y denominaciones, los nexos entre el capitalismo liberal, la Biblia, la historia cristiana y la Historia de Occidente.
II. Por “La Gran Devolución”, formar una corriente de opinión a favor del sistema liberal de Gobiernos Limitados, mercados abiertos y propiedad privada. A favor de la devolución por el Estado a los entes privados de todas las actividades, poderes y recursos hasta ahora usurpados a la sociedad civil, y a sus instituciones propias, que son las familias y empresas, escuelas y Universidades, iglesias y demás entidades y asociaciones voluntarias. Y a favor de la toma del Congreso por congresistas liberales, para la derogación de las Leyes Malas, y para impulsar las Cinco Reformas.
III. Un Movimiento por el “Perú Nuevo”, vertebrado en todo el país, para ir introduciendo nuestra oferta en la Agenda Política nacional, hoy dominada por los intereses de la politiquería estatista, en el marco de la connivencia social-mercantilista. Para discutir ampliamente la reforma política, la reforma económica, y las tres reformas sociales que impulsamos. Las siguientes: 1) la Reforma del Estado, los Gobiernos y la política, centrada en la recuperación de las funciones estatales propias: seguridad, justicia, y obras de infraestructura, sin reglamentarismos, y sin tributación excesiva; 2) la Reforma de la Economía, la Banca y los Negocios, para tener libertad, con crecimiento, desarrollo, prosperidad y bienestar para todos; y las Reformas sociales: 3) Educación, 4) Atención Médica, y 5) Jubilaciones y Pensiones, apoyando en estos servicios a los más pobres con cupones, en la transición.
IV. Un Debate Nacional, sobre las Cinco Reformas, que son las llamadas “Reformas Micro” o reformas estructurales, pendientes desde los años ’90. Y sobre las Leyes Malas, que son todas las que impiden realizar esas reformas. Este es un tiempo para presentar ante la opinión a nuestros líderes, voceros y especialistas, discutiendo con nuestros oponentes sobre nuestras ideas y propuestas, en especial las reformas: sus contenidos, sus formas y modalidades, sus fundamentos y razones, sus ventajas para todos. Para hablar de Política, no de politiquería, retando a las fuerzas y factores políticos a tomar posiciones a favor o en contra, total o parcialmente. Aprovechando las elecciones municipales y regionales de 2014, pero sólo como escenario de discusión y propaganda.
V. Campaña Nacional de Opinión para dar a conocer “la Gran Devolución” a todo el país y a todos los sectores sociales, comparando “los tres sistemas”: 1) Mercantilismo, 2) Socialismo, y 3) Capitalismo Liberal. Mostrando el actual “sistema mixto” de Mercantilismo y Socialismo.

VI. Encuesta Nacional de Opinión en todo el país: “¿Cuál de los tres sistemas prefieres para vivir?”
VII. Candidatos al Congreso se presentan para las elecciones parlamentarias de 2016, identificados con el Perú Nuevo. Se comprometen a dejar atrás el Perú Viejo: estatismo, corrupción, personalismo y caudillismo, demagogia y promesas populistas, cambio de favores, mercantilismo y socialismo.
VIII. Un Pacto Nacional por “La Gran Devolución”, firmado por nuestros candidatos al Congreso, de diversos partidos e independientes, con sólo dos compromisos: 1) La derogación o suspensión de todas las Leyes Malas, a fin de 2) dar impulso a las Cinco Reformas.
IX. Congresistas Liberales promueven “La Gran Devolución” en sus regiones y municipios.
X. “Un país, dos sistemas” los congresistas liberales movilizan a sus electores y simpatizantes a favor de las Zonas Económicas Especiales; es decir: las Ciudades y Territorios Libres de Estatismo.
XI. Derogación de las Leyes Malas en todo el país como “Plan A”, si el número de congresistas liberales es suficiente. De otro modo “Plan B”: suspensión de su vigencia en las Ciudades y Territorios Libres de Estatismo, según los resultados de la Encuesta Nacional de Opinión.
XII. Las Cinco Reformas en las Ciudades y Territorios Libres de Estatismo. De este modo la gente puede ver con sus propios ojos y comparar los resultados obtenidos respectivamente con el sistema liberal y con el estatismo en las diversas ciudades y regiones, como es por ej. en China, sin que sea necesario que la gente se ponga a leer todo eso que escribieron Bastiat, Mises, Hayek, Hazzlitt, Rothbard, etc., o lo que escribimos nosotros. Será mucho más simple y directo: comparar riqueza contra pobreza, libertad contra opresión, desorden, crimen e iniquidad, contra seguridad y justicia.
Todo el mundo por fin se convencerá cuál sistema es bueno y cuál es malo, y demandará y exigirá que el buen sistema sea ampliado a todo el país, sin mayores discusiones, pretextos ni dilaciones.
alberman02@hotmail.com 

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martes, 17 de enero de 2012

ALBERTO MANSUETI: ROMPER EL TABÚ DE LA DERECHA TRECE GRUESAS DIFERENCIAS (TERCERA PARTE)

Aunque sólo es un Mito, el Socialismo es un mito poderoso porque se basa en un Tabú: el de la Derecha. Si el Liberalismo Clásico toma el liderazgo ideológico de la Derecha, ésta puede recuperar la autoconciencia que le falta, el sentido de dignidad y el crédito. Todo eso lo tiene la Izquierda en el grueso de la opinión, todavía, pese a la carga de inmundicia y crimen; por eso el socialismo renace de sus cenizas, como el Ave Fénix. Hay que quitarle al Mito su máscara, lo que no pasa por esconder el liberalismo su propia identidad y procedencia; al contrario. Sin tabúes.
