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viernes, 7 de marzo de 2014

PEDRO R. GARCÍA, ¿SOMOS UNA SOCIEDAD LASTRADA MORALMENTE?, PUNTO DE QUIEBRE

Ubicando algunas pistas…

Hans Enzensberger en su obra “Perspectivas de Guerra Civil Molecular” devela en ella la irracionalidad altamente destructiva de los conflictos actuales, desde el gamberrismo futbolístico hasta las guerras tribales en el continente africano sin otro punto común que su ferocidad ininteligible y suicida. 

La perdida de enemigos exteriores parece favorecer la inversión de la molestia contra los mas próximos, a los que se convierten por sorpresa en enemigos también, ya Jean Baudrillard, en una entrevista (Magazine Litteraire, num., 323, Julio-Agosto de 1994) achaca el énfasis en lo universal el surgimiento de las nuevas singularidades del odio como única forma de autoafirmación, identificatoria--- lo cual el considera perversamente saludable. 

Peter Sloterdijk, por su parte, denomina “hiperpolitica” este complejo universalismo venidero y no extraña sus problemas; “Igual que no hay una política clásica sin la resistencia de estirpes y hordas en un antimundo de anarquismos, privatimos y niñerías, tampoco habrá hiperpolitica sin venganza de lo local y lo individual. Grandes regiones se separan, en paros latentes o manifiestos, del dictado mundial del capital globalizado”. Y apunta la dificultad de conseguir prótesis emocionales y simbólicas en escala mundial para compensar el stress del animal humano, nacido para pequeños grupos y de cuya flexibidad imaginativa quizá la civilización espera demasiado, así que intentare en un esfuerzo insuficiente desde nuestra singularidad en el país un “excursus” sobre la dignidad humana.

Singularidad vs. Dignidad…

La dignidad y la decencia, anverso y reverso de una misma moneda, que en el ser humano son contratos que la persona hace consigo mismo con el fin de elevarse y exigirse las mas altas cuotas de responsabilidad ante el juez mas severo: la propia conciencia.

Por esta razón y aunque no parezca admisible no tener dignidad personal resulta mucho mas cómodo y grato a la hora de vivir, pues acepta nuestra propia degradación como algo natural, inherente e inevitable, implica no tener que esforzarse en absoluto ante uno mismo, evidentemente cuando se hunde en esas lógicas del funcionamiento a escala Psicológica profunda, lo ultimo que quiere ver ante si es a alguien con dignidad, luchando por mantenerla, pues revela su propia vileza, aquejados como estamos por este mal, tendemos a celebrar la vulgaridad, la frivolidad, la idiotez el pusilanismo, de los mas diversos personajes que asoman en su realidad, pues en el fondo nos identificamos con ellos, al reconocerlos y elogiarlos por sus posturas, de alguna manera premiamos con esa deferencia de nuestra imbecibilidad y así acallamos el remordimiento que nos produce la instalada medrosidad.

Habiéndose desarrollado en el país profusamente con fuerza una especie de contravia sociológica cultural, que solo recompensa la estupidez  y la ostentación impúdica de la ignorancia, y establecido como premisa una atávica tendencia de castigar al decente, al trabajador, al  piadoso, al compasivo, al misericordioso, al inteligente, al solidario, al talentoso, y lo hacen a través de lo que el imaginario Hispano ha bautizado como el “deporte nacional”, la envidia.

La envidia insondable de la que ya nos alerto con su hondura metafísica (Santo Tomas, a la que señalo como “envidia o mal de la acedia” y que ha reflexionado en este tiempo el P. Horacio Bojorge), la que tiene que ver con la esencia humana, no es la envidia “a lo que tienen”  los otros sino a “lo que son”, y esta envidia tan honda que alcanza un “nivel casi que espiritual” solo puede surgir de alguien con un nulo nivel de dignidad y conciencia de si mismo, radicalmente incapaz de aceptar sus propios defectos y que apuesta incesantemente a vulnerar las virtudes de los demás dejando al descubierto su ilimitada maldad.

Pareciera que la envidia o acedia ha provocado un efecto letal que ha servido de caldo de cultivo para fragilizar aún mas las lógicas políticas imperantes en el país, en un afán de notoriedad esa emulación colectiva de indignidad eleva al púlpito al arrogante, al prepotente, al mediocre, es decir al sujeto afectado del mal moral, quien necesita humillar a los demás, con el fin de exaltarse a si mismo.

En la sociedad se ha venido alojando en sus intersticios el consentir como normales estas aptitudes. El desprecio el desden que exhiben son garantía de su éxito, pues sus descalificaciones hacia los demás son el reflejo del castigo y el desprecio que ellos anhelan recibir, esto es un acto rotundo de sadomasoquismo y arrima el hombro a que habite como precondición para la histórica rendición servil a la autoridad del déspota, el caudillo, “al general” el de vozarrón al que mas fuerte que grita y lastima, en ellos encuentra la forma para reforzar sus frágiles mecanismos cognitivos vulnerados, o ahora el reforzado ofuscamiento de sugestivos modelos de portadas, deidades de nuevo cuño.

En este momento los autodenominados “patriotas” que se llenan la boca a lo largo y ancho de el país con novísimas constituciones, leyes económicas, para el control de la seguridad, la producción, el abastecimiento, empresas productivas comunales, himnos épicos, banderolas, marchas, gorras, franelas, anécdotas, e imitaciones estentóreas de imprecisos socarrones show, y la contracara, la puesta en escena de la restauración, que no es otra que el hartazgo de lo buslesque de la fatuidad tradicional con una carga de ridiculez extrema, en cualquier latitud medianamente democrática, la suya seria una existencia anonida, gris, imperceptible, engullidos en la marea humana y disuelta su ya revocada personalidad en el radical acido de la masa, de la ciudadanía, del pueblo.

Esta anunciado en el Antiguo Testamento: En Los Proverbios, Cap, 6: versículos: 12, al 19.

