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LA LIBERTAD, SANCHO, ES UNO DE LOS MÁS PRECIOSOS DONES QUE A LOS HOMBRES DIERON LOS CIELOS; CON ELLA NO PUEDEN IGUALARSE LOS TESOROS QUE ENCIERRAN LA TIERRA Y EL MAR: POR LA LIBERTAD, ASÍ COMO POR LA HONRA, SE PUEDE Y DEBE AVENTURAR LA VIDA. (MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA) ¡VENEZUELA SOMOS TODOS! NO DEFENDEMOS POSICIONES PARTIDISTAS. ESTAMOS CON LA AUTENTICA UNIDAD DE LA ALTERNATIVA DEMOCRATICA
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sábado, 5 de septiembre de 2015

CARLOS PADILLA CARPA, EDITORIAL, UNA DEFINICIÓN SOLICITADA


Somos republicanos y liberales porque creemos en un país cuya máxima autoridad y representatividad pública sea elegida periódicamente por los ciudadanos, porque profesamos el credo de la independencia de los poderes públicos y de la descentralización, porque entendemos que nos hay otra riqueza distinta a la que es fruto del trabajo, porque hacemos nuestro los principios fundamentales de la constitución que defienden la igualdad de las personas ante la ley, los derechos de propiedad y la libre empresa. 

Porque creemos que el gobierno más eficaz, responsable y sensible es aquel que se encuentra más cerca del pueblo, porque no queremos que nos gobierne ni represente una casta basada en la sucesión, en ideologías caducas ni en los privilegios del poder o en la exclusión de un sector de la población por otro, porque, al fin y al cabo, nos oponemos a cualquier dictadura que enfrente al concepto "República" y no proteja los valores de la familia, la religión, la moral y la ética. Por ello nos proponemos lograr un país de propietarios con un gobierno limitado a sus funciones de seguridad, justicia e infraestructura y una Venezuela que viva con bienestar y libertad.

Carlos R. Padilla L.
carlos.padilla.carpa@gmail.com
@chino121

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miércoles, 22 de julio de 2015

GABRIEL S. BORAGINA, BUROCRACIA: LUCRO Y PODER

Mucho se habla del "poder" de las "grandes" corporaciones en alusión a empresas multinacionales privadas. Pero poco respecto del temible poder mucho más peligroso y real de las grandes corporaciones burocráticas estatales y gubernamentales, cuyo imperio económico supera varias veces al de las compañías privadas más grandes. 

Este problema viene de antigua data, en manera alguna es "nuevo", y los liberales tuvieron buena parte de culpa en el crecimiento del poder de las burocracias gubernamentales:
"En contraste con la hostilidad de los liberales del siglo XVIII hacia el Ejecutivo y la burocracia, los liberales del siglo XIX toleraron e incluso aceptaron de buen grado la acumulación de poder por parte del Ejecutivo y de una cantidad de empleados del Estado afianzados en la oligarquía y en la burocracia." [1]
Son las burocracias estatales las que manejan los hilos del poder, a tal punto que sin su soporte los gobiernos no podrían operar, o tendrían que hacerlo en niveles muy bajos y breves. La burocracia es el motor del gobierno y cualquier decisión que el gobierno adopte jamás podría llevarse a acabo si no fuera por medio de la burocracia, siendo -por lejos- está la parte más grande de cualquier gobierno, ya sea que se considere a sus miembros en conjunto, o bien al presupuesto que insume. Este presupuesto es una de las partidas de lo que en economía se conoce como El Gasto Público, y es históricamente una de las partidas más grandes de todos los presupuestos nacionales. Pero para ello, es requisito previo el establecimiento de una alianza:
"la antigua alianza entre los intelectuales y las clases dirigentes del Estado. La alianza se basa en un quid pro quo: por un lado, los intelectuales difunden entre las masas la idea de que el Estado y sus dirigentes son sabios, buenos, y a veces divinos, o por lo menos inevitables y mejores que cualquier otra alternativa concebible. A cambio de este despliegue ideológico, el Estado incorpora a los intelectuales a la élite gobernante, garantizándoles poder, estatus, prestigio y seguridad material. Además, son necesarios para integrar la burocracia y "planificar" la economía y la sociedad." [2]
Esta es una de las razones por las cuales la gran mayoría de los intelectuales apoyan ideas de izquierda, estatistas, socialistas, populistas, en una palabra, colectivistas, y también es uno de los motivos más poderosos por el cual la mayoría de las personas creen que todo lo importante en la vida debe hacerse a través de los gobernantes o del poder del estado nacional; que el gobierno debe intervenir en todo y –lamentablemente- son los que propagan la terrible falacia de que los gobiernos son "siempre buenos" e "infalibles". Es este mito lo que ha instalado la falsa idea que de que para que un gobierno sea "bueno" sólo se necesita de políticos honestos, ignorando que la realidad indica históricamente algo muy diferente a esta divulgada fábula.
"la tendencia natural del Estado es acrecentar su poder, no reducirlo; pero aquí tenemos la peculiar situación en la cual el gobierno inicialmente intensifica el poder de los sindicatos y luego clama por restricciones contra ese poder. Esto recuerda los programas agrícolas del Estado, en los cuales una rama del Departamento de Agricultura les paga a los agricultores para que restrinjan su producción, mientras otra rama de la misma agencia les paga para que la aumenten. Sin duda, esto es irracional desde el punto de vista de los consumidores y los contribuyentes, pero perfectamente racional desde la perspectiva de los agricultores subsidiados y del creciente poder de la burocracia."[3]
La clave para entender este comportamiento bien llamado irracional consiste en reparar que los fondos con los que las burocracias hacen estos desaguisados son fondos ajenos, es decir, no salen de los bolsillos ni de los políticos al frente del poder, ni de los jerarcas burócratas que manejan dineros que no les pertenecen y se apropian de bienes que corresponden a consumidores y contribuyentes. La burocracia siempre tiene un comportamiento irracional, por la sencilla razón de que opera extra muros del mercado, y el mercado es su enemigo, al que combate en forma encarnizada. Hay que recordar también que, todo subsidio otorgado por el gobierno retorna indefectiblemente a las arcas del gobierno vía impuestos, que se sufragan por contribuyentes de hecho y de derecho, pero nadie quedará sin pagar impuestos, excepto, claro está, los miembros del gobierno y sus poderosísimos aparatos burocráticos.
"es inherente a toda burocracia gubernamental ajustarse a un conjunto de reglas e imponerlas de manera uniforme y autoritaria. Si no fuera así, y el burócrata decidiera sobre los casos individuales ad hoc, se lo acusaría, con justo derecho, de no tratar a cada contribuyente y ciudadano de manera igual y uniforme. Sería acusado de discriminación y de brindar privilegios especiales. Además, desde el punto de vista administrativo es más conveniente para el burócrata establecer reglas uniformes en toda su jurisdicción. A diferencia de la empresa privada, cuya finalidad es obtener ganancias, a la burocracia gubernamental no le interesa ser eficiente ni servir a sus clientes lo mejor posible. Al no tener fines de lucro, y a salvo de la posibilidad de sufrir pérdidas, el burócrata puede descuidar, y de hecho lo hace, los deseos y demandas de sus consumidores-clientes. Su interés principal es "no hacer olas", y esto lo logra aplicando equitativamente un conjunto de reglas uniforme, no importa lo inaplicable que pueda ser en cualquier caso puntual." [4]
Sin embargo, a pesar de ser cierto lo anterior, también es verdad que los burócratas discriminan, y es precisamente esto último lo que se conoce con el nombre de corrupción, fenómeno cuya extensión -sobre todo en Argentina- ha llegado a niveles alarmantes batiendo todos los récords históricos hasta el presente. En realidad, como ha demostrado la Escuela de la Public Choice -con James Buchanan y Gordon Tullock a la cabeza- los burócratas si, tienen fines de lucro como cualquiera, pese a que no ofrecen nada a cambio de ello.

