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martes, 8 de julio de 2014

PABLO ROMERO, CAMBIO CULTURAL Y VALORES, DESDE URUGUAY

Entre las tareas claves que la actividad política supone, se encuentra la de tomar decisiones que definan los valores culturales deseables para la sociedad. Existe, pues, un vínculo indisoluble entre el actor político y los valores culturales, lo cual no solamente supone una fuerte responsabilidad ética, sino una preparación intelectual acorde a la complejidad del asunto. Desafío aún mayor en tiempos globales, en los cuales el aceleramiento de los cambios nos enfrenta a nuevos horizontes y lo valorativo se vuelve una necesidad para la comunidad en su conjunto.

La globalización, ese tiempo histórico que nos toca vivir, ha dado un nuevo giro al viejo debate entre valores universales y relativos. En el campo cultural, se ha virado de su concepción más tradicional -donde cultura se  igualaba a civilización, se planteaban diferentes grados culturales en los individuos y entre las sociedades, se proponía un canon universal y se hablaba en términos de cultos e incultos, alta y baja cultura- al giro que los estudios antropológicos le dieron al asunto, priorizándose la idea de diversidad y postulando que todas las culturas tienen el mismo valor. 
En esta perspectiva, no existen grados de valor cultural, en la medida que todo es cultura y todos somos cultos. Aquí los valores culturales, pues, no son universales sino relativos a cada cultura. La concepción postmoderna acentuará esta mirada y nos pondrá nuevamente frente a un dilema de larga data en la historia del pensamiento.
Mario Vargas Llosa, en una exposición titulada Discurso de la cultura –a la cual, por cierto, se puede acceder a través de la web- plantea el debilitamiento del concepto de cultura, en la medida de que si todo es cultura, ya nada lo es, proclamándose abiertamente en contra del relativismo cultural y sus consecuencias. El valorar, el sopesar, el elegir, parece haberse convertido en mala palabra, en algo propio de “conservadores” y “autoritarios” y es, al menos, políticamente incorrecto sostener que determinados valores culturales son preferibles a otros. La diversidad cultural parece haber devenido en una incapacidad valorativa y, a partir de esa situación, la decadencia de los valores culturales se convirtió en un signo de nuestra época. Se ha impuesto la mirada de que “todo vale lo mismo”, lo cual -dirá el premio nobel peruano- no ha significado más que decir que “ya nada vale”.
Por otra parte, la idea de un canon universal siempre ha supuesto una mirada elitista y la marginación de toda expresión cultural que no estuviera en sintonía con esa medida de todas las cosas. Y los juegos de poder parecen emerger allí más claramente, en tanto, en definitiva,  ¿quién establece el canon y bajo qué legalidad?
El fuerte acento en la diversidad cultural ha dotado a nuestras sociedades de una mayor riqueza y ha permitido escabullirnos del autoritarismo de la considerada a sí misma elite cultural.
Ambos posicionamientos llevados a su extremo -ya sea el autoritarismo cultural del universalismo o el relativismo que ya nada valora- parecen ser fieles representantes del agotamiento de un momento u otro del transcurso de los más recientes cambios culturales de nuestra humanidad. En ese vaivén pendulante de conceptos hegemónicos que suele mostrar la historia, los cambios culturales de la globalización posmoderna parecen haberse inclinado fuertemente a favor de un relativismo que ha ido exacerbando su postura y que, sin embargo, comienza lentamente a generar un movimiento en contrario.
El aporte innegablemente positivo de los estudios antropológicos en el campo de la cultura, el beneficio conceptual y democrático de la idea de diversidad cultural, son valores que han llegado para quedarse, pero que en su propio devenir han instalado el germen de la vieja tradición universalista de marcar límites valorativos, en tanto comienza a operar socialmente el reclamo de escapar a las consecuencias de su radicalización.
Aunque Vargas Llosa pueda sonar demasiado fatalista, no parece estar tan errado en su presunción de que los cambios culturales de las últimas décadas no han hecho más que debilitar el concepto de cultura, hasta el punto de casi darle muerte. 
¿Estamos frente al “fin de la cultura”? Ciertamente, no, pero quizás como en ningún otro período de tiempo, el desafío es enorme, porque la sociedad se ha complejizado como nunca antes y la diversidad ha aflorado con toda su magnitud -aunque en un movimiento global que en su contracara tiende también a envasar, caricaturizar y homogeneizar esa misma heterogeneidad que proclama, alienta y genera- y el valorar, el discriminar positivamente entre los diversos grados de valores en juego, pasa a ser la tarea central  que tenemos por delante.  Y esta conlleva el regreso a un ejercicio fundamental para la salud democrática de toda sociedad: el debate fundado en la capacidad argumentativa, donde la pluralidad de miradas de todos los actores involucrados se pone en juego dialécticamente y se cristaliza en tomas de decisiones surgidas a partir de la consagración de los mejores argumentos. Y con la mirada apuntando al campo ético y a la mejor construcción posible de un factor que resulta más decisivo que el capital económico en esta sociedad del conocimiento: el capital cultural.
La labor es compleja, en la medida que se debe oscilar entre dos procesos por momentos complementarios, por momentos contradictorios, característicos de la globalización cultural: por un lado, uno que visualiza los procesos de cambio cultural en los niveles globales, y, por otro lado, aquel que considera el contexto local de cultura. Se rescatan y se acentúa la defensa de las identidades culturales autóctonas, a la par que el movimiento global abre las puertas a la convivencia en un bricolaje de identidades, a la composición cultural híbrida. No la tienen sencillo quienes de algún modo están en el primer frente de esta batalla entre los cambios culturales y los valores.
¿Y quiénes son aquellos que están en ese primer frente? ¿Qué actores constituyen lo público, son determinantes en la producción y circulación de los valores culturales y proyectan las posibilidades de enriquecimiento del capital cultural en una sociedad?  Entiendo que existen al menos cinco actores fundamentales, relacionados y en modo alguno interdependientes: el núcleo familiar, las instituciones educativas, los medios de comunicación, los gestores culturales y los actores políticos.
Y en buena medida cualquier proyecto político inteligente y deseable para el bien común de una sociedad contemporánea, debe construir sus políticas culturales sobre la base de enfrentarse al desafío desde una óptica ética que atienda la problemática de manera integral, o sea, incorporando decididamente a esos otros actores.
Como sea, en tiempos donde el valor supremo de lo cultural parece estar arraigado en lo divertido, lo simpático, lo espontáneo, lo fresco, lo efímero e incluso lo decididamente chabacano no será sencillo apelar a una subjetividad ávida de “consumir” otros  “productos” culturales, aquellos cuyas huellas escapen al mero divertimento de ocasión y, en definitiva, marquen valores positivos en la comunidad. Pero esto es parte vital, justamente, del desafío que todo actor político toma al momento de asumir su rol. Hay una larga tarea de reconstrucción por delante y hacia allí es donde debe orientarse la tarea.
Se abren en nuestro país, a partir de una nueva instancia electoral, renovadas posibilidades de abordar una coyuntura que es adversa en el plano cultural. Los principales problemas que el país está padeciendo en materia educativa o incluso en materia de seguridad pública, tienen que ver básicamente con esta cuestión de la desvalorización del capital cultural, con la debilidad del entramado que conforma el espacio cultural-ético. Fallará toda política de gestión o proyecto técnico en áreas como la educación y la seguridad -temas que la ciudadanía ha puesto en el tapete como su principal preocupación-, sino es abordada desde el concepto central que es el del fortalecimiento del capital cultural, abordaje que requiere ir más allá de la mirada meramente economicista o del modismo de la diversidad carente de valoraciones con que se han sustentado estas políticas en los últimos años. Una cultura de valores y valores culturales que fortalezcan la idea de convivencia y bien común es la propuesta que debe encabezar una política cultural que logre superar las actuales dificultades. Articularla y ponerla finalmente en juego es el desafío por el que se debe estar trabajando desde ya y más allá de banderías político partidarias. Desde el aporte de ideas apostamos a construir junto al otro, porque cualquier otro camino resulta simplemente inútil y supone la pérdida de oportunidades de mejorar como sociedad.