12. El hombre malo, el varon malicioso,  anda con la boca retorcida,
13. Guiña los ojos, escarba con los pies, señala con sus dedos,
14. En su corazón, hay falsedades maquina la maldad, a cada momento siembra discordias.
15. Por eso de improviso llegara su ruina,
de repente será destrozado sin remedios.
16, Seis cosas hay que detesta el señor,
Y siete las que abominan su alma:
17. ojos altaneros, lengua mentirosa, manos que derraman sangre
Inocente,
18. corazón que maquina planes maliciosos,
Pies presurosos para correr al mal, 19. testigo falso que profiere mentiras, y sembrador de discordias entre hermanos,

“La inmortalidad solo abre media hoja de su puerta estrecha y deslumbrante”

Pedro R. García
pgpgarcia5@gmail.com
‏@pgpgarcia5

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miércoles, 18 de septiembre de 2013

GABRIEL S. BORAGINA, LOS ESTRAGOS DE LA ENVIDIA

El diccionario de la Real Academia Española define: "envidia. (Del lat. invidĭa).

1. f. Tristeza o pesar del bien ajeno.
2. f. Emulación, deseo de algo que no se posee."

Del análisis de la anterior definición, no resultará difícil concluir que el paradigma del envidioso es -sin lugar a dudas- el ladrón. Es precisamente la envidia lo que lleva al ladrón a robar. Y si bien todo ladrón es un envidioso, no todo envidioso resulta ser un ladrón. Podría afirmarse además que, una mayoría muy importante de envidiosos no llegan al extremo de robar por sí mismos. No nos interesan por el momento los envidiosos que encomiendan a expertos ladrones el despojar de sus pertenencias a las personas envidiadas, sino que concentraremos nuestra atención en ese gran número de envidiosos que encargan a la clase política y –específicamente- al gobierno robarles a unos para darles a otros.

Esto es precisamente lo que sucede en aquellas sociedades donde las mayorías votan gobiernos que prometen "políticas redistributivas" bajo rótulos sentimentalistas y psicológicamente efectivos, como los tan popularmente machacados de "políticas sociales, de bienestar, de felicidad, justicia social y por el estilo.

Un complejo de culpa hace que una mayoría de envidiosos se nieguen a sí mismos esa tan deplorable condición. Dirán que no piden cosas o beneficios para ellos, sino para los más menesterosos. Pero -como dejamos dicho- esta forma de expresarse (o de pensarse) es un autoengaño, y una manera de intentar descargarse culpas o proyectarlas en otros que, quien no quiere reconocerse a sí mismo como envidioso, instrumenta en su "defensa" cuando quiere convencer a otros de ello, o en su autodefensa cuando a quien procura persuadirse es a sí mismo. Pedir que otros roben para otros en nuestras sociedades modernas hasta puede llegar a sonar "humanitario" y "respetable" y, por supuesto, forma parte de lo political correctness.

Lo cierto es que, todos aquellos que votan plataformas políticas que promueven "políticas sociales" de reparto o redistribucionistas, creen que mediante tales políticas "todos" saldrán beneficiados, incluyendo el propio votante en cuestión y más allá del error de tal hacer. Es decir, quién vota así, también espera recibir alguna porción o tajada (mayor o menor) del redistribucionismo. Y ello, por mucho que lo niegue y que insista que vota en ese sentido "por el bien de los demás". Y si, en el fondo de su alma, obra de tal manera porque cree que él (o ella) también saldrá favorecido en ese reparto, es porque sufre de alguna dosis de envidia, por poca o mucha que está en realidad fuere.

El blanco preferido de la envida es, por supuesto, la propiedad privada:

"Pervive, sin embargo, no obstante tanta persecución, la institución dominical. Ni la animosidad de los gobernantes, ni la hostilidad de escritores y moralistas, ni la oposición de iglesias y escuelas éticas, ni el resentimiento de las masas, fomentado por instintiva y profunda envidia, pudieron acabar con ella. Todos los sucedáneos, todos los nuevos sistemas de producción y distribución fracasaron, poniendo de manifiesto su absurda condición."[1]

La envidia, asimismo, es una de las causas de los nacionalismos:

"El resentimiento y la envidia como una de las causas de los nacionalismos también explican el caso de no pocos latinoamericanos; dice Carlos Rangel que “Una manera menos objetable que la exaltación de la barbarie como lo auténtico y autóctono nuestro, pero igualmente deformante como manera de vernos y autojustificarnos los latinoamericanos, es suponer y sostener que tenemos cualidades espirituales místicas que nos ponen por encima del vulgar éxito materialista de los Estados Unidos. Y esto a pesar que durante toda nuestra historia independiente, hasta la aparición tardía del marxismo entre nosotros, habíamos sido deudores casi exclusivamente de los EE.UU. por nuestras ideas políticas y nuestras leyes; y si no por la práctica, por lo menos por la retórica de la democracia y la libertad”.[2]

Igualmente, es la envidia la que promueve y mecaniza las políticas fiscales:

"Más que un impuesto, la sobretasa progresiva es un disuasivo a la inversión, dictado en beneficio de las carreras políticas de los demagogos. E inspirados en el innoble sentimiento de la envidia, motor de la ideología socialista. Análogo es el impuesto a los artículos “de lujo”: el rico no deja de comprar su yate por el impuesto al lujo, simplemente reajusta el precio de aquello que vende."[3]

Para el profesor S. Mercado Reyes, hablando del nacimiento de los burgueses:

"Forman poco a poco todo un movimiento social pues su laboriosidad, su ir y venir para todos lados les llega a dar la imagen de gente que acumula riquezas y se hacen presa de la envidia de los señores feudales que empiezan por imponerles impuestos o a negarles el permiso de vender o producir en los feudos del rey. Pero el movimiento de estos burgueses es imparable, así que la vieja corriente centralizadora debe tomar nuevo maquillaje y ahora se presentará como la reivindicadora de las clases pobres. Este nuevo maquillaje de la vieja corriente centralizadora, feudal tomará el nombre de socialismo."[4]

En otras palabras, el sentimiento de la envidia estuvo presente casi siempre, desde los señores feudales, pasando por los socialistas, nacionalistas y –como dice L. v. Mises más arriba- " los gobernantes,...escritores y moralistas,...iglesias y escuelas éticas,...el resentimiento de las masas". Es decir se encuentra más generalizado de lo que muchos parecen creer que lo está.

