BIENVENIDOS AMIGOS PUES OTRA VENEZUELA ES POSIBLE. LUCHEMOS POR LA DEMOCRACIA LIBERAL

LA LIBERTAD, SANCHO, ES UNO DE LOS MÁS PRECIOSOS DONES QUE A LOS HOMBRES DIERON LOS CIELOS; CON ELLA NO PUEDEN IGUALARSE LOS TESOROS QUE ENCIERRAN LA TIERRA Y EL MAR: POR LA LIBERTAD, ASÍ COMO POR LA HONRA, SE PUEDE Y DEBE AVENTURAR LA VIDA. (MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA) ¡VENEZUELA SOMOS TODOS! NO DEFENDEMOS POSICIONES PARTIDISTAS. ESTAMOS CON LA AUTENTICA UNIDAD DE LA ALTERNATIVA DEMOCRATICA
Mostrando entradas con la etiqueta CATALUÑA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CATALUÑA. Mostrar todas las entradas

martes, 23 de septiembre de 2014

MIGUEL A. MEGIAS, ELLOS SIN INDEPENDENCIA; NOSOTROS SIN WHISKY

Gracias a la magia de Internet (y a mi buen dominio del inglés) he podido seguir, segundo a segundo, los resultados del referéndum del 18 de septiembre en Escocia. La BBC le dio una excelente cobertura, con varios canales de comentarios, entrevistas y resultados en vivo.

Empecemos por destacar que el conteo de las papeletas fue manual, nada electrónico, como es el estilo cada vez más enredado en Venezuela. No hubo tampoco revisión “biométrica” de los votantes (léase “captahuellas” ), ni nada que entrabara el desarrollo de la votación. Entre el cierre de urnas y el momento de la certificación de datos apenas transcurrieron unas seis horas. Y bien claritas, las cifras iban danzando, tanto para el SI, como para el NO con una descripción detallada de las boletas nulas, que generalmente eran unas pocas (“el elector marcó ambas opciones”, etc.).

Desde los primeros resultados se hizo evidente el triunfo del NO. Better together fue el lema de los que estaban en contra de la secesión de Escocia. Con el típico carácter británico, los líderes del SI, fueron aceptando sin duda ni pasión visible, su derrota. Y los ganadores, aunque jubilantes a ratos, también aceptaron, sin mayores demostraciones emocionales, su triunfo. Un limpio referéndum , con muy amplia participación, que disipó las dudas sobre la escisión de Escocia. Una vez más, fair play (juego limpio).

Ahora, los comentaros. Sin duda, había mucho en juego. Una nueva nación estuvo a punto de nacer pero con graves problemas por delante, que parece fue el argumento para el punto de quiebre de los votantes. Una Escocia que estaría fuera de la Unión Europea, fuera de la zona euro y quizás también fuera de la libra. Una Escocia que tendría que establecer sus nuevas fronteras sin la protección del denominado “espacio Schengen” (sin fronteras entre países de la Unión). A mi juicio, un país lleno de esperanzas, para algunos, pero con plomo en el ala, según otros.

Pero no todo está perdido: lo que si parece haber logrado el referéndum es garantizarle más amplias autonomías a los ciudadanos escoceses. Las cuatro naciones que conforman el Reino Unido de la Gran Bretaña (Inglaterra, Gales, Irlanda del Norte y Escocia) han salido beneficiadas, sin duda. Pues al poner el foco sobre los problemas de Escocia, se pone de relieve las carencias autonómicas de cada nación. Y aunque tienen tres administraciones descentralizadas, todavía hay muchas aspiraciones insatisfechas por parte de los parlamentos regionales.

En mi opinión, Europa ha ganado; en vez del potencial desmembramiento de una zona, el pueblo ha votado por una Unión Europea más sólida, con menos fisuras. Muchas de las aspiraciones de Escocia, Gales e Irlanda deberán ahora ser atendidas. Así lo han manifestado tanto los del SI como los del NO. Y así también lo ha sugerido, en su discurso, el primer ministro, David Cameron, refirmado posteriormente por Gordon Brown, por cierto nativo de Glasgow, lider del partido laborista y ex primer ministro de Reino Unido.

