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domingo, 9 de octubre de 2011

RAFAEL GROOSCORS CABALLERO: EL EMPERADOR Y SU FEUDO

            No nos vamos a transportar, de regreso, a la edad media, ni siquiera  a la colonia. Probablemente comenzaremos nuestro relato, ubicándolo en los alborozados días del nacimiento de nuestra Independencia. Cuando el Capitán General de la Gobernación de Venezuela, Vicente Emparan, compelido a pronunciarse sobre la legitimidad de su gestión, ante un Cabildo extraordinario convocado por indignados de la época, renuncia a su mandato y deja correr los acontecimientos, convencido de que sus bases de sustentación, en el imperio, han sido derribadas. Para muchos comienza allí, en ese instante tan pomposamente celebrado cada año, con un primer latido, nuestra República y nuestra soberanía política y territorial.
            Luego vino la guerra, larga y sangrienta, la cual llenó de cadáveres los campos de la nueva unidad geográfica. Y conformó una cultura distinta en quienes a partir de ese momento pasaron a ser ciudadanos de la República de Venezuela, furiosamente independientes y quienes no creyeron ni a sus propios líderes, cuando se les invitó a formar parte, integrada, de una federación más ampulosa y de mayor contenido político, de mayor potencialidad económica y de mayor profundidad cultural. La Gran Colombia, para Venezuela,  tuvo su propio 19 de Abril en La Cosiata de 1826 y en el Congreso de Valencia, apadrinado por José Antonio Páez, en 1830, meses antes de la muerte de El Libertador. A partir de esa fecha, Venezuela sería definitivamente independiente, con conciencia de feudo impenetrable y tendría, desde entonces, su propio Emperador, su dueño.
            Hacemos esta síntesis histórica, más o menos acertada, sin apasionamiento, para situarnos en la génesis de nuestra conducta política como pueblo. Porque desde aquellos momentos comenzamos a configurarnos como una Nación igual a todas, sin sometimiento posible a patrones ni a modelos preconcebidos. Ni Europa, ni los Estados Unidos, ni los extraños imperios asiáticos tenían nada que deberíamos y podríamos  envidiarles. 
Éramos un inmenso feudo, con intrincadas fronteras y por eso necesitábamos un “Jefe”, un caudillo providencial a quien todos deberíamos admirar y a quien todos deberíamos estar prestos a obedecer. Así nos nació la leyenda del “gendarme necesario” y pasamos a ser gobernados por “monarquías” –gobiernos de un solo jefe--  naturalmente absolutistas. Unos tras otros, los vencedores de las guerras se independizaban en el trono, siempre desde un mismo centro de poder, por supuesto  situado en la Capital de la República: Caracas, cuyo “ejemplo” teníamos todos que seguir.  Los demás, o aprendíamos a ser “vivos” o nos conformábamos con ser pobres e incultos, sin “pegar gritos”, sordos y mudos, para permitir al Jefe el curso de su supuesta gobernabilidad.
            Tuvimos hasta una “guerra federal” y no nos faltaron los iracundos propagadores de ideas incendiarias, las que para nada nos hicieron cambiar el rumbo. Todos nos pusimos de acuerdo, tácitamente, para conformar un gran  Feudo de casi un millón de kilómetros cuadrados y se lo entregamos a un Emperador, a quien, como en su designación no concurría la gracia divina ni el derecho dinástico,  solíamos cambiar de nombre, pero manteniéndole su misma jerarquía y sus mismos atributos indelegables. Hasta que unos extraños investigadores encontraron petróleo en nuestro subsuelo y el mundo se precipitó hacia dos grandes guerras, así como al surgimiento de los extremismos ideológicos, fundamentados en profundas reflexiones filosóficas, lo cual nos obligó a mirarnos al espejo y vernos por primera vez nuestra propia cara de pueblo oprimido y atrasado, hundido en el pasado. La agitación le abrió la puerta a la democracia y comenzamos entonces a elegir al Emperador, “por voto popular” y a permitirle que gobernara, “democráticamente”, el inmenso feudo heredado. En todo caso, ahora el petróleo nos relevaría de la obligación tributaria y podríamos llegar a ser súbditos felices si quien nos gobernaba pasaba a ser más o menos generoso con cada uno de nosotros.
            Por eso tenemos hoy un Presidente Vitalicio, a quien no llamamos Emperador, aun cuando gobierne, lógicamente, como tal. Y una nación, que es un Feudo, donde todo lo que hay más allá de Caracas es “monte y culebra”. Y como el “Jefe” está enfermo y ya comenzamos a no quererlo, empezamos a buscar los nombres y las vías para sustituirlo, de la “mejor manera”, pacífica y electoralmente, para repetir su ejemplo y seguir gobernando al “pequeño imperio ramplón”.
