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domingo, 13 de septiembre de 2015

ALBERTO BENEGAS LYNCH (H), LA DIMENSIÓN ÉTICA DEL LIBERALISMO,

El término  más empleado es “capitalismo” pero personalmente prefiero el de “liberalismo” puesto que el primero remite a lo material, al capital, aunque hay quienes derivan la expresión de caput, es decir, de mente y de creatividad en todos los órdenes. Por otro lado, la aparición de esta palabra fue debida a Marx quien es el responsable del bautismo correspondiente, lo cual no me parece especialmente atractivo. De todas maneras, en la literatura corriente y en la especializada los dos vocablos se usan como sinónimos y, por ende, de modo indistinto (incluso en el mundo anglosajón -especialmente en Estados Unidos- se recurre con mucho más frecuencia a capitalismo ya que, con el tiempo, liberalismo adquirió la significación opuesta a la original aunque los maestros de esa tradición del pensamiento la siguen utilizando, algunas veces con la aclaración de “in the classic sense, not in the american corrupted sense”).

La moral alude a lo prescriptivo y no a lo descriptivo, a lo que debe ser y no a lo que es. Si bien es una noción evolutiva como todo conocimiento humano, deriva de que la experiencia muestra que no es conducente para la cooperación social y la supervivencia de la especie que unos se estén matando a otros, que se estén robando, haciendo trampas y fraudes, incumpliendo la palabra empeñada y demás valores y principios que hacen a la sociedad civilizada. Incluso los relativistas éticos o los nihilistas morales se molestan cuando a ellos los asaltan o violan. La antedicha evolución procede del mismo modo en que lo hace el lenguaje y tantos otros fenómenos en el ámbito social.
El liberalismo abarca todos los aspectos del hombre que hacen a las relaciones sociales puesto que alude a la libertad como su condición distintiva y como pilar fundamental de su dignidad. No se refiere a lo intraindividual que es otro aspecto crucial de la vida humana reservada al fuero íntimo, hace alusión a lo interindivudual que se concreta en el respeto recíproco. Robert Nozick define muy bien lo dicho en su obra titulada Invariances. The Structure of the Objective World (Harvard University Press, 2001, p. 282) cuando escribe que “Todo lo que la sociedad debe  demandar coercitivamente es la adhesión a la ética del respeto. Los otros aspectos deben ser materia de la decisión individual”.
Todos los ingenieros sociales que pretenden manipular vidas y haciendas ajenas en el contexto de una arrogancia superlativa deberían repasar la definición de Nozick una y otra vez. Recordemos también que el último libro de Friedrich Hayek se titula La arrogancia fatal. Los errores del socialismo (Madrid, Unión Editorial, 1992) donde reitera que el conocimiento está disperso entre millones de personas y que inexorablemente se concentra ignorancia cuando los aparatos estatales se arrogan la pretensión de “planificar” aquello que se encuentre fuera de la órbita de la estricta protección a los derechos de las personas.
Además hay un asunto de suma importancia respecto a la llamada planificación gubernamental y es la formidable contribución de Ludwig von Mises de hace más de ochenta años que está referida al insalvable problema del cálculo económico en  el sistema socialista (“Economic Calculation in the Socialist Commonwealth”, Kelley Publisher, 1929/1954). Esto significa que si no hay propiedad no hay precios y, por ende, no hay contabilidad ni evaluación de proyectos lo cual quiere a su vez decir que no hay tal cosa como “economía socialista”, es simplemente un sistema impuesto por la fuerza. Y esta contribución es aplicable a un sistema intervencionista: en la medida de la intervención se afecta la propiedad y, consiguientemente, los precios se desdibujan lo cual desfigura el cálculo económico.
El derecho de propiedad está estrechamente vinculado a la ética del liberalismo puesto que se traduce en primer término en el uso y disposición de la propia mente y del propio cuerpo y, luego, al uso y la disposición de lo adquirido lícitamente, es decir, del fruto del trabajo propio o de las personas que voluntariamente lo han donado. Esto implica la libertad de expresar el propio pensamiento, el derecho de reunión, el del debido proceso, el de peticionar, el de profesar la religión o no religión que se desee, el de elegir autoridades, todo en un ámbito de igualdad ante la ley.
Además, como los recursos son escasos en relación a las necesidades la forma en que se aprovechen es que sean administrados por quienes obtienen apoyo de sus semejantes debido a que, a sus juicios, atienden de la mejor manera sus demandas y los que no dan en la tecla deben incurrir en quebrantos como señales necesarias para asignar recursos de modo productivo. Todo lo cual en un contexto de normas y marcos institucionales que garanticen los derechos de todos.
Los derechos de propiedad incluyen el de intercambiarlos libremente que es lo mismo que aludir al mercado en un clima de competencia, es decir, una situación en la que no hay restricciones gubernamentales a la libre entrada para ofrecer bienes y servicios de todo tipo. A su vez, el respeto a la propiedad se vincula a la Justicia al efecto de “dar a cada uno lo suyo”. En resumen, lo consignado en las Constituciones liberales: el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad.
La solidaridad y la caridad son por definición realizadas allí donde tiene vigencia el derecho de propiedad, puesto que entregar lo que no le pertenece a quien entrega no es en modo alguno una manifestación de caridad ni de solidaridad.
En sociedades abiertas el interés personal coincide con el interés general ya que éste quiere decir que cada uno puede perseguir sus intereses particulares siempre y cuando no se lesionen iguales derechos de terceros. En sociedades abiertas,  se protege el individualismo lo cual es equivalente a preservar las autonomías individuales y las relaciones entre las personas, precisamente lo que es bloqueado por las distintas variantes de socialismos que apuntan a sistemas alambrados y autárquicos.
Es que las fuerzas socialistas siempre significan el recurrir a la violencia institucionalizada para diseñar sociedades, a contramano de lo que prefiere la gente en libertad. De la idea original de contar con un  gobierno para garantizar derechos anteriores y superiores a su establecimiento se ha pasado a un Leviatán que atropella derechos en base a supuestas sabidurías de burócratas que no pueden resistir la tentación de fabricar el hombre nuevo en base a sus elucubraciones.
Desafortunadamente, no se trata solo de socialistas sino de los denominados conservadores que apuntan a gobernar sustentados en base a procedimientos del todo incompatibles con el respeto recíproco diseñados por estatistas que les han corrido el eje del debate y los acompleja encarar el fondo de los problemas al efecto de revertir aquellas políticas. No hace falta más que observar las propuestas de las llamadas oposiciones en diversos países para verificar lo infiltrada de estatismo que se encuentran las ideas. Se necesita un gran esfuerzo educativo para explicar las enormes ventajas de una sociedad abierta, no solo desde el punto de vista de la elemental consideración a la dignidad de las personas sino desde la perspectiva de su eficiencia para mejorar las condiciones de vida de todos, muy especialmente de los más necesitados.
Lo que antaño era democracia ha mutado en dictaduras electas en una carrera desenfrenada por ver quien le mete más la mano en el bolsillo al prójimo. Profesionales de la política que se enriquecen del poder y que compiten para la ejecución de sus planes siempre dirigidos a la imposición de medidas “para el bien de los demás”, falacia que ya fue nuevamente refutada por el Public Choice de James Buchanan y Gordon Tullock, entre otros. Por no prestar debida atención a estas refutaciones es que Fréderic Bastiat ha consignado que “el Estado es la ficción por la que todos pretenden vivir a expensas de todos los demás” (en “El Estado”, Journal des débats, septiembre 25, 1848). Es que cuando se dice que el aparato estatal debe hacer tal o cual cosa no se tiene en cuenta que es el vecino que lo hace por la fuerza ya que ningún gobernante sufraga esas actividades de su propio peculio.
Todas las manifestaciones culturales tan apreciadas en países que han superado lo puramente animal: libros, teatro, poesía, escultura, cine y música están vinculadas al espíritu de libertad y a las facilidades materiales. No tiene sentido declamar sobre “lo sublime” mientras se ataca la sociedad abierta, sea por parte de quien la juega de intelectual y luego pide jugosos aumentos en sus emolumentos o sea desde el púlpito de iglesias que despotrican contra el mercado y luego piden en la colecta y donaciones varias para adquirir lo que necesitan en el mercado.
En resumen,  la ética del liberalismo consiste en el respeto irrestricto por los proyectos de vida de otros, esto es, dejar en paz a la gente y no afectar su autoestima para que cada uno pueda seguir su camino asumiendo sus responsabilidades y no tener la petulancia de la omnisciencia aniquilando en el proceso el derecho, la libertad y la justicia con lo que se anula la posibilidad de progresar en cualquier sentido que fuere.
Alberto Benegas Lynch
lyp@libertadyprogreso.org
@liberyprogre.

