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miércoles, 12 de agosto de 2015

GUSTAVO CORONEL, TRES TRISTES TIGRES. PEMEX, PETROBRAS y PDVSA,

PEMEX, PETROBRAS y PDVSA, las tres empresas petroleras más grandes de América Latina están en condiciones deplorables, reafirmando mi hipótesis de que una empresa estatal de petróleo está condenada al fracaso. Esto pudiera ser una ley, con una o dos excepciones que la confirman, como es el caso de STATOIL, una empresa estatal que tiene el 33% de sus acciones en manos privadas y que además es…. Noruega, o el caso de ECOPETROL, la cual ya comienza a mostrar sus problemas estructurales. 

PEMEX

Esta empresa aporta la tercera parte de los ingresos fiscales de México y un 8% de su Producto Interno bruto, PIB. Según algunos analistas su principal problema es que el gobierno se apodera de todo su ingreso, ver: http://www.forbes.com.mx/pemex-el-lastre-de-los-problemas-financieros/. Por esa razón PEMEX se ve obligada a endeudarse para llevar a cabo sus inversiones. ¿Suena familiar a los venezolanos?
 La empresa está formada por unidades de negocios, todas las cuales pierden dinero. Solo una,  Exploración y Producción, da pequeñas utilidades. Sus paros operacionales exceden en mucho los promedios internacionales.
El problema ancestral, el pecado original de PEMEX ha sido la corrupción en sus filas. Por muchos años, y todavía es así, los sindicatos han tenido demasiada injerencia en la empresa. En una época, creo que aún sigue siendo cierto en algunos casos, los empleos en PEMEX eran vendidos por el sindicato, el cual estaba dominado por un sujeto llamado La Quina. Esta dominación sindical era producto de la ideología prevalente, ultranacionalista, de que el petróleo era de los mexicanos, que ningún “gringo” (cualquier extranjero) debía meter sus narices en ella y que los trabajadores eran el símbolo de ese nacionalismo, el cual arrancó con Lázaro Cárdenas y se convirtió en religión. Hoy PEMEX tiene una deuda de unos $100.000 millones. El prurito nacionalista ha hecho fracasar la reciente ronda de contratos con el sector privado, al establecer demandas gubernamentales totalmente irrealistas. La producción ha declinado, de 3,5 millones de barriles al día a unos 2,5 millones de barriles al día. Tiene más de 150.000 trabajadores y un pasivo laboral que supera los activos de la empresa. 
PETROBRAS

Esta empresa también nació al calor del grito: “el petróleo es nuestro”. Por años se mantuvo pequeña y modesta, hasta que decidió poner el 30% de sus acciones en la bolsa y abrirse a diferentes formas de asociación con el capital privado, lo cual sucedió principalmente durante los años del gobierno de Fernando Henrique Cardoso, 1995-2002. El descubrimiento de petróleo costa afuera culminó un período de grandes avances para la empresa. Todo parecía ir bien. Sin embargo, no contaba con el factor LULA. El gobierno de Lula da Silva permitió una simbiosis diabólica entre la política y el petróleo, la cual hizo posible el afloramiento de una gran corrupción. Hoy día el escándalo es de proporciones gigantescas., ver: http://www.nytimes.com/2015/08/09/business/international/effects-of-petrobras-scandal-leave-brazilians-lamenting-a-lost-dream.html?ref=topics&_r=0 . En este artículo muy detallado se describe el sistema de sobornos que prevalecía en la empresa. Todo comenzó en 2004 cuando un pequeño número de gerentes de la empresa se unió a un cartel de empresas contratistas para cargar sobreprecios a los programas de construcción y de servicios. El producto de este fraude gigantesco era repartido entre las contratistas, los gerentes y figuras del mundo político. Un solo empleado, Pedro Barusco, se declaró culpable de haber obtenido $100 millones.  Barusco también admitió que el partido de Lula había obtenido unos $200 millones para financiar sus campañas políticas. La presidenta de PETROBRAS durante este período era Dilma Roussef, hoy presidenta de Brasil. Como resultado de la investigación llevada a cabo por un magistrado graduado en Harvard, unos 117 gerentes y contratistas han sido acusados, cinco líderes políticos llevados a prisión y unas 13 empresas indiciadas de complicidad. Se estima que unos $3000 millones fueron a parar a estas manos. Recientemente Lula da Silva ha sido señalado como cómplice de este inmenso fraude y la presidenta Roussef enfrenta un rechazo casi unánime del país. PETROBRAS, por su parte, ha perdido la mitad de su valor en apenas un año.
¿Por qué sucedió esto?  Porque en Brasil muchos de los gerentes de la empresa petrolera son nombrados por afinidades políticas. Deben favores a quienes los ponen allí. El concepto de gerencia profesional ha desaparecido. ¿Suena familiar a los venezolanos?
PDVSA

En los últimos 16 años de desastre nacional PDVSA ha visto caer su producción en unos 800.000 barriles diarios, su exploración está paralizada, su nómina laboral incrementada de 35.000 en 1998  a 130.000 empleados y su deuda incrementada de unos $2000 millones en 1998 a unos $80.000 millones en 2015, sin contar lo que debe pagar a China en petróleo por el dinero del llamado Fondo Chino, el cual está para todo efecto práctico en cabeza de PDVSA,  ya que el pago que hace la empresa a China sobrepasa en mucho el monto de las regalías de la Nación.
La empresa hubiera perdido unos $8000 millones el año pasado de no haber sido por una maniobra contable sobre una “venta” de minas de oro  al Banco Central de Venezuela, lo cual significó un “ingreso” de $12000 millones a la empresa, dinero que no existió. 
La empresa se ha dedicado a importar comida (muchas veces ya podrida), a venderla, a sembrar yuca y criar cochinos, a construir casas chimbas y a prestar sus activos y financiar al régimen en sus campañas políticas.  La corrupción es aún mayor que la de PETROBRAS, dada la cuantía de los contratos con sobreprecios que se firman con contratistas amigos. Equipos de generación eléctrica, gabarras de perforación costa afuera, taladros fantasmas, comisiones repartidas con contratistas, estadísticas fraudulentas, forman un cuadro horroroso de corrupción e ineptitud. A diferencia de Brasil, sin embargo, ninguna de estas señales evidentes de corrupción ha sido investigada. No existe en Venezuela ningún magistrado honesto que inicie tal investigación.
************

Las historias de estas tres empresas son muy parecidas. Las tres muestran altos niveles de corrupción, baja productividad laboral, intensa contaminación política, altos niveles de endeudamiento, nóminas exageradamente altas, opacidad en sus actividades, situación financiera cercana a la quiebra, gerencia inepta empleada por razones políticas, poca capacidad tecnológica (la mejor es PETROBRAS) y ondean banderas políticas basadas en conceptos patrioteros. En el caso específico de Venezuela, en los últimos 16 años, con la excepción de Roberto Mandini y Guaicaipuro Lameda, la empresa no ha tenido ningún presidente que sea un gerente profesional sino una colección de ineptos, algunos increíblemente corrompidos, como es el caso de Rafael Ramírez. 
En base a la evidencia acumulada durante los últimos 30 años, postulo:
                La primera Ley de Coronel
Toda empresa petrolera estatal en América Latina de más de 30.000 empleados está condenada al fracaso

Gustavo Coronel
gustavocoronelg@hotmail.com

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sábado, 31 de enero de 2015

GABRIEL S. BORAGINA, ¿ESTADO "DE BIENESTAR" O CAPITALISMO?

El capitalismo no tiene nada que ver con los gobiernos. Por ende, menos tiene que ver con gobiernos "de ricos o de burócratas". Los gobiernos siempre están conformados por burócratas. Y los burócratas se hacen ricos gracias al poder del gobierno. Perennemente ha sido así, salvo honrosas excepciones. Por ello, es del todo incorrecto hablar de "gobiernos capitalistas" lo cual es una aberración ya que, por su propia naturaleza, los gobiernos son anticapitalistas en la medida que ninguno de ellos puede jamás producir absolutamente nada, y el capitalismo es un sistema de producción por encima de cualquier otra consideración.
La mayoría de las personas son ideológicamente anti-capitalistas en tanto que sostienen que "lo ideal" son modelos "intervencionistas", "mixtos", "híbridos", etc., que combinen "lo mejor" del capitalismo y del socialismo. Más allá que no puede hallarse ninguna certeza empírica sobre qué cosa podría catalogarse como "lo mejor" del socialismo, yo no conozco ningún caso de "éxito" de economías "híbridas", ni pasados ni presentes, aun cuando la mayoría de los planes económicos mundiales son de este tipo. Es decir si, son exitosos para sus burócratas, los directores al frente del gobierno y su corte de pseudo-empresarios prebendarios, pero no lo son para nadie que no forme parte de dicho círculo. A partir de la "hibridez", el nivel de vida de esos pueblos cayó en comparación al que tenían a comienzos del siglo XX. En lo que el capitalismo se respeta, pueden mostrar algunas variables positivas. Pero el balance neto es regresivo. Altas tasas fiscales son negativas respecto del nivel de vida de esos pueblos.
Se mencionan -como "modelos"- los casos de los países nórdicos, o de Europa occidental y los denominados "tigres asiáticos" como "ejemplos" de casos "exitosos" de intervencionismo económico o "mixto". Si por "éxito" lo que se quiere decir -en este contexto- es "riqueza", los datos de la historia económica nos revelan que aquellos eran mucho más ricos antes de la primera guerra mundial de lo que lo son hoy. La diferencia radica en que desde el fin de la primera guerra ha avanzado mucho el socialismo. En términos relativos, son menos ricos, aun cuando estén por encima de los países hispanoparlantes. En Latinoamérica existe más socialismo que en Europa y que en U.S.A. Por eso, es comparativamente más pobre, a pesar de sus criollos esquemas "híbridos" que los hunden más en la indigencia. En Argentina, la tasa de fiscalidad gira en torno al 45 % y cada vez hay más necesitados.
En esta línea, el "éxito" de los países europeos occidentales, los nórdicos, y asiáticos, radica en que son mas capitalistas que "híbridos", y no a la inversa. No hay un solo caso de "hibridez" exitoso. Después de la segunda guerra mundial Europa recibió un fuerte impulso económico en virtud del denominado Plan Marshall de postguerra, lo que permitió -en gran medida- la recuperación alemana y de las demás naciones devastadas por la contienda. Los fondos del "plan Marshall" fueron provistos por los contribuyentes de un país con una economía mayormente capitalista (los EEUU). Y si bien fueron otorgados a Europa por el gobierno americano, no quita su origen capitalista (capitales privados).
Lamentablemente, la inyección de capitales recibidos en Europa en virtud de dicho plan no fue adecuadamente aprovechada por los países recipiendarios, en la medida que se reemplazó el fascismo y nazismo por el "estado benefactor" o "de bienestar", no se abandonó el comunismo, ni se implantó una economía capitalista en ninguno de los países que habían estado involucrados en la conflagración. Con todo, se logró un restablecimiento importante que superó el de otras partes del mundo (exceptuando a los EEUU). Pero sería un gravísimo error creer o atribuir al intervencionismo o a la hibridez económica la reconstrucción. Por el contrario, esta se obtuvo merced a la adopción de cierto libre comercio (interno y externo) fuertes desregulaciones de precios y salarios, bajas tasas fiscales, reducción del gasto público, etc. Es decir todas medidas capitalistas.
El gobierno destruye riqueza. Jamás la crea, ni menos aun la "nivela". En el mejor de los casos, le quita a "Juan" para darle a "Pedro". Con lo cual, "Juan" pasa a ser pobre y "Pedro" rico. Es decir, es "un juego de suma cero". La redistribución (esencia del "paradigma mixto" en el que el capitalista produce lo que el gobierno reparte) no crea riqueza. A lo máximo la estanca, pero no la aumenta. Pretender lo contrario es un oxímoron. Argentina es otro ejemplo de país con una alta tasa de redistribucionismo, y a la vez una tasa creciente de pobreza. El resto de Latinoamérica no está en condiciones demasiado diferentes.
Relativo a las populares políticas redistributivas, lamentablemente, la historia no confirma la "tesis" en cuanto a que "quitarle al rico mejora al pobre". Tanto la teoría como la práctica nos dicen lo contrario. Hay suficiente evidencia empírica al respecto.
El capitalismo nada tiene que ver ni con la "autocracia" ni la "corporatocracia", porque son antiéticos estos esquemas con el capitalismo. Como explicó L. v. Mises: el capitalismo es el orden de cooperación social por excelencia, no superado por ninguno otro. El capitalismo no es un sistema político, sino económico.
Por desgracia, quedan pocos países capitalistas hoy en día. Y cada vez menos. Y no subsisten porque tengan "políticas públicas" socialistas, sino a pesar de ellas. Argentina es otro ejemplo de país con "políticas públicas" por toneladas. Y ¡cada vez es más pobre! EEUU declina en la medida que aumenta la cantidad de "políticas públicas". Y así sucede en el resto del planeta. Es una relación proporcionalmente inversa.
Nada hay "gratis" en la vida. Ni educación, ni seguro médico, ni seguro de desempleo, ni vivienda, ni préstamos. Todo tiene un costo. Nada es gratis. Seria hermoso que hubiera algo "gratis". Pero no existe. Todo eso se financia vía impuestos que pagan todos, ricos y menesterosos. Ninguno se salva de pagar impuestos. Hasta el mendigo de la calle los paga vía menor nivel de vida. Nadie se escapa de sufragar directa o indirectamente. Lo que no paga "Juan" es porque lo costeó "Pedro". Y lo que "Pedro" no solventó es porque "Juan" lo pagó. Ni Juan ni Pedro lo recibieron "gratis". Esto es una ley de la naturaleza, más que de la economía.
Gabriel Boragina
gabriel.boragina@gmail.com
@GBoragina

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miércoles, 26 de noviembre de 2014

LA CAÍDA DEL IMPERIO ROMANO POR JESÚS HUERTA DE SOTO



Enviado a nuestros correos por
Eduardo Santos
eduardosantos211@gmail.com
@edsantos211

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viernes, 11 de julio de 2014

GERMÁN GORRAIZ LÓPEZ, ¿FINIQUITO AL ESTADO ASISTENCIAL EN ESPAÑA?

Radiografía de la metástasis corrosiva del Estado de Bienestar en el Estado español.
La entrada en recesión de la economía española ha implementado el estigma de la incertidumbre y la incredulidad en una sociedad inmersa en la cultura del Estado de Bienestar del mundo occidental, derivando posteriormente en un shock traumático al constatarse el vertiginoso tránsito desde niveles de bienestar hasta la cruda realidad de la pérdida del trabajo y posterior desahucio, inmersión en umbrales de pobreza y dependencia en exclusiva de los subsidios sociales, no siendo descartable el finiquito del llamado “Estado Asistencial” en el horizonte de la próxima década.

INSTAURACIÓN DEL COPAGO SANITARIO TOTAL

El finiquito a la prescripción por principio activo en todo el Sistema Nacional de Salud, reflejado en el primer aumento tras 30 años del porcentaje que tendrán que pagar los beneficiarios de la Seguridad Social que en el caso de los jubilados con pensiones contributivas significará pagar pagar un 10% de los medicamentos, supone la desaparición de otro de los tabúes de la economía española Así, según eleconomista.es, de cada 100 euros que gastan las administraciones públicas, 52,6 euros son transferencias al sector privado, básicamente para pagar pensiones, prestaciones por desempleo y servicios sociales, citando el “Informe Económico de junio 2012” elaborado por el centro de estudios de negocios Esade, no siendo descartable la instalación del copago sanitario total en el horizonte del 2016.

Recordar que la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha advertido a los países europeos que” los recortes económicos amenazan con crear una emergencia sanitaria que, si no se ataja, tendrá graves consecuencias económicas, sociales y de salud en las próximas generaciones, por lo que España que tiene el índice de desempleo juvenil más alto de Europa (52 %), debería adoptar medidas urgentes para evitar lacras futuras”.

Sin embargo, los Presupuestos para Salud del Gobierno central y las Autonomías han experimentado una caída del 11 % desde el 2010, lo que se ha traducido en un recorte de 6.7700 millones € en inversiones (150 € menos por habitante) y que tendría su plasmación en la política de privatización de hospitales y servicios públicos, en la supresión de numerosos consultorios y servicios de guardia médica en zonas rurales que deberán desplazarse hasta los núcleos urbanos más cercanos para recibir asistencia sanitaria y en la aparición de enfermedades emergentes como la malaria o el paludismo que afectan especialmente a la población inmigrante y que en la mayoría de las Comunidades autónomas carecen del derecho a la sanidad universal y gratuita.

DESEMPLEO Y EXCLUSIÓN SOCIAL

Los datos del INE nos recuerdan que el paro de larga duración se habría multiplicado por diez desde 2008, pasando del 11% del total de parados en dicho año 2008 (242.800 personas) al 41% actual (2.419.000 parados) mientras que el número de hogares con todos sus miembros en paro se ha elevado hasta niveles insoportables y cada vez son más los parados de larga duración que pierden todo tipo de subsidio, pues aunque el Gobierno del PP ha prorrogado la ayuda del Plan Prepara debido a la presión social, incluye modificaciones sustanciales que limitarán el acceso de los parados a dichas ayudas en función de su colchón familiar. Así, la renta de todo el núcleo familiar (padres inclusive), servirá para determinar si se tiene derecho a recibir una ayuda que sube a 450 € para los parados de larga duración que tengan al menos tres familiares a su cargo, estableciéndose el listón en los 481 euros mensuales por cada miembro de la unidad familiar y quedando descartado todo solicitante que sobrepase dicha cifra.

Por otra parte, según el Consejo Económico y Social, 422.600 hogares vivían gracias a la pensión de los abuelos con ingresos medios de 840 € y que a pesar de su exigüidad, constituía hasta hoy el último salvavidas de los restos del naufragio económico español, pero teniendo en cuenta que se ha establecido por Ley un mínimo incremento de las pensiones de un 0,25 %, el colchón familiar verá reducido su grosor y se elevará el riesgo de pobreza y fractura social.

Así, según el último informe de Intermon Oxfam sobre “Crisis, desigualdad y pobreza”,se advierte que de continuar los recortes sociales, la pobreza en España podría llegar a afectar al 40 % de la población en el horizonte de la próxima década (en la actualidad, según dicha ONG, la tasa de pobreza se situaría en el 27% de la población y afectaría ya a 13 millones de personas). Finalmente, añadir que según Cáritas tres millones de personas vivirían ya en situación de "pobreza severa" (menos de 307 euros al mes) mientras el número de millonarios en España habría aumentado un 13% en el último año según datos de Eurostat, con lo que se está agudizando de forma vertiginosa una fractura social de resultados impredecibles.

¿COLAPSO DEL SISTEMA DE PENSIONES?

Según señala Joel Kotkin en la revista Forbes, durante décadas, los países del Norte (Alemania, Noruega, Suecia, Dinamarca, Holanda , Finlandia y Reino Unido), han compensado las muy bajas tasas de fecundidad y la disminución de la demanda interna con la llegada de inmigrantes y la creación de economías de orientación exportadora altamente productivas y por el contrario, los países periféricos europeos no han desarrollado unas fuertes economías que compensen su desvanecimiento demográfico al basar su economía en la llamada “dieta mediterránea” , cuyos ingredientes principales eran el “boom” urbanístico, el turismo y el consumo interno ,que creaba excelentes platos minimalistas, de apariencia altamente sugestiva y precio desorbitado pero vacíos de contenido culinario y con fecha de caducidad impresa (2008), provocado por el estallido de la burbuja inmobiliaria y el hundimiento del castillo de naipes económicos de los países PIIGS (despectiva abreviatura anglosajona que englobaría a España, Portugal, Italia, Irlanda, y Grecia) y por mimetismo de Chipre, Malta y Eslovenia.

Además, la crisis de deuda pública que sufre España ha convertido la hucha de las pensiones en un fondo de inversión de alto riesgo, por lo que es urgente culminar antes del 2015 el proceso de separación de fuentes dado que el sistema está en números rojos y carece ya de recursos suficientes para sufragar las prestaciones asistenciales (pensiones no contributivas) que perciben numerosos jubilados pese a no contar con el mínimo de años cotizados que exige la ley para tener derecho a una pensión.

Así, según el profesor del Departamento de Economía Financiera y Actuarial de la Universitat de València, Enrique Devesa, el sistema actual “presenta falta de sostenibilidad porque la Seguridad Social ofrece una rentabilidad promedio a todos los cotizantes de casi un 4,5%, lo que significa que las pensiones son elevadas respecto a las cotizaciones que se efectúan al sistema” y por su parte José Ramón Urrutia declara que “muchos menos cotizantes con salarios más bajos, hacen que los ingresos vayan cayendo y los gastos en pensiones subiendo más del 4% por los nuevos jubilados provocará que el déficit de la Seguridad Social en el 2014 ronde los 10.000 millones de euros”.

La OCDE recomendó “retrasar la edad de jubilación más allá de los 67 años e incentivar las pensiones privadas, incluso con carácter obligatorio, porque prevé que en el futuro se reducirán los beneficios de los sistemas públicos” en un estudio dedicado a analizar las reformas que se han llevado a cabo en los últimos años, pero a pesar de ello y según el Instituto Nacional de Estadística (tomando como fuente Eurostat), el peso sobre el PIB del gasto total en pensiones se ha mantenido estable entre 1990 y 2007, pasando de un 9,1% a un 9%, con un pico del 10,3% en 1996.

Por otra parte y según el pais.com, la pensión pública en España equivale al 81,2 % del último salario percibido frente al 42,2 % de media de la OCDE, lo que explicaría el desinterés de los españoles por invertir en Fondos de Pensiones (el 8,2 % del PIB frente al 30, 7% de media en la UE), por lo que desde las esferas del Gobierno se intentará convencer a la ciudadanía que para garantizar el nivel de vida de los futuros pensionista se deberá complementar “el sistema de reparto”, fomentando el SPP (Sistema Privado de Inversiones) según las posibilidades de cada ciudadano, lo que permitiría que cada trabajador se asegurara la pensión deseada en el momento de su jubilación.

Además, el Instituto Nacional de Estadística (INE) prevé que el país pierda un millón de habitantes en la próxima década, una tendencia que va a empeorar a medida que la generación del “baby-boom” comience a fallecer, dibujándose un escenario insostenible para el 2021 en que la “tasa de dependencia” según el INE, crecerá en un 57%, (lo que supone que habrá seis personas inactivas ya sea jubilados, parados o estudiantes por cada persona activa), lo que hará inevitable el agotamiento de los fondos de la llamada “hucha de las pensiones” (estimados en la actualidad en 50.000 millones €) en el horizonte del 2020.

Asimismo, el Gobierno preparará el enésimo Plan para aflorar la economía sumergida pues según un informe elaborado por el instituto Tax Research (que intenta cuantificar la economía sumergida y los ingresos que pierden los Estados por culpa del fraude fiscal), la economía sumergida en España representa el 22,5% del PIB nacional y si este montante de dinero tributara, el Estado podría recaudar 72.709 millones de euros anuales, con lo que España sería capaz de absorber su deuda pública en 8 años según los autores del informe “Closing The European Tax Gap” encargado por el Grupo de los Socialistas y Demócratas en el Parlamento Europeo para analizar la economía sumergida en cada uno de los países de la Unión Europea, de lo que se deduce la necesidad urgente de un nuevo Pacto de Toledo consensuado entre Gobierno, Oposición, Patronal y Sindicatos para consensuar los mínimos asistenciales, las fuentes de financiación y el calendario de aplicación de dicho pacto con el objetivo inequívoco de evitar el colapso de la Seguridad Social en el horizonte del 2021.

¿RIESGO DE ESTALLIDO SOCIAL?

Según José Miguel de Elías, director adjunto de la empresa de investigación de mercados y opinión pública Sigma 2, “la ciudadanía sabe que las élites políticas y financieras provocaron la crisis, fueron los beneficiarios de ella, son cómplices en su desarrollo y encubrimiento, y ahora tratan de eludir responsabilidades”. Recordar que el salario mínimo estaría congelado en los 3,91 €/hora mientras el de un diputado o senador con dietas y otras prebendas podría llegar a los 6.500 €/ mes y que según un estudio de la consultora de recursos humanos ICSA y el portal Laboris.net, los directivos españoles ganarían de media, 173.000 euros brutos anuales y el 10% de los directores generales mejor pagados de las grandes empresas más de 235.000 euros brutos.

