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sábado, 7 de enero de 2012

ALBERTO MANSUETI: ROMPER EL TABÚ DE LA DERECHA (PRIMERA PARTE)

13 diferencias con la Izquierda (y una semejanza)
 “Y hablando Elías a todo el pueblo, les dijo: ¿Hasta cuándo estaréis oscilando entre dos pensamientos?” I Reyes 18:21
Hoy un candidato que en campaña se atreva a hablar de “mercado” (no digamos “libre”), sin repetir las eternas consignas populistas de las izquierdas, se pone en muy graves aprietos. De inmediato le acusan de “¡Neoliberal!”, y su carrera política peligra.
Por un ratito, supongamos que un candidato así, quiera seguir en carrera, pero con la verdad. Y diga la verdad: que el “Neoliberalismo” es el mismo viejo “Consenso de Washington” de los ’90, recetario Neo mercantilista, aún de moda entre gobiernos estatistas que pretenden lidiar de forma menos irracional con la inflación, y reducir el déficit estatal pero no el gasto. Aumentando los impuestos y liquidando empresas del Estado; nada más. Y que esa fórmula es la continuación del estatismo por otros medios: jugosos monopolios privados, y sus reglamentos monopolistas. Y esa supuesta panacea – como los TLC – habrá tenido sólo un par de renglones de libre mercado, si acaso, y esos fueron precisamente las que no se aplicaron cabalmente en esos años, ni después ni ahora.
En tal caso, y como castigo a su osadía, este candidato será acusado de algo aún mucho peor: defender “el Capitalismo”, como si eso fuera el delito más atroz de este mundo.
Pero sigamos suponiendo: si se pone a balbucear algo sobre “capitalismo humano” o “capitalismo popular”, como hacen muchos, entonces le disparan con el arma fulminante, la última: “¡Derechista!” Y ahí es donde está muerto, porque ya no tiene nada ni para balbucear.
Intro
Hace 50 años, la mínima insinuación sobre la posible condición homosexual de alguien, provocaba fuertes respuestas horrorizadas. “Noooo, ¡jamás!” Era algo insultante. Hoy las cosas son diferentes, nos guste o no. ¿Por qué? Porque nos guste o no, la homosexualidad fue reivindicada y socialmente aceptada. Pero la menor alusión a que alguien sea “de derecha”, provoca ese tipo de negativas airadas. “¿Derecha? Noooo, ¡qué horror!” Se considera casi una obscenidad.
El capitalismo está proscrito, legalmente, prohibición que sufren los microempresarios informales, a diario aplastados con la colección de vedas y restricciones legales que les impiden desarrollar sus empresas. ¿Por qué? Porque la Izquierda (en general, por eso la I mayúscula) dictaminó que el capitalismo es inmoral, y eso enseñó, sobre todo a la masa de clase media.
Hasta que la Derecha (en general) no se reivindique en la opinión, hablando en primer término a la burguesía de hoy – que no es la clase media “letrada”, es el empresariado informal, en la ilegalidad o al borde de la misma – el capitalismo seguirá prohibido. Porque la Izquierda – dueña de la ética política y del lenguaje, del hablar “políticamente correcto” – seguirá mandando. Y la palabra “Derecha” seguirá con su potente carga explosiva descalificadora e inhabilitante, colocada por la Izquierda. Al igual que con los términos capitalismo y burguesía, si nadie los rehabilita, guardan todo su veneno, y así los socialistas nos quitan de en medio fácilmente.
Si lo negamos, o esquivamos la respuesta, nos sacan del juego, y pronto. Aquello de “el liberalismo no es izquierda ni derecha” no se lo cree la gente; y con razón, es como decir “No soy mujer ni hombre”. La respuesta que se da es ésta: “si no eres de izquierdas, ha de ser por derechoso y facha; y si ni te atreves a admitirlo, ¡es porque eres culpable!”
Lo que nos incapacita por completo a los liberales, y sella nuestra suerte adversa en la arena ideológica, política y electoral, no es la cercanía con la Derecha, ni la sospecha de esta “afinidad peligrosa”; al contrario: es el tabú de la Derecha, que nos inhibe, nos amordaza y hace impotentes para la defensa ante los injustificados ataques socialistas.
Pero hablamos de liberales clásicos, en pro del Gobierno limitado, mercados libres y propiedad privada. No de esa contradicción de “capitalismo anarquista”, como si los mercados abiertos y la propiedad pudiesen subsistir sin policías y jueces a cargo y cuenta de un Gobierno limitado, como última instancia vinculante, y exigible para los transgresores reticentes, por sobre el nivel de las agencias privadas de seguridad, y provisión de justicia. Siempre hubo estas entidades voluntarias, incluso las hay, bajo el estatismo, y habrá siempre, porque son fundamentales instancias previas. Pero ello no implica suprimir hasta un tipo de Gobierno limitado. ¿Que cómo va a mantenerse limitado? Simple: con una fuerza de Derecha eficaz, familiarizada con los principios del Liberalismo Clásico, y comprometida a su defensa en todo terreno, incluso la arena política y electoral.
