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lunes, 13 de octubre de 2014

DOUGLAS JÁTEM VILLA, ES RESPONSABLE EL DIÁLOGO?

La historia de la humanidad demuestra lo que es natural, que el hombre siempre ha procurado progresar y que lo ha logrado; que desde la era de las cavernas  hasta hoy el ser humano ha conquistado niveles de calidad de vida y de realización cada vez mayores.

NERON EN REPRESENTACION DE TODOS
LOS TIRANOS QUE EN EL MUNDO
HAN SIDO
Compárese el tiempo en el cual el “emperador” era Dios, el hombre era como una posesión del emperador, el señor feudal tenía el derecho de pernada, los hombres no podían alimentarse ni curarse de las enfermedades, con el hombre de hoy, con democracia, libertad, justicia y dignidad, y un extraordinario bienestar material; el hombre ha conquistado el universo.
Se está consciente de que no ha sido un proceso rectilíneo o continuo de perfeccionamiento, y de que en ciertas ocasiones se ha retrocedido, casi siempre debido a los hechos realizados por personajes malvados de la historia, de los cuales lo menos malo que se puede decir de algunos es que han pensado que “el ser humano tiene que sacrificar su libertad y su dignidad ante el poder del Estado y del ser superior que anula al individuo emprendedor”.
Se reconoce que en ocasiones, como en las últimas décadas, no han sido las atrocidades de estos bárbaros las que han hecho retroceder a la humanidad, sino el hecho de que el hombre haya  llegado a ver, erróneamente, al progreso como ilimitado, lo que incluso ha llegado al exabrupto de “matar a Dios”, lo que ha sido causa de deterioro de la humanidad, tanto material, como lo muestra el cambio climático, como moral, como lo denuncian los papas y demás pastores religiosos.
Entre los personajes malvados referidos se pueden destacar Nerón en la antigüedad, y Hitler y Stalin en el siglo XX. Al respecto, es importante el juicio que dictará la historia sobre algunas de esas personas, contemporáneas, luego de que mueran. Se pone la historia de la humanidad como telón de fondo para demostrar de la manera más contundentemente clara, a quienes todavía no lo hayan comprendido, que la intención del llamado Socialismo del Siglo XXI, o chavocastrismo, y de algunos de sus conductores, incluyendo a los hermanos Castro, es destruir la Venezuela que se había llegado a construir, puesta anteriormente como modelo para otros países, y colocar a los venezolanos en condiciones de sacrificar su libertad y su dignidad ante el poder del Estado y del ser superior, el cual ni siquiera es venezolano.
Se presenta esta demostración con relación al reiterado planteamiento del diálogo, dado que si bien éste es propio de la inteligencia, la responsabilidad,  y en general de todo lo que significa la convivencia esencial en cualquier sociedad, el mismo no puede esconder la realidad, la cual en nuestro caso puede ser que el chavocastrismo no quiera hacerlo por que no quiere ceder ideológicamente, porque se siente todopoderoso, porque no le conviene a Cuba, porque está lleno de odio, por otras razones, en fin porque no siente ni la necesidad ni el deseo de hacerlo.
Es cierto que el diálogo ha dado frutos en algunos casos de gravísimos conflictos, como en España y Suráfrica, pero también que ha sido imposible en otros, como en Cuba, quizás el más similar al de Venezuela, y quizás sea también imposible aquí.
Quizás Mahatma Gandhi y Martin Luther King no sean buenos ejemplos de diálogo alrededor de una mesa, sino en la calle, y esta pudiera ser la mejor estrategia de lucha, la cual no cierra el diálogo cuando el gobierno en condiciones críticas cediera.
Por otro lado, para dialogar con el chavocastrismo, la oposición democrática debería dialogar internamente, y quizás aportar, al lado de Chuo Torrealba, la revisión de la campaña ventajista de Capriles y las también ventajistas aspiraciones partidistas a curules en la AN.    
Douglas Jatem Villa
djatem@gmail.com
@djatemv

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viernes, 6 de junio de 2014

PEDRO CORZO, CAVILACIONES SOBRE LOS DICTADORES

Es posible que muchos se pregunten,  ¿qué es un dictador, que factores definen a un gobernante con un calificativo que deshonra y por qué hay pueblos que soportan dictaduras cuando otros nunca las han padecidos?

También es razonable averiguar por qué un dictador disfruta de apoyo popular y lo que es más alarmante todavía, qué motiva que un mandatario que accedió al poder violentando la institucionalidad, pueda acceder de nuevo al mando con el apoyo electoral de una mayoría ciudadana.

Son preguntas complejas que probablemente no tengan respuestas precisas, pero si es evidente que hay culturas que tienen una fuerte propensión al gobierno fuerte, el liderazgo indiscutido, a la aceptación de una autoridad que asuma responsabilidades qué aparentemente la mayoría ciudadana prefiere evadir.

No todos los dictadores son iguales en proyectos y métodos pero si hay factores comunes que les identifican sin que importe  época, cultura, geografía, educación, ciudadanía o ideología, si es que el dictador en cuestión se considera abanderado de alguna.

El poder que el Dictador detenta no está en discusión ni es sujeto de debate. El dictador es figura y genio de su propósito de gobierno cualquiera que este sea.

No admiten retos a su autoridad, pero no todos responden a los desafíos con igual brutalidad ni soportan con igual entereza las presiones de que son objetos por parte de la oposición.

El dictador se identifica más por sus acciones que por detentar un poder político, religioso o económico. Siempre muestra un profundo desprecio por la opinión ajena. Ignora el derecho a disentir. Es intolerante, sectario, y hasta puede llegar a ser paternalista en sus abusos.

El dictador gusta del elogio, la adulación y la sumisión a su voluntad. Disfruta de la historia y por lo regular está convencido que sus veredictos serán trascendentales.

Estos déspotas consideran que envilecer a sus partidarios, a la oposición, y a los indiferentes,  es un mandato que garantiza su perpetuidad en el poder. Corromper a la ciudadanía es su carta de triunfo y lo logra con los premios y castigos que dispensa a caprichos de su voluntad.

Los dictadores son taimados, inescrupulosos, vendedores de promesas y hacedores de castillos en el aire pero muy en particular, desconfiados, porque para ellos la lealtad es proporcional a los privilegios que otorga.

Son mentirosos con talento. Conocen a la gente que gobierna, saben de sus debilidades y grandezas. Les distingue un aguzado sentido del que hacer en los momentos de crisis.

El dictador no es cobarde por naturaleza como algunos gustan calificar. Puede ser un miserable, pero su valor personal está por encima del promedio del de sus conciudadanos. No es prudente confundir en un dictador la cobardía con su sentido de la prudencia o la perdida de la motivación para gobernar. Son victimarios por naturaleza, pero eso no prueba que sean pusilánimes ni cobardes.

Las motivaciones que sostienen e impulsan a los dictadores pueden ser múltiples, complejas y responden a varios patrones, por lo que a pesar de posibles semejanzas con otros de su calaña en la manera que dispensan su poder y ejercen el liderazgo, las diferencias entre ellos son fácilmente apreciables por un observador aplicado.