En estas circunstancias, De Elías presagia un estallido social, pues “en España se darían ya todas las condiciones de grave deterioro social, necesarias y suficientes para el estallido social: altísimo paro juvenil y de larga duración, población inmigrante en paro y/o exclusión social creciente, marginación ascendente, exclusión en alza, precariedad laboral en ascenso y falta de mínimos personales vitales en nuevos sectores sociales, de lo que sería paradigma una población carencial de más de un tercio de la ciudadanía”.

Germán Gorraiz López
@ggorraiz

Gabriel Gasave
ggasave@independent.org
@ElIndependent
http://independent.typepad.com/elindependent/2014/07/finiquito-al-estado-asistencial-en-espa%C3%B1a.html

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martes, 12 de noviembre de 2013

GABRIEL S. BORAGINA, EL "ESTADO DE BIENESTAR"

El intervencionismo estatal ha venido adoptando, en modo creciente, muchísimas formas y medios de implementarse a través de las épocas, pero, sin lugar a dudas, una de las más populares -o quizás la más popular de todas- es el llamado "estado de bienestar" o también "estado benefactor", modelo intervencionista al que aspira llegar la mayoría de los gobiernos del mundo, sino todos.
Uno de los Padres Fundadores de los EEUU -Thomas Jefferson- consideraba que este tipo de intervencionismo era contrario a la Constitución que se estaba gestando:
"Muy posteriormente, algunos de los personajes clave que apoyaron el New Deal también reconocieron que la emergencia del estado de bienestar era inconstitucional. Incluso, en 1935, Franklin Roosevelt escribió al presidente del House Ways and Means Committee diciendo que esperaba que el Comité no tenga dudas, que admite son razonables, sobre la constitucionalidad para bloquear la legislación sugerida. En el mismo sentido, uno de los principales arquitectos del New Deal, Rexford Guy Tugwell, en 1968 observó: “Para extender esas políticas del New Deal, hubieron muchas interpretaciones de un documento (i.e., la Constitución) orientadas a prevenirlas”.[1]
El "estado de bienestar" crea un sin fin de efectos contrarios a los objetivos que los teóricos de dicho "estado" dicen querer obtener, y las consecuencias de su aplicación empeora la condición de las personas a las que con la misma se procuraba "beneficiar":
"Kochan muestra que la seguridad social, beneficios por desempleo, subsidios corporativos, subsidios agrícolas, vivienda pública e innumerables manifestaciones del estado de bienestar son todas transferencias coercitivas que imponen un impuesto sobre los contribuyentes. Inclusive, muchos de los beneficiarios no son pobres ni necesitados, pero han aprendido a jugar el juego político suficientemente bien para obtener grandes montos del gobierno. Esto no sólo afecta la libertad individual, sino que también incrementa el número de problemas burocráticos. Los programas del gobierno crean dependencia, defectuosos incentivos y son demasiado amplios y generalizados para asignar recursos efectivamente. Lastiman más de lo que ayudan."[2]
Aun cuando en el muy corto plazo pueden "beneficiar" a un escaso número de personas, los incentivos que crean en estas, forjan en esas mismas personas (y en muchas otras) una demanda constante y –sobre todo- creciente por mas y mayores prebendas y privilegios y -con el tiempo- en cantidades y calidades cada vez mayores.
"El desarrollo del “estado de bienestar” implicó que el estado asumiera funciones que hasta el momento eran realizadas por individuos y asociaciones voluntarias. El gobierno fue adquiriendo mayores funciones en cuestiones tales como la salud, la educación y la ayuda a los más necesitados, y en consecuencia, para financiar estas funciones debió incrementar los niveles impositivos. Tomando como acontecimiento clave el New Deal lanzado por Franklin Delano Roosevelt en 1932, el estado no cesó de entrometerse en un ámbito predominantemente privado, desligando a los ciudadanos de su responsabilidad por los menos afortunados. Como hemos dicho incluso algunos de los personajes clave que apoyaron el New Deal reconocieron la inconstitucionalidad del “estado de bienestar” ya que violaba los estrictos límites que la Constitución había puesto a la injerencia del gobierno en la vida de los individuos y ya hemos citado el propio reconocimiento del Presidente Roosevelt en este sentido."[3]
Pero esta lamentable situación no se limitó, ni mucho menos, a los EEUU, sino que –posteriormente, con el tiempo- cada vez más cantidad de gobiernos, de diferentes puntos del orbe, quisieron imitar el "modelo" norteamericano de Roosevelt, ya que fundamentalmente permitía a esos gobiernos hacerse de mayores recursos económicos para controlarlos en forma cada vez más arbitraria.
"La popularidad de la teoría socialista fue borrando lentamente aquel concepto originario de la ambición como motor de la sociedad y comenzó a predominar en la percepción de los habitantes otro por el cual el “egoísmo individual y empresario” afectaba negativamente los intereses de la nación. Gradualmente, se fue gestando el caldo de cultivo que permitiera obtener el consenso político para la profundización del “estado de bienestar”. Dice Ralph Raimi que las palabras “caridad” y “generosidad”, características de la beneficencia privada, fueron reemplazadas por otras tales como “programas federales”, “fondos federales” y “ayuda”, utilizadas por quienes están en el “negocio” de ayudar gente con fondos públicos."[4]
Hubo pues un trastrocamiento de los valores morales que el intervencionismo que comentamos ocasionó. El "estado de bienestar" comenzó a originar un "ejercito" cada vez más grande de menesterosos mendicantes ansiosos de vivir todos "a costilla" del "estado providencia", todos ellos con la expectativa de recibir oportunamente su dádiva de cada día.
Con todo, la situación en los EEUU no parece ser peor que en la del resto del mundo:
"A pesar de los profundos desincentivos generados por la emergencia del “estado de bienestar”, la actividad benéfica en los Estados Unidos continúa siendo sorprendentemente superior a la del resto del mundo, lo cual evidencia el profundo arraigo de estas prácticas en el espíritu de la población debido al clima de libertad y correlativa responsabilidad que aún prevalece. Un cuadro elaborado por Mario Roitter muestra la preeminencia de la beneficencia que aún conservan los Estados Unidos en este tema respecto a otros países, asignando un 2.2% de su Producto Bruto Interno y 490.6 dólares per capita anuales a este tipo de actividades."[5]
Por supuesto que el "estado de bienestar", además de todos los efectos negativos que promueve y desencadena, es una fuente constante y permanente de la corrupción mas atroz. Esto es lo que sucede en países subdesarrollados como Argentina con los Kirchner, Bolivia con Evo Morales, Ecuador con Correa, la Venezuela del comunismo castrochavista, Nicaragua sandinista y otras naciones del continente americano y también europeo.

[1] Alberto Benegas Lynch (h) – Martin Krause. En defensa de los más necesitados. Editorial Atlántida. Buenos Aires, pág. 259.
[2] Benegas Lynch (h) y Krause. En defensa....Ob. Cit. Pág. 259 y 260
[3] Benegas Lynch (h) y Krause. En defensa....Ob. Cit. Pág. 282
[4] Benegas Lynch (h) y Krause. En defensa....Ob. Cit. Pág. 282 y 283
[5] Benegas Lynch (h) y Krause. En defensa....Ob. Cit. Pág. 287 y 288.

Gabriel S. Boragina   

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lunes, 5 de agosto de 2013

ALBERTO MEDINA MÉNDEZ, LA PROCAZ DOCTRINA DEL CHANTAJE. INTERVENCIONISMO ESTATAL

El populismo demagógico lleva décadas estimulando la ilusión del Estado del bienestar. Prevalece allí un sistema mercantilista, en el que se enriquecen funcionarios corruptos y esos que reciben prebendas desde el poder.

De la mano de un creciente intervencionismo estatal, han logrado una significativa concentración del poder. Lo consiguieron con una deformación del régimen impositivo, que centraliza recursos, quitar autonomía a las provincias y ciudades, violando el espíritu federal de la Constitución.