Trece gruesas diferencias

Cada punto describe primero a la Izquierda, y luego a la Derecha. Hilando uno tras otro, se ve que ambas “Cosmovisiones” antagónicas, cada una por su lado, en principio son internamente continuas y consistentes, lo que explica su permanencia.
1. Filosofía. La Izquierda abraza el idealismo filosófico, platonista: tiene un modelo ideal de orden social, proyectado por la razón enloquecida, y pretende someter a la sociedad entera a este diseño, estilo J.-J. Rousseau y Karl Marx. Según Sowell, es la “visión ampliada”: no cree en constricciones limitantes impuestas por la realidad; y la “visión de los ungidos”, los “progresistas”, procedentes de las clases acomodadas, que se atribuyen una superioridad intelectual y moral sobre el resto, lo cual les impide revisar sus supuestos, pese a la fuerza de los  hechos y las evidencias. Creen saber lo que es bueno para la gente corriente, y se consideran autorizados para “deconstruir” primero, y luego “reconstruir” a todo el mundo según su parecer. Para ello se valen de la legislación, la educación, la propaganda y la coacción, y de la fuerza bruta cuando la creen necesaria. Es el racionalismo “constructivista” que denunciara Friedrich Hayek.
Esto no es de ahora. Platón fue un lejano antecesor del comunismo, explica Popper en La Sociedad Abierta y sus Enemigos (1945). Para Platón la mejor forma política es la aristocracia, “gobierno de los mejores”, o sofocracia, “gobierno de los sabios”, supuestos titulares de un esotérico y superior saber, e imbuidos de un claro sistema ético, muy por encima del vulgo y la masa inculta. En El Conocimiento Inútil (1988) Jean.-F. Revel recuerda los “mandarines” de la antigua China, expertos en caligrafía y ciencias, quienes controlaban el pensamiento, al igual que la moderna “intelligentzia”. Pero la Izquierda es acomodaticia: dogmática con sus propias ideas y obsesiones, de resto es relativista (niega los conceptos universales y absolutos), y nominalista (los toma por “meros nombres”, sin asidero real).
En contraste, la Derecha abraza el realismo filosófico, aristotelista. Entiende que el orden natural de la realidad misma nos impone a los seres humanos constricciones limitantes; según Sowell es la “visión restringida” de Adam Smith, Edmund Burke y Friedrich Hayek. Es objetivista: sabe que hay verdades objetivas; lo son porque se corresponden con la realidad de las cosas, y cabe descubrirlas con el uso sensato y no alocado de la razón, y para algunos también con ayuda de la Biblia, que si se interpreta de manera inteligente y no antojadiza, no contradice a la razón, y le sirve de brújula.
Como la realidad no se amolda a los preconceptos, intenciones y designios de la Izquierda, arremete contra ella. La Derecha entonces “reacciona” contra sus absurdas pretensiones, y busca poner coto, sobre todo a su violencia liberticida y destructiva, tratando de “conservar” las leyes e instituciones tradicionales, congeniales con la libertad y la civilización. Para ello apela a la razón, a las tradiciones culturales, de pensamiento y políticas, y/o a la autoridad de Dios, según las creencias de sus voceros. Defiende la familia y la educación, como canales privados para la transmisión intergeneracional del saber, cultura y valores. A la “visión del ungido”, la Derecha contrapone la visión del “hombre corriente”, (con su “sentido común”), cuya defensa asume.
2. Democracia. La Izquierda venera la democracia cuando le conviene, hace un ícono de ella, y la justifica con el viejo argumento de la “discrepancia de opiniones”: como no hay acuerdo, votemos. Esa democracia no conoce límites, y todo lo somete a los caprichos de la mayoría y de los gobernantes electos. La Derecha sostiene que los derechos fundamentales a la vida, libertad y propiedad no pueden ser cambiados, restringidos, suprimidos, vulnerados, negociados o decididos por mayoría. Justifica la democracia porque nadie es tan sabio e inmune a la corrupción del poder (Lord Acton) como para dejarle gobernar sólo por su cuna, sus conocimientos o nivel de instrucción, sin plazo fijo ni condiciones restrictivas, o sin control y revisión periódica por la gente corriente. Según Popper, es preferible sólo como método de sustitución de jefes y gobiernos sin violencia o derramamiento de sangre, a diferencia de la “sociedad cerrada”, donde el mecanismo de reemplazo es la Revolución o el golpe de Estado. Por ello la democracia es y debe ser limitada. Otras divergencias tajantes también derivan de esta oposición filosófica, trazadas en los puntos siguientes.
3. Libertad. Hay dos concepciones opuestas. La Izquierda parte de la definición del Art. 4 de la Declaración de Derechos de la Revolución Francesa (1789): “Libertad es poder hacer todo aquello que no cause perjuicio a los demás.” Es la libertad “positiva” según Isaiah Berlin, que el marxismo amplía aún más, declarando que esa libertad es imposible en medio de la pobreza que causa la “explotación” capitalista, e identificando la libertad “real” con la “liberación” del capitalismo – esa nueva esclavitud – y con un “Estado de Bienestar” que satisfaga las necesidades económicas “de todos”.