Tampoco hablamos de esos “liberales sociales”, que ahora se dicen de izquierdas, y con justa razón, porque lo son. Son intervencionistas – en términos de Mises – partidarios de la “Economía mixta” (o “social de mercado”), al estilo democristiano, la que siempre tuvimos y tenemos, la que falla.
Este escrito es para liberales clásicos, y tampoco para todos; sólo para quienes dejamos la comodidad de las poltronas y las academias, y nos atrevemos a jugar el juego rudo de la política en su espinoso terreno, sin dejar de ser consistentes. Necesitamos una retórica efectiva, que hasta ahora no hemos tenido; y de urgencia, sobre todo si queremos ganar. Pero ganar es imposible sin aclararnos las ideas.
El Mito de la Izquierda
Los socialistas dominan el juego porque le han metido en el seso a la gente el Gran Mito: que ser de “Izquierda” es una causa buena, es ser “idealista”, defender a los pobres de la voracidad de los ricos, causantes de la pobreza y la miseria. Y por consiguiente “la Derecha” es tan malvada como las causas que defiende. Que el Socialismo es un noble ideal, quizá inalcanzable por ser tan elevado, pero el intento vale la pena. Y si alguien señala que los socialistas concretos no son pobres, y jamás ayudan a nadie con su propio dinero, la respuesta es: “No son de Izquierda verdadera”. Ese es el Mito.
Nada va a cambiar hasta no tumbar el mito. Todo seguirá igual, hasta recuperar el lenguaje ordinario, distinguir entre derechas mercantilistas y liberales, y revertir la situación: que baste insinuar que un político es “de izquierdas” para desacreditarle sin más trámite, así como hoy se le quita diciendo que es “de derechas”. Hay sobrada base para ello; sólo hay que informarse, y clarificar qué es Izquierda, y – por lógica – qué es Derecha.
En la política, quien no sabe identificarse a sí mismo no puede identificar amigos, enemigos ni adversarios, y pierde. Y la realidad, nos guste o no, es que hay sólo dos grandes familias ideológicas. Y tabúes aparte, el liberalismo “clásico” es de derechas, nos guste o no, como bien saben las izquierdas.
Con mercantilistas y otros estatistas de derechas, en su mayoría ignorantes a más de aprovechados, los liberales clásicos tenemos muchos pleitos de familia, gravísimos; somos adversarios. Pero con la Izquierda tenemos guerra a muerte; somos enemigos. Ellos o nosotros. En su mayoría no son sólo ignorantes y aprovechados: son criminales. Y a la guerra la declararon ellos, los socialistas.
Antecedentes
En 1848, a 72 años de “La Riqueza de las Naciones” (Adam Smith, 1776) los liberales todavía estaban enzarzados en el pleito con el mercantilismo, por la cuestión de los privilegios monopolistas, y el libre cambio. Ese año 1848, las izquierdas ya iban por la tercera ola “revolucionaria”. Y ese año, Marx y Engels publicaron su “Manifiesto Comunista”, y enseguida los marxistas nos metieron a todos en el mismo saco, a liberales y a mercantilistas: “capitalismo, la Derecha”. Y ya pues.
Es cierto que las dos palabras proceden de la primera Revolución Francesa de 1789, y de la distribución de los asientos de la Asamblea Nacional en París, pero no así las ideas respectivas, que vienen desde mucho tiempo atrás. Por eso la polaridad no ha perdido vigencia ni interés; y sigue viva en sus rasgos esenciales, aunque ciertos temas y contenidos ideológicos específicos han cambiado, por ej. en la Izquierda, desde Platón y sus “gobernantes filósofos” hasta Cousteau y su Econazismo, pasando por Robespierre, Dantón y sus jacobinos; y desde la Comuna de París de 1871 hasta Chávez, pasando por el marxismo cultural, Betty Friedan y sus Naziféminas, Mao y sus Guardias Rojos, Mayo de 1968, Pol Pot y los Kim-Il coreanos.
