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sábado, 18 de enero de 2014

HECTOR B. TRILLO, HAGASE LA LUZ, TABANO INFORMA, DESDE ARGENTINA


TABANO INFORMA


El Ágora - 15-Ene-14 - Opinión

HÁGASE LA LUZ

por Héctor B. Trillo

Si me preguntan cómo puede ser que durante todos estos años en los que desde distintos profesionales vinculados al sector energético se ha venido anticipando que entraríamos en una seria crisis, la verdad es que no tengo una respuesta.

Tengo sí muy presentes distintos hechos ocurridos a lo largo de estos 11 años, que ponían sobre el tapete el problema.

Desde los cortes de electricidad en industrias  e inclusive en los aeropuertos, donde se apagaban los equipos de aire para reducir el consumo, hasta los esfuerzos gubernamentales para descalificar las advertencias de los ex secretarios de energía.

Finalmente, la ilusión se ha terminado.  Dicen los que saben que las tarifas de electricidad entre 2001 y hoy subieron, en el área de Capital y GBA, algo así como un 68% (incluyendo las industriales), mientras que los costos de distribución lo hicieron un 1.108%. No creo que quede mucho más para analizar.

El desastre ha sido provocado por un populismo desenfrenado. Y también, por qué no, con la idea de que los subsidios podrían ser aumentados hasta el infinito sin consecuencias.

Hace ya varios años que todos podemos ver y oír los avisos de Edesur y de Edenor invitando a los usuarios a que ahorren energía ¿no es increíble? Las empresas que venden energía les piden a sus clientes que usen la energía.  Es como si cualquiera de nosotros pusiera una zapatería y en la puerta un cartelito pidiéndole a la gente que no compre zapatos.

Hace unos días, la empresa Edesur publicó una "solicitada" en la que recordó a la población que estaba enfrentando la mayor demanda energética de la historia.  Esto, para cualquier empresa que intenta vender su producto, sería una más que excelente noticia. Pero el sentido del aviso era muy otro. Se trataba de un anticipo, un alerta. Una proverbial apertura de paraguas.

¿A qué se debe semejante absurdo? O mejor todavía: ¿a qué se debe que semejante absurdo no moviera a la opinión pública a preguntarse por qué tamaña  contradicción?

Yo tampoco tengo una respuesta  para esta última pregunta. Excepto tal vez la de la negación freudiana.  Aquello de no querer ver y en consecuencia no ver.

En estos momentos, los cortes de electricidad provocan la ira de la población. Y los funcionarios responden buscando culpables ¡Una vez más!

Se buscan culpables cuando los saqueos, se buscan culpables cuando el parque Indoamericano, se buscan culpables cuando suben los precios, se buscan culpables cuando se acaba el petróleo y sus derivados. ¡Se buscan culpables, no soluciones! NI siquiera se buscan paliativos. Armar comités de emergencia, intentar ayudar a los afectados. Llevarles vituallas para capear la situación. "Contenerlos", como se dice ahora.

No. La discurseada oficial es siempre muy parecida: hay que encontrar a los culpables, que siempre son los otros. El increíble ministro Kicillof llegó a culpar a los usuarios por encender los aires acondicionados ¿Hay algo más ridículo? Posiblemente siempre lo haya.

Porque lo cierto es que los mismos que llevaron a esta situación (De Vido, Kicillof, Cameron) están, se supone, al frente de la búsqueda de soluciones.

¡Pero es que ellos fueron los que hicieron que el país en 12 años virtualmente no haya tenido inversiones en la distribución de energía eléctrica!

Un detalle no menor es que el problema fundamental en materia de distribución de energía, lo tenemos en Buenos Aires y alrededores. Si bien hay problemas, no  son de la misma magnitud  en términos generales en el Interior del país. Se sabe que en varias provincias el consumo de electricidad tiene tarifas varias veces superiores a las de la región capitalina.

Naturalmente que uno debe preguntarse por qué en el Interior sí se ajustan las tarifas y en la región metropolitana no. Y no dejar de observar que lo mismo ocurre con el transporte público de pasajeros. Si bien acaba de conocerse un ajuste del orden del 66% en el precio del boleto, lo cierto es que ha tenido y seguirá teniendo un valor muy rezagado respecto de lo que cuesta en Córdoba o en Rosario, por citar ejemplos.

Desde la abolición del federalismo con la reforma constitucional de 1994, la Ciudad de Buenos Aires y sus alrededores pasaron a ser sin ninguna duda el territorio a conquistar electoralmente.

Extraigo lo que sigue de una nota publicada en el día de hoy por el periodista  Francisco Olivera en el diario La Nación: "Moreno (Guillermo, el ex secretario de comercio) podría recordar, por ejemplo, el día de noviembre de 2007 en que llamó a Endesa, controlante de Edesur,  para ordenar que Ernesto Badaracco, adjunto a la dirección del grupo, declinara la presentación en el Coloquio de IDEA, en Mar del Plata, un trabajo del ITBA (Instituto Técnico de Buenos Aires) sobre la situación energética. Endesa no sólo cumplió, sino que lo explicó a los medios en un comunicado redactado en las oficinas del Gobierno. El informe fue presentado igual. El ITBA aconsejó aplicar precios competitivos, y el profesor Jorge Tersoglio, reemplazante de Badaracco en el panel,  (reclamaba) poner orden en la oferta y la demanda".

Desde el ya lejano 2007 que recuerda Olivera, han pasado 6 años. Con una inflación promedio del 25% aproximadamente y sin que se hubieran retocado las tarifas, salvo aquel casi delirante intento de quitar subsidios "por barrios" según el poder adquisitivo, o el "renunciamiento", de parte de quienes quisieran hacerlo, de tales subsidios; hecho acaecido a fines de 2011 y que iba a continuar con notas enviadas a los usuarios para que transmitieran una serie de datos privados y manifestaran su voluntad de seguir o no subsidiados, poniéndose de tal modo a merced de investigaciones o, tal vez, a la consideración de los funcionarios que tuvieran acceso a esa información privada.

