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domingo, 6 de noviembre de 2011

DARÍO TROPEANO: INDIGNADOS Y GOBIERNO MUNDIAL (FUENTE TABANO INFORMA DESDE ARGENTINA)

La crisis sistémica que venimos comentando desde finales del 2007 desde estas páginas, que por cierto nos sorprende en su profundidad y extensión, muestra la irrupción de un nuevo fenómeno social en lo que se creía que eran las principales democracias de Occidente: el de los indignados.
Se trata de movimientos sociales nacidos en Europa y Estados Unidos que ocupan espacios públicos en las principales ciudades de los países endeudados y con graves crisis económico-financieras: Occupy Wall Street o el Movimiento 15-M de España proponen democracia directa y el fin del dominio de los bancos y los burocráticos partidos tradicionales. Estos fenómenos se completan con fuertes movilizaciones populares en Italia, Grecia y Portugal y las que vendrán en otros países en tanto se ha optado por profundizar la crisis, reforzar el control ciudadano e intentar salvar a los bancos quebrados.
La actividad de estos movimientos ha demostrado, por ejemplo, en Nueva York (en Estados Unidos se han sucedido en más de cien de ciudades, incluso con tomas de muchas legislaturas estaduales durante varios días, lo cual se omite en los grandes medios de comunicación) que el sistema de represión social es vigoroso y prácticamente no hay semana en que no se produzcan decenas de arrestos de los reclamantes. La frase "I'm Getting Arrested" (me están arrestando) vincula a los manifestantes mediante teléfonos celulares para avisar sobre el accionar policial. Las denuncias se han intensificado contra Google por borrar imágenes de represión en Nueva York, Oakland y Denver.
Sin embargo, esta corriente no está exenta de límites y contradicciones: no hay propuestas claras ni líderes fuertes que dirijan y se han comenzado a observar intervenciones en la financiación de estos grupos por lo menos contradictorias. Me refiero concretamente a los aportes que el movimiento estadounidense recibe a través de la fundación Tides o el Centro Mareas, financiados por la Fundación para una Sociedad Abierta (OSF) del magnate George Soros. Este verdadero testaferro apostó contra la libra inglesa en 1992 y ganó más de mil millones de dólares. Esto sirvió para que Inglaterra se retirara del mecanismo europeo de tipos de cambio, que dio origen años después al euro, moneda a la cual paradójicamente los ingleses no adhirieron manteniendo su independencia monetaria, cambiaria y fiscal –ello aun a pesar de integrar la Unión Europea, que coincidentemente se creó en 1992 por el tratado de Maastrich–. La salida del mecanismo de tipos de cambio le permitió a Inglaterra devaluar su moneda y estabilizarla, superando un estancamiento prolongado para crecer durante los siguientes quince años a porcentajes promedios mayores que la Unión Europea.
Dado que no existe recuperación a la vista, las protestas sociales por cierto irán en aumento ya que el ajuste y la emisión monetaria son las dos únicas medicinas ensayadas para enfrentar un fin de ciclo: la consolidación de un gobierno único afirmando la bancocracia política y económica o el tránsito en algunos años a un sistema más democrático y equitativo. Se observa una lucha de intereses entre las otrora democracias de Occidente por un lado, frente a Rusia, China y algunos otros países. El último frente de defensa actual de la globalización es Europa, donde se ensayan las estructuras económicas e institucionales de consolidación del proyecto global, herido por cierto. El presidente de la Unión Europea, Herman van Rompuy –político belga de escasa imagen y desconocido hasta hace pocos meses–, dijo en el 2009 que se trataba del primer año de la gobernanza global. Luego de aquella afirmación se han sucedido proyectos de reforma del tratado de la Unión Europea para unificar impuestos de los países, niveles uniformes de déficit fiscal, sanciones a los países incumplidores y modificación de las constituciones nacionales privilegiando el pago de sus deudas soberanas. La obsesión para someter a los Estados ha llegado incluso a modificar el artículo 135 de la Constitución española (¿alguien lo sabe?) estableciendo que en los presupuestos tendrán privilegio de pago absoluto los intereses y el capital de los créditos de las administraciones del Estado.
Hace escasos días, en su despedida como presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet manifestó: "Hay que impedir que un Estado miembro se descarrile y genere problemas a los otros, hay que imponer decisiones incluso sobre los vetos de los Estados… se trata de un problema de supervisión y gobierno dentro de la UE… hay que proteger a las firmas soberanas de Europa, proteger a los bancos y a todas las instituciones financieras". Es interesante la lectura de las memorias de Nelson Rockefeller ("Memoirs", 2002), con participación accionaria en la Reserva Federal de Estados Unidos (banco central privado), donde explica que un gobierno mundial es la única manera de garantizar la paz mundial, integrando las estructuras políticas y económicas globales. Concordante, hace pocos días el Vaticano pidió a través del Consejo de Paz y Justicia una autoridad pública con competencia universal para el ético funcionamiento de la economía a través de un banco central mundial que regule el sistema y el flujo de intercambio monetario.
El movimiento de indignados, los okupas de los espacios públicos y las movilizaciones sindicales y políticas enfrentan el desafío de abordar la crisis estructural de larga duración de un sistema que atraviesa contingencias adversas (especulación desenfrenada, guerras, oligopolios, degradación ambiental, control social, consumismo, desinformación) propias del agotamiento de un modelo de acumulación de capital elaborando y construyendo una perspectiva de sustitución social y económica más sustentable que preserve a la humanidad.
http://www.rionegro.com.ar/diario/rn/nota.aspx?idart=746493&idcat=9539&tipo=2
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jueves, 27 de octubre de 2011

