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jueves, 10 de enero de 2013

RUY MAURO MARINI, LIBERALISMO Y DEMOCRACIA: LA REVISIÓN CONSTITUCIONAL EN BRASIL

Fuente: Archivo de Ruy Mauro Marini, con la anotación "1994-Para Instituto Mora, Silvia Dutrenit".
Indice
El constitucionalismo brasileño
El periodo constituyente
La imprompta liberal
Las semillas de la democracia
Desde el año pasado, la sociedad brasileña ingresó en un período de revisión constitucional, destinada a confirmar o modificar aspectos de la carta promulgada en septiembre de 1988. En ese contexto —además del plebiscito convocado para decidir sobre la forma de Estado y el régimen político, que se realizó en abril de 1993 y que confirmó a la república presidencialista— el Congreso Nacional asumió, en 1994, atribuciones constituyentes, a fin de buscar una mayor armonía en la relación existente entre los tres poderes del Estado y examinar disposiciones controvertidas en la Constitución vigente. Entre los temas que se han puesto en el centro de las discusiones está la reforma fiscal, estrechamente vinculada al problema del déficit público y al interés de dar marcha atrás en la descentralización tributaria que se ha hecho en favor de estados y municipios, así como ciertas medidas económicas de corte nacionalista, que algunos sectores políticos objetan, argumentando la necesidad en que se encontraría el país de atraer capitales extranjeros.
En el debate que acompaña el proceso revisionista, son muchos los ataques, provenientes sobre todo del centro y de la derecha, que sufre la actual Constitución, sin que por ello ésta se haya hecho acreedora de una defensa más explícita por parte de la izquierda. De hecho, en la medida en que es expresión de la correlación de fuerzas existente en el período inmediato al término de la dictadura militar y producto de concesiones hechas por las diversas fuerzas políticas en aras de la transición democrática, la Constitución de 1988 ha quedado huérfana de apoyo real y, si la izquierda se opone a su revisión, se debe al temor de que, en las condiciones actuales, los sectores conservadores sean capaces de imponer más claramente sus intereses.
Conviene así dedicarle un momento de análisis y reflexión, con el propósito de conocer qué es al final esa Constitución y estimar la manera y la medida en que el proceso revisionista que está en curso es susceptible de incidir en la consolidación y la profundización de la democracia en Brasil.
EL CONSTITUCIONALISMO BRASILEÑO   
La lucha contra la dictadura militar, tal como se desarrolló a partir de las elecciones de 1974, cuando las distintas corrientes opositoras decidieron hacer uso pleno de los mecanismos electorales, se enmarcó ideológicamente en el binomio autoritarismo-democracia. Desde el punto de vista doctrinario, la fuente de inspiración de ese binomio es la distinción kelseniana entre dos modos de producción jurídica: autónomo y heterónomo, según la ley sea o no el resultado de la acción de aquéllos a quienes se aplica. Desde el punto de vista político, dicho binomio llevó a que se enmascarara el carácter de clase de los combates librados en contra de la dictadura (que se asumían antes abiertamente como enfrentamientos al bloque burgués militar), reduciéndolos a la crítica abstracta del autoritarismo, así como, de manera más concreta, a algunos de sus efectos económicos y sociales.
En efecto, en el seno del movimiento, coexistieron dos líneas ideológicas. La que planteaba la desestatización de la economía como cuestión central, a partir de los intereses de la gran burguesía, y la que, respondiendo al empuje del movimiento popular, entendía a la redemocratización como la reconquista de los derechos ciudadanos y una participación significativa de las masas en la formulación e implementación de las políticas públicas. La convergencia de ambas tendencias y la creciente hegemonía burguesa en el bloque opositor llevan a que este venga a expresar sus objetivos en términos de los principios correspondientes a la democracia liberal.
Aunque no quepa aquí extendernos sobre lo que representa esa doctrina política, conviene tener presente que ella corresponde al resultado, de cierto modo espúreo, de la fusión de dos corrientes del pensamiento burgués. Por un lado, el liberalismo inglés, que tuvo en Locke su mejor exponente y que gira esencialmente en torno a la preocupación de limitar la capacidad de intervención del Estado en la vida económica. Por otro, la concepción radical francesa, ilustrada principalmente por Rousseau, la cual subordina la vida económica al interés general que los ciudadanos realizan a través del Estado, mediante el ejercicio de la democracia directa. Paradójicamente, esta última se acerca a la corriente autoritaria, a que pertenecen Hobbes y Hegel, quienes, por caminos distintos, llegan a establecer la capacidad absoluta del Estado para disponer de la economía.
La tradición constitucional brasileña, gestada en el seno de la teoría política burguesa, presenta como influencias determinantes a la corriente autoritaria, primero, y la liberal, después. La Constitución monárquica (1824) nació del otorgamiento del monarca (resultando por tanto de su poder soberano), el cual fue, a su vez, consagrado en ella como cuarto poder del Estado, preeminente a los tres poderes habitualmente definidos por el liberalismo. Con ello, la separación de poderes se presenta allí tan sólo como un expediente de carácter funcional, a la manera de Hegel.
Los desarrollos posteriores del Estado monárquico y su sistema de gobierno, a partir de 1840, no modificaron esencialmente esa concepción y la misma adopción del parlamentarismo no tuvo otro propósito que permitir el ejercicio más moderno —o, si se prefiere, más europeo— del poder absoluto del monarca. El régimen de trabajo esclavo sobre el cual reposaba la sociedad brasileña no puede ser ignorado como factor determinante para la existencia de ese tipo de Estado.
La primera constitución republicana (1891), aunque expresaba de modo más claro la concepción liberal, no rompió radicalmente con la inspiración autoritaria que presidió a la formación del constitucionalismo brasileño. Su origen muestra su carácter transaccional: aprobada en tiempo récord por una asamblea constituyente restringida (la restricción más importante derivándose de la prohibición de voto a los analfabetas, lo que excluyó a la mayoría del electorado potencial), ella resultó de un proyecto decretado por el gobierno militar provisional.
En esa perspectiva, la adopción del principio liberal de separación entre los poderes del Estado no implicó una ruptura total con el orden anterior, generando el presidencialismo exacerbado (que algunos, significativamente, llaman de "presidencialismo imperial") que pasó a caracterizar a la vida política brasileña. En ese contexto, se fusionaron en la persona del presidente de la República las funciones correspondientes a los poderes moderador y ejecutivo.
Cabe señalar que no faltaron incluso quienes sostuvieron que el poder moderador residía en la prerrogativa presidencial de - en tanto que jefe de las Fuerzas Armadas - encarnar el principio esencial del Estado, lo que llevó a la corriente más reaccionaria del constitucionalismo brasileño a considerar que ese principio corresponde, de hecho, a las propias Fuerzas Armadas. Esta idea se hizo explícita cuando, a principios de los años 70, la dictadura militar buscó su institucionalización y apuntó a la creación de un Estado de cuatro poderes.
Las constituciones otorgadas por la dictadura a fines de los 60 no habían osado romper con la tradición liberal, limitándose a reunir en manos del presidente una enorme suma de atribuciones; fue por la vía indirecta que el principio del cuarto poder se hizo presente en ellas. Eso aparece ya en la misión que ellas atribuían a las Fuerzas Armadas, las cuales, además de ocuparse de la defensa nacional, deberían asegurar también "la garantía de los poderes constituidos, de la ley y del orden". La gran novedad quedó empero reservada al nuevo papel de que fue investido el Consejo de Seguridad Nacional: pese a que era allí definido como órgano de asesoría del presidente de la República, le correspondía tomar decisiones imperativas y, en especial, "establecer los objetivos nacionales y las bases para la política nacional".
