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miércoles, 17 de septiembre de 2014

NARCISO GUARAMATO PARRA, ESTADO DEL BIENESTAR

Ante la bipolaridad existente entre el capitalismo y el socialismo, algunas voces plantean una tercera vía que tome lo mejor de ambos modelos: El fuerte control estatal por un lado y la capacidad redistributiva del mercado por el otro. Esta vía  propuesta es el  Welfare State,  Estado del bienestar, Estado benefactor, Estado providencia o sociedad del bienestar.

E1 Estado del Bienestar  es un concepto de las ciencias políticas y económicas con el que se designa a una propuesta política o modelo general del Estado y de la organización social, según la cual el Estado provee servicios en cumplimiento de derechos sociales a la totalidad de los habitantes de un país.

Su desarrollo es producto de la izquierda europea (en especial la socialdemocracia). Muchos    analistas opinan que surge en los años 40’s  a través de la aplicación de los principios Keynesianos del pleno empleo.

El modelo del Estado de Bienestar se basa en la redistribución de la renta con el objetivo de garantizar la igualdad de oportunidades y la extensión de los derechos sociales a toda la población, desarrollando políticas asistenciales reconocidas como derechos. Participa plenamente en la economía, regulando el mercado y actuando como empresario con la doble finalidad de dinamizar la economía y obtener beneficios económicos para financiar sus actividades (Raya Diez, Esther).

El Estado garantiza a su población un adecuado nivel de vida, empleo, servicios sociales (sanidad. Educación y jubilación). Así como la institucionalización del movimiento obrero, igualdad de oportunidades y redistribución del ingreso, De tal manera que se crea un inmenso Estado Benefactor donde su presencia en la economía es muy importante. La población lo percibe como una sociedad de derechos y no de deberes.

“Este populismo del Estado de bienestar —que embriaga naturalmente a gobernantes encantados de poder ofrecer siempre más y mejores regalos y a los gobernados que encantados votan por gentes tan ilimitadamente generosas— está en la base de los excesos que llevan a las sociedades que viven bajo los grandes Estados benefactores de la decadencia paulatina a la crisis súbita”. (Rojas, Mauricio)

La evolución del Estado del bienestar fue diferente en los distintos países que conforman la Unión Europea con un norte más desarrollado que el sur, aunque en ambos sectores, el sector público creció aceleradamente. Por ejemplo. en Suecia el gasto público alcanzó un 70% del PIB en 1976. La seguridad prometida se esfumó cuando el exceso de gasto dio origen a un insostenible déficit fiscal que llegó a superar el 10% del PIB conduciendo a la caída estrepitosa del viejo y tan afamado “modelo sueco”, (Rojas, Mauricio) el cual ha sido sometido a extensas revisiones, sobre todo, por la falta de respuestas adecuadas a la crisis económica de los años 70’, que  provocó la aplicación de medidas que muchos calificarían de “neoliberales”, como es el caso de la privatizaciones.

El crecimiento del tamaño del Estado, acompañado de un desproporcionado tamaño de la burocracia, financiado  con una pesada carga tributaria, en algunos países, superior al 40%.

Los países de Europa del sur: España Italia y Grecia, que fueron los últimos en aplicar el modelo, están viviendo su crisis. Poco crecimiento económico, altas tasas de paro y un envejecimiento de la población están obligando a la revisión del modelo y la aplicación de medidas que traten de evitar el colapso, incluso la existencia misma de España, sometida  a fuertes presiones separatistas.

Aunque es loable los objetivos del Estado del Bienestar, parece que la vía propuesta no es la más ideal, Cualquier modelo que se base en una mayor intervención del Estado, no es viable.

Narciso Guaramato Parra
guaramatoparra@gmail.com
@guaramatoparra

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viernes, 11 de julio de 2014

GERMÁN GORRAIZ LÓPEZ, ¿FINIQUITO AL ESTADO ASISTENCIAL EN ESPAÑA?