ÁNGEL GARCÍA BANCHS: EL CAPITALISMO POPULAR

Puedo hablar con propiedad sobre lo que María Corina Machado ha denominado capitalismo popular, debido a mis múltiples conversaciones con ella.
El capitalismo popular, según entiendo, es lo contrario al capitalismo rentístico de Estado (i.e. al socialismo del siglo XX y XXI), el cual ha imperado en Venezuela hasta ahora; implica un sistema que llegue e incluya a todos y cada uno de los hogares venezolanos, y no tan solo a unos pocos; uno que transforme al individuo en emprendedor y trabajador o, lo que es lo mismo, le permita desarrollar sus capacidades y aprovechar sus libertades para depender de sí mismo y no del Estado; hasta dónde llegar, en el capitalismo popular, dependerá de uno mismo; no habrán bases político-clientelares, limosnas, dádivas o humillaciones, sino ciudadanos dignos y libres que se beneficiarán continuamente, mientras trabajan, emprenden, y aportan al país. Pero, ante todo, el capitalismo popular, implica un nuevo diseño institucional para Venezuela – i.e. uno que haga predominar nuestros mejores valores y minimice a su vez los malos hasta ahora reinantes.
El capitalismo popular implicará substituir el modelo de reparto de la renta petrolera, fundamentado en la dependencia del ciudadano del Estado, y en el desempleo y subempleo como base político-clientelar, por uno de transformación de la sociedad, basado en la civilidad, el crecimiento, el desarrollo y el empleo productivo.
Implicará eliminar los controles y modificar los arreglos institucionales de la economía, para minimizar el riesgo jurídico y político de invertir en el país, y ofrecer libertades, hasta hoy día negadas al sector privado, como lo es la posibilidad de emprender negocios, e invertir en la producción de petróleo, petroquímica, hierro, minería y otros sectores, hasta hoy reservados por el Estado venezolano.
También, implicará convocar a un acuerdo o pacto nacional entre partidos, trabajadores, empresarios, y el gobierno nacional, para contribuir a la paz y la armonía social del país, la expansión del producto y el empleo productivo y la erradicación de la inflación. Igualmente, diversificar y expandir la industria petrolera de 2 a 3 veces su tamaño actual, y procurar una tasa de crecimiento real de la misma no menor al 3%, para propiciar el desarrollo de sectores conexos y poder producir y exportar insumos para la industria, al igual que productos de la petroquímica, y del plástico, de mayor valor agregado y demanda laboral.
El capitalismo popular implicará dar un giro de 180 grados a la política económica actual, de forma tal de poder industrializar al país, substituir un gran número de importaciones y, sobre todo, lograr exportar producto no petrolero, mientras se avanza hacia la independencia fiscal y monetaria de los hidrocarburos. Transformar la economía nacional de una economía de puertos a una diversificada, que no dependa únicamente del petróleo, y las importaciones, a través del control de la inflación y, en particular, mediante el mantenimiento de un tipo de cambio competitivo, en vez de un cambio sobrevaluado, como ha ocurrido desde hace tantísimas décadas.
Sin que nadie pierda sus actuales ingresos, el capitalismo popular irá, poco a poco, substituyendo las misiones y asistencias por empleos productivos y mejor remunerados, generados por el sector privado. Y, así, también, entre muchas otras cosas a mencionar, implicará eliminar gradualmente los subsidios y, en particular, el subsidio a la gasolina, que representa a precios actuales un costo de oportunidad de 20 mil millones de dólares, que bien podrían ir al financiamiento de bienes públicos como la educación y la salud.
Pero, todo lo aquí descrito en muy pocas líneas, no es más que un abre boca sobre lo que, al parecer, es una gran propuesta que implica ruptura con nuestro presente y pasado y, por tanto, ofrece la verdadera transformación que reclama el país.

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jueves, 6 de octubre de 2011

CARLOS R. PADILLA L: LA CONSPIRACIÓN DE LOS DINOSAURIOS


Eran los primeros años de la década de los 90, lapso que fue signado por un viraje inusitado hacia la descentralización, la conformación de un gobierno limitado y de una economía abierta a la competitividad.

Las aspiraciones del puntofijismo estaban vencidas, se abría paso a la modernidad; pero las viudas del centralismo y del rentismo petrolero desgarraban sus vestiduras ante esa apertura a la renovación de estructuras políticas y económicas.

Velociraptor
No solo fueron los usufructuarios del mercantilismo que tenían monopolizado con el Estado todos los grandes negociados, los marxistas leninistas enemigos de cualquier jugada que perjudicara la economía de la Rusia imperialista, los facturadores de derrotas en el campo político, los caciques políticos que veían mermado su poder ante una democratización profunda de los poderes públicos descentralizados y elegibles, la internacional comunista reunida en el Foro de Sao Paulo, los envidiosos del talento modernizador, los militares ambiciosos por capturar el poder; sino también quienes dentro de la socialdemocracia veían el derrumbe de sus hegemonías. Es decir los dinosaurios que sentían la caída del meteorito que los aniquilaría.

Alberto Jordán Hernández en uno de sus históricos artículos afirma que “El juicio contra CAP lo motivó denuncia de José Vicente Rangel en su programa de Televen. La formuló en 1992, a nueve meses del golpe que en febrero lideró Hugo Chávez y a 19 días de la asonada que él abortó desde su prisión, al fracasar su intento de jefaturarlo. JVR daba otro vuelco político. Fue él quien salvó a CAP de ser enjuiciado en su primera presidencia, lo cual impidió con su voto parlamentario y quien el 27F-89 le pidió salvar la democracia. CAP fue acusado de usar indebidamente Bs. 250 millones, en parte invertida en seguridad de Violeta Chamorro, que Daniel Ortega, desplazado por ella en presidencia de Nicaragua, ha recibido supermultiplicada del actual régimen.”

Nunca imaginaron los Velociraptores   que estaban dando paso a los  Tiranosaurios Rex que reinan en este paisaje prehistórico. Pero soplan vientos de modernidad.

carlos.padilla.carpa@gmail.com

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jueves, 19 de mayo de 2011

LA MENTALIDAD DISTRIBUCIONISTA. HÉCTOR BLAS TRILLO. CASO ARGENTINA. EN EL ÁGORA -

La mentalidad distribucionista es una constante en la historia argentina de los últimos 60 años por lo menos. Ella se manifiesta en innúmeras disposiciones legales de todo cuño y formato. Desde las afiliaciones compulsivas a sindicatos y sistemas jubilatorios, hasta la llamada progresividad en los impuestos para que paguen más quienes tienen más.

La ya histórica tendencia a buscar dónde puede aplicarse un nuevo impuesto es un dato de la realidad y una de las principales causas del retraso argentino. El desaliento a la inversión es, precisamente, la consecuencia lógica del castigo al éxito.


La supuesta defensa del más débil y del desprotegido se ha tornado en la evidencia patética de que en la Argentina actual el 40% de la población está por debajo de la línea de pobreza si la medición es medianamente acertada. El reparto de dinero y comida se superponen con las ayudas a emprendimientos y las tasas blandas para créditos de todo tipo con el objetivo declarado y declamado de proteger a los que no están dentro del sistema.

La triste realidad muestra, contrario sensu, que quienes están dentro del sistema se muestran empobrecidos, incapaces de soportar la galopante inflación, impedidos de adquirir los bienes y servicios fundamentales para vivir. Sumergidos, postergados y humillados, recurren como pueden a toda clase de reclamos, muchas veces mediante acciones directas que conllevan la violación de los derechos de la población en general, como ocurre con piquetes, sentadas, escraches y otras manifestaciones por el estilo.

En este marco, también es dable observar cómo crecen las voces que exigen a las autoridades que sean preservadas sus quintitas, sus cotos de caza. Que se impida la llegada de extranjeros, que éstos puedan comprar tierras, que no se los atienda en hospitales públicos, etc.

En este punto se da la paradoja de que se pretende el distribucionismo hacia adentro, que los extraños se arreglen como puedan.

Muchas veces el formato distribucionista no es detectado con facilidad diversos comentaristas que intentan explicar la realidad. La fijación de precios máximos, la fijación de salarios mínimos, la asignación de ajustes de salarios por rama de actividad, las prohibiciones y restricciones al comercio exterior, la aplicación de regímenes promocionales, los subsidios, las devoluciones de impuestos y otras políticas intervencionistas constituyen claras formas de distribucionismo.

Qué cosa es el distribucionismo sino la asignación de bienes ganados legítimamente por unas personas, a otras.

Esta mentalidad, que brevemente intentamos describir, en la Argentina es generalizada. La necesidad de generar recursos para aplicar a todo tipo de planes intervencionistas obliga al Estado a recurrir a fondos provenientes de diversas fuentes. Así, la apropiación de los recursos de las AFJP contó con el beneplácito no solamente del oficialismo peronista (en donde a su vez se entremezclan claramente viejos menemistas, duhadistas y otros, muchos de ellos borocotizados como kirchneristas).