            ¡Por Dios! ¡Hasta cuándo! ¿Necesitamos que los “indignados” nos digan que….. debemos cambiar la “monarquía” por una “plurarquía” y el “feudo” por una verdadera federación autonómica, para que la reunión de las ideas confrontadas por los diversos procuradores de los demás y para que la competencia entre las regiones, sabiamente encauzada, nos encaminen hacia el mundo moderno que todavía no conocemos y nos coloquen en la fila de los que esperan lo mejor, haciendo todo lo posible y necesario para lograrlo?
            A propósito del proceso que se avecina y que debería concluir el 7 de Octubre del año que viene, independientemente de que nos “saquemos” de encima a este pernicioso socialismo decadente, corrupto y destructor, debemos pensar en que hay otros males que debemos vencer. Uno de ellos, el principal por supuesto, es el rentismo petrolero, el que nos ha estado obligando a hablar de “misiones”, que son limosnas y que más bien alejan a los pobres del éxito en el combate a la pobreza. Que nos impide comprender que debemos enseñar a nuestro pueblo a trabajar y que debemos crear las condiciones, ¡instrumentalizarlas!, para que del laborismo colectivo salga la riqueza creciente, en lo económico y en lo cultural, para que cada vez nos procuremos mejores niveles de vida. El otro es el “presidencialismo” que convierte al electo como primer mandatario, en un único “monarca”, equivalente al Emperador. Deberíamos aprovechar la coyuntura para dividir las funciones de Jefe de Estado y de Jefe de Gobierno; para dejar al primero la honrosa y delicada misión de representarnos ante la comunidad internacional, como gran “embajador del pueblo” y al segundo la tarea de la administración de un país, lleno de gente buena, útil y admirable y pleno, a su vez,  de riquezas materiales insuficientemente desarrolladas. Jefe de Gobierno que no podría mandar caprichosamente en orden a su propia inspiración,  ni en nombre de una falange ideológica, distinta al común y a la pluralidad de los adversos movimientos de opinión, justamente representados en el Parlamento, donde más importante que las individualidades son la confrontación y concertación de propuestas que deben dar lugar, permanentemente, a un gran plan de la nación, susceptible de ser perfeccionado en la medida que se alcancen las grandes metas definidas con antelación.
           A renglón seguido tenemos que reflexionar acerca de la conveniencia o no, a estas alturas, del modelo “estatista”, muy propio de los regímenes autoritarios del pasado, así como de los surgidos de los extremismos ideológicos, dramáticamente apropiados de la escena europea en el siglo XX. El estado benefactor tiende a copar las iniciativas en el proceso de la producción y a cortar las libertades económicas, para encallejonar a las sociedades que lo instauran,  en una ruta que sus promotores admiten como segura, pero que las circunstancias y  la historia se ha empeñado en demostrar lo contrario. En función de “la mayor suma de felicidad colectiva” y de “la justicia social”, el modelo “estatista” combate a la llamada economía de mercado y propugna su sustitución por una centralizada, transformando al gerente y al trabajador en distintas categorías esclavistas, anulando en consecuencia valores esenciales de la condición humana y posponiendo la aparición de los genios que son quienes dan curso a los grandes avances tecnológicos. La Rusia comunista y la Alemania nacista, así como el espectáculo de la deprimente Cuba de los hermanos Castro, son una muestra del fracaso del “estatismo”, el cual, en Venezuela, desde hace bastante tiempo, tratamos de perfeccionar, infiltrados por una tendencia izquierdizante, definitivamente enemiga del progreso.
          Y, por último, es necesario que pensemos en que no hay territorios privilegiados; que cada palmo de nuestra geografía tiene los mismos derechos al desarrollo como todos los demás y que merezcamos un orden autonómico donde los zulianos y los apureños compitan con conciencia de su regionalidad, cada cual con sus propios medios, para conformar una real federación descentralizada, más parecida a la unión europea y a la unión norteamericana, que a los vastos desiertos padecidos por los africanos. Si de algo sirve el pasado es para que recordemos siempre su ocurrencia y no caigamos, ni en el presente ni en el futuro, en los mismos errores  que ya contabilizamos históricamente.
grooscors81@gmail.com.
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miércoles, 4 de mayo de 2011