¿Qué es la la Izquierda? El Movimiento que capitaneó las sucesivas olas de sangrientas revoluciones sacudiendo a Europa en los años 1789-92, 1820, 1830, 1848, 1871 y 1917-18, y al mundo entero desde 1945. Fue y sigue siendo la fuerza que propone el Socialismo, internacionalista, “nazionalista” o el que sea. En nombre de ese “ideal” – y seguidos por masas de engañados – los “ilustrados” y sus sargentos políticos arremetieron contra el capitalismo y la propiedad privada. Y contra todo lo que fuese o pareciese afín: la ética común y socialmente aceptada, de base cristiana (descalificada como “moral “victoriana” o “burguesa”), y las instituciones tradicionales: matrimonio, familia, religión y escuela privada. Y con cruel ferocidad: por todas partes los socialistas violentos han masacrado aldeas y ciudades completas, han diezmado aldeas y pueblos, y barrios enteros en muchas grandes ciudades, sin piedad. Todo persiguiendo “el sueño”.
Pero ¿qué “sueño” es ese, que siempre termina en pesadilla? ¿Qué pretenden realmente los socialistas? ¿No ven que los pobres siguen pobres en todos los países comunistas? Los únicos que dejan la pobreza – si acaso la han conocido alguna vez – son los políticos, burócratas y académicos de la “Nomenklatura”, únicos que viven como reyes. ¿No ven que son inestables e insolventes los sistemas socialdemocráticos “de Bienestar”, en Europa y EEUU? Por allá el estatismo también está en quiebra, pese a todos los trillones de dólares en “gasto social”, y en “rescates” a bancos y compañías, en el marco del contubernio entre políticos socialdemócratas y empresarios mercantilistas.
Los socialistas están en un error, gravísimo y trágico. Pero si sólo fuese un error, el remedio sería simple: bastaría con dejarles gobernar, y la Izquierda caería en descrédito. Pero eso no ocurre, siempre vuelven. ¿Por qué? ¿Por qué siguen gobernando? Primero porque el socialismo es más que un error: es un crimen, o varios. Los socialistas se cubren con engaños y mentiras, corrupciones, robos y toda clase de abusos, y asesinatos cuando viene al caso. Segundo, porque cubren sus errores y crímenes con el manto protector del Mito de la Izquierda, arriba descrito.
Y tercero, porque como todo Antropólogo sabe, en las sociedades primitivas todo Mito se protege con un Tabú correspondiente. El Tabú es la Prohibición que protege al Mito, con la función de impedir que el Mito se derrumbe. Mientras se acate la Prohibición, el Mito está seguro.
Para acabar con la hegemonía cultural de la Izquierda, hay que romper el tabú de la Derecha. El Tabú es este: “Prohibido ser (o parecer) de Derecha”. Pero lo que no todo Antropólogo sabe, es que eso no es sólo en las sociedades primitivas.
¿Qué es la Derecha en realidad? Socialmente, la Derecha fue, desde 1789, la variopinta alianza de factores sociales, económicos, religiosos, intelectuales, políticos y militares que reaccionaron (por eso les llamaron “reaccionarios”) a los ataques socialistas, resistiendo con determinación y vigor sus embates, uno tras otro. Había de todo. No sólo parte de la antigua aristocracia, eran también las élites urbanas, clase media comercial y artesanal de ciudades, villas o burgos: la “burguesía”, aunque procedían del mundo rural, donde seguían sus parientes campesinos en haciendas y chacras, y muchos nobles en sus castillos. Eran Obispos y párrocos, y oficiales militares; y políticos monárquicos, tanto absolutistas como constitucionales, tradicionalistas y conservadores, y empresarios mercantilistas. Pero también la parte consciente de los liberales convencidos.
(En el mundo subdesarrollado tenemos equivalentes funcionales aproximados de aquellas derechas, que más o menos encajan en los perfiles y tratan de cumplir esos roles, aunque de manera torpe e ineficaz. Lo mismo con las izquierdas, ¡pero esas sí que son eficaces!)
Ideológicamente, las particiones entre Izquierda y Derecha van mucho más allá de capitalismo o socialismo, de dictadura o democracia. Desde luego tienen consecuencias en lo económico y en lo político, pero son mucho más profundas. Porque no tratan sólo acerca de tasas de desempleo y de impuesto sobre la renta; hunden sus raíces en opuestas visiones de rango metafísico acerca de la naturaleza humana y el carácter del poder, la sociedad y la civilización, y los respectivos roles de la razón y la cultura, que no reflejan ciertos simplistas “Test Políticos” muy populares.
La dicotomía Izquierda-Derecha se mantiene porque no es arbitraria, responde a dos “cosmovisiones”, dos formas muy diferentes y contrarias de entender la política, la economía y la libertad, el Estado y la justicia, la moral; y más en el fondo: la entera realidad humana y social, la vida y el mundo. Este ensayo es para contrastar una y otra (y exponer una semejanza, pero al final).
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domingo, 6 de noviembre de 2011