A esto habría que agregar que ya en el año 2003, el entonces vicepresidente Scioli dijo públicamente que era necesario ir ajustando las tarifas de los servicios para evitar un desfasaje que redundaría en problemas mucho mayores. Eso le sirvió para que el entonces presidente Kirchner lo confinara al ostracismo, desplazando incluso a la gente de Scioli en el área de Turismo, que venía de la gestión anterior y que tenía como base el conocimiento del propio vicepresidente por su anterior paso por la motonáutica.

Hoy por hoy el clamor es el de que todo se arregle lo antes posible. La angustia es generalizada. Lo que están afectados por los cortes, sufren. Y los que no están afectados, también sufren pensando que en cualquier momento les toca a ellos.

La gente reacciona como puede. Cortar calles se ha convertido en el método de protesta aún para quienes reclaman todos los días para que las autoridades hagan algo e impidan tales cortes.  La ilegalidad se ha enseñoreado prácticamente en todos los órdenes, desde las Saladitas hasta los cortes de calles, desde la usurpación de propiedades públicas o privadas, hasta la presencia de gente enmascarada y con machetes en manifestaciones.

Ver la fotografía del ministro De Vido y el jefe de gabinete Capitanich inaugurando un centro de atención de reclamos telefónicos por falta de luz es una broma de mal gusto. Un cuadro de una película de Fellini. Estos funcionarios se han pasado los últimos días contestando a las críticas periodísticas en lugar de atender o hacer atender a los damnificados.  Acá hay una emergencia que va más allá incluso del discurso político, de la búsqueda de culpables, de los reproches al periodismo. Acá hay que ayudar a los que sufren, señores. Hay que ocuparse de eso y no de salir en televisión levantando el dedo acusador y amenazando con "estatizaciones" que no harán otra cosa que cambiar  apenas el formato, dado que las empresas nombradas tienen en su directorio a funcionarios del Estado que han aprobado su gestión todos estos años.

Si el ex secretario Moreno se hubiera preocupado por acercar propuestas de solución en el año 2007, tal vez algo se habría hecho. Pero no, tal como ahora estos funcionarios, estaba más preocupado en que no se difundiera el informe del ITBA, que dicho sea  de paso es una de las instituciones más serias de América toda.

Finalmente, como no podía ser de otra manera se han echado las culpas a las empresas, que es lo mismo que ha ocurrido con YPF, con Aguas Argentinas, con las empresas de telefonía celular, con los concesionarios del sistema ferroviario. El camino de echar culpas ha tenido un cierto eco en la población y por lo tanto, como es lógico, es utilizado por la política como válvula de escape.

Pero la realidad es muy obcecada y no se resuelve tan simplemente. Durante muchos años las empresas de servicios públicos en manos del Estado hicieron inviable la prestación de tales servicios. Desde el agua hasta el gas, desde la luz hasta la telefonía.  La gente más joven tal vez lo ignora, porque además en las escuelas se le oculta bastante la historia reciente, no sé bien por qué motivo, pero lo imagino.  Precisamente las concesiones sirvieron para que llegaran inversiones y se diera un giro de 180 grados en materia tecnológica. Sin llegar a decir de mi parte que lo que se hizo fuera maravilloso y sin errores o trapisondas, lo cierto es que en mi modo de ver a fines de los 80 era imposible mantener aquellas empresas públicas si el nuevo gobierno pretendía cumplir su mandato. Mientras duró la estabilidad monetaria la cosa funcionó, con algunos problemas, claro está. Pero funcionó, a tal punto que, en materia de energía eléctrica,  dejaron de usarse elevadores y estabilizadores de voltaje, la luz  llegaba a los hogares con los 220 voltios regulares, y se terminó el cableado cruzado entre medidores, los cortes programados, las subas y bajas de tensión y los ruidos y humaredas de cientos de generadores en el centro de Buenos Aires. En poco más de dos años, se habían superado todos los problemas que derivaban de años de desidia estatal en la cuestión. Cuando se rompió la estabilidad económica, los contratos de concesión quedaron suspendidos y así están todavía ahora, 11 o 12 años después. Cuesta entender que alguien pudiera esperar otra cosa. Y cuesta entender que no se hubiera hecho nada en serio para corregir el problema.

Quiero ser muy claro: en esta querida Argentina hubo que concesionar (no "privatizar" como suele decirse de manera incorrecta y en muchos casos adrede) todo aquello que en los años 40 había sido estatizado. Eso mismo que ahora se pretende volver a estatizar para solucionar el problema. Y lo más extraordinario es que en todos los casos estos cambios fueron llevados adelante por el peronismo.


Ahora la suerte está echada. Sólo cabe rezar para que llueva y baje la temperatura.  Y luego rezar para que no vuelva a subir.  Y finalmente ver cómo sigue la película con la triste historia de pretender que se paguen tarifas ridículas por un servicio costoso y que, como es lógico, requiere constantes renovaciones y mejoras.

El título que le di a este comentario me surgió como una consecuencia de una situación general que considero dramática. "Hágase la luz", como sabemos, es una expresión de origen religioso, atribuida a Dios cuando sacó al mundo de las tinieblas. Y yo pensé que esa expresión es aplicable a todos nosotros, y no solamente en el hecho físico de tener  lámparas que alumbren nuestras noches, sino que también se iluminen nuestras ideas, nuestra inteligencia, nuestra observación de la realidad por encima de los discursos y de las críticas, de unos y de otros. De todos. Hágase la luz, pues.


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jueves, 21 de noviembre de 2013

NICOLAS CACHANOSKY, ALCLARANDO EL TERMINO CAPITALISMO, ECONOMIA PARA TODOS, FUENTE TABANO INFORMA,

TABANO INFORMA


ECONOMÍA PARA TODOS - 14-NOV-13 - ECONOMÍA

HTTP://ECONOMIAPARATODOS.NET/ACLARANDO-EL-TERMINO-CAPITALISMO/

ACLARANDO EL TERMINO “CAPITALISMO”

POR NICOLÁS CACHANOSKY

El 9 de octubre salió en Infobae una nota titulada “Tres décadas y un problema llamado déficit fiscal.” En aquella nota decía que desde la vuelta a la democracia, Argentina tuvo el mismo problema de déficit fiscal, lo que de hecho cambió de década a década fue el método de financiamiento, no el problema de fondo...

EL 25 de octubre Mauro Cristeche (UNLP y UNLaM) comparte una nota crítica a mi comentario en Infobae titulada “Dos siglos de economía Argentina y un problema llamado capitalismo.” Cristeche coincide que el déficit fiscal fue un serio problema, pero sostiene que la nota no es lo suficientemente profunda. El déficit fiscal se debe, argumenta, a la lógica del capitalismo imperante en Argentina en los últimos 200 años.

Si bien envié mis comentarios de respuesta a Infobae pocos días después de la nota de Cristeche, el fallo de la Corte Suprema respecto a la Ley de Medios y otros eventos de la agenda política versus lo puntual de mi respuesta hicieron que, obviamente, mi comentario perdiese relevancia.

No quería dejar de compartir mis reflexiones sobre la nota de Cristeche que copio a continuación.

Aclarando el término “capitalismo”

Hace unas semanas escribí una breve nota titulada “Tres décadas y un problema llamado déficit fiscal.” En aquella ocasión comentaba que desde la vuelta a la democracia la economía Argentina ha sufrido el mismo problema recurrente: déficit fiscal. El punto de mi nota era que los sucesivos gobiernos cambiaron el método de financiar el déficit fiscal, pero no el problema de fondo. Mauro Cristeche comparte una nota crítica en reacción a esta idea. Su argumento es que mi nota no es lo suficientemente profunda, si bien coincide que el déficit fiscal ha sido un problema, argumenta que el motivo de este problema se debe al capitalismo. La nota de Cristeche posee varios puntos que merecen seria consideración. Comentar todos ellos resultaría en una nota innecesariamente larga y tediosa. Prefiero enfocarme en un punto que creo es central en nuestros respectivos puntos de vista: el término capitalismo. Pocos términos sufren de tanta confusión y connotaciones que vician nuestro análisis como la palabra capitalismo.

Hay, a mi juicio, un problema central en la nota de Cristeche: No ofrece una definición del término capitalismo, que es nada menos que su objeto de crítica. Claramente el “capitalismo Suizo o Inglés” es distinto al “Capitalismo Venezolano o Argentino.” No todos los capitalismos ofrecen el mismo resultado y por ello es importante distinguirlos cuidadosamente. Ciertas palabras como “capitalismo” o “liberal” han visto su significado alterado a lo largo de la historia e incluso geográficamente. La palabra “liberal,” por ejemplo, no significa lo mismo en Inglaterra que en Estados Unidos. Por ello han surgido términos como “libertario” para evitar confusiones. Aquí mismo en Argentina, el Partido Liberal Libertario usa la palabra “libertario” justamente para tratar de minimizar mal entendidos. También creo importante mencionar que en mi nota no hago uso del término capitalismo, y sólo tangencialmente menciono el libre mercado. Cristeche me asocia a las “ideas propias de la economía liberal,” de haber definido el término capitalismo se habría dado que cuenta que el uso que hace del mismo no aplica a mi nota.

Voy a entender por capitalismo el poner en práctica los principios del liberalismo clásico. Es decir, tanto ciudadanos, como empresas y hasta el mismo gobierno se encuentran en igualdad de condiciones ante una ley que protege la libertad individual y la propiedad privada. No hay privilegios ni para “capitalistas,” ni para la “clase obrera,” ni para el “gobierno.” No creo que esta sea una interpretación torcida del término capitalismo, es lo que tienen en mente los filósofos y pensadores que más han contribuido a esta tradición como John Locke, Wilhelm von Humboldt, Adam Smith, Ludwig von Mises, Friedrich A. von Hayek, Milton Friedman, James Buchanan, Karl Popper y Robert Nozick entre muchos otros. Es decir, una cosa es la existencia de “bienes de capital” y otra cosa es el “marco institucional” bajo el cual se organiza la sociedad. El término “capitalismo” hace referencia al libre uso de bienes de capital bajo instituciones de libre mercado, no a la mera presencia de bienes de capital. Las instituciones son importantes porque definen los incentivos de los agente económicos. Los incentivos pueden llevar a tener crecimiento y desarrollo de largo plazo o a sufrir crisis recurrentes. Corea del Norte y Corea del Sur poseen la misma historia, lenguaje y cultura pero se diferencian en sus instituciones. Si las instituciones no fuesen importantes la calidad de vida en ambos países no serían blanco y negro. Bajo esta concepción no toda sociedad donde hay capitalistas es “capitalismo.” Reconozco que puede no ser la única definición del término capitalismo, pero una crítica al capitalismo como liberalismo económico tiene que hacer uso de esta definición.