Hay dictadores carismáticos. Verdaderos seductores de masas e individuos. Personajes que poseen una capacidad excepcional para atribuirse éxitos y distribuir las culpas.

Este tipo de dictador es extremadamente peligroso porque su mesianismo es contagioso, y su afán de redención afecta la roca más insignificante de su reino. Dividen las sociedades y las conducen a puntos de confrontación tan agudos que la comunidad puede llegar a resentir sus valores más trascendentes y abarcadores.

Bajo estos líderes los pueblos sufren metamorfosis alienantes. El rebaño es objeto de la voluntad de su conductor pero se cree sujeto en la personalidad de este. El individuo se hace infinitesimal en la voluntad de quien maneja sus miedos, frustraciones, aberraciones y quimeras.

También los hay que a través de instituciones del estado ejercen un férreo control sobre las actividades públicas. Ellos controlan las asambleas legislativas y los poderes judiciales por medio de sinecuras y violencias de terceros si las condiciones lo demandan.

Este tipo de dictador gusta de elecciones y hasta concede  ciertas libertades de expresión, pero su afán por el poder a pesar de que lo renueva con el voto popular, permite ver su cola de cercenador de libertades.

También, y es posible que olvidemos alguna especie de estos vertebrados que causan tanto daño a la humanidad, existe el dictador capaz de sintetizar todos los atributos antes mencionados, y son los que no solo hacen historia para sus pueblos si no que como supernovas aberradas esparcen la oscuridad en la historia universal..

Pedro Corzo
pedroc1943@msn.com
@PedroCorzo43

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domingo, 27 de abril de 2014

PEDRO CORZO, INTELECTUALES Y DICTADORES

¿Cuáles son los derechos de los escritores y de los artistas revolucionarios o no revolucionarios? Dentro de la Revolución: todo; contra la Revolución: ningún derecho. Fidel Castro.

ANTE EL ALTAR DEL DICTADOR
La muerte del Nobel de literatura Gabriel García Márquez, sitúa una vez más el tema de la fascinación que padecen algunos intelectuales ante el poder político, en particular, cuando este está representado por un dictador que encarna ideas extremistas.

García Márquez fue un adorador de Fidel Castro. Nunca puso reparo a los abusos de su gobierno. A pesar de su indiscutible talento, fue absolutamente insensible a la situación de los derechos humanos en Cuba.

La isla era para el laureado escritor un centro de veraneo. Disfrutó de riquezas extremas en medio de la crónica pobreza material y espiritual que impuso el totalitarismo castrista en Cuba.

Muchos escritores, pintores, creadores en general fueron cautivados por el proceso insurreccional y posterior triunfo de ese proceso. Confiaron que se iniciaba en Cuba, con posibilidades de extenderse al resto del hemisferio, un proceso de justicia social con libertad.

Los abusos y fracasos acabaron con el encantamiento de muchos de esos intelectuales. Se decepcionaron del proceso y de su conductor, pero ese no fue el caso de Gabriel García Márquez, quien según pasaba el tiempo y Fidel Castro sumaba muertes y violaciones a los derechos humanos, la amistad y la admiración entre ambos se profundizaba.

Algo similar ocurrió con los muchos intelectuales que adoraron a José Stalin.

Por ejemplo Rafael Alberti, escribió cuando murió el dictador soviético, “Padre y maestro y camarada: quiero llorar, quiero cantar. Que el agua clara me ilumine, que tu alma clara me ilumine en esta noche en que te vas”. Pablo Neruda no se quedó corto y manifesto, “Stalin es el mediodía, la madurez del hombre y de los pueblos...Stalin alza, limpia, construye, fortifica, preserva, mira, protege, alimenta”. Nicolás Guillen expresó, en la Canción a Stalin, “Stalin, Capitán, a quien Changó proteja y a quien resguarde Ochún. A tu lado, cantando, los hombres libres van”, y el poeta Antonio Machado señaló, “es la mano abierta y generosa, el corazón hospitalario para todos los hombres libres”.

Adolfo Hitler también contó con admiradores en el mundo intelectual. Se afirma que el filósofo Martin Heidegger, considerado uno de los pensadores más importantes del siglo XX, simpatizaba con el dictador nazi, y Gunter Grass, admitió haber pertenecido a las SS, fuerzas nazis de elite, y Leni Riefenstahl, fue calificada de haber sido la cineasta oficial de nazismo.

Hugo Chávez, el caudillo venezolano, fue venerado por más de un creador, destacándose entre ellos el realizador Oliver Stone, que siente por Fidel Castro igual devoción, sin embargo hay que destacar que García Márquez apenas escribió sobre el déspota venezolano, teniendo en cuenta el protagonismo hemisférico que este tuvo por un largo periodo de tiempo y la amistad que unía a ambos con Fidel Castro.

El ensayista cubano Jacobo Machover, en su libro el “Sueño de la Barbarie” denuncia como autores de la talla de Jean Paul Sartre le hicieron el juego al castrismo por un periodo de tiempo, y que personalidades como el desaparecido José Saramago e  Ignacio Ramonet,  entre otros, siguen defendiendo la tiranía de más de cinco décadas de los hermanos Castro.

No obstante la devoción de García Márquez por Fidel Castro es la más difícil de entender, porque el laureado escritor tuvo la oportunidad de ser testigo del triunfo de la insurrección, pero también del deterioro del régimen.

García Marques prefirió ignorar lo que sucedía en Cuba por conservar la amistad de Castro. Calló ante los fusilamientos, prisiones, exilio, la destrucción económica del país, la exportación de la subversión desde La Habana al resto del continente, y la subordinación del régimen a la Unión Soviética.

El supo del caso Heberto Padilla y del exilio de Guillermo Cabrera Infante y del ostracismo interno y externo que padecieron muchos de sus pares de la isla.

La conducta del autor de Cien Años de Soledad, conduce a pensar que el talento puede no ser compatible con el más elemental sentido de justicia y puede ser capaz de generar un ambiente de "realismo mágico" que propicie ignorar todo aquello que colisiona con sus pensamientos e intereses.

El gobierno de Cuba valoró con tanta estima la aquiescencia  de García Márquez que el propio Fidel Castro le entregó una lujosa casa de protocolo y le distinguió  con las medallas Haydee Santamaría y la Orden Félix Varela.

García Márquez el escritor deja una profunda huella en la literatura mundial, el hombre lamentablemente deja muchas preguntas sin respuestas, entre ellas su amistad con Fidel Castro y por qué no vivió y murió en Colombia, si como dice el presidente Juan Manuel Santos,  fue el más ilustre de los colombianos.

Pedro Corzo
pedroc1943@msn.com
@PedroCorzo43

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sábado, 22 de marzo de 2014

OSWALDO PÁEZ-PUMAR, LOS ESCLAVISTAS

         La afirmación según la cual la democracia no es un sistema de gobierno que responde a la naturaleza humana, que nace de la visión hobbesiana del mundo en el cual “el hombre es un lobo para el hombre”, me hace evocar el monólogo de Segismundo donde afirma “…la humana necesidad/le enseña a tener crueldad/…” para referirse al instinto animal, no al humano;  porque ciertamente adherir al credo democrático implica un esfuerzo enorme por dominar al animal que es la mitad de nuestro ser. De manera que la dualidad del animal-racional presente en nuestra naturaleza explica tanto la afirmación que nos sirve para introducir el análisis del tema, como la lucha del hombre por conquistar la democracia como la forma más perfecta para la convivencia social.
        