Pablo Romero
pablorg@montevideo.com.uy

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viernes, 23 de mayo de 2014

EMILIO NOUEL V., EL TRATADO TRASATLÁNTICO DE LIBRE COMERCIO, EUROESCEPTICISMO Y ELECCIONES PARLAMENTARIAS

En un mundo en que se consolidan y/o emergen nuevos jugadores globales, como Brasil, México y la India,  EEUU y Europa han venido adelantando de manera muy discreta, en el último año, negociaciones sobre un tratado de libre comercio (Transatlantic Trade and Investment Partnership-TTIP) cuyo espacio geográfico alberga hoy más de 820 millones de consumidores, representa la mitad el PIB mundial y es un tercio del intercambio comercio mundial.

Hemos referido en otra ocasión que los norteamericanos han lanzado varias iniciativas comerciales de gran significación en años recientes. Después de que Brasil, Argentina y Venezuela, principalmente, torpedearon en la década pasada el proyecto ALCA, EEUU suscribió con varios países del Hemisferio TLCs bilaterales, y ha impulsado una propuesta hacia el Pacífico denominada Acuerdo de Asociación Económica Estratégica Transpacífica.

Por su parte, la UE firmaría, al fin, un acuerdo comercial con Mercosur para comienzos del año entrante y está en tratativas con Perú a los mismos fines.
EEUU prácticamente salió de la crisis desencadenada en 2008, y los europeos, en general, aun siguen en ella, pero viendo ya la luz al final del tunel. Éstos han estado ejecutando una serie de medidas en el ámbito financiero y bancario que enderecen la situación hacia una recuperación económica del bloque. Pero las políticas de austeridad fiscal han golpeado a la población.

Según el FMI, EEUU crecerá este año 2,8 % y la zona Euro 1,2 %.  En The Economist se habla de que la volatilidad de la economía y los mercados comienza a desaparecer. 
Sin embargo, en lo estrictamente comercial, y más allá de las vicisitudes políticas que generan los recientes acontecimientos al este de Europa, en los días que corren se reactivaron las conversaciones entre los dos grandes socios atlánticos, y se espera que para el año venidero se concluyan.

Como ocurre siempre en estos casos, y sobre todo con el auge de los movimientos nacionalistas antiglobalización, la izquierda radical, los euroescépticos y los ecologistas, los cuestionamientos a los contenidos eventuales del acuerdo comercial no se han hecho esperar. Se ha criticado la opacidad en las tratativas, a lo que ha respondido la Comisión Europea diciendo que la confidencialidad es necesaria, toda vez que así no se debilitaría la posición europea en las discusiones y se protegería a los intereses europeos, conservando oportunidades de obtener un resultado satisfactorio. 

Los aspectos más importantes serían la eliminación de tarifas arancelarias, la armonización de las normativas y el establecimiento de un mecanismo de solución de diferencias entre empresas y Estados. Lo usual en este tipo de convenios.

No obstante, estos temas siempre comportan puntos polémicos que van de lo puramente crematístico, pasando por lo jurisdiccional, hasta lo cultural.
El tema de la solución de diferencias a través de entes arbitrales distintos a las instancias jurisdiccionales nacionales es motivo de debate. Se impugna lo que llaman “la deslocalización de la justicia”, lo que implicaría una cesión de soberanía, según los que formulan estas objeciones. Hacer caso a éstos pruritos soberanistas absurdos significaría desaprovechar una institución moderna, eficaz, práctica, técnicamente solvente, menos costosa y autónoma para dirimir los conflictos comerciales.

El tema de los transgénicos y el tratamiento de algunos alimentos es también motivo de discusión. Las consecuencias respecto del empleo a ambos lados del atlántico es otra materia en la que se enfrentan visiones contrapuestas. Lucen más fundamentadas las que señalan que tal efecto será más bien positivo.

Con todas las dificultades y controversias alrededor de los asuntos mencionados, en la suscripción del acuerdo la última palabra la tendrán los Estados de manera individual así como la representación parlamentaria europea, y en este ámbito la dinámica política al interior de cada país influirá en el resultado. Las elecciones del próximo fin de semana se revelan complicadas por el auge que ha tomado el populismo ultranacionalista, xenófobo y antieuropeísta. No son pocos los movimientos políticos que atacan a la Unión atribuyéndole la culpa de las dificultades económicas  recientes. En esta ocasión el presidente  de la Comisión Europea será electo por vez primera. 400 millones de ciudadanos podrán votar, a pesar de que algunos esperan una alta abstención. Es posible que se fortalezcan los sectores anti-Europa unida, lo cual sería un retroceso.