[1] Murray N. Rothbard. For a New Liberty: The Libertarian Manifesto. (ISBN 13: 9780020746904). Pag.  27
[2] Murray N. Rothbard, ob. Cit. idem. Pág. 69-70.
[3] Murray N. Rothbard ob. Cit. idem. Pag. 103
[4] Murray N. Rothbard. ob. Cit. idem. Pág. 149-150

Gabriel Boragina
gabriel.boragina@gmail.com
@GBoragina

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miércoles, 29 de enero de 2014

MARIO VARGAS LLOSA, LIBERALES Y LIBERALES, FUENTE EL PAIS, MADRID

Como los seres humanos, las palabras cambian de contenido según el tiempo y el lugar. Seguir sus transformaciones es instructivo, aunque, a veces, como ocurre con el vocablo “liberal”, semejante averiguación puede extraviarnos en un laberinto de dudas.

En el Quijote y la literatura de su época la palabra aparece varias veces. ¿Qué quiere decir allí? Hombre de espíritu abierto, bien educado, tolerante, comunicativo; en suma, una persona con la que se puede simpatizar. En ella no hay connotaciones políticas ni religiosas, sólo éticas y cívicas en el sentido más ancho de ambas palabras.

A fines del siglo XVIII este vocablo cambia de naturaleza y adquiere matices que tienen que ver con las ideas sobre la libertad y el mercado de los pensadores británicos y franceses de la Ilustración (Stuart Mill, Locke, Hume, Adam Smith, Voltaire). Los liberales combaten la esclavitud y el intervencionismo del Estado, defienden la propiedad privada, el comercio libre, la competencia, el individualismo y se declaran enemigos de los dogmas y el absolutismo.

En el siglo XIX un liberal es sobre todo un librepensador: defiende el Estado laico, quiere separar la Iglesia del Estado, emancipar a la sociedad del oscurantismo religioso. Sus diferencias con los conservadores y los regímenes autoritarios generan a menudo guerras civiles y revoluciones. El liberal de entonces es lo que hoy llamaríamos un progresista, defensor de los derechos humanos (desde la Revolución Francesa se les conocía como los Derechos del Hombre) y la democracia.

Con la aparición del marxismo y la difusión de las ideas socialistas, el liberalismo va siendo desplazado de la vanguardia a una retaguardia, por defender un sistema económico y político —el capitalismo— que el socialismo y el comunismo quieren abolir en nombre de una justicia social que identifican con el colectivismo y el estatismo. (No en todas partes ocurre esta transformación de la palabra liberal. En Estados Unidos un liberal es todavía un radical, un socialdemócrata o un socialista a secas). La conversión de la vertiente comunista del socialismo al autoritarismo empuja al socialismo democrático al centro político y lo acerca —sin juntarlo— al liberalismo.

En nuestros días, liberal y liberalismo quieren decir, según las culturas y los países, cosas distintas y a veces contradictorias. El partido del tiranuelo nicaragüense Somoza se llamaba liberal y así se denomina, en Austria, un partido neofascista. La confusión es tan extrema que regímenes dictatoriales como los de Pinochet en Chile y de Fujimori en Perú son llamados a veces “liberales” o “neoliberales” porque privatizaron algunas empresas y abrieron mercados. De esta desnaturalización de lo que es la doctrina liberal no son del todo inocentes algunos liberales convencidos de que el liberalismo es una doctrina esencialmente económica, que gira en torno del mercado como una panacea mágica para la resolución de todos los problemas sociales. Esos logaritmos vivientes llegan a formas extremas de dogmatismo y están dispuestos a hacer tales concesiones en el campo político a la extrema derecha y al neofascismo que han contribuido a desprestigiar las ideas liberales y a que se las vea como una máscara de la reacción y la explotación.

Dicho esto, es verdad que algunos gobiernos conservadores, como los de Ronald Reagan en Estados Unidos y Margaret Thatcher en el Reino Unido, llevaron a cabo reformas económicas y sociales de inequívoca raíz liberal, impulsando la cultura de la libertad de manera extraordinaria, aunque en otros campos la hicieran retroceder. Lo mismo podría decirse de algunos gobiernos socialistas, como el de Felipe González en España o el de José Mujica en Uruguay, que, en la esfera de los derechos humanos, han hecho progresar a sus países reduciendo injusticias inveteradas y creando oportunidades para los ciudadanos de menores ingresos.

Una de las características del liberalismo en nuestros días es que se le encuentra en los lugares menos pensados y a veces brilla por su ausencia donde ciertos ingenuos creen que está. A las personas y partidos hay que juzgarlos no por lo que dicen y predican sino por lo que hacen. En el debate que hay en estos días en el Perú sobre la concentración de los medios de prensa, algunos valedores de la adquisición por el grupo El Comercio de la mayoría de las acciones de Epensa, que le confiere casi el 80% del mercado de la prensa, son periodistas que callaron o aplaudieron cuando la dictadura de Fujimori y Montesinos cometía sus crímenes más abominables y manipulaba toda la información, comprando a dueños y redactores de diarios o intimidándolos. ¿Cómo tomaríamos en serio a esos novísimos catecúmenos de la libertad? Un filósofo y economista liberal de la llamada escuela austríaca, Ludwig von Mises, se oponía a que hubiera partidos políticos liberales, porque, a su juicio, el liberalismo debía ser una cultura que irrigara a un arco muy amplio de formaciones y movimientos que, aunque tuvieran importantes discrepancias, compartieran un denominador común sobre ciertos principios liberales básicos.

Algo de eso ocurre desde hace buen tiempo en las democracias más avanzadas, donde, con diferencias más de matiz que de esencia, entre democristianos y socialdemócratas y socialistas, liberales y conservadores, republicanos y demócratas, hay unos consensos que dan estabilidad a las instituciones y continuidad a las políticas sociales y económicas, un sistema que sólo se ve amenazado por sus extremos, el neofascismo del Frente Nacional en Francia, por ejemplo, o La Liga Lombarda en Italia, y grupos y grupúsculos ultra comunistas y anarquistas.

En América Latina este proceso se da de manera más pausada y con más riesgo de retroceso que en otras partes del mundo, por lo débil que es todavía la cultura democrática, que sólo tiene tradición en países como Chile, Uruguay y Costa Rica, en tanto que en los demás es más bien precaria. Pero ha comenzado a suceder y la mejor prueba de ello es que las dictaduras militares prácticamente se han extinguido y de los movimientos armados revolucionarios sobrevive a duras penas las FARC colombianas, con un apoyo popular decreciente. Es verdad que hay gobiernos populistas y demagógicos, aparte del anacronismo que es Cuba, pero Venezuela, por ejemplo, que aspiraba a ser el gran fermento del socialismo revolucionario latinoamericano, vive una crisis económica, política y social tan profunda, con el desplome de su moneda, la carestía demencial —todo falta, la comida, el agua, hasta el papel higiénico— y las iniquidades de la delincuencia, que difícilmente podría ser ahora el modelo continental en que quería convertirla el comandante Chávez.