El hecho más reciente que muestra a las claras la generalización notable de esta forma de ver la vida, la economía y la naturaleza humana, es la votación unánime de la ley regulatoria de la medicina prepaga. En la cámara de diputados, 190 de ellos votaron a favor, 29 se abstuvieron y no hubo ni un solo voto en contra.

Esta ley agrega prestaciones y genera obligaciones a las empresas de medicina prepaga que para ser cubiertas requieren de mayores recursos. Para contar con ellos será necesario subir adicionalmente a la inflación real, las cuotas, cosa que deberá estar sujeta a un organismo regulador encargado de la autorización respectiva.

Como se sabe, esta cobertura médica es abonada de manera voluntaria por aquellos habitantes que no confían o no están conformes con la medicina pública, que otorga el Estado y que se financia con los impuestos que todos pagamos. Es decir que se trata de gentes que prefieren pagar dos veces para contar con un reaseguro médico, por así decirlo. Se trata según la información conocida de un porcentaje poblacional del orden del 10% del total.

Cabe preguntarse por qué ese porcentaje poblacional recurre a esta forma de cobertura y sería importante que nuestros legisladores se dedicaran a legislar y a corregir las falencias que estas personas han decidido evitar mediante un esfuerzo económico considerable, adicional como decimos al que se por sí realizan para abonar las obligaciones tributarias.

Pues no. Los legisladores pueden suponer que están conformes con la medicina pública, que al parecer no necesita cambios ni mejoras; pero en cambio creen que la medicina privada sí necesita regulaciones, pese a que sus adherentes abonan sus cuotas de manera voluntaria y precisamente porque se sienten desatendidos por el sistema público.

La respuesta a estos interrogantes está fundamentada en el sistema distribucionista, y tiene una inspiración que apunta a igualar hacia abajo, que es en general el fin tal vez no deseado de todo distribucionismo.

Si vemos que por ejemplo en el sistema jubilatorio algo así como el 70% del total de personas que cuentan con el beneficio, perciben la remuneración mínima, cuando hace algunos años ese porcentaje no alcanzaba a la cuarta parte, está más que claro lo que queremos decir.

En términos específicamente económicos, en la mayoría de los países se alternan dos visiones en esta materia. Una, más o menos intervencionista y distribucionista; la otra, más proclive a bajar las tasas de impuestos permitiendo que las inversiones lleguen y obtengan mayores rentas, con el objeto de recaudar montos suficientes para sostener el sistema sin necesidad de aplicar formas agresivas de distribución. En una, se da por sentado un intervencionismo más o menos intensivo tendiente a modificar la llamada distribución del ingreso por medio de gabelas progresivas y enfocadas a determinada capacidad contributiva, en otra, se busca el crecimiento económico como elemento fundamental para lograr una mayor recaudación y encarar desde el Estado aquellas necesidades básicas que ciertas gentes per se no pueden en un momento dado alcanzar.

El distribucionismo está íntimamente asociado al intervencionismo, y éste último ha dado lugar históricamente a los desastres económicos más grandes en la historia de la humanidad. Basta ver lo que ocurre hoy mismo en Europa ante la crisis del llamado Estado benefactor.

Los capitales huyen hacia sitios más seguros, detrás de ellos va la gente. Nadie está dispuesto a trabajar más allá de cierto punto para que los beneficios le sean quitados y distribuidos entre otras personas que de ese modo se benefician sin esfuerzo. Es por ello que los impuestos, tasas y contribuciones de todo tipo no pueden pasar de cierto límite más o menos impreciso de tolerancia.

Pero cuando el distribucionismo se hace carne en la población pareciera que ese límite es rápidamente desbordado sin que se generen reacciones o manifestaciones públicas de importancia. En verdad, ante la posibilidad de ser tildados de egoístas o poco educados civilmente, los exitosos prefieren callarse la boca y a su manera huir del sistema. Sobre todo cuando el castigo que deviene del distribucionismo los afecta más que proporcionalmente que al resto de los habitantes.

Hemos mencionado el caso de las prepagas por ser de rigurosa actualidad. Pero lo mismo ha ocurrido con las AFJP, donde con excusas varias el Poder Ejecutivo se apoderó, mediante una ley votada por una pléyade de aduladores y también de opositores. Opositores incluso que hoy mismo se presentan como candidatos a la jefatura de gobierno de la ciudad enfrentados a los candidatos oficiales.

La mentalidad distribucionista se ha apoderado prácticamente de todos los sectores de la vida pública. Así, se multiplican los que piden, los que exigen. Y tales pedidos y exigencias pueden ser de cualquier índole. Desde quienes ocupan espacios públicos o propiedades privadas, hasta los que reclaman extensiones de tierra por tratarse de descendientes de los llamados "pueblos originarios". En el medio, gremialistas de toda laya y color, corporaciones empresarias de diversa índole; maestros, camioneros, petroleros, empleados de ciertas empresas "recuperadas", jubilados, pensionados, "contratados", empleados públicos, facciones políticas que no alcanzan cada una a llenar un teatro, etc. Todos reclaman, todos esperan del Estado la distribución que les corresponde. Todos esperan de los otros, y los otros, de ellos.

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domingo, 15 de mayo de 2011

HÉCTOR BLAS TRILLO. LA GUERRA COMERCIAL Y EL MERCANTILISMO (DESDE ARGENTINA)

La situación que nuevamente se plantea con Brasil nos mueve a llevar adelante algunas reflexiones.  No es nuestra intención desarrollar aquí la política llevada a cabo con el gigante vecino en materia comercial en un grado de detalle que entendemos no vale la pena.

Iremos a los trazos gruesos para, como decimos, reflexionar respecto de las consecuencias.

Comencemos por decir que la cuestión del déficit o el superávit comercial externo suele ser vista desde una óptica puramente mercantilista entre nosotros. Se supone que su existe superávit, es decir, si exportamos más de lo que importamos, eso es mejor para el país. Este pensamiento se basa en el hecho de que, como el Estado adquiere las divisas que obligatoriamente los exportadores deben venderle, y también vende a los importadores las que éstos necesitan para adquirir sus productos en el exterior, la diferencia aumenta las reservas del Banco Central y mejora la situación general de la economía.

Sin embargo, si la compra de divisas por exportaciones se adquiere con emisión de moneda y la venta de ellas para las importaciones retira moneda de circulación, el efecto neto puede resultar (y así ocurre) inflacionario. Más allá de que las disposiciones que obligan a comprar y a vender las divisas deberían ser puestas de una buena vez en discusión, lo cierto es que si las divisas no son adquiridas con superávit fiscal, están inyectándose pesos frescos al mercado, que como se sabe el Estado intenta esterilizar mediante la colocación de bonos (Lebacs y Nobacs), con lo cual dicho sea de paso incrementa el endeudamiento. En estos momentos la emisión de bonos del Banco Central está en el orden de los 20.000 millones de dólares. A ello se suma la entrega de reservas para el pago de intereses de la deuda externa, que es cubierta, por así decirlo, con títulos del tesoro. Cada salida de dólares con ese fin es reemplazada por un bono.

Como además durante varios años la política monetaria fue la de mantener un tipo de cambio elevado artificialmente, el impulso inflacionario generado por la compra de excedentes de divisas  mediante emisión es el único resultado posible. Muchas veces lo hemos señalado.