Más allá del plano estrictamente constitucional, el sistema institucional de facto de la dictadura militar convirtió en elementos del cuarto poder a los órganos corporativos militares, principalmente los estados mayores y los cuerpos de oficiales, así como a su aparato de inteligencia: el Servicio Nacional de Informaciones. Señalemos que, junto a la acentuación del debate sobre el poder moderador y su relación con las Fuerzas Armadas, se asistió, bajo el gobierno del general Médici (1969-1973), a una intensa campaña de revalorización de la monarquía, bajo la obvia influencia del proceso de constitucionalización en España.
EL PERIODO CONSTITUYENTE
La Constitución de 1988 es la expresión del doble movimiento que determinó su elaboración: la capacidad de la burguesía para ejercer su hegemonía y la inmensa energía que animaba al movimiento popular. Hay que tener presente que, tras veinte años de dictadura y una ardua lucha de resistencia democrática, el régimen militar recibió el golpe definitivo a manos de una imponente movilización de masas: la campaña en pro de elecciones directas para la presidencia de la República, que se desarrolló en 1984. Aunque frustrada en su objetivo inmediato, esta logró impedir la permanencia de los militares al frente del gobierno y dio lugar a la formación de un gobierno civil, en 1985, en cuyo contexto se elaboró la nueva constitución.
El gran problema que se planteó, de partida, a la clase dominante brasileña fue como encauzar y someter a un movimiento de masas que demostraba tanta fuerza, en el momento en que se hacía necesario proceder a la institucionalización del nuevo régimen. El modo mediante el cual se procedió a conformar el poder constituyente fue el recurso principal de que se echó mano.
En efecto, la gestación de la nueva Carta no se produjo a partir de una asamblea soberana, elegida ex profeso, sino del otorgamiento del poder constituyente al Congreso Nacional, por decisión de un gobierno de legalidad dudosa. Ello explica, por ejemplo, que algunos constituyentes no se eligieran en tanto que tales, como fue el caso de los senadores dichos "biónicos", quienes, designados por el último general-presidente de la dictadura, resultaron cooptados por la constituyente congresista.
Asimismo el proceso electoral del cual resultó la Asamblea Constituyente cercenó la posibilidad de construir una auténtica representación popular. Ello se debió a que no se contempló la elección de candidatos independientes, a ser propuestos por las organizaciones sociales y de clase y por la ciudadanía en general, en provecho del sistema partidario artificial impuesto por el régimen militar.
Finalmente, la coyuntura en que se realizaron los comicios legislativos de 1986 contribuyó, a su vez, para deformar la configuración de la representación política en la Constituyente. Bajo el signo del Plan Cruzado, que produjo al principio gran entusiasmo y motivó la adhesión de la población al gobierno, el resultado electoral confirió aplastante mayoría al Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), en el poder desde el año anterior mediante las elecciones presidenciales indirectas que habían consagrado la recomposición del bloque burgués militar.
Sin embargo, la Constituyente no pudo cerrarse a la presión que ejercían sobre ella las fuerzas sociales. Ello implicó desechar el proyecto elaborado por una comisión de notables, que designara la presidencia de la República, en provecho de las propuestas originarias de las diversas comisiones de trabajo en que se dividió la asamblea.
La presión social logró ir más lejos: llevó a que las propuestas presentadas por las comisiones resultaran fuertemente influidas por las audiencias públicas a que comparecieron representantes del mundo empresarial, laboral, social e intelectual, para plantear sus puntos de vista y sus reivindicaciones. En este sentido, no es exagerado afirmar que toda la sociedad civil organizada se hizo presente en los trabajos de la Constituyente, bajo la mirada atenta de la ciudadanía.
LA IMPRONTA LIBERAL
La Constitución de 1988 resultó ser, por ello, algo muy heterogéneo, respecto a los principios que la inspiran y los elementos que conforman su arquitectura global. Allí encontramos, junto a resabios autoritarios, dispositivos extremadamente liberales, aunque también, por primera vez en la historia constitucional del país, medidas francamente democráticas. Haciendo a un lado la componente autoritaria, que se expresa principalmente en la mantención de la capacidad de ingerencia de las Fuerzas Armadas en cuestiones de orden interno, consideraremos sobre todo esos dos últimos aspectos, basándonos en la premisa de que no hay cómo confundir liberalismo y democracia.
Las constituciones del régimen militar habían conducido a una monstruosa hipertrofia del poder ejecutivo. La Asamblea Constituyente se había propuesto, desde el comienzo, reducir las atribuciones del ejecutivo y poner al Congreso Nacional como eje del sistema de poderes del Estado. Contribuyó para ello la fuerte tendencia parlamentarista que se manifestó en sus debates, mediante la cual la élite política intentó capitalizar en su provecho la aversión de la sociedad al presidencialismo extremo que la dictadura se había dado como ropaje.
Sin embargo, el presidencialismo acabó por prevalecer, gracias al concurso de intereses dispares: el presidente de la República en ejercicio, José Sarney, temió por la duración de su mandato; las Fuerzas Armadas se empeñaron en la defensa de las prerrogativas del ejecutivo, al que se encuentran adscritas; los partidos de izquierda y organizaciones populares, con raras excepciones, entendieron a la articulación parlamentarista como la cancelación de su aspiración más sentida: las elecciones presidenciales directas; y, finalmente, tras cierta vacilación, la misma burguesía se preocupó con la preservación del bloque burgués militar y prefirió mantener los ventajosos lazos que construiría, bajo el régimen anterior, con la pesada máquina burocrática coronada por el poder ejecutivo.
De todos modos, el resultado de los trabajos de la Constituyente fue un compromiso. El sistema presidencialista se mantuvo, pero en un contexto en que gran parte de sus atribuciones se desplazó hacia el legislativo. Paralelamente, tras discusiones bizantinas y sofismas de redacción, las Fuerzas Armadas mantuvieron su capacidad para "garantizar la ley y el orden", cediendo empero terreno respecto al Consejo de Seguridad Nacional: en su lugar, se creó el Consejo de Defensa Nacional como órgano de consulta del ejecutivo, transfiriéndose a él las atribuciones más significativas en el área de la seguridad nacional, aunque con carácter propositivo.
Paralelamente a ese modo de organización de los poderes del Estado, la nueva carta amplió considerablemente la garantía a los derechos individuales e introdujo incluso nuevas figuras jurídicas. Entre estas últimas, destaca el habeas data, o sea el derecho del ciudadano de conocer la información recabada sobre él por el Estado, lo que revestía gran interés, dada la ingente labor de inteligencia que llevara a cabo la dictadura.
En la misma línea, se inscribe el llamado mandato de injunção, que obliga a que los dispositivos constitucionales sean aplicados, aunque no estén reglamentados. Esto vino a corregir situaciones creadas en el marco de las constituciones anteriores, que contenían a veces medidas socialmente avanzadas que nunca se aplicaron, por falta de reglamentación.
Cabe aún mencionar, en lo que respecta a la ampliación de los derechos ciudadanos, el que las acciones jurídicas impetradas en su defensa en contra del Estado hayan dejado de tener carácter exclusivamente individual. Así, por ejemplo, el mandado de seguridad, que suspende una acción estatal que lesiona el interés de un grupo de individuos, puede ser planteado por partidos políticos, sindicatos o asociaciones de clase, lo mismo que las acciones populares. Estas, además, dejan de estar referidas tan sólo a la defensa del patrimonio público para alcanzar también a la moralidad administrativa, el medio ambiente y el patrimonio histórico y cultural de la nación.
LAS SEMILLAS DE LA DEMOCRACIA
Si, tanto en lo que concierne a la organización del Estado como en lo referente a los derechos y garantías de los ciudadanos, la Constitución de 1988 se caracteriza por acentuar rasgos liberales ya presentes en cartas anteriores, ella se distingue de éstas por introducir elementos nuevos, de corte claramente democrático, que innovan la tradición jurídica brasileña. Ello se observa ya en la concepción colectiva que asumen los mecanismos de vigilancia ciudadana arriba mencionados, a los que se podrían añadir otros, así como en la ampliación del sufragio, que asume hoy carácter realmente universal, al conceder el derecho de voto a los analfabetas y mayores de 16 años.