No obstante, la firma del acuerdo comentado, sin duda, será de enorme trascendencia para el entorno global. No deja de tener, igualmente, contenidos políticos y geopolíticos, más allá de los actores principales en esta negociación.

Emilio Nouel V.
@ENouelV
emilio.nouel@gmail.com

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jueves, 1 de agosto de 2013

CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ, PIMIENTA IDEOLÓGICA.

Sería necesario analizar las carencias de la alternativa democrática. Quien piense que puede conducir mejor que ella, debería asumir el reto, en pasos muy sencillos: ganarse la gente, conquistar el triunfo y recibir el agradecimiento eterno. 


Pero hasta la llegada de los superhéroes de Kriptón, la oposición real que remontó hasta 50% por lo menos, que desafía poderes económico, político e institucional tan monstruosos, merece una evaluación positiva. Encajó una estrategia y un lenguaje que sacó la esperanza de las catacumbas donde el radicalismo y la insensatez quieren devolverla. Se le puede ubicar en la centro izquierda democrática, modernizadora y popular. Pero le falta pimienta. 

Que el PSUV se edifica sobre abusos, corrupción y clientelismo, es una explicación necesaria, pero no suficiente. Su fortaleza descansa también en que sus seguidores se sienten protagonistas de un “proceso histórico”, una “revolución”, tal como ocurre en todas los totalitarismos y populismos.

El gobierno se puede equivocar, pero “la revolución”, “la causa”, “la patria”, están por encima de los errores. Algunos hablan de una “etapa plebeya” del comunismo y el fascismo. Después el “pueblo” despierta en la peor de las pesadillas: una gerontocracia criminal y la sociedad envilecida por la chivatería y la prostitución inevitables.

Pero para derrotar una ilusión hay que crear otra. Lejos del “fin de las ideologías”, la democracia venezolana sucumbió por tener unos defensores manetos, pero también frente una ideología revolucionaria, marcada por el igualitarismo populista, el odio social que Rómulo Betancourt aplastó en los 60, porque compitió con el castrismo con una plataforma que tenía misma potencia simbólica e ideológica (¡venezolano siempre, comunista nunca!)

Betancourt: ideología victoriosa

Entre 1958-1998, la democracia fue para los venezolanos esa gran causa. Una ideología poderosa en la que se imbricaban la libertad, el progreso y la modernización, con los necesarios ingredientes emocionales que permitían la movilización popular. Por eso el gran rival del comunismo fueron siempre la socialdemocracia que Betancourt logró separar claramente del comunismo, y el social- cristianismo, -incluso a escala mundial-, y nunca los liberales, conservadores o “progres”. 

A diferencia de lo que ocurre hoy, cuando expulsan a Honduras y Paraguay, hizo expulsar a Cuba de la OEA. A diferencia de lo que pasa en Venezuela, la democracia del siglo XXI es democracia social o no es nada. Es la que existe en el planeta, libertad y cambios sociales. Algunos sectores identifican todavía lo social con populismo, demagogia, estatismo, confiscaciones, “antiimperialismo”, violencia, improductividad, control de cambios y precios, miseria.

Ideólogos confundidos se encargan de inventar oposiciones entre fantasmas: capitalismo vs. socialismo, reformismo vs. revolución, libertad vs. justicia, incluso izquierda y derecha, y demás tonterías subsidiarias. Los progresistas por mucho tiempo eran los “rosados” que se colocaban entre la socialdemocracia y el comunismo, a los que Lenin llamó la charca, “tontos útiles” de la revolución. Por eso el olor a Perón, Castro, Velasco, Ortega, Torres, Torrijos y toda clase de badulaques, terminators, e inútiles, como los dinosaurios de Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua.

El progresismo tendría que identificarse claramente con la democracia social y contrastar el cementerio de cadáveres ideológicos. A partir de los 80 se produjo una transubstanciación esencial para la política contemporánea. Felipe González, Clinton y Blair, Mitterrand, Cardoso y Lula, Fernández, Carlos Andrés Pérez, Sánchez de Losada, Bachelet, hasta llegar a Torrijos (hijo) y Alan García,aggiornaron la idea de democracia social.

Globalización y democracia social

La izquierda rompió con el colectivismo y ahora sus componentes inseparables son democracia representativa, globalización, superación efectiva de la pobreza joint venture entre Estado e inversión de capital, propiedad, descentralización, cambio tecnológico y reforma educativa. Romper con viejos mitos del welfarestate le permitió a Clinton ser el mejor presidente de EEUU en el siglo XX. Colocó su país (ya Reagan había dado el empuje inicial) a la cabeza del mundo. Creó 20 millones de empleos y nace en su gobierno la Sociedad de la Información. González hizo el equivalente, e incorpora España a Europa. Esa renovación se frenó porque Zapatero, Papandreu, Soares, Obama (¿) y otros no hicieron los cambios necesarios, convirtieron al mundo en un trastorno, y los tres primeros son auténticas desgracias.

Con ellos la socialdemocracia y la democracia cristiana permitieron que los problemas se amontonaran hasta llegar a las lamentables circunstancias en que tiene que resolvérselos Merkel. Las grandes referencias pasaron ahora a Latinoamérica: Brasil, Chile, Uruguay, Colombia, Perú, y demuestran que ser de izquierda no debe implicar automáticamente ser tarado, pese a los esfuerzos para demostrar lo contrario desde Venezuela y el ALBA. 

El progresismo consiste en entrar al Siglo XXI, retomar el carril de la historia del que lo sacaron en estas dos décadas. Conquistar la democracia social.