En este punto, la moneda norteamericana está siendo ajustada en mucha menor medida que la inflación real. Ello se debe a que una vez desatada la espiral inflacionaria, y con una emisión cercana al 35% anual por diversos motivos adicionales, resulta indispensable retrasar el tipo de cambio para no provocar una inflación aún mayor.

Bien, el retraso cambiario es elocuente en estas horas. Por eso aumenta la compra de divisas para diversos fines (viajes al exterior, ahorro fuera del sistema, importaciones, etc.)

Entonces el Estado pretende desalentar esa adquisición adicional de  moneda extranjera aplicando todo tipo de restricciones. El mecanismo es de todos conocido: exigencias absurdas para adquirir dólares en casas de cambio (datos personales, origen de los fondos, destino de la moneda adquirida, etc.), trabas de diversa índole a las importaciones (listas de productos admitidos, licencias no automáticas, necesidad de pedir permiso, o de exportar tantos dólares como los que se importan, etc.)

Este tipo de política genera varias consecuencias. La primera de las cuales es la aparición de un mercado cambiario paralelo, donde el dólar y demás monedas son más caros que en el oficial. Se crean problemas tales como la falta de repuestos para automóviles o electrodomésticos, falta de competencia con productos de mejor calidad, etc. Todo ello deteriora la calidad de vida, encarece los precios de la producción local, obliga a gastar dinero en la adquisición de nuevos  electrodomésticos porque los viejos no pueden repararse, etc.

Y a todo esto se llega con las trabas mencionadas y por una única razón: porque el actual gobierno cree, como la mayoría de las personas, que es necesario mantener un superávit comercial: exportar más de lo que importamos.

¿Qué sentido tiene acumular reservas? Pues para muchos es una especie de reaseguro, de garantía de la solvencia del país. Sin embargo, si acercamos la lupa, podemos ver que el deterioro progresivo de la calidad de vida que estamos mencionando se acelera y contribuye al encarecimiento del mercado local, a la desmejora de la ya de por sí baja eficiencia, a la pérdida de productividad y demás males que son la consecuencia de las dificultades de lo que ciertos economistas han definido como "vivir con lo nuestro".

Pero resulta que esas reservas se acumulan esencialmente con emisión de moneda, de donde surge claramente que la moneda local es el pasivo del Banco Central, cuyo activo es la posesión de divisas. Cada vez que esas reservas se utilizan para pagos tales como los servicios de la deuda externa está dejándose "colgado" al pasivo en pesos, alentando la pérdida de valor de la moneda local.

¿Y qué ocurre si el país no tiene superávit comercial? Pues simplemente que se importan más bienes y servicios, se convierten los billetes de dólar que no se acumulan en el Banco Central, en bienes económicos, por así decirlo.

Es decir que se genera una mayor actividad económica. Que es lo mismo que ocurre cuando cada uno de nosotros teniendo capacidad de ahorro decide gastar su dinero, acelerando la demanda.

La vieja definición de compraventa mercantil tiene su sentido en el comercio exterior. Lucrar con la enajenación es el sentido del comercio. La movilidad económica se produce cuando el dinero se usa. Cuando los dólares se guardan en el colchón, en verdad lo que ocurre es que se está financiando al Tesoro de los EEUU de manera gratuita.

En definitiva cuanto más superávit comercial tiene el país, si se adquieren las divisas mediante la emisión de moneda, más pasivo monetario se tiene (pasivo que puede ser en pesos, en dólares, en bonos).

Volvamos entonces a la relación con Brasil. El volumen anual de exportaciones a ese país supera los 14.000 millones de dólares. Las importaciones alcanzan cifras en torno de los 18.000 millones. Estas cifras son aproximadas y corresponden al período anterior.

Lo cierto es que la situación con el país vecino es de déficit comercial y lo es desde hace varios años. Ello así pese a que la moneda brasileña se encuentra absolutamente revalorizada con respecto del dólar. Para que se tenga una idea cuando hace algunos años el dólar estaba entre nosotros en torno de los 3 pesos, en Brasil se cotizaba en 3 reales. Actualmente esos valores son 4,11 pesos en nuestro país, y apenas 1,60 reales en nuestro socio comercial del Mercosur.

Esto significa que para poder vender cada vez más bienes y servicios a la Argentina, el gigante vecino ha tenido que desarrollar de manera notable su capacidad productiva y su eficiencia. Y también es muy posible que nuestra ineficiencia contribuya, cosa que efectivamente ocurre.

Se ha dado el caso de que Brasil terminara importando trigo de los EEUU, para citar un ejemplo que viene a nuestra memoria. Ello en virtud de la baja de la  producción local y las trabas a las exportaciones.

Ahora bien, cuando desde la Secretaría de Comercio o desde algunos ministerios se  elaboran listas limitativas de las importaciones brasileñas se producen varios efectos nocivos como los que hemos señalado. Pero además se genera una guerra comercial de consecuencias nefastas para ambas partes.  Las trabas argentinas están generando trabas brasileñas (y no sólo brasileñas, recuérdese que todavía no está solucionado el tema del aceite de soja que se exportaba a China). El daño es evidente, tanto para nosotros como para Brasil.

Con toda seguridad se llegará a un acuerdo y la sangre no llegará al río. Pero ¿es necesario pasar por esto? La respuesta es sí, en la medida en que en la Argentina prevalezca la idea mercantilista de que acumular divisas es acumular riqueza y que eso favorece el bienestar general en nuestro país, cuando a todas luces lo que ocurre es lo contrario.

Y unas líneas finales para la eterna cuestión de que las importaciones quitan trabajo a los argentinos. Las importaciones generan competencia de bienes y servicios. Y si se trata de bienes de capital, éstos son destinados a la producción de bienes localmente, lo cual implica trabajo. A su vez la competencia beneficia a los consumidores, que son también los trabajadores. Eso mejora y no empeora sus ingresos.

Es que la economía real está conformada por bienes y servicios, y no por billetes de banco. La riqueza está en tales bienes y en tales servicios. Claro, esto a su vez debe ser acompañado por una política monetaria acorde. Lo cual implica dejar flotar el tipo de cambio, eliminar la exigencia de vender las divisas el Banco Central y adquirirlas en todo caso únicamente si existe superávit fiscal. Un giro copernicano de mentalidad que difícilmente ocurra en la Argentina actual. Obvio que no esperamos que ocurra, con lo cual el daño seguirá acentuándose, aún si se acuerda con Brasil. Porque el mecanismo elegido afecta al comercio exterior en su conjunto.

Acabamos de leer en un diario que el flamante presidente de la UIA afirmó que algunos sectores están necesitando una devaluación de la moneda. No es nueva la posición del Sr. De Mendiguren. Porque una manera de ser más eficientes es el tipo de cambio alto, viejo axioma del actual gobierno. Y el tipo de cambio alto significa mayor emisión de moneda y por lo tanto mayor inflación. Y menores sueldos en dólares. El perro vuelve a morderse la cola.