Pero el espíritu democrático de la nueva Carta se expresa principalmente en la institución de mecanismos referidos a la democracia directa y en el fortalecimiento de los instrumentos de participación popular. Respecto al primer punto, la Constitución brasileña creó tres nuevas formas de intervención de la ciudadanía en el plano de las decisiones políticas: el plebiscito, adoptado normalmente para modificaciones en la organización político-territorial a nivel estatal y municipal y, con carácter excepcional y en fecha prefijada, para decidir sobre la forma de Estado y de gobierno; el referéndum, a aplicarse en situaciones no especificadas; y la iniciativa popular en materia de legislación complementaria y ordinaria, en la esfera federal y municipal.
Cabe observar que el recurso a la democracia directa ha sido bastante limitado en lo que se refiere a cuestiones constitucionales, ya que, aunque la carta de 1988 previó su revisión global por el Congreso en un plazo de cinco años, sólo llamó la población a opinar sobre la forma de Estado y gobierno (mediante el plebiscito de abril de 1993). Por otra parte, se mantuvo el principio de la inelegibilidad de los analfabetas y la prohibición a los conscriptos de votar y ser votados, además de ampliarse las restricciones a la elegibilidad de los militares.
Respecto a la participación popular, señalamos ya que la gran cuestión que la Constitución debió resolver fue el encauzamiento de la energía del movimiento popular. Las luchas sociales de los últimos quince años no tienen paralelo en la historia moderna de Brasil y superan sin duda todos los auges de masas anteriores, en materia de amplitud y grado de organización de los sectores en ellas implicados.
Allí se incluyen desde las grandes huelgas metalúrgicas de fines de los 70 hasta el amplio y complejo movimiento de presión sobre la Asamblea Constituyente, a lo largo de sus trabajos, pasando por la campaña en pro de las elecciones directas, a mediados de los 80, y las movilizaciones provocadas por el Plan Cruzado. En la raíz de esos procesos, se encuentra la reorganización del movimiento obrero; la regimentación para la lucha del proletariado rural, del campesinado sin tierra y de los pequeños y medios productores del campo; la combatividad de las clases medias asalariadas; la actuación de la Iglesia católica y de las entidades profesionales y de clase; y las batallas libradas por los movimientos vecinales, de jóvenes, mujeres, indios, negros y ecologistas.
Enfrentada a esa situación, la clase dominante brasileña se ha visto forzada a ir más allá de los principios meramente liberales que había enarbolado contra la dictadura militar y abrió espacio a los elementos propiamente democráticos que se encuentran en la Constitución de 1988. Pero, al hacerlo, se preocupó de encauzar la participación popular y someterla al sistema de relaciones internas que rige la dinámica del Estado.
Tal como quedaron las cosas en la Constitución de 1988, esa participación pasó a ser mediada por la intrincada red de relaciones existentes entre los poderes del Estado y está determinada en sus resultados por el juego de sutilezas y complicidades que entre ellos se desenvuelve. La capacidad del pueblo para influir directamente en la formulación e implementación de las políticas públicas, a través de mecanismos que garanticen su presencia en el plano de la toma de decisiones y en el de su ejecución, es extremadamente precaria, como precaria es también su posibilidad de fiscalización en materia presupuestaria y financiera.
Ello es particularmente claro en lo que se refiere al control ordinario de la utilización de los recursos públicos (sin considerar el instrumento de la acción popular, de por sí excepcional), el cual quedó circunscrito al propio aparato estatal: la preeminencia cabe allí al Congreso Nacional, con el auxilio del Tribunal de Cuentas de la Unión (TCU), línea que da la pauta a ser seguida por estados y municipios. La iniciativa popular en materia de fiscalización es reconocida a los ciudadanos, sindicatos, partidos y asociaciones, pero se encuentra limitada a la facultad de denunciar las irregularidades detectadas ante el TCU.
En relación al orden social, la Constitución es más generosa. En este sentido plantea el principio de la participación de los trabajadores y empleados en los órganos públicos "en que sus intereses profesionales o de seguridad social sean objeto de discusión y deliberación". El asunto es retomado en función de la seguridad social, donde se prescribió la participación de la comunidad en la gestión, principalmente trabajadores, empresarios y jubilados, aunque, al legislar sobre sus partes integrantes (salud, asistencia y previsión social), esa prescripción sólo se hace explícita en relación a las dos primeras. Respecto a la educación, el texto evoca vagamente la "colaboración de la sociedad", así como la "gestión democrática" de la enseñanza pública. En los demás capítulos relativos al orden social, no se hace alusión alguna a la participación ciudadana, ni siquiera en una cuestión tan sensible para los ciudadanos, por su inmediatez, como la del medio ambiente.
Confrontada con ese parámetro laxamente corporativo adoptado para el orden social, la orientación constitucional en relación al orden económico es errática y contradictoria. Por un lado, determina que la política agrícola sea "planeada y ejecutada en la forma de la ley, con la participación de trabajadores y productores rurales", así como de los demás sectores. Sin insistir en la imprecisión del término "productores" —que no parece referirse a los productores independientes, o por lo menos no sólo a ellos, sino, en la tradición semántica de la clase dominante brasileña, a los propietarios— el artículo en cuestión generaliza tanto y adopta un concepto tan amplio de participantes que se vuelve de difícil aplicación. En el otro extremo, está todo lo referente a la política industrial y de desarrollo urbano, respecto a lo cual el texto constitucional no menciona ni por descuido la participación popular.
Sin embargo, lo más grave en relación al orden económico —además de la interdicción al Estado de realizar actividad económica directa, lo que abrió la puerta a la privatización de las empresas públicas— es lo que se introdujo, discretamente, en el capítulo relativo a los derechos sociales. Tras reiterar allí el derecho a la participación de los trabajadores en las ganancias de la empresa, la Constitución prácticamente les cerró la posibilidad de participar en la gestión, al reservar esa hipótesis a situaciones excepcionales, a ser definidas en ley.
Como quiera que sea, la flexibilización a que estas nuevas o renovadas figuras jurídicas someten el Estado brasileño, volviéndolo más permeable a la iniciativa popular, no tiene precedentes en la historia constitucional del país. Su importancia es doble. Primero, al poner en evidencia la contradicción existente entre liberalismo y democracia, en la medida en que coarta esta última en provecho de la prevalencia del Estado y de una cierta concepción respecto al modo cómo este debe organizarse, de lo que resultan inevitablemente divergencias y tensiones. Segundo, al abrir espacios nuevos a la participación efectiva de los ciudadanos y las clases en la formulación e implementación de las políticas públicas, acercando con ello la dinámica del Estado a la vida política de la sociedad real.    
Al proceder así, la Constitución brasileña de 1988 creó la posibilidad de que cambien los usos del Estado, hasta entonces establecidos en función de los intereses y presiones de la clase dominante. Desde luego, ello no podrá ocurrir sin que las masas vayan ocupando los espacios que les ha abierto el marco jurídico-institucional, hasta posesionarse del arsenal relativamente amplio que este puso en sus manos, al tiempo que se preocupen de ampliarlo y perfeccionarlo. En otras palabras, para que la dimensión democrática de la Constitución se afirme y se ensanche, las masas deberán llevar a cabo un proceso de aprendizaje que se figura difícil y que será necesariamente lento, pero que no puede tener otro escenario sino la lucha política cotidiana.
Bibliografía
Cerqueira, Marcello: A Constituição na História: origem y reforma, Río de Janeiro, Revan, 1993.
"Constituição da República Federativa do Brasil", Brasilia, Diario Oficial, 25 de enero de 1967.
Constituição da República Federativa do Brasil, São Paulo, Vox Legis, 1974.
Constituição da Republica Federativa do Brasil, Brasilia, Senado Federal, 1988.
Las Constituciones de los Estados Unidos del Brasil, recopilación y estudio preliminar de T. B. Cavalcanti, Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1958.