En fin, los envidiosos son tantos que, su número explica el éxito electoral de los populismos e intervencionismos que asolan el mundo de nuestros días generando más y mayor pobreza donde sin ellos la riqueza rebosaría por doquier.

[1] Ludwig von Mises, Liberalismo. Editorial Planeta-Agostini. Pág. 93.

[2] Alberto Benegas Lynch (h). Entre albas y crepúsculos: peregrinaje en busca de conocimiento. Edición de Fundación Alberdi. Mendoza. Argentina. Marzo de 2001. pág. 438 y 439.

[3] Alberto Mansueti. Las leyes malas (y el camino de salida). Guatemala, octubre de 2009, pág. 220

[4] Santos Mercado Reyes. El fin de la educación pública. México. Pág. 37

gabriel.boragina@gmail.com

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lunes, 6 de agosto de 2012

ARIADNA NAVARRO CAPRILES, MENTES DE POLLO

El resentido siente odio contra el que tiene algo que él no tiene. Obvio. Algo, que haga lo que haga es inalcanzable. Y entonces, como diría Ayn Rand, se dedica a destruirlo para que no ponga en evidencia su incapacidad, su carencia de valor.
¿Pero qué pasa con el resentimiento cuando la causa ya no existe y la persona es ahora del grupo original que causó al resentido? Si por ejemplo el que culpa a los ricos y ahora es rico, ¿a quién transfiere el odio?
No entiendo qué hace la mente. Te dice: "no te preocupes mi pana, toda esa gente que odiábamos porque eran ricos ahora los odiamos porque nos odian a nosotros que somos ricos". No creen que la mente haría corto circuito y diría más bien: "Jefe, creo que se me está quemando algo del lado izquierdo porque por años destruimos a todos estos escuálidos, los ricos (que en verdad la mayoría no lo son) y ahora que soy yo -o tú, el que tiene la casa en el Country, ¿a quién le hecho la culpa? ¿Entonces yo soy escuálido?".
No nos olvidemos de los pobres. Los pobres que todavía son pobres. El vendedor de fruta de la esquina que de verdad es pobre dice: "yo tengo que odiar a quien diga que tengo que odiar porque yo todavía sigo vendiendo cambures y eso debe ser culpa de alguien".
Mientras que el rico gobernante, que antes era pobre, pero ya no, le dice al frutero (desde adentro de su Mercedes blindado) que no se preocupe porque cuando ellos vuelvan a ganar le van a comprar un Mercedes. El frutero encantado con la posibilidad de poder vender frutas desde un carro alemán de ese calibre, piensa: "oye, de verdad que sí que son buenos estos señores rojos y aunque nunca me han dado ni el Lada que me prometieron hace 14 años, por lo menos me siguen prometiendo. En cambio el otro señor lo que me promete es educación. Qué se ha creído éste que yo me quiero superar, mandar a mis 8 hijos al colegio para que tengan una vida mejor trabajando en una oficina y corran el peligro de convertirse en ricos por su propio esfuerzo... ¡no qué va!
A la final culpamos al Gobierno, pero se requiere de muchas mentes de pollo para poder dominar el gallinero y de eso no tiene la culpa nadie, sino muchos venezolanos flojos, corruptos y vivos.  Y no son solo los pobres los que son flojos, ni corruptos solo los que son ricos.
Espero que Henrique traiga consigo bastante maíz o lo que sea que comen los pollos.
@ariadnaclara
Ariadna@asylumco.com

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jueves, 17 de mayo de 2012

RONNY PADRÓN, EL SOCIALISMO: ADICTIVO Y PERNICIOSO

Ni más ni menos. En Venezuela le conocemos, no de ahora, más bien a partir de la estatización del negocio petrolero el 1º de enero de 1976 con la entrada en vigencia de la ley orgánica que reserva al Estado la industria y el comercio de los hidrocarburos.

ENVIDIA
Porque desde entonces una minoría de venezolanos inescrupulosos se ha dado a la tarea de estimular la natural propensión humana a la envidia y el igualitarismo, en su propio beneficio político y económico, que dio lugar a una cada vez mayor injerencia del Estado nacional en la economía y la política venezolana, con resultados ya conocidos.

Un país como Venezuela, con ingresos petroleros ya deseados por muchas naciones desarrolladas, hoy sólo podría ufanarse de contar con un Estado tan hipertrofiado como ineficiente, regentado sí por un tirano vía Twitter. Y lo anterior no es caso inédito, por el contrario constituye la experiencia común en toda nación que como Venezuela optó por el camino estatista de redistribuir la riqueza, en lugar de generarla y acrecentarla mediante un régimen democrático de libertades, típico en todo país desarrollado, sin excepción.

Porque no en vano desde 1974 Venezuela ha sido un clásico experimento estatista, primero a través del populismo democrático, luego a manos del socialismo hoy en gobierno. Así entonces durante más de 40 años, el venezolano común y corriente aprendió por cuenta del poder, que la mejor manera de vivir era: pidiendo, rogando o exigiéndole según el caso, al Estado nacional, para que éste le entregare su "parte" del caudal patrio. Y entre un "toma y dame" y un ¿quién da más? se hallaba simplificado el juego democrático del poder por lo menos hasta el ascenso del teniente coronel Hugo Chávez, decidido como está a acabar con cualquier competencia política conforme se lo dicta la "cartilla socialista".

Pero la anterior, historia que por conocida no le faltará provecho, no tiene porqué perpetuarse. Un pueblo libre sólo llegará verdaderamente a serlo cuando se integra por individuos en capacidad real de desarrollar todas sus potencialidades, y el Estado como un organismo creado por esos pueblos para ejecutar sólo aquellas tareas que de suyo no pueden por sí mismos los individuos.