El esquema político ha sido funcional a este presente. Se han sucedido en forma intermitente, salvo honrosas excepciones, líderes mesiánicos y gobiernos cívico - militares que recorrieron idéntico camino, construyendo este engendro que sigue vigente como paradigma del poder.

La característica principal es la presencia de un Estado central gigante, omnipresente, pero también arbitrario, ineficaz y corrupto, que se apropia de la inmensa mayoría de los recursos al recaudar y disponer sin criterio de los impuestos que pagan todos, que utiliza el monopolio de la emisión monetaria a discreción y manipula cualquier negociación de endeudamiento.

Esta modalidad no se construyó hace semanas, sino que lleva décadas progresando, a veces gradualmente y en otras ocasiones, creciendo vertiginosamente. Bajo esa dinámica, mutó del estado federal al unitario, de un conjunto de provincias y ciudades que tenían la voluntad política de buscar un destino común, a este presente con una nación poderosa que somete a las provincias, bajo el yugo de la redistribución económica.

Los intendentes aliados, los gobernadores amigos, hasta los candidatos del oficialismo, gozan del privilegio del financiamiento ilimitado. El partido del gobierno usa la caja del Estado como si fuera propia y arbitrariamente decide a que ciudades y provincias ayudar, a que dirigente político apuntalar, hacia donde direccionar esfuerzos, como si ese dinero le perteneciera a la facción mayoritaria del poder.

Ya ni siquiera intenta disimularlo. Se hace a cara descubierta y hasta se dice a viva voz sin pudor alguno, que para que los fondos públicos lleguen a una ciudad o provincia, solo hay que apoyar electoralmente al candidato del color partidario del gobierno central.

Se trata de un mecanismo extorsivo, pero que cuenta ahora con el agravante de haberse naturalizado, de no tener siquiera un reproche moral por parte de los votantes. No es una casualidad, sino una filosofía política, que consiste en acumular dineros públicos, mediante el voraz saqueo a los ciudadanos, para luego utilizarlos en provecho propio del poder y chantajear a todos diciéndoles que ese dinero fluirá SOLO si ellos se someten electoralmente ungiendo al personaje indicado por el gobierno.

Los votantes, en ese esquema, son llevados a la posición de rehén. Sus opciones son avenirse a lo que plantea el poder, o ser habitantes de segunda como castigo por no avalar al candidato oficial.

Es grave que un inescrupuloso político lo proponga y que una banda de aduladores aplauda estas indecentes prácticas, pero más trágico es que un grupo de ciudadanos tan numeroso actúe en consecuencia, siendo funcional, para claudicar mansamente a esa inmoral propuesta.

Hacerlo, doblegarse con tanto servilismo utilitario, darle entidad lógica a esa indecente proposición política implica la negación de la dignidad, la prostitución de las ideas, donde se canjean favores económicos a cambio de hacer lo incorrecto, forzando la voluntad de los ciudadanos.

No es un caso aislado, se ha convertido definitivamente en una forma de hacer política, demasiado frecuente, extremadamente popularizada y que parece haber llegado para quedarse.

Los ciudadanos tendrán que comprender que si le fijan precio a sus creencias, serán objetos de uso y material de descarte de una casta política que demuestra su vocación de utilizarlos para sus fines, sin que importen demasiado sus verdaderos intereses y genuinas preocupaciones. Esta forma de hacer política, se está convirtiendo en una regla de juego sin discusión, una pauta incuestionable, un dato de la realidad.

Pero existe un modo concreto de enfrentarlo, que es tener algo de dignidad, asumir que los seres humanos y nuestras convicciones personales no son una mercadería que pueda ser adquirida a la vuelta de la esquina. Para eso resulta vital entender lo que pasa y no estimular con el voto este hábito. Si los votantes deciden acompañar este indecente ejercicio político se convierten en cómplices de la corrupción y en parte vital del sistema que tantas veces critican pero finamente convalidan con acciones concretas.

Es tiempo de repensar la política. Sus actores avanzan siempre que tienen respaldo electoral para hacerlo. Si no se tiene la dignidad cívica suficiente para no dejarse extorsionar, se pierde la autoridad moral para cuestionar al régimen. Mientras tanto se asiste al patético espectáculo que ha montado la procaz doctrina del chantaje.

Twitter: @amedinamendez
albertomedinamendez@gmail.com



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lunes, 18 de marzo de 2013

ASOCIACIÓN DE JÓVENES PARA EL DESARROLLO (ASOJOD), ESTADO ASISTENCIAL E IGLESIA, DESDE COSTA RICA

Muchas ocasiones los liberales somos acusados injustamente de estar en contra de la redistribución, solidaridad y caridad. Afirmación, que resulta por una incomprensión de la doctrina liberal. Ya que en realidad la oposición no2 se refiere a dichas acciones propiamente, sino el sujeto o institución social a través de quien se ejecutan y materializan. Veamos.
Nuestra oposición se refiere únicamente a que dichas actividades sean desarrolladas por medio del Estado. Este reproche se funda en razón de que el Estado es el instrumento de violencia institucionalizada, del monopolio de la coacción y que por ello sus potestades de imperio no pueden servir para instrumentalizar a los individuos y obligarlos a perseguir acciones (por más bondadosas que sean) que no deseen. Lo anterior, no obsta a que otros grupos e instituciones sociales  promuevan tan nobles virtudes, tales como: Iglesias, ONGS, Asociación de vecinos, familias, amistades, etc.
Precisamente, este es el sentido de las palabras del nuevo Papa: “una Iglesia pobre para los pobres”, definitivamente ese debe ser el objetivo de este tipo de instituciones. Por ello, nunca logramos entender por qué toda la institucionalidad de la Iglesia siempre anda pidiendo que sea el Estado que se encargue de estos asuntos, cuando son ellos así como otras instituciones de bien social las llamadas a cumplir con dicho rol dentro de la sociedad.
Lo anterior, no es una diferencia menor. Ya que los liberales estamos convencidos que la caridad privada siempre va ser más efectiva que la caridad pública, por dos razones básicas: 1) No puede ser corrompida para propósitos electorales, clientelistas o de aspiraciones personales de poder, 2) Sin duda, el trato humano directo es más cálido que recibir un cheque de una institución estatal, es decir, ese contacto frente a frente entre el voluntario y el necesitado produce a nivel de tejido social una vinculación y sentido de esperanza mucho más sólido que el que cualquier programa asistencial estatal pueda generar.
Así, no cabe duda de la importancia que recae sobre los individuos como actores sociales activos, involucrados en los más distintos ámbitos de la vida social, si descuidamos esos espacios siempre habrá un megalómano en el poder listo para ocuparlos para su beneficio personal.
asojodcr.info@gmail.com
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lunes, 19 de noviembre de 2012