Mi interpretación del uso que hace Cristeche del término capitalismo es que una sociedad es capitalista siempre y cuando haya capitalistas y bienes de capital independientemente del marco institucional. El capitalismo en su concepción clásica, sin embargo, no es sólo la presencia de jure de propiedad privada, es también la presencia de facto (marco institucional.) No alcanza con ser dueño en los papeles de los factores de producción si uno no es libre de usarlos. Aquella sociedad donde el empresario es “dueño” de su empresa pero su proyecto es dirigido por el gobierno a través de leyes y regulaciones es “capitalismo intervenido (o un tipo de socialismo)”, no un “capitalismo como aplicación de los principios del libre mercado.” Es muy difícil catalogar al Kirchnerismo como un modelo predominantemente capitalista. Nótese que no estoy argumentando sobre la conveniencia o no de aplicar los principios de libre mercado, simplemente estoy definiendo el término “capitalismo” a fin de hacer un diagnóstico más preciso de los problemas económicos de Argentina.

Hay, entonces, por lo menos dos capitalismos, el de libre mercado por un lado y el intervenido como el capitalismo de amigos o capitalismo corrupto (crony capitalism) por el otro. Podemos llamarlos “Capitalismo tipo I” y “Capitalismo tipo II” respectivamente para evitar las connotaciones asociadas a las palabras liberalismo o socialismo. Si aun así no podemos dejar de lado todas las connotaciones asociadas al término capitalismo, entonces podemos pensar en “Orden socio-económico I” y “Orden socio-económico II.” Coincido con Cristeche que el Capitalsimo tipo II es un problema, pero no por ello concluyo que el problema en  Argentina ha sido el Capitalismo tipo I. Es que no pudo serlo por el simple hecho de que no se aplicó. ¿En qué momento desde 1930 en adelante, cuando Argentina comienza a desviarse del resto de los países más ricos del mundo, fue Argentina un país genuinamente liberal? Se podrán identificar ciertas épocas con políticas llamadas neoliberales, pero más allá de su efectiva aplicación, es importante recordar que “neoliberalismo” no es lo mismo que “libre mercado.”

Cuando Cristeche sostiene que el crecimiento del estado se debe a la “relación capitalista,” esto describe el problema del Capitalismo tipo II, donde el empresariado busca el favor del gobierno para no tener que ganarse el peso del consumidor en libre competencia, pero se encuentra en directa oposición con el Capitalismo tipo I, donde el rol del estado es justamente evitar estos privilegios. Es un non sequitur criticar aquello a lo que el Capitalismo tipo I se opone por los vicios presentes en el Capitalismo tipo II. Entiendo cómo se pueden asociar al populismo (un tipo de Capitalismo tipo II) con déficit fiscales, pero asociarlo al capitalismo de libre mercado es el resultado de una confusión terminológica por usar un término sin definir como herramienta de crítica a un marco institucional específico. Nada impide que uno entienda por capitalismo la presencia de capitalistas y bienes de capital indistintamente del marco institucional, pero entonces ya no es válido asociar las ideas de mi nota a “las propias de la economía liberal” y luego utilizar el término capitalismo como herramienta de crítica. El argumento se resume a lo siguiente: el mercado intervenido (Capitalismo tipo II) no funciona, por lo tanto el libre mercado (Capitalismo tipo I) no funciona. El problema queda claro si en la nota de Cristeche reemplazamos la palabra “capitalismo” por “libre mercado.” Uno de sus pasajes ofrece un buen ejemplo: “No hay política más libre mercado que la recurrencia al déficit fiscal.” ¿Desde cuándo la recurrencia de déficits fiscales es rasgo distinto del libre mercado?

Se podrá decir que se encuentra en la lógica de la dinámica de un sistema capitalista que las clases obreras sean oprimidas frente al capital y que el estado termina siendo cómplice del capital en este proceso. O algún argumento similar por el cual la distinción entre estos dos capitalismos es ficticia. ¿Pero no es acaso esta colusión entre capitalistas y gobierno a lo que los liberales (Capitalistas tipo I) tanto se oponen? No hace falta buscar pasajes escondidos, los autores arriba mencionados y tantos otros han escrito ríos de tinta al respecto. El mismo Adam Smith, padre de la economía de la mano invisible, es también conocido por advertir sobre el peligro que empresarios y capitalistas imponían sobre la sociedad al buscar el favor del gobierno para operar bajo un Capitalismo tipo II (proteccionismo) y poner en riesgo el libre mercado. El liberalismo nada tiene que ver con el favoritismo empresarial.

Coincido con Cristeche que los déficits fiscales no caen del cielo, pero no es menos cierto que el equilibrio fiscal es responsabilidad de la clase política y es en ellos en donde cae una responsabilidad mayúscula. La clase política no puede poner la firma en un presupuesto deficitario y luego culpar a un tercero cuando la crisis fiscal viene a cobrarse el déficit. Cristeche da fin a su comentario parafraseando mi propia nota diciendo que “el problema tiene nombre y apellido: se llama capitalismo.” Siendo más precisos, el problema tiene nombre y apellido, se llama “Capitalismo tipo II,” que no es como los autores más reconocidos en el tema conciben este término. Disiento con Cristeche que la causa sea el capitalismo a secas, creo que “populismo” sería un término más apropiado para referirse al origen de los problemas que truncan el destino de un país con tanto potencial.

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miércoles, 14 de agosto de 2013

GUSTAVO CHOPITEA, EL "MILAGRO" BOLIVARIANO Y SUS CONSECUENCIAS, TABANO INFORMA,

Tábano Informa 



Río Negro - 29-Jul-13 - Opinión

http://www.rionegro.com.ar/diario/el-milagro-bolivariano-y-sus-consecuencias-1216128-9539-nota.aspx

Columnistas
El "milagro" bolivariano y sus consecuencias

por Gustavo Chopitea (*)

La destrozada economía de la Venezuela bolivariana, como era de suponer, está acumulando extraños récords mundiales. Entre ellos, uno que parece insuperable: el de dejar –de pronto– toda una nación sin papel higiénico. Circunstancia que luce, quizás, cómica. Pero que no lo es. Para nada. Piense usted, lector, como se sentiría si, de pronto, fuera un protagonista más de semejante situación. No le gustaría, sin duda alguna.