Hay ciertas ideas básicas que definen a un liberal. Que la libertad, valor supremo, es una e indivisible y que ella debe operar en todos los campos para garantizar el verdadero progreso. La libertad política, económica, social, cultural, son una sola y todas ellas hacen avanzar la justicia, la riqueza, los derechos humanos, las oportunidades y la coexistencia pacífica en una sociedad. Si en uno solo de esos campos la libertad se eclipsa, en todos los otros se encuentra amenazada.

Los liberales creen que el Estado pequeño es más eficiente que el que crece demasiado, y que, cuando esto último ocurre, no sólo la economía se resiente, también el conjunto de las libertades públicas. Creen asimismo que la función del Estado no es producir riqueza, sino que esta función la lleva a cabo mejor la sociedad civil, en un régimen de mercado libre, en que se prohíben los privilegios y se respeta la propiedad privada. La seguridad, el orden público, la legalidad, la educación y la salud competen al Estado, desde luego, pero no de manera monopólica sino en estrecha colaboración con la sociedad civil.

Estas y otras convicciones generales de un liberal tienen, a la hora de su aplicación, fórmulas y matices muy diversos relacionados con el nivel de desarrollo de una sociedad, de su cultura y sus tradiciones. No hay fórmulas rígidas y recetas únicas para ponerlas en práctica. Forzar reformas liberales de manera abrupta, sin consenso, puede provocar frustración, desórdenes y crisis políticas que pongan en peligro el sistema democrático. Este es tan esencial al pensamiento liberal como el de la libertad económica y el respeto a los derechos humanos. Por eso, la difícil tolerancia —para quienes, como nosotros, españoles y latinoamericanos, tenemos una tradición dogmática e intransigente tan fuerte— debería ser la virtud más apreciada entre los liberales. Tolerancia quiere decir, simplemente, aceptar la posibilidad del error en las convicciones propias y de verdad en las ajenas.

Es natural, por eso, que haya entre los liberales discrepancias, y a veces muy serias, sobre temas como el aborto, los matrimonios gay, la descriminalización de las drogas y otros. Sobre ninguno de estos temas existe una verdad revelada liberal, porque para los liberales no hay verdades reveladas. La verdad es, como estableció Karl Popper, siempre provisional, sólo válida mientras no surja otra que la califique o refute. Los congresos y encuentros liberales suelen ser, a menudo, parecidos a los de los trotskistas (cuando el trotskismo existía): batallas intelectuales en defensa de ideas contrapuestas. Algunos ven en ello un rasgo de inoperancia e irrealismo. Yo creo que esas controversias entre lo que Isaías Berlin llamaba “las verdades contradictorias” han hecho que el liberalismo siga siendo la doctrina que más ha contribuido a mejorar la coexistencia social, haciendo avanzar la libertad humana.

© Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2014.

© Mario Vargas Llosa, 2014.
http://elpais.com/elpais/2014/01/24/opinion/1390564257_262878.html

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jueves, 22 de agosto de 2013

JOSÉ BRECHNER, NI LIBERALES, NI LIBERTARIOS, SOMOS TODOS CAPITALISTAS

Ahora que Jeff Bezos, el fundador de Amazon, se compró el Washington Post, el periódico que tuvo su momento de gloria cuando sacó a relucir el affaire Watergate y nunca más brilló, aparecieron los detractores izquierdistas que se incomodan con su nuevo propietario.

Alan Sloane, el editor de Fortune, la revista de negocios que representa a los demócratas norteamericanos en contraposición a Forbes (republicana) criticó a Bezos por autocalificarse de “libertario”.

Según Sloane, para ser libertario hay que ser de izquierdas. El pensamiento no es nuevo, más bien, es rancio.

En 1980 en San Francisco, California, quise participar de las actividades del Partido Libertario y me encontré con admiradores de Castro y el Ché, que en vez de apedrearme me otorgaron clemencia para continuar mi camino. Es que los libertarios tenían agrupaciones que abarcaban de la extrema izquierda, a la derecha. Obviamente me metí en la tienda equivocada.

La definición de libertario, así como la de liberal, está contaminada. En su acepción original, el término “liberal” definía al liberalismo europeo protector de las libertades individuales y de la libre empresa.

Con el tiempo, la palabra “liberal” se prostituyó y se convirtió en el emblema de las izquierdas norteamericanas y europeas que son especialistas en apropiarse de las ideas ajenas. El ser liberal, vino a significar algo así como: “todo vale”, siempre y cuando te subyugues al estado intruso.

Para diferenciarnos de los liberales europeos, los liberales de tradición optamos por usar el término: “libertario”. Aquél que defiende a la libre empresa y al individuo, sin la intervención del estado. Es irrebatible; mientras menos se inmiscuye el gobierno en nuestras vidas, más libres somos.

El señor Sloan, siendo de la guardia vieja, considera que ese concepto es equivocado y que no se puede ser libertario y magnate, como Bezos, que defiende el libre mercado.

Según el editor-columnista, si eres libertario debes ser de izquierdas. Algo de esa contradicción se palpó en las últimas elecciones presidenciales estadounidenses con Ron Paul, el candidato libertario, que opina igual que Obama en política exterior.

Sloan teme que el Washington Post cambie de línea, lo cual es imperioso si quiere sobrevivir. No por nada está en caída y se vendió apenas por 250 millones de dólares.

El New York Times, estandarte de la izquierda occidental, se salvó de morir gracias al aporte de Carlos Slim. Newsweek (Q.E.P.D. 1933-2012) no está más, pertenecía al Washington Post.

Por su tergiversación de los hechos, la prensa progre está en el acabose de sus días.

¿A qué se debe este auspicioso acontecimiento? A que las torcidas ideas socialistas ya no engañan a las masas del primer mundo.

Ocurre simultáneamente un fenómeno social muchísimo más interesante que el cambio de dirección del péndulo político: el amor por el consumo.

El fanatismo de los seguidores de algunas marcas, Apple, Android, Ferrari, es de igual intensidad que el que tienen los extremistas religiosos por su fe.

Los estudios científicos bajo escaneo cerebral, demostraron, que cuando se habla con un “marquero” acerca de su producto favorito, se activan exactamente las mismas neuronas que las de los yihadistas o cualquier religioso radical.

El deseo obsesivo por los juguetes para niños grandes, ha llegado a un punto que no se ha visto jamás. ¿Cuántos delirados hicieron vela por el primero o último iPhone?

La ansiedad por el dinero revela que, los Baby Boomers tenían una aspiración por lo material del 45%. La Generación X incrementó ese apetito a un 65%, y la Generación Y --los milenarios-- tienen una avidez por la acumulación económica del 75%.

Resumidamente, el dinero es lo más codiciado, inclusive entre los progres, que son los que más burdamente lo ostentan. Basta con ver a los cleptócratas socialistas latinoamericanos que se pasean en aviones de lujo y se bañan en oro mientras critican al “imperio” y el capitalismo.