Radiografía de la metástasis corrosiva del Estado de Bienestar en el Estado español.
La entrada en recesión de la economía española ha implementado el estigma de la incertidumbre y la incredulidad en una sociedad inmersa en la cultura del Estado de Bienestar del mundo occidental, derivando posteriormente en un shock traumático al constatarse el vertiginoso tránsito desde niveles de bienestar hasta la cruda realidad de la pérdida del trabajo y posterior desahucio, inmersión en umbrales de pobreza y dependencia en exclusiva de los subsidios sociales, no siendo descartable el finiquito del llamado “Estado Asistencial” en el horizonte de la próxima década.

INSTAURACIÓN DEL COPAGO SANITARIO TOTAL

El finiquito a la prescripción por principio activo en todo el Sistema Nacional de Salud, reflejado en el primer aumento tras 30 años del porcentaje que tendrán que pagar los beneficiarios de la Seguridad Social que en el caso de los jubilados con pensiones contributivas significará pagar pagar un 10% de los medicamentos, supone la desaparición de otro de los tabúes de la economía española Así, según eleconomista.es, de cada 100 euros que gastan las administraciones públicas, 52,6 euros son transferencias al sector privado, básicamente para pagar pensiones, prestaciones por desempleo y servicios sociales, citando el “Informe Económico de junio 2012” elaborado por el centro de estudios de negocios Esade, no siendo descartable la instalación del copago sanitario total en el horizonte del 2016.

Recordar que la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha advertido a los países europeos que” los recortes económicos amenazan con crear una emergencia sanitaria que, si no se ataja, tendrá graves consecuencias económicas, sociales y de salud en las próximas generaciones, por lo que España que tiene el índice de desempleo juvenil más alto de Europa (52 %), debería adoptar medidas urgentes para evitar lacras futuras”.

Sin embargo, los Presupuestos para Salud del Gobierno central y las Autonomías han experimentado una caída del 11 % desde el 2010, lo que se ha traducido en un recorte de 6.7700 millones € en inversiones (150 € menos por habitante) y que tendría su plasmación en la política de privatización de hospitales y servicios públicos, en la supresión de numerosos consultorios y servicios de guardia médica en zonas rurales que deberán desplazarse hasta los núcleos urbanos más cercanos para recibir asistencia sanitaria y en la aparición de enfermedades emergentes como la malaria o el paludismo que afectan especialmente a la población inmigrante y que en la mayoría de las Comunidades autónomas carecen del derecho a la sanidad universal y gratuita.

DESEMPLEO Y EXCLUSIÓN SOCIAL

Los datos del INE nos recuerdan que el paro de larga duración se habría multiplicado por diez desde 2008, pasando del 11% del total de parados en dicho año 2008 (242.800 personas) al 41% actual (2.419.000 parados) mientras que el número de hogares con todos sus miembros en paro se ha elevado hasta niveles insoportables y cada vez son más los parados de larga duración que pierden todo tipo de subsidio, pues aunque el Gobierno del PP ha prorrogado la ayuda del Plan Prepara debido a la presión social, incluye modificaciones sustanciales que limitarán el acceso de los parados a dichas ayudas en función de su colchón familiar. Así, la renta de todo el núcleo familiar (padres inclusive), servirá para determinar si se tiene derecho a recibir una ayuda que sube a 450 € para los parados de larga duración que tengan al menos tres familiares a su cargo, estableciéndose el listón en los 481 euros mensuales por cada miembro de la unidad familiar y quedando descartado todo solicitante que sobrepase dicha cifra.

Por otra parte, según el Consejo Económico y Social, 422.600 hogares vivían gracias a la pensión de los abuelos con ingresos medios de 840 € y que a pesar de su exigüidad, constituía hasta hoy el último salvavidas de los restos del naufragio económico español, pero teniendo en cuenta que se ha establecido por Ley un mínimo incremento de las pensiones de un 0,25 %, el colchón familiar verá reducido su grosor y se elevará el riesgo de pobreza y fractura social.