CUANDO EL CUERPO SOCIAL TOME EL PODER. TEÓDULO LÓPEZ MELÉNDEZ

La sociedad venezolana tiene un poder que no parece saber tiene. La sociedad venezolana parece no haber aprendido a rescatar lo que es suyo. La sociedad venezolana es víctima de los males originados en la democracia representativa, una que no evolucionó hacia formas superiores. La sociedad venezolana se acostumbró a delegar y se olvidó del control social que toda sociedad madura ejerce sobre el poder. Atenuantes tiene esta sociedad postrada, como las manipulaciones y engañifitas a que fue sometida, pero eso no la justifica.

La sociedad venezolana se acostumbró a esperar al líder providencial, a esperar instrucciones, a depender de las degeneradas estructuras que de instituciones intermediarias pasaron a ser collar de hierro para la obediencia. La sociedad venezolana se convirtió en un corderillo manso dispuesta a ser “políticamente correcta” para permanecer en los resquicios de lo permitido y de lo tolerable. Fue así como la sociedad venezolana se convirtió en lo que es hoy, una sociedad instituida sobre bases endebles y sobre mecanismos degenerados.

La praxis política cotidiana sólo sirvió para alimentar oligarquías partidistas, para crear gremios y organizaciones de diverso tipo encerrados en sus intereses particulares. Así, la sociedad venezolana delegó todo, desde la capacidad de pensar por sí misma hasta la administración de sus intereses globales. La sociedad venezolana se hizo indiferente, se convirtió en una expresión limitada al chiste y a la burla, al desprecio exterior hacia las élites, pero una zángana incapaz de protagonizar una rebelión en la granja.

HAY QUE CAMBIARLO TODO PARA QUE NADA CAMBIE

El gobierno que vino como consecuencia lógica de un cansancio interior y de un derrumbe de lo ya insostenible, contó con la anuencia de esas élites de lo caído, pretendidamente gatopardianas, que soñaron que todo cambiaba para que nada cambiara. Sólo que nunca se leyeron El gatopardo de Lampedusa y jamás se dieron cuenta que había en el texto del príncipe siciliano mucho más que la cita trillada que es lo único que se conoce de esa novela.

Demos pasos hacia una democracia del siglo XXI en la cual se practica la libertad como ejercicio cotidiano de injerencia. En otras palabras, trastocar lo que ha sido hasta ahora la relación entre sociedad e instituciones. La sociedad instituyente debe ser imaginativa y conseguirse las formas y los métodos. La sociedad instituyente debe transformar la realidad. La democracia tiene que pasar a ser la encarnación de esa posibilidad. Sólo lo puede lograr una sociedad instituyente que es mucho más que una recipiendaria del poder original, pues lo que tiene que ser es un cuerpo vivo, uno capaz de generar antídotos y anticuerpos, medicina y curas, transformación y cambio.

II

Un cuestionamiento profundo es rechazado por alterar lo establecido y las instituciones apenas reciben un rasguño que le permiten continuar su camino de manera autónoma en relación al cuerpo social.

Estas instituciones dialogantes de la democracia representativa son lo que denominamos burocracia. Frente a este anquilosamiento se alza lo que hemos dado en llamar poder instituyente. Este poder instituyente debe estar en capacidad de pasar por encima de lo instituido y producir otro cuerpo social con características derivadas del planteamiento teórico que la llevó a insurgir. En otras palabras, deben poder pasar sobre el poder, no sólo el que encarna el gobierno, sino las propias formas que la sociedad instituida ha generado y que la mantienen inerme. En otras palabras, la sociedad instituyente debe servir para crear nuevas formas y no una repetición de lo existente. En el caso venezolano tenemos una sociedad instituida de características endebles, bajo la presión de las instituciones secuestradas por el régimen “revolucionario” y cuyas decisiones de resistencia están en manos de partidos débiles que se reproducen en los vicios tradicionales de las organizaciones partidistas desaparecidas y que en el fondo no hacen otra cosa que indicar una vuelta al pasado, a las instituciones de la democracia representativa con diálogo, consenso y acuerdos, sin alterar para nada la esencia de lo instituido.