El dominio de un hombre sobre otro, de un pueblo sobre otro, de una raza sobre otra es una constante en la historia que está muy lejos de haber sido superada. Ese deseo de dominio, de poder, aunque está en la raíz de todos nuestros males forma parte de la condición humana, que es ambivalente, por lo que sin su presencia quizá el hombre no hubiera podido alcanzar los niveles de lo que llamamos civilización, que podemos caracterizar hoy con ese término que sirve para identificar el nivel de interrelación alcanzado, la globalización.
         En esa marcha de la humanidad que es su historia se puede observar, como lo señalara Jacques Maritain en su Filosofía de la Historia, unas líneas enfrentadas de progreso y retroceso, de ascenso y caída que han acompañado a todas las llamadas grandes civilizaciones para llevarlas a su esplendor y a su decadencia. En el plano de lo individual también se ha desarrollado un debate entre la fuerza y la razón, que se resume gráficamente en la frase: “la fuerza del derecho y el derecho de la fuerza”.
         El fenómeno es, repetimos, dual. Tiene lugar a nivel individual y a nivel colectivo. Un hombre arrebatado por la pasión de dominio, no puede ejercer su propia fuerza sino sobre una, dos, tres, diez personas pero no va más allá, a menos que despierte un movimiento colectivo que pueda llegar a imponerse, pero una vez impuesto, el colectivo, adquiere vida propia y  desarrollará sus mecanismos de autodefensa para perpetuarse y extenderse.
         La humanidad ha conocido cientos de estos fenómenos a lo largo de la historia, los de más largo vuelo aquellos que más pronto que tarde abrieron espacio a la fuerza del derecho para que todo hombre, toda minoría tuviera derecho a ser oída y no se viera aplastada por la mayoría, los más efímeros, los movimientos personalistas que terminaron con la muerte del caudillo o poco tiempo después.
         Quizá soportado en el desarrollo acelerado de los medios de comunicación que le permitió al hombre elevar su capacidad para contactar a sus semejantes, el siglo XX trajo una variante en el fenómeno colectivo, el totalitarismo, que invoca una idea, un plan milagroso para el progreso colectivo de la sociedad aunque paradójicamente se basa en el culto a la personalidad como fueron los casos de Hitler, Stalin Mao, Castro. Este fenómeno se desarrolla en sintonía con la referencia que hicimos a Maritain, es decir, con la marcha isócrona de las líneas enfrentadas de progreso y retroceso que él señala. Mientras la idea de una comunidad internacional que comparte los valores de libertad y respeto a la persona se desarrolla y se expande, en paralelo los regímenes totalitarios han alcanzado niveles de opresión a sus pueblos desconocidos hasta ahora.
Ciertamente ni en la antigüedad, ni en la edad media, ni en la edad moderna la humanidad presenció tales niveles de sujeción de los pueblos. Los más atroces imperios subyugaban a otros pueblos para beneficio del propio. El totalitarismo es la subyugación del propio pueblo para beneficio de sus opresores, la casta gobernante.
         La ONU, en la línea de ascenso y progreso, rechaza y condena la esclavitud y los países que la integran, creo no equivocarme al decir sin excepción, no solo la rechazan y condenan sino la tipifican como delito y la penalizan. Sin embargo, la ONU y las naciones que la integran, línea de caída y retroceso, son incapaces de reconocer la esclavitud, sino bajo su forma tradicional: el hacendado de la plantación de algodón que la ejerce sobre el recolector, o el dueño de la mina que sujeta al minero con bola y cadena. Sin embargo, la esclavitud es algo más simple, es la sujeción de una persona a un trabajo sin el cual no puede subsistir, pero sobre todo, no lo puede cambiar sin la anuencia del amo. Lo que significa que su subsistencia, o sea su vida, está sometida o sujeta a la voluntad de otra persona.
         Solo cuando la humanidad y por supuesto los líderes políticos tomen conciencia de la presencia de esta nueva forma de esclavitud podremos iniciar la lucha para liberarnos de ella, que es la lucha por liberarnos del totalitarismo. Mientras tanto, la invocación del bienestar de la mayoría y sobre todo de los más desposeídos es un canto de sirena, porque el deseo de dominio, de poder, para ejercerlo frente al prójimo es insaciable y no se vende ofreciendo ni trabajo, ni disciplina, ni sujeción, sino holganza, discrecionalidad y mando aunque este último termina acaparado por la clase gobernante, que con disciplina militar define el trabajo que cada ciudadano deberá hacer para la construcción del paraíso terrenal.
         ¿Es tan difícil ver esa realidad que a mí me golpea de manera tan directa y franca? Ciertamente creo que no. Lo que si resulta difícil es reconocer en nuestro ánimo la presencia del deseo de mando sin límites. Sin embargo, presente está en todos nosotros ese deseo. Se somete al hijo, al alumno, al cónyuge, al maestro o al padre; lo que hace difícil que la libertad transite. Cuando se ejerce el poder y aquellos a quienes vamos a imponer nuestra voluntad son extraños, masas anónimas, la imposición fluye con mayor facilidad; y finalmente, cuando desde una posición de poder se observa a otro que la ejerce omnímodamente, permitiendo hacer palpable las señales de la esclavitud, me pregunto si la envidia al no poder hacerlo, oscurece el juicio que debe condenarlo, por temor a condenar su fuero íntimo.
Oswaldo Páez-Pumar
opaezpumar@menpa.com

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jueves, 13 de marzo de 2014

JOSE FELIX DIAZ BERMUDEZ,¿SOMOS FASCISTAS?

El fascismo, como todo totalitarismo, se opone al parlamentarismo, a la división de los poderes, a la pluralidad política y a la existencia de una verdadera democracia

AMBOS DE ORIGEN SOCIALISTA
Una vez más, la impropiedad de quienes distorsionan la historia obliga a establecer precisiones indispensables a favor de la cultura ciudadana y la lección incuestionable del pasado. El fascismo surgió en Italia como movimiento y luego como régimen político en los años 1919 y 1922, respectivamente, liderado por Benito Mussolini, político de origen socialista, quien asumió de manera dictatorial el poder en el país.

Transcurrían los difíciles años entre el final de la Primera y la Segunda Guerra Mundial, signados por una grave crisis política, económica y social en una Europa agobiada por el desempleo, la inflación, el cierre de las fábricas, la improductividad de la tierra, las huelgas obreras y las  revueltas campesinas, y en la cual ideologías radicales con influencia sobre la población más vulnerable estimuló el desprestigio del régimen democrático parlamentario, la exaltación de los nacionalismos, la recuperación de territorios, la intolerancia y el enfrentamiento, la añoranza de  un viejo esplendor.