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lunes, 31 de agosto de 2015

GABRIEL S. BORAGINA, EL SUEÑO DE NUESTROS DIRIGENTES, INGENIERÍA SOCIAL, LIBERALISMO, DESDE ARGENTINA

"Suele hablarse, hoy en día, de «ingeniería social». Ese concepto, al igual que el de dirigismo, es sinónimo de dictadura, de totalitaria tiranía. Pretende tal ideario operar con los seres humanos como el ingeniero manipula la materia prima con que tiende puentes, traza carreteras o construye máquinas. La voluntad del ingeniero social habría de suplanta r la libre volición de aquellas múltiples personas que piensa utilizar para edificar su utopía. La humanidad se dividiría en dos clases: el dictador omnipotente, de un lado, y, de otro, los tutelados, reducidos a la condición de simples engranajes. El ingeniero social, implantado su programa, no tendría, evidentemente, que molestarse intentando comprender la actuación ajena. Gozaría de plena libertad para manejar a las gentes como el técnico cuando manipula el hierro o la madera."[1]

Creo que puede decirse que lo descripto arriba es no solamente el sueño de nuestros actuales dirigentes, sino el de muchos quienes aspiran a convertirse en tales, y que en una medida muy importante, nuestras escuelas y universidades educan a las nuevas generaciones con esta idea como objetivo. 
Es el error -a nuestro juicio- de quienes hacen excesivo hincapié en la necesidad de contar con líderes y dirigentes capaces, en lugar de educar a la gente para que cada ciudadano o habitante se transforme en un líder y/o dirigente más capaz de dirigirse a sí mismo y no tan preocupado en ver cómo puede lograr controlar y regir la plana de sus semejares. Volvemos a hacer énfasis en la educación, porque es en esta instancia donde se forjan los ideales dirigistas que harán creer -en su hora- a quienes reciben, ya sea activa o pasivamente, tales doctrinas que el destino del mundo de los demás esta "por completo en sus manos". Sin embargo, los efectos prácticos del dirigismo suelen ser los que se señalan a continuación:
"Cierto es que, en la actualidad, al amparo de las situaciones creadas por el dirigismo, resúltales posible a muchos enriquecerse mediante el soborno y el cohecho. El intervencionismo ha logrado en numerosos lugares enervar de tal modo la soberanía del mercado, que le conviene más al hombre de negocios buscar el amparo de quienes detentan el poder público que dedicarse exclusivamente a satisfacer las necesidades de los consumidores ."[2]
Una situación que viene lamentablemente repitiéndose desde la lejana época en que estas palabras fueron escritas por vez primera hasta hoy. Como tantas veces hemos insistido, parece no percibirse en la actualidad que la corrupción -que tanto espacio ocupa en los medios periodísticos- es hija directa del intervencionismo estatal y no del capitalismo. Allí donde impera el primer sistema no puede subsistir el segundo, y esta es la situación del mundo actual, donde difícilmente puede prosperar quien quiera dedicarse a honestos negocios, porque -mas tarde o más temprano y en la medida de su éxito- caerá sobre él el gobierno para fiscalizar sus ganancias y tomar muy buena parte de ellas.
"Por Volkswirtschaft se entiende el complejo que forman todas las actividades económicas de una nación soberana, en tanto en cuanto el gobernante las dirige y controla. Es un socialismo practicado en el ámbito de las fronteras políticas de cada país."[3]
Esta es -ni más ni menos- la situación que vivimos en nuestros días en el ámbito mundial si bien con diferentes grados y variantes. No existe prácticamente actividad alguna en que el gobierno no participe de un modo o del otro, controlando o dirigiendo, y por sobre todas las cosas impidiendo y estorbando a la gente trabajadora a progresar.
"Mientras subsista, por pequeño que sea, un margen de libre actuación individual, mientras perviva cierta propiedad privada y haya intercambio de bienes y servicios entre las gentes, la Volkswirtschaft no puede aparecer. Como entidad real, sólo emergerá cuando la libre elección de los individuos sea sustituida por pleno dirigismo estatal."[4]
Como hemos dicho arriba, ese margen es cada vez más estrecho, ya que hasta en las actividades más domésticas el gobierno mete sus garfios para obtener ganancias derivadas de la actividad de los particulares. Inclusive la moderna tecnología ha permitido a los gobiernos inmiscuirse y controlar cada vez más y con mayor precisión a sus también cada vez más indefensos ciudadanos. Que ya poco de ciudadanos les queda, para haberse transformado directamente en reales súbditos del amo estatal. Muchos instrumentos el gobierno emplea para tal fin, pero algunos son más importantes que otros. Por ejemplo, el manejo de la moneda es crucial:
"Es indudable que la expansión crediticia constituye una de las cuestiones fundamentales que el dirigismo plantea."[5]
A través de la misma el gobierno consigue un control amplio de los mercados y –a su turno- de las rentas y de los patrimonios de sus súbditos, al tiempo que distorsiona todos los indicadores económicos, entre ellos el fundamental: los precios. Lo que tendrá como inexorable consecuencia malas inversiones y posteriores pérdidas que culminarán perjudicando a toda la sociedad en su conjunto.
"Los intervencionistas, así como los socialistas no marxistas, por su parte, tienen interés no menor en demostrar que la economía de mercado es, por sí sola, incapaz de eludir las reiteradas depresiones. Impórtales sobremanera impugnar la teoría monetaria, toda vez que el dirigismo dinerario y crediticio es el arma principal con que los gobernantes anticapitalistas cuentan para imponer la omnipotencia estatal"[6]
Se trata de tergiversar las verdaderas causas de los ciclos económicos y sus inevitables y luctuosas consecuencias. Origen de los mismos que no se halla en otro lugar que en el intervencionismo económico, fruto este último que nuestros burócratas dirigistas jamás reconocerán, ya que cuando su sistema irremediablemente fracasa siempre encuentran al mismo culpable: el inocente capitalismo.
[1] Ludwig von Mises, La acción humana, tratado de economía. Unión Editorial, S.A., cuarta edición. Pág. 184
[2] L. v. Mises, La acción humana ...ob. cit. pág. 476
[3] L. v. Mises, La acción humana ...ob. cit. pág. 489
[4] L. v. Mises La acción humana ...ob. cit. Pág. 493
[5] L. v. Mises La acción humana ...ob. cit. pág. 837
[6] L. v. Mises La acción humana ...ob. cit. Pág. 849

Gabriel Boragina
gabriel.boragina@gmail.com
@GBoragina

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sábado, 4 de julio de 2015

ARMANDO RIBAS, INFLACION, CAPITALISMO Y GLOBALIZACIÓN, LIBERALISMO, DESDE ARGENTINA,

Voy a insistir en un tema que considero de la mayor importancia para reconocer la problemática del mundo en que vivimos. Voy a comenzar con un problema económico, que es la relación del gasto público con la inflación. Pero no olvidemos al respecto que el gasto tiene un origen ideológico y político. Seguidamente me voy a ocupar de la razón de ser histórica y consecuentemente ideológica de la presente situación en el mundo.