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martes, 22 de marzo de 2011

LIBERALISMO Y LA PERVERSIÓN DEL LENGUAJE POLÍTICO. LAURA ESPINAR

Con mucha frecuencia el lenguaje político resulta oscuro, farragoso, alejado de la claridad con que se expresa la gente corriente. Es buena prueba de la brecha que, en demasiadas ocasiones, existe entre el mundo de la política y el mundo real. Con honrosas excepciones, el lenguaje se utiliza por muchos protagonistas de la política para hablar sin decir apenas nada, para insinuar sin decir las cosas claras. El empleo de frases barrocas pero sin contenido, de expresiones y muletillas vulgares, de términos políticamente correctos pero gramaticalmente bárbaros son hábitos demasiado extendidos en los foros y medios en que se mueven los profesionales de la política. Existe una cierta perversión en el uso de las palabras por parte de determinada clase política; palabras que se convierten en armas agresivas para descalificar al adversario contrastan con los ominosos silencios relativos a las propias acciones o intenciones cuando estas se ven venir tan inevitablemente aviesas, o más, que las descalificadas con tanto ardor.

Pero lo peor es el doble lenguaje que habitualmente se utiliza en el debate político. No solo el doble rasero empleado en analizar o valorar los aciertos o los errores de la gestión propia frente a los del adversario, la corrupción propia respecto de la de los demás; es, sobre todo, esa compostura engolada y vacía, ese gesto estudiado y formal empleados en los discursos y apariciones públicas de muchos líderes y portavoces cargados de expresiones políticamente correctas, que contrasta vivamente con la insultante y soez manera de expresarse en privado, que tantas veces han captado los micrófonos abiertos cuando los Trillo o las Aguirre de turno, entre otros, creían gozar de discreta privacidad.

Uno de los términos de la rica y variada lengua cervantina que más vilipendio sufre cuando se emplea en el ámbito político es la palabra libertad. Pocos términos sufrieron tanto como este las embestidas truculentas del arte de birlibirloque en que con tanta frecuencia se convierte el discurso político actual. Cuántas veces se utilizan en vano o, aún peor, de modo atrabiliario, las palabras libertad o sus derivadas liberal o liberalismo.

Se hacen llamar liberales hoy en día quienes se declaran partidarios de la libertad económica y, sin embargo, no tienen ningún empacho en adoptar posiciones conservadoras e, incluso, reaccionarias, en el plano político, social, moral o religioso, imponiendo doctrinas o comportamientos personales al dictado de la iglesia católica o de alguna de sus asociaciones más regresivas o sectarias. Se dan abundantes casos en que su liberalismo económico es absolutamente falso porque no respetan las leyes del libre mercado, sino que se benefician de posiciones dominantes o de monopolio en sus actividades económicas, y porque rechazan la intervención del Estado en la economía, pero no tienen ningún empacho en lucrarse de subvenciones públicas o de desgravaciones fiscales en cuanto las tienen a su alcance.

Como en lugar de un liberalismo basado en el libre juego de las leyes del mercado lo que suelen reivindicar, y practicar siempre que pueden, son las leyes del embudo, es preciso matizar con precisión estos términos cuando se hace referencia a ellos en los escritos que se publican. Por esa razón, y tratando de preservar el noble significado que palabras como libertad, liberal o liberalismo tuvieron a lo largo de la historia, así como la honorabilidad de las personas y grupos políticos que sincera y honestamente se definieron como tales a través de la literatura científica y en el marco del debate político y parlamentario a lo largo de los dos últimos siglos, procede, al referirse a quienes se suelen autodefinir de manera truculenta y tergiversada como liberales, citarlos como ultraliberales o neoconservadores y, en el mejor de los casos, como neoliberales. Así lo hemos realizado en la serie que, bajo el rótulo general de “Cavilaciones para tiempos de penumbra”, hemos venido publicando a lo largo de las últimas semanas. Y lo hemos hecho para preservar el noble y respetable significado de los términos libertad, liberal y liberalismo en sus clásicas y correctas acepciones.



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domingo, 20 de marzo de 2011

ECHALE CINCO AL PIANO. RICARDO VALENZUELA. REFLEXIONES LIBERTARIAS (DESDE MEXICO)

John Maynard Keynes fue sin duda el economista más influyente del Siglo XX. También fue el hombre que cocinó el potaje para convertir los E. U. en un país en el que su gobierno dispone ya de más del 50% del ingreso nacional, creando esa gran capa dependiente propietaria de la frase; “Que te mantenga el gobierno.” Fueron sus ideas responsables de la plaga que postrara a Europa provocándole su euroesclerosis. Pero más aun, Keynes heredó al mundo aquella enfermedad de los años 70 cuando Nixon declarara; “ahora todos somos keynesianos;” Stagflación, severas recesiones del brazo de inflaciones galopantes.

Fue la inspiración para los autores de la docena trágica mexicana, Echeverría y Lopez Portillo, y sus efectos posteriores que de nuevo nos rondan camino a la elección del año entrante.

Aun cuando mentes del calibre de Milton Friedman y los austriacos, Von Mises y Hayek, nos han dado los argumentos para entender el fracaso del Keynesianismo, en este confundido universo todavía tenemos líderes que no lo han asimilado, o peor, lo han asimilado y aprovechado demasiado bien. Obama ha tratado de revivir los EU mediante un plan Keynesiano de reactivación que provoca a expertos predecir un Apocalipsis económico en el corto plazo. De nuevo las anfetaminas, impresión de dinero fiat, gastos del gobierno, déficits, endeudamiento, para activar la demanda y el empleo.

MERCANTILISMO
Pero no vayamos lejos, Carlos Slim, en una entrevista con diarios en EU, exige al Presidente Calderón el inicio de una estrategia similar. Es decir, el más clásico de los empresarios pegados a la ubre del gobierno, el que más ha lucrado con el viejo status quo mexicano, exige se regrese a los amores de ayer. Después de librar una lucha de más de 20 años para inyectar algo de sanidad a las dementes finanzas del Estado, el Sr. Slim pide regresar a la borrachera de los años 70 y 80 que todavía nos postran de rodillas. Con una desfachatez que impresiona, afirma que el gobierno tiene mayor flexibilidad para clavar las espuelas a la economía ahora que, según él, se han controlado el déficit, entonces, échenle un cinco al piano y que siga el vacilón.

Es intrigante observar cómo un perredista demagogo del calibre de Ricardo Monreal, coincida con el hombre más rico del mundo al exigir el regreso a la tercera dimensión que vivimos durante años, que luego produjera la quiebra del país y la miseria del pueblo. Así como es in entendible el que Kirchner en Argentina abrace las políticas que la desrielaron en su carrera hacia el primer mundo y lo volcaran al remolino de la hiperinflación, es inaudito el que Slim se atreva tan siquiera mencionar ese blasfemia en la esfera económica de la sanidad. Pero tal vez no, al fin que Don Carlos en la Ibero fue alumno de los Jesuitas mexicanos al igual que nuestro flamante ex Presidente Fox.

A pesar de que Slim de inmediato tuvo respuesta de parte de la Secretaría de Hacienda revirando su propuesta sería una regresión al pasado, el dueño del monopolio telefónico insiste pasando a comparar cómo los E. U. este año deban exhibir un déficit del 7% de su PIB, mientras que el de México se puede ubicar en un modesto 1%. Lo que omite exponer Slim es cómo la economía de los E. U. de 15 trillones de dólares, cortesía de los neo keynesianos, su endeudamiento ya llega a casi 100% de su PIB mientras que la economía mexicana, sudando mucho, tal vez alcance un trillón de dólares y su deuda representa más del 120% de su PIB—y ¡Don Carlos, los déficit se tienen que financiar y peor, pagar!