En su conquista del poder, el fascismo italiano (como luego lo hizo el alemán) organizó a los llamados “fascios”, grupos de combate y violencia social que adquirieron el nombre de “camisas negras”,  encargados de atacar a sus oponentes de manera violenta y que fueron integrados por sectores anarquistas, socialistas extremos, ultranacionalistas y soldados desempleados luego de la guerra. Valiéndose de estos escuadrones y con la aprobación del grupos del ejército, de políticos y del mismo rey Víctor Manuel III, Mussolini ejecutó la llamada “Marcha sobre Roma” en octubre de  1922, lo cual le posibilitó alcanzar el poder que ejerció durante 21 años.

Mussolini se encargó de destruir institucionalmente la democracia parlamentaria, dictó leyes totalitarias, eliminó los partidos y los sindicatos, censuró la prensa, impulsó la existencia de un partido único y se erigió como figura superior bajo el apelativo de “Il Duce”, similar a General o guía. Su dictadura se fue haciendo cada vez más absoluta e implacable.  

El fascismo, como todo totalitarismo, se opone al parlamentarismo, a la división de los poderes,  a la pluralidad política y a la existencia de una verdadera democracia. Se estructura bajo la figura de un partido único, centralizado, con la autoridad superior de un jefe, su militancia asume una  estricta obediencia, fanático comportamiento y una disciplina casi militar. Priorizando al Estado se conculcaron las libertades y derechos individuales y fue impuesto un “nuevo orden social”. Ese movimiento alcanzó desarrollo en Europa y, en especial, en la Alemania nazi y en la España franquista, dictaduras atroces, cargadas de demagogia, odio social, represión y autoritarismo.  

Fascista no es el individuo que reclama derechos y exige libertades; fascista no es el pueblo que ejerce de manera legítima su autoridad soberana en defensa de su tradición republicana y democrática.    

La Segunda Guerra Mundial fue su resultado, en la cual perdieron sus vidas más de 50 millones de personas y se evidenciaron los más horrendos crímenes en la historia de la humanidad, hace apenas 69 años.

Jose Felix Diaz Bermudez
jfd599@gmail.com
@jfd599

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jueves, 6 de febrero de 2014

IVÁN FERNÁNDEZ, LA BRUTALIDAD DE LOS DICTADORES

Mientras asistía este domingo a la concentración con  María Corina, Ledezma  y Leopoldo, reflexionaba sobre los últimos quince años. Una cosa me llevó a la otra porque de vez en cuando escuchaba los epítetos contra Chávez y su sucesor; “brutos”, “ignorantes”, “ilegítimos”, “corruptos”, “traficantes” y muchos más de un pueblo cansado, hastiado de tanta vileza. 

También escuché los llamados al respeto y la unidad que una vez más hizo Ledezma y leí las pancartas exigiendo la libertad para Iván Simonovis. Desde ese momento, una reflexión comenzó a rondar mi cabeza.  Uno  de los epítetos me llamó la atención  y se refiere a la brutalidad de los dictadores.

Empecemos por el principio. ¿Puede ser bruto Fidel que ha logrado consolidar una férrea dictadura durante más de 50 años, a pesar del bloqueo y la inútil opinión internacional? ¿Puede ser bruto un dictador que primero logro el mecenazgo de la unión soviética y agotado este logró el de Venezuela? ¿Pueden ser brutos Chávez y Maduro que quiéranlo o no han consolidado su mal llamada revolución durante los últimos quince años?

Vale la pena analizar lo que muchos llaman las brutalidades del régimen que por cierto con mucha sumisión y vergüenza el pueblo acepta, que no son otras que un plan rigurosamente elaborado por fidel y acatado por las fuerzas vivas ¿o muertas?

En Venezuela. Este plan que se aplica en Venezuela, tiene los siguientes pasos:

1.       Armar a los colectivos. Con esto, se logran dos objetivos, el primero es tener un frente indisciplinado, anárquico y asesino, capaz de defender al régimen en caso de que las fuerzas armadas total o parcialmente se pongan cómicos. En segundo lugar, es evidente que se dispararía la inseguridad pero el alto precio se compensa con el logro de “encerrar” al pueblo en sus casitas, recogerlos temprano y propiciar que se ocupen de cuidarse en lugar de pensar en la libertad.

2.       Disparar la impunidad. Ya lo comenté en el punto anterior pero con la salvedad de que ellos saben quiénes son los armados y pueden localizarlos cuando quieran en caso de comiquitas. Recuerden el caso Spear.

3.       Fomentar mediante decretos y restricciones la presión contra los empresarios. De esta manera hacen un “triple play” pues mientras arrodillan a Fedecámaras, quiebran a las empresas e incrementan el desempleo. De esta forma, el pueblo percibirá que las misiones y limosnas que reciben, son esfuerzos del régimen para asistir y apoyar al pueblo. ¡Guerra y destrucción a la libre empresa!

4.       Destrucción y desmoralización de las fuerzas armadas mediante dádivas, salarios, bonos y regalos. Con ello, anulan al único que puede enfrentarlos y además, al permitirles los ilícitos que todos conocen, tienen en sus manos el instrumento para anularlos en caso de que se alebresten. Por eso se explica el ominoso silencio ante la paulatina invasión cubana.

5.       Fomentar el desabastecimiento. Con este vil recurso, desmoralizan a la población y como a los chivos, los acostumbran a disciplinarse en el corral. Cuando de vez en cuando lo abastecen con algunos productos básicos como leche, harina, pollo o azúcar, es para darles la sensación de que el gobierno los salva de una guerra económica  propiciada por la libre empresa aunque son ellos mismos quienes la propician.

6.       Permitir que algunos líderes de la oposición escapen del país como Ortega, Rosales y algunos líderes de Gente del Petróleo. Así, además de anular, se quitan la piedrita del zapato. En otros casos como el de Simonovis, los capturan y torturan para mostrarle al país la vulnerabilidad por el arrodillamiento de la justicia y las leyes. Es como decir al resto del país “mira lo que te puede pasar si persistes en joder”.

7.       Culpar de todos los males al imperio. Considerando que el imperio tiene muchos frentes abiertos que estratégicamente deben enfrentar con prioridad sobre los enemigos pequeños, era de esperar la inercia de ellos aun cuando la anarquía y el mal llamado comunismo se instalen en el patio trasero. El resto de los países y organizaciones como la oea, callan vergonzosamente por las “facilidades” y regalos que reciben.

8.       Control cambiario. Motivado a que una buena parte del pueblo no puede acceder a las divisas, se crea una matriz contra la clase media, a la cual por ser pensante, hay que destruir a cualquier precio. Recuerden que el pueblo en buena parte no puede viajar ni tiene tarjetas de crédito.

9.       Arruinar a Pdvsa. No requiere mayores comentarios. Una empresa que con cien mil empleados más, produce un millón de barriles menos es el mejor ejemplo de la destrucción paulatina de la que fue una de las primeras empresas del mundo.

10.   Retrasar el aumento de la gasolina. Después que lo hagan, culparan a la oligarquía e incrementaran el odio de clases, terreno muy fértil para este arroz con mango que llaman revolución. Por otra parte, el incremento del precio sólo afectara según muchos, únicamente a quienes tienen vehículos!!!!