Obviamente la generación de riqueza y su cabal redistribución no es labor que atañe a los Estados so pena de ir conformando países cuyos habitantes actúen como verdaderos adictos a las dádivas estatales, dejando de lado su independencia como individuos y su dignidad personal. En la República Bolivariana de Venezuela ya es moneda corriente el que un asalariado del Estado socialista en cualquiera de sus escalas (misión, obrero, empleado, funcionario o militar) resulte capaz absolutamente de cualquier bajeza con tal de no perder su "puesto", ello por cuanto se entienden incapaces de sobrevivir fuera de la "burbuja" económica estatal.

La adicción de las mayorías nacionales por las dádivas del Estado socialista ha alcanzado un punto tal que no hemos encontrado fórmula política alternativa en capacidad de atraerles. Esta mayoría, electoral y políticamente activa cree "a pie juntillas" en el sostenimiento ad infinitum de un modelo político que al tiempo de permitirles "sobrevivir" les condena a ser los eternos esclavos del Estado, desiderátum socialista.

Así entonces, vemos con estupor como la candidatura demócrata a la presidencia de la República, se ha visto en la necesidad de prometer la continuidad del sistema asistencialista vigente, por lo menos hasta que la necesaria reactivación económica nacional dé lugar a un proceso de real empoderamiento ciudadano.

A pesar de las dudas que podamos guardar en relación a esa particular tratativa, no es menos cierto el que algunas de las más graves adicciones humanas para ser cabalmente superadas requieren ab initio la sola reducción del elemento adictivo a modo de hacer posible la total rehabilitación. Sin embargo no está demás advertir sobre la necesidad de una oportuna pedagogía no solo a favor del trabajo y la propiedad privada como instrumentos de liberación y dignidad humana, será también menester instruir sobre el efecto contrario de esa doctrina llamada socialismo, dejar de hacerlo sí nos condenaría a repetir nuestro fallo. Valga entonces la palabra de Jorge Luis Borges: "... creo que si cada uno de nosotros pensara en ser un hombre ético, y tratara de serlo, ya habríamos hecho mucho; ya que al fin de todo, la suma de las conductas depende de cada individuo...". ORA y LABORA.


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martes, 1 de mayo de 2012

AXEL KAISER *, JUSTA DESIGUALDAD, FUENTE CATO INSTITUTE

Nunca ha habido ni jamás habrá una sociedad de iguales en un sentido material. Y no la habrá porque los seres humanos somos únicos, es decir, desiguales en un sentido concreto. Cuando se permite que las personas actúen con libertad, el complejo conjunto de características que nos diferencian, sumado a factores como el azar, deriva en resultados necesariamente desiguales. De este modo, la desigualdad material es, en parte, la inevitable consecuencia de la diversidad  humana. Por ello el proyecto de lograr igualdad material solo puede intentarse destruyendo la libertad, conduciendo invariablemente a la tiranía y la miseria.

Pero tampoco es la igualdad material buena en sí misma. ¿Acaso es preferible un país en que  todos tengan muy poco en cantidades muy iguales a uno donde todos tengan mucho en cantidades muy desiguales? Lo que queremos es una sociedad sin pobres, no una sin ricos. Solo la envidia puede fundar una filosófia cuyo fin sea evitar que algunos se distancien aun si el sistema que permite ese distanciamiento lleva a todos a estar mejor. Si usted y su vecino son igualmente pobres y de pronto la instalación de una empresa en el área en que viven lo enriquece a usted, pero a su vecino mucho más, y usted, en lugar de alegrarse por el éxito de ambos, desea que el Estado —o algo— intervenga para quitarle a su vecino la diferencia, entonces a usted lo que lo mueve es la envidia. Como explicó el sociólogo Helmut Schoeck en su clásico sobre este tema: "el tipo del envidioso no es un ladrón en beneficio propio. Este quiere ver al otro robado, expropiado o dañado sin ver una transferencia de esos bienes a sí mismo...

El envidioso cree que si el vecino se quiebra una pierna, él mismo va a poder caminar mejor". Pero más interesante aún, el ex catedrático de Yale agrega: "mientras más se le permite en una sociedad a los privados y a quienes detentan el poder político actuar como si la envidia no existiera, mayor será el crecimiento económico y las innovaciones" (Schoeck, Der Neid und die Gesellschaft).

Esto es así puesto que la políticas que buscan la igualdad material restringen la libertad y con ello la fuente del progreso. Según Schoeck, una clara manifestación sociológica de la envidia es el impuesto progresivo. Este se defiende sobre la base aparentemente ética de que es justo que los que ganan más paguen proporcionoalmente más. En realidad de lo que se trata es de una sanción a aquellos que son más exitosos, como si su ventaja fuera injusta por el mero hecho de existir. La desigualdad, sin embargo, cuando es el resultado del mercado libre jamás puede ser injusta. Los resultados del mercado no se siguen de voluntad singular alguna y por tanto no pueden ser calificados de injustos. No cabe la aplicación de enunciados éticos a fenómenos de naturaleza espontánea.

El juicio en torno a la justicia o injusticia de lo que los individuos poseen solo puede realizarse caso a caso. Ahora bien, bajo reglas de mercado competitivo, la desigualdad  material resultante tiene necesariamente su origen en: a) decisiones individuales libres motivadas por la búsqueda del propio interés y, b) el beneficio que, en ese marco, quienes poseen más han generado a quienes poseen menos. Esto último es tan crucial como ignorado. En un mercado libre y competitivo, la única forma de hacerse rico es satisfaciendo las necesidades ajenas. Esto explica el enriquecimiento general que se produce bajo condiciones de libertad. En ese esquema, aquellos cuyo esfuerzo e ingenio les permite crear los mejores productos al menor precio, serán quienes más beneficiarán a la población y en consecuencia también los más ricos —los rawlsianos pueden estar traquilos—.

