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jueves, 11 de septiembre de 2014

ALEX VALLENILLA, EL PSUV ARRANCÓ LA CAMPAÑA ELECTORAL DE LAS PARLAMENTARIAS

El PSUV ya arrancó la maquinaria electoral con miras a las elecciones parlamentarias del 2015. Hay fechas tentativas, septiembre, octubre o diciembre, según convenga.

Está ocurriendo algo que la MUD y muy pocos dan cuenta: Fundacomunal está asaltando los consejos comunales de los municipios en que el régimen perdió las últimas elecciones de alcaldes, sin respetar los debidos procesos, sin contar con comisiones electorales legítimas, sin respetar votos, ni postulantes, nada. Pasa en diversos sitios ya.

Hay que recordar que los votos en las municipales fueron más a favor de la oposición, porque se concentra en las principales ciudades de Venezuela, en los municipios más urbanizados y con más población, allí está Fundacomunal imponiendo ilegalmente a todas las UBCHs posibles, con el fin de adelantarse en las comunidades. Prometen “villas y castillos”, falsas promesas porque la crisis económica no les permitirá obras ni presupuestos para una acera.

Esas UBCHs que andan engañando a los sectores populares con proyectos, serán sólo empleadas a fondo a hacer campaña, luego “si te he visto ni te conozco”, los usarán irremediablemente.

Por supuesto que para la campaña electoral, a muchos los van a engañar, con una casita, con un crédito, “pero recuerda votar por el candidato…”, les entregarán algo para que repartan y motiven algo de voto.

Hay consejos comunales de comunidades que la gente organizada no se han dejado arrebatar de la UBCH, pero entonces viven una calamidad para ser reconocidos por el ente controlado por los cubanos y el Frente Francisco de Miranda (FFM).

Muchas alcaldías que tenían institutos de vivienda y que eran de signo chavista, les quitaron los recursos para dárselos a la Misión Vivienda, están acumulando materiales, cabillas y estructuras para salir a chantajear al pueblo con el voto, “o si no, no te sale la casa”, por ejemplo en la población de Ejido, en la avenida Centenario, se puede ver las grandes toneladas de material depositados, esperando el 2015.

¿Qué hace la MUD? ¿Qué hace el resto de la oposición? Aparte de lo anterior, el CNE trabaja arduamente para cambiar de nuevo los circuitos electorales. Con la votación de diciembre, el PSUV pierde la mayoría de la AN, de allí que se ha desatado el asalto masivo de organizaciones comunitarias. Pero están quedando en evidencia, en una reciente “elección”, de 1.500 habitantes, sin permitir que participaran ciudadanos identificados como opositores, sin permitir una campaña electoral, llevando gente, con una comisión electoral sesgada totalmente, fueron a votar 260 personas, arrojaron 109 votos nulos y para lograr mayoría de los comités, los tuvieron que fusionar a unos cinco, porque tampoco tenían candidatos, así están los números del PSUV.

Alex Vallenilla
alexvallenilla@gmail.com
@alexvallenilla
CNP 16478

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domingo, 19 de enero de 2014

TAMARA SUJU ROA, LA CARGA DE LA CULPA

En el proceso penal el "onus probandi" o  carga de la prueba la tiene quien acusa, ya que a quien se acusa o imputa goza de la presunción de inocencia. Esto es lo normal en cualquier sistema jurídico que respeta los derechos humanos. 

Pero no voy a hablar de este principio penal,  del cual habría que hacer un extenso trabajo aplicado a lo que ha sido el sistema de justicia venezolano los últimos 14 años.

Quiero más bien hacer un juego de palabras y escribir sobre "la carga de la culpa", es decir, sobre quien es el culpable en nuestro país de la violencia enloquecida que estamos viviendo y sobre todo, de los miles de venezolanos que han sido víctimas de la inseguridad en todas sus ramificaciones.  