11.   Instalar en los gobiernos a personas vulnerables y manejables que crean que sin el apoyo cubano no sobrevivirían. Sin comentarios pero una vez más exijo que maduro exhiba su partida de nacimiento y la de defunción del supremo.

12.   Crear mitos, santeros y babalaos como el supremo quien creo que ya tiene sus ritos y religiones. ¿Recuerdan al vudú de duvalier?

13.   Penetrar con cubanos a las fuerzas públicas para reforzar la sumisión y desmoralización en ellos.

Aunque existen muchas otras etapas, dejo a cada quien agregarlas.

No puedo finalizar esta crónica sin referirme a que esta receta no puede aplicarse sin contar con un pueblo como el nuestro. Por supuesto que con las excepciones del caso, se trata de un pueblo cobarde, flojo porque espera que los demás hagan lo que les corresponde, lambucio que está dispuesto a vender a su madre por riquezas, corrupto por naturaleza y además como algunos que conocí que atribuyen su fracaso a supuestas persecuciones políticas¡¡¡¡¡¡.

Ese es el mismo pueblo, a cuyas mujeres he visto cayéndose a coñazos por un pollo o un paquete de harina pan. El mismo que asiste a makro y rompe los envases para devorar su contenido y evitar su pago. El mismo pueblo capaz de devorar a sus líderes  como Capriles porque en un momento determinado no aprueban alguna de sus iniciativas, olvidando que en otros momentos representó los ideales de un pueblo hastiado. El mismo pueblo que indiferente contempla la muerta lenta de Simonovis, el asesinato de Brito, las escarradas del gordo seboso, el orgullo del potro, maglio y winston y la vil traición cobarde de Ojeda. El mismo que a pesar de no ser socialista ni comunista, prefiere mientras no lo toquen, ignorar la realidad que nos espera e inclusive, recomendar a otros como al buhonero, que es mejor que se quede tranquilo sin escupir para arriba.

¿Adonde llegaremos con este pueblo?

Entonces queridos lectores ¿Quién es más bruto? ¿Los dictadores o los gobernados?

¡Libertad para los presos políticos! ¡Calle! ¡Calle! ¡Calle! ¡Calle!

Algún día moveremos la mata y caerán los frutos maduros.

Iván Fernández.
Email: chicho2512@hotmail.com
El Buhonero de La Resistencia
Febrero de 2014

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sábado, 28 de diciembre de 2013

PEDRO CORZO, CASTRO. EL DECANO DE LOS DICTADORES.

No es para sentirse orgulloso, todo lo contrario, desuela decirlo, pero quizás la mejor manera de superar una realidad traumática es reconocer la responsabilidad individual y colectiva, e iniciar una cruzada que conduzca a la redención.

En los tiempos modernos no ha habido un gobernante que haya ejercido el poder por más años que Fidel Castro. Cuarenta y nueve para ser exacto.

El más próximo al tirano caribeño ha sido el autócrata de Corea del Norte, Kim IlSung, que controló su país por cuarenta y seis años. Kim fue quien instauró las dinastías en el mundo comunista, que los Castro no tardaron en imitar.

Los otros dictadores comunistas de que se le acercaron fueron Mao TseTung de la República Popular China, 27 años y  José Stalin, Unión Soviética por 31, aunque hay que tener en cuenta que Josep Broz, "Tito" mandó en Yugoslavia  la friolera de 35 años, y hasta se declaró presidente vitalicio.

Sin duda que una lista de los autócratas más longevos en el poder sería demasiado extensa, pero no se pueden pasar por alto a tres dictadores que fueron muy aliados del tirano cubano, el libio Muammar Gaddafi, 41 años, en Irak, Saddan Hussein, 24 y Hafez al-Assad, en Siria, 29 años.

Otro aliado del dictador cubano fue Sukarno quien impuso su voluntad en Indonesia por 22 años

En la África Negra, Fidel Castro cuenta con autócratas que esperan romper su record.

Por ejemplo Teodoro Obiang  Nguema Mbasogo de Guinea Ecuatorial que lleva en el poder 34 años y que sucedió a otro dictador de larga data Francisco Macías Neguema, otros aliados del castrismo que aspiran a superar al mentor, son José Eduardo dos Santos de Angola 34 años y Robert Mugabe  que de héroe de la independencia de Zimbabue mutó a cruel dictador que a sangre y fuego se ha mantenido gobernando por 26 años, aunque ninguno alcanza los 35 que lleva haciendo su voluntad en Camerún, Paul Biya y menos aún los 42 años que gobernó en Gabón,  Alhaji Omar Bongo Ondimba.

El despotismo no es potestad de los comunistas ni de nazi o fascista. Los autócratas responden más a sus intereses que a ideologías, por eso cuando llegan al poder por la fuerza o legítimamente no quieren abandonarlo.

Entre los muchos ejemplos, están ChianKai-sheck, que mandó en la China continental poco más de cinco años, pero después se estableció en la República China, Taiwán, por otros veintiséis.

El gobernante de Bahréin por más de 39 años ha sido Khalifaibn Salman Al Khalifa, también la República de Yemen tiene en esta deshonrosa lista a su representante,  Ali Abdulá Saleh quien dirigió los destinos del país por 22 años, aunque anteriormente había gobernado por doce y al igual que el tunecino Zine El Abidine Ben Al, 24 años, sucesor de Habib Bourguiba, quien mandó por tres décadas.

América Latina no se queda atrás. Tiene su lista de déspotas sangrientos que actuaron como dueños de vidas y haciendas. Consideremos solo los del pasado siglo y el presente, pero antes un vistazo a la península ibérica donde encontramos a Francisco Franco quien gobernó con mano de hierro a España por 36 años y el portugués Antonio Oliveira Salazar por igual cantidad de tiempo.

Después de Fidel Castro el decanato de los dictadores de América lo ostenta el desaparecido Alfredo Stroessner de Paraguay quien gobernó por 35 años. El déspota cubano se encontraba en Caracas, invitado a la toma de posesión de Carlos Andrés Pérez, 1989, cuando conquistó tan triste distinción.

A Stroessner le sigue el venezolano Juan Vicente Gómez, 27 años, y el mexicano Porfirio Díaz, que aunque de manera intermitente gobernó a su país por 31 años, el mismo periodo de tiempo que su par dominicano, Rafael Leónidas Trujillo, uno de los pocos dictadores ajusticiado en el poder por un sector del pueblo que victimizaba.

También fueron dictadores Augusto Pinochet Chile, 17 años y Omar Torrijos de Panamá, 13.

Faltan muchos pero no es posible enumerarlos a todos, aunque si es obligado referirse a dinastías como la de los Duvalier en Haití,  Françoise 14 años y Jean Claude, 15 años, y la de los Somoza en Nicaragua, 45 años, solo superada por la dinastía impuesta en Cuba que pronto arribara a los 55 años.

Todos los déspotas tienen un denominador común, creen en la fuerza y le rinden culto y violentan los derechos ciudadanos causando muerte y desolación.

