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LA LIBERTAD, SANCHO, ES UNO DE LOS MÁS PRECIOSOS DONES QUE A LOS HOMBRES DIERON LOS CIELOS; CON ELLA NO PUEDEN IGUALARSE LOS TESOROS QUE ENCIERRAN LA TIERRA Y EL MAR: POR LA LIBERTAD, ASÍ COMO POR LA HONRA, SE PUEDE Y DEBE AVENTURAR LA VIDA. (MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA) ¡VENEZUELA SOMOS TODOS! NO DEFENDEMOS POSICIONES PARTIDISTAS. ESTAMOS CON LA AUTENTICA UNIDAD DE LA ALTERNATIVA DEMOCRATICA
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sábado, 1 de marzo de 2014

MILOS ALCALAY, UN “DIALOGO” DE GATOPARDO, BRÚJULA DIPLOMÁTICA

Ante la grave situación que vive Venezuela por la insatisfacción popular  y la creciente explosión social de los indignados agobiados por el colapso económico, social y político del país, en vez de que el Gobierno aceptara dialogar en ese momento, optó por dar una respuesta violenta propiciando los ataques de militares y paramilitares contra manifestantes pacíficos.

Las muertes, heridas y atropellos producidos lejos de frenar a los indignados, hizo que reaccionaran con mayor firmeza, produciendo como efecto inmediato la toma de calles en diversas ciudades. 

Otro desacierto fue el de criminalizar a los dirigentes más comprometidos con los manifestantes como Leopoldo López  injustificadamente detenido; o la Diputada María Corina Machado a quien se le amenaza con arrebatarle su inmunidad parlamentaria; o intimidando al Alcalde Ledezma al comunicarle por boca del Vicepresidente que descubrieron un supuesto atentado contra su vida.

La comunidad internacional preocupada por la creciente escalada de violencia, ha querido interponer sus buenos oficios para asegurar que se produzca un dialogo entre las partes como un  mecanismo de prevención del conflicto y construcción de confianza mutua, aplicando normas contenidas en Tratados Internacionales para evitar situaciones más graves.

La reacción inicial del Gobierno fue la de embestir contra todo tipo de declaraciones emitidas de buena fe por Presidentes como los de Colombia, Chile, Panamá, Costa Rica; o expulsar diplomáticos norteamericanos; o prohibir la difusión de noticias internacionales como el caso de NTN 24 o CNN alegando injerencia en asuntos internos.

Pero estas  respuestas oficiales, lejos de detener  la reacción internacional, hizo que se pronunciaran organismos internacionales como lo evidencian las expresiones de preocupación pronunciadas por el Secretario General de la ONU, por el Alto Comisionado de Derechos Humanos  de Ginebra; por los llamados de la CIDH, la posición de la Unión Europea; la resolución del Parlamento Europeo del 27 de Febrero, el mensaje de Su Santidad el Papa. En ese mismo sentido deben leerse las declaraciones de ONGs como  HRW, RSF, Centro Carter, Centro Kennedy, Amnesty International, que demuestran las respuestas de solidaridad.

La Reunión de Cancilleres de la OEA convocada por Panamá para tratar el caso Venezolano, es la muestra que no operó el consenso automático propiciado por ALBA y otros incondicionales. Ello llevó a que el Canciller Jaua recorriera  las capitales latinoamericanas para tratar de suspender la reunión fijada o en su defecto,  ganar tiempo para realizar de manera improvisada una “Conferencia de Paz” sin la participación de los principales líderes políticos, ni representantes de la MUD, ni dirigentes  estudiantiles, ni diputados, ni Gobernadores. Es la evidencia de que los gobernantes quieren mostrar un pretendido “dialogo” para evitar la facilitación internacional.

Esta propuesta al estilo del Gatopardo: “Dialogar para que todo siga igual” se hizo sin darle respuesta al clamor popular por la libertad de Leopoldo López; por las denuncias de los jóvenes torturados y humillados y por la desmovilización de los colectivos armados. Fue un Dialogo sin agenda y sin algunos interlocutores  representativos.

Ello le permitirá a Jaua afirmar en la reunión de la OEA, que el Gobierno ya inicio el “dialogo” y que los que no asistieron son los “extremistas” negando de esa manera su deber de  fijar una agenda clara con la participación de los voceros más representativos y disfrazándose  como si  fueran  los artífices del “amor, de la paz y del dialogo” que no cumplen.

milosalcalay@yahoo.com
@milosalcalay

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jueves, 11 de julio de 2013

NELSON CASTELLANO-HERNÁNDEZ, EL GATOPARDO

Es el título de una novela escrita por Giuseppe Tomasi di Lampedusa, entre 1954 y 1957, el titulo original Il Gattopardo haCo dado origen a una definición de actitudes dentro de la política conocida como “Gatopardismo”.