Así, según el último informe de Intermon Oxfam sobre “Crisis, desigualdad y pobreza”,se advierte que de continuar los recortes sociales, la pobreza en España podría llegar a afectar al 40 % de la población en el horizonte de la próxima década (en la actualidad, según dicha ONG, la tasa de pobreza se situaría en el 27% de la población y afectaría ya a 13 millones de personas). Finalmente, añadir que según Cáritas tres millones de personas vivirían ya en situación de "pobreza severa" (menos de 307 euros al mes) mientras el número de millonarios en España habría aumentado un 13% en el último año según datos de Eurostat, con lo que se está agudizando de forma vertiginosa una fractura social de resultados impredecibles.

¿COLAPSO DEL SISTEMA DE PENSIONES?

Según señala Joel Kotkin en la revista Forbes, durante décadas, los países del Norte (Alemania, Noruega, Suecia, Dinamarca, Holanda , Finlandia y Reino Unido), han compensado las muy bajas tasas de fecundidad y la disminución de la demanda interna con la llegada de inmigrantes y la creación de economías de orientación exportadora altamente productivas y por el contrario, los países periféricos europeos no han desarrollado unas fuertes economías que compensen su desvanecimiento demográfico al basar su economía en la llamada “dieta mediterránea” , cuyos ingredientes principales eran el “boom” urbanístico, el turismo y el consumo interno ,que creaba excelentes platos minimalistas, de apariencia altamente sugestiva y precio desorbitado pero vacíos de contenido culinario y con fecha de caducidad impresa (2008), provocado por el estallido de la burbuja inmobiliaria y el hundimiento del castillo de naipes económicos de los países PIIGS (despectiva abreviatura anglosajona que englobaría a España, Portugal, Italia, Irlanda, y Grecia) y por mimetismo de Chipre, Malta y Eslovenia.

Además, la crisis de deuda pública que sufre España ha convertido la hucha de las pensiones en un fondo de inversión de alto riesgo, por lo que es urgente culminar antes del 2015 el proceso de separación de fuentes dado que el sistema está en números rojos y carece ya de recursos suficientes para sufragar las prestaciones asistenciales (pensiones no contributivas) que perciben numerosos jubilados pese a no contar con el mínimo de años cotizados que exige la ley para tener derecho a una pensión.

Así, según el profesor del Departamento de Economía Financiera y Actuarial de la Universitat de València, Enrique Devesa, el sistema actual “presenta falta de sostenibilidad porque la Seguridad Social ofrece una rentabilidad promedio a todos los cotizantes de casi un 4,5%, lo que significa que las pensiones son elevadas respecto a las cotizaciones que se efectúan al sistema” y por su parte José Ramón Urrutia declara que “muchos menos cotizantes con salarios más bajos, hacen que los ingresos vayan cayendo y los gastos en pensiones subiendo más del 4% por los nuevos jubilados provocará que el déficit de la Seguridad Social en el 2014 ronde los 10.000 millones de euros”.

La OCDE recomendó “retrasar la edad de jubilación más allá de los 67 años e incentivar las pensiones privadas, incluso con carácter obligatorio, porque prevé que en el futuro se reducirán los beneficios de los sistemas públicos” en un estudio dedicado a analizar las reformas que se han llevado a cabo en los últimos años, pero a pesar de ello y según el Instituto Nacional de Estadística (tomando como fuente Eurostat), el peso sobre el PIB del gasto total en pensiones se ha mantenido estable entre 1990 y 2007, pasando de un 9,1% a un 9%, con un pico del 10,3% en 1996.