La Derecha por su parte retoma el viejo concepto hispano y anglosajón de libertad, centrado en el conjunto de garantías legales de inmunidad individual frente a la autoridad, establecido en los Fueros medievales de la península ibérica – que los liberales hispanos reivindicamos – y después en la Carta Magna arrancada a Juan Sin Tierra (1215), en la Declaración de Derechos de la Revolución Gloriosa (de 1688) en la misma Inglaterra, y en documentos similares, que basan esta libertad en fundamentos religiosos, nos guste o no.
Esta libertad de la Derecha es la libertad “negativa” según Berlin: poder actuar sin obstrucciones de otros; y no hay libertad cuando un tercero nos impide trabajar, invertir o hacer cualquier actividad. Esos “otros” o ese “tercero” puede ser otra persona, empresa o agencia particular, y para impedirlo existe el Gobierno; pero también puede ser una Iglesia oficial, o el mismo Gobierno, casos prevenidos en la Declaración de Derechos en las 10 Primeras Enmiendas a la Constitución de EEUU, estableciendo límites específicos al poder y acción de los Gobiernos en materias como libertad de expresión, de reunión, de culto, de petición, de tener y portar armas, etc. Pero la libertad tiene un precio; y es la “vigilancia permanente” (Jefferson), a través del juego de los partidos (Madison).
Los conceptos son tan dispares que hasta la comunicación se dificulta. Hoy se piensa la libertad en clave marxista, se cree que la libertad “negativa” es meramente “formal” y sólo sirve a “los ricos”. Por eso se aspira a todo aquello que el Estado promete: “derechos” a la educación, a la salud, vivienda, etc.; sin sentir ni temer que el Estado quite o pueda quitar nada. Y la permisividad ilimitada en lo sexual, transmite la sensación de que libertad abunda. Por eso la retórica liberal a favor de “la libertad” en abstracto, cae en el vacío.
Para algunos portavoces “libertarios” de hoy, la libertad es el derecho a hacer lo que a uno le plazca sin provocar daño a otros. Es la libertad “positiva” según Isaiah Berlin, estilo Revolución Francesa; no la serie de restricciones impuestas a los Gobiernos, estilo liberal clásico. Aquejados por el espíritu de la Ilustración, ellos insisten en que el liberalismo “no es de Izquierda ni de Derecha” porque se sienten ajenos a la Derecha: no participan de su cultura.
4. Historia. La Izquierda tiene una interpretación revolucionaria de la historia: basa sus exigencias en el supuesto conocimiento privilegiado de las leyes del cambio histórico, su ritmo, sus características, su sentido, dirección y destino final, que sólo poseen los “ungidos”. La Derecha tiene por su lado una interpretación conservadora: todo conocimiento de las tales leyes históricas, si es posible, y si las hay, debe servir para guardar más respeto por las instituciones heredadas.
5. Leyes. Por su sapiencia superior, los heraldos y agentes ejecutivos de la historia (esos “altos mandarines” según Jean-F. Revel) merecen el encargo de educarnos, y de escribirnos las leyes de derecho positivo, único que hay para la Izquierda, “positivista” kelseniana y reglamentista. Para la Derecha en cambio, las normas jurídicas son parte del derecho “natural”, ciertas pautas de justicia y conducta justa, de carácter general, y objetivas, conocidas desde antaño; y nadie es tan intelectual o moralmente superior como para erigirse por encima de ellas o cambiarlas.
6. Cambio Social y Progreso. La Izquierda quiere “cambio”; es “progresista”: afirma que no hay tal cosa como “naturaleza humana”. Y si la hay, es en esencia buena, y aún se puede mejorar hasta ser perfecta, incluso comenzando de inmediato y por un corte abrupto: “La Revolución”. La Derecha en cambio es conservadora porque no es ingenua: sabe que hay una naturaleza humana invariable, que no es buena – o no enteramente – ni puede mudarse al antojo de los “ungidos” o de las mayorías; y si se intenta, los resultados distan de ser perfectos, y las cosas pueden quedar mucho peores, ¡sobre todo con las “revoluciones”! Por eso los cambios han de ser graduales, “incrementales”, resultar de un riguroso y detenido examen, y tener constante seguimiento, evaluación y reajustes.
7. Sociedad, economía y cultura. La Izquierda es contractualista, imagina que la sociedad humana es pura convención arbitraria, y que las convenciones pueden cambiarse, hasta el lenguaje incluso, si hay suficientes “estudios científicos” a favor, gentes o grupos que lo exijan, y congresistas por el cambio. La Derecha es tradicionalista: sabe que los principales usos e instituciones que rigen la convivencia humana no son producto de la razón de nadie en particular, ni del acuerdo explícito (“contrato social”, Rousseau) sino de una lenta evolución histórica, y pasan de una generación a otra porque obedecen a razones objetivas, no siempre fáciles de entender para nadie, ¡y menos para los “mandarines”!
En Economía, la Izquierda es intervencionista, dirigista y controlista, fiel a sus principios filosóficos. Y la Derecha, cuando es fiel a los suyos, prefiere la “mano invisible” del mercado, que atribuye a la naturaleza, o también a la Providencia divina, según las creencias religiosas de sus exponentes.
La Izquierda se inspira en el positivismo sociológico: con Augusto Comte, cree que cultura puede y debe cambiarse a voluntad. Las leyes positivas, basadas en las ciencias sociales según el modelo de las naturales, y la educación, son los instrumentos principales de cambio cultural al servicio del Progreso, en manos de Gobiernos capaces de prever y planificar todas las situaciones, para evitar que los males ocurran, y de “desfacer los entuertos” si ocurriesen. La Derecha en cambio es anti-positivista: sabe que el conocimiento de lo social no se logra con los mismos métodos de las ciencias naturales, y que los Gobiernos no pueden “manejar” la sociedad con nuevas leyes y enseñanza planificada acorde a ellas, porque leyes y educación son parte de la cultura, el tejido de la sociedad, que no debe ser destruido; sin desmedro de ajustes necesarios, pero con orden e inteligente prudencia. Y sabe que las situaciones humanas son por naturaleza imprevisibles, ¡sobre todo para los Gobiernos!
8. Ser humano y realidad. La Izquierda es fiel a su crónico Utopismo: el Estado de Bienestar es posible y es viable; y más allá: el “Hombre Nuevo” última meta y resultado esperado de la Revolución. Por eso la juventud es la esperanza del futuro, y objeto especial de sus desvelos, atenciones y halagos, y parte esencial del Mito. La Derecha es anti-utopista: el Estado no da felicidad. No hay “hombre nuevo”, y si lo hay, no es el Gobierno quien puede “rehacer” al hombre; sólo Dios, y alma por alma, individualmente. ¿La juventud? Debe aprender de la experiencia y las lecciones de la historia.
9. Orden social. La Izquierda es “agonista-colectivista”, ve la vida como desigual e injusta lucha de clases, y le parece que ella puede identificar a las clases perdedores, a los colectivos “victimizados”. Según la moda del día serán los obreros, los pobres, los negros o los indios, o bien las mujeres, niños, animales, plantas, agua y aire del medio ambiente, o consumidores. Y sus respectivos victimarios serán los patrones burgueses, los ricos, los blancos, los varones, los padres y familiares, las industrias o comercios. Entre las clases antagónicas se interponen los “ungidos”, ingenieros de la sociedad, con sus diseños societarios, su “planificación central”, y sus sistemas de compensación.
La Derecha cree que no son siempre “los opresores”, sino las circunstancias de la vida, las que no siempre nos tratan con arreglo a criterios rígidamente igualitaristas de justicia. Pero para superar esos trances son los intercambios pacíficos y voluntarios, los contratos y negocios privados, sean lucrativos o de otra especie; todos arreglos individuales, por naturaleza, aunque forman un “orden social extenso” (Hayek), no inventado, en todo caso descubierto. Estos tratos particulares, y virtudes tradicionales como el trabajo diligente, la prudencia y el ahorro, nos permiten superar obstáculos y emparejar circunstancias desfavorables, en buena medida, desde luego dentro de las constricciones limitantes; y además posibilitan la armonía y la concordia. En caso de resultar perjuicio a otro, con algún daño real y comprobable en su persona, hacienda, o derechos legítimos a la vida, libertad y propiedad, el perjudicado puede acudir no a las agencias del Ejecutivo sino al juez. A la victimización colectiva, la Derecha opone la responsabilidad individual.
10. Igualdad. La Izquierda es igualitarista, y siempre declara buscar igualdad de resultados, o al menos “de oportunidades”. La Derecha sólo quiere igualdad de derechos, y no de cualesquiera, sino a la vida, libertad y propiedad. Eso es Estado de Derecho.
11. Poder. La cultura, las leyes, instituciones y educación actuales son “opresivas” para la Izquierda: nos atan, nos dividen en grandes colectivos, víctimas y victimarios, y nos corrompen. Por eso deben ser subvertidas, a través de la “contracultura”, primero poco a poco, y luego de golpe, para ser por fin cambiadas y sustituidas por decreto desde el poder, liberando a los “colectivos oprimidos”, por los cuales la Izquierda abriga “sentimientos de compasión”. La Derecha es anti-colectivista. Y sabe que el poder es opresivo y corruptor, y el que nos divide en dominantes y dominados si se excede; por eso debe ser celosamente vigilado. Y que el individualismo es garantía de libertad vigilante, contra los abusos de las mayorías y de los grupos de intereses especiales, no infrecuentes en las democracias. A la “compasión” estatal, la Derecha opone la justicia, acompañada de la caridad por las vías privadas.
12. Tolerancia. En este punto, como en otros, la Izquierda es bifocal. Y cínica. Es rebelde y antinomiana con las leyes y reglas éticas del libre mercado por ej., y con aquellas que aborrece, como las dictadas por las instituciones privadas para sus miembros, socios, directivos o postulantes, sus clientes o usuarios. Pero con sus propias ordenanzas de “Política correcta”, todas impuestas por y a través del Estado, la Izquierda es intolerante, legalista, sectaria, y entrometida hasta ínfimas minucias. Todo el mundo debe someterse a sus estrictos patrones legales de pensamiento, emoción, sentimiento, habla y comportamiento exterior. Pero no los mismos para todos, sino para cada clase específica de seres vivientes, por separado: las madres, los padres, los “niños y las niñas”, los “jóvenes y las jóvenes”, los viejos y las viejas, los conductores, los peatones, los educadores, los bodegueros, los fumadores y bebedores, los obreros y patrones, los vendedores y compradores, ¡hasta los perros y los gatos! Como en el Ejército: todo a Reglamento. A cada categoría su plétora de prohibiciones, restricciones y obligaciones – e impuestos – según el particular enfoque del “ungido”, conforme a la moda del día, sea clasista, ecologista, racial, “pluralista”, de buena salud o “de género”, de “seguridad” contra todo riesgo y a cualquier costo, “anti-homofóbico” o el que sea.
La Derecha no es antinomiana; enfatiza el respeto a las reglas. Pero sin ser bifocal, sabe que una cosa son reglas privadas, y otra cosa leyes para todos. Distingue entre pecados, delitos y virtudes: afirma que todos debemos tolerar creencias o conductas que desaprobamos como inmorales; pero el convivir civilizado nos obliga a “dejar hacer” (laissez-faire), sin legislar sobre ellas. Esa “tolerancia” no es “permisividad”, que implica cierta aprobación: p. ej. “tolerar” la infidelidad del cónyugue no es darle “permiso”. Pero no todas las conductas inmorales o juzgadas como tales deben ser prohibidas, ni todas las morales o juzgadas como tales deben ser obligatorias; y aunque cabe discrepar acerca de cuáles sean unas y otras, el principio se mantiene como tal. Por eso la Derecha quiere pocas leyes, mismas para todos, y en asuntos graves. De resto, como dice aún la Constitución argentina en su Art. 19: “Las acciones privadas de los hombres, que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados.”
En este punto como en otros, las diferencias se hacen teológicas a partir de cierto nivel, nos guste o no. El perfeccionismo de izquierdas revive el rigorista espíritu pelagiano (del monje Pelagio, s. V) por su énfasis en las “buenas obras” humanas, propio del católico Concilio de Trento (1545–1563), y del arminianismo protestante (Jacobo Arminio, 1560–1609); y también de la Iglesia “metodista” y la Teología de la Santidad de su fundador Juan Wesley (1703-1791). La visión de la Derecha en cambio es herencia del realismo de Agustín de Hipona (s. V), de Santo Tomás de Aquino (s. XIII), y también de la Teología calvinista y anglicana, sabedoras del carácter caído de la naturaleza humana, y de sus muchas flaquezas y debilidades, que no todas deben ser materia de legislación represiva. Y herencia de la moral “victoriana”, dispuesta a tolerar muchas conductas, siempre que fuesen en privado.
Por ahí se oye: “¡Eso es doble moral! ¡Hipocresía!” No. Todos hacemos muchas cosas en la intimidad y nunca en público, por ej. orinar y defecar, como sí lo hacen los animales. En ellos es natural hacerlo a la vista de cualquiera y así proceden, pero en los humanos no es así. Y no es hipocresía, es “pudor” (o vergüenza), compadecimiento con la humana naturaleza; y ética de una sola pieza.
Doble moral e hipocresía es la de los “ungidos”, muy tolerantes para con ellos mismos. Creen en el Estado como instrumento de corrección moral, según y conforme sus propios códigos éticos, aunque para el resto de la gente. En su “auto-indulgencia”, ellos acostumbran pasar por alto sus códigos, tan pronto les conviene, pensando que no son para ellos. A sus escuelas públicas no envían a sus hijos, sino a colegios particulares; a sus hospitales del Estado no van – aunque a veces mandan a sus padres – sino a las clínicas privadas; y las Cajas estatales de Jubilaciones no son para ellos, que tienen sus Planes privados de Retiro y contingencias.
Muchos voceros libertarios redefinen el liberalismo histórico, que prácticamente reducen a la tolerancia, la que identifican con permisividad, e incluso relativismo. Sin embargo las “Cartas sobre la Tolerancia” de John Locke (entre 1689 y 1690), aluden a la materia confesional: predican contra la unión del Gobierno a una Iglesia o Confesión en particular, establecida como oficial. Porque la tolerancia de la Derecha que el Estado no es medio de perfección moral. Tampoco es que se divorcie el poder de la Ética o los principios (Maquiavelo); es sólo que el Gobierno no está para “corregir” a nadie, sino para un piso ético pero mínimo, en torno a los tres derechos humanos naturales a la vida, libertad y propiedad. Y que los más altos ideales de perfección, cualesquiera sean, y respectivas sanciones y correcciones disciplinarias, quedan para las instancias privadas: familias, Iglesias, escuelas, empresas y demás, cada cual con su propio código, anglicano, metodista, católico, judío, mormón, islámico, masónico, rosacruz, ateo, agnóstico, deísta, filantrópico, naturista, nudista, vegetariano, abstemio, “ario puro”, feminista o el que sea. No para ser ley del Estado sino para los adherentes a cada una de las respectivas Iglesias, sociedades o clubes, sean secretos o públicos, cerrados, abiertos, “anónimos” o de otra especie.