Lo peor está ahora por venir, en cuanto a Cataluña de refiere. Precisamente ese 19 de septiembre, fecha en que se hacen públicos los resultados del referéndum en Escocia, en España se viven momentos complicados. El gobierno de Cataluña ha aprobado la ley de consultas que le permitirá a Artur Mas, president de la Generalitat, convocar para el 9 de noviembre un referéndum similar al de Escocia. Según los voceros oficiales, los resultados de la consulta en Escocia no han hecho variar ni lo más mínimo las aspiraciones catalanas independentistas. A diferencia del gobierno de Inglaterra, donde se pactó su realización, en España esa posibilidad parece negada. El gobierno de Rajoy está totalmente en contra de la consulta. Su alegato está fundamentado en la propia constitución española ya que, de haber una consulta para la separación de una parte de España, todos los españoles, y no solo los afectados (catalanes, en este caso) deberían ser consultados. La Moncloa, sede del gobierno de España, prepara su ofensiva frente a la hipótesis de una consulta que, a su juicio, es ilegal y que parece que no permitirían. En semanas veremos o un choque de trenes o en su lugar, algo más razonable: permitir la consulta y confiar en el buen juicio de los ciudadanos residentes en Cataluña.

Desde mi punto de vista, es una torpeza del gobierno negarse tan categóricamente a la consulta, máxime cuando los resultados, según se ha dicho, no son vinculantes. Creemos que los catalanes razonables, que deben ser muchos, inclinarían la balanza hacia el NO, tal como ocurrió en Escocia y así se daría por terminado este capítulo independentista. Y servirá de advertencia, entre otros, a los vascos y gallegos. Nada peor que prohibir algo: más temprano que tarde harán la consulta.

Está bien comprobado históricamente que los nacionalismos no le hacen bien a los pueblos, excepto apelar a las emociones mas primigenias. Un nacionalismo irracional fue el que impulsó a un Hitler a llevar al pueblo alemán a su peor derrota en siglos. Los nacionalismos en los Balcanes condujeron a la muerte y al sufrimiento a miles de ciudadanos, como nos consta. Los nacionalismos en el medio oriente están causando dolor, tristeza y miseria a millones de seres indefensos. No hay ninguna razón para pensar que el nacionalismo catalán será diferente. Ser español y catalán -en el orden que cada quien desee ponerlo- es mucho mejor que ser catalán a secas. Creo que somos muchos los que admiramos al laborioso pueblo de Cataluña, pero eso no les otorga una virtud especial; su separación de España les traería algunos beneficios, tal vez, pero con toda seguridad muchas penurias y todo a costa de sentirse “sóc català”. Finalmente, recordemos una vez más, que fue el nacionalismo de Franco (España, una, grande, libre) lo que nos llevó a una guerra fratricida, un millón de muertes y unas heridas que aún no han sido del todo sanadas.

Los tiempos que se avecinan para los catalanes -y para todos los españoles- prometen ser complicados. La solución propuesta por el PSOE, -una España federal en vez de una España de las autonomías- no parece haber sido acogida por los líderes de Cataluña. Lloverá y escampará -nuestro ex presidente Carlos Andrés dixit- mucho en las semanas y meses por venir. Y al final, esperamos que sea el pueblo -no la clase política- el que salga beneficiado por esta confrontación.

A todas estas, en Venezuela debemos mirar estos acontecimientos con mucho interés. En el fondo, lo que está en juego es el deseo de los pueblos de autogobernarse, la necesidad de autoafirmarse y de utilizar los recursos generados en la región en bien de sus ciudadanos. Como ha dicho un comentarista, "el problema no es que nos den más sino que nos quiten menos". Sentimientos muy similares a los que recurrimos en esta región del mundo, tan bien dotada de recursos naturales y aparentemente tan escasa de talento político. El país atraviesa un empantanado presente y no se avista, en un futuro cercano, salida para el berenjenal en que estamos todos metidos, gobierno y oposición. Los radicales de lado y lado juegan a ganar como en Escocia: todo o nada. La revolución o la contra revolución. Pero a diferencia de Escocia, no hay referéndum a la vista en Venezuela que le ponga punto final a la diatriba.

Entretanto, el whisky, ese regalo de los dioses escoceses que tanto gusta al venezolano -habiendo tan excelentes rones nacionales- parece que va a escasear más que el papel sanitario: dicen las malas lenguas que con la falta de dólares para las importaciones no habrá licores en Navidad. Como dicen los guaros(1): “¡fin de mundo!”.

Veremos.

--
Nota: Se llaman “guaros” a los habitantes del Estado Lara, cuya capital es la ciudad de Barquisimeto.