Sloan es otro hipócrita progre, que condena a Bezos por ser rico, mientras él recibe un sueldo millonario por ser el editor de una popular revista de izquierdas que defiende a los capitalistas, sólo si son “liberales” de la línea socialista.

http://brechner.typepad.com/jose_brechner/2013/08/ni-liberales-ni-libertarios-somos-todos-capitalistas.html 


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jueves, 25 de abril de 2013

ENRIQUE KRAUZE, LOS LIBERALES Y LA AUTOCRÍTICA

En el insensato optimismo de fin de siglo, no faltó quien creyera que los "ismos" opresivos estaban superados: fascismo, nazismo, comunismo. La realidad, como siempre, nos desencanta. Los fanatismos de la identidad racial, ideológica, nacional o de clase siguen vivos y así seguirán, quizá hasta el fin de los tiempos. 
Frente a ellos -como frente a las versiones más cerradas, ultramontanas e inquisitoriales de las ortodoxias religiosas- se levanta un "ismo" tan modesto y desabrido que no arrastra a las masas ni provoca furores públicos: el liberalismo.
La fuerza del liberalismo ha estado en la crítica. Es la crítica lo que, desde el siglo XVIII (y quizá antes, desde el Renacimiento o la Ilustración holandesa del XVII), lo ha enfrentado con los otros "ismos". Pero si el liberalismo es intrínsecamente crítico, debe serlo de manera universal. Lo cual incluye, necesariamente, la crítica de sí mismo.
En Letras Libres de abril hemos propuesto un ejercicio que denominamos "Autocrítica liberal". La idea original fue del historiador Carlos Bravo Regidor. El enfoque es doble: por una parte, la crítica general de la tradición liberal; por otra, la crítica de casos concretos en los que el liberalismo no tiene respuestas claras a los problemas actuales, las tiene limitadas o equivocadas.
José Antonio Aguilar sostiene que la mistificación del liberalismo del XIX como "mito fundador de la nación mexicana" afectó el temple combativo de esta tradición. Humberto Beck pone en entredicho la validez de las famosas nociones de "libertad negativa" y "libertad positiva" de Isaiah Berlin. Bravo Regidor recuerda que si bien Marx desestimó el régimen de derechos, su crítica ayuda a reconsiderar el efecto de las desigualdades económicas sobre ese mismo régimen. Jesús Silva-Herzog Márquez establece una útil diferencia entre el "liberalismo de la fe" -doctrinario, que insiste en una sola ruta- y el "liberalismo de la duda" -que trasciende la teoría y se establece como una sana disposición intelectual. El sociólogo Roger Bartra dibuja una alternativa plural para el mundo globalizado: flujos heterogéneos de valores, no sistemas cerrados.
No abundaré sobre el contenido restante, en el que Saúl López Noriega, David Peña Rangel, Patrick Iber, Estefanía Vela abordan la relación del liberalismo con los medios de comunicación, el patriotismo, el imperialismo y el feminismo. Me detengo solo en el ensayo final, de Gabriel Zaid. La libertad de conciencia, al entrar en conflicto con la libertad de conciencia de los otros, plantea problemas de convivencia. Las democracias liberales han impuesto valores cristianos como si fueran universales. Y ante esto, Zaid se pregunta: si el Estado se ha asumido agnóstico y liberal, ¿con qué valores no excluyentes puede prohibir qué?
Aunque no intervine directamente en el número, tengo mis apuntes autocríticos. Son autocríticos porque no creo que mis libros hayan reflejado esa convicción que rebasa al liberalismo, que acepta sus limitaciones y admite sus errores. Creo, por ejemplo, en la vigencia de la Utopía, que el liberalismo desa- lienta por principio. Creo también que El Dieciocho Brumario de Luis Napoleón Bonaparte -escrito por Marx hacia 1852, cuatro años después de su célebre "Manifiesto Comunista" y con ese mismo temple de indignación histórica- es la crítica más brutal al Estado moderno, superior a cualquier frío ensayo liberal. Y creo en la existencia de un "nosotros" que la Revolución Francesa llamó "Fraternidad", valor que el liberalismo ha desdeñado.
No hay que confundir el liberalismo con el tan traído y llevado "neoliberalismo": más que un método o una teoría es un dogma. Alguna vez escuché a un discípulo (mejor dicho, un devoto) de Ludwig Von Mises decir: "para mí, la libertad es un dios". Me pareció repelente, un sacerdote menor del culto del Atlas que lucha contra el colectivismo en cualquier manifestación. La profetisa de ese culto fue Ayn Rand, autora de Atlas Shrugged (1957). Hace unos años se publicó una biografía suya que me impresionó por su desenlace: murió sola, cercada en la miseria de su inconmensurable "Yo", obsesionada con el amor y la fraternidad que había despreciado.
Dicho todo lo cual, creo que el liberalismo está indisolublemente ligado a la democracia y en honor a ambos recuerdo siempre el ensayo de E.M. Forster: "What I believe". En él proponía "dos brindis por la democracia": primero, porque admite la pluralidad, la diversidad; luego, porque alienta la crítica. Yo también brindo por el liberalismo. Su crítica sigue siendo imprescindible para encarar a los fanatismos de nuestra época, que, a diferencia suya, no están dispuestos a la autocrítica.
@EnriqueKrauze

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lunes, 9 de abril de 2012

JOSEP RAMONEDA / LIBERALES Y CONSERVADORES / EL LIBERALISMO ECONÓMICO SIEMPRE FUE ALGO EXTRAÑO AL UNIVERSO MENTAL TANTO DE CDC COMO DE UDC (DESDE ESPAÑA)

A medida que el proceso de globalización ha ido avanzando y la política ha perdido paulatinamente poder frente al capitalismo financiero, han ido saliendo a la luz las contradicciones entre el liberalismo económico y el conservadurismo social. Emmanuel Terray nos ofrece en Pensar a la derecha la tabla de valores de este antagonismo: movilidad y cambio frente a estabilidad; innovación frente a continuidad; nomadismo frente a enraizamiento; cosmopolitismo frente a patria; incertidumbre y riesgo frente a seguridad; consumo y hedonismo frente a moderación; competición frente a consenso.
Como alianza nacionalista, en Convergència y Unió están muy asentados los valores conservadores, que, por otra parte, son familiares a la burguesía catalana que le da respaldo. De hecho, el liberalismo económico siempre fue algo extraño al universo mental tanto de Convergència Democràtica de Cataluña, forjada en la cultura del nacionalismo socialcristiano, como de Unió Democràtica, viejo partido de tradición democratacristiana. Fue Artur Mas, cuando era el número dos del presidente Pujol, quien hizo las primeras tentativas de dar carta de naturaleza a la música liberal en Convergència. Durante los años de travesía del desierto de CiU, el liberalismo económico fue ganando terreno, entre personas próximas al actual presidente, que, además acostumbraban a conjugarlo con la apuesta por la independencia.
De modo que Convergència, como otros muchos partidos del ámbito del centro-derecho, necesita buscar fórmulas y equilibrios para que las tensiones entre los valores del liberalismo económico y los valores del conservadurismo social no generen confusión en el electorado. El PP, que introdujo el liberalismo económico en su cultura cuando Aznar hizo el baldeo general que la derecha española tenía pendiente, trató de compensar las incertidumbres, los miedos y las dudas que el cambio podía generar en sus electores con el despliegue sin complejos de un neonacionalismo español; la alianza con los obispos, con los que salieron a la calle para defender los valores de siempre, y el amparo del amigo Bush. Convergència intenta encontrar en el soberanismo el punto de engarce entre las dos sensibilidades.
Es insoportable —y degradante para las instituciones— que los gobernantes repitan cínicamente que toman medidas que no les gustan, pero que no tienen otra opción. Si de verdad lo creen así, ¿por qué no lo dejan?
Las contradicciones de valores en el seno del espacio convergente se están traduciendo en una peculiar dualidad política, cuya expresión es la tortuosa pero, de momento, inquebrantable alianza con el PP. Por un lado, la economía; por el otro lado, la política. En materia económica, la aceptación resignada de que “no hay margen” (es decir, de la impotencia de la política); el cumplimiento escrupuloso de las exigencias de los mercados (el Gobierno catalán ha sido el primero de la clase en los recortes, aun a riesgo de comprometer la tradición socialcristiana de la coalición); la alianza incondicional con las políticas de austeridad del PP (que le ha dejado solo al no atreverse con las medidas más impopulares); y la fascinación ante cualquier magnate que prometa el oro y la insolencia (la increíble negociación por Eurovegas, en que la política ha dado otro lamentable ejemplo de humillación ante el dinero). En materia política, el soberanismo; la cultura identitaria; el orden y la seguridad (con el consejero Puig como principal actor político del Gobierno), y la moderación (la bandera preferida del presidente).
Sin duda, es difícil moverse entre estas dos líneas sin caer en contradicciones. Por ejemplo, en un momento en que el PP tiene como objetivo estratégico la reespañolización de Cataluña, CiU le ha dado cuotas de poder insólitas en el campo cultural a través de la Diputación de Barcelona, de algunos Ayuntamientos, y de la Corporación Catalana de Radio y Televisión. Y el consejero Puig ha desbordado en dureza al ministro del Interior, al proponer algo tan disparatado como la limitación de un derecho fundamental —el de reunión— para combatir la llamada guerrilla urbana o antisistema.
En la medida en que las grandes decisiones económicas han escapado al control de los gobernantes, las derechas, que no muestran voluntad ni capacidad de revertir esta situación, recurrirán a la recuperación de los valores conservadores para disimular los efectos devastadores de la pérdida de poder de la política y de la austeridad. El PP lo tiene claro y ha encargado esta tarea nada menos que a Ruiz Gallardón y José Ignacio Wert, dos liberales de cupo que han resultado ser muy conservadores. Visto que la izquierda no tiene nada nuevo que ofrecer, el futuro de la democracia, con la política anegada por la impotencia, es, por lo menos, problemático. Es insoportable —y degradante para las instituciones— que los gobernantes repitan cínicamente que toman medidas que no les gustan, pero que no tienen otra opción. Si de verdad lo creen así, ¿por qué no lo dejan?