13. Estado. Para cada problema, real o imaginario, incluso los males causados por ella misma (¡sobre todo!), la Izquierda siempre ve “soluciones” socialistas: sea con la “ayuda”, sea con el “estímulo” (y la “promoción”) o con el garrote, pero siempre a cargo de la mano visible de las agencias estatales, de preferencia el P. Ejecutivo central. Y hace de ellas su Oferta política, sin mayor examen ni evaluación de sus potenciales consecuencias, pese a su declarado amor por la “planificación”, y a su marcada obsesión por la “prevención” de todos los riesgos, reales o imaginarios.
La Derecha coherente es anti-estatista: para cada una de las “soluciones” estatistas ve los  problemas. Y ve las respuestas y remedios en el tranquilo curso de las instituciones naturales o voluntarias: los mercados y el capitalismo, la familia, la educación privada y la religión. Y de las agencias estatales, prefiere las de los gobiernos locales o municipales. La Izquierda es centralista; por contraste la Derecha es municipalista y federalista.
Pero aquí las dos líneas se atraviesan y entrecruzan en muchos temas, y no es fácil seguirlas; por eso mismo, para orientarse, es básico no abandonar los criterios expuestos, y tenerlos bien presentes.
Ambas aguas se parten
Las izquierdas se dividen en cuanto a las mencionadas instituciones, los mercados y el capitalismo, la familia, la educación privada y la religión. Unas aspiran a destruirlas, como por ej. los comunistas, los terroristas árabes, las feminazis y los econazis; otras las distorsionan, falsean y subvierten, y las atan a sus intereses y propósitos, como hace el socialismo democrático con el capitalismo. Así hace también la “Teología de la Liberación” (y la Teología negra o feminista) con el Cristianismo, o el estatismo terrorista musulmán con el Islamismo.
Pero las derechas también se dividen: unas son anti-liberales, y pasando por sobre las instituciones privadas, se hacen estatistas. Usan la fuerza del Estado para proteger injusta y caprichosamente sus intereses de tribu, sean corporativos, mercantilistas, sindicales, profesionales, militares, religiosos, eclesiásticos, o los que sean; o más ingenuamente, “para proteger a la familia”, como cierta derecha religiosa. Esas derechas torcidas pactan con las izquierdas más “benévolas”. Otra derecha en cambio favorece la libertad y la libre competencia, y se mantiene erguida e intransigente en sus principios: esa “otra derecha”, es el Liberalismo Clásico.
Las confusiones son muchas, algunas propagadas a propósito, otras por ignorancia. Por ej. esos sedicentes “libertarios” que ahora admiten ser de izquierdas, al menos en eso son coherentes. Pero no lo son muchos de esos “anarco-capitalistas” y liberales “Ni derecha ni izquierda”, marxistas culturales que leyeron a Mises, pero saltando la parte donde dice “sin Gobiernos fuertes pero limitados” no hay mercados libres de violencia y fraude, ni respeto a la vida, libertades y propiedad. Leyeron a Hayek, sobre el orden social “extenso”, pero no donde dice que es “espontáneo” porque no requiere diseño, no porque no requiere Gobierno. Pretenden ser “lógicos y consistentes” aspirando a unos “gobiernos de libre mercado”, sin entender que muchas instituciones sociales, culturales, jurídicas y políticas son “meta-mercado”, precisamente porque sirven de soporte y protección al libre mercado.
Por lo general los “ancaps” son ateos o agnósticos; pero ese no es el problema; es la terca negativa de muchos a reconocer los evidentes y estrechos lazos entre la religión organizada y la defensa eficaz de las libertades individuales, que claramente admitieron Marx y Engels para dedicarse a romperlos, y a batallar contra el capitalismo y a la vez la herencia judeo-cristiana. La religión sólo puede oprimir cuando se ata no a la política sino al Estado, y por eso el estatismo busca erigirse en una religión, que será la más opresiva y asesina de todos los tiempos, si no la detenemos.
El futuro de la Derecha
Algunos suponen que la cuestión religiosa hace imposible un consenso entre los creyentes y los libertarios ateos, agnósticos o indiferentes. Sin embargo, este “fusionismo” constituyó el programa político de William F. Buckley Jr. y su semanario National Review, principal motor que sacó al Liberalismo Clásico usamericano de su virtual ostracismo en los ’50.
En ese mismo consenso piensa por ej. Llewellyn Rockwell, Presidente del Instituto von Mises. Muy aventajado discípulo del legendario Murray Rothbard, y mentor del Senador Ron Paul, es anarco-capitalista pero serio, y católico profeso, y en su Portal en Internet, reconoce ampliamente el vital aporte del Cristianismo a la tradición histórica del Liberalismo Clásico, y el potencial a futuro, al igual que buena parte de sus contribuyentes, académicos de primera línea, periodistas y políticos destacados, muchos creyentes, otros no.
En la Hispanosfera tenemos a Esperanza Aguirre, y a “Libertad Digital” desde el 2000. Sus colaboradores abarcan un amplio abanico que va desde el anarcocapitalismo y el liberalismo clásico a posiciones conservadoras; muchos de ellos católicos, protestantes o judíos.
También algunos piensan que el talante conservador de la Derecha, su preferencia por el progreso evolucionario y los cambios lentos e “incrementales”, y su desconfianza hacia las “Revoluciones”, le veda impulsar un movimiento por un cambio tajante, tras una propuesta de ruptura y abrupta discontinuidad con las condiciones presentes. Pero la gente de Libertad Digital y LewRockwell.com no piensa de ese modo. El historiador César Vidal, protestante y español, recuerda siempre que el primer rey decapitado en defensa de las libertades fue Carlos I de Inglaterra, juzgado y ejecutado 1649 por los “puritanos”, mismos que motorizaron la Revolución Gloriosa de 1688. Y hoy el Tea Party en EEUU convoca a “repetir la Revolución Americana de 1776 en nuestros días, retornando a sus mismos principios”.