@carlosraulher

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sábado, 6 de octubre de 2012

NELSON MAICA C., GLOBAL I, POLITICA

Nota 1. Hoy, todo lo global y la denominada economía de mercado, son, para un buen número de personas, “cosas” buenas para la humanidad; pero como todo y para casi todo, un número minoritario de personas se opone a lo global y a la economía de mercado.
Los opositores son activos. Se hacen presentes en cada acto o reunión de cualquier organismo internacional: comercio, fondo, banco, foro, parlamento o reunión europea, etc, y allí descargan su bilis contra lo global.
¿Orígenes? Diversos, no específicos. ¿Quiénes los integran? De lo más variado: casi todos tienden a identificarse con las supuestas personas menos pudientes y con los países más pobres y mayoritariamente se equiparan con las sopotocientas variedades de la supuesta izquierda socialista, comunista, progre, ongs, y hasta la denominada, también, extrema derecha. ¿“Los extremos se tocan”?
¿A cuales intereses responden? Se dicen defensores de los más pobres. Aquí, todos intuimos que algo “que no se expresa abiertamente” anda detrás de bambalinas y eso se lo dejo a su imaginación, por ahora.
¿Por qué se oponen a lo global? Entresacamos algunos de los argumentos de tantos publicados y de tanta atención que los medios de todo el mundo le dedican:
01.  Genera desigualdades económicas. Los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres.
02.  Prefiere y estimula las dictaduras, los totalitarismos; elimina las democracias. ¿Se cumplirá, entonces, que las dictaduras, los totalitarismos estimulan lo global? Imponen el pensamiento único, el pensamiento de la “global”.
03.  Favorece a las multinacionales en detrimento de los gobiernos nacionales.
04.  Los trabajadores son explotados por las empresas globales y, además, se reducen los salarios reales y se pierden puestos de trabajo.
05.  Destruye el medio ambiente en su provecho.
06.  Provoca el nacimiento y la acción del “terrorismo” global.
07.  Favorece a la denominada economía con base en las finanzas.
08.  Estimula el consumismo.
Parece como si todos los males de este planeta se le atribuyen, de golpe y porrazo, a la globalización: los pobres que desde que el mundo es mundo existen, los cambios de clima, la existencia de un tercer mundo, etc, etc.
¿Razones para defender la globalización? De igual manera destacaremos algunas de ellas:
01. Estimula un mayor desarrollo de lo científico y de lo técnico.
02. Permite una economía de libre mercado en todos los países y la libre asociación como por ejemplo la Unión Europea.
03. Se da un acceso múltiple y abierto a la ciencia y a la cultura.
04. Se descargan los gobiernos de empresas públicas que pueden pasar al dominio privado y/o global.
05. Se estimula el crecimiento y fusiones beneficiosas entre las empresas.
06. Se reordenan y liberan de exceso de regulaciones las empresas al formar parte del mundo financiero internacional
07. Se propicia el desarrollo y multiplicidad de los medios de comunicación y todo lo relacionado con el mundo cibernético.
08. Los gobiernos de cada país y los organismos internacionales deben intervenir para asegurar a los nacionales mejoramientos con la globalización, distribuyendo y compensando tanto beneficios como perjuicios.
¿Pero y otros temas: el turismo, las migraciones, las minorías étnicas y culturales y sus sociedades tradicionales, etc, como quedan?
¿Y las propuestas alternativas, cuales son, donde están? ¿Solo crítica y obstrucción? ¿Por qué y para que?
Alto aquí. Meditemos un poco en alta voz. ¿Es nueva la globalización? ¿Desde cuando hay globalización? ¿Tienen peso las razones que se dan para impedirla ahora? ¿Hay debate sobre el tema? Veamos.
Antecedentes: lleguemos por el túnel del tiempo imaginario, hacia atrás, al año 1.494. Al tratado de Tordesillas firmado entre España y Portugal. Se repartieron lo conocido del globo terráqueo: el hemisferio oriental a Portugal (Juan II) y el occidental a España (Isabel de Castilla y Fernando de Aragón). Ahí la historia. Nada nuevo eso de global, globalización. Desde 1.494 siguió su curso.
Se dice de todo sobre el tema, incluso, algunos, se ocupan solamente de descalificar a quien opine. Malos y Buenos. Método típico del mundo comunista, socialista, “socia listos”, “comuna lista”, etc. Nada nuevo bajo el sol.
Ciertos hechos ahorran palabras:
01.  La apertura de los mercados a la globalización permitió a países como Japón, Corea, Singapur, Hong Kong, Tailandia, Indonesia, Malasia, China, alcanzar mayores niveles de riqueza y bienestar impensables hace algunos años.
02.  En los anteriores países se observo: reducción importante de la pobreza, progreso para los obreros, descensos importantes en las desigualdades de renta.
03.   Seguirán existiendo pobres en el mundo y no todos los ciudadanos del planeta pueden disfrutar del mismo nivel de bienestar y la globalidad no es la responsable de esas desgracias.
¿Cómo es eso, entonces, del clamor de los gobernantes de los países menos desarrollados, algunos se dicen así mismos pobres y explotados, pidiendo a gritos más y más inversión extranjera para acceder al desarrollo y por otro lado un grupo oponiéndose a ella?
¿Cómo es eso, entonces, de que los países bajo régimen socialista, comunista, como cuba, etc., con más de 50 años de esclavistas, según ellos para imponer la felicidad terrenal, estén hoy en la miseria, pidiéndole a todos los demás y/o cogiéndose cuanto no han trabajado ni creado? Usted, apreciado lector (a), tiene la palabra. ¿Quiere lo mismo para su país?
Por lo visto, hasta el momento, la globalización produce ventajas y sus desventajas deben ser corregidas por quienes las reciben con el apoyo de la comunidad internacional.-
Tips:
·        ¡Llego la hora de confrontar las aspiraciones, suposiciones, imaginaciones, etc., con la realidad! ¡El camino está despejado!... 
·         Antonio Cipriano José María y Francisco de Santa Ana Machado y Ruiz, mejor conocido como Antonio Machado, español, 1875-1939, poeta destacado de la Generación del 98: “Caminante, hijo Tus huellas el camino, y nada más, caminante, no hay camino, si Hace camino al andar. Al andar si Hace camino, y al volver la vista Atrás si ve la senda Que Nunca, si ha de volver a pisar Caminante, no hay camino, sino estelas den la Mar”. “Caminante, son tus huellas el camino y nada más; caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se debe volver a pisar, Wanderer, no hay camino, sino estelas de la mar”. "Proverbios y Cantares XXIX" [Proverbios y cantares 29], Campos de Castilla (1912), trad. Betty Jean Craige en Poemas seleccionados de Antonio Machado (Louisiana State University Press, 1979)”.
·        Libertad: 1. Hay demasiadas regulaciones en el mercado del trabajo que deberían ser mas agiles y flexibles. 2. El dinero que gano legítimamente me pertenece. Los impuestos pueden ser necesarios pero eso no los hace éticos. 3. Habrá que reducir los impuestos y cobrar en su lugar tasas por servicios, que no los pague quien no los use. 4. Hay que abolir el impuesto sobre sucesiones: esos bienes ya tributaron en su momento y no es justo que deba pagarse de nuevo por ellos. 5. Tengo pleno derecho a escoger mi religión y/o a no tener ninguna.-
Mientras más corrupto es el Estado, más numerosas son las leyes”. Tácito, Publio (Gayo) Cornelio Tácito, 55-120 ac, historiador, orador, senador romano.
Caracas, 06/10/2012.-
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lunes, 4 de junio de 2012