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NICOLAS MORAS, CARTA A UN MARXISTA

Marx desvirtúa ideas y conceptos de otros autores para que encajen en la utopìa de la historia lineal, toma la dialèctica hegeliana, la lucha de clases del liberal De Tracy , la utopia igualitaria de Saint Simon y Owen, la teorìa de estado del liberal Constant, el materialismo de Feuerbach, la teorìa del valor del liberal Ricardo, la teorìa de la propiedad de Locke como base de la propia, la visiòn sobre las religiones pràcticamente idèntica a la de Claud Frederic Bastiat, la ley del rendimiento decreciente elaborada por Say si no me falla la memoria, etc…esta mezcla me inspirò el primer “algo anda mal”…
Marx no tiene definiciones claras sobre propiedad privada, dado que habla de concentraciones de riqueza ( trabajo muerto o plusvalìa acumulada) que datan de tiempos inmemoriales para luego contar como es un invento burguès del siglo XVI. Entonces es debilitada la independencia del “trabajo”, porque demarca la esclavitud de la gleba y del salario, cuando la nociòn de explotaciòn para èl es pràcticamente sine tempore.
La ciencia para Marx es interpretativa, (“Las cosas no se presentan como son, si se presentaran como son…”) y la otra cara es desestimar el sentido comùn y el apriori kantiano /que llevan a entender inductivamente la naturaleza del egoìsmo humano/. Pese a que es interpretativa, su enfoque de la historia (cual benedetto croce) es determinista. ¿Entonces como puede haber interpretaciones si la historia està regida por absolutos que la llevan a un destino fijo? de hecho, para què sirve?…podrìa ser una tautologìa circular “interpreto cual es la evolucion supuesta y deduzco a partir de ella el resto de lo que va a debe pasar” ¿¿Eso es interpretaciòn?? eso es videncia!
‎Por lo anterior y por la fuerte marca positivista de ingenierìa social su desarrollo de la revolucion, la dictadura y el mundo de iguales es totalmente idealizado y mecànico, en otras palabras una planificaciòn que Marx hace como si los hombres fueran peones de ajedrez y no atiende a su propia reflexion sobre la revolucion francesa y napoleon. Ese esquema es pseudo-cientifico por varios motivos, pero ademas es invàlido…de ahì Stalin, de ahì la “explotaciòn” de estado y el fracaso de la URSS como comunismo jerárquico.
La plusvalìa a mi juicio es innegable, pero si se comprende como parte de un contrato entre propietario y trabajador, pierde el “mote de explotaciòn”. El trabajador vende su fuerza productiva, el capitalista sin fuerza productiva se funde (a menos que haya un estado autoritario, occidental u oriental para ponerle una pistola en la cabeza a los trabajadores o regalarle dinero o darle privilegios a los pseudo-empresarios, lamentablemente muy frecuente pero no es culpa del mercado).
‎Llegamos al afamado punto del valor y el precio, el precio es resultado la necesidad del oferente a (como mìnimo) recuperar lo invertido (en materia prima+capital+trabajo “comprado”). Pero el valor es el promedio de la utilidad que el juicio de valor (valga la redundancia, dìgase juicio subjetivo o juicio sobre satisfacciòn personal) de la mayorìa de los demandantes asigna al producto. Generalmente (y con frecuencia casi total en el sistema de mercado regulado del estatismo actual) estàn asociados, pero el emblemàtico “regateo” es el ùltimo bastiòn en que se observa la clara diferencia entre precio y valor.
Quiero aclarar que ningun liberal que se precie niega el poder actual de las corporaciones que realmente oprime al pueblo, sus oligopolios y la oferta restringida permiten vender basura a precios altos pero ese es el estigma de tener un estado que dice regular precios o “cuidar” al pueblo, y solo tira gravàmentes contra los nuevos competidores hasta sepultarlos y dejar a Sony, McDonalds, Carrefour, Siemens o General Motors como señores del imperio. Fordismo lobbysta a full, causante directo de la crisis deflacionaria (sobre-productiva) del 30.
Cito a Josè Ignacio Castillo para darle un condimento objetivo a mi crìtica: “Para investigar ese “algo común” característico del valor de cambio, Marx repasa las diversas cualidades que poseen los objetos equiparados por medio del cambio. Eliminando y excluyendo aquellas que no resisten la prueba, se queda sólo con una que, según él, sí pasa el examen: “ser productos del trabajo”.
Sin embargo, Marx hace trampa y Böhm-Bawerk lo evidencia. En primer lugar, es falso que todos los bienes intercambiados sean productos del trabajo. Por ejemplo, los recursos naturales tienen valor y son intercambiados, pero no son producto de ningún trabajo los metales de las joyas, por escasos apreciados, son ovios determinantes de su alto valor tambièn” “Certeramente objeta Knies a Marx: “Dentro de la exposición de Marx no se ve absolutamente ninguna razón para que la igualdad expresada en la fórmula: 1 libra de trigo= x quintales de madera producidos en el bosque no sea sustituida con igual derecho por esta otra: 1 libra de trigo = x quintales de madera silvestre = y yugadas de tierra virgen = z yugadas de pastos naturales”.
Pero no sólo eso. Es falso que esa sea la única característica común que pueda encontrarse en los bienes que son objeto de intercambio. “¿De veras estos bienes no tienen otras cualidades comunes como su rareza en proporción a la demanda?”, es decir, la cualidad de presentarse en cantidades insuficientes para satisfacer todas las necesidades que de ellas tiene el ser humano, o “la de haber sido apropiadas por el hombre” precisamente por esa causa, o “la de ser objeto de oferta y demanda?”, se pregunta Böhm-Bawerk.” “Marx incide en el error: “si los bienes que son intercambiados sólo tienen en común la cualidad de ser productos del trabajo, entonces el valor de cambio vendrá determinado por la cantidad de trabajo incorporado en la mercancía”. Marx descarta las “excepciones” como algo insignificante.
Böhm-Bawek examina esas “pocas excepciones sin importancia”. Al final vemos que éstas predominan de tal modo que apenas dejan margen a la “regla”. Se incluirían, por ejemplo, los bienes que no pueden reproducirse a voluntad como obras de arte y antigüedades, toda la propiedad inmueble (¿cómo explica Marx que un piso de 150 metros cuadrados, construido por los mismos obreros con los mismos materiales, en la calle Serrano de Madrid valga veinte veces más que el mismo piso en una pedanía de la provincia de Teruel?), los productos protegidos por patente o derechos de autor o los vinos de calidad (las horas de trabajo empleadas para producir el vino Vega Sicilia son más o menos las mismas que se emplean en producir un vino peleón cien veces más barato). ¿Y qué decir de los productos objeto de trabajo cualificado, provenga esta cualificación de la preparación profesional o de las dotes innatas? Aunque Marx sostenga que ésta última no es una excepción, sino una variante pues según él, “el trabajo complejo es trabajo simple potenciado o multiplicado”, Böhm-Bawerk advierte que para explicar la realidad no interesa lo que los hombres puedan fingir que es, sino lo que real y verdaderamente es. ¿Puede alguien en su sano juicio afirmar con toda seriedad que dos horas de trabajo de un cantante de opera tienen idéntica esencia que sesenta horas de trabajo de un enfermero?
Anyway, no es objetivo pero es analitico. Algo mas, es evidente que cuando se compra mercancía no se paga salario y que tampoco se cobra cuando se vende…el comercio que es la actividad econòmica integrativa number one no explota a nadie, sino que demuestra que el costo productivo esta disociado al valor.
Los austriacos màs reconocidos son Menger, Bohm Bawerk, Hayek (no merece ser leido porque alterna ciencia con panfleto), Mises, DeJasay, Rothbard y contemporaneamente Jesùs Huerta de Soto. Los que tenemos cultura econòmica liberal sabemos que esta premisa de “explicar las cosas con palabras y no con nùmeros” “la lògica antes que la matemàtica”, el individualismo metodologico y el subjetivismo del valor son heredadas de esta riquìsima intelectualidad “continental” dedicada a los estudios de la praxeologìa (acciòn humana), las sociedades, la polìtica y la ètica. Tambien estan los manchesterianos. Bueno, contra cualquier prejuicio progre te voy avisando desde ya que Bastiat, Molinari, George y Say (que son los economistas de los cuales podes encontrar varios textos gratis y en castellano) y Paine (filosofo “politico” e historiador que inspira a los manchesterianos) son anti-imperialistas, anti-clericales y todos vegan por una sociedad mas justa y a traves del mercado realmente libre y la competencia una menor brecha entre ricos y pobres, como pensadores independientes recomiendo con ènfasis a Lysander Spooner (padre de la primera generaciòn libertaria, liberal anarquista y abolicionista americano, anti-gobierno americano) en “Los Vicios no son Delitos”, “Sin Traicion: La historia de la constituciòn sin autoridad” y algo contemporaneo y excelente es Anatomìa del Estado de Murray Rothbard y ya lo que es a mi juicio un deleite (excepto por algunas indicaciones personalistas muy truchas al mundo exclusivamente libertario) que leì en una noche y me cambiò la vida: Manifiesto Libertario del mismo autor. Son gente culta, radical, moral, consistente…no te dejes llevar por los no saben que atacan (generalmente reivindicadores de Keynes, Friedman, en menor medida Hayek y una tal Rand). Un saludo cordial desde Argentina.
P.D.: Me quedo con esta frase de Marx:
El Capitalismo a llevado a cabo la màs aventurada empresa de la humanidad, obligando a todos a intercambiar por la ganancia, ha sabido coptar la suma de los egoìsmos y sobre esa base construir ciencias, tecnologìa y extender la esperanza de vida, ordenar el crecimiento poblacional, llenar de pan la boca de los niños y hacer dependientes a los ricos de los pobres; Enemigo difìcil de derrotar si los hay. Manifiesto Comunista, 1848.
En estos dìas me voy a enganchar para dialogar con un leninista sobre El Imperialismo, fase superior del capitalismo y despuès a darle la lata con Gramsci a algun posmo de “comunicaciòn social”.