El manejo –autoritario, centralizado y por cierto absolutamente caprichoso– de la economía venezolana ha provocado situaciones y generado extremos realmente insólitos. Todo lo cual está sucediendo en medio del desabastecimiento y de una inflación totalmente desbocada. Los venezolanos, no obstante, tratan de sobrevivir. Como pueden, naturalmente.

Mientras tanto, los funcionarios públicos bolivarianos, cual dueños de la verdad subidos a sus púlpitos, pontifican sobre todo, urbi et orbi. Sin descanso. Escuchándose a sí mismos. Frente a aplausos alquilados. Pero sin credibilidad alguna. Y sin generar un ápice de confianza.

Entre ellos Eduardo Samán –el nuevo director del llamado Instituto para la Defensa de las Personas en el Acceso a los Bienes y Servicios (ente que responde al poco atractivo nombre de Indepabis)–, quien acaba de llamar, en una entrevista televisada, a "detener esta locura que se desató con la especulación, con el tema del abuso hacia la gente, en todos los niveles".

Como si hubiera sido un evento repentino e impredecible, del que nadie en el gobierno venezolano –claro está– es responsable. Una casualidad, quizás.

Olvidando la responsabilidad de quienes, insistiendo en planteos económicos absurdos, han destrozado y arruinado sin empacho la economía venezolana. Lo que ha sucedido pese a la magnitud de los recursos hidrocarburíferos venezolanos irresponsablemente dilapidados.

Para combatir la –para Samán– sorprendente "especulación", el gobierno de Venezuela ha decidido crear un cuerpo de "vigilantes amigos", pertenecientes a algunos "movimientos sociales", conformado esencialmente con representantes de la "clase media". Así se controlarán los precios de los bienes de primera necesidad en los comercios, en lo que Samán pomposamente califica como "transferencia de poder al pueblo organizado". ¿Suena conocido?

El propio Samán, asumiendo protagonismo, encabezó personalmente uno de esos operativos. En plena ciudad de Caracas, rodeado de cámaras de la televisión estatal –mal llamada, por algunos, "pública"–. Allí impuso, "on the spot", una serie de multas por algo más de 8.000 dólares.

Mientras tanto, Samán nada dice acerca del resultado del control de cambios instaurado por los bolivarianos, que hace que la cotización del dólar oficial sea ahora de apenas la cuarta parte de lo que debe pagarse en el mercado "libre", circunstancia que contribuye a distorsionar –aún más– los precios relativos. Lo cierto es que pocos, muy pocos, acceden –recostados en el poder– al dólar "oficial" –barato–. El resto debe naturalmente recurrir al dólar del mercado "libre" –caro–.

Samán, luego de ser secretario de Comercio, acaba de reemplazar a Consuelo Cerrada, su predecesora, destituida en torno a un escándalo que involucró a uno de sus directores "de fiscalización", acusado de extorsionar a algunos comerciantes. Mientras pontifica, la inflación desatada –sólo entre los meses de enero y mayo pasados– alcanzó un 19,4%.

Solidario con Samán, el canciller Elías Jaua –en un momento de llamativa desatención de sus responsabilidades específicas– se refirió a la grave situación del escenario socioeconómico doméstico, señalando proféticamente: "Aún hay mucho que mejorar". Como si los bolivarianos hubieran empezado a gobernar ayer. Y como si el caos provocado no fuera hijo directo de sus tremendos desaciertos.

Ante todo esto resulta necesario encontrar un "chivo expiatorio". O más bien un "chivo empresario". Y Samán, cual experto, nos explica que lo que ocurre en Venezuela es que "los empresarios están ganando más que nunca". Y que el gobierno –después de más de una década en el poder– "no ha tenido éxito en su lucha contra los monopolios y oligopolios". Increíble.

Poniendo enseguida sobre la mesa una sorprendente "receta mágica", Samán aprovechó la ocasión para señalar a los empresarios que, "si creen que la reposición de los inventarios los va a descapitalizar", "deben pedir un préstamo". Ésa es, según Samán, la solución. De no creer. Pero es fácil abusar de la ignorancia de los demás.

Siempre frente a las cámaras sumisas de las estaciones de televisión estatales, con rostro entre afectado y pícaro, Samán preguntó: "¿Quién ha dejado de tomarse un café?". Evitando averiguar nada respecto del uso del papel higiénico, seguramente advertido de cual sería, en ese caso, la respuesta inmediata.

Acto seguido, siempre en la misma entrevista, Samán reconoció que hay "irregularidades" en la red de supermercados estatales, así como en los hoteles estatales. Razón por la cual ahora comienza, advirtió, "la etapa de la fiscalización de todo".

Como si ésa, la de la intimidación, fuera una herramienta apta para, de pronto, enderezar el fracaso de un modelo económico grotesco que ha comenzado a naufragar por todas partes. Porque el caos venezolano se extiende y se profundiza aceleradamente.