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EDUARDO MACKENZIE / GAITÁN, ENTRE LA REALIDAD Y LA LEYENDA

Decir mentiras sobre la historia de Colombia es repudiable. Ningún vínculo familiar con el difunto Jorge Eliécer Gaitán puede ser invocado como excusa para burlar esa exigencia intelectual y moral. Todo lo contrario.
María Valencia Gaitán publicó el pasado 9 de abril en un diario bogotano un artículo en el que vuelve a servir una falsa leyenda: la que le atribuye al gobierno del presidente Mariano Ospina Pérez la muerte del caudillo liberal.
María Valencia debería investigar realmente cómo ocurrió y por qué ocurrió el 9 de abril de 1948. Pues ella parece ignorar muchas cosas. Joven, sensible, inteligente, capaz, ella podría investigar los verdaderos orígenes del 9 de abril, aceptar la verdad y romper, por fin, las cadenas ideológicas y psicológicas que fabricaron los asesinos de Jorge Eliécer Gaitán. Pues el líder liberal fue asesinado dos veces. Cuando dispararon cobardemente contra él y unos días después cuando esos mismos conjurados lanzaron, en Bogotá y París, la especie de que el gobierno de Ospina Pérez y el “imperialismo norteamericano”, eran los culpables de ese atentado y de las violencias inauditas que Bogotá y el resto del país sufrieron.
En su artículo, María Valencia Gaitán sugiere que los conservadores y el liberalismo no gaitanista, habrían ordenado el atentado, dentro de un contexto de múltiples violencias que ella describe, en acto de unilateralismo muy completo, como un “genocidio” que los conservadores habrían cometiendo “contra los gaitanistas”. En otras palabras, Ospina Pérez habría decidido desatar la onda de choque que estuvo a punto de derrumbar su propio gobierno, que pudo haber quebrado las instituciones y disolver abruptamente la IX Conferencia Panamericana. Según ella, el presidente Ospina Pérez habría preferido incendiar el país y poner en peligro su propia vida y la de los delegados a esa conferencia, incluido el secretario de Estado norteamericano general George Marshall, pues no había encontrado otra manera de frenar la marcha de Gaitán hacia el poder.
Lamentablemente, esa triste engañifa fue impuesta a los colombianos, y a la familia Gaitán, a fuerza de campañas de propaganda marxista que duraron años. Esa impostura ha tenido éxito por la cobardía de ciertos historiadores que no quisieron hacer su trabajo de manera profesional y porque el debate fue siempre confiscado.
El 9 de abril de 1948 fue uno de los primeros grandes crímenes de la Guerra Fría. Fue un golpe solapado de Stalin contra el mundo democrático, en un momento clave: cuando la URSS creía, por un lado, que los Estados Unidos iban a desatar contra ella una guerra mundial, y cuando veía, con cierta clarividencia, que el Plan Marshall, en sus dos variantes, una para  Europa y otra para América Latina, sería la palanca formidable que contendría el expansionismo comunista en los dos continentes.
Es lamentable ver que la nieta de Gaitán, a estas alturas, sigue ignorando que el Bogotazo tuvo un trasfondo geopolítico mayor, que la brutal muerte de su abuelo no fue otra cosa que el medio escogido por Moscú para propinarle un golpe a Washington y al panamericanismo. Ese golpe tenía también un objetivo local: abrirle avenidas a los comunistas colombianos, quienes habían sido barridos de la escena política y de los sindicatos por la acción del gaitanismo. Gaitán si bien admiraba a la URSS, detestaba a los comunistas de Vieira y Durán. Y esa no fue la única de sus intuiciones geniales.  Moscú tenía otra meta local más ambiciosa: sacar a Colombia de la esfera del mundo libre.
¿Cómo es posible que María Valencia Gaitán ignore esos hechos?
Hace 60 años que Colombia espera la aparición de la gran biografía de Gaitán. El culto de Gaitán existe, y eso es legítimo. Sin embargo, es un culto original: sin textos litúrgicos indiscutibles y sin grandes pontífices. Si la biografía definitiva de Gaitán no ha sido aún escrita es porque falta el elemento central: la verdad. La verdad de la vida de Gaitán y, sobre todo, la verdad de su asesinato. En general, las personas que se han aproximado a ese tema lo hacen sin osar remover cuatro obstáculos: una investigación judicial mal hecha, un relato de base mítico, una visión ideológica tenaz y un enfoque localista, que niega hechos importantes de la Guerra Fría. Desde tal perspectiva esas personas no pueden pensar ni escribir libremente.
Lo más dramático de todo es que la familia de Gaitán sigue repitiendo la versión inventada por los victimarios de Gaitán, en lugar de rebelarse contra ese doble crimen, contra el hombre y contra la historia de Colombia.
¿Cómo es posible que en su artículo María Valencia Gaitán no haya hablado una sola vez de la guerra a muerte que existía entre los comunistas y el gaitanismo? ¿Cómo es posible que ella siga diciendo que los puentes estaban rotos entre los liberales, los conservadores y el gaitanismo? ¿Cómo es posible que ella diga que el partido liberal, bajo la dirección de Gaitán, era ya un partido socialista, cuando Gaitán habló hasta el último día de su vida de “liberalismo-socialista”, lo que es otra cosa?
Ese análisis de María es consternante. ¿Cómo es posible que ella siga alegando que Fidel Castro estaba en Bogotá para asistir a un pacífico “congreso de estudiantes”, olvidando que a Bogotá llegaron,  desde marzo de 1948, no sólo el cubano citado, quien tenía ya dos muertos en sus espaldas, sino decenas de otros aguerridos stalinistas de Europa y Latinoamérica, y que la tarea de todos ellos, expertos en subversión, era sabotear la Conferencia Panamericana y dirigir una insurrección armadas contra el poder? ¿Cómo ella puede ignorar la documentación que existe al respecto? ¿Cómo puede ignorar que ese era el tipo de trabajo que organizaba el Komintern en esos años y que ese aparato dio golpes similares al del 9 de abril en otros países? ¿No sabe lo que hizo durante la guerra civil española? ¿Lo que hizo en Checoslovaquia? ¿Ignora que Jan Masaryk, otro gran líder liberal anticomunista, fue “suicidado” por agentes de Stalin, pocos días antes del asesinato de Gaitán, el 9 de marzo de 1948?
El concepto de “genocidio” que María Valencia Gaitán emplea sin mayor reflexión debería utilizarlo contra los que mataron a Gaitán: son ellos los creadores de las “repúblicas independientes” ulteriores, los manipuladores de bandidos como Sangrenegra y Tirofijo, los creadores de las Farc y de los otros organismos criminales que han asesinado colombianos y desordenado el país durante 60 años. Son ellos los que aplican aún hoy una política de aniquilación contra Colombia. ¿Sería mucho pedirle a María Valencia que  trate de ver la historia de su patria con anteojos que no sean ideológicos?
*Periodista y escritor, autor de Las FARC fracaso de un terrorismo, Random House Mondadori, Bogotá, 2007.
eduardo.mackenzie@wanadoo.fr