Por otra parte y según el pais.com, la pensión pública en España equivale al 81,2 % del último salario percibido frente al 42,2 % de media de la OCDE, lo que explicaría el desinterés de los españoles por invertir en Fondos de Pensiones (el 8,2 % del PIB frente al 30, 7% de media en la UE), por lo que desde las esferas del Gobierno se intentará convencer a la ciudadanía que para garantizar el nivel de vida de los futuros pensionista se deberá complementar “el sistema de reparto”, fomentando el SPP (Sistema Privado de Inversiones) según las posibilidades de cada ciudadano, lo que permitiría que cada trabajador se asegurara la pensión deseada en el momento de su jubilación.

Además, el Instituto Nacional de Estadística (INE) prevé que el país pierda un millón de habitantes en la próxima década, una tendencia que va a empeorar a medida que la generación del “baby-boom” comience a fallecer, dibujándose un escenario insostenible para el 2021 en que la “tasa de dependencia” según el INE, crecerá en un 57%, (lo que supone que habrá seis personas inactivas ya sea jubilados, parados o estudiantes por cada persona activa), lo que hará inevitable el agotamiento de los fondos de la llamada “hucha de las pensiones” (estimados en la actualidad en 50.000 millones €) en el horizonte del 2020.

Asimismo, el Gobierno preparará el enésimo Plan para aflorar la economía sumergida pues según un informe elaborado por el instituto Tax Research (que intenta cuantificar la economía sumergida y los ingresos que pierden los Estados por culpa del fraude fiscal), la economía sumergida en España representa el 22,5% del PIB nacional y si este montante de dinero tributara, el Estado podría recaudar 72.709 millones de euros anuales, con lo que España sería capaz de absorber su deuda pública en 8 años según los autores del informe “Closing The European Tax Gap” encargado por el Grupo de los Socialistas y Demócratas en el Parlamento Europeo para analizar la economía sumergida en cada uno de los países de la Unión Europea, de lo que se deduce la necesidad urgente de un nuevo Pacto de Toledo consensuado entre Gobierno, Oposición, Patronal y Sindicatos para consensuar los mínimos asistenciales, las fuentes de financiación y el calendario de aplicación de dicho pacto con el objetivo inequívoco de evitar el colapso de la Seguridad Social en el horizonte del 2021.

¿RIESGO DE ESTALLIDO SOCIAL?

Según José Miguel de Elías, director adjunto de la empresa de investigación de mercados y opinión pública Sigma 2, “la ciudadanía sabe que las élites políticas y financieras provocaron la crisis, fueron los beneficiarios de ella, son cómplices en su desarrollo y encubrimiento, y ahora tratan de eludir responsabilidades”. Recordar que el salario mínimo estaría congelado en los 3,91 €/hora mientras el de un diputado o senador con dietas y otras prebendas podría llegar a los 6.500 €/ mes y que según un estudio de la consultora de recursos humanos ICSA y el portal Laboris.net, los directivos españoles ganarían de media, 173.000 euros brutos anuales y el 10% de los directores generales mejor pagados de las grandes empresas más de 235.000 euros brutos.

En estas circunstancias, De Elías presagia un estallido social, pues “en España se darían ya todas las condiciones de grave deterioro social, necesarias y suficientes para el estallido social: altísimo paro juvenil y de larga duración, población inmigrante en paro y/o exclusión social creciente, marginación ascendente, exclusión en alza, precariedad laboral en ascenso y falta de mínimos personales vitales en nuevos sectores sociales, de lo que sería paradigma una población carencial de más de un tercio de la ciudadanía”.

Germán Gorraiz López
@ggorraiz

Gabriel Gasave
ggasave@independent.org
@ElIndependent
http://independent.typepad.com/elindependent/2014/07/finiquito-al-estado-asistencial-en-espa%C3%B1a.html

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jueves, 28 de junio de 2012

CARLOS ALBERTO MONTANER, POR QUE SE HUNDE EUROPA (DESDE ESPAÑA)

Madrid – La Unión Europea mira con envidia a Estados Unidos. Washington tiene un dólar fuerte (comparado con el euro), no hay tentaciones separatistas, y el gobierno federal mantiene su autoridad en los cincuenta estados de la Unión. Hay crisis en Estados Unidos, pero menor: el desempleo está por debajo del nueve por ciento y, aunque débilmente, el país crece.