RICARDO VALENZUELA: AUXILIO NAPOLEÓN PEÑA NIETO (REFLEXIONES LIBERTARIAS DESDE MEXICO)

“Pasa reforma light; diputados descafeínan reforma política”
                                 México DF. Excélsior. Nov. 5, 20011

Durante los últimos 500 años se ha desarrollado un fenómeno de trascendencia inigualable; la constitución del mundo occidental. En los laberintos de la historia habíamos ya conocido culturas admirables como Babilonia, Persia, Egipto y la misma China. Sin embargo, en el occidente del planeta se gestaron los planos y la construcción del mundo moderno en el cual se han esculpido todas las avenidas posibles del progreso de la humanidad.

El mandato divino de los Reyes era retado en Inglaterra en una revolución que le diera vida al primer parlamento. Los enfrentamientos ideológicos entre John Locke y Lord Fildmord alcanzarían niveles legendarios cuando esgrimieran sus armas, el primero portando sus ideas de una ley natural anterior al Estado dándole vida a los derechos del hombre; el segundo insistiendo en el mandato divino de la monarquía. Los enfrentamientos parirían la obra histórica de Locke; “Dos Tratados de Gobierno”—y la democracia liberal moderna.

Sin embargo, hay un histórico personaje que no se le ha dado la dimensión que merece en la construcción de este mundo occidental. Hacia mediados del siglo XVIII numerosos pensadores expresaban esa liberadora visión que en Francia se llegara a conocer como Laissez—Faire. Robert Jacques Turgot la ponía en acción. Como Contralor general de su país—una nación dominada por una monarquía absoluta—él daba gigantescos pasos hacia su liberación. Hablaba de tolerancia religiosa, libertad de expresión, libertad para comerciar, reducción drástica de los gastos del gobierno, rechazaba el papel moneda y promovía el del patrón oro.