Hay quienes podrían  pensar que la culpa puede estar compartida entre la víctima que no tomó "las precauciones necesarias", el victimario y el gobierno que debe garantizar la seguridad de todos los venezolanos. 

Esto es lo que últimamente y con estupor he escuchado. Para poner un ejemplo claro: la lamentable muerte de Mónica  Spear, quien fuera Miss Venezuela en el año 2004 y la de su esposo Thomas Berry.  A cuantas personas no oí esta semana decir frases como esta: " pero a quien se le ocurre ir por esa autopista de noche si todo el mundo sabe que es peligrosa".  ¿Dígame usted si no le pasó lo mismo?

Sumemos a este hecho nuestro día a día. Pongamos algunos ejemplos: A fulanito lo asaltaron anoche saliendo de un restaurante. Respuesta inmediata: "pero a quien se le ocurre salir a comer de noche tal y como están las cosas".  A sutanito lo asaltaron para robarle su camioneta: Respuesta inmediata: "pero a quien se le ocurre cargar una camioneta como esa tal y como están las cosas".  A Carmencita la hirieron para robarle el teléfono en la camionetica por puesto:  Respuesta inmediata: "pero a quien se le ocurre sacar un celular en la camionetica?

Y así podría pasarme el resto de este artículo citando frases parecidas. Es decir estimado lector, nosotros mismos estamos socavando nuestros derechos y libertades y además, razonando de manera anormal, dando por necesario el confinamiento en nuestras casas por ejemplo, y por irracional, la libertad de tener lo que queremos, hacer lo que deseamos y vivir como queremos. 

¿La carga de la culpa es nuestra?.  Según este argumento, como es posible que todavía haya gente que piense que puede comprarse un carro o camioneta sin pensar en que pueda ser asaltado o secuestrado, o salir de noche, o hablar por su celular en la calle, o llevar buenos zapatos, o quizá una prenda vistosa? 

Si usted no es un enchufado o boliburgues de los que pueden pagarse escoltas, usted tiene que andar en un cacharro, vestirse como un pordiosero, no tener teléfono a la vista, no llevar prendas e implantar en su hogar un toque de queda para toda la familia.  ¿Que le parece? ¿Se da cuenta a lo que hemos llegado?

La carga de la culpa estimado lector es del Estado.  Es el gobierno quien tiene la obligación de garantizar la seguridad, la integridad y la vida de todos los ciudadanos.  

Durante la última década y bajo la silente permisividad del gobierno la población se ha armado como nunca antes, la impunidad llega al 97% y los valores han sido resquebrajados por el discurso de odio y la polarización, llevando a la ciudadanía a enfrentarse los unos a los otros como si fuéramos enemigos, atizando el odio social y produciendo más víctimas del hampa por año que países que actualmente están en guerra civil.  Sólo el año pasado murieron 24763 venezolanos, según el Observatorio  Venezolano de la Violencia, un promedio de 67 personas por día y miles de hogares están hoy enlutados y muertos del miedo ante la sensación de vulnerabilidad que todos sentimos por este cáncer que carcome a nuestra sociedad.

¡Indignación es lo que tiene que darnos!  El gobierno es  quien tiene la culpa de la escalada de la violencia e inseguridad. La palabra "armas" y la violencia verbal ha sido el vocabulario que durante 15 años hemos oído en cada uno de los discursos transmitidos en cadena de radio y televisión. "Pueblo en armas", "La Revolución esta armada"... El gobierno tiene la obligación de enfrentar la inseguridad con todo el peso de la Ley. De cesar inmediatamente el discurso de odio y discriminación. Desarmar a la población y empezar con los grupos paramilitares, la guerrilla, los colectivos que están plenamente identificados y que el propio gobierno ha permitido que se armen y se apropien de zonas y territorios donde hacen lo que quieren y ningún organismo de seguridad puede ponerles orden.