OSWALDO ALVAREZ PAZ, REDEFINIR LA SOBERANÍA, DESDE EL PUENTE

La globalización iniciada hace algunas décadas avanza indetenible. Está referida a los aspectos vitales de la vida de las naciones. A la política, a la economía, a lo social y, entre otras cosas, a todo lo relativo a los seres humanos, a sus derechos fundamentales especialmente referidos a las mujeres y a los menores de edad. 

En consecuencia el Derecho Internacional, público y privado, han tenido que ampliar los alcances de sus más importantes normativas. Existen ahora normas universales que incorporadas o no a las legislaciones internas tienen plena vigencia en la vida de las naciones. Como todo en esta vida, hay estados que actúan ajustados a Derecho y conforme al orden internacional y estados  que, según la inclinación política e ideológica del gobierno, lo ignoran, lo violan y hasta pretenden desarrollar cruzadas de saboteo en contra de los organismos de control creados por la comunidad continental o mundial. Es el caso actual de Venezuela.


Por estos días se ha celebrado la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos. En el ambiente un nuevo enfrentamiento abierto en lo retórico, encubierto en lo sustantivo. Se pretende debilitar el poder y los alcances de la Comisión y de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Ambos órganos han sido muy exitosos. Útiles para los ciudadanos de a pié, para las organizaciones no gubernamentales que representan algunos de los intereses básicos de las sociedades, pero peligrosos para los gobiernos que manipulan al estado para desconocer, reprimir o afectar esos intereses. Algunos gobiernos, con vocación forajida, conspiran activamente para liquidar, por ejemplo, la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión que publica anualmente un delicado informe sobre las políticas o prácticas de los gobiernos en materia tan delicada. En el fondo se busca debilitar al máximo a la OEA. Incluso algunos ya plantean con claridad su desaparición.

La globalización obliga a pensar con seriedad la elaboración de una nueva Teoría General del Estado y del Derecho. Se trata de ajustar el concepto tradicional de Soberanía a las nuevas realidades del continente y del mundo.

oalvarezpaz@gmail.com  

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viernes, 23 de marzo de 2012

ZENAIR BRITO CABALLERO: LA VIOLENCIA ENGENDRA MÁS VIOLENCIA…

En la globalización actual de la información, cualquier hecho que sea destacado, sensacionalista o macabro, es difundido por los medios de difusión masivos y se entera toda la gente del desastre en los más recónditos rincones del mundo.

Los medios tienen la misión de informar y el público tiene el derecho de saber lo que pasa en este mundo. Pero hay formas y maneras de comunicar, en especial estos hechos, que considero mejor ignorar o de trasmitirlos, hacerlo sobriamente. 

Hace dos semanas ocurrió un hecho de esta índole en un colegio de Río de Janeiro y he podido ver cómo los canales de TV por cable informaban con lujo de detalles sobre la injustificable matanza de varias niñas y niños, de manos de un desquiciado joven que entró con dos armas de fuego y fue pasando de salón en salón tirando certeramente contra los pequeños que estaban en sus aulas y hasta pasaron un video donde se veían imágenes que seguramente había captado algún otro estudiante con un celular y que repetían una y otra vez, hasta llevarnos a tomar el control y sacar el informativo que estábamos viendo, porque daba asco mirar esa serie de imágenes que repetían lo mismo con una especie de sadismo incomprensible.

Claro, el problema es que ningún medio se puede quedar atrás y dejar que sea sólo uno que trasmita la noticia. De modo que, finalmente, si uno mira más de un informativo se encontrará con la misma noticia, con lujo de detalles y con el video repetido una y otra vez.

Se han llegado a desarrollar e implementar programas y medidas para prevenir la violencia en los centros educativos. Según uno de estos estudios "un complejo conjunto de factores, desde la intimidación en el colegio a la falta de apoyo de los padres o la ineficacia de los servicios de salud mental están potencialmente implicados en el ejercicio de la violencia de los estudiantes", aclaran los autores. 

Los varones tienen hasta cuatro veces más posibilidades que las mujeres de percibir la violencia como la forma legítima para resolver los conflictos". En cuanto a la prevención, los estudios concluyeron que es posible prevenir estas tragedias con "más formación para padres y maestros para que puedan detectar si los adolescentes jóvenes distorsionan los roles de género o tienen conceptos erróneos sobre la necesidad de atender y cuidar la salud mental. 

Necesitan también programas de educación para padres con el fin de que mejoren la crianza de los hijos y un sistema de notificación sistemática de problemas de acoso en la escuela. Además, se deberían fortalecer los planes de estudio multiculturales’’. Aseguran que esto puede fomentar un sentido de vínculo con la escuela entre estudiantes procedentes de minorías, lo que reduciría su probabilidad de convertirse en víctimas.

¿Y no será ésta una de las causas por las cuales se han repetido los sucesos en distintos estados norteamericanos, pero también en países europeos y últimamente en Brasil? La violencia trae violencia, pero si se conoce. Por tanto, si damos a conocer más hechos violentos estamos provocando más violencia.

Y ojo con programas como Facebook, Twitter y otras redes sociales que pueden ser usadas como un arma. La convocatoria que tienen puede llevar a influir con ideas detestables a millones de personas. ¿Cuánta incidencia tienen en lo que está pasando en los países islámicos? ¿Y cuánto han influido las noticias en su repetición en tantos países a la vez? Seguramente no es por casualidad, aunque sin duda hay causas profundas, ocultas, que han contribuido a que pueda pasar.