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sábado, 25 de febrero de 2012

NELSON MAICA C: IMPOSIBLE

Por los acontecimientos que hemos observado recientemente, la ultima mascara del comunismo socialismo, mal denominada socialismo del siglo XXI, tampoco será posible ajustársela al pueblo venezolano y/o imponerla, ni con toda la fuerza bruta desplegada, ni con toda la represión, el terror y el crimen, que ha extendido el régimen en los últimos 13 años y que ha sido ordenado, dirigido y apuntalado con mas de 40.000 efectivos, desde la isla cautiverio, amos de la mente, alma y cuerpo del dictador de turno.
Imposible imponérselo a los libertarios, a los liberales, a los ciudadanos venezolanos. Imposible implantarlo. No se le pudo ajustar al pueblo ruso en 70 años. Ya se inicio el drenaje silencioso, afortunadamente. Y, parece, que la despedida, con actos obligados y despliegue mediático, lo confirman.
LO IMPOSIBLE
Hay argumentos para explicarlo. En nuestra sociedad cada uno de sus integrantes, cada uno en particular, cada ciudadano, cada persona, es dueño con carácter privado, de el solamente, de una información dispersa y practica y, además, táctica, no articulable que solo el posee, conoce y controla. Es dueño de su mente, de sus pensamientos.
Es, en consecuencia, imposible que esa información pueda ser trasmitida al jefe, dictador, delegado, al autoritario, rojo y/o rojito y/o a su centro de control, a su centro vicioso, a su centro de dirección cubano, por una mera directriz y/o coacción y/o mandato y/ o por la represión, el terror y el crimen.
Esa información alcanza gran magnitud porque la tiene cada uno de los ciudadanos, de las personas que forman parte de la sociedad, son parte de la población, son parte del país. Esas magnitudes de información no pueden ser manejadas ni controladas por ningún jefe, dictador, delegado, autócrata, ni centro de control, ni centro vicioso por muy rojo y rojito que sea. Tampoco esa información puede ser descubierta de manera formal ni trasmitida a ningún jefe, dictador, autócrata, ni centro director o vicioso, por muchas y variadas herramientas tecnológicas que posea.
Recordemos que la información importante para la sociedad se crea y trasmite de una manera implícita, descentralizada y dispersa, o sea, no conciente ni deliberada, de tal forma que los diferentes ciudadanos aprenden a comportarse en función del prójimo, pero sin darse cuenta de que son protagonistas de un proceso de aprendizaje ni de que están adaptando su comportamiento al resto de la sociedad. Son concientes de que están actuando y tratando de conseguir sus fines particulares usando los medios que creen tener a su alcance.
Nos estamos refiriendo a un conocimiento que solo tienen los ciudadanos, cada uno de ellos, los que a diario actúan en la sociedad, emprenden actividades, y que por su propia naturaleza no puede ser trasmitido a ningún jefe, dictador, autócrata, órgano coactivo, de fuerza bruta, y mucho menos central y vicioso. Y tampoco pueden adelantar.
Ese conocimiento es fundamental para hacer posible la vida en sociedad y no puede ser cedido a ningún jefe y/o órgano central, dictador, controlador, por su carácter no articulable, por tanto es ilógico, absurdo, tan siquiera pensar que un régimen comunista socialista pueda funcionar.
El comunismo socialismo ya es imposible, además, porque cada ciudadano es un emprendedor, un creador, un realizador, un empresario en potencia, si se quiere, un actor en constante búsqueda y evolución.
Imposible trasmitir a un jefe, dictador, autoritario, centro de poder, circulo vicioso, rojos, rojitos, etc., una información y/o un conocimiento que todavía no se ha creado, no se ha producido. Va surgiendo como resultado del propio proceso social y en la medida que ese proceso fluya con libertad, sin tropiezos, sin coacciones de ninguna naturaleza.
Aquellas personas, ciudadanos, que van actuando cotidianamente, emprendiendo, trabajando, creando, aportando, van, a su vez, dándose cuenta de nuevas oportunidades, de nuevas posibilidades de logros y, lógicamente, hacen lo posible por no dejarlas pasar. La información que tenían va cambiando, va aumentando, enriqueciéndose, de manera continua y permanente.
Es imposible que un dictador, jefe y/o centro vicioso de poder se apropie y/o le quite la información lograda a cada ciudadano para luego de transformarla a su antojo, imponerla, mediante la represión, el terror y el crimen, y que se haga lo que ese jefe y/o centro de poder piensa o quiere. Tal como han pretendido hacer hasta el momento durante 13 años. Esa información, por su dinamismo permanente, cambia, se actualiza. Imposible que cada ciudadano le trasmita en cada segundo la información que obtiene y/o va adquiriendo.
Imposible trasmitir, una información que se viene adquiriendo por muchísimos años de experiencia en sociedad, a un supuesto jefe que todo lo decide y/o a un centro de control, quedando a la espera de decisión para poder actuar. Imposible.
En la medida en que este comunismo socialismo actúa por medio de la fuerza bruta, la represión, el terror y el crimen, hace imposible la libre consecución de fines individuales, personales, familiares, sociales, nacionales.
Al imposibilitar la obtención de gratificaciones personales cesa un gran incentivo y cesa la información necesaria para que la sociedad actúe coordinadamente.
El dictador, destructor, jefe, el centro vicioso rojo y rojito, se encontró de frente, en estos momentos, con un dilema: necesita la información que va generando el proceso social para disponer y mandar a su antojo; información que no puede lograr porque ha intervenido y ha interrumpido, mediante la represión, el terror y el crimen, el proceso normal de la sociedad, y tal como lo vine haciendo, esta destruyendo la capacidad creadora del ciudadano, de las persona, del actor, del emprendedor, del pueblo, de la sociedad, del país; pero si no interviene, tampoco obtiene la información tan deseada, tan codiciada para mantenerse en el poder.
Bueno, hasta aquí lo trajo el río de aceite negro, maletas voladoras repletas de billetes verdes, lingotes dorados y verbo soez y malsano y carestía de educación e inteligencia. Ninguna cuenta le puede cuadrar, tampoco aprendió bien las cuatro reglas, ningún plan le puede resultar, ninguna misión puede repercutir. El pueblo, el ciudadano, esta comenzando a descubrir y a rechazar “el opio del pueblo”, hasta apaga el televisor y radio cuando aparece “el fabulador” y empieza, por fin, a exigir cuentas claras.
Así que, una vez más, hay argumentos, evidencias, de que el comunismo socialismo y, en especial el supuesto socialismo del siglo XXI aplicado aquí, es además de un error intelectual, un rotundo fracaso, una gran equivocación, uno de los más grandes derroches de recursos conocido, el mayor desprecio y daño que se le aplico a este pueblo. Una gran estafa a los necesitados. El uso y abuso de los “desprovistos” (léase de menos recursos) para beneficio personal y de pandilla.
Ningún dictador, destructor, jefe, control central y/o vicioso, rojo y rojito, interviniendo la sociedad, la voluntad y libertad de los ciudadanos, mediante la represión, el terror y el crimen, puede apropiarse totalmente de la información que es necesaria para coordinar la sociedad y para que ella funcione.
Imposible: porque es imposible (valga lo redundante) que un dictador, destructor, jefe, control central y/o vicioso, rojo y rojito, reciba, procese y asimile, el enorme volumen de información practica que esta en la cabeza de cada uno de los ciudadanos, de las personas, del pueblo, y que se genera cada vez que actúa;
Imposible, trasmitirle toda la información que esta en la cabeza de cada persona, ciudadano, pueblo, a un solo dictador, destructor, jefe, centro de control o vicioso;
Imposible, enviarle a uno solo la información que no se ha producido, que no se ha creado y que solo surge de la libre acción del hombre, de su quehacer libremente sin represión, terror y crimen;
Imposible, porque la intervención del régimen mediante coacción y mandatos, represión, terror y crimen, detiene la creación de información la cual hace, a su vez, posible la coordinación de la sociedad. El comunismo socialismo, este socialismo del siglo XXI, ha actuado y actúa contra la sociedad venezolana, contra el pueblo, “contra la naturaleza humana”.
Tips:
•          Vialidad. Autopista Regional del Centro (ARC). En mal estado: huecos, baches, falta de señales, pintura, marcas de ubicación relativa, puentes en malas condiciones y sin protectores, barandas, ausencia de controles de velocidad, de cámaras, radares, número telefónico para denunciar y/o pedir auxilio en la vía y al instante. Ausencia de acción inmediata contra los conductores abusadores. Gandolas de carga pesada; camiones grandes, medianos tipo 350; autobuses grandes, busetas, jeeps, llenos de personas, a exceso de velocidad y solicitando vía libre en los canales regulados, sobre todo, las que llevan logotipos oficiales. Toda una guillotina. La acción correctiva observada es provocar colas inmensas. De allí tantos accidentes y perdidas de vida. ¿Trece años y no alcanzaron los billetes verdes del petróleo? Bueno, en comunismo socialismo no hay ética ni moral ni seguridad para el pueblo aunque se grite todo lo contrario.
•          Anteriores peajes, todavía están en la vía. Son obstáculos al libre transito. Las autoridades restringen el paso por esos peajes. Dejan libre una sola vía cuando hay 2, 3, 4, etc. Forman la cola ¿Para que? Bueno ya todo conductor lo sabe: la colaboración obligada. ¿Hasta cuando? ¿Ahora, también, cada ventorrillo construye un obstáculo en la vía para detener el transito y le colaboren? ¿Bueno, y que es eso? ¿Quién se ocupa de ese bochinche?
•          Acceso a las ciudades y pueblos. ¿Y cuando amplían y construyen nuevas vías y accesos a las ciudades y pueblos? ¿Hasta cuando el atasco diario, por ejemplo, al salir y/o entrar a Caracas? Hacia Oriente y Occidente y Litoral. ¿La Encrucijada? ¿Maracay? ¿Valencia? ¿San Juan de los Morros? Por nombrar algunas, por ahora. ¿Hasta cuando?
•          ¿Esta más allá y menos acá? ¿Cuáles son las previsiones de la resistencia y la oposición en caso de que se quede allá antes de Octubre 7, 2012? ¿Probabilidades? ¿Pasos a dar? ¿Orientación general? ¿Previsión y/o previsiones? Se despidió el.
•          ¿Seria posible que los más de tres millones del 12F iniciáramos una cruzada especial para convencer a los más de 40.000 cubanos traídos y ubicados por el g2 para que liberen a sus compatriotas de la isla cautiverio? Seria una acción humanitaria y política importante. Liberar a los cubanos de esa dictadura comunista socialista de más de 50 años.
Lema histórico de Venezuela: “Dios y Federación”. Estado Miranda: “Libertad o Muerte”.
 “Libre, y para mi sagrado, es el derecho de pensar…La Educación es fundamental para la felicidad social; es el principio en el que descansan la libertad y el engrandecimiento de los pueblos”. Benito Juárez, 1806-1872, Presidente y político mexicano.