El Sr. Slim debería de tirar los libros de economía de su época en la Ibero y darse a la lectura de ese gran economista francés, Jean Baptiste Say, autor de lo que hoy día se conoce como “La ley de Say.” Say afirmaba que los gobiernos tratando de estimular sus economías activando la demanda y el consumo vía herramientas fiscales, están siempre condenados al fracaso. Say fue el pionero de las ideas para estimular y construir las economías a través de favorecer la oferta—la producción. La oferta crea su propia demanda, afirmaba Say, echando por tierra la teoría del equilibrio perfecto.

En años recientes sus ideas dieron vida a la nueva corriente económica llamada Supply—Side, cuyos máximos representantes son el galardonado premio Nobel Robert Mundell y el maestro Art Laffer. Fueron estos hombres quienes en los años 80 iniciaran la reversa a ese Keynesianismo para regresar al mundo que el maestro Laffer define como; The basics. Fueron ellos también en gran parte responsables por lo que Robert Bartley calificó; “Los siete años de vacas gordas” producidas por Reagan.

Pero parece que lo que realmente pretende Slim es que México regrese a la época de las parrandas sobregiradas, financiadas e inflacionarias puesto que, como me afirma un periodista de Guadalajara, “entonces estábamos mejor.” Aquella bella época en la cual las cuentas eran se baja el cero y no toca. Sin duda en este tipo de ambientes habrá de nuevo infinidad de “actividades estratégicas” que, luego de asomarse al precipicio de la quiebra, nuestro responsable gobierno jamás las abandona pues los intereses de la patria son primero. Previo rescate, después en los activos del gobierno aparecerían otras oportunidades para privatizar estilo Telmex. Y así nace un nuevo monopolio rifado entre mis cuates.  

Una verdadera aportación al desarrollo de México, obsequio de Don Carlos, debería ubicarse más en la esfera de la competencia. ¿No estará de acuerdo el Sr. Slim en que quitando las vejigas a Telmex y enviándolo a competir produciría un mejor servicio tan urgente para México? Sin duda aplicándole la misma receta a PEMEX, a la Comisión Federal de Electricidad y a la economía como un todo, podríamos gozar de servicios superiores y a precios razonables. La competencia, la libertad, el riesgo y la creatividad de sus actores, es lo que verdaderamente desarrolla las economías no los sobregiros en las cuentas que sugiere Don Carlos.

¿Qué sucedería si en México se respetaran los derechos de propiedad? Si realmente existiera un estado de derecho.  Si le diéramos curso legal a toda esa economía informal que, para evitar los agravios de la burocracia, se sumerge en las catacumbas del mercado negro. Si México se ubicara entre los diez primeros lugares en el índice de libertad económica mundial, y no en el #63 como hoy en día. Los países ubicados en los primeros diez lugares, promedian un ingreso per cápita de $40,000 dólares mientras que México a duras penas alcanza $10,000.

Tal vez si pensáramos en cambiar la cultura de los mexicanos pues, como Harrison afirma, “Subdesarrollo es un Estado Mental,” el terreno recibiría mejor abono para que la cosecha fuera plena y abundante. Me parece que el Sr. Slim tiene muchas otras áreas en donde trabajar antes de de usurpar las funciones de los Chicago Boys, mientras espera hacerse de otro monopolio.

chero@cox.net


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lunes, 31 de enero de 2011

EMETERIO GÓMEZ: “HAY QUE METÉRSELO ENTRE LOS PARIETALES”, EL CAPITALISMO ES LA ÚNICA ALTERNATIVA AL COMUNISMO. ENTREVISTA ESTE LUNES EN LA MAÑANA CON WILLIAM ECHEVERRÍA POR GLOBOVISIÓN

No hay más opción: o capitalismo o comunismo. Y entre ambos sistemas, tampoco hay discusión: “el comunismo no sirve para producir bienes y servicios, en realidad no sirve para nada”. Así comenzó el economista su defensa del capitalismo y el mercado, durante una entrevista este lunes en la mañana con El Quijote William Echeverría por Globovisión.

Aseguró Emeterio Gómez que el miedo que tienen muchos venezolanos al capitalismo y al mercado viene no solo del chavismo sino de una campaña emprendida desde hace 30 a 40 años en América Latina por la izquierda y el socialismo, “de la cual yo fui parte” que han sembrado una idea radicalmente adversa al capital, al capitalismo y al mercado”.

Para Gómez, “Capitalismo y mercado” son dos palabras a las que “hay que perderle completamente el miedo”.

Como soporte a su teoría en defensa del capitalismo, aseguró el economista que “en los países del primer mundo se sabe que el capitalismo es la forma más eficiencia de luchar contra la pobreza porque para acabar con la pobreza, tienes que producir bienes y servicios de forma masiva. El comunismo no sirve para producir bienes y servicio, en realidad no sirva para nada”, dijo.

Trajo el ejemplo de Europa: “Europa tenía miles de años en la pobreza más absoluta, hasta hace 400 años el mundo europeo era fundamentalmente una casta de señores feudales arriba y una masa pobre abajo. Hace 400 años la pobreza en el mundo europeo era total. (Pero) en los siglos 17 y 18, el capitalismo acabó con eso. Sí hay pobres por supuesto, pero se desarrolló una inmensa capa media y aun los pobres viven evidentemente mucho mejor que hace 400, 500 años.”

Mencionó otro ejemplo. “Si usted compara hace 200 años, la vida de un príncipe con la vida de cualquiera de nosotros hoy nos vamos a dar cuenta que vivimos mucho mejor que lo que vivía un príncipe o un conde o un marques hace 200 o 300 años ¿Por qué? Porque le capitalismo ha logrado ese milagro que se produzcan bienes y servicios y que todo el mundo tenga acceso a los servicios básicos”.

Para Gómez, el capitalismo está en una grave crisis, pero una crisis que no significa que “esté muriendo para nada”. “Ciertamente el capitalismo está en crisis y una crisis muy grave y muy profunda pero hay que asumir lo fundamental, no hay alternativas al capitalismo, eso hay que metérselo así entre los parietales a empujones.”

Cuando Echeverría le preguntó sobre los conceptos de democracia social, de socialismo democrática y del humanismo, conceptos que han acogido varios partidos políticos de oposición (democracia social – UNT, humanismo – PJ, ) AGREGAMOS DESARROLLISMO VOLUNTAD POPULAR. COPEI Y SOLIDARIDAD INDEPENDIENTE AUTODEFINIDOS DENTRO DE LA CORRIENTE SOCIAL CRITIANO. LOS ADSCRITOS A LA INTERNACIONAL SOCIALISTA TALES COMO ACCION DEMOCRATICA, PODEMOS, MAS, Y SUS NUEVO SOCIO AVP. , PPT, BANDERA ROJA Y VANGUARDIA POPULAR. DEL PSUV MAS SUS ALIADOS Y DEL PARTIDO COMUNISTA NO HAY QUE EXPLICAR NADA )


Esta entrevista fue motivada por el artículo de Gómez, publicado en El Universal este domingo 30 de enero.