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JOSÉ BENEGAS, DERECHOS HUMANOS Y DERECHOS INDIVIDUALES

Derechos humanos se llama a los que se originan en el derecho internacional a través de tratados. El apelativo “humanos” tiene la pretensión de darle universalidad a esas declaraciones, de beneficiar a cualquier persona bajo cualquier bandera sin importar el tipo de régimen político al que están sometidas.

Se trata de una universalidad sólo política por pertenecer a un orden multilateral que traspasa las fronteras. A diferencia de la universalidad conceptual que solo pueden alcanzar los derechos individuales, aquellos históricos que protegen de la arbitrariedad y que al pertenecer al ámbito interno de los países, intervienen en la relación entre el poder y las personas quiénes a su vez tienen todas el mismo status jurídico de individuos libres.

Los derechos humanos nacen con la Carta de las Naciones Unidas, por iniciativa de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial, un país totalitario y el resto con una tradición genérica de libertad. Los derechos humanos los igualaban sin que los contratantes exigieran desarmar el totalitarismo ni a la Unión Soviética ni a ninguno de los países que formaron las Naciones Unidas o los que se incorporaron después. Los derechos humanos por lo tanto, la Carta y todos los tratados que firmaron esos países tuvieron el primer efecto de legitimar las situaciones existentes de ausencia absoluta de libertad.

El segundo fue que las declaraciones tenían que conformar a todos los estados, pero son los estados los que atentan contra la libertad. Confiar en ese derecho internacional es como esperar que las cámaras empresarias manejen la libertad de comercio. Los derechos individuales son relaciones entre los estados y las personas beneficiarias. Los derechos humanos produjeron una ruptura en la legitimidad de los límites al poder, ya no los ponen o no se manifiestan frente a quienes padecen la arbitrariedad, sino los pares, el conjunto de los abusadores quienes paternalmente se dedican a la declamación poética sin intervención de los supuestos protegidos.

Con ese punto de partida el desarrollo histórico de los derechos humanos fue bastante previsible. Los estados totalitarios y sus grupos afines aplicaron la fórmula con la que el legitimismo monárquico desafió a la idea de la libertad individual: “Reclamo de vosotros y en nombre de vuestros principios, la libertad que os niego en nombre de los que me son propios”, frase atribuida a Luis Veuilliot que expresa a la perfección lo que la izquierda autoritaria ha venido realizando con los derechos humanos.

Los derechos humanos no quedaron en manos de esa izquierda revolucionaria porque haya algo en ellos que esté cerca de su pensamiento. Todo lo contrario, mientras para los antiliberales es un gran negocio invocar principios que no cumplirán, para los liberales es un pésimo negocio invocar fórmulas genéricas, declaraciones huecas o derechos colectivizados cuando no directas habilitaciones al poder sin límites en nombre de los “derechos de la humanidad”, frente a los cuales encima la libertad de las personas en concreto debe ceder. Miremos lo que ocurrió en la Argentina en el año 1994, los tratados internacionales de derechos humanos fueron incorporados como derecho interno en un país mucho más libre en su constitución que cualquier tratado y sobre todo que cualquier autoridad internacional operada por los antiliberales, y las declaraciones, derechos y garantías quedaron convertidos en legra muerta. Hoy los jueces se dedican a aplicar el castigo de los dioses a los avaros que no ceden sus bienes y trabajo a cualquier necesidad en nombre de la bondad colectivista universalizada. Iniciativa de Elisa Carrió como convencional, dicho sea de paso.

Pasadas unas décadas estamos en que los derechos se definen en el nivel internacional y los ciudadanos ya no existen, no tienen injerencia alguna en esa materia. Los estados se dedican a inaugurar cuotas de poder para organismos en favor de las masas, se supone, a costa de minorías poco generosas, muy individualistas en sus formas de elegir, discriminatorias.

Los derechos humanos poseen una forma de legitimidad antiliberal. Por más que muchas veces digan cosas como que se prohíbe la tortura, lo cual está más que bien, el origen de esta declaración proviene de los aparatos políticos que están en condiciones de ejercer la tortura y han decidido apiadarse de nosotros, por ahora, mientras puedan usar la misma vía de legitimidad para esquilmarnos. Al lado de la prohibición de la tortura, que ya estaba prohibida en cualquier constitución liberal, nos imponen definiciones de la propiedad con las cuales la propiedad no existe (el tratado de San José de Costa Rica define propiedad con las mismas palabras con que lo hacía la constitución soviética, como el derecho al mero uso de los bienes), fórmulas para definir la libertad de expresión como “derecho a la información” que supondrá el control que ejercerá el enemigo de la información libre, el estado, sobre empresas que puedan competir con su poder.

Esta es la gran trampa que el siglo XX le deja al siglo XXI. Por más que los derechohumanistas antiliberales estén ahora en el poder y podamos usar nosotros de manera oportunista la frase de Veuilliot porque tampoco respetan, como nunca pensaron hacerlo, los derechos que invocaban en nombre de nuestros principios, la libertad que expresaban nuestras constituciones son un recuerdo del pasado.

El trabajo es liberarse de los sindicatos de gobiernos que son más peligrosos que los gobiernos solitos limitados a su espacio.

Es el momento en el que está claro que las personas en particular no tenemos nada entre las manos, como si no fuéramos humanos. Por eso pese a todo me planteo un cálculo optimista y sospecho que en diez años podemos juntar diez millones de personas en el mundo que digan: les devuelvo sus derechos humanos, devuélvanme mis derechos individuales.

@josebenegas

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EMILIO J. CARDENAS, cHINA: "SER RICO ES GLORIOSO" EN SERIO, FUENTE TABANO INFORMA


Río Negro - 09-Ene-13 - Opinión

http://www.rionegro.com.ar/diario/china-ser-1045568-9539-nota.aspx

Columnistas
China: "Ser rico es glorioso", en serio

por Emilio J. Cárdenas (*)

Muchos aún creen, equivocadamente, que China es gobernada por funcionarios espartanos y probos que sólo piensan constantemente en la felicidad de su inmenso pueblo. En los días de Mao ése era el ficticio "relato", no la realidad. Pero lo cierto es que Mao no tenía ni sentía simpatía alguna por los capitalistas. Ninguna. Los despreciaba.