A nadie se le ha olvidado la imagen de los niños del 23 de Enero con fusiles en las manos. Si el gobierno no puede enfrentar esto, menos podrá enfrentar al hampa en general. Si no puede ejercer la fuerza para imponer la Ley, el hampa seguirá burlándose de todos y terminarán exterminando a media población.  Los venezolanos tenemos derecho a vivir en paz. La Paz es un derecho humano, igual al derecho a la vida. No podemos permitir que los delincuentes nos secuestren los espacios, el derecho a vivir y hacer lo que queramos ante la pasividad y verdadero interés del gobierno de combatir la inseguridad atacándola por todos los frentes.

Hoy lamentamos la muerte de la bella Mónica Spear y su esposo Thomas en manos de quienes cobardemente les dispararon a mansalva delante de su hija de 5 años. Lamentamos también la muerte de cada venezolano que cae día a día víctima de la violencia que se vive en el país. Que sus muertes no nos abatan, sino que nos de fuerzas para superar la apatía y el desasosiego y nos paremos como un sólo pueblo a exigir el cese de la violencia, el cese del discurso de odio y la polarización, el necesario desarme de la población, y que la inseguridad en todas sus manifestaciones sea combatida y  se aplique todo el peso de la Ley a quienes mantienen secuestrados el derecho de los venezolanos a vivir en paz. ¡NO MÁS VIOLENCIA!

Tamara Suju
tamarasuju96@gmail.com

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jueves, 28 de noviembre de 2013

LEONARDO PADRÓN, DÍAS DE FURIA,

Desviar la mirada no resuelve nada. Escruté el calendario. Las elecciones del 8 de diciembre están cada vez más cerca. Por algún lado tenemos que empezar. Que la furia sea tu mejor voto.
Jorge y Marielena son la clásica pareja joven que gusta de celebrar la llegada del viernes. Sí, el país está complicado, pero ellos no van a dejar que les clausure el entusiasmo por la vida. Esa noche han bebido y compartido jugosos chismes con sus amigos. Regresan a su casa un poco más temprano de lo que quisieran por esa barrera de contención llamada inseguridad. Viven en Guarenas, una clásica ciudad dormitorio, y el regreso a casa siempre es más largo de lo deseable. En una curva del camino, la camioneta cae bruscamente en un hueco y termina volteándose en aparatosos giros de desconcierto y tragedia. Luego de breves segundos, Jorge se incorpora desde el manto de fierros humeantes. Ve a su esposa inconsciente y sangrando profusamente por la cabeza. Intenta extraerla del peso de la camioneta que la aprisiona. Imposible. Aturdido, se palpa los bolsillos buscando el celular. Se dispone a llamar a la policía, a un familiar, a quien sea. De pronto, ve que tres personas bajan por la ladera donde cayó el vehículo. Se alegra. A nadie le falta Dios. Vienen a ayudarlo. Son tres hombres. Suficiente fuerza para mover tanto lastre. Pero ellos siguen directo hacia el interior de la camioneta a robar lo que consigan. El más rezagado lo apunta con un arma y le pide el celular. Jorge no lo puede creer. Le ruega ayuda. El ladrón le exige prisa. “Dame el teléfono, becerro”. Jorge le dice que su mujer se está muriendo, que al menos le de chance de llamar a una ambulancia. Pero, ¿cómo les explico?, la delincuencia también tiene sus premuras. Quizás el líder de la banda le había prometido a su mujer no llegar tan tarde esa noche.

Meses después, todavía Marielena está sumergida en una severa rehabilitación para intentar recuperar el habla y la movilidad de sus piernas. La tardanza en la atención produjo daños en el cerebro. Mientras, en algún barrio de la Gran Caracas, cerveza mediante, los tres pillos recuerdan entre risas aquella anécdota del sifrinito que lloraba desesperado para que no le robaran el “piazo de celular”.

En alguna curva del camino, este país cayó en un hueco y entre otros desbarajustes, se le salió una rueda: esa donde la vida humana era una prioridad moral.