Conducta definida dentro de la novela, donde uno de los personajes Don Fabrizio asiste con distancia y melancolía al final de una época. Los burócratas y las nuevas clases sociales emergentes son quienes sacan provecho del nuevo régimen. El personaje se indigna al saber que su sobrino es lo bastante oportunista para intentar aprovecharse de la situación y adaptarse al nuevo sistema político.
Desde entonces se suele llamar “gatopardista” al político que aparenta realizar una transformación a través de una política revolucionaria, pero que en la práctica sólo altera la parte superficial de las estructuras de poder, conservando intencionadamente el elemento esencial de estas estructuras.
En Venezuela se ha aparentado una revolución pero en el fondo se aplica la máxima de la novela “Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie”, en realidad el resultado beneficia a los que nunca quisieron cambiar los beneficios de las clases poderosas, tan solo buscaban convertirse en los nuevos dueños del poder y continuar con los mismos atropellos de antes.
En la práctica se simula cambiar todo, para que nada cambie, al contrario la nueva clase dirigente llega al poder sedienta de venganza y de riquezas, dispuesta a aprovechar al máximo la oportunidad, lo que dispara la corrupción y la arbitrariedad.
La ceguera los impulsa a no actuar con recato y cuidado, el resultado final en una situación desbocada, sin freno y sin ley. Que solo cambia a los beneficiarios del sistema, solo que ahora la improvisación, la poca idoneidad de los funcionarios y la falta de profesionalidad acrecienta al máximo las desviaciones del sistema.
La actitud “gatopardista” implica también la actitud de muchos ciudadanos, quienes desarrollan una capacidad para adaptarse a los distintos gobernantes y la intención de importantes sectores de la sociedad para aceptar trabajar, de manera pública u oculta con la supuesta “revolución unificadora” y así conservar sus bienes, su influencia o su poder.
Como en la novela aquí no se trata de transformar las estructuras, sino de sustituir una elite por otra, un “quítate tú pa’ ponerme yo”, aunque no esté preparado y cause la ruina del país. Así como en el texto citado esa nueva elite necesita acaparar para sí todo el poder político, recurriendo incuso al fraude electoral bajo una apariencia democrática.
Una frase del protagonista lo define bien: “Nosotros somos leopardos y leones, quienes tomarán nuestro lugar serán hienas y chacales”.
Lo que sucede aquí no puede llamarse revolución, en Venezuela no se ha producido una transformación radical y profunda respecto al pasado.
Tan solo se ha librado una batalla inocua para que todo siga como está, solo buscaba cambiar protagonismos, solo que mucho más primitivos, terminaron por resolver su incapacidad entregando la conducción del país a una potencia extranjera.
Los ciudadanos conscientes, los partidos políticos debemos entender la dimensión del compromiso. La realidad que vive Venezuela a pesar de que nos ha transformado en muchos aspectos, no ha evitado que sigamos arrastrando nuestros problemas.
Todos incluyendo los grupos de oposición contra el régimen autoritario que vivimos, debemos asimilar la lección. Aprender a actuar con civismo y madurez, a trabajar de verdad en equipo, lo que es muy diferente a tomar decisiones colectivas, por eso de que lo colectivo no debe nunca estar por encima de los derechos inherentes al individuo como ser humano.
La oposición no debe permitir que los argumentos respetuosos se sustituyan por apetencias personales, ni que se reproduzcan en su seno las conductas chavistas autoritarias; rechazamos la indecencia de los falsos dirigentes, quienes actúan como déspotas tan solo por contar con un puesto de decisión, debemos rechazar todo eso que representa lo que queremos cambiar.
Todavía se siguen buscando “padrinos”, mayorías accidentales, acuerdos de última hora para imponerse sobre los otros, aunque no se esté preparado, sin que las aspiraciones estén avaladas por una acción, una formación o por una real capacidad, una especie de lucha ridícula por insignificantes cuotas de poder, por un falso protagonismo.
Terminemos con eso de buscar un “chivo expiatorio” como si no fuésemos responsables de lo que acontece. Basta de echarles la culpa a los otros, sin querer reconocer que lo que ha sucedido en Venezuela, sea por acción o por omisión, es culpa de cada uno, y que su solución nos compete a todos.
Lo cierto es que la Venezuela actual es consecuencia de cada corrupto; de los políticos que se endiosaron, de aquellos que votaron por los partidos que gobernaron el país, los que no exigieron responsabilidades y siguieron votando por ellos; aquellos que escribían solo cosas negativas en la prensa sin proponer cambios o soluciones; de los universitarios que convirtieron los centros educativos en reductos de partidos que existían gracias a los presupuestos universitarios; de los artistas que se acomodaban con el sistema o se aprovechaban de los recursos; de los que no asumieron el desafío; de los que no hicieron nada aparte de hablar; de los que por castigar al sistema votaron por Chávez y ayudaron a llevarlo a la primera magistratura sin medir las consecuencias.
De los que solo criticaban, destruyendo lo que habíamos logrado, sin diferenciar lo positivo de lo negativo que teníamos. Pero sobre todo de estos 14 años de tragedia administrativa en la que no ha sumido el régimen actual.
Si reconocemos esto con humildad tendremos posibilidad de salir del caos, tendremos la fuerza y la convicción para realizar el verdadero cambio que Venezuela merece.
La utilidad y el valor de un luchador se miden en las dificultades; su actuación es producto de los valores en los que cree. Tenemos que reaccionar de una vez por todas, aunque nos cree problemas, no podemos continuar sin definirnos, cerrando los ojos y volteando la cara, ¿Cuánta gente de talento permanece en silencio a la espera de momentos que le sean propicios?
Es la hora de enarbolar un discurso para todos, de tolerancia y de reunificación. Se trata de tener claro cuáles son las razones para continuar, para alcanzar la Venezuela que aspiramos, democrática y libre, de acabar con esta pesadilla, de encontrar un camino hacia la paz, un camino para alcanzar el país donde se quiten las máscaras, un país donde se “juegue limpio”.
El compromiso es con la patria, es desde hoy que debemos asumirlo; la situación es urgente y mañana puede resultar demasiado tarde. En Venezuela la sociedad civil está luchando con sus manos, con sus caminatas, con sus pitos y canciones, con sus votos, con su cuerpo y su vida.
No hay excusas para continuar indiferentes frente a lo que está pasando, para sentarse a esperar cómodamente a que otros realicen el trabajo. O hacemos algo por el país o lo perdemos como lo perdieron los cubanos hace 50 años.

nelsoncastellano@hotmail.com
Ex Cónsul de Venezuela en Paris
Presidente de Venezuela-Futura, Francia

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domingo, 29 de enero de 2012

ANDRÉS SIMÓN MORENO ARRECHE: ¡UNIDAD, UNIDAD, UNIDAD, HASTA LA DERROTA SIEMPRE!