El objetivo subyacente en la Unión Europea, aun cuando no se decía a las claras, era crear un gran Estado federal compuesto por la treintena de países que coinciden en el viejo continente.

¿Qué es Europa? La pregunta se la hicieron cuando se discutía la absorción de los países provenientes del desaparecido mundillo comunista. Para responderla, en 1993 se establecieron los “Criterios de Copenhague”: podían formar parte de la Unión Europea las sociedades que creyeran en las libertades democráticas y en el respeto por los Derechos Humanos, en el mercado y en la existencia de propiedad privada como modo de organizar la economía, y que estuvieran dispuestas a cumplir sus obligaciones con la institución.

La Unión Europea no era una cuestión religiosa ni cultural. Se trataba de una organización supranacional fundada en creencias jurídicas, a la que se podía concurrir vestido de cualquier manera, con cualquier color de piel, hablando cualquier lengua y rezando o no rezando a cualquier dios.

En principio, parecía un hermoso y aceptante proyecto que le ponía fin a los fanatismos y sectarismos que durante milenios ensangrentaron al Viejo Mundo. Pero se cometió un error: los padres de la gran patria trataron de unificar y homogeneizar a todos los retazos del gran rompecabezas. Como el modelo ideal era Estados Unidos, la nación más exitosa de la historia contemporánea, y ésta era bastante uniforme, prevaleció la ingenua tendencia de tratar de imitarla.

Así surgieron los fondos de cohesión. ¿Qué era eso? Eran transferencias sustanciales de los países más ricos de la Unión Europea hacia los más pobres. No se discutía por qué, en general, el norte de Europa, con Alemania, Holanda y los países escandinavos, eran más productivos que el sur vecino del Mediterráneo –fundamentalmente Portugal, España y Grecia–, sino la evidente diferencia de renta per cápita entre los ciudadanos de ambas regiones.

Prevalecía, pues, un espíritu redistributivo e igualitarista. Esa parecía ser la actitud justa. Aunque las sociedades no trabajaran del mismo modo y tuvieran, por lo tanto, tejidos empresariales diferentes; aunque no condujeran los asuntos públicos con el mismo grado de honradez y eficiencia, se suponía que la responsabilidad de los más poderosos era conseguir que la calidad de vida en todo el espacio europeo tuviera un perfil uniforme.

De alguna manera, esa demanda es la que hoy está destruyendo a Europa. ¿Por qué? Porque los ciudadanos de los países más ricos están dispuestos a castigar en las urnas a los políticos que continúen transfiriendo recursos a las naciones que hoy están en crisis. Se sienten engañados y estafados.

La señora Merkel no es una despiadada gobernante alemana que se niega a darles una mano a los griegos o a los españoles. Es un funcionario electo que tiene que tener en cuenta la opinión mayoritaria de sus conciudadanos y estos están hartos de los comportamientos irresponsables de unos gobiernos que gastaban mucho más de lo que recaudaban, y de unos sistemas financieros privados que, en defensa de sus propios intereses, tomaron decisiones equivocadas que los han llevado a la ruina.

El error no ha estado en aceptar dentro de la Unión Europea a países muy distintos, sino en intentar igualar los resultados. El error ha estado en tratar de dotar de una moneda común a sociedades que producen, consumen y administran de formas diferentes.

Estados Unidos es una entidad muy distinta a la Unión Europea y era una ingenuidad tratar de copiar ese modelo. Aquellas trece colonias originales desovadas por Inglaterra al otro lado del Atlántico, pese a sus diferencias, compartían el ADN esencial británico y habían hecho causa común con Londres hasta poco antes de la guerra de independencia de 1776. Esa experiencia no era transferible a Europa.
Para salvar el proyecto de la Unión Europea, enormemente valioso en mil aspectos, hay que olvidarse de las fantasías federales unitarias. El único destino posible es el de una confederación muy laxa de Estados desiguales en el que conviven sociedades distintas que obtienen resultados diferentes. Cada transferencia que se hace desde la Europa próspera a la Europa en crisis no contribuye a salvar el proyecto común, sino a hundirlo. Esa es la paradoja.