(*) Analista del Grupo Agenda Internacional

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domingo, 5 de mayo de 2013

ALFREDO RAÚL WEINSTABL, DESESPERADOS, BUSCAN SALVARSE Y NO DEJAR NADA EN PIE, TABANO INFORMA, DESDE ARGENTINA

Cada día que pasa el oficialismo, sin objetivos y sin rumbo, va mostrando su verdadera esencia. Ya no les importa disimular ni fingir su principal meta: aferrarse a toda costa al poder, utilizando cualquier medio.
El ropaje democrático y las banderas enarboladas durante casi un década, van cayendo una a una, dejando ver clara y indudablemente la verdadera naturaleza del kirchnerismo: un gobierno poco y nada democrático, autoritario y personalista, pero además, completamente incapaz e incompetente.
Y ese bastardo objetivo, cada vez más evidente ante todos los argentinos, que ve y siente en carne propia la proximidad del naufragio de este inexistente, pero a la vez tantas veces  proclamado "modelo", que nos conduce a la negrura de un oscuro y cada vez más profundo abismo.
Las banderas tantas veces presentes en los verborágicas discursos de la presidente Fernández, ya mueven a risa si no fueran tan dramáticos: los "Derechos Humanos" consistió simplemente en  agitar los fantasmas del pasado, que como una dosis de veneno fue alimentando el rencor, odio y resentimiento, a la vez que se convirtió en una fuente casi nagotable de desmedida y escandalosa corrupción.
La "distribución de riqueza" no solo no redujo la distancia entre los más ricos y más pobres, sino, la aumentó. Fundamentalmente, teniendo en cuenta los "amigos del poder". También ello constituyó una fuente de desvergonzada corrupción.
La "institucionalidad" que la mandataria prometió varias veces en incrementar, desde antes de asumir la primera magistratura y varias veces durante su mandato, prácticamente va desapareciendo totalmente en este "unicato" y destruyendo las bases de lo que debe ser una República.
Los "servicios públicos" se fueron degradando a lo largo de todos estos años, absorbiendo enormes y millonarias sumas de dinero de los contribuyentes en formas de subsidios sin control y supervisión, constituyendo también en una fuente casi inagotable de corrupción. Viajar en transportes públicos hoy día, significa prácticamente poner en riesgo la vida por la obsolescencia del material.
Las "nacionalizaciones y estatizaciones", tales como Aerolíneas Argentinas o YPF, realizados por la presidente, fueron verdaderos y estruendosos fracasos que también arrojan enormes y multimillonarias pérdidas del erario público.
La inseguridad de la sociedad argentina por el sistemática denigración y destrucción de las Fuerzas Policiales y lo que es más grave aún, nuestro país, el octavo en el mundo en superficie territorial, sin FF.AA. en capacidad de defender nuestras inmensas riquezas.
Hoy sin tapujos y sin disimulo quieren arrasar con lo poco que queda de este burdo experimento político iniciado por el perverso "matrimonio" en el año 2003.
Pero lo más grave de este mal llamado "modelo", entre muchos otros, que sería muy largo de enumerar, a semejanza de Venezuela, ha polarizado a la población. Prácticamente los argentinos están en dos bandos antagónicos e irreconciliables.
El pasado vuelve ser traído una y otra vez sobre el tapete causando una permanente irritación y hartazgo en la ciudadanía. Toda la gestión del gobierno se aleja cada vez más de la paz social.
El estancamiento político y la ausencia de paz social en la Argentina están reflejados en una excelente frase de la escritora Françoise Sagan; "para abrir las puertas al futuro es necesario cerrar las ventanas al pasado".
Hay que saber cuándo una etapa llega a su fin. Cuando se insiste en alargarla más de lo necesario, se pierde el sentido de la construcción del desarrollo del porvenir.
El centro de gravedad del esfuerzo se pierde en la nada. Poner fin a un ciclo, cerrar puertas, concluir capítulos…, lo importante es dejar en el pasado aquellos hechos que ya pertenecen a la historia.
Por otro lado la economía del país se ha convertido en un verdadero laberinto sin salida. Cuatro o más personajes que crean las medidas y disposiciones económicas, muchas francamente opuestas entre si. Estos personajes, sin la aptitud y condiciones adecuadas, o tal vez también sin el valor personal de decirle a la presidente que de esta manera es imposible arribar a un buen puerto.
Pero ahora entre las tantas acciones sin sentido y desprovistos de toda racionalidad (obviamente me refiero al sin sentido y racionalidad para afianzar la República), arremete contra uno de los Poderes de la Nación. el Poder Judicial y particularmente la Corte Suprema de Justicia.
En su falso y erróneo concepto de lo que es la República aducen que los tres poderes deben estar en sintonía y acompañar las decisiones del Ejecutivo.
Especialmente la "Dra." Fernández debería releer a  Montesquieu, quien claramente expresó que la mejor alternativa para garantizar las libertades individuales era el sistema republicano, pero con el requisito de que el gobierno tuviera tres poderes independientes.
Está claro que desconocen, adrede, el sistema de balance, equilibrio y contrapesos previsto en nuestra Constitución.
Se deduce claramente, en esta absurda maniobra, cuál es la finalidad de esta arremetida y nuevo factor de discordia nacional. Pero por su extensión será reflejada en un próximo artículo.
Mientras tanto el país cada vez retrocede más en el concierto de las Naciones. Ya sin disimulo, otros países, inclusive nuestros vecinos y amigos reflejan nuestras inconsistencias y prácticamente se nos ríen en la cara por torpezas cada vez más absurdas y desprovistos de la más mínima lógica.
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miércoles, 10 de abril de 2013

EMILIO CARDENAS, DEMOCRACIAS FRÁGILES, GOBIERNOS EN CAMPAÑA PERMANENTE, DESDE ARGENTINA, TABANO INFORMA

La Nación - 09-Abr-13 - Opinión

http://www.lanacion.com.ar/1570810-gobiernos-en-campana-permanente

Democracias frágiles
Gobiernos en campaña permanente

Emilio Cárdenas

Desde hace tres décadas, la estrategia de las llamadas "campañas permanentes" se ha afincado en el mundo de la política. Supone unificar constantemente la acción de gobierno con la propaganda y las acciones publicitarias que hasta no hace mucho eran propias de las campañas políticas propiamente dichas. Como si ambas cosas fueran absolutamente inseparables con el propósito obvio de procurar mantener vigente la popularidad de los gobernantes electos.