En la Venezuela demócrata está sucediendo algo políticamente ‘curioso’ que marcha a contrapelo de la verdadera democracia, entendida y aceptada como un proceso de consenso que existe en las sociedades civilizadas para dirimir las controversias que surgen de las normales diferencias de criterio. En Venezuela ha surgido el concepto de Unidad como dispositivo ultroso, irreflexivo y excluyente. Como condición excepcional y única para revertir el mega desastre político, social y económico que han desatado, con todas sus culpas incólumes, el desgobierno del señor Chávez y sus obsecuentes seguidores, durante estos 13 años. 
La unidad, que como principio electoral-proselitista es tan puntualmente necesaria para ayuntar el esfuerzo político que se requiere para vencer -sin margen de duda y contundentemente- al señor Chávez y sus secuaces el venidero 7 de octubre, se ha convertido en un concepto... En una marca-fashion... En una diva postmoderna que se promueve entre nosotros, los opositores del régimen castro-comunista de Caracas, como el único gran remedio social, político (electoralmente ¡Lo es!) económico, moral, agropecuario, científico, intelectual, y pare usted de atribuirle más curas milagrosas al potingue de la ‘unidad’, que para lo único que sirve, democráticamente hablando, es para la selección de un candidato único que enfrente solidariamente al otro, a Chávez, el candidato del partido único, del sistema totalitario, el candidato vengativo y violador de la Constitución y que de paso es Presidente de la Nación, de su Partido y conculcador de los demás poderes del Estado. Contra ‘eso’, y nada más que ‘eso’ es para lo que se necesita ayuntar esfuerzos untarios con una mano, mientras que con la otra nos tapamos la nariz ideológica... Todo en aras de los ‘altos intereses’ de la Nación y nuestra supervivencia como República
Pero entre gallos y media noche, desde los partidos políticos que hacen vida oposicionista en la Mesa de la Unidad Democrática (¿Con qué se come ‘eso’? preguntaría, si pudiese don Luis Miquilena) se ha vendido a la opinión pública venezolana que cualquier disenso frente a la Mesa de la Unidad y su ‘marca’, por más sutil que sea, debe ser pugnazmente condenado -sea el que fuere, no importa. Afirman que hay que hacerlo en aras de los intereses nacionales representados en la tal marquilla de presunción ideológico-democrática que mientan ‘unidad’, y además de la condena irreflexiva, al que ventile pública o privadamente cualquier desacuerdo con las decisiones de la Mesa de la Unidad Democrática, o de sus candidatos, o por ejercer su derecho a decir ‘no estoy de acuerdo’, a esa persona (usted, por ejemplo... O yo, a partir de estas líneas que lee) debe señalársele con el dedo acusatorio.  De proto-chavista, de quinta columna, de anti demócrata. Hasta se le inventarán viajes (ficticios, claro) a La Habana de Fidel y se le señalará de peligroso ‘cabeza-caliente’ que anda gestionando un ‘resuelve’ con alguna ‘misión chavista’ mientras, como decimos en Maracaibo, ‘le echa vaporub en el ojo’ a los verdaderos demócratas, ellos, los ‘unitarios’, mientras uno –que solo atina a desembuchar una que otra crítica- afirman ellos que nos hacemos pasar por quienes no somos. En fin... por ahí van los tiros.
Y no importa que su argumento sea reflexivo y sostenible con la realidad y hasta comprobable con los hechos. Si usted es un demócrata y se atreve a disentir en Venezuela frente a las decisiones (y las indecisiones) de la MUD, o por las acciones (y las omisiones) de sus únicos precandidatos, usted será señalado y condenado...”porque atenta contra la unidad”. Vista así, la ‘unidad’ deja de ser una cualidad del consenso para convertirse en la excusa de un curioso y desconocido totalitarismo: el totalitarismo de quienes desde la unidad desean imponer sus ideas, sus conceptos, aún cuando ellos sean honestamente beneficiosos para el colectivo. Decir ‘unidad’ en Venezuela es señalar a un totalitarismo colegiado de origen consensual, pero nada democrático.
La unidad, concebida como estructura incriticable, única y presuntamente sólida, nos coloca frente a un insólito neo- fascismo de conciencia que para colmo de curiosidad, es de origen democrático. Una ‘unidad’ que atenta contra sí misma y su origen semiológico. Porque se impone desde una cúpula. Porque esquiva críticas y niega el raciocinio, el contraste de las ideas, el disenso y la polémica, elementos consustanciales con un sistema de gobierno democrático y su resultante: el Estado de Derecho. En nombre de una inasible, tránsfuga y etérea unidad, (que para ser ‘tal’ debe surgir del contraste de las opiniones para alcanzarla, y por el consenso de las acciones para ejecutarla) se pretende imponer un silencio, una mordaza ‘a hierro y fuego’... ¡Porque sí!... Y el que no está silenciosamente cuadrado con la fulana unidad, entonces está contra ella, aún cuando lo que diga u opine sea en su beneficio. 
Tal despropósito es el sexo contra-natura de la democracia. Una unidad así esgrimida por los círculos democráticos en Venezuela (la unidad como concepto y marca incuestionable, pétrea e intachable) es una forma totalitarismo muy similar a la del Teniente-Coronel Chávez, a quien enervan las observaciones y trastornan las críticas. Los reproches que se han esgrimido pública y abiertamente a la MUD tienen fecha muy anterior a su consolidación como ente aglutinador de las distintas oposiciones democráticas venezolanas.
La Mesa de la Unidad Democrática, que tiene sus logros y aciertos, es verdad, está vinculando el concepto de unidad proselitista (candidato único... programa de acción de gobierno) con una obediencia ciega y silente. Afirma que está abierta al diálogo y a la crítica pero desde sus inicios, quienes crearon el concepto de ‘unidad’ secuestraron a la institución. Solo algunos partidos la integraron desde un principio, aunque más luego  -presionados por la opinión pública-  extendieron un plácet de participación a otras organizaciones, que resultaron ser ¡Otros partidos! A pesar de ello, siempre ha sido un club de partidos políticos, en el que no participan ni deliberan en igualdad de condiciones otras estructuras de ‘eso’ que dan por llamar las instituciones de la sociedad: Colegios de profesionistas, Asociaciones civiles, Clubes, ONG, Asociaciones vecinales, minorías de cualquier tipo, etc. Señalar la exclusión y la imposibilidad de deliberación ha sido nuestro ‘pecado original’, el desliz de quienes, siendo demócratas por procedimiento, también somos contestatarios e inconformes.  La inclusión sigue siendo una falla estructural en la Mesa. Una pata faltante que se remienda, como en las ‘mesas cojas’ con cualquier cosa que sirva para llenar ese vacío.