nelsonmaica@gmail.com

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domingo, 25 de diciembre de 2011

JESÚS F. BRICEÑO: JOSÉ MARÍA LASSALLE, UN LIBERAL MARIANISTA, PARA LIDIAR CON LA HERENCIA DE SINDE (DESDE ESPAÑA)

La Ley de mecenazgo, prioridad del nuevo Secretario de Estado de Cultura

José María Lassalle (Santander, 1966), diputado por Cantabria y responsable del programa electoral en materia de Cultura del PP, accede a la Secretaría de Estado de este departamento, antes con categoría de ministerio, en una fecha muy señalada para un liberal que se precie, justo cuando estamos a punto de conmemorar el 200 aniversario de las Cortes de Cádiz y de la promulgación de la primera Constitución democrática y liberal de nuestra historia.

Lassalle llega al puesto de vice-ministro de Cultura, bajo la dirección de José Ignacio Wert, envuelto en un halo de expectación, ya que pocos puestos en el Gobierno tienen tanta exposición pública como la suya y despiertan tantas pasiones encontradas. Hereda un ministerio devaluado a Secretaría de Estado, en aras del ajuste presupuestario, marcado por la impronta de su antecesora, Ángeles González-Sinde, que puso la prioridad de su gestión en las subvenciones al mundo del cine y que, además, dio nombre a una de las iniciativas legislativas más polémicas del gobierno Zapatero, la que trataba de regular y combatir las descargas ilegales en Internet, que ha pasado a la historia como la ley Sinde.

Pero esta cartera es algo más que cine e ilícitos en Internet, de ella depende, a pesar de que muchas de sus áreas de influencia están transferidas a las comunidades autónomas, la conservación del ingente patrimonio histórico; los grandes museos nacionales en donde se exhiben verdaderas joyas de la pintura, la escultura y las artes decorativas; la todopoderosa dirección general del libro, archivos y bibliotecas; los archivos históricos, especialmente el más sensible como es el de Guerra Civil radicado en Salamanca; el teatro y las artes escénicas y, como, no, el cine y ese complejo entramado de apoyos y subvenciones que ha desvirtuado la creación para convertirla en una ventanilla de acólitos agradecidos.

José María Lassalle va a tener que hacer gala de su mejor mano izquierda para templar y mandar en una Secretaría de Estado que se enfrenta, primero, a digerir su propia organización interna en un escalón más bajo en categorías laborales y sueldos y, en segundo lugar, utilizar la regadera de las subvenciones sin que ese método aniquile el talento inherente a cualquier iniciativa en el ámbito de la cultura y la creación artística.