***

Ya es de noche. El supermercado Plan Suárez está a punto de cerrar. Son pocas las personas que deambulan en busca de lo que casi nunca hay. Dos jóvenes, de turbia estampa, ven a una mujer de 45 años que lleva el botín dorado en su carro de supermercado: leche. Le preguntan dónde la consiguió. Ella hace un mohín con la quijada señalando un lugar y subrayando que eran los dos últimos potes. Tres anaqueles más allá, un empleado pone en segundo plano los tomates magullados y escucha algo parecido a un forcejeo y un grito ahogado. Al fondo, los jóvenes corren con el trofeo con tanto ímpetu que al vigilante apenas le da tiempo de gritarles un quieto. Al lado de las chucherías y galletas, sentada sobre su propia sangre, la señora intenta con perplejidad detener la hemorragia. Una puñalada por dos potes de leche. Eso le toca contarle a sus hijos. Si alcanza. Si se orilla a la vida.

***

Hay más. Recordemos que en estos días las cadenas de supermercado son sitios de peregrinaje rabioso. Sucede que tienes que hacer cola para esperar por el carrito de supermercado. 40 minutos promedio. Mientras tanto, observas la abrumadora cola que te espera para pagar lo que adquieras. Luego, cuando llevas dos tercios del  mercado hecho, te alejas un poco para buscar el té de durazno que tanto les gusta a tus hijos, vuelves y no encuentras el carrito. Te desconciertas. “Pero si yo lo dejé aquí”. Ves a los lados. Y entiendes. Algo inaudito: se lo robaron. Te asomas al pasillo central y el tráfico de carritos supera la posibilidad de encontrar al culpable. La escena se repite en todas partes. La gente se ve los carritos de soslayo, con apetencia, con ojeriza. Todo el mundo desconfía de todo el mundo. Una tarde, en el Excelsior de Los Palos Grandes, llegó el aceite. Solo 4 botellas por persona. La noticia atrajo a una marejada de gente. A la suegra de una amiga trataron, varias veces, de quitárselas. Un hombre logró burlarle una. Ante su airado reclamo, él le replicó: “Póngase mosca, señora, cuide su aceite”.

En el Twitter, una mujer se queja del desastre. Le rompieron la ventana de su carro para robarle el mercado. Ya no importan bagatelas como un reproductor de música. Algunos clientes piden bolsas negras para ocultar que llevan papel tualé y despistar a las aves de rapiña. Y no estamos en Filipinas donde hubo un tifón con miles de muertos y millones de afectados. Nosotros, uff, qué placer, chapoteamos –de aquí para allá- en el mar de la felicidad.

***

La usura y la corrupción han crecido como un cáncer feroz gracias a la distorsión de nuestra economía. Hay maneras de combatir la  especulación, pero el actual encargado del poder aplastó con un zapato todas las teorías y manuales económicos, todo lo que ha salido de las mentes más lúcidas de MIT, Harvard, Chicago o Princeton. Básicamente, siguió el preclaro consejo de María Bolívar, dueña de una panadería en Maracaibo y terca candidata a lo que sea, cuando la periodista Aymara Lorenzo le preguntó cómo combatiría la inflación si ganara la presidencia de la república y respondió: “bajando los precios”. Ese día, sin duda, Maduro estaba viendo televisión.

***

En Latinoamérica el populismo ha engendrado unos cuantos remedos de Robin Hood. Pero la más funesta caricatura la está ofreciendo hoy Venezuela. Es así cómo un país entero está descubriendo cuán nocivo puede ser lanzar flechas sin ser arquero. No estábamos preparados para los días que han desfilado delante de nuestros ojos.