Y en nuestro país, ¿No será más efectivo hacer responsables a los padres de los menores que delinquen y que tengan que responder por sus delitos con sanciones penales, que bajar la edad de la imputabilidad? Y que se difunda masivamente para que todos se enteren.

britozenair@gmail.com

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jueves, 5 de enero de 2012

PEDRO AGUILAR: LOS MITOS INSTITUCIONALES DEL POPULISMO LATINOAMERICANO (DESDE COSTA RICA)

Tras soportar las consecuencias del colapso económico y la descomposición social, originadas por las irresponsables políticas populistas de los años ochenta, y, tras pasar sin pena ni gloria los años noventa en medio de reformas liberales inconclusas, América Latina buscó poner la casa en orden en años recientes, y ahora, mira con esperanza el inicio de la segunda década del siglo XX, en lo que los especialistas han vaticinado puede ser “la gran década” para la región.
Sin embargo, existen una serie de condicionantes y trampas que es oportuno identificar. Impulsadas por demagogos ideológicos hambrientos de poder, están en peligro las oportunidades de crecimiento económico, estabilidad social y eficacia política. Hoy, como en aquellos años ochenta, los impostores han regresado por una nueva estafa; algunos son viejos conocidos y otros malos por conocer.
Ejercer una denuncia responsable es un deber como ciudadano, pues estas élites representan la mayor amenaza para nuestro sistema democrático, de eso que ellos mismos han denominado “populismo latinoamericano”.
La inteligente manera de llevar sus pintorescos mensajes a las masas, la tiranía disfrazada de promiscua benevolencia y la carencia de información de parte de la sociedad, hacen un llamado para desnudar al gran impostor frente a la verdad y la justicia, en pro de la preservación de los valores democráticos y con el fin único de buscar las alternativas que permitan de la manera más pronta, alcanzar el bienestar social y económico en sociedades con libertad, oportunidades y gobernanza entre quienes las conforman.
Por ello, he intentado desmenuzar algunos de los grandes mitos que vulgarmente los populistas latinoamericanos pretenden seguir promoviendo en sus campañas políticas, que imponen a los medios de comunicación cuando llegan al poder, y que, más que mitos, representan la praxis opuesta de sus políticas al hacerse de la bandera y los actos oficiales.
Propongo tres mitos, no son los únicos, tampoco los primeros ni los últimos, pero encierran tres de las principales falacias en el orden económico, político y cultural, que forman ese triunvirato de conspiración y engaño, hecho patraña populista cuando llega al poder.
MITO I: ECONOMÍAS CENTRALIZADAS TRAERÁN CRECIMIENTO ECONÓMICO
 “En efecto, ¿quién hace la riqueza? ¿Es la riqueza obra del gobierno? ¿Se decreta la riqueza? El gobierno tiene el poder de estorbar o ayudar a su producción, pero no es obra suya la creación de la riqueza” - Juan Bautista Alberdi
Dentro del árbol genealógico intelectual de cualquier caudillo populista, existe la creencia, de que, es a través del proteccionismo de las industrias nacionales y la nacionalización de las principales instituciones, la mejor manera de preservar los intereses de la sociedad. Imponer un Estado Empresario, sintonizar la burocracia como modelo de negocio y otorgar subsidios a los grupos clientelistas, forman parte de la estrategia económica de estos gobiernos, a los que no les parece importar el deterioro económico permanente al que van desenfrenadas sus economías.
Y es que, como parte de los vicios de los demagogos populistas, se encuentra una necesidad por nacionalizar cuanto recurso se les aparece en el espectro económico, sin medir los costos monetarios y no monetarios de sus decisiones, y , olvidando que la primera necesidad de los países latinoamericanos es atraer inversiones, generar valor agregado y esto solo puede lograrse con garantías claras y condiciones amigables para la inversión extranjera, las multinacionales y el pequeño y mediano empresario nacional.
Dependiendo de la industria, las medidas autoritarias que atentan contra las libertades económicas varía; desde el control de precios para mantener cuotas de producción y consumo, hasta la expropiación de tierras y capital de empresarios que han logrado establecer actividades comerciales en los países, generando fuentes de empleo y transferencia de capital tecnológico y conocimiento. En economías enlazadas de forma cada vez más progresiva, a través de las tecnologías de la información y los adelantos científicos, resulta más fácil para los pequeños competidores aprovecharse de las ventajas del intercambio comercial. Pero, sin las condiciones estructurales y la estabilidad política necesaria, las oportunidades terminan en utopías.
Han sido muchos los países que inicialmente no contaban con la mayor cantidad de recursos naturales, mano de obra calificada, y mas bien, tenían índices socioeconómicos alarmantes, pero que bastó un compromiso político firme y honesto para darle a la comunidad internacional señales de confianza de que existían proyectos políticos serios, en pro de la movilidad de capitales y de la atracción de inversiones, como forma de fomentar la investigación y el desarrollo y para establecer en una sociedad emprendedora el secreto del desarrollo. El caso de los tigres asiáticos y los países de Europa del este que vivieron por décadas en el oscurantismo soviético, son buenas lecciones de cómo crecer responsablemente y lograr bienestar para la sociedad.
Los gobiernos, más que establecer políticas de personalistas, debe enfocarlas como políticas de Estado, entendiendo que es a través de la apertura y el provecho a las ventajas comparativas, la mejor forma de sacarle ventaja al mercado. El experimento del Estado Empresario está comprobado como experimento fallido y resulta grotesco que algunas cabezas calientas pretendan imponerlo de nuevo, cuando hay conciencia de las externalidades negativas y el costo de subdesarrollo de décadas que la sociedad presente y muy futura acabaría pagando con resignación. Que no se repita la historia.
MITO II: UN ÚNICO PODER ES MÁS EFICAZ
 “El principio de que el fin justifica los medios se considera en la ética individualista como la negación de toda moral social. En la ética colectivista se convierte necesariamente en la norma suprema; no hay, literalmente, nada que el colectivista consecuente no tenga que estar dispuesto a hacer si sirve «al bien del conjunto», porque el «bien del conjunto» es el único criterio, para él, de lo que debe hacerse” - Friedrich Hayek
Una de las principales discusiones al analizar cómo lograr Estados más eficientes, que permitan una gobernanza efectiva dentro del sistema democrático, está relacionada con las ganas de encontrar mecanismos que agilicen el ejercicio de la función pública.
Para algunos, otro de los aspectos importantes dentro de lo que ahora se llama democracia real participativa, está relacionada con la incorporación de las diferentes élites en la construcción de los Estados. Así, las minorías proponen sus agendas y a las mayorías se les integra un proceso de reingeniería cultural, que con mayor o menor lentitud, se termina incorporando a la cotidianidad, a veces disfrazada de compartimiento, y en otras, de tolerancia.
Para otros, es esta petitoria de ejercer un contrapeso de poderes, lo que ha provocado aparatos Estatales clientelistas, predispuestos al mejor postor, y que por lo tanto, siempre será un juego de suma cero, donde el gran capital se impone, sin importar si se habla de minorías, de Estado de Derecho o de convivencia democrática.
Es este último el vil mercadeo político de los populistas latinoamericanos. Han manipulado sus mensajes con el afán de promover la concentración del poder en el caudillo y sus secuaces. Así, comienzan a imponer la creencia, de que, las urgentes reformas estructurales de los países llegarán solo a través de amañadas Asambleas Constituyentes, decretos hegemónicos e indivisibilidad en el poder. Lo anterior, da paso a nombramientos a conveniencia, imposibilidad de fiscalizar y crear mecanismos de rendición de cuentas, transparencia y mucho menos cumplimiento del Estado de Derecho que a partir de este momento desaparece de forma automática.