Cabe recordar que esta modalidad de acción política se originó en los Estados Unidos. Conceptualmente, es hija de uno de los estrategas de Jimmy Carter, Patrick Cadell. La racionalizó luego el periodista Sidney Blumenthal. Pero su utilización devino durante la presidencia de Bill Clinton, que la trasformó en prioridad permanente.

Por su parte, el presidente Barack Obama la acaba de profundizar al crear -pese a que naturalmente no persigue una reelección, prohibida por la Constitución de su país- el grupo privado denominado "Organizados para la Acción". Con ese grupo que actúa formalmente desde "fuera" de su administración, apuntalará ante la opinión pública las acciones de su gobierno y de su partido, con el apoyo de muchos de aquellos donantes que ayer aportaron los fondos utilizados en la campaña presidencial. No con fondos públicos, sin embargo, y la diferencia no es menor.

Tony Blair y Silvio Berlusconi, en sus respectivas gestiones, recurrieron a la "campaña permanente". Sin descanso. Lo mismo hicieron Hugo Chávez, desde 1998, y Rafael Correa, en los últimos años. Así como algunos de nuestros gobernantes, a partir de Carlos Menem. Tanto es así, que Néstor Kirchner afirmó, en julio de 2005, suelto de cuerpo: "Sí, estoy en campaña permanente".

Las "campañas permanentes" suponen -por definición- que los encuestadores y expertos en comunicaciones estén operando constantemente junto con los líderes políticos, de modo de modelar sin descanso sus actitudes, sus mensajes y sus conductas, para que impacten positivamente en la opinión pública. Esto es, para exagerar sus logros y ensalzar sus imágenes. Y lograr que sus desaciertos no se adviertan o se disimulen. De alguna manera, parecería que interesa más "cómo" se comunica la acción de gobierno que cuál es su sustancia. La forma por encima del fondo.

Todo parece así subordinarse a la búsqueda de popularidad, sin descanso ni límites, como se hace evidente en las democracias frágiles y de valores relativos donde se llega incluso al sacrificio de la verdad con la manipulación de cifras, de circunstancias y hasta de la historia.

La acción de gobierno se transforma en un persistente plebiscito. Por ello, las técnicas de comunicación, las encuestas y el escrutinio constante de lo que piensan los llamados focus groups se entrelazan profundamente con el andar de los gobiernos, en inédita simbiosis. La escenografía y el espectáculo se apoderan de las reuniones y de los eventos. El ruido ahoga al discurso. Y la presencia de los gobernantes de turno se adueña monopólicamente de los escenarios. En ese ambiente, el uso de las "cadenas nacionales" se multiplica, en actitudes que hasta generan hastío.

En algunas partes el tema es aún más complejo. Porque, como consecuencia de las "campañas permanentes", se da un paso agresivo más. Las críticas a la oposición devienen permanentes y despiadadas. La retórica se adueña de los mensajes de manera agresiva y casi sin límites. Hasta el insulto se instala en lo que debe ser un diálogo normal. Y la intimidación se transforma en instrumento de la lucha política, degradando el clima de convivencia y lastimando a la sociedad a la que se procura polarizar.

Lamentablemente, todo esto se hace con los dineros públicos, a los que se tiene como una suerte de combustible inagotable, lo que inclina el tablero a favor de quienes circunstancialmente están en el poder. El ambiente de la política se puebla de ataques y demonizaciones que procuran dividir, desprestigiar, denigrar y difamar a todo aquel que pueda hacer sombra a quienes (insaciablemente sedientos, como acaba de señalar el papa Francisco) buscan acumular poder y mantenerlo el mayor tiempo posible.

Los medios de comunicación independientes -esto es, aquellos que no se prestan a acompañar los requerimientos y las exigencias de las "campañas permanentes"- se transforman en enemigos intolerables, simplemente porque no contribuyen al discurso que se impulsa desde el poder. Por ende, pronto son blancos a destruir y silenciar. Por esta razón seguramente, la libertad de expresión e información de pronto parece incomodar a tantos en nuestra región. Y, por esto también, aparecen las acusaciones difusas contra las "corporaciones" o los "poderes fácticos" que, en rigor de verdad, son todos aquellos quienes -por las razones que fueren- no se someten al poder de turno.

Por todo esto las sociedades pierden la civilidad y se dividen y enfrentan. Lastimadas por las confrontaciones continuas, resultan presas fáciles de las convulsiones provocadas por un lenguaje de guerra. El disenso se califica de "reaccionario" o "destituyente". La tolerancia y el respeto recíproco no importan. Es más, molestan.

De este modo, la calidad de la democracia se deteriora como resultado de los intentos constantes de dominar a todas las instituciones desde el Poder Ejecutivo, empeñado en la tarea de concentrar el poder en sus manos. Los equilibrios y contrapesos -esenciales en las democracias- perturban a los gobernantes; razón por la cual se procura eliminarlos o desnaturalizarlos de mil distintas maneras. En las democracias frágiles, la técnica de la "campaña permanente" puede, queda visto, tener efectos sociales y políticos bien serios.

Ante el fenómeno descripto, los límites a las reelecciones no son sólo importantes, sino también esenciales. Y la alternancia en el poder, también; así como la urgencia de establecer límites verificables al uso de los dineros públicos para financiar las "campañas permanentes". Porque éstas, al dañar la textura de las sociedades, imposibilitan el camino de la unidad e impiden la generación de los consensos mínimos para una visión común del destino de las sociedades. Lamentablemente, hasta la libertad misma puede de repente quedar amenazada cuando las técnicas de las "campañas permanentes" tiñen indeleblemente la acción cotidiana de los gobiernos.