Nicolás Maduro proclama un día, desgañitado, ahíto de poder, en irresponsable cadena nacional: “¡¡Vayan y vacíen los anaqueles!!”. Medio país se vuelve una turbamulta. La gente que tenía trabajo, citas médicas, diligencias impostergables, entrega de informes, consultas en el psiquiatra, manda todo al demonio y se abalanza hacia la tienda de electrodomésticos más cercana. Cada uno se consigue con, al menos, mil personas que le antecedieron en velocidad y reflejos. La tensión se agiganta. La vieja raza de los avispados se colea, se infiltra, vuelve todo un mezclote. Algunos venden su puesto en la cola por 5.000 Bs. Otros, dos cuadras más allá, negocian la mercancía adquirida al triple del monto que pagaron. Es el delirio del capitalismo salvaje. Gritos, empujones, alboroto. Aparece la Guardia Nacional. Marca a los compradores como ganado. Las colas se hacen infinitas, exasperantes. Algún malandrín patea la santamaría de un comercio, otro le sigue, y otro. La puerta del local se llena de patadas. Muchos, entre risotadas, aprovechan para mostrar la fuerza de sus talones. La santamaría se dobla como una plastilina: el caos irrumpe sediento. El que ayer era un sereno albañil, mensajero o empleado de un cyber café hoy es parte de una horda que arrasa con lo que puede. No importa si necesita el televisor o no, el tema es que la piñata reventó y esa golilla no la puede ignorar. La palabra saqueo queda regada por la calle y proscrita en los medios de comunicación. En la noche, algún Juan llega a su casa y su mujer le pregunta urgida si por fin consiguió leche para el bebé de 4 meses. El le dice que no y abre los brazos feliz. Su sonrisa mide 50 pulgadas en HD. Que el niño vea Disney Channel, mientras se le consigue la leche.

Yorman, un mototaxista de dientes amarillos, me confiesa: “Jefe, ¿y usted cree que yo voy a esperar hasta enero a que bajen las colas? ¡Esas tiendas no abren más nunca!”

***

Eso somos hoy: un país donde se confunden las colas. Unas para adquirir neveras a precios de rebatiña y otras para clamar por la existencia de aceite, harina y leche. Un país que se nos puso raro, muy raro. Hemos traspasado la franja de lo inverosímil. Maduro ordena que vacíen los anaqueles. El presidente del Indepabis pide que no, que dejen la compradera compulsiva. Jacqueline Farías, en una entrevista al periodista Vladimir Villegas, habla de lo “bellas” que son esas colas (¡¡¡!!!). Y en la noche, habilitante en mano, Maduro pide que le “bajen dos” al consumismo, contradiciéndose sin pudor. Los partidarios del gobierno deben estar seriamente confundidos.

***

De vez en cuando uno se soslaya de la realidad. Un cuadro viral me sacó de mi carril durante tres largos días. Con las cortinas cerradas, decidí hundirme en las páginas de “La verdad sobre el caso Harry Quebert”, un adictivo libro de Joël Dicker que ganó el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa. Perseguí en el televisor un juego Caracas-Magallanes, que los Leones perdimos torpemente. Escuché música. Y, tardíamente, aterricé en la prensa del día. Mis ojos se toparon con un reporte de la cadena de noticias CNN: “La cruda verdad es que Venezuela está desperdiciando las mayores reservas petroleras del mundo y ya se está comenzando a parecer a Corea del Norte”. Abrí las cortinas. Abrí la nevera. Abrí el Twitter. Y comencé, de nuevo, a ingerir paladas inmensas de realidad nacional. Todo sigue en un crescendo apocalíptico. 

Desviar la mirada no resuelve nada. Escruté el calendario. Las elecciones del 8 de diciembre están cada vez más cerca. Por algún lado tenemos que empezar. Que la furia sea tu mejor voto.

@Leonardo_Padron

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domingo, 1 de septiembre de 2013

ALBERTO BARRERA TYSZKA, VARIACIONES DEL VERBO MATAR

"A mí también me iban a matar. Yo estaba en la buseta, bajando hacia Guarenas. Eran como las 6:00 de la tarde. Cuando dimos la vuelta, saliendo ya hacia la autopista, se montaron tres tipos. Yo iba en el asiento de adelante, junto a la ventana. Sentí la pistola aquí, en el cachete. El dinero, el celular, el reloj... Dame todo, dijeron. Si no, te quiebro. Yo sentí la punta de la pistola en la nariz. Me olió a bala".