Turgot era un impresionante visionario. Predijo la revolución de independencia de los EU 20 años antes de su inicio. Advirtió a los americanos la aberración de la esclavitud y su incompatibilidad con un sistema político constitucional. Los previno afirmando deberían de temer más una guerra civil, que a sus enemigos en el extranjero. Declaraba que los EU sería el paño de lágrimas del mundo, convirtiéndose en el asilo de los oprimidos. Advirtió a Luis XVI el que, a menos de que se abolieran gran parte de los impuestos y gastos del gobierno, habría una revolución que le podría costar la cabeza.

En 1761 Turgot fue nombrado administrador de la provincia de Angomois. Los 500,000 habitantes de la región vivían en una pobreza vergonzosa. Sin embargo, eran oprimidos con infinidad de impuestos los cuales se ejecutaban en más de 1,600 aduanas establecidas en todo el país, controlando el flujo de mercancías. Existía inclusive un impuesto sobre la sal, tarifas feudales y diezmos para la iglesia. A los paupérrimos residentes de la zona, se les permitía mantener sólo una quinta parte de lo que producían.

Tradicionalmente los oficiales del Rey estimaban cada año lo que requerirían para financiar sus guerras, la burocracia, los gastos del palacio de Versalles e imprevistos, y de esa forma establecían la cantidad de impuestos necesarios a exprimir al pueblo que trabajaba. Turgot a pesar de ello, reducía los impuestos de su zona en 200,000 livres. Luego aboliría el trabajo forzado, una especia de esclavitud mediante lo cual los súbditos estaban obligados a trabajar en los requerimientos del Rey, hasta 30 día el año sin paga.

En Mayo de 1774 Luis XVI, un joven de solo 19 años, sucedía en el trono a su abuelo Luis XV. Francia en esos momentos portaba la burocracia más grande del mundo occidental, y sus finanzas después de la guerra de los siete años con Inglaterra estaban comatosas. El palacio de Versalles era la gran hemorragia. En su nómina contaba con 8 arquitectos, 50 músicos, 60 cazadores, 900 nobles con sus familias, secretarios, mensajeros, médicos, capellanes y aproximadamente 10,000 soldados responsables de la guardia. Cada semana se celebraban por lo menos tres banquetes, dos grandes fiestas y tres obras de teatro.

Para hacer frente al grave problema, el novel Rey nombraba a Turgot Contralor General de la nación. Con urgencia se daba a recortar gastos, declaraba moratoria en impuestos, no permitió nuevos endeudamientos y estableció como política no evadir a los deudores vía declaración de quiebra. Para estimular la economía, de inmediato se dio a eliminar las restricciones en el comercio interior. Un ejemplo de tal barrabasada, era el comercio de granos en el cual, por decreto real, solo comerciantes con la bendición del Rey podían participar produciendo así los monopolios y oligopolios celestiales.

El nuevo Contralor se convertía en el hombre más odiado por la realeza. Aun así le presentaba al Rey seis edictos para liberar totalmente la economía. En ellos proponía abolir los monopolios, declaraba la libertad para que cualquiera—incluyendo extranjeros—pudieran participar en el comercio, abolía el trabajo forzado, despedía a los funcionarios que no permitían el libre flujo de mercancías en puertos, eliminaba un impopular impuesto sobre el ganado y otra serie de gravámenes. Pero tal vez el edicto más revolucionario, fue el que liberaba el comercio del vino. En las diferentes provincias productoras de vino, no les estaba permitido venderlo fuera de su territorio. 