    Como ya hemos visto según Friedman, la causa de la inflación es la expansión monetaria. Por esa razón sostiene que si el gasto se financia con impuestos o con crédito del público no genera inflación. Esa conclusión es válida en la medida que la definición de inflación sea un aumento permanente de los precios de los bienes y servicios. Pero como bien señala George Gilder el gasto público es parte del costo de producir. Por tanto cuando aumenta el gasto aumenta el costo de producción y consecuentemente el nivel de precios.
    El nivel del gasto afecta el comportamiento del sector privado. Decididamente cuando ronda ya el 50% del PBI, de hecho se está violando la propiedad privada, y la consecuencia es la caída en el nivel de inversión. Otro aspecto a tomar en cuenta es que el aumento del gasto asimismo determina un incremento en la corrupción. Ello significa un gasto menos eficiente y consecuentemente un costo mayor al proceso productivo.
    Una vez que la inflación se desata se crea la problemática de la política cambiaria. Ya en Argentina al respecto tenemos una experiencia repetitiva. Se ha intentado una y otra vez detener la inflación controlando el tipo de cambio. La inflación entonces produce una alteración en los precios relativos de los bienes transables y no transables. Mientras más aumentan los no transables más disminuye la competitividad y consecuentemente caen las exportaciones y tienden a aumentar las importaciones. Tal es lo que está ocurriendo hoy en Argentina a pesar de las ventajas comparativas que determinó el aumento de los precios de los commodities.
    Creo que de las anteriores experiencias y el actual comportamiento político en el mundo se nota cada vez más la confusión existente que trasciende el ámbito económico. Esa confusión tal como la previera Nietszche es que socialismo y democracia son sinónimos. Hoy el llanto por los pobres es la fuente del poder político en nombre del pueblo, y la razón de ser del aumento del gasto público para hacerse rico desde el estado. Por ello hoy tenemos que los países democráticos no crecen económicamente y la China crece solo un 7%. Se ha olvidado que la esencia del sistema que transformó al mundo que se inició en Estados Unidos fue que las mayorías no tenían derecho a  violar los derechos de las minorías.
    No obstante esa evidente realidad histórica en un reciente artículo en Foreign Affaire “What Caused Capitalism” Jeremy Adelman cita a uno y otro historiador europeo quienes explican que el capitalismo se inició en Europa, y por supuesto ignora a Estados Unidos como precursor de ese proceso que cambió la historia del mundo. Aun cuando se refiere a Inglaterra habla de la Revolución Industrial y así igualmente ignora que ella no se hubiese producido sin que la precediera la Glorious Revolution, que marcó el inicio de la limitación del poder político y el respeto por los derechos individuales.
    Considerar a Europa el origen de la libertad en el mundo es otra falacia de la llamada civilización Occidental y Cristiana. Pero la realidad es que para intentar saber lo que ocurre en el mundo musulmán, tal como lo sostiene John M. Owen en un artículo del Foreign Affairs “De Calvino al Califato”, es necesario conocer la historia de Europa por siglos. El problema islamista es no haber podido separar la religión de la política, y por tanto como escribiera Montesquieu en sus Cartas Persas “los cristianos son los que más se matan entre ellos”.
    La Globalización indudablemente, es el producto de las comunicaciones. Por ello habría desaparecido la idea del imperialismo y la guerra como forma de enriquecimiento de las naciones a costa de sus vecinos. La lucha política es interna y el llamado antiimperialismo no es más que una excusa para justificar el poder absoluto interno. Así  cada vez más en el llamado Occidente, tal como dijimos anteriormente, triunfa democráticamente el socialismo y la consecuente crisis creada por la falacia de la igualdad que determina el aumento del gasto público. Y ahí reside la crisis con y sin inflación. Y recordemos que el sistema no es económico sino ético, político y jurídico. Donde no se respeta el derecho de propiedad no hay creación de riqueza, sino malversación de la existente.
   
Armando Ribas
aribas@fibertel.com.ar
@aribas3    


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jueves, 30 de abril de 2015

GABRIEL S. BORAGINA, LIBERALISMO, "MANO INVISIBLE" Y MERCADOS "IMPERFECTOS"

Muchos antiliberales siguen pensando que el liberalismo cree como existente la famosa “mano invisible” de Adam Smith. Ignoran que el liberalismo no cree en la existencia de la célebre “mano invisible”, que no fue más que una metáfora del profesor escoces (quizás no expresada de manera afortunada) de cómo las personas persiguiendo sus propios intereses mejoran la condición de sus semejantes sin proponérselo siquiera, e inclusive, aun en contra de dicha intención. Pero la metáfora de la “mano invisible” fue sólo eso: una metáfora. La “mano invisible” no fue ni es una mano "real" sólo que no visible. 

Sin embargo, en 1871 en Viena nace la Escuela Austriaca de Economía con Carl Menger a la cabeza, que explica un liberalismo SIN “mano invisible” o, mejor expresado, donde la “mano invisible” se vuelve visible, materializándose en la acción de millones de personas, como lo ha explicado Ludwig von Mises. Es el liberalismo del que hablo.

Esos mismos antiliberales están tan confundidos, que hasta llegan a afirmar que esa fantasmal “mano invisible” impone desocupación a través del establecimiento de salarios mínimos.

Los salarios mínimos son de factura de los gobiernos, no de los mercados. El mercado genera salarios de mercado. No salarios mínimos. Estos siempre son obra de políticos, no de los mercados. Y mientras los salarios mínimos políticos generan desempleo, los salarios de mercado crean empleo. En suma, la única manera de construir empleo es a través de la libertad salarial, que es de donde surgen los salarios de mercado.

Es verdad que no existe un liberalismo "puro". ¡Ese es precisamente el problema! Y justamente por ausencia de un liberalismo puro es que tenemos las crisis económicas. También es cierto cuando afirman que conseguir un liberalismo puro es muy difícil, por no decir imposible. Pero desde el momento en que sabemos que si tuviéramos un liberalismo puro las crisis desaparecerían por completo, nuestros esfuerzos deberían concentrarse en tratar de conseguir la mayor aproximación posible hacia un liberalismo puro. La tendencia debería ser -en este caso- tratar de orientar todas nuestras energías en obtener el liberalismo más puro posible, aun cuando seamos conscientes que siempre van estar operando las fuerzas antiliberales, que harán que el objetivo de un liberalismo puro sea bastante difícil de lograr. Nuevamente, y como en otros casos, tomar conciencia de lo difícil o imposible que sería llegar a un liberalismo puro debería ser un aliciente para aproximarnos lo máximo posible a él, y no elegir el camino contrario, el del antiliberalismo.

En cuanto a que los mercados son “imperfectos”, no conozco a nadie que lo niegue, pero a este respecto son aplicables las mismas consideraciones que hemos hecho en el punto anterior en relación al liberalismo puro. Los mercados no van a ser “más perfectos” porque el gobierno los regule y controle, salvo que se piense que los gobiernos son "perfectos" cosa en la que yo en modo alguno creo. La experiencia histórica y cotidiana se han encargado de probar que los gobiernos son mucho más imperfectos que los mercados ¿cómo se espera que un ente imperfecto como es un gobierno pueda hacer “más perfectos” a los mercados, o fuera el mismo gobierno "más perfecto" que el mercado? Lo imperfecto no hace perfecto a nada ni a nadie. Sería un contrasentido afirmar lo contrario. Es imposible tal cosa.