NELSON MAICA C., BASES DEL LIBERALISMO 8, POLÍTICA

Nota 8. Seguimos. 
Con la finalidad de evitar otros riesgos se ha propuesto, por parte de algunos teóricos, una estrategia, tal vez, más ajustada al ámbito de la teoría, la que, siguiendo a William H. Hutt, vamos a denominar estrategia dual y que consiste básicamente en lo siguiente:
“Por un lado, deberá continuarse el estudio de los principios esenciales de la teoría liberal y sus consecuencias, definiendo sin compromiso alguno cuáles son los objetivos finales que se pretende conseguir a largo plazo y las implicaciones teóricas esenciales de los mismos”.
“Por otro lado, y a más corto plazo, puede y debe diseñarse una política de acercamiento gradual hacia dichos objetivos con la condición de que la misma sea siempre coherente con los mismos. Habrán de evitarse, por tanto, soluciones de compromiso que vayan en la dirección opuesta a los objetivos prefijados o que oculten o confundan en mayor o menor medida a la ciudadanía sobre cuáles son los objetivos finales y sus implicaciones (error, este último, en el que, como hemos dicho, a menudo ha caído la Escuela de Chicago). Solamente esta estrategia puede hacer posible alcanzar políticamente a medio y a largo plazo lo que quizá hoy parezca muy difícil de lograr”. Citas de William H. Hutt, Polttically ¿Impossible?, The Instituto of Economic Affairs, Londres, 1971; existe una traducción española publicada con el título de El economista y la política: ensayos sobre la “imposibilidad política” del análisis económico, Unión Editorial, Madrid 1975.
Los puntos esenciales, para este teórico, de una estrategia dual que ha de desarrollar todo luchador por la libertad han de ser, por tanto, los siguientes:
a)      Estudiar con tesón y constancia los principios teóricos y las consecuencias últimas derivadas de los mismos, sin hacer concesión alguna a las exigencias políticas a corto plazo.
b)      Manteniendo con carácter irrenunciable la actividad anterior, realizar una labor de educación y divulgación ciudadana sobre cuáles son los principios teóricos esenciales y sus implicaciones.
c)      Sin perder de vista cuáles son los objetivos últimos y sus implicaciones, ni abandonar la labor de educación y divulgación, diseñar teóricamente procesos de transición alternativos que, sin violar en ningún caso los principios teóricos, vayan siempre dirigidos en la buena dirección. (Se trata, en suma, de seguir la recomendación del Premio Nóbel de Econo¬mía James M. Buchanan, en relación con la necesaria búsqueda teórica de caminos alternativos para desmantelar el Estado de Bienestar: “political economists fulfil their proper role when they can show politicians that there do exist ways to cióse down the excesses of the welfare state without involving default on the contracts that this state has obliged itself to. This approach to reform not oniy meets ordinary precepts of fairness; it aiso facilitates the political leaders’ task of organising the consensus necessary to allow any institutional changes to be made at all”. James B. Buchanan, Dismantling the Welfare State, cap., XVI de Liberty, Market and State, Harvester Press, Gran Bretaña, 1986, p. 184.).
d)      Si es ineludible aceptar un compromiso político a corto plazo, éste siempre habrá de pasar la prueba de que no se violen los principios esenciales (es decir, que el compromiso nunca suponga un alejamiento de los mismos). Además habrá que explicar a la ciudadanía que se trata de una concesión o compromiso efectuado a corto plazo por exigencia de las circunstancias políticas, y no de una prescripción teórica que sea consecuencia lógica e inevitable del ideario liberal. (Solamente una actividad a nivel teórico que siga siempre y a rajatabla estas prescripciones puede evitar el riesgo más peligroso de toda estrategia liberal, y que no es otro que el de caer en el pragmatismo político del día a día olvidando, ante los afanes y dificultades que agobian al que tiene que tomar decisiones políticas a corto plazo, cuáles son los objetivos últimos que se deberían conseguir, en virtud de la supuesta imposibilidad política de su logro).
El pragmatismo es un vicio peligroso para un liberal, y en el pasado ha tenido efectos devastadores sobre la ideología liberal, motivando sistemáticamente que por conseguir o mantener el poder se hayan consensuado y adoptado decisiones políticas que en muchos casos eran esencialmente incoherentes (es decir, que iban en una dirección contraria) con los que deberían haber sido los objetivos últimos a perseguir desde el punto de vista liberal.
Además, la exclusiva discusión de lo que era políticamente factible a muy corto plazo, y el hecho de que los propios científicos relegaran a un segundo plano e incluso olvidaran totalmente los objetivos finales, ha impedido en muchas ocasiones que se efectuase un estudio detenido de los principios teóricos, así como el necesario proceso de divulgación de los mismos.
Todo esto ha motivado en el pasado una continua pérdida de contenido en la ideología liberal, que en muchos casos ha quedado totalmente desdibujada y diluida en otros programas, intere¬ses e ideologías.
Afortunadamente, las circunstancias han cambiado y los teóricos liberales han vuelto a la ofensiva, estudiando los principios teóricos más puros y divulgando su contenido e implicaciones a nivel popular, lo cual explica el resurgir y el renovado impulso que la economía de mercado y el liberalismo en general están teniendo en todo el mundo.
Además, el hecho de que esta estrategia haya sido básicamente seguida por los miembros de la denominada Escuela Austriaca de Economía, explica por qué la misma, a pesar de su carác¬ter elitista y relativamente minoritario, ha tomado el testigo del liderazgo del liberalismo teórico en el mundo, arrebatando la iniciativa del impulso teórico liberal a los miembros de la Escuela de Chicago.
Y es que, hoy en día, son los teóricos de la Escuela Austriaca los que fijan e impulsan la agenda del movimiento liberal, incluso a corto plazo, precisamente en virtud de la mayor seguridad y convencimiento que tienen sobre los principios teóricos que defienden y sus implicaciones, y de la que suelen carecer sus a menudo incómodos “compañeros” de la Escuela de Chicago. (Se ha intentado aplicar con rigor los principios de esta estrategia dual que se recomienda, en el ámbito concreto del análisis de la crisis y reforma de la seguridad social, en el trabajo «The Crisis and Reform of Social Security: An Economic Ana-lysis from the Austrian Perspective», Journal des Economistes et des Etudes Humaines, vol. V., n.° 1, París y Aix-en-Provence, marzo de 1994, pp. 127-155).
Tips:
•        ¿Estado comunal? ¿Los países mas desarrollados del mundo son estados comunales? ¿Los estados en vías de desarrollo hoy son estados comunales? ¿Los estados comunistas son estados comunales, hoy? ¿Los estados del bienestar, son estados comunales? ¿Hasta donde la locura y la insensatez? ¿Hasta cuando lo permitimos?
•        ¿Estado personal? ¿Confusión de instituciones con personas? ¿El Estado como un instrumento para servirle únicamente a quien lo usa? ¿El Estado que es propietario del capital y quiere ser también propietario de los trabajadores? ¿Parecido a una plantación de algodón, ca;a, con esclavos, ya conocida, como la isla de la felicidad en el caribe?
•        ¿Ubicación? ¿Estamos dentro de un estado o fuera de el o pasamos a una prisión denominada estado comunal? ¿La lucha, la finalidad roja es contra el estado para transformarlo en una prisión estado? ¿Si no estamos y/o pertenecemos a un estado, donde estamos? ¿Qué paso con el territorio, con la población, con el gobierno, con la actividad, con la libertad, con la gestión, con las supuestas instituciones, valores, acciones, relaciones, etc.? ¿Todo quedo en nada? Esto es la nada.
•        A esta hora, en este tiempo, parece que pasan a valer más las acciones de la resistencia y de la oposición que sus opiniones, cartas, declaraciones, etc.… pero,…. ¿Quién y/o quienes actúan? ¿Quién se pone adelante, como se pregunta en el llano? ¿Quién conduce la manada?
•        ¿Luego de 13 a;os en el gobierno, quien será, a quien le echaran la culpa, de la falta de materias primas?
•        ¿Luego de tanta promesa, cambios de funcionarios, apuntalamiento económico anunciado con fanfarria, la corporación eléctrica no es viable financieramente? ¿Por qué y para que se desmantelo la organización eléctrica anterior? ¿Para destruirla igual que las otras industrias, como las de Guayana? ¿A quien le echaran la culpa?
•        ¿Hasta cuando el control de cambio? ¿Por qué el pueblo no puede usar la moneda que le convenga libremente? ¿Por qué no existe libre circulación y mercado de monedas en el país? ¿Por qué y hasta cuando la estafa a la población?

“Perdemos la libertad una vez que la gente llega a creer que el fin justifica los medios”.
Paul Craig Roberts, 1939-, economista y periodista estadounidense.-


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jueves, 2 de agosto de 2012

ROGELIO ALANIZ, ESTADO DE BIENESTAR O POPULISMO CRIOLLO, DESDE ARGENTINA,

Tábano Informa

El Litoral (SFe) - 29-Jul-12 - Opinión

http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2012/07/28/opinion/OPIN-04.html

Crónica política
¿Estado de bienestar o populismo criollo?

por Rogelio Alaniz

¿Estado de bienestar o populismo criollo? Las diferencias son evidentes en cualquier parte del mundo, menos en la Argentina. La ignorancia, la mala fe, la alienación ideológica, suelen hacer su trabajo. Estado de bienestar y populismo criollo aluden a modelos de sociedades antagónicas. Las similitudes, si existen, sólo lo son en las apariencias, en la confusión que generan las consignas manipuladas, en el esfuerzo deliberado por confundir la virtud con el vicio, la justicia social con la demagogia o la preocupación por valorizar a los pobres con el afán por valerse de los pobres.