Sin embargo a diferencia de algunos de estos dictadores el decano Fidel Castro, usurpó todos los poderes del estado cubano. Dispuso de la vida y hacienda de cada ciudadano. Dividió a la sociedad. Condujo a la muerte a miles de personas. Destruyó los valores sobre lo que se sustenta la nación. Acabo con la esperanza e instituyo la doble moral.  La herencia que recibe el pueblo cubano del castrismo es desoladora,  no hay comparación con el legado de otros dictadores que ha sufrido el hemisferio.

Pedro Corzo
pedroc1943@msn.com

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jueves, 20 de septiembre de 2012

NELSON CASTELLANO HERNÁNDEZ, DICTADORES,

No se nace dictador, se transforman en ello, Adolfo Hitler, Ceausescu, Mao Tsé-toung, Stalin, Mussolini, Juan Vicente Gómez, Saddam Hussein, Gadafi, Rafael Leónidas Trujillo, Kim Jong-il, Pinochet, Mustafá Kemal, Somoza, Stroessner, Mubarak, Hafez al-Assad, Mugabe, Alexander Loukachenco, Fidel Castro, son algunos nombres que no traen buenos recuerdos.

Llegaron al poder por diferentes medios, elecciones, golpes de Estado, revoluciones, con la venia de otros países y hasta heredado de sus progenitores, muchos se aprovecharon de crisis, del desorden, de la humillación, de la miseria, de los errores de sus predecesores, de la falta de esperanza de sus pueblos, de la fuerza, para instalarse en la primera magistratura.

Algunos durante la primera parte de su gestión, comenzaron realizando obras positivas que rápidamente se esfumaron cuando pasaron del otro lado del límite de la cordura, desatando a su paso, persecuciones, muertes, guerras, asesinatos, exilios, terror, a fin de mantenerse en el poder a como diera lugar.

Una obsesión de sentirse imprescindibles, les permitió utilizar el poder político y militar para instalarse indefinidamente, poniendo a su servicio, al de sus familias y secuaces toda la riqueza de sus países.

A su paso cerraron negocios, expropiaron industrias, periódicos, persiguieron políticos, religiones, iglesias, sindicatos, estudiantes, todo lo que no podían controlar. Los dirigentes de esos sectores fueron considerados enemigos, a los que no se les reconocían derechos y era conveniente eliminar.

Se dedicaron a torturar y matar a gran escala, otros emprendieron revoluciones culturales, cerraron universidades, persiguieron artistas, intelectuales, escritores y quemaron libros. Como compensación decidieron promover sus propias revoluciones culturales que cantaban loas a sus regímenes, todavía en el siglo XXI encontramos ejemplos de esa propaganda oficial.

Comenzaron como autoritarios, intentado callar sus opositores, para luego convertirse en verdugos de su pueblo, aterraron, deportaron, torturaron, asesinaron y redujeron la condición del género humano.

Las causas de esas conductas son variadas, se señalan la locura, la megalomanía, la psicosis, la paranoia, el ansia de poder, el revanchismo social extremo, desórdenes hormonales o educativos en su infancia, tragedias familiares, en todo caso si esas son las únicas causas, hemos tenido grandes enfermos que nos han gobernado.

Pero desengañémonos, muchos de los dictadores modernos han sido niños sanos y queridos, estudiantes aventajados, políticos llenos de ideales que terminaron convertidos en tiranos.

Los dictadores se nutren de la desesperación, de la pérdida de confianza en los dirigentes, lo que hace manipulable al pueblo gracias a un supuesto discurso liberador, que les hace creer de nuevo, que les devuelve su orgullo y los hace soñar con algo mejor.

Por esa esperanza primaria sacrifican su libertad y cuando despiertan del ensueño se encuentran prisioneros, frente a la ambición desmedida de un jefe de Estado, quien poco a poco comienza a mostrar su verdadera cara.

A partir de ese momento y en búsqueda del poder absoluto, se implementan los instrumentos para conservar el poder, en el pasado era la guillotina, hoy se contentan con tortura, pelotones de ejecución, policía secreta o milicias privadas, también se conciben otros métodos, la represión, la prohibición de pensar diferente, los fraudes electorales, el exilio obligado, la dependencia económica para poder subsistir.

En muchos países existió un momento en que todo pudo detenerse y no lo hicieron, por eso generaciones enteras pagaron con sus vidas.

Cuando a un tirano se le deja el tiempo suficiente para controlar todo el sistema no le queda vuelta atrás, ha derramado mucha sangre, se han producido muchas violaciones a los derechos humanos, abusos, robos y compromisos ilegales, como para vislumbrar una salida segura.

Solo el pueblo tiene la solución en sus manos, con voluntad y coraje se puede cambiar el destino sombrío que se cierne sobre nosotros.

Si un camino de esperanza democrática se vislumbra es el momento de no equivocarse, dejar de oprimirnos nosotros mismos, apostar por la democracia, la paz y el progreso.

Ex Cónsul de Venezuela en París
Presidente de Venezuela-Futura, Francia

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jueves, 24 de noviembre de 2011

DISCURSO DE CHARLES CHAPLIN EN EL GRAN DICTADOR 1940


El Gran Dictador (1940), fue una película rodada en plena Guerra Mundial. Los acontecimientos han cambiado, pero las circunstancias siguen siendo las mismas. Sólo cambien la esvástica por el $. Los dictadores se guarecen tras las alargadas sombras de corporaciones y bancos, esclavizando al pueblo por medio de la deuda y cebándolo mediante el falso y efímero bienestar del consumo.
Un discurso para la historia. El mejor que haya podido escribirse y decirse. Que aprendan algunos. O mejor aún, que aprendamos todos.

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sábado, 3 de septiembre de 2011

CARLOS R.PADILLA L.: EL VIAJERO IMPENITENTE (EN ANALITICA)

El de aquí, quien dijera una vez “de cumbre en cumbre y de abismo en abismo”, se dedicó a visitar cuanto dictador longevo existía en nuestro globo terráqueo sin faltarle ninguno a los que llamaba “hermanos” y émulos de Simón Bolívar’