En los 80, cuando ya era evidente que el modelo económico colectivista era sólo un clarísimo y tremendo fracaso, razón por la cual resultaba necesario diseñar una nueva estrategia, Den Xiaoping, el artífice principal del "milagro" económico chino, pronunció, sinceramente, las conocidas palabras que sirven de título a esta nota. Y, muy pocos años después, cuando también en China se puso en absoluta evidencia el papel central de los empresarios privados en el crecimiento económico, en el 2002, se reformularon explícitamente los estatutos del propio Partido Comunista Chino de modo de incluir en sus cuadros a los empresarios de ese país oficialmente.

Desde entonces su presencia en los estamentos del Partido Comunista no ha dejado de crecer y sus fortunas personales y familiares no han dejado de multiplicarse, conformando una auténtica y extendida oligarquía económica, poderosa realmente, como muy pocas en el mundo actual.

Los líderes chinos ya no visten trajes Mao. Si los tienen, son recuerdos. Se visten en las mejores sastrerías del mundo. A la manera de los políticos argentinos, que tienen un verdadero "uniforme" que los delata.

Nada de sólo proletarios. Hoy los empresarios están en el corazón del sistema. Recientemente, una buena nota del "Wall Street Journal", firmada por James T. Areddy y James V. Grimaldi, informaba que los empresarios que están en las instituciones más importantes del poder chino son unos 1.024, con un imponente patrimonio neto, en conjunto, del orden de los 221.000 millones de dólares. Espeluznante como cifra, pero también asombroso como realidad.

En promedio, cada uno de ellos "vale" más de mil millones de dólares.

Para poner las cosas en su verdadera dimensión, los columnistas antes mencionados nos dicen que la fortuna colectiva de los 535 legisladores del Congreso de Estados Unidos está en torno de los 2.000 millones de dólares en su conjunto. Pigmeos, entonces, si uno los compara con la riqueza que ostentan individualmente sus actuales "colegas", los empresarios-legisladores chinos.

Entre ellos hay algunos "pescados gordos". Como Wang Jianlin, el dueño de AMC en Estados Unidos, que "vale" unos 7.300 millones de dólares. O Liang Wengen, un empresario que fabrica equipos y maquinaria para la construcción, dueño de una inmensa fortuna. O Zhou Haijiang, un empresario chino del sector de la indumentaria, con un patrimonio neto del orden de los 1.300 millones de dólares. Todos ellos son hoy miembros del Congreso del Partido Comunista Chino. La gente común los denomina "guanshang guojie", que se traduce como "empresarios en cama con el poder". ¿Suena conocido? En criollo: "empresarios encamados".

Las fortunas de este grupo particular que forma parte del corazón del poder, como suele suceder, crecen más rápido que las de los demás millonarios chinos. Obvio, conocen todo un rato antes y reciben los favores que brinda siempre la cercanía, el calor o la inmediatez con el liderazgo chino.

A todo ello debe agregarse que los propios máximos líderes políticos, como Xi Jinping en persona, son –también ellos– multimillonarios. Tienen fortunas que de una manera u otra han amasado –para sí y sus familiares– absolutamente fenomenales. Inmensas.

"A Dios rogando y con el mazo dando", hubierandicho nuestros antepasados. Lo cierto es que no todo lo que reluce es lo que creemos. Ni son todos santos.

China está, queda visto, gobernada por una aristocracia de poder que es dueña –directa e indirectamente– de su país, con personajes cuyas fortunas personales son verdaderamente inimaginables, según ha comenzado a conocerse.

Soñar no cuesta nada, pero nunca es sano perder de vista la realidad. Menos aún cuando nos referimos al segundo país más poderoso de la Tierra, que va rápidamente camino de ser el primero.

(*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

Este es un reenvío de un mensaje de "Tábano Informa"


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CARLOS VILCHEZ NAVAMUEL, DE POPULISMOS

El populismo  -según nos dice Wikipedia- es un “término político para designar corrientes heterogéneas pero caracterizadas por su aversión discursiva o real a las élites económicas e intelectuales, su rechazo de los partidos tradicionales (institucionales e ideológicas), su denuncia de la corrupción política por parte de las clases privilegiadas y su constante apelación al  “pueblo” " como fuente del poder. Los personajes populistas se caracterizan porque afirman enfocarse en el pueblo y velar por éste.”
Y nosotros preguntamos: ¿No es esto lo que han estado haciendo los gobiernos de Chávez en Venezuela, la Vda. de Kirchner en Argentina, el demagogo de Morales en Bolivia, el patán de Correa en Ecuador y el “yes man” de Ortega en Nicaragua
En nuestra región  el populismo se ha diseminado como una plaga, los cinco países antes mencionados cayeron en la trampa de su irresponsable oferta, a esta clase de populismo Mauricio Herrera  -un escritor Chileno-  lo llamó  “populismo payaso y subdesarrollado”. 
Este escritor, en un artículo titulado “El populismo y la crisis”  nos cuenta que fue invitado a Perú por  la Fundación  Internacional para la Libertad a dar una conferencia y allí explicó: “Mi ponencia sobre el populismo del Estado del Bienestar o Benefactor sorprendió a un público que pensaba que la desdicha del populismo era una exclusividad latinoamericana. Acostumbrados al populismo payaso y subdesarrollado de los caudillos iberoamericanos, a las estridencias chabacanas de un Perón o un Chávez, con su personalismo autoritario y errático, no habían imaginado que podía existir otro populismo, un populismo de país desarrollado, más impersonal y menos aparatoso pero, en el fondo, igualmente destructivo. Menos aún podían imaginar que justamente ese populismo serio estaba en la raíz de la actual crisis europea.”
Y en el mismo escrito agregaba: “Esencialmente, el populismo consiste en crear una ilusión de progreso y bienestar sobre la base de un uso irresponsable e insostenible del poder y los recursos públicos. Eso fue lo que hizo, por ejemplo, Perón en Argentina, gastándose las grandes reservas de divisas que había acumulado el país durante la II Guerra Mundial y derrochando su riqueza agraria. Eso es lo que ha hecho Chávez en Venezuela, gracias a los petrodólares. En suma, pan y circo, como en los viejos tiempos.”
Pero a la par de este populismo -nos dice Herrera en su artículo. “Hay otra manera de fabricar la ilusión populista. Desde hace ya algunas décadas, diversos países de Europa Occidental vienen desarrollando un Estado, llamado "del Bienestar" o "Benefactor", que promete a la gente un presente y un futuro de bienestar y seguridad y genera una sociedad de los derechos, que siempre van a más, que siempre son más generosos, y que permiten a la ciudadanía trabajar menos, jubilarse antes y hacer San Lunes cada dos semanas; en suma, ser felices y comer perdices todos los días. Los ciudadanos se creyeron el cuento. Se dejaron alegremente embaucar, como si el Estado o los políticos de turno tuviesen, tal como los caudillos iberoamericanos, una varita mágica que les permitiese convertir en realidad tanto derecho a vivir mejor con menos esfuerzo.”
http://revista.libertaddigital.com/el-populismo-y-la-crisis-1276240044.html
Con estos comentarios no nos queda otra cosa a los ciudadanos de todos nuestros países concientizarnos sobre el tema, estar alertas y señalar cuantas veces sea necesario lo que puede suceder, porque está visto que al final de cuentas “la jarana saldrá a la cara”  
carlosvilcheznavamuel@gmail.com