De todo lo anterior se sigue que la injusta desigualdad es aquella en que la ventaja material de algunos deriva de alguna forma de confiscación arbitraria: fraude, monopolios, privilegios estatales, inflación, impuestos transferidos a grupos de interés, etc.  Y de esa, sin duda, hay bastante en el mundo.

* Investigador del Instituto Democracia y Mercado (Chile) y columnista de ElCato.org. Axel obtuvo el primer lugar en nuestro primer concurso de ensayos, Voces de Libertad 2008.

http://www.elcato.org/justa-desigualdad

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martes, 3 de abril de 2012

ZENAIR BRITO CABALLERO / DEGENERACIÒN MORAL

Crea en usted, en sus sueños, en sus ideales. No permita que la injerencia extraña afecte su buena disposición por trabajar en pos de un ideal sano y pertinente. Tenga claro que siempre hay gente, enemiga del éxito, pendiente de la más mínima oportunidad por manosear los buenos procesos pero de igual manera, nunca falta el ser humano valiente y leal que está presto a defender lo valioso.


La historia está llena de anécdotas similares en las que se nos cuentan pasajes a través de los cuales la envidia, la ambición o la simple mediocridad humana han sido desencadenantes de grandes tragedias. No recuerdo un solo episodio importante, en la tradición, en el que no haya existido mínimo un individuo presto a atravesarse, desconocer e intentar dañar procesos de mucho tiempo de construcción.
Por eso cuando se trabaja, con vocación de servicio, anteponiendo el bien común y desechando otro tipo de intereses, si ellos son talanquera para el éxito y la transparencia, no es bueno esperar reconocimientos de nadie. Lo que de verdad importa es lograr hacer bien las cosas y de esa manera disfrutar de la paz que nadie vende, compra o regala por ahí: la sensación de tranquilidad generada por una voz interior que actúa como censor inalterable y que en mi época de niña me enseñaron que se le conocía como la voz de la conciencia.
Creo que todavía se llama así. La experiencia nos muestra como hay personas que, desconociendo las tradiciones, la historia, los legados y los principios que motivaron el desarrollo de una gran misión, a través de mucho tiempo, intentan arrasar sin piedad, sin la más mínima consideración y con toda una batería de agresividad, al estilo de las peores hordas.
Son personajes que llegan apoyados e incitados subterráneamente y hacen el papel de tontos útiles; la verdad es que consiguen hacer mucho daño, lo cual los tiene sin cuidado pues la pertenencia y el amor son valores que no importan y por consiguiente no ostentan. La decadencia moral existe, está a la orden del día y es otra forma de violencia muy común, pero que se ha incrementado desde que en este gobierno revolucionario pareciera haberse abolido al máximo los elementos que garantizaban la protección de las costumbres buenas y los sanos principios, donde la permisividad se volvió derecho y todo lo que defienda esas cosas buenas que tanto ha costado construir, es calificado de posición “aristocrática o pitiyanqui”.
Ya el estudiante no respeta al maestro o profesor, cualquiera que medio ostenta poder se cree Dios, los padres no saben qué hacer para educar sin apoyo; los drogadictos están ejerciendo su “derecho al libre desarrollo de la personalidad” mientras los jíbaros, los mafiosos y narcos ejercen su “libre derecho al trabajo”, a costa de la salud de todos, la moral pública y la paz. Cualquier persona llena de títulos y sin pizca de altura, decencia o consideración, intenta volver asunto académico su sociopatía. Formas de degeneración moral, decadencia humana y despreciable ambición que, cueste lo que cueste, hay que combatir antes de que se nos termine de desmoronar lo que queda de nuestra sociedad venezolana y pasemos a la historia como cobardes.
 britozenair@gmail.com

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domingo, 26 de febrero de 2012

ANTONIO JOSÉ MONAGAS PIDO LA PALABRA / ¿ATRAPADO ENTRE RUMORES Y VACÍOS?

Al tratarse de los problemas de salud que aquejan al presidente de la República, los rumores saltan a la palestra del venezolano común. La opinión pública luce enredada ante la escasa información que el gobierno mismo aporta o brinda sin hacer traslúcida las realidades que pesan ante la necesidad de informar oportuna y verazmente.

Aunque la jerga popular dice que los celos matan, en el medio callejero los rumores también matan. Sobre todo, en el ámbito político. Más, cuando corren a la velocidad del chisme sin tener idea a quién afecta y de qué modo. Puede que el rumor sea más real que la verdad o que la verdad se alcance mediante el rumor. Pero si es así, ¿cuál verdad sería la que pretende aducirse? O por lo contrario, ¿en qué error o equivocación podría incurrirse? A pesar de que el rumor resulta de sólo habladurías, casi siempre deriva en serias confusiones. Aunque por el revuelo que genera, nada es seguro. En cualquier caso, pone a la gente en ascuas. O sea, a correr pues lo que viene detrás del rumor estremece o desacomoda lo que consigue a su paso. Pero asimismo sucede con la desinformación cuando ésta hace sentir su perversidad.

Al tratarse de los problemas de salud que aquejan al presidente de la República, los rumores saltan a la palestra del venezolano común. La opinión pública luce enredada ante la escasa información que el gobierno mismo aporta o brinda sin hacer traslúcida las realidades que pesan ante la necesidad de informar oportuna y verazmente. Acá, la intensidad de los rumores, tanto como su ambigüedad, dejan ver la fuerza de su embalaje.

Cabe preguntarse: ¿qué gana el gobierno al esconder la información como si de un tesoro escondido se tratara? Se ha venido dando todo un debate sobre si se debe conocer o no detalles en relación con el estado de salud del jefe de Estado. O sobre el uso de recursos del Estado para exaltar la figura del primer mandatario. Igualmente, sobre el destino de dinero para proselitismo político, realidad ésta que ha llamado la atención de la ciudadanía que no ve razón alguna para mantener oculta la información necesaria que evidencie los manejos y recurrencias cometidas por el alto gobierno. Con este comportamiento está avivándose el fuego de los rumores, con su carga de insinuaciones que sólo contribuyen a exagerar o desvirtuar los hechos.