Este es un reenvío de un mensaje de "Tábano Informa"


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martes, 9 de abril de 2013

A.CARO FIGUEROA, LOS MONARCAS Y EL PERVERSO PODER DE FABRICAR RICOS Y UTILIZAR POBRES, TABANO INFORMA

El Tribuno - 07-Abr-13 - Opinión


http://www.eltribuno.info/salta/268401-Los-monarcas-y-el-perverso-poder-de-fabricar-ricos-y-utilizar-a-los-pobres-.note.aspx

Los monarcas y el perverso poder
de fabricar ricos y utilizar a los pobres

A. Caro Figueroa *

Los antiguos monarcas absolutos disponían de todos los poderes terrenales. Pero gozaban especialmente ejerciendo uno de ellos: el poder de fabricar ricos; vale decir, la arbitraria potestad de convertir en millonarios a los felices elegidos. Tales monarcas se consideraban la encarnación del Estado y, si acaso, majestades imprescindibles elegidas por los cielos para regir el destino de los humanos.

Podían otorgar mercedes, títulos nobiliarios, latifundios, honores, becas, favores y privilegios que, además de enriquecer a generaciones y linajes enteros, dotaban a muchos de derechos sobre vida, hacienda y honor de los desafortunados súbditos.

A su vez, los pobres servían de carne de cañón en las guerras que decidían, siempre, claro está, en defensa de sus particulares intereses. Al fin y al cabo, los pobres no eran sino la expresión del orden natural.

Las democracias abolieron tal desmesura y proclamaron que los principios de libertad, igualdad y fraternidad deberían presidir las relaciones entre los hombres y entre los ciudadanos y el Estado. Luego de la segunda guerra mundial se consolidó un consenso según el cual los poderes públicos tienen la misión de garantizar y hacer efectivos los derechos fundamentales.

Sin embargo, en muchas ocasiones, las reglas electorales democráticas llevan a constituir monarquías populistas que sitúan al jefe del Estado por encima de la Constitución y fomentan la perpetuación en el ejercicio de los cargos públicos.

Los nuevos monarcas populistas han recuperado el poder de fabricar ricos. Lo utilizan para favorecer, en primer lugar, a los familiares (ungiéndolos, por ejemplo, senadores o utilizándolos para eludir barreras anti-reeleccionistas), luego a los socios y por último a las amigas y amigos.

En años y territorios especialmente pacíficos, los pobres han dejado de interesar como masa militar. Los nuevos soberanos ungidos por y necesitados del voto universal se declaman preocupados por la suerte de los pobres y se declaran portadores de la misión de redimirlos, conduciéndolos al territorio idílico del bienestar. Por supuesto, allí donde la situación fiscal lo hace posible, los poderosos de la tierra se avienen a crear redes para aliviar la situación cotidiana de los desheredados. Es en ese momento cuando nace el pacto que da origen al clientelismo y que hace de los pobres no ya la fuente de reclutamiento de milicianos, sino una condición de pervivencia de las monarquías populistas.

Premios y castigos

En el fondo y en la superficie de cualquier organización política existe un sistema de premios y castigos que surge del accionar convergente de la sociedad y del Estado y que se desarrolla sobre un marco cultural determinado.

En realidad, no se concibe ninguna sociedad humana sin una red de incentivos que orienten las conductas de las personas.

Los populismos (invistan estos la forma monárquica o resulten de democracias devaluadas) tienden a remplazar los incentivos centrados en la honradez, en la vocación de servicio, la fraternidad, la cultura del trabajo y del esfuerzo, por abrumadoras señales a favor del facilismo, del placer sin responsabilidades ni límites.

Adviértase que cuando los populismos reinan sobre sociedades ricas, la distribución gratuita de bienes y servicios sirve para consolidar legitimidades, y para que un sector considerable de la ciudadanía comparta la idea de que la Constitución no es sino una rémora que obstruye la voluntad bienhechora del monarca.

Como bien pudiera acreditarlo el caso de algunas democracias europeas abatidas hoy por una gran crisis, la incentivación del consumo, del hedonismo, la irresponsabilidad y el facilismo no han hecho sino agravar los problemas desarticulando o relajando las potencias humanas nacionales imprescindibles para emerger del abismo.

Por su parte, las monarquías populistas de Latinoamérica se han preocupado por desarticular los incentivos heredados, remplazándolos por una mezcla perversa de demagogia y ensalzamiento de comportamientos que la tradición judeo- cristiana identifica como pecados capitales.

Si bien son mayoría los que conservan la cultura del trabajo, siguen creyendo en la amistad cívica y apostando por el ahorro, la responsabilidad, el respeto a la palabra empeñada, son muchos los que se preguntan: ¿para qué trabajar si hay formas de adquirir bienes sin esfuerzo?

Incluso si existieran medios de ahorro que hicieran posible el acceso a la vivienda propia, es muy probable que muchos se pregunten si no estarán equivocados. Sobre todo cuando descubren que, por ejemplo en Salta, es posible hacerse con una vivienda subsidiada con solo “tener llegada a Las Costas”.

No es precisamente constructivo el mensaje que emana de las altas esferas y que muestra un camino donde imperan el amiguismo, los privilegios y la servidumbre. No hay democracia allí donde un monarca gobierna (o pretende gobernar) situándose por encima de la Constitución, eludiendo controles, rodeado de favoritos y favoritas. En el caso de las viviendas de Lomas de Medeiros, como en muchos otros, se juega nuestro destino de sociedad de hombres libres e iguales.

* Ex Ministro de Trabajo de la Nación

Este es un reenvío de un mensaje de "Tábano Informa"
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