En tercer lugar, debe desarrollar la creación de la industria cultural española en el ámbito exterior, en un complejo encaje de bolillos con el ministerio de Asuntos Exteriores. Cesar Antonio Molina perdió esa batalla frente a Moratinos y González-Sinde se abstuvo de presentar ninguna iniciativa en este sentido, volcada como estaba en otras prioridades. Recuperar la acción cultural en el exterior  desde una secretaría de Estado se antoja harto difícil, por mucho que se pretenda, como ya ha apuntado Lasalle, hacerlo a través del buque insignia del Instituto Cervantes.

Me atrevo a vaticinar que la gestión de José María Lasalle no va a pasar inadvertida. Lasalle es un diputado con ideas propias dentro del  Partido Popular y un liberal atípico que es visto con cierto recelo por parte del ala “ortodoxa” que encabeza Esperanza Aguirre. En la batalla ideológica y personal desatada a raíz del Congreso de Valencia, Lasalle se decantó por los marianistas en un difícil equilibrio entre socialdemócratas y democratacristianos, amén de los reciclados del ala más dura del aznarismo.
Un liberal en busca de la virtud

Lasalle hace gala de un liberalismo económico que no huye de la regulación y lo ha dejado plasmado en su libro “Liberales, compromiso cívico con la virtud”. Ha sido profesor en varias universidades como la de Cantabria, CEU y Rey Juan Carlos, en la que imparte clases en la actualidad. Ha sido Director de la Fundación Carolina del Ministerio de Asuntos Exteriores, así como Secretario Nacional de Estudios del Partido Popular, Secretario Nacional de Cultura y portavoz adjunto del Cultura del Grupo Popular.

En su libro, que hoy se busca para conocer mejor al nuevo Secretario de Estado de Cultura, expone la necesidad de recuperar los principios del liberalismo del siglo XIX para volver a las ideas virtuosas de sus padres fundadores: John Locke, Adam Smith y Edmund Burke. Dice que los liberales tienen por delante  la responsabilidad de enfrentarse a sus propios fantasmas y liderar nuevamente la defensa de una política del deber, y no del beneficio. Se declara “tolerante” actitud que adquiere una seña de identidad cultural. Y  añade: “que ante la mayor crisis de las últimas décadas urge recuperar la virtud y los valores, una tarea para la que los liberales están mejor capacitados que nadie…”. Todas sus biografías destacan como un ejemplo práctico de convivencia tolerante la de su propio matrimonio con la diputada socialista (PSC) Meritxell Batet, así como sus planteamientos sobre libertades y reconocimiento de derechos individuales más próximos a la izquierda.

Su primer reto, redactar y presentar el Proyecto de ley de Mecenazgo Cultural anunciado por la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, tras el primer consejo de ministros del nuevo Gobierno, así como impulsar una política de austeridad sin estrangular muchas iniciativas culturales generadoras de empleo, que pueden verse en peligro si los recortes anunciados se aplican de forma indiscriminada. La polémica Ley Sinde puede esperar…

Jesús F. Briceño

25 diciembre, 2011 | Por Logopress - Editor | Categoría: Noticia destacada | Imprime esta noticiaEL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, OPINIÓN, NOTICIA, REPUBLICANO LIBERAL, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA, INTERNACIONAL, ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA

miércoles, 30 de noviembre de 2011

EN PARAGUAY LANZAN OBRA DE MARIANO LLANO SOBRE LIBERALES DESTACADOS (NOTICIA EN ABC)

Mariano Llano exhibe su libro durante el lanzamiento realizado anoche en nuestro diario.

El historiador y político liberal Mariano Llano lanzó anoche su libro “Los 10 Mejores 90 del Liberalismo Paraguayo”, noveno tomo de una serie que en cada edición resalta la figura de diez personajes destacados en los anales del PLRA.   

El material trae las biografías de Florencio Notario, Enrique Buzarquis, Ramiro Barboza, Juan Francisco Recalde y Guido Manuel Sisa. Así también las semblanzas de Juan Guillermo Peroni, Walterio Alder, Evelio Fernández Arévalos, Rubén Bareiro Saguier y Moisés Gómez Hansen.   

El lanzamiento se llevó a cabo en el salón auditorio del diario ABC Color ante unas 100 personas, entre ellas afiliados al PLRA y familiares de los personajes resaltados en la obra.   

Llano, desde hace años, recopila datos sobre las figuras del Partido Liberal, con el objetivo de poner dicha información al alcance del público. Su intención es dar a conocer la conducta política,  dijeron fuentes consultadas.   

El material tiene un costo de G. 100 mil y puede ser adquirido contactando a los editores al teléfono (021) 281-230, según consultas.  
29 de Noviembre de 2011 00:01

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domingo, 24 de julio de 2011

EL PARTIDO LIBERAL CUMPLE 163 LUCHANDO POR LAS LIBERTADES DE LOS COLOMBIANOS (CASO COLOMBIA)


El Liberalismo fue fundado en 1848 y desde entonces ha dado una incansable lucha por las libertades públicas, la defensa de los derechos humanos, la igualdad de oportunidades y la ampliación de la democracia
La independencia, la abolición de la esclavitud, el derecho al voto, la libre expresión, la educación pública, los derechos civiles de la mujeres, la elección popular de alcaldes y la Constitución Política de 1991, son algunos de los aportes que el Liberalismo le ha a Colombia

Este sábado 16 de julio de 2011 se cumple el aniversario número 163 del nacimiento del Partido Liberal Colombiano, colectividad que desde su origen ha liderado los procesos políticos más trascendentales en la historia de Colombia.
“A partir de 1848 los liberales hemos defendido la abolición de la esclavitud, la libertad de expresión y los derechos de los trabajadores. 163 años después, seguimos defendiendo la libertad de la ideas que son las que gobiernan”,dijo Rafael Pardo, jefe único del Liberalismo a propósito de esta conmemoración.
La historia del Partido Liberal Colombiano está ligada a la historia de las ideas liberales. El liberalismo es inicialmente una filosofía del progreso en todos sus aspectos, técnico, intelectual, moral y nace como una garantía de libertad.
Es la lucha por las libertades públicas, por los derechos humanos, por las oportunidades en igualdad de condiciones, la ampliación de la democracia. Con el liberalismo nació un nuevo vocabulario.
Los aportes del Partido Liberal en estos 163 años de historia han sido infinitos definitivos para el desarrollo de los colombianos. La independencia de Colombia en 1819, la abolición de la esclavitud en 1951, la educación pública gratuita en 1836, las luchas por la liberta de expresión 1899 – 1903, la legalización de los sindicatos en 1931, los derechos civiles de la mujer en 1932, el voto universal en 1936, los créditos de vivienda en 1940, los derechos laborales en 1942, la creación de viviendas de interés social en 1961, la creación de Pro Expo, Colcultura y Coldeportes, la lucha contra el narcotráfico en las décadas del ochenta y noventa, la elección popular de alcaldes y la Constitución Política de 1991, se convierten al algunos de las contribuciones que el Liberalismo le ha hecho al país.
Hoy, cuando el Liberalismo hace parte del acuerdo de Unidad Nacional, los colombianos cuentan con una Ley de Primer Empleo que les permite  millones de jóvenes ingresar al mercado laboral, y una la Ley de Víctimas, que busca devolverles la dignidad a más de cuatro millones de colombianos que han sufrido a causa del conflicto armado.

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