Algunos dicen que fue a esos remotos lares para aprender como perpetuarse en el poder. Otros afirman que fue para realizar negocios fáciles entre quienes quieren acabar con las ventajas que nos brinda la contemporaneidad. Existen las mas disimiles versiones de lo que en realidad fue a buscar entre las historias ensangrentadas de esos sátrapas.
Huyen despavoridos o son castigados por sus pueblos Saddam Hussein de Irak, Abidinde Ben Ali de Túnez, Hosni Mubarak de Egipto, Ali AbdullahSaleh de Yemen, Muamar el Gadafi de Libia y en Siria pone sus barbas en remojo Bashar al Assad.
Uno a uno han ido cayendo ante los reclamos de libertad de sus pueblos en secuencia inexorable, ya le quedan pocos por salvarse de las iras justificadas de sus pueblos; pero a todos se les está acabando la buena vida que se daban en desmedro del bienestar de sus connacionales.
Cuatro cosas en común tienen la mayoría de los dictadores derrocados por sus pueblos recientemente: el de haber ejercido arbitrariamente el mando, haber vivido como concupiscentes y sensualistas con sus multimillonarias fortunas amasadas por la corrupción, el de huir con las maletas repletas con el dinero del pueblo y, finalmente, el haber sido visitados, recíprocamente, más de una vez por el viajero impenitente venezolano.
Europa y Estados unidos han sido benevolentes, sólo está hablando en estos días de los países donde se han producido revueltas serias. Ni media palabra se ha escuchado sobre las otras naciones, aquellas que están en idéntica situación que éstas cuyos dictadores ya han caído, con la diferencia de que allí siguen en ejercicio.
Los que aún quedan deben estar sumamente preocupados con ver aterrizar en sus aeropuertos el Airbus con tan peligroso visitante del cual podrían estar sospechando de ser un agente encubierto para desestabilizar dictadores. El viajero suspendió sus vuelos a Cuba. Quizá existe cierto temor en la dinastía reinate en la Perla del Caribe de eventos parecidos a los ocurridos en otras latitudes.
Ya en Europa le queda un solo mejor amigo al cual le quedan grandes los zapatos para gobernar en la ciudad del oso y de madroño. Y su nuevo mejor amigo, el de aquí, justo al lado, debe estar repensando mejores estrategias para cobrar lo que le deben.
Un fantasma recorre al mundo, es el fantasma de la libertad, del progreso, del bienestar para derrotar al oscurantismo anti histórico que representan esos dinosaurios que oprimen a sus pueblos para el disfrute hedonista y personal-familiar de los esfuerzos de los pueblos.


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miércoles, 31 de agosto de 2011

RAFAEL BELLO: VIENE LA OLA

A los tiranos les llega la hora y al de Libia le llegó, luego vendrán otros "intocables"

Lo cierto es que la réplica de la espada de Bolívar por esos mundos del continente africano y en manos dictatoriales surte sus efectos y deja mucho que decir. Simón Bolívar, luchó por la libertad e hizo de ella su ideario y legó para la posteridad como patrimonio fecundo los ideales a los que jamás se renuncian. Esa réplica de su espada libertadora es también justiciera y mucho más aún la original. A los tiranos les llega la hora y al de Libia le llegó, luego vendrán otros que se creen intocables.

La ola viene, no se detiene. Por el contrario, avanza con ímpetu de cambios democráticos. Por estos lares hay muchos temores que la ola llegue pronto y arrase con la patanería y las sombras de la ignominia. Ya existe un propósito común de cambio que fluye incontenible en los diversos sectores de la vida venezolana. Es por eso que los tiranuelos se percatan de lo inevitable y buscan acomodo ya donde el sufrimiento cunde por más de medio siglo. Van con fortuna producto de la defraudación de los bienes nacionales. Han expoliado una inmensa fortuna y asombra la deuda que pesa inclemente hasta en los que están por nacer.

Todo es producto del desastre por lo que jamás debió ser en Venezuela y está patentizado en un estado de quiebra total que va desde el terrible cuadro de la inseguridad, el lastimoso estado de la salud, el deterioro creciente del sistema eléctrico y, asimismo, las carreteras, autopistas y edificaciones públicas. Es una situación de caos generalizado. Y para colmo de males, Venezuela expoliada por los buitres insaciables y una pesada deuda externa.

Y esta ola recorre naciones y deja ya miles de muertos en lucha heroica contra regímenes sanguinarios. Ya varios tiranos no la cuentan y otros están en vías de extinción. A los venezolanos nos toca asumir los retos de la libertad.

bello.rafael@yahoo.es

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martes, 30 de agosto de 2011

ANÍBAL ROMERO: EL EXTRAÑO CASO DE LIBIA

1--Gadafi fue un tirano detestable. Saddam Hussein también. Todos los tiranos lo son. Tengo la impresión de que en el plano de la crueldad, de las atrocidades y muertes producidas, Saddam Hussein superó con creces a Gadafi o como mínimo compitió ventajosamente con el dictador libio. Sin embargo: ¿soy acaso el único en haber percibido, en lo que respecta a Gadafi, una actitud muy distinta de parte de muchos que en su momento se opusieron al derrocamiento de Saddam a manos de George W. Bush? ¿Soy acaso el único en notar algo un tanto extraño, en ese plano, con relación al caso libio? No creo serlo, y vale la pena recapitular: Para el momento del ataque a Irak los servicios de inteligencia estadounidenses, franceses, alemanes, ingleses e israelíes estaban convencidos, en la medida que ello es factible en el campo de la inteligencia estratégica, que Saddam poseía armas químicas y biológicas en cantidades significativas y se hallaba nuevamente en busca de una capacidad atómica. Tal convicción fue desmentida por los hechos una vez que avanzó el conflicto, pero la misma existió y nadie ha logrado probar lo contrario. Cuando comenzó el ataque a Libia, de otro lado, ya Gadafi había destruido o entregado hacía buen rato a Washington sus capacidades nucleares, en gran parte a raíz de lo que le pasó a Saddam, y el dictador libio colaboraba activamente con Occidente en ése y otros asuntos vinculados a la lucha contra el terrorismo radical islamista. Sin embargo, no pocos de los que se opusieron a la guerra de Irak se convirtieron de pronto en fervorosos abanderados del derrocamiento de Gadafi. ¿Por qué, me pregunto? ¿Qué pasó con el New York Times, CNN, Le Monde, The Guardian, El Corriere de la Sera, la BBC, y tantos otros, que cuestionaron en su momento que se le pusiese fin a la tiranía de Saddam pero respaldaron de modo entusiasta, y con persistentes y repetidos errores de facto en su cobertura del proceso libio, el derrocamiento de Gadafi?

2—La respuesta que de entrada ofrecen los nuevos adalides de la virtud internacional es que la ONU, la Comunidad Europea, la Corte Internacional de Justicia y la Liga Árabe, entre otros entes, de un modo u otro concedieron su benevolente visto bueno a la operación de la OTAN contra Gadafi. Ahora bien, semejante respuesta conduce necesariamente a repetir la pregunta inicial: ¿Por qué Gadafi sí y Saddam no? Francia se opuso al derrocamiento de Saddam pero fue factor clave en el de Gadafi. La guerra contra Saddam fue bautizada por todos los medios antes mencionados como una “agresión”, pero la que se hizo contra Gadafi fue certificada con el atractivo sello de “guerra humanitaria”. ¿Por qué? El Consejo de Seguridad de la ONU emitió una resolución que solicitaba el establecimiento de una zona de exclusión en el aire, destinada a “proteger a los civiles” en Libia, una resolución que claramente dejaba de lado la intervención directa con tropas terrestres por parte de los interesados (EEUU, Francia e Inglaterra principalmente), y de manera no menos clara colocaba entre paréntesis cualquier propósito de “cambio de régimen” (“regime change”) entre su lista de objetivos. Dicho de otro modo, la resolución de la ONU no autorizaba a los aliados occidentales y sus socios en la empresa a apoyar con tropas terrestres a los rebeldes, ni a matar a Gadafi o derribar su régimen. Pero a ello, a matar a Gadafi y cambiar el régimen, fue precisamente a lo que se dedicaron EEUU, Francia e Inglaterra desde el primer silbato de ese tan despistado como hipócrita árbitro que es la ONU, al que no obstante tantos atribuyen el poder de decretar qué es o no legítimo en nuestro enredado panorama internacional. Lo de la “protección a los civiles” nunca fue determinante y la resolución de la ONU fue barrida bajo la alfombra por los factores referidos, tanto en las capitales involucradas como en los medios de comunicación señalados, entre muchos otros. Las manifestaciones de indignación fueron pocas, esporádicas y sobreactuadas. ¡Qué contraste con el rechazo que suscitaba el “vaquero” Bush y sus acciones en el Medio Oriente! Es evidente que la ONU proporcionó en el caso de Gadafi una pequeña y delgada hoja de parra, bajo la cual Washington, París y Londres ocultaron pudorosamente sus partes íntimas, en tanto que en Siria, por ejemplo, proseguían las matanzas. Pero en Libia no había matanza, sino una “guerra humanitaria”.