En medio de este vacío de información está provocándose una desconfianza de tal magnitud, que grava a su vez el peso de los problemas sociales y políticos sobre un país dividido. Peor aun, fracturado y a punto de partirse en partes disociadas de objetivos de desarrollo.

En el fragor de tan perniciosa situación, el alto gobierno cree que con esta estrategia de fatídica desinformación sobre la salud presidencial podrían manipularse los sentimientos de la población afecta al proceso por un mero interés proselitista ante la proximidad de las elecciones presidenciales. El manejo mítico de la figura del líder es vista como razón para mantener un nivel de atracción hacia él. De esta manera, se busca que el problema sea considerado como una herida de batalla para así incitar las movilizaciones necesarias que hagan ver al resto de la sociedad que el estado de salud del presidente es un problema que puede envolver al país en una sola bandera política. Sin embargo, la bola de rumores que tal situación motiva, no es más que el resultado de una estrategia de  burda manipulación sobre la sensibilidad del venezolano.

Mientras esto ocurra, la agenda gubernamental queda en el aire. Sin la fuerza del líder que la impone, queda al descubierto la razón para que el gobierno actúe tal como lo está haciendo: sin brújula que canalice las deformidades que viene ensayando con ínfulas de un socialismo obtuso. De ahí el interés de estimular la mayor “empatía” posible través del estado de salud del presidente. Pero la respuesta pudiera desmoronar la estrategia puesta en marcha. O sea, la de manipular la opinión pública buscando lo menos posible informar. Y en consecuencia, sacarle provecho y rentabilidad política a la figura de un presidente debilitado en términos de apoyo político toda vez que el pasado 12-F la oposición demostró su garra. Aún así, el país sigue viéndose atrapado entre rumores y vacíos de información.

VENTANA DE PAPEL


¿DESPEDIDA O CULTO A LA EXTRAVAGANCIA?

La partida del presidente de la República hacia Cuba, mantuvo en ascuas al país político. Primeramente, por la injustificada ocupación de la red nacional de radio y televisión en horario comprometido. En segundo lugar, la significación de su despedida y movilización entre Miraflores y la rampa 4 del aeropuerto de Maiquetía representó un insulto a la dignidad de un país que busca su desarrollo de espalda a una politiquería de oficio. Pero a juicio de los hipócritas estrategas y creativos gubernamentales el problema es buscar el mayor apoyo electoral aprovechándose de un principal conector emocional en pleno funcionamiento y que no es otro que la figura del presidente, sin que para ello importe consecuencias que afecten el malestar padecido.
¿Pero cómo alimentar la esperanza de cambio de la clase empobrecida sin utilizar el carisma presidencial en beneficio político? El impacto de tan cuestionado evento visto desde la perspectiva del afecto al gobierno, es determinante. Por eso, la necesidad de exaltar la personalidad presidencial, es fundamental para los fines consabidos. El secretismo seguirá siendo la norma y la incertidumbre, el medio necesario desde el cual continuarán operándose artilugios y eventos de cualquier naturaleza con el propósito de usufructuar la sensibilidad del venezolano sin criterio político pero capaz de darle su apoyo a la actual gestión de gobierno. Ante eso, resulta difícil entender que fue lo que se vio este viernes, si en efecto fue una despedida o un culto a la extravagancia.

¿BURGUESÍA DE IZQUIERDA?

El análisis político de las realidades nacionales, resulta de lecturas basadas en observaciones realizadas a través de informaciones no sólo plasmadas en periódicos y revistas, libros o divulgaciones por la Internet. También provienen del hecho de considerar el acervo informativo expuesto por reportes televisivos y radiales. Y aunque repetitivos en sus argumentos, los discursos presidenciales no dejan de dibujar una panorámica del devenir de alguna manera interesante. Sin embargo, en más de una ocasión se le va más de un enredo, producto de algún disparate conceptual o de interpretación histórica o de las realidades circundantes. El hombre que ostenta ser invencible por el poder que “por ahora” detenta, cae en necedades que muchas veces suenan a ridiculeces. Particularmente, cuando cree sabérselas todas más una.
En la cadena nacional del miércoles 15-F, el presidente de Venezuela quiso dárselas de “sobrado” pero salió trasquilado pues lo traicionó su subconciencia o deseos reprimidas de buen capitalista. A pesar de su manifiesto bolivarianismo, pasó por alto que ese día debía conmemorarse la declaración del general Simón Bolívar de su condición de hombre demócrata. Más aún, cometió el equivoco de aludir al concepto de “burguesía” sin mayor sentido de lo que dicho término implica. Ofreció una declaración que pecó de ignominiosa. Expresó: “a la burguesía opositora, la invito para que se vengan con nosotros, la burguesía de izquierda”. Lo dijo tan rápido que quizás a muchos pudo escapársele tan despeñada barbaridad conceptual. Según él, ahora hay burguesía de izquierda. 

LA ENVIDIA SE LOS COME

Se ha dicho que la reacción del oficialismo ante el presagio de su inminente derrota el próximo 7-O, es producto del miedo que sobrellevan estos compatriotas “cabeza roja” pues saben la suerte que les espera. Sin embargo, más allá de tan incurable culillo, el chavismo respira ahora por la herida que la envidia viene causándole desde que estos gobernantes se dieron cuenta de la incapacidad que aflora en cada decisión tomada. Los inesperados, aunque explicables resultados de las elecciones primarias, exacerbaron tan primitiva condición.
La gallarda elección de un sólido contendiente del candidato que se ha creído invencible, hizo mella en sus intenciones de mantenerse en el poder. La reaparición de una dolencia en la humanidad presidencial, pudo generarse del malestar que esta nueva situación política nacional ha sacudido la escena política. La desinformación que aplica el alto gobierno en todos sus frentes de acción, está asociada a la envidia socialista por la que se ha visto carcomida la gestión pública. El molestia se refleja hasta en el tren ministerial. Muchas presunciones de quien lucía imbatible, se han mermado por la desazón que lo tiene trancado. Por eso tanto escándalo televisado. Además del miedo que sufren los rojitos, la envidia se los come.

amonagas@cantv.net
@ajmonagas

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martes, 22 de marzo de 2011

SI LADRAN SANCHO ES PORQUE CABALGAMOS. ZENAIR BRITO CABALLERO

Es frecuente acudir a la conocida sentencia: “Si ladran es porque cabalgamos” cuando nuestras acciones relevantes dejan huellas y nuestros detractores nos ladran como una manera de acallarnos, de acorralarnos, de perseguirnos como lo hacen los revolucionarios con los opositores a su gobierno comunista. 