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NELSON MAICA C., BASES DEL LIBERALISMO 11, POLITICA

Nota 11. Continuamos. Historia.
1.      El nivel en el que hay que actuar para romper el círculo vicioso de lo políticamente imposible es el de la realidad práctica de cada día al que algunos tratadistas denominan “histórico”.
2.      Para muchos analistas es claro que el resultado de las decisiones políticas dependen de la opinión pública, de cada circunstancia especial, de la manera en que ésta influye sobre los procesos políticos y éstos, a su vez, se dejan influir por la misma.
3.      La opinión pú¬blica… (la supremacía política de la opinión pública... determina el curso de la his¬toria... El hombre excepcional fracasa al pretender actuar en el orden social si pre¬viamente no ha sabido conquistar la opinión pública. El progreso de la humanidad depende, por un lado, de los descubrimientos sociales y económicos que los individuos intelectualmente mejor dotados efectúen y, por otro lado, de la habilidad de esas mismas u otras personas para hacer que estas ideologías sean atractivas a la mayo¬ría. Ludwig von Mises, La acción humana: tratado de econo¬mía, cita, p. 1.021)… viene a ser el resultado de una serie de ideologías, creencias y principios, en muchas ocasiones falsos y contradictorios entre sí, pero que se van filtrando lentamente en el entramado social a través de una constela¬ción de intermediarios ideológicos, que Hayek denomina “second-hand dealers of ideas”, es decir, tratantes de segunda mano de ideas ajenas. Entre éstos destacan los denominados en general “intelectuales”: novelistas, historiadores, guionistas de películas, y esos divulgadores profesionales de ideas que son los periodistas que cada día se encargan de comunicar e interpretar las noticias de más actualidad.
4.      Parece ser que la principal y más urgente responsabilidad en este nivel de la realidad de cada día consiste en persuadir la opinión pública, fundamentándole en una teoría y moral adecuadas que sean conformes a los principios liberales. Se requiere un gran esfuerzo y constancia, dirigidos, sobre todo, y en primer lugar, a informar a estos intelec¬tuales y divulgadores de ideas ajenas ganándolos para la causa cientí¬fica y ética de la libertad que ya se encuentra perfectamente articulada en los niveles teórico y ético que comentamos en notas anteriores.
5.      De esta mane¬ra el ideal liberal podrá ir calando en el cuerpo social, gracias a la efectiva labor de un grupo de divulgadores e intelectuales que ac¬túen aplicando a la realidad concreta de cada día los principios ya con-sagrados en la teoría de la libertad.
6.      ¿Qué tipo de actividades concretas pueden y deben realizarse en este campo?
7.      Por vía de ejemplo, y sin ser exclusivos ni exhaustivos, podemos sugerir de la siguiente manera las actividades que es conveniente impulsar y desarrollar cada día sin pausa en este ámbito:
8.      a)     Actividades docentes y de formación. Se trata de organizar semi-narios de formación en los ámbitos universitarios, y en general de im¬pulsar encuentros, congresos, conferencias y jornadas en las que los in-telectuales y divulgadores puedan aprender de primera mano los principios y argumentos esenciales en los que se basa la economía de mercado. Estas reuniones sirven, además, para intercambiar experiencias y proponer nuevas formas de articular, cara a la ciudadanía, la aplicación práctica de los principios liberales.
9.      b)     Actividades de difusión y publicación de libros, trabajos y estu¬dios relacionados con el ideal liberal. También, y ojala, un grupo de empresas e instituciones (organizaciones empresariales, cámaras de comercio, fundaciones, etc.) promuevan en mayor o menor medida es¬tudios y trabajos de investigación dirigidos a aplicar el ideario liberal a los problemas sociales más acuciantes.
10.    c)     Actividades relacionadas con los medios de comunicación. Se tra¬ta de impulsar la aparición de revistas que se especialicen en el estudio y aplicación del ideario liberal; de conseguir que publicaciones perió¬dicas de prestigio adopten una línea editorial comprometida con la eco¬nomía de mercado; de mantener buenas y constantes relaciones con los profesionales de la información y, en especial, con aquellos que mues¬tren más simpatías con el ideal liberal; y, finalmente, de lograr influir en los medios de comunicación de masas que, como la radio y la televi¬sión, hoy tienen más impacto en la población.
11.    d)     Creación de institutos y think tanks (tanques de pensamiento) de tendencia liberal. Se trata de reproducir el esquema ya probado, de éxito, consistente en la creación, impulso y desarrollo de institutos y fundaciones liberales dedicadas al análisis de los problemas sociales desde el punto de vista liberal, y a la concesión de becas y subvencio¬nes para el estudio, desarrollo y articulación de las medidas políticas concretas de reforma liberal. Así, como en España, se ha creado el Instituto para la defensa del Libre Comercio (IDELCO), la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), la Funda¬ción Concordia, la Fundación Cánovas del Castillo y otras más que, siguiendo el modelo del Instituto of Economic Affairs inglés, están co¬menzando a tener un gran impacto sobre la clase política y la opinión pública en general. En lo que a publicaciones periódicas se refiere, aunque todavía queda mucho camino por recorrer, en España, por ejemplo, destaca el importante papel que actualmente están jugando medios como la Nueva Revista, Veintiuno y, sobre todo, el grupo edi¬torial Negocios (compuesto por el diario Gaceta de los Negocios, el semanario Dine¬ro y la cadena de radio Intereconomía); en la televisión española todavía no se logra plenamente introducir una adecuada línea editorial a favor de la libertad de empresa. La aparición de este tipo de institutos se remonta a una iniciativa del empresa¬rio inglés Anthony Fisher que, tras la Segunda Guerra Mundial y deseoso de pasar al campo de la acción en pos de la libertad, contactó con Hayek consultándole qué podía hacer en este ámbito.
12.    e)     Finalmente, es necesaria y conveniente, la adecuada coordinación nacional e internacio¬nal de todas estas actividades. Así, por ejemplo, el intercambio de expe¬riencias entre los institutos de los diferentes países y la ayuda mutua a nivel internacional entre los teóricos y divulgadores del ideario liberal se ha manifestado extremadamente ventajoso. Aquí ha jugado, en el ámbito académico, un papel protagonista la Sociedad Mont Pélerin, que fue creada por Hayek tras la Segunda Guerra Mundial y que hoy incor¬pora en su seno a más de cuatrocientos intelectuales liberales, de los que siete han sido Premios Nobel de Economía. (Sobre la Sociedad Mont Pélerin puede consultarse a R.M. Hartweil, A History of the Mont Pélerin Society, Liberty Fund, Indianápolis 1995; y en español en el artículo “Los pala¬dines de la libertad económica”, en Lecturas de economía política, Unión Editorial, Madrid 1987, vol. III, pp. 204-207). También el papel de la Atlas Research Foundation, impulsando la creación de institutos en Hispa¬noamérica, Asia y Europa del Este, ha sido de gran importancia para extender el liberalismo en unos ámbitos que hasta ahora eran un coto cerrado del marxismo y del socialismo internacional. Y finalmente des¬taca la labor de organización de seminarios académicos y de publica¬ciones, efectuada a nivel internacional por el Liberty Fund, el Institute for Humane Studies, el Cato Institute, el Ludwig von Mises Institute y otros muchos más.
13.    Como es lógico, la realización de todo este tipo de actividades ha de efectuarse siguiendo el principio de la especialización y la división del trabajo. Una misma persona o institución no puede ni debe diluir su esfuerzo en todas ellas. Por el contrario, es preciso que las distintas actividades se desarrollen de forma especializada y profesional, si bien es cier¬to que una adecuada coordinación y articulación de funciones tiende a potenciar el positivo resultado de cada iniciativa. Así, y poco a poco, la acción permanente y combinada en todos estos campos termina desenmascarando a nivel de la ciudadanía, no sólo los errores del intervencionismo (totalitarismo, comunismo, etc.), su profunda inmoralidad y el egoísmo de los grupos privilegia¬dos de interés que se aprovechan a corto plazo de los mecanismos del poder político, sino que además hacen posible la erosión irreversible del establishment y de las ideologías intervencionistas, generalizándose un estado de opinión pública a favor de la economía de mercado y del li¬beralismo que, aunque de lento crecimiento, termina finalmente consolidándole y haciéndose inexorable e irresistible desde el punto de vista social y político.
14.    Aquí, en nuestro país, todavía queda mucho por avanzar en pos de la economía de mercado. Hay esfuerzos. Y sin embargo, retrospectivamente, comparando la situación actual con la existente hace dos décadas, se puede notar el cambio que se ha producido a nivel de la opinión pública en favor de la liberalización en ciertos ámbitos.
15.    Hoy, a pesar del régimen socialista-comunista castrista, totalitario, pocos niegan con énfasis los efectos beneficiosos, por ejemplo, que tiene la competencia en el campo del transporte; el efecto beneficioso que tiene la aparición de competidores en las comunicaciones marítimas, inalámbricas, por citar cortos ejemplos de liberalización que poco a poco han triunfando.
 “Nunca, nunca y nunca otra vez, debería ocurrir que esta tierra hermosa experimente la opresión de una persona por otra”. Nelson Mandela, 
Nelson Rolihlahla Mandela, 1918- , Unión de Sudáfrica, abogado y político, primer presidente elegido democráticamente mediante sufragio universal, líder del partido Umkhonto we Sizwe, brazo armado del Congreso Nacional Africano (CNA).-
nelsonmaica@gmail.com