Está en una mayor coordinación institucional, la manera para fomentar un Estado más ágil, donde las acciones de gobierno se sincronicen entre sus diferentes representantes e incorporen al sector privado, en un proceso de concertación de intereses, pero siempre, bajo el respeto de la seguridad jurídica, la independencia del poder Judicial y la representatividad del poder legislativo, de manera que se respete el Estado de Derecho como forma de preservar la sana convivencia democrática.
MITO III: LA GLOBALIZACIÓN ES PARA LOS RICOS
 “El lenguaje político…está diseñado para lograr que las mentiras parezcan verdades y el asesino respetable, y para dar una apariencia de solidez al mero viento” - George Orwell
El populista latinoamericano entiende bien que la sociedad latinoamericana es susceptible al sentimentalismo político, a esa retórica exacerbada que le abre sus puertas al nacionalismo. Es la necesidad de encontrar culpables al subdesarrollo, es el furor que quema su pintoresco espectro ideológico y la convierte en demonio de infinitas caras, capaz de presentarse a las elecciones democráticas, interrumpir con la estabilidad del sistema y alzarse con el poder.
Ya ha pasado la época de las revoluciones y las guerrillas, la era de los combates asimétricos, los trajes camuflados y las intervenciones terroristas de asaltos a ministerios y atentados contra estatuas o espectáculos públicos. Ha sido otra de las lecciones aprendidas; ahora, los populistas intentan llegar al poder a través de las elecciones libres, donde a excepción del régimen totalitario cubano, ya hay democracia en todos los países de la región.
Sin embargo, aunque se han resignado a aceptar las urnas como juez con veredicto, hacen uso de una domesticación barata contra una sociedad plasmada en desesperanza y desconcierto. Un pueblo desinformado, carece de razón, y sin ésta, puede ser capaz de cualquier disparate.
Así, han sido muchos los populistas que recientemente han llegado a los gobiernos de los países latinoamericanos. Una vez instalados en el sillón presidencial, comienza el mayor proceso de desbaratamiento institucional del marco establecido.
Los alarmantes niveles de pobreza y la mendicidad de los indicadores económicos necesitan algún culpable. ¿Qué mejor manera de denunciar la corrupción del sistema capitalista como fuente de todos los males?
Quizá, lo más preocupante, es la sustitución de valores que los populistas intentan imponerle a su gente. Cuando los gobernantes convierten sus fines en los fines de la sociedad, comienza una degeneración de todas las estructuras del orden presente, por una imposición de costumbres, gustos y preferencias a través de la represión y la violación a las libertades políticas y civiles.
Los gobiernos autoritarios necesitan el control de los medios de comunicación, infiltrarse en las organizaciones no gubernamentales y en cualquier posible organización de libre pensamiento. En la medida que sus intereses se encuentren alineados con otros grupos, principalmente militares e Iglesia, se formará un triunvirato capaz de sostener a través de la represión mental y física a la sociedad en un adormecimiento progresivo, donde el deterioro en la calidad de vida, la disminución de oportunidades y la condena al subdesarrollo son las consecuencias más fatales obtenidas como resultado.
Dentro de las actividades culturales más comunes de los populistas, se encuentra el interés desmedido por ensalzar cualquier manifestación antiimperialista, entendiéndolo en términos tropicales como una guerra no tan fría contra los Estados Unidos de América, que por si fuera poco es uno de los principales socios comerciales para la mayoría de países de la región.
En el discurso de los populistas, tiende a existir una masificación que termina provocando nauseas; después de tomar el control de los medios de comunicación y empoderarse como la única voz oficial y con criterio para opinar de asuntos relevantes, se ponen en práctica lemas y conductas vergonzosas, donde el consumismo es castigado como traición, cuestionar al gobierno es desterrar los valores nacionalistas, querer comodidad es dejarse llevar por las transnacionales que le mienten al mundo y donde opinar a favor del mercado, de la libre movilidad y acceso a las tecnologías de la información es estar corrompido por el sistema.
El mercado, lo dibujan en las vallas publicitarias como el pulpo capaz de dejarse todo en sus ramificaciones para entregarlo a las transnacionales y robarle los recursos a los campesinos, que por si fuera poco, son más pobres después de la titulación de las tierras que le fueron expropiadas a la empresa privada, pues nunca contaron con la capacitación ni las herramientas para hacerle frente a sus cosechas.
El sentido de una sociedad emprendedora no existe. Se busca en una primera parte, el crecimiento insostenible de ciertas variables económicas, aplicando políticas de regalías a todos los sectores, con irresponsabilidades en el manejo fiscal y monetario, comprando así conciencias y terminando de desbaratar a una sociedad desinformada.
Cuando ya la burbuja es insostenible, comienzan los desordenados controles de precios, descontroles inflacionarios y los límites en la capacidad de la deuda comienzan a estallar. Al llegar a tal nivel, solo queda soportar las noches negras que se aproximan; una sociedad echada a la mala cabeza de sus gobiernos. Los signos son claros. América Latina está sobre aviso.
CONCLUSIONES
Los latinoamericanos debemos asumir a la democracia como el sistema menos imperfecto, capaz de establecer metas y homologar intereses disímiles en propuestas comunes. Para esto, es trascendental la representatividad real, la cogobernanza de las minorías con sus respectivas agendas y el respeto al Estado de Derecho, como forma de garantizar la propia convivencia democrática.
La libertad es indivisible a la democracia. Los gobiernos deben de preocuparse por garantizar el respeto a la Ley, por el fortalecimiento y la transparencia institucional, que generan la confianza necesaria en la sociedad civil, empresarios, en la comunidad internacional y en los diferentes grupos. Si las reglas están claras, el funcionamiento del Estado permite conducir hacia proyectos de largo plazo, donde los intereses individuales se encuentren coordinados a través de las relaciones socioeconómicas que mediante la manifestación política en democracia pueden validarse.
El autoritarismo, las políticas represivas, el control a las actividades económicas y la violación a las libertades civiles y políticas, nunca podrán ser justificadas, ni siquiera cuando se disfrazan con benevolencia por caudillos que esconden pasiones ideológicas enfermizas y que no han comprendido la mutación de las relaciones geopolíticas de este mundo globalizado.
Buscar la participación política, va más allá de la simple actividad en grupos oficiales, sino que, interviene un factor de compromiso democrático, con los valores tendiente a fortalecer una sociedad heterogénea en características, pero afín en sus fines. Todos los grupos desean prosperidad y tienen la esperanza de un mejor mañana. Por esto, el Estado debe de brindar la libertad de pensamiento, de asociación y garantizar la transparencia en el funcionamiento de sus instituciones, que deben estar en función de los intereses sociales y no de los intereses de quienes sostienen el poder.
Los populistas no entienden nada de lo anterior, son ágiles y sutiles y están dispuestos a emboscarnos una vez más. Aún es tiempo Latinoamérica.
*Pedro Aguilar es Economista de la Universidad de Costa Rica y miembro de la Red de Escritores Plumas Democráticas.