Vale aclarar que esa expresión que se le ha adjudicado a Cervantes en boca de Don Quijotes, no aparece en ninguna de las páginas de su libro, porque su autor es Goethe, sí, el que sólo se conoce por Fausto, su obra cumbre, en su poema El Labrador, donde dice: “Vanos ladridos ahogados por el viento / cabalgamos por el mundo en busca de fortuna y de placeres / Mas siempre atrás nos ladran / ladran con fuerza, / pero sus estridentes ladridos / sólo son señal de que cabalgamos…”. 

PERRO LADRANDOLE A LA LUNA
En la primera mitad del siglo XX, en España se usó la expresión y se le agregó el nombre de Sancho y la acomodaron: “Si ladran, Sancho, es porque cabalgamos”, se hizo común y hoy le pasa como a la sentencia “Ayúdate, que yo te ayudaré” que para los que la usan está en la Biblia y no es así, no aparece en el libro sagrado ni la dijo Dios. Hecha esta aclaración, que no está de más, quiero utilizar esa socorrida frase de Johann Wolfgang Goethe para los que constantemente se aponen a las acciones que sólo tienen un noble interés, y no hacen más que  ladrar, porque son personas que sienten el roer de la envidia o del odio ante el logro, el accionar, el buen obrar de los demás, odio y envidia que no son más que ladridos de impotencia  porque sólo se hacen notar rechazando todo, oponiéndose por oponerse o ladran a falta de argumentos contundentes. 

En nuestra Venezuela es muy común el concierto de ladridos de perros chandosos que estropean acciones, obras, decisiones que pueden ser redenciones para muchos problemas, pero no las pueden aceptar porque hay sentimientos turbios ya sea por pendencias familiares o políticas que los llevan a oponerse al que se destaca o propone algo en beneficio de la comunidad. Esta vez me refiero a la pasada marcha de los estudiantes opositores a favor de un mejor presupuesto para las universidades públicas venezolanas no afectas a la ideología gubernamental, ¡cuánta urticaria provocó!, que si no debía ir la policía, que si no los gobernantes, que tuvo una asistencia mínima y muchos más ladridos roncos  de perros sin pedigrí. 

Pues bien, los organizadores quedaron satisfechos, porque “cabalgaron”, los que debían ser, los llenos de afecto por la ciudad capital, los que no necesitan un bus o un trago de licor o una promesa que no se cumple, para movilizarse, se plantearon el problema de inseguridad, de un  mejor presupuesto universitario para el aumento a los profesores, empleados y obreros, para el aumento de becas a los estudiantes, mejoría de los comedores, del transporte y mas presupuesto para la investigación y la extensión y se fueron seguros que su presencia era importante. Y  la marcha es el comienzo de un trabajo permanente por la paz, por la tranquilidad, que lo seguiremos con actos culturales, con escritos de opinión, con todo lo que imprima beneficio para encontrar la serenidad de un pueblo que por sus arraigos de mansedumbre, se merece una mejor vida. Aun sigue la huelga de hambre de estos ejemplares y dignos estudiantes de una Venezuela que quiere salir de esta Venezuela desbancada para obtener los beneficios presupuestarios. 

Es seguro que a los ladradores o detractores del gobierno socialista-comunista les serviría  participar en todos esos actos para que conjuren el negativismo y el ardor que sienten ante lo que ellos no pueden manejar, la próxima vez únanse, ya verán que bien se sienten, se les alivianará el alma aunque sea por un ratito. Andrea Alciato escritor italiano del siglo XIV, escribió: “Para el perro, es la luna un gran espejo;  /Ve su reflejo creyéndolo  otro perro, /Vanos ladridos ahogados por el viento. /La luna sorda, prosigue su camino”. Y no más, sólo hago votos para que los ladradores, al final, no se conviertan en solitarios aulladores a una luna indiferente y que nuestros estudiantes logren su cometido, no como afirmo el Presidente de la Asamblea Nacional “se quedaran solos como los golpistas de la Plaza Altamira” Amanecerá y Veremos”.

britozenair@gmail.com      
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viernes, 25 de febrero de 2011

PARRILLADA DEL RESENTIMIENTO. EDITORIAL DE ANALITICA. ANALITICA PREMIUM

¿Qué los mueve a hacer semejante barbaridad? ¿Un resentimiento inducido por el discurso? ¿Una perversidad innata? ¿Un sentido del humor muy maligno y de mal gusto?
¿Una antagonismo político muy mal entendido y peor actuado?

A mediodía de ayer los 82 estudiantes que se mantenían en huelga de hambre en reclamo a la visita de una misión de la Organización de Estados Americanos al país para constatar la situación de los derechos humanos, levantaron su acción de protesta al considerar que el compromiso adquirido por el ministro del Interior, Tareck El Aissami, de revisar los casos de siete presos (políticos) fue un paso importante y suficiente para cesar la queja colectiva.

Durante los días que mantuvieron la huelga, algunos de ellos requirieron auxilios médicos debido a las descompensaciones que provoca en el organismo el ayuno prolongado. Escuchamos a ministros y afectos al régimen no sólo dudar de la acción de estos jóvenes sino burlarse abiertamente.