Seguramente debemos ir hasta Cornelius Castoriadis para dilucidar que detrás de todo poder explícito está un imaginario no localizable de un poder instituyente. Así, se recuerda que los griegos, cuando inventaron la democracia trágica, acotaron que nadie debe decirnos como pensar y en el ágora se fue a discutir sobre la Polis en un proceso auto-reflexivo. De allí Castoriadis: “Un sujeto que se da a sí mismo reflexivamente, sus leyes de ser. Por lo tanto la autonomía es el actuar reflexivo de una razón que se crea en un movimiento sin fin, de una manera a la vez individual y social”.

Ahora bien, de la democracia griega hasta la democracia representativa han pasado muchas consideraciones teóricas, hasta nuestros días cuando se habla de una democracia participativa. En otras palabras, la política ha desaparecido, en el sentido de la existencia de ciudadanos libres que permanentemente cuestionan reflexivamente las instituciones y a la sociedad instituida misma.

Épimélia es una palabra que implica el cuidado de uno mismo y que da origen a la política. La libertad propia de la política ha sido exterminada, porque lo que se nos impone es como “pertenecer”. Apagar, disminuir, ocultar y frustrar el espíritu instituyente es una de las causas fundamentales de que los venezolanos vivamos lo que vivimos. Ahora tenemos al nuevo poder instituido tratando de crear un imaginario alterado al que no se le opone uno de liberación, en el sentido de soltar las posibilidades creativas del cuerpo social. En realidad lo único que se argumenta en su contra es la vuelta a la paz, a la tolerancia, al diálogo, manteniendo incólumes las viejas instituciones fracasadas. Alguien argumentó que siempre hay un porvenir por hacer. Sobre ese porvenir las sociedades se inclinan o por preservar lo instituido o por soltar las amarras de lo posible. En Venezuela debemos buscar nuevos significados derivados de nuevos significantes. Si este gobierno que padecemos continúa impertérrito su camino es porque los factores que lo sostienen se mantienen fieles a una legitimidad imaginaria. La explicación está en una sociedad instituyente constreñida, sin capacidad de poner sobre el tapete la respuesta al futuro. Ya los griegos sabían que no podrá haber una persona que valga sin una polis que valga.

Pese al anuncio de que en Venezuela había una “revolución” lo cierto es que vivimos en lo instituido y, por si fuera poco, en un instituido aún más degenerado. Lo religioso (Chávez parece un pastor protestante norteamericano) ha sido un factor determinante del fracaso. Este gobierno ha negado lo instituyente imaginario y ha tomado el camino de un imaginario instituido. Se está basando en una legitimidad de la dominación, lo que hace imposible la transformación de la psiquis y su proyección hacia lo concreto histórico-social.

La transformación comienza cuando el cuerpo social pone en tela de juicio lo existente y suplanta el imaginario ofrecido. Se requiere la aparición de una persona con su concepción del Ser en la política, uno que se decide a hacer y a instituir. El planteamiento correcto es inducir que la vida humana no es repetición, y muchos menos de los enclaves políticos, y encontrar de nuevo en la reflexión y en la deliberación un nuevo sentido. No estamos hablando de una “revelación” súbita sino de la creación de un nuevo imaginario social. Así, sin llenarse de ideas y pensamiento sobre el futuro por hacer no será posible cambiar lo existente. La posibilidad instituyente está oculta en el colectivo anónimo. La democracia es, pues, cambio continuo. Todo proceso de este tipo transcurre –es obvio- en una circunstancia histórica concreta. En la nuestra, en la de los venezolanos de hoy, no podemos temer a lo incierto del futuro. Será cuando el cuerpo social tome el poder.

teodulolopezm@yahoo.com
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lunes, 7 de marzo de 2011

HUGO CHÁVEZ: HACER PRIMARIAS ES PERDER EL TIEMPO HISVET FERNANDEZ

Chávez aseguró anoche que no hace falta consultar las bases del Partido Socialista Unido de Venezuela para elegir al candidato para las próximas elecciones presidenciales. Dijo que hacer primarias es perder el tiempo.