Nota del editor: Américo Martin, ante la pregunta de un entrevistador hace dos años sobre cuál era la alternativa ante el comunismo, había afirmado que la alternativa, con ajustes a la contemporaneidad, era el capitalismo.

Nota del Editor: Tanto Martín como Gómez vienes de las filas del marxismo heterodoxo y del cual han abjurado contemporáneamente ante las realidades apabullantes del fracaso de los socialismos con cualquier ante o post apellido. El único partido nacional que se define públicamente  como republicano liberal es el Movimiento Republicano MR.

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domingo, 9 de enero de 2011

CUESTIONAN EL ENFOQUE ESTATISTA DE LA ECONOMÍA. MOVIMIENTO REPUBLICANO MR DOMINGO, 9 DE ENERO DE 2011. EN ANALÍTICA.

Las decisiones que toma el gobierno son más perjudiciales que los problemas que pretende enmendar.

El Directorio Ejecutivo Nacional del Movimiento Republicano MR en su rueda de prensa fijó posición pública sobre su cuestionamiento a la simbiosis negativa constituida por el estatismo y sus intermediarios mercantilistas que están destruyendo en el andamiaje económico nacional.

Señalo Carlos Padilla que hay que detener la tendencia manifiesta de formar una estructura monopolística por parte del Socialismo del Siglo XXI que está perjudicando a la nación convirtiéndonos en rehenes de un único proveedor de bienes y servicios que desarrolla una estructura monopolística.

El proceso expropiatorio que vive Venezuela mediante el cual el Estado tiende a controlar todos los procesos de comercialización está generando la monopolización por parte del poder ejecutivo nacional no solo de todas las funciones republicanas si no también de los procesos productivos

Todo ello con el beneplácito de los mercantilistas criollos que consideran beneficioso para sus expensas la total intervención del Estado en la economía y en todas las actividades del país, sin importarle la distorsión que causa en los mercados, solo le interesa la parte de su botín, convirtiéndose en parte medular del problema haciéndose el desentendido de la diferencia entre ganar dinero y crear valor. Estos no se han dado cuenta que fueron defenestrados por un nuevo monopolio estatal constituido por la empresa estatal Venecom.

Por otra parte estamos altamente preocupados por las decisiones que se toman desde el alto gobierno que generalmente son más perjudiciales que el problema que pretende solucionar. Tal es el caso del tratamiento que se le ha dado a la situación de los venezolanos afectados por las recientes lluvias alojándolos en hoteles con perjuicio de la precaria infraestructura turística y lo que es mas grave en escuelas y centros educativos lo que ha causado perdidas irreparables en los lapsos educativos que niños y adolescentes deben cubrir para su formación.

La próxima semana deberían reincorporarse a clases el alumnado cuando mas del 70% de las edificaciones escolares están siendo ocupadas por damnificados sin encontrar, dado el altísimo déficit de vivienda, donde ser albergados al ser  desalojados de la interinidad en la cual se encuentran.

Expresaron los republicanos su esperanza en que la democracia salga fortalecida en los venideros escenarios y que los gobernantes y el pueblo aprendan, de una vez por todas, que el populismo y el estatismo no son la solución.
Movimiento Republicano MR
movimientorepublicano@gmail.com
http://elrepublicanoliberal.blogspot.com/

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domingo, 2 de enero de 2011

CONTUBERNIO. SOCIALISMO Y MERCANTILISMO. HUGO J. FARÍA CEDICE LIBERTAD

El socialismo y el mercantilismo tienen en común la destrucción del libre mercado.

La visión socialista tiene al Gobierno como actor central de la sociedad. Por definición rechaza al libre mercado como mecanismo de asignación de recursos para maximizar el bienestar social. Esto explica los controles de precios, de cambio y de tasas de interés, que han existido en la economía venezolana durante los últimos 47 años. Supuestas fallas del mercado justifican que los denominados por Lenin, Commanding Heights de la economía -como el petróleo, hierro, gas, carbón, electricidad, teléfonos, agua, ferrocarriles y subsuelo-, sean propiedad del Estado.

La visión mercantilista tiene por actor central de la sociedad a la empresa existente. Para que ésta sobreviva es necesario establecer aranceles, cuotas de importación, Ley de Salvaguarda, Ley antidumping, verificadoras de importación, complejos permisos sanitarios y devaluaciones que encarecen la vida del ciudadano de a pie. Estas prácticas también se traducen en la destrucción del libre mercado.

En consecuencia, el socialismo y el mercantilismo tienen en común la destrucción del libre mercado. El primero por razones filosóficas; el segundo por razones utilitaristas, es decir, de conveniencia. Este denominador común es capaz de explicar la existencia de poderosas fuerzas inerciales del status quo, a pesar de la perversidad del mismo. Por ejemplo, cuando el Presidente de Venezuela anuncia, con su visión socialista, que no firmará el ALCA, algunos empresarios se sienten complacidos porque saben que no tendrán que competir y ser eficientes en virtud de que las barreras al comercio no bajarán. Cuando el Presidente despotrica del capitalismo y lo califica de "salvaje", al- gunos empresarios importantes del país ven con beneplácito la diatriba del Presidente porque saben que no habrá competencia.

Esta alianza vituperable entre socialismo y mercantilismo explica la notoriedad que en Venezuela tienen algunas corrientes de opinión. Por ejemplo, Ibsen Martínez escribe:

"Si la caja de conversión dolarizadora de Cavallo resultó una m..., esto de los clubes de trueque era directamente un tango". Es decir, un mecanismo que acabó con la inflación en Argentina y, por tanto, durante su existencia preservó la integridad del fruto del trabajo del ciudadano promedio y, en consecuencia, protegió un derecho humano, es un excremento. ¿A quién favorece esta retórica? Al Gobierno, que al no dolarizar puede obtener más recursos vía devaluación, y al empresariado ineficiente en virtud de la devaluación destructora de la competencia.

Sobrevaluación en boca de nosotros los economistas suele significar la conveniencia y/o inexorabilidad de reducir coercitivamente los sueldos y salarios de los ciudadanos a través de la devaluación. En virtud de la devaluación se encarecen las importaciones (mercantilismo) y se le dan más recursos al Estado, viabilizando su propiedad de los sectores básicos de la economía (socialismo). Si el bolívar se sobrevalúa crónicamente, ¿por qué será que no recomendamos que el ciudadano común devengue su sueldo en dólares o euros, el mecanismo más efectivo para protegerlo del atraco de la devaluación? ¿Por qué no clamamos por una reducción del costo de hacer negocios en el país, para propiciar la competitividad de la empresa radicada en Venezuela?

A Joseph Stiglitz le conceden el Premio Nobel de Economía en el 2001 por fallas de mercado que emanan de las asimetrías de la información. Al año siguiente lo invitamos a Venezuela. Dicta conferencias en varias universidades y escribe con cierta regularidad en nuestra prensa. ¿Casualidad o intencionalidad promotora del contubernio?

Aclaro: al padre Luis Ugalde le tengo gran respeto como sacerdote. Sin embargo, en sus comentarios públicos sobre materias opinables no deja de asomarse su tendencia socialista, a pesar, en mi opinión, de la ambigüedad de su lenguaje. Así en entrevista reciente en El Universal afirma "...porque el socialismo, si uno lo toma en serio, no es una simple denuncia contra la opresión humana (denuncia que sí es cristiana), sino la búsqueda de una sociedad más justa y con igualdad de oportunidades. El socialismo es un intento histórico concreto por diseñar un modelo económico en la sociedad moderna...". 