Pero, simultáneamente, pensar o sugerir que los gobiernos puedan ser o actuar de manera “más perfecta” que los mercados es, además de empírica y teóricamente falso, un argumento antidemocrático. Presumamos que en un país tenemos los partidos políticos A, B, C, y D. Sigamos conjeturando que en el gobierno está -al momento- el partido B, que se cree “más perfecto” que el mercado (ya sea que se imagine a si mismo de esa manera, o así los supongan sus adeptos). Bajo esta hipótesis, ese partido no debería abandonar nunca el poder, porque no puede admitirse que los demás partidos también se consideraren “más perfectos” que el mercado. Si ya habría uno que "lo sería", y -para "mejor"- ya está en la cima del poder ¿por qué cambiarlo? Y si a los mercados se los reputan tan “malos” o tan “imperfectos”, el trillado estribillo antiliberal que los gobiernos son “más perfectos” (o, lo que es lo mismo, “menos imperfectos”) que los mercados sería suficiente para justificar cualquier tiranía. Ya que si el gobierno cambiara de partido en el poder, se correría el “riesgo” de que accediera al Ejecutivo algún otro partido “menos perfecto” que el mercado y que B, con el consiguiente “peligro” de que -en este caso- el mercado empiece a hacer todas las “maldades” que los antiliberales le atribuyen continuamente.

Ya hace tiempo que sostengo que las crisis económicas las originan los gobiernos, no el mercado, ni el capitalismo. Se han dado muchísimas pruebas de ello, pero entre las más importantes recordemos que el sistema económico capitalista no está vigente en el mundo de nuestros días desde hace varias décadas. En su lugar, el sistema económico mundial es el estatista, no el capitalista. Esto es muy fácil de comprobar. Si el sistema fuera capitalista, todas las firmas y empresas del mundo serian privadas, no reguladas ni restringidas por ningún tipo de legislación, todo el mundo pagaría impuestos mínimos, no existiría desempleo, el producto bruto interno no pararía de crecer, los bienes y servicios serían más abundantes, mientras los precios bajarían, los salarios aumentarían, etc. Este sería el escenario más parecido a un mundo capitalista. Sin embargo, todos sabemos que esto no es lo que está sucediendo en el mundo de nuestros días. Más bien ocurre todo lo contrario.

Los antiliberales usan como sinónimos las palabras “liberalismo” y “neoliberalismo”. Pero en realidad, ambas palabras no significan lo mismo. Esto se revela cuando se le pide al antiliberal que describa lo que según él es el “neoliberalismo”. Entonces, citan como ejemplo países con monopolios, oligopolios, impuestos altos, salarios bajos, desempleo, elevado gasto público, inflación, etc. No obstante, todas estas cosas no son fruto del liberalismo, sino de su contrario del antiliberalismo. Y es –curiosamente- al antiliberalismo al que se le llama “neoliberalismo”, con lo cual la confusión que tienen los antiliberales es mayor todavía, porque no se reconocen como culpables de las políticas que propician, ni de los resultados que ellas producen, que no son más que los nombrados antes en parte.

Gabriel Boragina
gabriel.boragina@gmail.com
@GBoragina

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domingo, 22 de marzo de 2015

ARTURO MOLINA, HABLEMOS CLARO, EL AGUIJÓN

El nerviosismo alcanza al régimen; las elecciones parlamentarias están a la vuelta de la esquina, ya asoma su nariz, sean en septiembre o diciembre, es una actividad sin retorno. Prevalecerá el ejercicio democrático y ganará Venezuela, si así lo disponen los factores democráticos, con inteligencia y desprendimiento.

Lo que está en juego es ganar la mayoría absoluta de la Asamblea Nacional, y eso es posible si se juega a la inclusión con reglas claras. La aspiración de hacer elecciones de primer grado (elecciones de base) en el seno de las oposiciones, es precisamente para lograr la participación ciudadana, quienes mediante el voto libre y espontaneo, elegirían a sus representantes. Los consensos de cúpulas no ayudan a esa motivación, por el contrario alejan a la gente y generan apatía y desconfianza, traduciéndose está en abstención.

El esfuerzo de elecciones de base contribuiría al fortalecimiento de los partidos políticos, y no cómo algunos hacen ver vía medios de comunicación,  que son para agredir a los partidos. Los partidos son importantes para el sistema de libertades, y deberían postular en los circuitos de mayor dificultad a sus secretarios generales o a los dirigentes de sus organizaciones que consideran pesos pesados, para arrebatarles esos espacios a los rojos. Allí se evidencia el liderazgo y el desprendimiento. Es muy fácil postular candidatos amarrados dónde existe lomito y tirar a sacrificio a otros dónde los apoyos son escasos.

La escasez general sigue incrementándose; la inseguridad desespera; la corrupción es desenfrenada; la inflación asfixia; el precio del dólar SIMADI galopa y ni hablar del paralelo, que es explosivo; los impuestos se aumentan a escondidas de la población; la pobreza es bestial; las cadenas para decir pamplinadas invaden los hogares a cada momento; son las cadenas de la amenaza, el descredito, intolerancia e inmadurez. Pero no falta el laboratorio para distraer, y el régimen se agarra de cualquier cosa para intentar crear escándalo y ver si gana afectos.

Cualquier excusa es buena para evitar la catástrofe que tienen encima; patalean para que funcionarios violadores de los Derechos Humanos no sean castigados, cómo tampoco mueven un dedo para investigar las multimillonarias sumas de dinero en dólares que tienen depositados en el exterior los amigos del régimen, menos para revisar fondos del país “guardados” sin sus respectivas indicaciones en la banca suiza.

Apelan al nacionalismo, pero escurren el bulto para asumir que entregaron notarias, puertos, aeropuertos, registros, oficinas de identificación y Fuerzas Armadas al control de gobiernos extranjeros, al igual que hicieron con el esequibo venezolano, al guardar silencio y permitir la explotación del territorio en reclamación por parte de Guyana, y ahora pretenden dar saltos como las ranas, para esconder la traición a la patria.

La reflexión sobre esos eventos debe privar por encima de intereses particulares. Atacar a los proponentes de las elecciones de base en el seno de las oposiciones, con argumentos pendejos como “los que no quieren consensos son militaristas” es dar muestras de intolerancia y ausencia de formación política; más aún, demuestran con creces que dicen cosas por repetirlas como los loros, o para cumplir el mandado, acrecentando las dudas que abundan sobre decisiones absurdas.

La elección de la Asamblea Nacional es trascendental para promover los cambios requeridos por los ciudadanos. Aupar elecciones de segundo grado y pretender promover con pautas publicitarias la unidad, es jugar con la inteligencia de los seres humanos, a menos que su propósito sea el dividir y luego culpar a otros. Hablemos claro.

Josue Arturo Molina Suarez
jarturomolina@gmail.com
@jarturoms1

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GERMÁN GIL RICO, LA PATRIA CUELGA EN PICO E’ ZAMURO

“Sólo con el presidente Nicolás Maduro este pueblo tendrá paz. Que lo sepa la derecha: o hay patria para todos, o no hay patria para nadie”. Fueron  palabras del Gobernador del Estado Aragua, Tareck El Aisami, en acto público realizado en Turmero con ocasión de hacer entrega a 32 familias de unidades de vivienda social. Logro inmarcesible de su gestión.