3—En su momento, los aliados occidentales justificaron su solicitud a la ONU advirtiendo que Gadafi se disponía a perpetrar una masacre en la ciudad rebelde de Benghazi. La acción de las fuerzas aliadas ciertamente hizo retroceder a las tropas de Gadafi ante Benghazi, y el mundo se quedó afortunadamente sin saber si en efecto se habría o no perpetrado una masacre. Seis meses más tarde, luego de más de 16.000 misiones aéreas emprendidas en Libia por la OTAN, de idas y venidas, marchas y contramarchas, informaciones contradictorias, propaganda y mentiras a granel, y muchos muertos en lo que fue, es y seguirá siendo una guerra civil con bases tribales, sólo sabemos con certeza una cosa: se han cometido atrocidades de parte y parte y los medios de comunicación internacionales, a diferencia de lo ocurrido en Irak, han sido sumamente parcos en sus detalles sobre qué ha pasado realmente en Libia, cuántos muertos ha generado la guerra y qué responsabilidad corresponde en particular y en ese aspecto a cada lado de la contienda. Sólo en días recientes, y cuando todavía (al escribir estas líneas) hay combates en Trípoli y otras partes de Libia, diarios como el New York Times han comenzado a reportar que, en efecto, los rebeldes han matado a mucha gente inocente también, y han tenido lugar horribles actos de crueldad en todos los bandos. ¿Y qué esperaban los articulistas bienpensantes, siempre nadando con la corriente, cuando se lanzaron a apoyar la “guerra humanitaria”? ¿Qué creían que pasaría con la resolución de la ONU? ¿Pensaron realmente que Sarkozy, Cameron y Obama prestarían la más mínima atención a la misma una vez que la tuvieran en las manos? Uno de estos articulistas comparó lo que podría haber ocurrido en Benghazi con lo que ocurrió ¡en Auschwitz! Pero todavía existen personas que caen en las trampas propagandísticas de la OTAN.

4-- Desde un comienzo han operado en Libia importantes destacamentos de los servicios especiales franceses, ingleses y norteamericanos, la CIA, el SAS británico y numerosos asesores militares franceses, que han participado de modo decisivo en la guerra terrestre. Es más que evidente que sin ese respaldo, que incluyó también una guerra aérea muy intensa, los rebeldes no habrían jamás vencido. Por lo tanto su victoria, que seguramente se transformará en algo muy distinto a lo que los actores y defensores de la “guerra humanitaria” imaginan, se debe a la intervención de fuerzas extranjeras. Es patente también que a pesar de todo el apoyo logístico, de inteligencia y operacional que les dieron EEUU, Francia e Inglaterra, los rebeldes tardaron seis meses en derrotar un ejército de décima categoría como el de Gadafi, lo cual me indica algo que debería resultar obvio: Gadafi, por las razones que sean, tenía y quizás sigue teniendo apoyo sustancial, o en todo caso los rebeldes representan algo que no es del gusto de muchos en Libia y ese “algo” garantiza que el conflicto persistirá.

5—Todo lo cual me conduce a preguntar adicionalmente: ¿y quiénes son los tales rebeldes, realmente? ¿Qué representan, qué quieren hacer ahora, qué tipo de régimen político impondrán? La verdad es que no lo sé y creo que tampoco Sarkozy, Cameron y Obama lo saben. El tiempo lo dirá. Pero sí hay un punto que ha quedado muy, pero muy patente: Para que una guerra como la acometida en Libia reciba el sello de la legitimidad en los tiempos que vivimos se requiere lo siguiente:

--Que el Presidente de los Estados Unidos sea un Demócrata, no un Republicano. Si es Demócrata la guerra será “humanitaria”, si es Republicano será una guerra de agresión neo-colonial. Si es Demócrata se le concederá el Premio Nobel de la Paz por hacer la guerra; si es Republicano se le condenará al oprobio.
--Que la ONU se pronuncie favorablemente sobre la intervención, así tal pronunciamiento constituya a todas luces una farsa sangrienta, que a la postre contribuirá a acrecentar el desprestigio de un organismo ya lo suficientemente decadente.
--Que si EE UU interviene lo haga de manera tal que parezca que no lo está haciendo.
--Que Francia dé su aprobación y si es necesario que intervenga militarmente. El carácter “humanitario” de la guerra será en buena medida definido por los intelectuales de izquierda parisinos, cuya influencia cultural carece de toda proporción con sus logros teóricos o desatinados juicios políticos.

6—Confío resulte claro de todo lo antes expuesto que no estoy acá discutiendo si Gadafi era o no un tirano repudiable. Hay muchos como él en el Medio Oriente, pero no todos son objeto de “guerras humanitarias” ni reciben igual condena a manos de los factores que hoy definen la legitimidad. Lo que me importa, y ha sido así desde el comienzo de este conflicto, es el doble patrón y la enorme hipocresía desplegada por parte de tales factores. Abrigo igualmente la convicción de que es un serio error justificar de ese modo las guerras, es decir, como acciones “humanitarias”, pues con ello se destruye el fundamental principio clausewitziano acerca de la importancia de definir con precisión el fin político de la guerra. La guerra es la continuación de la política por otros medios y el humanitarismo no es una política.

7-- Por otro lado, con una intervención como la escenificada en Libia, cubierta por el humo de la mentira y de la propaganda desde el primer minuto hasta su todavía incierta conclusión, se minimiza la posibilidad de extraer lecciones adecuadas del pasado. Los que ayer tanto insistieron en la necesidad de no repetir los errores que, según argumentan incesantemente, se cometieron en Irak y Afganistán, hoy se han lanzado a apoyar a fondo a uno de los bandos en una guerra civil, y no me cabe duda de que pronto afrontarán los mismos dilemas y desencantos del pasado reciente en experiencias similares. No pasará mucho tiempo antes de que se descubran los más profundos motivos de los actores de este drama. En tal sentido, recomiendo seguir la pista a los contratos petroleros para TOTAL (francesa) y BP (inglesa). Me atrevo a apostar que sus celebraciones no durarán mucho.
aromeroarticulos@yahoo.com



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