El TP, como los líderes de LD en España, nos avisa que la Izquierda ya ha hecho casi por completo “su” Revolución, que a diferencia de la Astronomía, en Política es un giro o vuelta no de 360 grados – lo que llevaría al mismo punto de partida, como los cuerpos celestes en sus órbitas – sino de 180. Desde hace más de 50 años a la fecha, la Izquierda ha alterado sus países desde la fisonomía hasta la médula, de una forma tan profunda y extendida, que los hace irreconocibles. Por tanto requieren un viraje radical en sentido contrario, para evitar hundirlos en el Tercer Mundo.
Tea Party: ¿una “Revolución” de derechas?
El TP no es anti-político sino contra la presente clase política estatista, y propone la vuelta a la filosofía constitucional original de EEUU. (¿”Retornismo”?) Con sus protestas callejeras gana visibilidad, prensa y crédito, así como difamación, calumnia y distorsión por parte de sus enemigos. No sin fricciones, conviven herederos de la “Vieja Derecha” aislacionista, conservadora y cristiana – no son los guerreristas “Neocons” tipo Bush padre e hijo – con típicos libertarios “fumones” y relajados en costumbres y estilos de vida, pero enemigos del estatismo. Después de todo, en el movimiento de 1776, ignitado por el “motín del té” del primer Boston Tea Party de 1773, también cooperaron “puritanos” con masones, deístas, escépticos y “librepensadores”.
Otra cita, la última, antes de terminar. De Walter Block, autor que es ateo y “ancap”, y es “ni Derecha ni Izquierda”, y sin embargo apoya a los candidatos del TP. Escribe:
“Yo rechazo la religión como ateo, porque no estoy convencido de la existencia de Dios. Y más allá; no soy agnóstico: estoy convencido de su no existencia. Pero como animal político, abrazo la institución por ser un baluarte contra el totalitarismo. Quien quiera oponerse a las depredaciones estatistas, no puede, sin el apoyo de la religión. La oposición anti-religiosa, aún por razones intelectuales y sin pretender ser política, implica no obstante de hecho un apoyo al estatismo.”
El TP nació contra la Ley de Estabilización Económica del 3 de Octubre de 2008 (Bush), y la Ley de Reinversión y Recuperación del 17 de Febrero de 2009 (Obama); contra los impuestos, las guerras, los rescates bancarios, el exceso de gasto estatal, y la Reforma del Sistema de Salud. A través de Blogs y de las redes Facebook, Twitter y MySpace, se transmitieron los íconos libertarios del siglo XVIII. Y el TP no es anti-partido: participaron exitosamente en las primarias republicanas de Septiembre de 2010, y en las elecciones de Noviembre de ese año para el Congreso.
Integridades
Luego de tantas diferencias, ¡una semejanza! Es el requisito de integridad, necesario para conseguir con éxito los respectivos fines, aunque son muy diferentes. La Izquierda tiene un cuerpo ideológico macizo y robusto, que no puede descuartizarse sin riesgos. Eso lo saben los socialistas coherentes, por eso los regímenes comunistas más duraderos son los que se mantienen intransigentes, incólumes a punta de pistola, alambres de púas (o cercas electrificadas), y mastines vigilantes bien entrenados, como sus propietarios. Porque la violencia forma parte inseparable del “sueño”, como en Cuba y Corea del Norte. Pero no sólo eso; hay algo más: también se mantiene el socialismo ejerciendo violencia en las mentes a través de la “educación pública” (indoctrinación) desde la niñez, y de la propaganda masiva mentirosa, insistente y apremiante. Es el método de Joseph Goebbels, y del Marxismo cultural de Antonio Gramsci, Luckacs, Horkheimer, Marcuse y la Escuela de Frankfurt. Y de la menos conocida Escuela de Birmingham o de los “estudios culturales”, fundada por Richard Hoggart en 1964.
Es riesgoso para la Izquierda bajar la guardia. Al menor descuido, por ej. en los ’90, aparece una Margareth Thatcher como en Inglaterra, un Ronald Reagan como en EEUU, o una fuerza conservadora medianamente consistente como en Suecia, ¡y se arruina la fiesta! a lo menos por un tiempo.
Con la Derecha igual, sólo que la violencia no está en el Menú. No hay que usar pistolas ni soldados armados, sino el cerebro, un instrumento más delicado y sensible, pero más eficaz cuando se usa bien. Porque muchas cosas se requiere entender, y la primera es que el cuerpo ideológico de la Derecha es igualmente macizo y robusto, y no puede desintegrarse sin riesgos.
Un conservador cultural puede decir “El Estado debe intervenir en la Economía”. Pero si se les permite a los Gobiernos manipular y controlar la producción y el comercio de bienes y servicios, y decretar impuestos a mansalva además de regulaciones, entonces los socialistas, en el poder y con los bolsillos llenos, de inmediato se adueñan de la educación, las artes, los medios y la cultura. Y pronto desaparecen los valores y principios tan caros a los conservadores, comenzando por la ética laboral “protestante” – en realidad, judeocristiana – y siguiendo con los tradicionales valores familiares. No queda rastro ni memoria de ninguno de ellos.