La historia de la exclusión de la sociedad civil en la MUD es ‘de origen’. El 23 de enero de 2008, en conmemoración del 50 aniversario del retorno de la democracia a Venezuela, los principales partidos políticos opositores se reunieron en el Ateneo de Caracas con el fin de suscribir un documento con el cual se comprometían a cumplir una serie de objetivos nacionales y su visión de país. El acuerdo fue propuesto por el entonces Secretario General Nacional de COPEI Luis Ignacio Planas en el marco del aniversario de esa organización política a comienzos del mes de enero del 2008. El acuerdo que dio origen a la Unidad Democrática fue firmado por los partidos Un Nuevo Tiempo, Acción Democrática, Primero Justicia, Proyecto Venezuela, Copei, La Causa Radical, Alianza Bravo Pueblo, Movimiento al Socialismo y Vanguardia Popular; los políticos que suscribieron el nacimiento de La Mesa fueron Omar Barboza (UNT), Víctor Bolívar (AD), Carlos Ocariz (PJ), Antonio Ledezma (ABP), Luis Ignacio Planas (Copei), Alfredo Catalán Shick (PV), Alfredo Ramos (LCR), José Antonio España y Nicolás Sosa (MAS) y Rafael Venegas (VP) El 27 de febrero de ese año se sumaron al acuerdo más partidos  políticos: El Movimiento Republicano, Solidaridad Independiente, Unión Republicana Democrática, Movimiento Laborista, Democracia Renovadora, Fuerza Liberal y Visión Emergente.
El 8 de junio de 2009 se reestructura el Acuerdo de Unidad Nacional dando forma a la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), la cual está organizada en  11 unidades de trabajo: corrupción, relaciones con la sociedad civil, estrategia, programas, derechos humanos, descentralización, asuntos sociales, asuntos internacionales, organización, movilización y temas electorales. ¿Las contó? Si, son once ¿Se fijó en quiénes integran a la MUD? No aparecen otras organizaciones sociales distintas a los partidos. En el ‘acuerdo de unidad nacional’ no hay sino una ‘unidad de trabajo’ para contactar con la sociedad civil, como si la sociedad civil fuera ‘algo’ ajeno y distante de la Mesa, de la Unidad y de la Democracia. Esto es así, desde antes y aún en estos tiempos, porque para los partidos políticos, la democracia NO ES la sociedad civil, sino un coto de caza de votos para los partidos políticos, exclusivamente.
Pero no solo de exclusión vive la Mesa. Todos los ciudadanos en Venezuela hemos sido testigos y sujetos del más oprobioso, permanente y sostenido de los fraudes electorales jamás observados en otro país de nuestro continente. Desde la grosera transformación, en el 2003, del Referendum Revocatorio en un evento plebiscitario, hasta la oprobiosa publicación de listas de electores, con la anuencia del CNE con la que los obsecuentes adulantes del régimen han creado un apartheid político y social. La sola existencia de la tristemente célebre ‘Lista Tascón’ y la no menos vergonzosa ‘Lista Maisanta’ (cuyo autor-ejecutor es el ahora oposicionista Ismael García) ha sido posible porque han contado con la silenciosa anuencia de las autoridades del Poder Electoral y del Poder Ejecutivo. Tal fraude electoral requiere, para validarse en la sociedad, de una estructura aparentemente opositora, de una ‘oposición oficiosa’ que solape, que convalide la felonía, bien con la anuencia tácita, bien con el silencio. Esa estructura social son los partidos políticos que le dieron origen a la MUD, y que con el silencio y anuencia han celestineado las fechorías electorales del régimen, convirtiéndose por acción y por omisión en sus corresponsables.
Aunque usted no lo crea, los partidos políticos en Venezuela no actúan como contrapeso institucional sino como blandas oposiciones a Chávez. Hasta utilizan, durante sus gestiones proselitistas electorales, sus mismas promesas, pero las re envuelven con un papel pseudo democrático y las ofertan como si el país y sus ciudadanos fuéramos los personajes de la novela El Gatopardo de Giuseppe Tomassi de Lampedusa, adormecidos súbditos del Principado de Salina y ellos, los partidos, los representantes de don Fabrizio Corbera, que entre bastidores y en ‘conchupancia’ con los emisarios del señor Chávez afirman... "Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi" (Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie).
El concepto de ‘la unidad’ ha operado como las marcas comerciales, que poseen ‘valores intangibles’ aunque inexistentes, colocados en la mente de los consumidores por los hábiles publicistas que ‘posicionan’ marcas, desagregan o crean ‘clústeres’ de consumidores y como la mampara de tela que se utiliza para encauzar a las ovejas hacia el redil, obturan la visión del paisaje político y con ello la acción individual. Para ’eso’ es que se satanizan las críticas como ésta. Por ‘eso’ es que quienes opinamos a contrapelo de la nomenklatura de la MUD somos inmediatamente embolsados con el descrédito personal. Entonces surgen las descalificaciones: ¿Tú eres un chavista o qué?... ¿Te volviste loco? ¡Unidad pa’ to el mundo! ... ¡El que no está con ‘la unidad’ está contra la democracia!
Pero mientras descalifican a quienes, por derecho constitucional, podemos y debemos opinar y criticar, nada dicen del ‘juego político’ que le ha permitido al régimen más aliento del que jamás pensó. Nada dicen del llamado a la abstención, que le entregó la Asamblea Nacional a Chávez y con ello la conculcación posterior de todos los otros Poderes del Estado.  Nada dicen sobre ‘la entrega al Consejo Nacional Electoral’ de la selección del candidato opositor, permitiéndole a un desacreditado CNE la organización y el patrocinio de una selección de candidato que bien podemos hacer los ciudadanos sin las maquinitas del CNE, más rápido y con mayor transparencia. ¿Por qué la Srta. Machado no dice algo acerca de los 2 millones de ‘votos fantasmas’ que según sus múltiples denuncias pasadas, existen en la data del CNE?  ¿Por qué López ni Capriles nada dicen ni se pronuncian públicamente acerca del inauditable Registro Electoral Permanente? ¿Por qué Pablo Pérez se olvidó de insistir en aquellas ‘condiciones mínimas’ de las que tanto hablaba antes de ser precandidato? ¿Y dónde están guardadas las múltiples y sustanciadas denuncias contra el Poder Electoral que hiciera, hasta no hace poco, el precandidato Pablo Medina?
Conceptualmente, la unidad no es en sí misma ‘mala’, todo lo contrario, pero vista así, con la óptica maniquea de las oposiciones venezolanas, la unidad se transforma en una patente pro-fraude. Con ella se silencia la verdadera oposición, la de la gente de la calle, la voz de los que no tienen acceso a los medios. Si llegara a la Presidencia cualquiera de los candidatos de MUD (a excepción honorable de Diego Arria, el único de ellos que está bien centrado: Gobierno de transición + Juicio a Chávez y sus secuaces) el que llegue a Miraflores lo haría, no por la voluntad de los electores, sino porque ante la avalancha de votos ‘en contra’, Chávez lo permitirá, siempre que se le consienta ‘morir como Presidente’ y garantizarle a sus secuaces un ‘retiro dorado’.
No me queda ninguna duda de ello, como tampoco dudo que para que ese supuesto negado ocurra, la ‘unidad’ debe convalidar otro fraude, el de la posterior ‘unidad nacional’, sostenido en la promesa del perdón a todos los chavistas (populismo ‘ex -ante’), como la gran mentira con la que todos cantaremos, como lo hiciera el inolvidable conjunto musical argentino ‘Les Luthiers’ en su tercer LP, el estribillo final de aquella canción marcial  titulada “Ya el sol asomaba en el poniente”:
 “¡Perdiiiii - mos... perdiiii - mos... Perdimos oooooo ...tra vez!”
andresmorenoarreche@gmail.comEL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, OPINIÓN, NOTICIA, REPUBLICANO LIBERAL, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA, INTERNACIONAL, ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA

martes, 11 de octubre de 2011

PACIANO JOSÉ PADRÓN VALLADARES: CANSÓN Y PAVOSO

         Lo peor que le puede pasar a un político -y en particular a un gobernante- es convertirse en fastidioso y ser de mal agüero.  Es el caso, desde hace ya algún tiempo, del Presidente de Venezuela.

         Dentro de pocos meses, en febrero próximo, se cumplen 20 años del fracasado golpe de Estado que intentó Chávez contra la Constitución, que dejó un alto saldo de muertos y heridos no pagados todavía, del cual logró salir airoso, gracias a su discurso y a la entonces frescura de su mensaje que cautivó. Ese mismo discurso, repetido una y mil veces, perdió frescura, resultando ahora pesado. Sus palabras ya no cautivan, entre otras cosas por conocidas y reiteradas, por agresivas y falsas; son más de lo mismo.

         Chávez hoy es perfectamente predecible. Cuando lo escuchamos, ya sabemos lo que va a decir. No hay nada nuevo en quien al comienzo era, en lo fundamental, un vendedor de esperanza, mientras ahora -cada vez más- es por un lado amenazante, y por otro buscador de conmiseración, de que le digan pobrecito. Lo dicho se hace patente al hablar hasta el cansancio de su enfermedad, de la que ya nos tiene hartos.  ¿Cuántos enfermos de cáncer tenemos en Venezuela? Yo mismo me operé de ese mal en enero de este año, y no lo andamos cacareando. Chávez quiere hacer de su cáncer una bandera nacional, una razón para la lucha de sus disminuidos seguidores, quienes ahora corean con él “Venceremos y viviremos”, una vez que lo asustó la “pelona”, y dejó de repetir “Patria socialista o MUERTE”, de la que hizo consigna obligatoria hasta para los oficiales de nuestra Fuerza Armada.