Convengamos que el concepto “Estado de bienestar” posee un bien ganado prestigio histórico. En Europa se habla de ”los gloriosos treinta años”, para referirse al período transcurrido entre 1945 y 1975, cuando las contradicciones sociales y políticas que parecían irreconciliables pudieron procesarse sin perder su naturaleza contradictoria. Dicho de una manera conceptual, puede postularse que el Estado de bienestar se propuso resolver el antagonismo existente entre los principios de justicia y libertad o entre acumulación y distribución de la riqueza.

Los antecedentes de esta experiencia histórica pueden rastrearse en las iniciativas de Bismarck o los ensayos del laborismo británico y el socialismo democrático de los países escandinavos. El llamado “Nuevo trato” de Franklin Delano Roosevelt apuntaba en esa dirección, y algo parecido puede decirse de la experiencia “batllista” de Uruguay, experiencia digna de tener en cuenta, porque allí se probó que las reformas políticas y sociales eran posibles sin sacrificar la democracia, el régimen de propiedad y las instituciones republicanas. El “batllismo” oriental, en ese sentido, fue una experiencia de avanzada en estas tierras, una experiencia que se contrasta con ese otro modelo de poder que fueron las dictaduras bananeras, o sus primos hermanos políticos: los caudillos populistas.

De todos modos, no es casual que, a la efectiva mayoría de edad, los Estados de bienestar la hayan adquirido luego de la Segunda Guerra Mundial, con el auge de las ideas keynesianas y la derrota de las dos grandes experiencias totalitarias del siglo veinte: el comunismo y el fascismo. Nunca sabremos si las clases propietarias de entonces accedieron a ese modelo de sociedad porque eran sabias y sensibles. O, por qué no, miedosas, miedosas a la posibilidad real del avance del comunismo. A favor de ellas puede decirse que en lugar de optar por la dictadura, la represión o el genocidio, lo hicieron por la democracia y por la certeza de que al comunismo se lo derrotaba, como efectivamente sucedió, con más justicia y más democracia.

De todos modos, lo cierto es que el pacto entre un movimiento obrero que renunciaba a la revolución social, pero no a los derechos de los trabajadores y una burguesía que aceptaba consagrar esos derechos, fue efectivo y se tradujo en instituciones que establecieron derechos universales. Las consecuencias fueron visibles: mejores salarios, calidad educativa, servicios de salud y libertades civiles y políticas. Los errores no estuvieron ausentes, porque la perfección no existe en política.

¿Qué tiene que ver esto con nuestros populismos criollos y sus caudillos tropicales o líderes autoritarios enriquecidos, viciosos y narcisistas? ¿qué tienen que ver un José Batlle, un Felipe González, un Willy Brandt, un Ricardo Lagos o un Henrique Cardoso, con personajes como Chávez, Ortega, Correa o los Kirchner? ¿qué relaciones se pueden establecer con sociedades donde rige el Estado de derecho, la economía social de mercado, las instituciones republicanas y las libertades civiles, con regímenes que desconocen deliberadamente las leyes de la economía, desprecian a las instituciones republicanas y polarizan a la sociedad en antagonismos irreductibles? Nada. O casi nada.

Puede que algunos populistas se propongan sinceramente beneficiar al “pueblo”, pero esas buenas intenciones chocan periódicamente con concepciones ideológicas retrógradas, con un concepto de “pueblo” mitificado y en la mayoría de los casos más cercano al ideario fascista o comunista que a una versión democrática y abierta. Nunca lo olvidemos: para el populismo criollo el “pueblo” es siempre una masa orgánica, indiferenciada que delega el poder en el caudillo que lo interpreta y lo conduce. En esta versión, las clases sociales no existen, como tampoco existe el pluralismo, porque reconocerlo significaría admitir las diferencias, el debate y la alternancia, categorías que todos los populismos rechazan a libro cerrado.

En los Estados de bienestar se habla de bienestar del pueblo, valga la redundancia, mientras que los populismos se habla de felicidad, ese adjetivo tan caro a los demagogos de todos los tiempos. La diferencia entre bienestar y felicidad no es semántica. El bienestar refiere a políticas públicas, la felicidad a estados subjetivos. Para un socialdemócrata o un liberal avanzado, la felicidad es cosa de cada uno, pertenece al ámbito privado, mientras que para el populismo la felicidad es cosa de los gobernantes o, para ser más preciso, de la manipulación de los gobernantes.

Tres principios guían los fundamentos del Estado de bienestar: sustentabilidad, legalidad e institucionalidad. Ninguno de estos principios están presentes en el populismo criollo. Al desprecio de la economía, el populismo le suma el desprecio a las leyes de la república y el rechazo a cualquier forma de legitimidad política. Los Estados de bienestar se construyeron a través de arduas negociaciones parlamentarias y corporativas, negociaciones que concluyeron con acuerdos mayoritarios y se cristalizaron en instituciones destinadas a prestar servicios universales.

A estos valores y servicios el populismo criollo le opone el clientelismo, el nepotismo, el patrimonialismo y el prebendalismo. Mientras el Estado de bienestar trabaja en el mediano y largo plazo, el populismo es hijo de la coyuntura y nunca va más allá de ella. Los Estados de bienestar se proponen la inclusión social y política; el populismo es faccioso por definición; agita fantasmas, inventa enemigos, atiza diferencias y convoca a las multitudes a librar batallas imaginarias. Detrás de toda esa retórica brilla incandescente la ambición del líder o el déspota.

Los procedimientos del Estado de bienestar son democráticos e institucionales; las libertades funcionan, los partidos políticos son los espacios reales de la democracia representativa y la alternancia es una realidad. Basta echar una mirada a la Argentina kirchnerista o la Venezuela chavista, para apreciar las diferencias: libertades amenazadas, partidos políticos postrados, instituciones devaluadas y corrompidas. Lo grave, en todos estos casos, es que esta decadencia no es producto de la casualidad o la mala suerte, sino de políticas deliberadas y de políticos que se benefician con ese estado de cosas.

El Estado de bienestar presta servicios universales sobre la base conceptual de que toda persona vale y toda persona merece la oportunidad de mejorar su calidad de vida en sociedades con movilidad social ascendente. En el populismo criollo, la apelación al pueblo suele ser un recurso demagógico asentado en una visión ideológica inmovilista y reaccionaria. Los pobres en el populismo no son sujetos, sino objetos, objetos de manipulación del líder.

A las asignaciones universales, el populismo le opone la asignación privada o facciosa. El pobre no es un ciudadano digno de ejercer sus derechos, sino un “grasita” al que hay que atenderlo para que nunca deje de ser pobre y, sobre todo, nunca se olvide de que a los beneficios no los obtiene porque tiene derechos, sino porque hay un líder -o una líder- que tienen la buena voluntad de acordarse de ellos.

Un político del Estado de bienestar, a la hora de brindar derechos se parece a esa persona que ejerce la caridad de manera anónima; un populista repartiendo se identifica con el personaje que exige que le den las gracias y le levanten un monumento. Como se puede apreciar, las diferencias son políticas, pero también éticas. Las sociedades de bienestar no están exentas de crisis, pero en lo fundamental mejoran la calidad de vida de los hombres y mujeres. Por el contrario, los populismos criollos dejan sociedades devastadas por la corrupción y la pobreza.

¿Para qué lado nos vamos a inclinar los argentinos? ¿continuaremos aferrados a los mitos y dogmas de un populismo tramposo y venal u optaremos por experiencias más nobles y justas? Las alternativas están planteadas, las diferencias son visibles. Lo demás pertenece al campo de la historia y la política. Nunca olvidemos que peleamos por un país más justo para todos, pero sobre todo por un país más justo para nuestros hijos y nietos.

Este es un reenvío de un mensaje de "Tábano Informa"

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miércoles, 1 de agosto de 2012

ROGELIO ALANIZ, ¿ESTADO DE BIENESTAR O POPULISMO CRIOLLO?