Si buscamos el socialismo romántico, como pareciera sugerir el intelectual Ugalde, ciertamente no vamos a encontrar el capitalismo, única vía demostrada que acaba con la pobreza crítica; pero sí destruiremos la competencia favoreciendo al mercantilismo y los privilegios de unos pocos.

cedice@cedice.org.ve

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EL NEOEMPRESARIO Y SU LEGADO. RICARDO VALENZUELA. REFLEXIONES LIBERTARIAS (DESDE MEXICO)

Las graves explosiones económicas que abatieron al mundo los últimos dos años, lejos de lo afirmado por los born again keynesianos, es el resultado de mercados manoseados y manipulados durante décadas por gobiernos que luego se lavan las manos y, ahora con su mágica bandera democrática, ya sin postrarse ante al altar de Marx han creado una cruz aun más pesada para la libertad; el nuevo estatismo.

El estatismo ahora se bate con otra ideología para conquistar de las mentes de los seres humanos del tercer milenio: La del hombre libre y con arrojo para buscar su bienestar y el de su familia, sin que alguien se lo ofrezca en charola de plata a cambio de su libertad y su dignidad.

Una posición inicia y termina con el Estado. El intervencionismo donde el gobierno regula y controla las relaciones de la sociedad coartando su libertad, su iniciativa, su creatividad. La otra posición inicia y termina con el individuo. Es la sociedad civil auto organizada en asociaciones voluntarias y de libre  intercambio. El estatismo promete la felicidad a cambio de la libertad y, sobre todo, de la dignidad. La sociedad civil en la libertad garantiza eso, su libertad. La felicidad es responsabilidad de cada individuo.

Se habla mucho de los diferentes actores en este drama, sin embargo hay uno ante el cual todos callan sin entender su enorme y nefasta responsabilidad; el negociante ligado y postrado al gobierno por medio de un cordón umbilical más fuerte que las cadenas. Pero ¿por qué el empresario decide ceder su capital más importante—su libertad?

En México ese pacto diabólico entre el estado y sus empresarios ha existido como una de las formas de repartir el botín. El empresario estatista no pregunta por qué el gobierno tiene todas las cartas; él solo acepta la mano que le dan seguro que las recibidas están marcadas. Ese neo empresario danza al son del gobierno sin importarle la distorsión que causa en los mercados, solo le interesa la parte de su botín.

El empresario estatista al unir fuerzas con el gobierno, en lugar de luchar contra su inmoral intervención, se convierte en parte medular del problema. Ese empresario dócil y pegado a la ubre gubernamental, es la causa del gran desprestigio que el capitalismo y los mercados han sufrido. Es el mago de las antesalas en los salones palaciegos y no entiende la diferencia entre ganar dinero y crear valor.

Son alérgicos a la incertidumbre de los mercados, al riesgo natural de los negocios. Ellos buscan que el gobierno les garantice resultados sin riesgo, triunfar sin la posibilidad de fracasar. Aunque la competencia es la base del buen funcionamiento de una economía productiva, para ellos es su enemiga, buscan concesiones exclusivas. Son conservadores pues no le interesa el cambio, quieren que el status quo permanezca manteniendo sus privilegios.

En México el zenit de esta relación se presentó cuando, en los años 90, el presidente Salinas se reunió con 30 “empresarios” solicitando un apoyo para el partido de $15 millones de dólares per cápita. Después que todos aceptaran la propuesta, uno de ellos tuvo un arranque de generosidad afirmando que, como le había ido muy bien en ese sexenio, doblaba su aportación a $30. Obviamente después de la entrega de cheques siguieron las concesiones, subsidios, contratos, precios de garantía, exclusividades, distorsionando la función natural de los mercados; “generar mejores productos a los mejores precios”.

En nuestro país las fronteras permanecieron cerradas no solo para los productos extranjeros, también para las ideas diferentes a las que se han usado para petrificarnos el cerebro. El espíritu de conquista que caracterizó a los hombres del campo para dominar desiertos, ha sido aniquilado a través de las trampas que los gobiernos revolucionarios les tendieron con los precios de garantía, los subsidios, el pro campo, la reforma agraria, para lograr un sector totalmente dependiente de las decisiones del supremo gobierno.

Hemos atestiguado como el sector empresarial se hizo llorón, miope y conformista debido al proteccionismo, la substitución de importaciones, Bancomex, Fonatur, Fira etc. Los sindicatos, con la aceptación tácita de nuestros “empresarios”, engordaron con la junta de conciliación y arbitraje, la ley federal del trabajo, salarios mínimos, don Fidel, fabricando un sector obrero ineficiente e irresponsable pero con líderes millonarios.

Hemos sido testigos de las relaciones amafiadas de neo empresarios con el gobierno para explotar al pueblo a base de monopolios ahora privados como TELMEX. En México se dejó de admirar la visión, el arrojo y humanismo de un Eugenio Garza Sada o un Maquio Clouthier, para admirar la capacidad de maniobra de un Carlos Slim, las finanzas atómicas de Cabal Peniche, las conexiones de Azcárraga o Salinas Pliego.

Hablan de combatir la pobreza y son ellos pieza especial del esquema burocrático que la fomenta, la produce y la eterniza. No mantienen departamentos de Investigación y desarrollo, pero sí de Negocios Oficiales.

Von Mises afirmaba que las recesiones son buenas porque sacuden al árbol de las economías. Sirven para que los malos proyectos desaparezcan y los frutos malos caigan del árbol. Sin embargo, en una relación simbiótica como la que tienen los empresarios estatistas con el gobierno, eso no sucede, el estado de inmediato entra el rescate de los proyectos que se estructuraron sobre cimientos arenosos, asumiendo la responsabilidad de sus errores y pagar por los mismos con endosos al pueblo.

Domingo Cavallo, ex secretario de Economía de Argentina, afirmaba: “El único papel del gobierno en la economía debe ser el de garantizar la integridad de las transacciones del mercado.”

Sin embargo, desde el triunfo revolucionario los gobiernos iniciaron el asalto en todos los ámbitos de la sociedad a la que deben servir. La constitución que nos ha regido por cien años claramente lo dice; “el estado debe ser el rector de la economía.” Esa rectoría le ha dado la autoridad y la forma de establecer sus pactos diabólicos con esos empresarios que solo han venido a distorsionar de una forma aberrante la función de una verdadera economía de mercado.

El sector empresarial en la construcción y desarrollo de una economía es neurálgico. Recordemos que economía es oferta y demanda. La oferta de bienes y servicios la tiene que proporcionar el sector empresarial, no es el gobierno porque luego entregan abortos como Pemex.

Robert Mundell, premio Nobel de economía, ha construido su reputación con sus teorías para activar saludablemente esa oferta. El punto de partida de sus ideas es una sociedad civil con espíritu empresarial independiente. Es hora de que los mexicanos desmantelemos ese esquema en el cual una pequeña parte de la pirámide social funciona bajo ese “capitalismo de estado” disponiendo de las ganancias, mientras que la inmensa mayoría vive el socialismo de los pobres pagando por las pérdidas.

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Ricardo Valenzuela
chero@cox.net
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