         Chávez está envejecido. Me refiero, por supuesto, no solo a su edad física, cuando está camino a ser sexagenario. Su obsolescencia es fundamentalmente la referida a su imagen, a su mensaje, a su revolución que ya fracasó y murió antes que él.  Seguramente no juegan a favor de la credibilidad de su discurso las largas e inaguantables peroratas, en las que se le quedan dormidos hasta los ministros, como hemos podido observar por televisión, en cadenas agotadoras que no le generan sino críticas, incluso de los propios. Ese hablar hasta por los codos lo deja sin decir nada nuevo, y lo novedoso que añade a su desgastado discurso, pronto lo envejece al repetirlo sin cesar una y otra vez.

         Peor que fastidioso es ser pavoso, y esa desgracia le ha caído al Presidente Chávez, afectándonos a todos. Quien quiera un Presidente pavoso, no se quiere a sí mismo ni a los suyos.

         Hay quienes dicen, y pareciera que no les falta razón, que la jurungadera de muertos no le ha salido bien.  Por supuesto que no hago referencia únicamente a la indebida, exagerada y publicitada manipulación de los venerables restos del Libertador, sino a los cadáveres de otros seres humanos, que según se cuenta, jurunga tanto en Venezuela como en Cuba, atendiendo requerimientos de ritos extraños a la cultura y tradición venezolana.  Vacié, esa lavativa no conduce a nada positivo, ni genera vibras de bien. La mala suerte pareciera estársela transmitiendo al país, y hasta él mismo salió afectado con un cáncer. Él, que se creía Superman e inmortal, ahora como todos nosotros comienza a sentir respeto por la muerte.

         En los últimos días se comenta la mavita del Presidente, que está multiplicándose.  La gente habla de los accidentes, atribuyéndoselos a la mala suerte que da el Presidente, al referirse a la caída de aviones o eventos con aeronaves, al choque de trenes, al descarrilamiento de éstos, a los accidentes viales, a las caídas de puentes y a cuanta cosa mala nos ocurre.

         Chávez cansón y pavoso, ya basta, cambiemos de suerte.  La revolución está agotada y marchita. Cambio ya. 

pacianopadron@gmail.com
@pacianopadron

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miércoles, 4 de mayo de 2011

CUANDO EL CUERPO SOCIAL TOME EL PODER. TEÓDULO LÓPEZ MELÉNDEZ

La sociedad venezolana tiene un poder que no parece saber tiene. La sociedad venezolana parece no haber aprendido a rescatar lo que es suyo. La sociedad venezolana es víctima de los males originados en la democracia representativa, una que no evolucionó hacia formas superiores. La sociedad venezolana se acostumbró a delegar y se olvidó del control social que toda sociedad madura ejerce sobre el poder. Atenuantes tiene esta sociedad postrada, como las manipulaciones y engañifitas a que fue sometida, pero eso no la justifica.

La sociedad venezolana se acostumbró a esperar al líder providencial, a esperar instrucciones, a depender de las degeneradas estructuras que de instituciones intermediarias pasaron a ser collar de hierro para la obediencia. La sociedad venezolana se convirtió en un corderillo manso dispuesta a ser “políticamente correcta” para permanecer en los resquicios de lo permitido y de lo tolerable. Fue así como la sociedad venezolana se convirtió en lo que es hoy, una sociedad instituida sobre bases endebles y sobre mecanismos degenerados.

La praxis política cotidiana sólo sirvió para alimentar oligarquías partidistas, para crear gremios y organizaciones de diverso tipo encerrados en sus intereses particulares. Así, la sociedad venezolana delegó todo, desde la capacidad de pensar por sí misma hasta la administración de sus intereses globales. La sociedad venezolana se hizo indiferente, se convirtió en una expresión limitada al chiste y a la burla, al desprecio exterior hacia las élites, pero una zángana incapaz de protagonizar una rebelión en la granja.

HAY QUE CAMBIARLO TODO PARA QUE NADA CAMBIE

El gobierno que vino como consecuencia lógica de un cansancio interior y de un derrumbe de lo ya insostenible, contó con la anuencia de esas élites de lo caído, pretendidamente gatopardianas, que soñaron que todo cambiaba para que nada cambiara. Sólo que nunca se leyeron El gatopardo de Lampedusa y jamás se dieron cuenta que había en el texto del príncipe siciliano mucho más que la cita trillada que es lo único que se conoce de esa novela.

Demos pasos hacia una democracia del siglo XXI en la cual se practica la libertad como ejercicio cotidiano de injerencia. En otras palabras, trastocar lo que ha sido hasta ahora la relación entre sociedad e instituciones. La sociedad instituyente debe ser imaginativa y conseguirse las formas y los métodos. La sociedad instituyente debe transformar la realidad. La democracia tiene que pasar a ser la encarnación de esa posibilidad. Sólo lo puede lograr una sociedad instituyente que es mucho más que una recipiendaria del poder original, pues lo que tiene que ser es un cuerpo vivo, uno capaz de generar antídotos y anticuerpos, medicina y curas, transformación y cambio.

II

Un cuestionamiento profundo es rechazado por alterar lo establecido y las instituciones apenas reciben un rasguño que le permiten continuar su camino de manera autónoma en relación al cuerpo social.