El joven Rey, ante las protestas de sus hermanos y consejeros, aceptaba con valentía los edictos y en Febrero de 1776 los presentaba al Parlamento. Pero el legislativo real compuesto de nobles, monopolistas, clérigos, abogados, se oponían ferozmente a tal ataque a sus intereses. La propuesta de Turgot era rechazada y el monarca, presionado por esa elite, lo cesaba. Pero este visionario hombre al despedirse del Rey le sentenciaba: “Recuerde su Majestad, fue debilidad lo que hizo rodar la cabeza del Rey de Inglaterra Carlos I en las calles de Londres.”

Rechazadas las reformas, para 1788 los gastos militares absorbían una tercera parte del presupuesto del país, y la mitad era requerida para pago de la deuda nacional. El desesperado Rey convocaba a una Asamblea Nacional tratando de activar algunas de las propuestas de Turgot, y confiscaba las propiedades de la iglesia. Pero como lo había advertido el despedido funcionario, estallaba la revolución del caos y en Enero de 1793, Luis XVI era llevado a la guillotina.

Antes de la revolución la Monarquía era el gran enemigo de la libertad. Después el movimiento se convirtió sistema totalitario de terror y un Estado policíaco. La Revolución Francesa, al igual que la mexicana, confundiría el concepto igualdad con expropiación y pillaje, no igualdad ente la ley; libertad con ausencia de la ley; justicia con venganza y, de la misma forma que a Mexico, le servía al pueblo una larga herencia de de penurias y una nueva dictadura aun más sangrienta; la de Napoleón.

“Aclaración del autor.” Cualquier semejanza con México, es pura coincidencia. Jacques Turgot se retiraba a la vida intelectual para hacerse gran amigo de Adam Smith, quien afirmaba lo había inspirado en su obra.

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lunes, 22 de noviembre de 2010

LIBERTAD EN PELIGRO. CHILE LIBERAL

Si el precio de la libertad es la eterna vigilancia, hoy debemos seguir más atentos que nunca

El liberalismo es la filosofía política que defiende la libertad individual. La definición de libertad, en palabras de John Stuart Mill, consiste en "hacer lo que uno quiere".

El antecedente más remoto del liberalismo —al menos, en el sentido clásico de Chile Liberal— lo encontramos en el año 1215, en Gran Bretaña, cuando una disputa entre el rey Juan Sin Tierra y los nobles ingleses se zanjó con la firma de la mítica magna carta, una cédula real que limitaba la autoridad del monarca. La cláusula más trascendente de aquel documento es la número 39, que dice:

"Ningún hombre libre será detenido o encarcelado o privado de sus derechos o de sus bienes, ni puesto fuera de la ley ni desterrado o privado de su rango de cualquier otra forma, ni usaremos la fuerza contra él ni enviaremos a otros que lo hagan, sino en virtud de una sentencia judicial de sus pares y con arreglo a la ley del reino."


(No free man shall be taken or imprisoned, or be disseised of his Freehold, or Liberties, or free Customs, or be outlawed, or exiled, or any other wise destroyed; nor will We not pass upon him, nor condemn him, but by lawful judgment of his Peers, or by the Law of the land. We will sell to no man, we will not deny or defer to any man either Justice or Right)

Éste ha sido uno de los mayores logros del pensamiento occidental, y ha garantizado la libertad individual —y, con ello, el progreso ético y material— a todos los pueblos que han rechazado la tiranía y se han decidido a ponerle coto al poder del mandatario. Nadie puede ser detenido ni exiliado sin que el gobierno presente evidencias, y sin que haya un juicio y un debido proceso. Esta libertad ha estado con nosotros por casi mil años.

En Chile, como sabemos, el Tata se pasó a Juan Sin Tierra, la magna carta y los nobles por el traste: encarceló, mató, torturó, descuartizó, expropió, exilió y relegó, a quién se le dio le regalada gana. Y se jactó de ello. Y amenazó con que, si se le paraba la raja, lo haría de nuevo.