Como la patria, además de la localización territorial, está en la mente y es la imaginación de la sociedad idílica lo que nos invita a materializarla, podría conceptualizarse como una entelequia. Siendo así, sería menester colocar en la cabeza del señor El Aisami un “imaginómetro” para enterarnos de cuál es su concepto de patria y en qué espacio geográfico se ubica. Como es bien sabido, los comunistas de todo pelaje, a falta de la madrecita Rusia, una vez derrumbada la URSS anclan su patria en el primer país aplastado por el “catecismo” marxista-leninista con bota militar mediante.
En Cumaná está la piedra fundacional de la patria venezolana. Allí hace 5 siglos, vale precisar el 27-11-1515, un grupo de religiosos franciscanos y dominicos intentó evangelizar a los aborígenes sin participación militar. Construyeron un convento que los cumanagotos destruyeron el 03-10-1920 y asesinaron a los misioneros. Así, con la sangre europea y amerindia, fue amasado el barro para el adobe usado en la  construcción del país. 
La patria, seguramente imaginada por los misioneros, superando un largo proceso signado por la conflictividad socioeconómica y política, origen de interminables guerras intestinas, logró la estabilidad indispensable para aventurarse por la senda que conduce al desarrollo. Alcanzó importantes metas en la superación de la pobreza y mejoramiento de la calidad de vida de los venezolanos. Ingresó en el club de países en vías de desarrollo con crecimiento armónico sostenido.
Esa patria imaginada comenzó a desmoronarse en 1999 cuando el castrocomunismo, representado por Hugo Chávez Fría, capturó el poder. Cabalgó hasta Miraflores a lomo de representantes de poderosos grupos económicos, secundados por godos de la intelectualidad dedicados a magnificar fallas y omisiones de los gobiernos sin aportar soluciones. El propósito era desbancar la República Civil, utilizando el fervor popular despertado por un militar felón, confiando en que podrían manipularlo para hacer valer particulares intereses. Pero “la criada le salió respondona” y, a poco andar, el finado los echó de los predios gubernamentales.
Se valió la democracia tumultuaria para demoler el sistema, comenzando por los valores morales. Declaró inimputables  a quienes robaran para dar de comer a sus hijos. Desató el hampa, previamente armada y comenzó a crecer el número de cadáveres en las morgues. La cosecha de 2014 superó los 20 mil. Arremetió contra la educación y  su proyecto pudo ser frenado a medias. Hoy, mediante subterfugios violadores de la constitución, el veneno comunista está siendo inoculado a los niños de primaria. La emprendió en contra de toda empresa privada en plena producción para que el desabastecimiento alimentara el bachaqueo. La inflación llegó para quedarse. Cerró fuentes de empleo digno y llenó las calles de buhoneros. En suma, dinamitó la ruta hacia el estado de bienestar que, sorteando baches, era previsible alcanzar en corto plazo.
Y aquí estamos, víctimas del modelo de patria nueva inventada por la troica soviética: Lenin, Trotski y Stalin, atornillada en Cuba. La patria venezolana soñada por los franciscanos y dominicos, cuelga en pico e´ zamuro. Languidece viendo que sus hijos en edad escolar son abusados al involucrarlos en un conflicto internacional, haciéndolos firmar proclamas que no pueden comprender. Y está mortalmente herida al sentirse controlada, violada y pisoteada por los  esbirros de los hermanos Castro a quienes, fementidos patriotas como el señor Tareck El Aisami, están entregando a cuenta gota.
German Gil Rico
gergilrico@yahoo.com
@gergilrico

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lunes, 12 de enero de 2015

RICARDO VALENZUELA, ¿QUIÉN ENTIENDE LA ECONOMÍA? PRIMERA PARTE

RICARDO VALENZUELA,
El gran economista, Murray Roothbard, dedicaba mucho tiempo y esfuerzo en su cruzada para, conscientes de la ignorancia general de la gente en aspectos económicos, lo cual genera aún más confusión de la ya reinante. El proponía iniciar programas de educación puesto que, desgraciadamente, según él, aun entendiendo el motivo de su ignorancia, el peligro estriba en que, la gente permaneciendo analfabeta en esos temas, se da a expresar vocifere antes opiniones causando aún más confusión.

Si a esto le sumamos los nuevos conceptos de la economía financiera que nos hablan de swaps, futuros, administración del riesgo, tomas hostiles de empresas y hasta de finanzas nucleares; La ignorancia crece. La mayoría no nos damos cuenta, pero vivimos inmersos en dos realidades distintas a la vez. Nuestro cuerpo vive en el mundo real intangible sometido a las leyes de la naturaleza, mientras nuestra mente permanece inmersa en las ficciones abstractas con la que ha sido programada, hasta el punto de crear una realidad paralela dominada por un conjunto de leyes y lógicas imaginarias.
Un ejemplo paradigmático de ello y que ya hemos mencionado varias veces por resultar un ejemplo visual y didáctico, es el del propio dinero. Un billete solo es un trozo de papel.
Si ese papel adquiere un determinado valor de intercambio y se le considerado “dinero”, es porque nosotros, por convención social, lo hemos decidido así. Al realizar esa maniobra de abstracción, creamos, de la nada, una realidad multiplicada que superponemos sobre la realidad física. En el mundo real y tangible, el billete solo es y siempre será, un trozo de papel con bonitos dibujos y gráficos. Sin embargo, en la realidad paralela de ficción que programa nuestras mentes, ese billete es considerado “dinero” y en muchos casos llegaremos a matar por conseguirlo.
Más allá del típico ejemplo del billete, lo cierto es que la economía en su totalidad se ha convertido en el ejemplo más evidente de cómo nuestras creaciones abstractas, vacías de valor real, se han apoderado de nuestra mente y han sometido por completo nuestras vidas.
En la economía actual, los grandes negocios no están basados en la producción o la fabricación de productos o servicios reales y tangibles, sino en la especulación dominada por el mundo financiero, el sector de la economía que precisamente no produce nada tangible ni útil como son los fondos especulativos estilo George Soros.
El entorno financiero es un mundo de fantasía donde se crean productos imaginarios derivados de otros productos imaginarios y gobernados por complejas leyes abstractas, que permiten ganar indecentes cantidades de “dinero”, mediante otro ente imaginario cuyo valor solo reside en nuestra mente.
Como vemos, la economía actual representa el máximo exponente del onanismo abstracto en el que vivimos sumergidos los seres humanos.
Imaginemos a un ganadero que tiene vacas productoras de leche. Esa leche tiene un valor real y un valor abstracto asociados. Su valor real reside en su riqueza nutritiva, en el alimento que representa y en los beneficios físicos que nos aporta. Su valor abstracto reside en el significado monetario que damos a cada litro de leche, algo que solo existe dentro de nuestro psique.
Pues bien, en el mundo actual, el mayor volumen de ganancias económicas relativo a esa leche se encuentra en los valores abstractos derivados del valor monetario de esa leche. Una vaca produce un litro de leche que es vendido a una empresa de productos lácteos, que a su vez forma parte de un conglomerado económico en el campo de la alimentación. Esa gran compañía cotiza en bolsa y el valor de sus acciones fluctúa diariamente; una vez en bolsa, las grandes entidades financieras realizan apuestas sobre el valor futuro de las acciones de esa empresa, comprando y vendiendo esas estimaciones de valor futuro, que a su vez están sometidas a las fluctuaciones de los tipos de interés sobre cuyo valor futuro se producen nuevas apuestas y estimaciones que son compradas y vendidas, etc., etc., etc.…
Así funciona básicamente el mundo de los derivados financieros.
Eso significa que un ganadero gana unos míseros céntimos de dólar por un litro de su alimenticia y nutritiva leche, pero los derivados de ese producto real y tangible, generan miles de millones de dólares basados en abstracciones sin valor que solo existen en la mente de los especuladores. Una realidad virtual que acaba afectando gravemente el funcionamiento del mundo real, pues puede terminar arruinando al ganadero con un simple clic de ratón o con un mero baile de dígitos en una pantalla de computadora.
Un mundo ficticio donde algunas personas ganan ingentes cantidades de dinero sin hacer nada útil ni productivo y a las que, sin embargo, la sociedad considera unas triunfadoras. Personas y entidades estériles que acumulan ganancias literalmente comprándose y vendiéndose dígitos en una pantalla, ceros y unos que solo existen en el frío vientre de una computadora.
Esto es la economía actual: una enorme orgía de valores abstractos y convenciones imaginarias que solo existen en nuestras mentes; el fruto lógico de la esclavitud a la que nos han sometido nuestras propias creaciones psíquicas.
Algo que no debería ser así y que por más vueltas que le demos, no tiene ningún sentido, por más bibliotecas que podamos llenar explicando cómo funciona todo este complejo sistema y por más que nos empeñemos en llamarlo “ciencia económica o ingeniería financiera”.
Porque al fin y al cabo, un ganadero produce leche, que es algo real y tangible. La leche y sus derivados alimentan a las personas, que son seres reales y tangibles. Incluso el estiércol de las vacas sirve para producir abono, que es algo útil, real y tangible. Y el abono sirve para producir  vegetales, cosas reales y tangibles, que sirven de alimento tanto a personas como a las propias vacas productoras de carne, leche y estiércol.
Y arribando a este punto debemos preguntarnos: ¿cómo puede ser que en nuestro mundo tenga menos valor el estiércol de una vaca que una “opción de compra de futuros”, cuando el estiércol tiene hondas implicaciones en nuestra supervivencia, mientras que la “opción de compra de futuros” es un simple invento abstracto que no nos aporta nada tangible?
Quizás ha llegado la hora de llamar a las cosas por su nombre: la caca de vaca tiene más valor y utilidad que todo el mundo financiero en su conjunto.
Ricardo Valenzuela
chero@gmx.com
chero@refugioliberal.net
@elchero

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jueves, 20 de noviembre de 2014

GABRIEL S. BORAGINA, PLANIFICACIÓN, DEMOCRACIA Y MORAL

GABRIEL S. BORAGINA
"Aunque para la mayor parte de los socialistas sólo una especie del colectivismo representará el verdadero socialismo, debe tenerse siempre presente que éste es una especie de aquél, y que, por consiguiente, todo lo que es cierto del colectivismo como tal, debe aplicarse también al socialismo. Casi todas las cuestiones que se discuten entre socialistas y liberales atañen a los métodos comunes a todas las formas del colectivismo y no a los fines particulares a los que desean aplicarlos los socialistas; y todos los resultados que nos ocuparán en este libro proceden de los métodos del colectivismo con independencia de los fines a los que se aplican. Tampoco debe olvidarse que el socialismo no es sólo la especie más importante, con mucho, del colectivismo o la «planificación» sino lo que ha convencido a las gentes de mentalidad liberal para someterse otra vez a aquella reglamentación de la vida económica que habían derribado porque, en palabras de Adam Smith, ponía a los gobiernos en tal posición que, «para sostenerse, se veían obligados a ser opresores y tiránicos»'.[1]

F. A. v. Hayek advertía de este modo –a comienzos de la década del cuarenta del siglo pasado- la manera en que "las gentes de mentalidad liberal" habían aceptado los postulados básicos del socialismo, en particular el de la planificación económica, abriendo paso nuevamente a las tendencias hacia la opresión gubernamental y la tiranía de todo tipo que se encontraban en pleno auge en los días en los que F. A. v. Hayek redacta su obra (citada al pie) y que en fechas posteriores continuó vigente, si bien bajo formas y maneras algo más pacificas en el resto del mundo hasta nuestro tiempo, pero conservando la esencia totalitaria que -al fin de cuentas- conlleva todo intento de planificación económica.

Es importante destacar que por "planificación" no ha de entenderse solamente el sentido restringido de la expresión, y por el mismo suponerse que quien gobierna ha de tener algún plan específico en particular a aplicar. Más bien, la alocución "planificación económica" habrá de pensarse como la posición filosófico-política que acepta que toda actividad humana ha de ser controlada y dirigida por el gobierno, sin importar demasiado en qué sentido se irá a orientar dicha planificación. El término habilita preferentemente la idea de que se excluye la planificación privada, y que sólo se permitirá y tolerará la estatal. Lo que está implicado en este asunto es -en esencia- una cuestión moral:

"De la misma manera que el gobernante democrático que se dispone a planificar la Vida económica tendrá pronto que enfrentarse con la alternativa de asumir poderes dictatoriales o abandonar sus planes, así el dictador totalitario pronto tendrá que elegir entre prescindir de la moral ordinaria o fracasar. Ésta es la razón de que los faltos de escrúpulos y los aventureros tengan más probabilidades de éxito en una sociedad que tiende hacia el totalitarismo. Quien no vea esto no ha advertido aún toda la anchura de la sima que separa al totalitarismo de un régimen liberal, la tremenda diferencia entre la atmósfera moral que domina bajo el colectivismo y la naturaleza esencialmente individualista de la civilización occidental."[2]

Estas proféticas palabras de F. A. v. Hayek parecen haberse plasmado en la realidad histórica posterior hasta nuestros días. Raramente los gobernantes mal llamados "democráticos" han renunciado a dejar de lado sus planes y, por sobre todo, su vocación planificadora. Por el contrario, han tendido a creer que toda la cuestión se reducía a elegir y seleccionar cual debería ser "el mejor plan", el que daban por sentado sólo podía provenir de mentes burocráticas y no de ninguna otra parte. Así, en este derrotero que se ha seguido hasta hoy, la mayor parte de las "democracias" mundiales han devenido en verdaderas dictaduras, dando lugar a numerosas variantes, entre las cuales se encuentran los populismos que, en fechas recientes han proliferado, sobre todo en Latinoamérica, como en la Argentina con los Kirchner, Morales en Bolivia, Correa en Ecuador y el comunismo castrochavista venezolano, regímenes todos que -en diferentes grados y medidas- han pretendido emular al totalitarismo cubano-castrista.

A su turno, aquí reside la explicación del porque todas aquellas mal llamadas democracias han derivado finalmente en regímenes inmorales como los mencionados anteriormente. Necesariamente toda "democracia" que se inspire en principios colectivistas siempre tendrá un destino de inmoralidad. Habrá que apuntar que lamentablemente "la naturaleza esencialmente individualista de la civilización occidental" certeramente señalada por F. A. v. Hayek, se ha ido perdiendo con el trascurrir del tiempo.

"Las «bases morales del colectivismo» se han discutido mucho en el pasado, naturalmente; pero lo que nos importa aquí no son sus bases, sino sus resultados morales. Las discusiones corrientes sobre los aspectos éticos del colectivismo, o bien se refieren a si el colectivismo es reclamado por las convicciones morales del presente, o bien analizan qué convicciones morales se requerirían para que el colectivismo produjese los resultados esperados. Nuestra cuestión, empero, estriba en saber qué criterios morales producirá una organización colectivista de la sociedad, o qué criterios imperarán probablemente en ella. La interacción de moral social e instituciones puede muy bien tener por efecto que la ética producida por el colectivismo sea por completo diferente de los ideales morales que condujeron a reclamar un sistema colectivista. Aunque estemos dispuestos a pensar que, cuando la aspiración a un sistema colectivista surge de elevados motivos morales, este sistema tiene que ser la cuna de las más altas virtudes, la verdad es que no hay razón para que un sistema realce necesariamente aquellas cualidades que sirven al propósito para el que fue creado. Los criterios morales dominantes dependerán, en parte, de las características que conducirán a los individuos al éxito en un sistema colectivista o totalitario, y en parte, de las exigencias de la máquina totalitaria."[3]

F. A. v. Hayek aquí nos explica que no importan las intenciones morales colectivistas, lo que realmente cuentan son sus resultados. Y estos resultados en nuestras democracias colectivistas siempre han sido de los peores.

[1] Friedrich A. von Hayek, Camino de servidumbre. Alianza Editorial. España. pág. 64
[2] Hayek...ob. cit. Pág. 174
[3] Hayek...ob. cit. Pág. 175

Gabriel Boragina
gabriel.boragina@gmail.com
@GBoragina


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martes, 1 de octubre de 2013

ALEJANDRO POLI GONZALVO, ARGENTINA: LA VIGENCIA DEL LIBERALISMO


En tiempos turbulentos en que el kirchnerismo ha basado buena parte de su estrategia política en difundir la existencia de un “relato” poco veraz y anacrónico y en que los procesos electorales se reducen a campañas de marketing con foco en la imagen de los candidatos, urge dar el debate ideológico. La confusión de ideas que ha imperado en la Argentina ha sido la fuente primordial de nuestro retroceso como nación. 

De mala o de buena fe, se cuestionan conceptos básicos que en las naciones desarrolladas no se discuten más. Un ejemplo mayor de esta confusión es la crítica de barricada contra el liberalismo. A fin de evitar que se siga llamando liberalismo a cualquier cosa y que se sacrifique una vez más el futuro del país en el altar de la fraseología neopopulista, conviene precisar su auténtico sentido histórico.
El liberalismo nació como respuesta política a toda forma de intolerancia y fue la mejor solución conocida para equilibrar el conflicto entre individuo y sociedad. En materia de derechos humanos se basó en los principios de inviolabilidad y autonomía de las personas y tuvo la honestidad moral de reconocer el egoísmo del hombre y crear instituciones para ponerle límites al poder y encauzar sus energías y ambiciones. Permitió resolver, con resultados espectaculares, la cooperación entre los hombres, respetando su libertad personal y política, y generó la mayor cantidad de riqueza de bienes y servicios que conociera la humanidad. El advenimiento de la sociedad liberal significó que por vez primera en la historia un ideal utópico se encarnara en la vida de millones de personas: libertad política, neutralidad moral y riqueza material. Vivimos y soñamos gracias a esos tres extraordinarios principios liberales, pero de tanto contar con ellos hemos perdido la capacidad de apreciarlos en su justa dimensión.
Para quienes ubican al liberalismo en posiciones políticas de derecha, estereotipadas por un mal uso de los conceptos, se debe recordar que nació como doctrina política opuesta a todos los absolutismos. El advenimiento de la sociedad liberal moderna ha sido un proceso gradual iniciado en el siglo XVII. Es sinónimo de respeto a la ley y a la propiedad, de libertad e igualdad política, de división de poderes y de justicia independiente, de defensa de los derechos del hombre y de las minorías, de tolerancia moral y religiosa, de educación y movilidad social, de una inteligente inserción en el mundo globalizado, de investigación científica, de diversidad.
En su proceso de evolución, el liberalismo debió ampliar sus horizontes conceptuales para dar respuesta al problema de la representación política planteado por las grandes revoluciones del siglo XVIII. De allí que la reflexión sobre el liberalismo deviniera en una extendida discusión sobre la democracia. Como refrenda C. B. Macpherson en Life and Times of Liberal Democracy , la democracia liberal nace en el siglo XIX y asume formas políticas que conducen progresivamente al sufragio universal y a la Sociedad Abierta contemporánea. Es el punto de partida del liberalismo democrático. Que en el siglo XX tuvo la virtud y el valor de perseverar en defensa de la libertad política y de los derechos humanos y derrotar a los cruentos totalitarismos que ensangrentaron de racismo, purgas y genocidios vastas zonas del planeta. Y que también durante la centuria pasada se perfeccionó y permitió en el primer mundo la consolidación del Estado de Bienestar, garante de sistemas de educación, salud, seguro de desempleo y seguridad social para todos los ciudadanos.
Hacia dónde evolucionará el liberalismo democrático en el siglo XXI es motivo de estudio en las teorías de justicia más innovadoras, pero todas ellas construyen sus nuevos ideales de equidad a partir de los sólidos cimientos de la sociedad liberal. El liberalismo occidental también es sinónimo de capitalismo basado en la competencia y la innovación, del desarrollo del mercado de capitales y de sistemas financieros que canalizan el ahorro popular hacia fuentes de producción y empleo, de inversiones que buscan rentabilidad para asegurar flujos futuros, del comercio entre los pueblos y de la existencia de un Estado recaudador que proporciona actividades solidarias que el mercado no puede ofrecer.
Esta cosmovisión liberal fue la que tuvieron presente los pensadores argentinos de la primera mitad del siglo XIX y de cuya obra surgió la corriente de ideas que se reflejó en la admirable Constitución de 1853. En la Argentina nunca han tenido vigencia plena los principios e instituciones del liberalismo democrático. En la época dorada del progreso, que tuvo su punto más alto en el Centenario, porque no se cumplían los preceptos democráticos de la Constitución. Más tarde, porque la democracia seguía sin consolidarse y la economía caía en la demagogia insustentable del populismo. Aún si se toma el período iniciado en 1983, el ideario liberal apenas fue aplicado.
Por comparación con los principios y valores que hicieron grande a la Argentina, hoy ser peronista, radical o socialista es una forma de conservadurismo, entendido éste como la aceptación del statu quo que nos ha conducido a décadas de crisis recurrentes. Nada nuevo puede provenir de movimientos como el panperonismo o el panradicalismo, que no están a la altura de los desafíos del siglo XXI.
Ante la inminencia del proceso electoral que se inicia en unas semanas, la nación demanda un partido político -no un frente, una alianza o un conglomerado circunstancial de políticos- que supere la obsolescencia ideológica de peronistas, radicales, conservadores, socialistas y neoliberales. De este modo, los ciudadanos tendremos la opción de votar por todo aquello que ha hecho grande a Occidente.
Fuente: La Nación (Argentina)
http://www.lanacion.com.ar/1622265-la-vigencia-del-liberalismo

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miércoles, 18 de septiembre de 2013

NELSON MAICA C., PUEBLO VICTIMA DEL GOBIERNO 1, POLITICA

1.      Nota 1. Veamos: Herbert Spencer, 1820-1903, ingles, positivista, ingeniero civil. Sostenía que la evolución natural es la clave de toda la realidad; los organismos biológicos evolucionan adquiriendo nuevos rasgos por adaptación al medio ambiente que se hacen hereditarios.
2.      La evolución natural conlleva a la supervivencia del más fuerte; pero es preciso que los demás ayuden a los más débiles.
3.      Apoyaba la caridad voluntaria; pero no con los impuestos.
4.      Según él, la sociedad evoluciona hacia formas más complejas de acuerdo con la sobrevivencia del más fuerte, tanto a nivel individual como a sociedades.
5.      Se opuso a toda manifestación de socialismos porque viola el principio de “igual libertad”.
6.      Una voz contra la excesiva, en su opinión, reglamentación por las ramas del estado y en particular por la rama legislativa.
7.      Reacción frente a la avalancha de ordenamiento social que el legislativo genera, supuestamente, empujado por la propia dinámica social y por la politiquería de los legisladores.
8.      Es posible que la dinámica social requiera de cierta legislación; pero la politiquería de los legisladores, tal vez pase, también, por querer o desear, erróneamente, que la sociedad puede moldearse a su voluntad.
9.      Lo equitativo seria que el órgano legislativo se concrete a garantizar el mantenimiento mínimo de criterios de igualdad capaces de impedir que los grupos sociales fuertes se impongan y/o se aprovechen de los grupos más débiles.
10. H Spencer es partidario de la supervivencia de los más fuertes, de los más aptos.
11. No ve con buenos ojos que reglamentos y leyes protejan en demasía a los grupos sociales vulnerables.
12. Para H Spencer la gran superstición política del pasado fue el derecho divino de los reyes y, del presente, el derecho divino de los parlamentos.
13. ¿Qué ha pasado? La sociedad civil no ha tomado debida nota y precauciones; en consecuencia, la libertad del individuo viene cediendo, está disminuyendo más y más y una de las causas es la legislación.
14. Las medidas dictatoriales, autoritarias, se multiplican con rapidez, han estrechado continuamente las libertades individuales.
15. Se ha promulgado reglamentación, cada vez en mayor cantidad, que restringe al ciudadano en esferas donde sus acciones eran anteriormente libres y lo han obligado a acciones que previamente  podía realizar o no, según su deseo.
16. Se le ha impuesto al ciudadano pesadas cargas públicas, de todo tipo, que restringen su libertad y disminuyen la parte de su salario que podía gastar como quisiera y le han aumentado la parte que se le quita para los funcionarios del gobierno. La tendencia no es a disminuir, sino a aumentar.
17. Parece ser que llego el momento de tocar la campana de alerta y de actuar decididamente frente a los males que nos amenazan desde el gobierno.
18. Habrá que hacer frente a las críticas, objeciones, etc., que seguramente surgirán; pero para luego es tarde.
19. Los liberales de antes ahora son conservadores; los revolucionarios de antes ahora son liberales, conservadores, socialistas, comunistas, y, así, sucesivamente. Todo cambia, todo evoluciona, todo se transforma.
20. Tomemos un ejemplo. Imaginación. Empecemos por el principio. Conservadores y Liberales. Ambos, en un tiempo ha, representaron dos tipos de organizaciones sociales: Esparta y Atenas, Militar e Industrial, Pretorianos y Artistas, etc.
21. Antiguamente: Militar = Estado / Industriosos = Contrato. Hoy, entre las naciones occidentales, el régimen de contrato, ha llegado a ser general.
22. Pero los ciudadanos, la persona, la gente, independientemente de la organización social a la cual pertenezca y el sistema de regulación que prive, realiza actividades de todo tipo y las combina con el fin de vivir. Bajo una regulación obligatoria y bajo una regulación voluntaria o como se les de nombrar.
23. La estructura con regulación obligatoria se asemeja a un ejército formado por individuos reclutados a la fuerza, ubicados en unidades con diversos grados y tienen que obedecer órdenes bajo pena de muerte y reciben alimento, vestido y paga, distribuidos arbitrariamente.
24. La estructura con regulación voluntaria se asemeja a un grupo, conglomerado, unidad, asociación, etc., de productores y/o distribuidores quienes libremente acuerdan recibir una recompensa especifica por devolución de servicios prestados específicos, y pueden, a voluntad, previo aviso, abandonar la organización si no les agrada o conviene.
25. La aparición de estas dos formas de organización, que algunos denominan cooperación y otras, incluso en Inglaterra (donde hay copiosa documentación), se realizo de forma lenta y gradual.
26. Mucho tiempo antes de que aparecieran los nombres de conservadores y liberales hay huellas de grupos, partidos, etc., conectados con el militarismo y/o con los industriales.
27. Y fue en las ciudades con mucha gente, donde había trabajadores y comerciantes relacionándose, comprando y vendiendo, cooperando, bajo la figura del contrato, donde emergió la resistencia, la oposición, a una reglamentación coercitiva, por la fuerza, que ejercía el gobierno.
28. El gobierno ejecutaba su fuerza, su dominación, su control, con más facilidad en las zonas rurales, en manos de jefes militares, subordinados, con ideas y tradiciones primitivas; se explica porque fueron, durante el periodo de la revolución, captados y/o monopolizados por los conservadores. Entre tanto las ciudades grandes, con manufacturas, comercios y puertos se inclinaron por los liberales. Así, para algunos, se impuso el origen de los dos partidos.
29. Otros hechos fueron imponiendo realidad y doctrinas. El liberalismo se opuso a restablecer el poder monárquico sin límites y restricciones.
30. Los liberales consideraban la monarquía como una institución civil establecida por la nación para beneficio de todos sus miembros; para los conservadores el monarca era el delegado del cielo en la tierra.
31. Para los liberales la sujeción de los ciudadanos al gobernante era condicional y, para los conservadores era incondicional.
32. Henry St John, primer vizconde de Bolingbroke, 1678-1751, estadista y escritor inglés, nos dejo una descripción de los liberales y conservadores para finales del siglo XVII, veamos: “El poder y la soberanía del pueblo, un contrato original, la autoridad e independencia del parlamento, libertad, resistencia, exclusión, deposición, abdicación, estas eran ideas que se asociaban por cada liberal que eran inconciliables e incompatibles con el concepto conservador”… “Derecho divino, hereditario, inconmutable, sucesión lineal, obediencia pasiva, prerrogativa, no resistencia, esclavitud, voto negativo y, en ocasiones, también papismo, se asociaban por muchos al concepto de conservador y se suponían incompatibles igualmente con la idea de liberal”.
33. Al comparar ambas ideas nos encontramos con: liberales: resistir y disminuir el poder coercitivo del gobernante sobre gobernados; conservador: mantener y aumentar el poder coercitivo del gobernante sobre los gobernados.
34. En Inglaterra los principios liberales se encuentran evidenciados en: el Acta del Habeas Corpus. Los jueces fueron declarados independientes de la Corona. La derrota del Bill de no-resistencia. En el Bill de Derechos (asegurar a los gobernados contra las agresiones monárquicas). Se importantizo el principio de la cooperación voluntaria. Etc.
35. Posteriormente, la política “del partido” siguió la misma tendencia. Mr. Green, luego de la muerte de la Reina Ana, apunto: “Los ingleses habían olvidado que era posible perseguir por diferencias de religión, suprimir libertades como la de prensa, cometer arbitrariedades en la administración de justicia y/o gobernar sin parlamento”.
36. Durante la última guerra y, después, se experimento la restricción de la libertad individual, apareció un movimiento hacia el militarismo que se manifestó con medidas coercitivas contra las personas y propiedades, supresión de reuniones públicas, amordazar la prensa.
37. La influencia liberal permitió el resurgimiento del régimen industrial y volver a su peculiar tipo de estructura; derogar las leyes que prohibían las asociaciones entre artesanos y las que entorpecían su libertad de viajar; se permitió a los disidentes profesar sus creencias sin sufrir determinadas penas civiles; libero a los católicos para profesar su religión sin menoscabo de su libertad.
38. En cuanto a la libertad se fue extendiendo mediante Actas; se prohibió la trata de negros y su mantenimiento en esclavitud; se abolió el monopolio de la compañía de la Indias Orientales y se abrió para todos el comercio con Oriente.
39. Por el Bill de la Reforma y el Bill de la Reforma Municipal se disminuyo el número de los no representados para que tanto en la nación como en el municipio la mayoría dejara de estar bajo el poder de la minoría. Los disidentes no fueron obligados por más tiempo a someterse al matrimonio eclesiástico y se les permitió casarse civilmente.
40. Más tarde se quito la disminución y supresión de restricciones para comprar mercancías extranjeras y para emplear barcos y marineros extranjeros; también, se elimino la censura de prensa.
41. Todos estos cambios se debió a los liberales y a su sintonía con principios sostenidos y profesados por la mayoría de la población. Principios comunes a todos.
42. ¿Por qué recordar esto? Para no olvidar lo que fue el liberalismo del pasado y se pueda comprender mejor el liberalismo del presente. Todas esas medidas tomadas tenían un carácter común y, parece, que nuestros líderes actuales, sobre todo los de oposición, se les ha olvidado el carácter común que deben tener los planteamientos políticos ahora.
43. Estos cambios realizados en esa época por los liberales disminuyeron y pararon la posibilidad de la instauración inmediata, por el gobierno, de la cooperación obligatoria en la vida social y permitieron el crecimiento de la cooperación voluntaria, libre.
44. Los liberales impidieron, de una u otra forma, un mayor peso de la autoridad del gobierno y aumentar el área de libertad de cada ciudadano.
45. El liberalismo representa la libertad individual contra el autoritarismo, el gobierno autoritario, hoy, aquí, contra el castro comunismo. La historia, los hechos, lo confirman. Hoy, aquí, el pueblo es víctima del gobierno castro comunista. Represión, terror, crimen. Inseguridad. Hambre. Escasez. Colas.
46. ¿Los liberales han perdido de vista sus logros? No. Todo tiene su explicación. Todo cambia.

“Para mí, no importa si les echas la culpa de todo a los judíos, a los homosexuales, al sexo masculino, a los masones, a los jesuitas, a los parásitos del estado de bienestar, a la elite del poder, al sexo femenino, a los vegetarianos o al partido comunista. Desde el momento en que necesitas echar la culpa a otro simplemente no tienes preparado el cerebro de manera eficiente para resolver tus problemas”, Robert Anton Wilson, Usa, 1932-2007.

“Yo soy mi propia limitación. Sin mi limitación, yo soy”. Palabras pintadas sobre una puerta de una edificación Maya.

nelsonmaica@gmail.com


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