Estas instituciones dialogantes de la democracia representativa son lo que denominamos burocracia. Frente a este anquilosamiento se alza lo que hemos dado en llamar poder instituyente. Este poder instituyente debe estar en capacidad de pasar por encima de lo instituido y producir otro cuerpo social con características derivadas del planteamiento teórico que la llevó a insurgir. En otras palabras, deben poder pasar sobre el poder, no sólo el que encarna el gobierno, sino las propias formas que la sociedad instituida ha generado y que la mantienen inerme. En otras palabras, la sociedad instituyente debe servir para crear nuevas formas y no una repetición de lo existente. En el caso venezolano tenemos una sociedad instituida de características endebles, bajo la presión de las instituciones secuestradas por el régimen “revolucionario” y cuyas decisiones de resistencia están en manos de partidos débiles que se reproducen en los vicios tradicionales de las organizaciones partidistas desaparecidas y que en el fondo no hacen otra cosa que indicar una vuelta al pasado, a las instituciones de la democracia representativa con diálogo, consenso y acuerdos, sin alterar para nada la esencia de lo instituido.

Seguramente debemos ir hasta Cornelius Castoriadis para dilucidar que detrás de todo poder explícito está un imaginario no localizable de un poder instituyente. Así, se recuerda que los griegos, cuando inventaron la democracia trágica, acotaron que nadie debe decirnos como pensar y en el ágora se fue a discutir sobre la Polis en un proceso auto-reflexivo. De allí Castoriadis: “Un sujeto que se da a sí mismo reflexivamente, sus leyes de ser. Por lo tanto la autonomía es el actuar reflexivo de una razón que se crea en un movimiento sin fin, de una manera a la vez individual y social”.

Ahora bien, de la democracia griega hasta la democracia representativa han pasado muchas consideraciones teóricas, hasta nuestros días cuando se habla de una democracia participativa. En otras palabras, la política ha desaparecido, en el sentido de la existencia de ciudadanos libres que permanentemente cuestionan reflexivamente las instituciones y a la sociedad instituida misma.

Épimélia es una palabra que implica el cuidado de uno mismo y que da origen a la política. La libertad propia de la política ha sido exterminada, porque lo que se nos impone es como “pertenecer”. Apagar, disminuir, ocultar y frustrar el espíritu instituyente es una de las causas fundamentales de que los venezolanos vivamos lo que vivimos. Ahora tenemos al nuevo poder instituido tratando de crear un imaginario alterado al que no se le opone uno de liberación, en el sentido de soltar las posibilidades creativas del cuerpo social. En realidad lo único que se argumenta en su contra es la vuelta a la paz, a la tolerancia, al diálogo, manteniendo incólumes las viejas instituciones fracasadas. Alguien argumentó que siempre hay un porvenir por hacer. Sobre ese porvenir las sociedades se inclinan o por preservar lo instituido o por soltar las amarras de lo posible. En Venezuela debemos buscar nuevos significados derivados de nuevos significantes. Si este gobierno que padecemos continúa impertérrito su camino es porque los factores que lo sostienen se mantienen fieles a una legitimidad imaginaria. La explicación está en una sociedad instituyente constreñida, sin capacidad de poner sobre el tapete la respuesta al futuro. Ya los griegos sabían que no podrá haber una persona que valga sin una polis que valga.

Pese al anuncio de que en Venezuela había una “revolución” lo cierto es que vivimos en lo instituido y, por si fuera poco, en un instituido aún más degenerado. Lo religioso (Chávez parece un pastor protestante norteamericano) ha sido un factor determinante del fracaso. Este gobierno ha negado lo instituyente imaginario y ha tomado el camino de un imaginario instituido. Se está basando en una legitimidad de la dominación, lo que hace imposible la transformación de la psiquis y su proyección hacia lo concreto histórico-social.

La transformación comienza cuando el cuerpo social pone en tela de juicio lo existente y suplanta el imaginario ofrecido. Se requiere la aparición de una persona con su concepción del Ser en la política, uno que se decide a hacer y a instituir. El planteamiento correcto es inducir que la vida humana no es repetición, y muchos menos de los enclaves políticos, y encontrar de nuevo en la reflexión y en la deliberación un nuevo sentido. No estamos hablando de una “revelación” súbita sino de la creación de un nuevo imaginario social. Así, sin llenarse de ideas y pensamiento sobre el futuro por hacer no será posible cambiar lo existente. La posibilidad instituyente está oculta en el colectivo anónimo. La democracia es, pues, cambio continuo. Todo proceso de este tipo transcurre –es obvio- en una circunstancia histórica concreta. En la nuestra, en la de los venezolanos de hoy, no podemos temer a lo incierto del futuro. Será cuando el cuerpo social tome el poder.

teodulolopezm@yahoo.com
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miércoles, 23 de febrero de 2011

HACIA EL MAR DE LA FELICIDAD. ORLANDO JOSÉ BRUZUAL ROJAS

Si existe algún país sumergido en la infelicidad y la miseria, ese país se llama Cuba.

Antes de convertirse en la prisión más grande del continente americano, Cuba estaba considerada como el país más avanzado en la América hispana. Para algunos conocedores de la materia, la isla en cuanto al aspecto social, estaba por delante de países como Francia, España, Japón, Australia, Italia y otros que hoy día son catalogados como países del primer mundo.

Fue después del triunfo de la revolución de 1957, cuando el pueblo comenzó a sentir las primeras olas de destrucciones del nuevo poder. La riqueza comenzó a mermar debido a los cambios políticos que afectaron directamente la maquinaria productiva que elaboraba no solo alimento a la isla sino que mantenía los micropoderes dentro de la organización política.