"Si se hicieran elecciones internas en el PSUV para escoger al candidato presidencial se estaría perdiendo el tiempo. ¿Para qué vamos a perder el tiempo? Chávez es el candidato y ya", dijo en un acto en el Teresa Carreño, en el que fueron juramentados los equipos políticos estadales del partido.

Felicitó a los peseuvistas porque, según el mandatario, más de 20% de la población milita en el PSUV. Sin embargo, reconoció: "El partido se vino como enfriando, burocratizando, instalándose caudillos y grupos. Eso tiene que acabarse".

Reiteró que hay que desligarse del caudillismo. "Tenemos que poner por delante los grandes intereses de la patria", dijo.

Agregó que el partido no puede darse el lujo de perder unos comicios presidenciales. "Todas las elecciones que vienen de este siglo y del siglo XXII, este partido y el pueblo las vamos a seguir ganando", expresó.

Opinion de Chavez que lo desnuda ante su partido y ante el pais, pero aun cinicamenete habla del caudillismo, y que es lo que el es ,sino un caudillo del siglo xxi??....

hisvetfernandez@msn.com

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domingo, 10 de octubre de 2010

LA ECUACIÓN DE LOS PARTIDOS. FREDDY LEPAGE

Para desdicha del teniente coronel y beneficio de la democracia (que se oxigena cuando Chávez sale mal), los partidos políticos, en las elecciones del 26-S han dado muestras inequívocas de recuperación, no tanto como muchos hubiésemos querido y esperábamos, pero sí lo suficientemente esperanzadoras. Las cifras y la participación electoral lo demuestran. 

Claro, no es para cantar victoria antes de tiempo.

Todavía queda mucho camino por recorrer. Lo importante es la marcada, irrefutable y sostenida tendencia hacia un fortalecimiento progresivo y reposicionamiento de las que, según la Constitución de 1999, se denominan organizaciones con fines políticos y no "partidos políticos". Rara forma de esquivar el bulto y no llamar al pan, pan y al vino, vino. 

En ese momento, la idea era acabar con los partidos negándoles no solamente el nombre, sino hasta el financiamiento del Estado.

Según las cifras publicadas en El Nacional el domingo 3 de octubre, el crecimiento de los partidos fue generalizado. La oposición ha consolidado un ritmo de aumento durante los últimos 6 años (de 4.292.000 en 2006, a 5.451.000 en 2010), mientras al chavismo le ocurre lo contrario (de 7.309.000 en 2006, disminuyó a 5.268.000 en 2010). 

El mandado no está hecho; sin embargo, al menos, ya la gente empieza de nuevo a entender lo que es una constante en todas partes del mundo: sin partidos fuertes no puede haber una democracia sólida. Es decir, que el reconocimiento de las organizaciones políticas es la base fundamental para el sostenimiento de cualquier sistema democrático. Con esto no quiero negar la importancia de personalidades independientes que han aportado su grano de arena, para retomar la dura travesía de la recuperación de las libertades públicas y el sano e indispensable equilibrio de poderes, inherente a los regímenes democráticos que se precien de serlo. Por ello, es menester valorar positivamente los esfuerzos unitarios realizados por la Mesa de la Unidad. 

Nunca se puede complacer a todo el mundo.

Hubo individualidades que, por razones de justicia e interés colectivo, debieron ser tomadas en consideración a la hora de la definición de las candidaturas. No obstante, en este caso, apelamos al adagio popular de que "lo perfecto es enemigo de lo bueno". 

Ahora le corresponde a los partidos administrar bien el mandato popular. 

Para ello cuentan con una importante presencia militante en la nueva Asamblea Nacional que se instalará en enero de 2011. 

¡Ah! Pero en el ínterin es mucha el agua que correrá debajo del puente. El actual Parlamento moribundo no está exento de las clásicas pancadas de ahogado. El sobresalto causado por los resultados del pasado proceso ha sido grande dentro de la dirigencia chavista.