De igual modo, un liberal puede decir: “Yo defiendo la economía de libre mercado, aunque no soy conservador cultural”. Pero eso es ignorar sobre qué piso y cimiento están paradas esas libertades económicas, que se esfuman tan pronto se pierden los buenos y viejos valores y principios que las sustentan, como bien saben los marxistas culturales, dedicados día y noche a “deconstruirlos” y subvertirlos.
“Las ideas tienen consecuencias” es un libro (1948) de Richard Weaver, sobre las transiciones ideológicas en filosofía, religión, ciencia, sociedad, política y artes. Propone “el uso correcto de la razón” en lugar de la intuición, para enmendar errores y catástrofes, no causadas por deterministas biológicos o de otro tipo, sino por malas decisiones, meramente ideológicas y no realistas. Combate “la disolución de Occidente”, cuyas elites abandonaron las ideas fundacionales para abrazar el idealismo, el nominalismo, el intuicionismo, el sentimentalismo existencialista y el relativismo. Propone la aceptación de la realidad, reconociendo que las ideas, como las acciones, tienen consecuencias.
Desde hace tiempo en EEUU y Europa, la palabra “liberal” significa socialista. ¿Por qué? Por ciertos pensadores no muy consecuentes, como Friedrich Hayek, quien se negaba a reconocerse conservador, pese a denunciar, de modo valiente y magistral (Road to Serfdom, 1944), aquella masiva migración ideológica hacia la Izquierda de políticos liberales igualmente inconsecuentes. Esa “larga marcha” se inició a fines del s. XIX., y siguió a velocidad crucero; medio siglo después, para los años ’30, ya la mayoría había llegado a su destino: el New Deal. Ya era muy tarde para “reaccionar”.
Los liberales clásicos tenemos enemigos: las izquierdas, todas. Tenemos adversarios: las derechas antiliberales, como las mercantilistas o corporativistas, sindicalistas, militaristas y autoritarias en general, y las derechas religiosas estatistas. Pero también tenemos malos amigos: los liberales inconsecuentes. Así y todo, no son mayor problema; el problema, y grave, es no entenderlo.
¿Y ahora qué más?
Las diferencias entre los dos hemisferios políticos son abismales; la distancia es sideral. No es cierto que “Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus” como dice el título de un libro popular; pero sí es cierto que Izquierda y Derecha son dos planetas distintos – quizá dos galaxias – y los seres venidos de una y otra difícilmente puedan entenderse, ya no congeniar, al menos políticamente.
Son opuestos y contrarios; las diferencias son entre civilización y barbarie. ¿Qué hacer para salvar a la primera de las garras y dientes de la segunda? Pues pasar el mensaje, por empezar. Describir las diferencias en lenguaje eficaz: llano, con palabras corrientes, e ilustrarlas en colores vivos, y si cabe, ponerles sonidos estridentes. Con ejemplos y casos, con números, con chistes y pullas, con nombres y apellidos. Con drama y comedia. Y consignas.
Que entienda el mensaje la gente corriente: los damnificados del estatismo, los parasitados, no sus parásitos. Los que pagamos toneladas de impuestos para todos los “mantenidos” del estatismo que con impuestos y trabas nos impiden a los empresarios hacer empresas, hacerlas crecer y hacer empleo. Y a los no empresarios, nos impiden contar con buenos puestos de trabajo como gerentes, trabajadores y obreros, sin tener que emigrar. Para todos es el liberalismo clásico; y muy especialmente, para los más pobres. Sólo hay que saber trasmitirlo eficazmente, para lo cual se requiere familiaridad con el mensaje liberal genuino.
Rehabilitar a la derecha liberal denunciando a toda la Izquierda, pero también a la mugre en casa: la derecha mercantilista mañosa, torpe y fraudulenta, vergüenza de la familia. Las izquierdas desmarcan entre ellas: autoritarias y democráticas, religiosas y laicas, etc.; así su Menú luce muy variado, y se ofertan muchas más opciones. No les va mal así. Si esos deslindes exitosos hacen las izquierdas con sus mentiras, ¿por qué las derechas no podemos deslindar, con las verdades?
La pregunta es: ¿por qué razones un liberal clásico tiene que horrorizarse ante el “riesgo” de ser asociado con “la derecha”, reforzando así la legitimidad de la izquierda? Sólo puede ser por estar poco informado, por importarle un bledo la acción política – o su eficacia – o por conservar cierto cariño a la Izquierda. O todo a la vez.
La Derecha no ha muerto; está de parto.
Aunque sólo es un Mito, el Socialismo es un mito poderoso porque se basa en un Tabú: el de la Derecha. Si el Liberalismo Clásico toma el liderazgo ideológico de la Derecha, ésta puede recuperar la autoconciencia que le falta, el sentido de dignidad y el crédito. Todo eso lo tiene la Izquierda en el grueso de la opinión, todavía, pese a la carga de inmundicia y crimen; por eso el socialismo renace de sus cenizas, como el Ave Fénix. Hay que quitarle al Mito su máscara, lo que no pasa por esconder el liberalismo su propia identidad y procedencia; al contrario. Sin tabúes.

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