Ya para los años sesenta, Fidel no solo empezó a negociar con los rusos pidiéndole sumas millonarias para ayudar a su pueblo en contra del imperialismo que según él lo quería asesinar y sacar del poder, sino que después de recibir todo tipo de ayuda tanto militar como financiera, nunca honró la deuda con ellos, más bien lo que hizo fue enriquecer a sus colaboradores y a su familia completa.

Hoy día el tirano Fidel Castro en complicidad con el presidente de Venezuela utiliza al país como el surtidor gratuito de combustible, además de ser utilizado como despachador confiable de su revolución. Cada día ciento de miles de venezolanos quienes se sienten abandonados por el gobierno nacional se preguntan; ¿Por qué el presidente insiste en ayudar a los cubanos y no a los de su propio pueblo? ¿Por qué el presidente Chávez insiste en sacar la isla a flote?

Repensando un poco sobre este caso pienso que detrás de toda esta ayuda que le está dando Chávez a Fidel se esconden negocios oscuros y dudosos. Mientras Chávez les regala un tendido eléctrico a los cubanos para que obtengan una mejor comunicación, nuestra industria eléctrica está completamente destruida. Mientras el presidente construye una planta de ferroníquel en la localidad de Moa a setecientos kilómetros de La Habana, el gobierno es incapaz de construir viviendas en el país. Mientras en el país cada día hay más desabastecimiento y se pudren alimentos en contenedores, en Cuba gracias a la creación del ALBA miles de cubanos pueden por primera vez adquirir alimentos llevados de Venezuela.

En fin, cuando el presidente habla del mar de la felicidad pienso que está en lo correcto. Porque hacer negocios con Fidel además de traer excelentes dividendos para el bolsillo, más que un mar es un océano de alegría.

obruzual@hotmail.com

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domingo, 10 de enero de 2010

EL SENTIMIENTO DE INFERIORIDAD, CESAR LANDAETA

Si uno pudiera resumir en una sola frase la consigna que sostienen a los grupos gansteriles de la mafia, a los guerrilleros o a las pandillas delictivas juveniles, esta seria: “Somos pequeños, por lo tanto débiles y por ello tenemos que defendernos de los grandes y poderosos.

Esa convicción de que la cualidad de “pequeño” conduce inevitablemente a la de “débil”, es en realidad la confirmación de la existencia, en el fondo, de un sentimiento de inferioridad. Aquello que vulgarmente se llama “un complejo”.

El hecho de que algo o alguien, pueda ser pequeño en comparación con otros, no necesariamente significa debilidad. Muchas naciones pequeñas, por ejemplo, han demostrado lo incierto de la fatal ecuación. Israel, Japón y Alemania son países relativamente diminutos si se comparan con Rusia, Canadá, Estados Unidos, Brasil y hasta con México. Sin embargo nadie en su sano juicio puede catalogarlos como particularmente débiles.

El aislamiento y la afiliación a clubes o gans que el garanticen a uno la protección contra el enemigo “grande”, solo son mecanismos de defesa para paliar la ansiedad de la propia falta de seguridad en si mismo. La verdadera fortaleza de un individuo o de un país no es su tamaño o su fuerza bruta, sino la seguridad que pueda tener en su propia identidad y la posibilidad de compartir sus valores y sus rasgos comunes con los demás sin complejos y sin temores.

Un “Yo” fuerte no necesita recurrir a las vociferaciones o amenazas para atemorizar a quienes en el fondo teme profundamente. El “Yo” superior es sereno, confiado y amistoso, puesto que conoce sus fortalezas y acepta sus limitaciones con hidalguía.

No es asumiendo posiciones abusivas como se demuestra la dureza de espíritu, sino siendo magnánimo y tolerante, pero sobre todo, aceptando que hay otros mejores que uno y que bien haría en aprender de ellos, en lugar de envidiarlos y descalificarlos.

Lamentablemente, a veces son los golpes de la vida, en lugar de la sabiduría, los que enseñan que la pero inferioridad habita dentro de uno mismo.

Carlos R. Padilla L.
carlos.padilla.carpa@gmail.com
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jueves, 15 de mayo de 2008

*ISMAEL GARCÍA LLAMA "GATOPARDIANO" A LA FORMA DE ELEGIR CANDIDATOS EN EL PSUV



*ISMAEL GARCÍA LLAMA "GATOPARDIANO" A LA FORMA DE ELEGIR CANDIDATOS EN EL PSUV
"HAY QUE DEJAR QUE TODO CAMBIE PARA QUE NO CAMBIE NADA"


Caracas.- "La escogencia de los candidatos del PSUV se llama 'gatopardiano', es decir que cambias todo para no cambiar nada porque al final ya Chávez sabe quienes van a ser los candidatos", afirmó el diputado por Podemos, Ismael García.

García se refirió así al método anunciado por el partido de Gobierno para escoger a sus candidatos a gobernaciones y alcaldías.

"Allá en un cuartito, tranquilo, Chávez resolverá quién va a ser candidato, las bases participarán, pero al final ese cambio se llama 'gatopardiano' porque nadie en el PSUV va a sacarle a otro 15 puntos de ventaja".

Respecto a las elecciones de noviembre, el diputado dijo que no se deberían suspender y que todas las últimas declaraciones del presidente son "trapos rojos", para distraer la atención de las elecciones.

Asimismo indicó que para la semana que viene Podemos dirá el nombre de sus candidatos para las elecciones regionales.

Carolina Contreras A.
eluniversal.com