Raymond Chandler, genio indiscutible de la novela policial, pensaba que todo autor de una historia de misterio debía conocer muy bien el contexto cultural de sus lectores. El relato del magnicidio tiene ese problema.

Aparece en un país donde, cada día, olemos balas; donde cada quien tiene un cuento espeluznante o un susto en la morgue.

El Gobierno debería preguntarse por qué sus denuncias de magnicidio no sorprenden a la ciudadanía. No hay escándalo.

No hay indignación. Es, también, una noticia fallida.

Hace demasiado poco, el mismo ministro Rodríguez Torres apareció ante las cámaras, desenmascarando otra supuesta gran conspiración internacional. Tuvieron a cineasta documentalista gringo preso durante un tiempo, dijeron que era agente de la CIA, lo acusaron de todo y, de pronto, con insólita facilidad, lo dejaron libre en el aeropuerto de Maiquetía. Es todo un récord: en cuatro meses han convertido la palabra magnicidio en una tibia rutina.

"Hasta aquí llegué. Eso pensé. Porque me dieron duro. Era una alcabala y me detuvieron temprano. Se pusieron cómicos con los papeles, dijeron que las copias eran chimbas. Luego me dieron unos coñazos. Y me pidieron real. Si no, te llevamos a Catia, me dijeron. Ahí te va a ir peor. Llama a tu mujer, a tus amigos. Levanta billete donde sea. Yo pensé que me iban a matar".

Hay en el procedimiento discursivo oficial un error de cálculo. Siempre multiplican de más. Su propia grandilocuencia arruina la denuncia. Gritan como si hubieran sorprendido a Bruce Willis, armado hasta los dientes, con granadas debajo de las muelas, escondido en una alcantarilla a pocos metros del Palacio de Miraflores.

Sin presentar una prueba, comienzan acusando a los partidos locales, luego saltan y señalan a Roger Noriega, siguen con Posada Carriles, avanzan y denuncian a Álvaro Uribe, para terminar metiendo a Obama en el complot y señalar que se trataba de un plan para, al mismo tiempo, invadir Siria y perpetrar un magnicidio en Venezuela.

Uno entonces voltea y ve la imagen de los dos detenidos.

Uno de 18 años de edad, otro de 22, según la reseña. Y uno se pregunta cómo carajo una conspiración internacional de tal magnitud le confía un atentado a este par de muchachones que, además, necesitan viajar con las fotos de sus víctimas en el bulto. ¿Por qué siempre los planes son descomunales, peligrosísimos, y los ejecutores son chambones y torpes? ¿Por qué siempre los magnicidios son teóricamente muy especializados y, en la práctica, asombrosamente amateurs? Hay algo en el cuento que cruje, que se atasca. La retórica oficial es cada vez menos verosímil.

"Yo siento que a mí me están matando lentamente. De a poquito. En Margarita no pude atenderme. Y desde allá me vine, buscando una sala de radioterapia que funcione. Nada.

Tengo cáncer y no hay hospital que funcione. Yo digo que es como un atentado oficial. A mí casi me mata el Estado".

El Presidente convoca al "alto mando político militar de la revolución" para analizar los escenarios después de esta nueva amenaza. Más pompa increíble. Más violencia institucionalizada a través del lenguaje. Más fantasía de poder. Mientras, en las calles, por desgracia, el verbo matar se sigue conjugando de muy distintas y aterradoras maneras.

"Son 28 niños que han fallecido por armas de fuego en lo que va de 2013", según cuenta una devastadora investigación de la periodista Laura Weffer.