Fuente: El Nuevo Herald (EE. UU.)

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viernes, 25 de mayo de 2012

MICHAEL D. TANNER *, LA FALSA AUSTERIDAD EUROPEA

El movimiento contra la austeridad se encuentra en pleno apogeo luego de las elecciones en Francia y Grecia. Mientras tanto, en EE.UU., los defensores de más gasto público insisten en que la debacle europea demuestra que se deben revertir los esfuerzos por reducir la deuda y el déficit. Después de todo, escribió Paul Krugman en el New York Times, “el argumento de que recortar el gasto público estimularía a los consumidores y a las empresas a gastar más ha sido ampliamente refutado por la experiencia de los dos últimos años”.

Ante el persistente bajo crecimiento de Europa, Krugman podría tener razón — tan solo si en verdad hubiera habido austeridad en Europa en los dos últimos años.

Es cierto que Europa no ha practicado el mismo tipo de gasto keynesiano que caracterizó, por ejemplo, al paquete de estímulo de Obama. Aunque eso no es del todo cierto. Portugal sí intentó su propia versión de estímulo fiscal: En 2009 inyectó más de €2.200 millones a la economía, equivalente a 1,25% de su PIB. El resultado fue que el crecimiento económico se mantuvo negativo, mientras que el desempleo aumentó del 9,4% ese año al 14,4% actual. Hace poco el ministro de Finanzas de Portugal le dijo al New York Times que luego del estímulo, “las cosas no cambiaron, solo empeoraron”.

Mientras tanto, no es cierto que el resto de Europa haya “desmantelado” el Estado de Bienestar, como dijera Eugene Robinson del Washington Post. Desde luego, ya que el Estado promedio de la Unión Europea consume más de la mitad del PIB nacional, cierto recorte podría ser más que necesario. Pero hasta ahora los gobiernos europeos ni siquiera han estado dispuestos a pinchar el Estado de Bienestar, mucho menos lo han desmantelado.

En Francia, por ejemplo, la llamada austeridad consistió en gran medida en aumentos de impuestos. Se introdujo un impuesto complementario del 3% sobre los ingresos mayores a €500.000, se aumentó en un punto porcentual la tasa máxima de renta (de 40% a 41%), y se puso fin a la indexación automática de las bandas impositivas en los tributos a la herencia, riqueza y renta. También hubo un aumento del 5% en el impuesto sobre la renta corporativa para las empresas con ingresos superiores a €250 millones, así como un aumento en el tributo a las ganancias de capital, y el cierre de varias exenciones en el impuesto de renta corporativo. Y a pesar de que la mayoría de estos aumentos impositivos estaban dirigidos a los ricos, la clase media también salió afectada. Hubo un aumento en el impuesto al valor agregado e impuestos especiales sobre el tabaco y el alcohol.

Esta agenda debería alegrar a cualquier defensor de más impuestos —como por ejemplo Paul Krugman.

Es cierto que hubo ciertas reformas a los programas sociales y reducción de gastos. Pero estos aún no han entrado en efecto. Por ejemplo, Francia aumentará su edad de retiro de 60 a 62 años, pero hasta 2017. También se implementará un límite al gasto gubernamental en salud, a partir del próximo año. Por lo tanto, es un poco difícil discernir si recortes presupuestarios que podrían o no darse en el futuro o aumentos de impuestos que ya han entrado en efecto, son los culpables de que el crecimiento económico francés se haya desacelerado.

Veamos también el ejemplo del Reino Unido, donde la coalición conservadora-liberal sufrió recientemente una derrota en las elecciones municipales, en parte como reacción a las llamadas medidas de austeridad. Recordemos que un mes antes de perder las elecciones parlamentarias en mayo de 2010, el laborista Gordon Brown aumentó el impuesto de renta personal al 50% para las personas con ingresos superiores a £150.000 anuales. Esa medida de hecho logró disminuir los ingresos generados por dicho tributo en £509 millones. El gobierno británico disminuyó su planilla e hizo ciertos recortes en algunos programas, pero su gasto todavía consume casi el 50% del PIB nacional. El gasto público registró un aumento de £59.200 millones de 2009 a 2011.

Otros países europeos han seguido el mismo enfoque: aumento de impuestos hoy (especialmente) a los ricos, y promesas de pequeños recortes en el futuro distante. España impuso un “impuesto sobre el patrimonio” a los ciudadanos con más de €700.000 en activos, y decretó un aumento del 7% en el impuesto de renta para los que ganan más de €300.000 anuales; también aumentó los impuestos sobre las ganancias de capital. Italia impuso un “impuesto solidario” del 3% a todos los contribuyentes con ingresos mayores a €300.000. Grecia aumentó sus impuestos en casi el doble de lo que redujo el gasto, incluyendo un impuesto complementario del 5% a los ricos. Los impuestos al valor agregado aumentaron por doquier. Y el combustible, el alcohol y el tabaco fueron también objeto de aumentos tributarios.

No debería ser ninguna sorpresa que todos estos nuevos impuestos, combinados con una falta de moderación en los gastos, amenacen con llevar a Europa a una nueva recesión. ¿Hay alguna duda de por qué los votantes franceses, griegos y británicos estaban ansiosos por castigar a sus políticos?
* Director del Proyecto del Cato Institute para la Privatización de la Seguridad Social.


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jueves, 24 de mayo de 2012

ANÍBAL ROMERO, MANDRAKE LLEGÓ A EUROPA

El nuevo Presidente francés desea emular a  Mandrake. Así como el famoso mago realiza prodigios con sólo decir “abracadabra”, Monsier Hollande pronuncia su conjuro: ¡crecimiento!. El político galo parece convencido de que la economía funciona mediante sortilegios, y el suyo arremete contra un etéreo e inasible mal: la austeridad. Con pasmoso desdén hacia los riesgos y jugando con fuego, Hollande empuja a Alemania a asumir las deudas de Europa y pagarlas imprimiendo dinero y acelerando la inflación, violando así la Constitución alemana y el reglamento de su banco central (Bundesbank).
¿Pero de qué austeridad puede hablarse en Francia, Inglaterra, o España, por ejemplo? El gasto público francés aumentó en 33.4 millardos de dólares entre 2009 y 2010, añadiendo 29.5 millardos adicionales en 2011 y alcanzando en total el 56 por ciento del PTB. Lo que desea Hollande es gastar más, para lo cual aspira subir los impuestos a 75 por ciento a quienes ganan más de 1.3 millones de dólares al año y acrecentarlo a las corporaciones. Como ha dicho la economista  Veronique de Rugy, “si esta es una política pro-crecimiento, entonces el aliento con aroma de ajo es pro-romántico”.
La mencionada experta explica que el coro de los demagogos, que hablan de crecimiento como si se tratase de un teatro de prestidigitación, ignoran  que donde los gastos han sido de veras reducidos el recorte ha sido pequeño en relación con la magnitud del problema. De paso, como en Francia, las reformas estructurales prometidas en el mercado de trabajo y el tamaño de la burocracia no se han llevado a cabo. Por otro lado, en la medida que los declinantes países europeos han concretado alguna austeridad, la misma ha consistido en aumentar impuestos y no en minimizar el gasto.
En Gran Bretaña el gasto público ascendió igualmente en 50 millardos de dólares el pasado año, y no ha ocurrido reforma alguna del quebrado sistema de pensiones. Al contrario, el gobierno aumentó los impuestos a las ganancias y al seguro social, y también subió el IVA, en conjunción con otras cargas. En cuanto a España e Italia, la retórica es allí casi siempre más elocuente que los actos, y las reformas necesarias para reducir el peso del gasto y abrir espacios para la inversión reproductiva marchan a paso de tortuga.
Las teorías económicas estatistas y socialistas, con su mezcla de confusión, banalidad y fantasía, han hecho un daño inmenso al viejo continente. Las nuevas generaciones europeas, hoy presas del pánico ante el futuro, fueron educadas en el marco de Estados de bienestar que les enseñaron a esperarlo todo de los gobiernos. La libertad individual y los mercados han sido gradualmente asfixiados por una filosofía social errada, dirigida a complacer a electorados que acabaron por creer en un quimérico paraíso secular, que les garantizaría seguridad económica desde la cuna a la tumba. La cultura de los “derechos” a todo se hizo un dogma inquebrantable, y se perdió de vista que no hay nada fijo e inmutable en la historia, excepto que somos mortales.
Llegó la hora del ajuste de cuentas, hacia el que también se dirige a su modo Estados Unidos. Europa debería abandonar la pesadilla del Euro y retornar a un mercado común de bienes, servicios y trabajo, sin moneda única. Quizás es demasiado tarde para hacerlo de manera ordenada y el desenlace será muy costoso. Pero la tragedia griega no tiene otra salida que el retorno a una moneda propia. Alemania no va a echarse a Europa sobre los hombros, e Italia, España, Irlanda, y hasta Francia, requieren respirar.
aromeroarticulos1@yahoo.com