Otros han seguido el ejemplo del Tatita Colores. Jorgito Arbusto, más conocido como George Bush, abrió la cárcel de Guantánamo donde decenas de sujetos son detenidos sin asomo de debido proceso, donde al habeas corpus literalmente no existe. La tortura se practicó como si estuviesen en Villa Grimaldi, y también Jorgito se jacta de ello.

El verdadero triunfo del terrorismo ha sido éste: que occidente se destruya a sí mismo. Los terroristas no quisieron de por sí matar miles en las Torres Gemelas, ni decenas en Atocha o King's Cross. Sino que su objetivo final fue derruir los fundamentos de nuestras libertades, y volcar nuestro propio sistema de libertades en nuestra contra, y persuadir a las masas para que exijan la eliminación del debido proceso, hasta que clamemos nosotros mismos por más cámaras de vigilancia, más controles de identidad, más documentos de identificación, más aparataje policial, más PATRIOT Act, más leyes represivas. Como dice Mario Vargas Llosa hoy en El País:

"La consecuencia más grave de la amenaza del terrorismo suicida que planea hoy sobre el Occidente democrático y liberal, es que éste, en sus esfuerzos por defenderse contra la repetición de matanzas como las de las Torres Gemelas de Manhattan o la Estación de Atocha de Madrid, va renunciando a las grandes conquistas de la cultura de la libertad, reduciendo o aboliendo los derechos que garantizan la privacidad, el principio de que nadie es culpable mientras no se demuestre judicialmente que lo es, la prohibición de la tortura, el habeas corpus, el secreto bancario, el derecho de crítica, la libertad de expresión, y confiriendo a los cuerpos militares y policiales de inteligencia, especializados en la lucha antiterrorista, un poder que escapa parcial o totalmente al control de los órganos representativos del Estado de derecho como el Parlamento y el Poder Judicial. Mediante amenazas y chantajes, el terrorismo pretende, y por desgracia a menudo consigue, intimidar a autoridades y órganos de prensa para que renuncien a su libertad de información y de crítica y a veces a la simple verdad a fin de no ser víctimas de represalias, como se vio con el episodio de las caricaturas de Mahoma publicadas en un periódico de Dinamarca."

En Chile no estamos tan lejos. La nueva ley anti-terrorista pretende suprimir la presunción de inocencia y en la práctica facilita que cualquiera atestigüe en contra del acusado. Cuando comenzó la violencia mapuche, durante el gobierno de Bachelet, el entonces candidato Piñera exigió "mano dura". Hoy, como presidente, Piñera debiese darse cuenta que el extremismo mapuche no es terrorismo. La propia definición de terrorismo no es ese galimatías de "violencia empleada con fines políticos", sino que el terrorismo no tiene otro fin sino la destrucción por el puro gusto de destruir, y con un gran impacto mediático.

El violentista a favor de alguna causa mapuche que sea sorprendido en actos violentistas no debe ser confundido con un integrista de Al Qaeda. Banalizamos el propio concepto de terrorismo cuando trazamos un paralelismo así de estúpido.

Si queremos construir una democracia liberal, debemos empezar por reforzar los fundamentos de nuestras libertades, y no socavarlos con cámaras de seguridad, documentos de identidad, ni abstrusas justificaciones de la tortura o el arresto arbitrario. En Chile, la ley antiterrorista debe ser repensada por la "nueva derecha". En EEUU, la PATRIOT Act debe ser abolida urgentemente, y en el Reino Unido, ese bodrio legal llamado Acta de Prevención de Terrorismo del año 2005 debe ser de inmediato suprimido.

Luego de la irrefrenable oleada de leyes tiránicas que asolaron las libertades individuales en EEUU y el Reino Unido, un documental independiente llamado Taking Liberties fue la respuesta de la comunidad para expresar su rechazo al Estado Orwelliano comenzaba a erosionar todo lo construido desde 1215. A continuación, los invito a ver un exracto sobre el habeas corpus, instructivo y muy interesante:

Chile Liberal
chileliberal@gmail.com
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