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RED POR LA DEFENSA AL TRABAJO, LA PROPIEDAD Y LA CONSTITUCIÓN.- "EL GOBIERNO ES EL RESPONSABLE DEL DESABASTECIMIENTO"

RED POR LA DEFENSA 
AL TRABAJO, LA PROPIEDAD Y LA CONSTITUCIÓN.
  "EL GOBIERNO ES EL RESPONSABLE DEL DESABASTECIMIENTO"
Cuando analizamos los grandes volúmenes de importaciones realizados por el gobierno para la compra de alimentos no debería de haber desabastecimiento. Escuchamos de distintos voceros gubernamentales que existía inventario de materia prima y de productos semi procesados, para seis meses de consumo en los distintos silos y almacenadoras publicas así como se había importado suficiente para aumentar la existencia.
Buena parte del circuito productor de alimentos esta en manos publicas, nos permitiremos dar a conocer algunas de sus empresas y cuales sectores controlan mayoritariamente:
1.Mas del 70% de los centrales azucareros.
2.Un 80% de las torrefactoras y procesadoras de café.
3.Un 50% de las platas procesadoras de maíz y arroz.
4.La casi totalidad de los silos.
5.Un 60% de las plantas procesadoras y envasadoras de aceite comestible.
6.Hatos para la cría y producción de ganado.
7.Productora y procesadoras de pollos y cerdos.
8.Controlan un 80% de la flota pesquera y plantas procesadoras de pescado.
9.Mas del 50% de las plantas procesadoras de leche pasteurizada y en polvo.
10.Unos 5 millones de hectáreas de las mejores tierras del país para la producción agrícola y pecuaria.
11.La mayor red de almacenaje, transporte y distribución de alimentos, como lo son Mercal,PDVAL y Éxito entre otros.
Así como toda una gran cantidad de organismos,funcionarios y la logística para el manejo de toda esta gran red de empresas y centros de producción, sostenida anualmente con una inmensa masa de recursos ilimitadas.
Le corresponde a los voceros oficiales explicarle a los venezolanos el por que de este repentino y grave nivel de  desabastecimiento a pesar de la inmensa cantidad de recursos público invertidos.
Vicente Brito (Presidente)
vicent.brito@gmail.com
raulamiel@gmail.com

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CARLOS BERRO MADERO, EL PERONISMO COMO SIMBOLO DE UN GRAN FRACASO, FUENTE TABANO INFORMA,

Colaboración - 09-Ene-13 - Opinión

EL PERONISMO COMO SÍMBOLO DE UN GRAN FRACASO

por Carlos Berro Madero
carlosberro24@gmail.com

“Cuando el olvido ha encubierto el origen de algo, se cree estar en posesión de un edificio sagrado e invulnerable, sobre el que cada generación sigue construyendo forzadamente el uso coercitivo de un símbolo que ya no existe”
- Friedrich Nietzsche


Causa bastante estupor el modo con que los peronistas –políticos y algunos ciudadanos del común-, intentan definirse a sí mismos mediante largos circunloquios contradictorios.

Algunos modernos “intelectuales” como José Feinman, Laclau y los integrantes de Carta Abierta, han ensayado últimamente un “dibujo” que permita fotografiar este “acontecer polifacético” que intenta –según dicen-, mejorar la vida de la gente, rescatando una eventual “soberanía popular”.

Deberían recordar todos ellos lo que Richard Nixon advertía sobre el particular, en un sorprendente rapto de sinceridad: “lo que el político quiere del intelectual no son ideas, sino apoyo”.

La primera pregunta es entonces: ¿ha contribuido el peronismo (en sus distintas variantes) a recrear exitosamente la mencionada “soberanía” después de casi sesenta años de “inundar” la política argentina?

La respuesta es NO.

La pregunta siguiente es: ¿ha tratado de fortalecer el correcto funcionamiento de la democracia y el espíritu del derecho en sus gobiernos y en la política en general?

La respuesta es NO.

La tercera: ¿ha sido una fuente de inspiración para sostener con firmeza las instituciones de la república?

La respuesta es NO.

A continuación: ¿ha desarrollado planes públicos para una mejor educación de la ciudadanía que le permita a ésta aprovechar las ventajas comparativas de una sociedad tecnológicamente más compleja?

La respuesta es nuevamente NO.

¿Hay hoy menos pobres y más oportunidades “reales” para ellos de salir de su marginación en el seno de la sociedad que antes del advenimiento del peronismo hace aproximadamente 60 años?

La respuesta es, rotundamente, NO.

El peronismo no estuvo nunca interesado en “dialogar” con nadie, sino en imponer a todos por cualquier medio su propia visión de la sociedad; sufre una pasión indómita por armar “roscas políticas” permanentes y se dedica a sojuzgar a sus eventuales adversarios cada vez que accede al poder, asegurando siempre que existen oscuras “corporaciones” internacionales (“sinarquías”, Perón dixit) que conspiran contra la estabilidad de sus gobiernos (que terminan en realidad por causa de sus propios errores y abusos de autoridad) y les impiden resolver en plenitud los dilemas de igualdad, libertad y prosperidad para todos.

¿Las pruebas de lo que sostienen? Ninguna. Solo sus palabras.

Un peronista no desea permanecer “afuera” del poder por mucho tiempo y se considera candidato permanente para lo que cuadre; aunque más no sea una modesta concejalía, el directorio de un club de fútbol o una asociación cívica cualquiera.

Sus ambiciones cubren así un amplio espectro cultural, político, social, deportivo y “virtual” (el de los que luchan toda su vida para acceder a cargos que nunca obtienen).

Perón dividió siempre a sus adeptos para que se pelearan eternamente –anulándose entre sí y favoreciendo de tal modo su hegemonía-, distribuyendo al mismo tiempo “cupos” de participación y liderazgo para cada actividad del Estado, situación que se ha mantenido casi intacta hasta el día de hoy.

Es propio del peronismo crear comisiones, grupos de “intelectuales” adictos y operadores todoterreno “a todo evento”, que puedan funcionar como fusibles cuando llega el momento de dar excusas por los resultados de sus malas gestiones.

En pocas palabras, creemos que la única VERDAD INDISCUTIBLE es que el peronismo ha empobrecido moral, económica e intelectualmente a la sociedad toda, contribuyendo a sumergirla en un magma indefinido sobre cuyas características siguen discurriendo aún hoy (sin suerte) analistas y politólogos.

Nosotros creemos firmemente que es una forma de “pertenecer” a algo que puede definirse de muchas maneras, pero cuya verdadera dimensión ética ha estado caracterizada por haber resultado finalmente UN GRAN FRACASO NACIONAL y una enorme decadencia social y cultural.

Cuando las explicaciones son demasiado extensas, para lo único que sirven es para confundir; siendo ésta otra apuesta del peronismo: mantenernos a todos “alelados” tratando de descifrar algo que no comprendemos bien qué es, pero que nos serviría (según el credo peronista), para ser “reconocidos”.

Porque el peronismo no es quizá un partido político en el sentido tradicional del término; ni siquiera un “movimiento”; sino una lucha permanente para el acceso y permanencia en el poder de una PEQUEÑA ARISTOCRACIA BUROCRÁTICA Y BURGUESA DE CARACTERÍSTICAS BASTANTE CORRUPTAS, que termina sometiendo la conciencia de las personas por sentirse dueña de la verdad absoluta.

En la medida que no se extinga esta “enfermedad” cultural, la Argentina no podrá salir de su postración.

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