No han faltado diputados que plantean la designación "express" de los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia (muchos de ellos, resguardando su pellejo, pidieron su jubilación adelantada. Presentían el desenlace...), poner el pie en el acelerador y aprobar leyes que, difícilmente, pasarían la prueba el próximo año.

Atrás quedaron las altísimas cifras de popularidad del caudillo de Sabaneta. Se las llevó el viento de las inconsecuencias y las promesas vacías. 

Se abre un nuevo panorama. Una nueva esperanza. Corresponde a la oposición, entonces, la verdadera respuesta de resolver la ecuación del rumbo hacia 2012.

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viernes, 8 de octubre de 2010

“HAY QUE SABER CÓMO JUGARLE A LOS CAUDILLOS”. CARLOS PONCE, COORDINADOR DE LA RED LATINOAMERICANA PARA LA DEMOCRACIA. LUDWIN LOÁISIGA LÓPEZ

Desde la fría silla del poder, los caudillos que gobiernan los países de la Alianza Bolivariana para las Américas (Alba) buscan la manera de que las leyes los beneficie en todo, para alargar sus mandatos.

Desde la desesperante butaca de “opositores”, hay otra especie de caudillos. Ellos desean el poder, sin importarles si dividen el llamado voto democrático.

El analista en temas internacionales y coordinador de la Red Latinoamericana y del Caribe para la Democracia, Carlos Ponce, dice que el trabajo de los opositores es doble: están forzados a vencer en las elecciones con una serie de rígidas leyes impuestas por los caudillos en el poder y, además, deben demostrar a los caudillos de la oposición que no tienen oportunidades de ganar en un verdadero juego democrático.

¿La experiencia qué dice en cuanto a cuál puede ser el peor error de las oposiciones, en los países que pertenecen al Alba?

Es una experiencia de vida. Tú tienes lo que hemos vivido los venezolanos, que le hemos extendido, por culpa nuestra, un período poco natural a un autócrata en el Gobierno. Primero pensamos que el autócrata era controlable, que lo iban a manipular, pero él tenía su propia agenda de trabajo. Después, jugaron un juego político diferente a él, en vez de generar espacios para fortalecer a la sociedad civil y a los partidos. Se pensó que se iba a salir rápido de Chávez. Se dio un golpe de Estado a Chávez, pero fue también a la sociedad civil, porque él se montó sobre la gente y le dio un golpe de Estado que ha fortalecido a Chávez en el tiempo.

Después se decidió hacer un paro petrolero en un país petrolero, eso fue una locura, fue como quitarle el corazón a un paciente que sufre de cáncer, pues terminas matando al paciente igualito. Ésos fueron los errores. Después la oposición decidió que iba a venir un salvador mágico de Estados Unidos, quién sabe de dónde, a salir de Chávez, cosa que tampoco iba a pasar.

Después los partidos deciden no participar en las elecciones, cuando el rol de los partidos es participar en las elecciones. ¿Si no para qué existen? Y los partidos se terminaron de aniquilar. Todo eso ha sido la experiencia y se ha tenido que aprender a la fuerza a través del tiempo, y los venezolanos se han tenido que bajar a la tierra. La unidad de los micropartidos es necesaria para la sobrevivencia de todos. Se han buscado formas de liderazgo alternativo en el país y en eso entran los jóvenes.

¿Cómo vencieron el tema de los caudillos?

Se venció porque han tenido que negociar. Hay algunos caudillos que te gustaría que no estuvieran allí. Yo, por ejemplo, cuando fui a votar, fui a votar con una pinza en la nariz, porque para mí hay algunas personas que, francamente, para mí es muy difícil votar por ellas; yo las veía y me decía que no podía votar porque han sido muy dañinos para el país, pero se logró la unidad gracias a que los metiste a todos en las reglas del juego.

¿Cómo se logra que un caudillo ceda en sus pretensiones?

A veces los mismos caudillos, si te mueves bien con las bases, con las masas, organismos, y empiezas a demostrar que los caudillos no tienen oportunidades, ellos empiezan a sobrevivir. Este tipo de personajes sobreviven a cualquier tipo de escenarios, su trabajo es sobrevivir. Hay que saber cómo jugarle a estos caudillos utilizando a otras fuerzas dentro de sus mismas estructuras o fuera. En el caso de Venezuela utilizamos a los jóvenes, pero aquí tal vez se utilicen otras fuerzas que estén en la periferia, otros partidos pequeños, otras cosas que se den cuenta ellos que se van a quedar solos en el juego electoral.