"67% de los menores de 12 años, todos víctimas y ninguno con antecedentes criminales, murió con un tiro en la cabeza".

Dejen la joda. No nos hablen más de magnicidio, por favor.

abarrera60@gmail.com

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viernes, 23 de marzo de 2012

ZENAIR BRITO CABALLERO: LA VIOLENCIA ENGENDRA MÁS VIOLENCIA…

En la globalización actual de la información, cualquier hecho que sea destacado, sensacionalista o macabro, es difundido por los medios de difusión masivos y se entera toda la gente del desastre en los más recónditos rincones del mundo.

Los medios tienen la misión de informar y el público tiene el derecho de saber lo que pasa en este mundo. Pero hay formas y maneras de comunicar, en especial estos hechos, que considero mejor ignorar o de trasmitirlos, hacerlo sobriamente. 

Hace dos semanas ocurrió un hecho de esta índole en un colegio de Río de Janeiro y he podido ver cómo los canales de TV por cable informaban con lujo de detalles sobre la injustificable matanza de varias niñas y niños, de manos de un desquiciado joven que entró con dos armas de fuego y fue pasando de salón en salón tirando certeramente contra los pequeños que estaban en sus aulas y hasta pasaron un video donde se veían imágenes que seguramente había captado algún otro estudiante con un celular y que repetían una y otra vez, hasta llevarnos a tomar el control y sacar el informativo que estábamos viendo, porque daba asco mirar esa serie de imágenes que repetían lo mismo con una especie de sadismo incomprensible.

Claro, el problema es que ningún medio se puede quedar atrás y dejar que sea sólo uno que trasmita la noticia. De modo que, finalmente, si uno mira más de un informativo se encontrará con la misma noticia, con lujo de detalles y con el video repetido una y otra vez.

Se han llegado a desarrollar e implementar programas y medidas para prevenir la violencia en los centros educativos. Según uno de estos estudios "un complejo conjunto de factores, desde la intimidación en el colegio a la falta de apoyo de los padres o la ineficacia de los servicios de salud mental están potencialmente implicados en el ejercicio de la violencia de los estudiantes", aclaran los autores. 

Los varones tienen hasta cuatro veces más posibilidades que las mujeres de percibir la violencia como la forma legítima para resolver los conflictos". En cuanto a la prevención, los estudios concluyeron que es posible prevenir estas tragedias con "más formación para padres y maestros para que puedan detectar si los adolescentes jóvenes distorsionan los roles de género o tienen conceptos erróneos sobre la necesidad de atender y cuidar la salud mental. 

Necesitan también programas de educación para padres con el fin de que mejoren la crianza de los hijos y un sistema de notificación sistemática de problemas de acoso en la escuela. Además, se deberían fortalecer los planes de estudio multiculturales’’. Aseguran que esto puede fomentar un sentido de vínculo con la escuela entre estudiantes procedentes de minorías, lo que reduciría su probabilidad de convertirse en víctimas.

¿Y no será ésta una de las causas por las cuales se han repetido los sucesos en distintos estados norteamericanos, pero también en países europeos y últimamente en Brasil? La violencia trae violencia, pero si se conoce. Por tanto, si damos a conocer más hechos violentos estamos provocando más violencia.

Y ojo con programas como Facebook, Twitter y otras redes sociales que pueden ser usadas como un arma. La convocatoria que tienen puede llevar a influir con ideas detestables a millones de personas. ¿Cuánta incidencia tienen en lo que está pasando en los países islámicos? ¿Y cuánto han influido las noticias en su repetición en tantos países a la vez? Seguramente no es por casualidad, aunque sin duda hay causas profundas, ocultas, que han contribuido a que pueda pasar.

Y en nuestro país, ¿No será más efectivo hacer responsables a los padres de los menores que delinquen y que tengan que responder por sus delitos con sanciones penales, que bajar la edad de la imputabilidad? Y que se difunda masivamente para que todos se enteren.

britozenair@gmail.com

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