Tábano Informa

El Litoral (SFe) - 29-Jul-12 - Opinión



Crónica política
¿Estado de bienestar o populismo criollo?

por Rogelio Alaniz

¿Estado de bienestar o populismo criollo? Las diferencias son evidentes en cualquier parte del mundo, menos en la Argentina. La ignorancia, la mala fe, la alienación ideológica, suelen hacer su trabajo. Estado de bienestar y populismo criollo aluden a modelos de sociedades antagónicas. Las similitudes, si existen, sólo lo son en las apariencias, en la confusión que generan las consignas manipuladas, en el esfuerzo deliberado por confundir la virtud con el vicio, la justicia social con la demagogia o la preocupación por valorizar a los pobres con el afán por valerse de los pobres.

Convengamos que el concepto “Estado de bienestar” posee un bien ganado prestigio histórico. En Europa se habla de ”los gloriosos treinta años”, para referirse al período transcurrido entre 1945 y 1975, cuando las contradicciones sociales y políticas que parecían irreconciliables pudieron procesarse sin perder su naturaleza contradictoria. Dicho de una manera conceptual, puede postularse que el Estado de bienestar se propuso resolver el antagonismo existente entre los principios de justicia y libertad o entre acumulación y distribución de la riqueza.

Los antecedentes de esta experiencia histórica pueden rastrearse en las iniciativas de Bismarck o los ensayos del laborismo británico y el socialismo democrático de los países escandinavos. El llamado “Nuevo trato” de Franklin Delano Roosevelt apuntaba en esa dirección, y algo parecido puede decirse de la experiencia “batllista” de Uruguay, experiencia digna de tener en cuenta, porque allí se probó que las reformas políticas y sociales eran posibles sin sacrificar la democracia, el régimen de propiedad y las instituciones republicanas. El “batllismo” oriental, en ese sentido, fue una experiencia de avanzada en estas tierras, una experiencia que se contrasta con ese otro modelo de poder que fueron las dictaduras bananeras, o sus primos hermanos políticos: los caudillos populistas.

De todos modos, no es casual que, a la efectiva mayoría de edad, los Estados de bienestar la hayan adquirido luego de la Segunda Guerra Mundial, con el auge de las ideas keynesianas y la derrota de las dos grandes experiencias totalitarias del siglo veinte: el comunismo y el fascismo. Nunca sabremos si las clases propietarias de entonces accedieron a ese modelo de sociedad porque eran sabias y sensibles. O, por qué no, miedosas, miedosas a la posibilidad real del avance del comunismo. A favor de ellas puede decirse que en lugar de optar por la dictadura, la represión o el genocidio, lo hicieron por la democracia y por la certeza de que al comunismo se lo derrotaba, como efectivamente sucedió, con más justicia y más democracia.

De todos modos, lo cierto es que el pacto entre un movimiento obrero que renunciaba a la revolución social, pero no a los derechos de los trabajadores y una burguesía que aceptaba consagrar esos derechos, fue efectivo y se tradujo en instituciones que establecieron derechos universales. Las consecuencias fueron visibles: mejores salarios, calidad educativa, servicios de salud y libertades civiles y políticas. Los errores no estuvieron ausentes, porque la perfección no existe en política.

¿Qué tiene que ver esto con nuestros populismos criollos y sus caudillos tropicales o líderes autoritarios enriquecidos, viciosos y narcisistas? ¿qué tienen que ver un José Batlle, un Felipe González, un Willy Brandt, un Ricardo Lagos o un Henrique Cardoso, con personajes como Chávez, Ortega, Correa o los Kirchner? ¿qué relaciones se pueden establecer con sociedades donde rige el Estado de derecho, la economía social de mercado, las instituciones republicanas y las libertades civiles, con regímenes que desconocen deliberadamente las leyes de la economía, desprecian a las instituciones republicanas y polarizan a la sociedad en antagonismos irreductibles? Nada. O casi nada.

Puede que algunos populistas se propongan sinceramente beneficiar al “pueblo”, pero esas buenas intenciones chocan periódicamente con concepciones ideológicas retrógradas, con un concepto de “pueblo” mitificado y en la mayoría de los casos más cercano al ideario fascista o comunista que a una versión democrática y abierta. Nunca lo olvidemos: para el populismo criollo el “pueblo” es siempre una masa orgánica, indiferenciada que delega el poder en el caudillo que lo interpreta y lo conduce. En esta versión, las clases sociales no existen, como tampoco existe el pluralismo, porque reconocerlo significaría admitir las diferencias, el debate y la alternancia, categorías que todos los populismos rechazan a libro cerrado.

En los Estados de bienestar se habla de bienestar del pueblo, valga la redundancia, mientras que los populismos se habla de felicidad, ese adjetivo tan caro a los demagogos de todos los tiempos. La diferencia entre bienestar y felicidad no es semántica. El bienestar refiere a políticas públicas, la felicidad a estados subjetivos. Para un socialdemócrata o un liberal avanzado, la felicidad es cosa de cada uno, pertenece al ámbito privado, mientras que para el populismo la felicidad es cosa de los gobernantes o, para ser más preciso, de la manipulación de los gobernantes.

Tres principios guían los fundamentos del Estado de bienestar: sustentabilidad, legalidad e institucionalidad. Ninguno de estos principios están presentes en el populismo criollo. Al desprecio de la economía, el populismo le suma el desprecio a las leyes de la república y el rechazo a cualquier forma de legitimidad política. Los Estados de bienestar se construyeron a través de arduas negociaciones parlamentarias y corporativas, negociaciones que concluyeron con acuerdos mayoritarios y se cristalizaron en instituciones destinadas a prestar servicios universales.

A estos valores y servicios el populismo criollo le opone el clientelismo, el nepotismo, el patrimonialismo y el prebendalismo. Mientras el Estado de bienestar trabaja en el mediano y largo plazo, el populismo es hijo de la coyuntura y nunca va más allá de ella. Los Estados de bienestar se proponen la inclusión social y política; el populismo es faccioso por definición; agita fantasmas, inventa enemigos, atiza diferencias y convoca a las multitudes a librar batallas imaginarias. Detrás de toda esa retórica brilla incandescente la ambición del líder o el déspota.

Los procedimientos del Estado de bienestar son democráticos e institucionales; las libertades funcionan, los partidos políticos son los espacios reales de la democracia representativa y la alternancia es una realidad. Basta echar una mirada a la Argentina kirchnerista o la Venezuela chavista, para apreciar las diferencias: libertades amenazadas, partidos políticos postrados, instituciones devaluadas y corrompidas. Lo grave, en todos estos casos, es que esta decadencia no es producto de la casualidad o la mala suerte, sino de políticas deliberadas y de políticos que se benefician con ese estado de cosas.

El Estado de bienestar presta servicios universales sobre la base conceptual de que toda persona vale y toda persona merece la oportunidad de mejorar su calidad de vida en sociedades con movilidad social ascendente. En el populismo criollo, la apelación al pueblo suele ser un recurso demagógico asentado en una visión ideológica inmovilista y reaccionaria. Los pobres en el populismo no son sujetos, sino objetos, objetos de manipulación del líder.

A las asignaciones universales, el populismo le opone la asignación privada o facciosa. El pobre no es un ciudadano digno de ejercer sus derechos, sino un “grasita” al que hay que atenderlo para que nunca deje de ser pobre y, sobre todo, nunca se olvide de que a los beneficios no los obtiene porque tiene derechos, sino porque hay un líder -o una líder- que tienen la buena voluntad de acordarse de ellos.

Un político del Estado de bienestar, a la hora de brindar derechos se parece a esa persona que ejerce la caridad de manera anónima; un populista repartiendo se identifica con el personaje que exige que le den las gracias y le levanten un monumento. Como se puede apreciar, las diferencias son políticas, pero también éticas. Las sociedades de bienestar no están exentas de crisis, pero en lo fundamental mejoran la calidad de vida de los hombres y mujeres. Por el contrario, los populismos criollos dejan sociedades devastadas por la corrupción y la pobreza.

¿Para qué lado nos vamos a inclinar los argentinos? ¿continuaremos aferrados a los mitos y dogmas de un populismo tramposo y venal u optaremos por experiencias más nobles y justas? Las alternativas están planteadas, las diferencias son visibles. Lo demás pertenece al campo de la historia y la política. Nunca olvidemos que peleamos por un país más justo para todos, pero sobre todo por un país más justo para nuestros hijos y nietos.

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