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domingo, 27 de noviembre de 2011

CARLOS VILCHEZ NAVAMUEL: LA IDENTIDAD NACIONAL ESTÁ SUJETA A UN CONTINUO CAMBIO (DESDE COSTA RICA)

La identidad de un país o una región hoy día la conforman el conjunto de personas que viven allí con sus tradiciones creencias y costumbres transmitidas todas ellas de generación en generación y del tipo de Estado al que estén sometidos sus pobladores.

Muchos podrán opinar diferente, pero el título de este artículo es una verdad que la historia nos enseña, la identidad nacional variará según las épocas y las circunstancias, por ejemplo la identidad del pueblo Inca en los siglos XIV y XV cuando habitaban parte del territorio conocido como Perú, era muy diferente a la identidad que adquirieron sus pobladores medio siglo después de que llegaran los españoles y la misma interrelación de estas dos civilizaciones produjo con el tiempo la identidad nacional que posee el pueblo peruano actual, lo mismo ha ocurrido en otros territorios con sus pueblos, los Vietnam, las Coreas, Egipto, México, o Turquía, por poner algunos ejemplos, países invadidos varias veces y sometidos a cambios y costumbres  transformaron su identidad varias veces. La identidad nacional estadounidense se forjó con la llegada de emigrantes chinos, negros, irlandeses, rusos, judíos, italianos, mexicanos y un extendido etc., un laboratorio social y pluralista  que se transforma de manera continua.

Los motores que han producido estos cambios de identidad nacional a través de la historia han sido entre otras cosas de tipo político, religioso, comercial, lingüístico y tecnológico. En el presente, el motor principal es el comercio en general, este motor genera cambios inmediatos, lo vemos en cosas tan insignificantes como son el sistema de comida rápida, el cual cambia ciertas costumbres en los hogares, existen también otros más poderosos como los sistemas de comunicación que producen a su vez cambios en el campo lingüístico. Además este intercambio de bienes y servicios, viene acompañado de otros agentes que son lógicos esperar, cuando llegan con sus ofertas, sus representantes introducen su cultura y sus costumbres, esto lo notamos especialmente cuando el intercambio por ejemplo es de origen asiático, región donde se vive con costumbres completamente distintas a la de los occidentales.

Celebrar las navidades al estilo  norteamericano es solo un simple ejemplo, la costumbre de dar regalos  en las navidades así como la aparición de Santa Claus derivado del holandés Sinter Klass o del alemán San Nicolás nace en EEUU apenas en el siglo XIX, con ello una nueva industria aparece y el comercio se aprovecha de ello ofreciendo sus productos a otras regiones.  Hoy día en Latinoamérica al acercarse estas fiestas, las familias sacan sus adornos navideños, colocan arbolitos, chimeneas -si no las tienen- y los adornan con los “Santas” o los “San Nicolás” combinando todo esto con las costumbres culinarias y religiosas donde no puede faltar el “pasito navideño” para celebrar el nacimiento “del niño dios” el 25 de diciembre, fecha que precisamente fue tomada de otras culturas y que transformó la identidad en ese aspecto en muchos pueblos. 

En los últimos tiempos hemos visto también como se empiezan utilizar en nuestros países iniciativas comerciales como el “Black Friday” (viernes negro), una estrategia comercial  originada en los EEUU donde se realizan grandes ofertas, familias enteras esperan ese día para hacer sus compras del año, y esto lo hacen porque las ofertas que se llevan a cabo realmente son buenas..

A la par de esta promoción comercial, se suma ahora en algunos hogares de nuestros países, -una costumbre más- se trata del festejo que se hace en EEUU llamado  “Thanksgiving day”, o  el día de Acción de gracias, día festivo que se celebró por primera vez en 1621 por un grupo de colonizadores llamados los peregrinos.

 Algunos consideramos estos eventos como algo positivo, otros en cambio pensarán lo contrario, pero lo que es un hecho es que  una vez que las nuevas propuestas aparecen, son los ciudadanos con libertad los que tienen el derecho de elegir si las aceptan o las rechazan. 

¿Adónde nos llevará esta transformación?  Los signos y las señales son claros, los problemas ambientales, la globalización comercial, la comunicación por Internet y las redes sociales entre otras cosas, nos encaminan sin duda alguna hacia lo que en su oportunidad el francés Edgar Morin señaló de forma acertada, que la nueva identidad de la humanidad  será “La identidad planetaria”.

carlosvilcheznavamuel@gmail.com

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