Pero el colmo de todo fue la parrillada que estudiantes pregobierno (suena a anatema, pero en esta revolución todo es posible) organizaron frente a la sede de la OEA, en Las Mercedes, donde se instaló el grupo inicial de los manifestantes.

¿Qué los mueve a hacer semejante barbaridad? ¿Un resentimiento inducido por el discurso? ¿Una perversidad innata? ¿Un sentido del humor muy maligno y de mal gusto? ¿Una antagonismo político muy mal entendido y peor actuado?

La jugada les debió salir muy mal, no a los ojos de quienes aplauden la violencia y sus variantes, sino ante los ojos de cualquier ser humano consciente de su condición que, mínimo, no puede sino descalificar esta provocación fascistoide.

¿Dónde está el otrora defensor de los derechos humanos Tarek William Saab? ¿O quienes viven -y sacan réditos políticos- del recuerdo de las torturas y los desplantes que vivieron en tiempos pasados? ¿Dónde está el valor del humanismo que dicen practicar los "revolucionarios"? ¿Aplaudirá esta caricatura burda el excelentísimo embajador ante la ONU, Roy Chaderton Matos, quien fue generoso en descalificaciones hacia los estudiantes huelguistas?

La parrilla del resentimiento, no cabe la menor duda, es una muestra palmaria de las bajezas con que pueden llegar a operar los ciegos fanáticos de un sistema sectario, de su perversidad y revanchismo, y su enfoque degradante de la política.


Analítica Premium
informespremium@analitica.com

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domingo, 30 de marzo de 2008

*ROGER SANTODOMINGO ESCRIBE EN BARÓMETRO: “POLÍTICA DE LA ENVIDIA”


*ROGER SANTODOMINGO ESCRIBE EN BARÓMETRO: “POLÍTICA DE LA ENVIDIA”


El gobierno enfrenta una fuerza más poderosa que la del imperio estadounidense: un resentimiento que secuela en las huestes de la revolución y entre ese pueblo que hasta ahora le ha dado su voto. Se trata de la envidia, una de las fuerzas económicas y sociales más potentes y peligrosas de la historia.

El relato bíblico de Caín y Abel retrata el paradigma.La antigua y fatal tradición establece que no envidiamos más a los que consideramos distintos sino aquellos a quienes consideramos nuestros iguales:nuestros hermanos, compañeros de estudios, camaradas que tuvieron más fortuna y éxitos (una casa más grande, un auto mejor, un sueldo mayor) que nosotros.Pero fue el desarrollo moderno, a partir de las revoluciones francesa y americana, lo que le dio ese poder de transformación n industrial a esta baja pasión humana.


El libro de Alain de Botton, Ansiedad deEstatus (Status Anxiety, Vintage, 2004) recoge, con deliciosa erudición, la paradoja de que en la medida que los occidentales mejoraron su situación económica y se alejaron de las penurias del mundo feudal, fueron aumentando sus expectativas. Con los ideales de igualdad y fraternidad llegó también la ansiedad por la posición relativa en la escala social.


Es este el dilema que se plantea ahora en el feudo chavista en su sentido más amplio (incluyendo a losamos y a los siervos) según noticia publicada este lunes 24 de marzo en El Nacional por la periodista Omaira Sayago: "Ascenso socio económico de los chavistas es un boomerang para el Gobierno".De acuerdo con el reportaje, el gobierno tiene dificultades para aplicar medidas económicas restrictivas que golpeen a la nueva clase media vinculada al gobierno. La nómina del Estado creció 4veces más rápido que la privada y los sueldos de los empleados públicos, efectivamente, aumentaron en más de 50% en los últimos 4 años, mientras que los del sector privado disminuyeron, en términos reales, casi5%.Según esto, antes era más fácil tomar una medida que castigara a la clase media y ahora el gobierno tendría que pensarlo dos veces o prepararse para pagar el costo en pérdida de seguidores.


Sin embargo, hay otro efecto perverso.Jean Jacques Rousseau decía que para hacer a un hombre más rico había dos alternativas: darle más dinero o reprimir sus deseos. El aumento en la renta petrolera ha facilitado al Estado repartir beneficios y, de hecho, disminuir indicadores de pobreza. Pero la expansión del gasto público ha distorsionado la economía, generado inflación y reducido la competitividad del sector más amplio de la población.


Aunque se diga que es malo ser rico, reprimir el deseo de superación ha resultado infructuoso y todos se sienten con derecho a su Hummer.Las desigualdades, ese combustible que tanto alimentó el discurso populista oficial, ahora se le vuelven en contra. Un obrero ve a su vecino chavista mudarse súbitamente del barrio; un artesano ve a su hermano empleado público comprarse un magnífico auto. La riqueza rápida fluye, y no es tanto el trabajo como las conexiones lo que la genera. "Pero si en el exterior están regalando becas con plata venezolana",dice uno. Porque esto es lo peor: no alcanza para todos y, de pronto, aumenta la tasa de ansiedad, el descontento, porque "yo también quiero lo mío" en la repartición que promete igualarnos.La envidia alcanza a los altos representantes del chavismo y se alborota entre ellos. El ejemplo más reciente: un grupo descontento porque unos camaradas se enriquecen con elevadas comisiones de registros y notarías decidieron que había que acabar con ese negocio e investigar a esos aspirantes a oligarcas.


Pero estos reviran: "Ok, camaradas, pero nosotros no somos los únicos haciendo plata, si no fíjense en los hermanos del presidente Chávez".Allí entra en el ahora célebre diputado aguafiestas que, documentos en mano, dice en cámara: "Ok, saquen a mi mamá del registro, investiguen mis fondos decampaña, pero ¿cómo hicieron los hermanos del Presidente para comprarse unas haciendas milmillonarias? No hay cómo, no hay derecho. Esto da rabia". Y ¿qué dirán del Presidente sus hermanos y sus viejos compañeros de lucha?" La política de la envidia alcanza para todos, porque ¿no y que todos éramos iguales?


Roger Santodomingo