¿Sin importar el árbitro electoral, los partidos políticos deben ir a las elecciones? Lo pregunto porque en Nicaragua nuestros árbitros culminaron el período para el cual fueron electos, ellos permanecen en sus puestos de manera irregular y podría ser que ellos convoquen a elecciones y hay una disyuntiva aquí de si participar o no.

El árbitro electoral nuestro se eligió inconstitucionalmente, porque lo eligieron a la fuerza, ni siquiera hubo una consulta ni nada, ellos eligieron a quienes les dio la gana. Incluso, una de las árbitros electorales ha pasado por todos los cargos públicos y después de ser presidenta de la compañía de telecomunicaciones del Estado, se hizo árbitro electoral. Se han reflejado de todas las maneras posibles con el Presidente de la República. El anterior presidente del consejo electoral lo eligieron como magistrado. A otro presidente del consejo electoral lo eligieron como alcalde de Caracas. ¿Cómo jugar el juego si no jugamos el juego democrático? ¿Nuestra alternativa son los gringos? No, los gringos no van a invadir y sacar a Chávez ni a Ortega, eso no va a pasar. Esos son sueños tropicales que alguna gente acaricia, pero son mentiras. ¿Qué va a llegar alguien a matarlo? No, esos no son juegos democráticos. Si estás peleando con un autócrata, ¿vas a actuar como un autócrata? ¿Qué van a venir los militares, no sé de qué país? Tampoco. ¿Que la crisis económica los va a sacar? Eso no es cierto, la crisis económica sólo los debilita.

¿Qué juego te queda como oposición? Te queda demostrar que eres mejor que él y seguir minando el camino, porque si él es autócrata, hay que minarle el camino y demostrar que con más, más y más democracia vas ganando. ¿Qué pierdes? ¿Las elecciones? Las vas a perder igualito si no participas. ¿Que te van a poner obstáculos? Igual te los pondrán, participes o no. ¿Y qué se gana no participando, no votando? Podría pasar lo que pasó en Venezuela, que hemos tenido que recuperar el camino que perdimos. Hay que saber jugar el juego, porque todos los autócratas del Alba se juegan un juego de imagen electoral. Hasta Cuba dice que tiene democracia, que es lo más ridículo que hay.

EL “ACOMPAÑAMIENTO” ELECTORAL

En Nicaragua, el Poder Electoral está hablando de que no va a haber observación, en las elecciones programadas para el 2011...

Será acompañamiento, eso mismo hablaron en Venezuela...

Hablan de acompañamiento. ¿Qué tan peligroso es eso y cómo la oposición puede lidiar con ese tema?

No sé por qué se copian hasta los mismos términos, podrían llamarlo de otra forma. Pero tú llegas y ves que hacen lo mismo y hasta con los mismos nombres. En Venezuela hubo acompañamiento y sólo se lo permitieron a tres organizaciones (locales) y a los organismos internacionales hubo algunos invitados para acompañar, o sea que no hubo observación electoral porque el Gobierno es independiente y todas las cosas que inventaron.

A pesar de esas trabas, se metieron como 60 mil acompañantes a nivel nacional, que te permiten además monitorear las mesas, evitar que el fraude no sea tan obvio, el fraude siempre va a existir, pero por lo menos tener el fraude controlado, que al cierre de las mesas no te quemen las actas, o como hizo el Alcalde de San Francisco, en el estado de Zulia, que vio que iba perdiendo y le cortó la luz a todo el municipio, porque él no iba a permitir que la oposición ganara, a lo cual se movilizó la sociedad civil a que se restaurara el orden.

Eso lo alertaron los acompañamientos, entonces si quieren acompañantes, lo interesante es que vayan coordinados y que no vayan ocho grupos con diferentes mensajes y actividades, sino que estén coordinados. Lo importante es saber, no el día después, sino el mismo día, dónde están haciendo el fraude y denunciarlo en el mismo lugar, el mismo día y no dos días después.

Pablo Innecken
pinnecken@yahoo.es
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