Miguel A. Megias
autonomiaspoliticas@gmail.com
@mmegias

EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, ACTUALIDAD INTERNACIONAL, OPINIÓN, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, REPUBLICANISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA,ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA,CONTENIDO NOTICIOSO,

lunes, 9 de abril de 2012

JOSEP RAMONEDA / LIBERALES Y CONSERVADORES / EL LIBERALISMO ECONÓMICO SIEMPRE FUE ALGO EXTRAÑO AL UNIVERSO MENTAL TANTO DE CDC COMO DE UDC (DESDE ESPAÑA)

A medida que el proceso de globalización ha ido avanzando y la política ha perdido paulatinamente poder frente al capitalismo financiero, han ido saliendo a la luz las contradicciones entre el liberalismo económico y el conservadurismo social. Emmanuel Terray nos ofrece en Pensar a la derecha la tabla de valores de este antagonismo: movilidad y cambio frente a estabilidad; innovación frente a continuidad; nomadismo frente a enraizamiento; cosmopolitismo frente a patria; incertidumbre y riesgo frente a seguridad; consumo y hedonismo frente a moderación; competición frente a consenso.
Como alianza nacionalista, en Convergència y Unió están muy asentados los valores conservadores, que, por otra parte, son familiares a la burguesía catalana que le da respaldo. De hecho, el liberalismo económico siempre fue algo extraño al universo mental tanto de Convergència Democràtica de Cataluña, forjada en la cultura del nacionalismo socialcristiano, como de Unió Democràtica, viejo partido de tradición democratacristiana. Fue Artur Mas, cuando era el número dos del presidente Pujol, quien hizo las primeras tentativas de dar carta de naturaleza a la música liberal en Convergència. Durante los años de travesía del desierto de CiU, el liberalismo económico fue ganando terreno, entre personas próximas al actual presidente, que, además acostumbraban a conjugarlo con la apuesta por la independencia.
De modo que Convergència, como otros muchos partidos del ámbito del centro-derecho, necesita buscar fórmulas y equilibrios para que las tensiones entre los valores del liberalismo económico y los valores del conservadurismo social no generen confusión en el electorado. El PP, que introdujo el liberalismo económico en su cultura cuando Aznar hizo el baldeo general que la derecha española tenía pendiente, trató de compensar las incertidumbres, los miedos y las dudas que el cambio podía generar en sus electores con el despliegue sin complejos de un neonacionalismo español; la alianza con los obispos, con los que salieron a la calle para defender los valores de siempre, y el amparo del amigo Bush. Convergència intenta encontrar en el soberanismo el punto de engarce entre las dos sensibilidades.
Es insoportable —y degradante para las instituciones— que los gobernantes repitan cínicamente que toman medidas que no les gustan, pero que no tienen otra opción. Si de verdad lo creen así, ¿por qué no lo dejan?
Las contradicciones de valores en el seno del espacio convergente se están traduciendo en una peculiar dualidad política, cuya expresión es la tortuosa pero, de momento, inquebrantable alianza con el PP. Por un lado, la economía; por el otro lado, la política. En materia económica, la aceptación resignada de que “no hay margen” (es decir, de la impotencia de la política); el cumplimiento escrupuloso de las exigencias de los mercados (el Gobierno catalán ha sido el primero de la clase en los recortes, aun a riesgo de comprometer la tradición socialcristiana de la coalición); la alianza incondicional con las políticas de austeridad del PP (que le ha dejado solo al no atreverse con las medidas más impopulares); y la fascinación ante cualquier magnate que prometa el oro y la insolencia (la increíble negociación por Eurovegas, en que la política ha dado otro lamentable ejemplo de humillación ante el dinero). En materia política, el soberanismo; la cultura identitaria; el orden y la seguridad (con el consejero Puig como principal actor político del Gobierno), y la moderación (la bandera preferida del presidente).
Sin duda, es difícil moverse entre estas dos líneas sin caer en contradicciones. Por ejemplo, en un momento en que el PP tiene como objetivo estratégico la reespañolización de Cataluña, CiU le ha dado cuotas de poder insólitas en el campo cultural a través de la Diputación de Barcelona, de algunos Ayuntamientos, y de la Corporación Catalana de Radio y Televisión. Y el consejero Puig ha desbordado en dureza al ministro del Interior, al proponer algo tan disparatado como la limitación de un derecho fundamental —el de reunión— para combatir la llamada guerrilla urbana o antisistema.
En la medida en que las grandes decisiones económicas han escapado al control de los gobernantes, las derechas, que no muestran voluntad ni capacidad de revertir esta situación, recurrirán a la recuperación de los valores conservadores para disimular los efectos devastadores de la pérdida de poder de la política y de la austeridad. El PP lo tiene claro y ha encargado esta tarea nada menos que a Ruiz Gallardón y José Ignacio Wert, dos liberales de cupo que han resultado ser muy conservadores. Visto que la izquierda no tiene nada nuevo que ofrecer, el futuro de la democracia, con la política anegada por la impotencia, es, por lo menos, problemático. Es insoportable —y degradante para las instituciones— que los gobernantes repitan cínicamente que toman medidas que no les gustan, pero que no tienen otra opción. Si de verdad lo creen así, ¿por qué no lo dejan?

EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, OPINIÓN, NOTICIA, REPUBLICANO LIBERAL, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA, INTERNACIONAL, ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA