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sábado, 4 de octubre de 2014

ALBERTO RODRÍGUEZ BARRERA, EL SIMBOLO DE LA UNIDAD E INTEGRACION DE VENEZUELA

“Rómulo, la integración de Maracibo, y del Zulia, a Venezuela toda, y viceversa,  pasa por la construcción del  puente sobre el Lago”. Valmore Rodríguez, mi padre, 1946

La mezquindad y la ignorancia, al no reconocer la realidad, caen por sí solas, a veces desbaratando lo necesario y útil. Pero hay quienes se elevan por encima de la mediocridad, como hizo -el día antes de la inauguración del Puente General Rafael Urdaneta- el Cardenal José Humberto Quintero: “La fecha de mañana recuerda no sólo el 463º aniversario del descubrimiento del Lago de Maracaibo, sino del cumpleaños de haber sido pronunciada por los labios de Ojeda, Vespucio y de la Cosa, ante la humilde ciudad aborigen fabricada en las aguas, la palabra Venezuela, diminutivo musical que hoy suena a nuestros oídos como el más armonioso de todos los vocablos castellanos”.

     El 24 de agosto de 1962 se inauguró el Puente General Rafael Urdaneta de Maracaibo, tal como fue prometido por Rómulo Betancourt en su penúltimo discurso pre-electoral el 5 de diciembre de 1958. Esta fue una conquista del pueblo zuliano, que exigió la construcción del puente en demostración patente de una verdad histórica, que grupos reducidos y sin resonancia para su afónica voz en el ámbito colectivo parecen ignorar: que la voluntad de los pueblos se impone siempre y que de nada valen contra ella la violencia ni la propaganda falaz; que a la larga, lo importante no es vencer por la fuerza, sino convencer con la razón y las realizaciones; que de nada pueden servir las prédicas totalitarias, de cualquier signo, cuando los pueblos han adquirido conciencia histórica de su libertad, de sus derechos y deberes y tienen pleno sentido de la nacionalidad.

     Como dijo Rómulo en la inauguración: “… que con la misma voluntad y vocación democrática que un 23 de enero dio al traste con la dictadura, con la misma voluntad y vocación faenera que los zulianos han puesto en la consecución de su puente, todos los venezolanos defenderán la democracia conquistada contra los amañados ataques de quienes anteponen sus propias, irracionales ambiciones personales al ejercicio de poder, o los planes de expansión ecuménica de potencias extranjeras a los intereses vitales, y suyos propios, de la nación”.

    Pero había otra verdad histórica, más allá de que se trataba de una obra única en América y monumental en sus proporciones: que la voluntad y las aspiraciones colectivas no responden a veleidades fortuitas, sino a imperativos socio-económicos, a realidades objetivas y a necesidades que la conciencia popular sabe captar con intuición especial, y sus líderes e conciencia histórica..

     La realidad era que Maracaibo –como centro económico de la región occidental- estaba aislada de su propia zona socio-económica de influencia y del resto de la República, a pesar de ser la zona más productiva y rica del país, frenada por factores de costo y tiempo que gravaban fuertemente sus comunicaciones, entorpecida por el agua en el intercambio de sus productos agropecuarios, mineros e industriales, funcionando con inoperantes y costosos “ferry-boats’.

     El Gobierno de Coalición tenía sus estudios hechos y su visión era la integración de Venezuela. Los 14.344 kilómetros de superficie del lago, producían pérdidas no menores de 1 millón 700 mil horas-hombre de energía y 670.000 vehículos-hora anualmente. No se equivocaban los zulianos ni la estrategia gubernamental: el puente sería el vehículo efectivo entre los Estados Táchira, Mérida, Trujillo, Zulia, Falcón y Lara, complejo rico en petróleo, ganadería, agricultura, recursos energéticos, madereros y pesqueros.

     Era también un complemento fundamental para la red de vías terrestres y aéreas que el Gobierno de Coalición había planificado con plena conciencia de su importancia para conectar las regiones central y oriental del país –con sus muchos pueblos hermanos- y para reducir en 700.000 kilómetros la ruta del Caribe hasta Panamá, que vincula a Venezuela con el sector del Darién, factor clave para la gran carretera Panamericana. Los técnicos, economistas y planificadores finalmente captaron lo que ya sabía el pueblo zuliano.

     El gobierno hacía lo que tenía que hacer: el puente no era una obra considerada y proyectada aisladamente, obedecía a los modernos conceptos técnicos sobre planificación integral que jamás se habían aplicado en Venezuela y que darían bases de sustentabilidad al proceso de construcción y producción democrática. Insertado dentro del plan vial nacional estructurado, el sistema del Puente Urdaneta formaba parte del gran circuito que rodea toda la hoya del Lago de Maracaibo, puntos de enlace de la región zuliana –que el gobierno ya había construido- con los centros urbanos de Palmarejo, Cabimas, Lagunillas, Agua Viva, El Vigía, Encontrados, Machiques, Maracaibo, y el único tramo que faltaba por completar: Machiques-Encontrados. Y hacia el interior de Maracaibo y vías conexas, se habían realizado 17 kilómetros de acceso al puente, dos distribuidores de tránsito, dos plaza de peaje, cuatro estructuras de paso a dos niveles; además se trabajaba en la autopista urbana de 11 kilómetros, eje del sistema, con otros grandes distribuidores.

     El costo del puente fue de 350 millones de bolívares y fue totalmente cubierto con los recursos ordinarios, sin recursos extraordinarios ni créditos externos, pese a que el gobierno estaba autorizado por el Congreso Nacional para recurrir a ello. Otro aspecto importante a destacar fue el sentido de equipo y cooperación nacional e internacional: para los estudios, proyectos, ejecución y supervisión, donde colaboraron con su experiencia  y amplios conocimientos técnicos y profesionales venezolanos, italianos, alemanes, suizos y portugueses, al igual que a nivel de obreros zulianos.

     Ajenos a realidad y a las grandes obras de utilidad socio-económica que se ejecutaban en el país, sin ningún acento sobre lo suntuario, los dueños de la impotencia política y social disfrazaban su resentimiento acusando al gobierno de “sólo hacer escuelitas”, lo cual –lejos de avergonzar al Ejecutivo- formaba parte del plan integral de desarrollo, que continuaba haciendo escuelitas, escuelas, escuelotas, grupos escolares, liceos, escuelas industriales, artesanales, comerciales, normales, y universidades, con orgullo en las obras pequeñas, las medianas y las grandes. El acento estaba en la necesidad y la utilidad. En un país devastado por la falta de atención social, el valor superior de la democracia que se asentaba valorizaba con satisfacción haber sembrado muchas tuberías, dispensarios de salud y una multiplicidad de esfuerzos aparentemente modestos, porque el valor de una obra no se mide por su volumen sino por la magnitud, a veces difícil de tabular en números, de la necesidad que va a remediar.

    Y remedios importantes  tipo escuelitas eran: “El Pulpo”, “La Araña”, el puente sobre el río Apure, el puente sobre el río Orinoco, el puente sobre el Caroní, el puente Internacional con Colombia, el viaducto La Bermeja, la Siderúrgica de Matanzas, el complejo hidroeléctrico de Macagua, las carreteras Guatire-Caucagua, el Guapo-Barcelona, Carora-Lagunillas, Coro-Palmarejo, las autopistas Coche-Valles del Tuy-Tejerías y Valencia-Puerto Cabello, la perforación del túnel de La Planicie, la apertura de más de 500 kilómetros de canales de riego, la creación de Parques (del Este, Miranda, Aristides Rojas y otros), los hospitales de Seguros Sociales de Antímano, Puerto Cabello, Cabimas, San Felipe, Ciudad Bolívar, Barcelona, Cumaná, Acarigua-Araure, Maturín, además de otras 300… escuelitas.

     Los virtuosos de la negación y la demagogia, sin duda alguna, tenían muchos hijos en las escuelitas aprendiendo la gran lección del Puente General Rafael Urdaneta: que el sistema democrático, como nos lo enseñan la pujanza y el progreso obtenido en los más avanzados países del mundo, regidos por ese ordenamiento político-social, es eficiente y capaz, ambicioso en sus realizaciones y puede exhibir obras que por su volumen, trascendencia y magnitud, no sólo no tienen que envidiar sino que superan ampliamente las realizaciones de los regímenes totalitarios de izquierda y de derecha, con la ventaja decisiva y fundamental de que las realizaciones y obras de la democracia se llevan a cabo sin necesidad de cercenar la libertad ni ofender la dignidad de los hombres y de los pueblos.

     La mezquindad y la ignorancia, al no reconocer la realidad, caen por sí solas, a veces desbaratando lo necesario y útil. Pero hay quienes se elevan por encima de la mediocridad, como hizo el día antes de la inauguración del Puente General Rafael Urdaneta el Cardenal José Humberto Quintero: “La fecha de mañana recuerda no sólo el 463º aniversario del descubrimiento del Lago de Maracaibo, sino del cumpleaños de haber sido pronunciada por los labios de Ojeda, Vespucio y de la Cosa, ante la humilde ciudad aborigen fabricada en las aguas, la palabra Venezuela, diminutivo musical que hoy suena a nuestros oídos como el más armonioso de todos los vocablos castellanos”.

Alberto Rodriguez Barrera
albrobar@gmail.com

@albrobar

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jueves, 10 de enero de 2013

CARLOS BERRO MADERO, EL PERONISMO COMO SIMBOLO DE UN GRAN FRACASO, FUENTE TABANO INFORMA,

Colaboración - 09-Ene-13 - Opinión

EL PERONISMO COMO SÍMBOLO DE UN GRAN FRACASO

por Carlos Berro Madero
carlosberro24@gmail.com

“Cuando el olvido ha encubierto el origen de algo, se cree estar en posesión de un edificio sagrado e invulnerable, sobre el que cada generación sigue construyendo forzadamente el uso coercitivo de un símbolo que ya no existe”
- Friedrich Nietzsche


Causa bastante estupor el modo con que los peronistas –políticos y algunos ciudadanos del común-, intentan definirse a sí mismos mediante largos circunloquios contradictorios.

Algunos modernos “intelectuales” como José Feinman, Laclau y los integrantes de Carta Abierta, han ensayado últimamente un “dibujo” que permita fotografiar este “acontecer polifacético” que intenta –según dicen-, mejorar la vida de la gente, rescatando una eventual “soberanía popular”.

Deberían recordar todos ellos lo que Richard Nixon advertía sobre el particular, en un sorprendente rapto de sinceridad: “lo que el político quiere del intelectual no son ideas, sino apoyo”.

La primera pregunta es entonces: ¿ha contribuido el peronismo (en sus distintas variantes) a recrear exitosamente la mencionada “soberanía” después de casi sesenta años de “inundar” la política argentina?

La respuesta es NO.

La pregunta siguiente es: ¿ha tratado de fortalecer el correcto funcionamiento de la democracia y el espíritu del derecho en sus gobiernos y en la política en general?

La respuesta es NO.

La tercera: ¿ha sido una fuente de inspiración para sostener con firmeza las instituciones de la república?

La respuesta es NO.

A continuación: ¿ha desarrollado planes públicos para una mejor educación de la ciudadanía que le permita a ésta aprovechar las ventajas comparativas de una sociedad tecnológicamente más compleja?

La respuesta es nuevamente NO.

¿Hay hoy menos pobres y más oportunidades “reales” para ellos de salir de su marginación en el seno de la sociedad que antes del advenimiento del peronismo hace aproximadamente 60 años?

La respuesta es, rotundamente, NO.

El peronismo no estuvo nunca interesado en “dialogar” con nadie, sino en imponer a todos por cualquier medio su propia visión de la sociedad; sufre una pasión indómita por armar “roscas políticas” permanentes y se dedica a sojuzgar a sus eventuales adversarios cada vez que accede al poder, asegurando siempre que existen oscuras “corporaciones” internacionales (“sinarquías”, Perón dixit) que conspiran contra la estabilidad de sus gobiernos (que terminan en realidad por causa de sus propios errores y abusos de autoridad) y les impiden resolver en plenitud los dilemas de igualdad, libertad y prosperidad para todos.

¿Las pruebas de lo que sostienen? Ninguna. Solo sus palabras.

Un peronista no desea permanecer “afuera” del poder por mucho tiempo y se considera candidato permanente para lo que cuadre; aunque más no sea una modesta concejalía, el directorio de un club de fútbol o una asociación cívica cualquiera.

Sus ambiciones cubren así un amplio espectro cultural, político, social, deportivo y “virtual” (el de los que luchan toda su vida para acceder a cargos que nunca obtienen).

Perón dividió siempre a sus adeptos para que se pelearan eternamente –anulándose entre sí y favoreciendo de tal modo su hegemonía-, distribuyendo al mismo tiempo “cupos” de participación y liderazgo para cada actividad del Estado, situación que se ha mantenido casi intacta hasta el día de hoy.

Es propio del peronismo crear comisiones, grupos de “intelectuales” adictos y operadores todoterreno “a todo evento”, que puedan funcionar como fusibles cuando llega el momento de dar excusas por los resultados de sus malas gestiones.

En pocas palabras, creemos que la única VERDAD INDISCUTIBLE es que el peronismo ha empobrecido moral, económica e intelectualmente a la sociedad toda, contribuyendo a sumergirla en un magma indefinido sobre cuyas características siguen discurriendo aún hoy (sin suerte) analistas y politólogos.

Nosotros creemos firmemente que es una forma de “pertenecer” a algo que puede definirse de muchas maneras, pero cuya verdadera dimensión ética ha estado caracterizada por haber resultado finalmente UN GRAN FRACASO NACIONAL y una enorme decadencia social y cultural.

Cuando las explicaciones son demasiado extensas, para lo único que sirven es para confundir; siendo ésta otra apuesta del peronismo: mantenernos a todos “alelados” tratando de descifrar algo que no comprendemos bien qué es, pero que nos serviría (según el credo peronista), para ser “reconocidos”.

Porque el peronismo no es quizá un partido político en el sentido tradicional del término; ni siquiera un “movimiento”; sino una lucha permanente para el acceso y permanencia en el poder de una PEQUEÑA ARISTOCRACIA BUROCRÁTICA Y BURGUESA DE CARACTERÍSTICAS BASTANTE CORRUPTAS, que termina sometiendo la conciencia de las personas por sentirse dueña de la verdad absoluta.

En la medida que no se extinga esta “enfermedad” cultural, la Argentina no podrá salir de su postración.

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