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domingo, 13 de mayo de 2012

ANÍBAL ROMERO, EUROPA. LA HUÍDA HACIA ATRÁS

Las élites europeas han actuado con suprema irresponsabilidad y los electorados pasan factura. Desde Platón sabemos que las democracias decaen bajo el impacto de la demagogia. Ahora bien, la frivolidad política tiene dos caras y bien decía Schumpeter que la mayoría de las personas, la mayor parte del tiempo, “piensan sobre política con la mentalidad de un niño de siete años”. Los electorados comparten la culpa pues confunden la realidad con sus deseos.
Allí se centra el mal europeo: en la voluntad de evasión. En paralelo, Europa, donde se labró la libertad, ha sucumbido a otra pasión, la de la igualdad. Y por desgracia se trata de una pasión generalmente movida por la envidia y el resentimiento, motores a su vez de todo socialismo digno de tal nombre. Empujada por la voluntad de escapar a la realidad y por la pasión igualitaria, Europa marcha a tientas hacia el abismo de la radicalización política y la bancarrota financiera.
Francia es un caso emblemático. Las agencias de prensa y grandes órganos noticiosos, una vez más, han perdido la pista del significado de las elecciones francesas. No acaban de caer en cuenta que todos los candidatos a la Presidencia, sin excepción, y cada cual a su manera, prometieron lo mismo: preservar un tal “modelo social” que está en quiebra desde hace rato, asfixiado bajo una montaña de deudas y la conducta infantil de un electorado malcriado, al que nadie se atreve a decir la verdad.
A lo anterior se suma el tema de Alemania y su visión de la austeridad, como único camino efectivo a una sana recuperación económica. El atolondrado Sarkozy y el desvaído Hollande acudieron a toda suerte de chivos expiatorios para dar sustancia al vacío de sus mensajes, y el proceso terminó por incluir a la señora Merkel, la única dirigente política de cierta entidad en el actual circo europeo.
Holande solicita un “pacto a favor del crecimiento” como alternativa al ya existente pacto de austeridad, sellado hace pocos meses por los atemorizados líderes de Europa en medio de severas turbulencias. Traducido a su sentido real, el famoso “pacto por el crecimiento” es un llamado a repetir todas las torpezas y desatinos que llevaron a Europa al punto en que se encuentra. Lo que quiere Hollande es multiplicar las recetas de aumento del gasto público, endeudamiento y complacencia al infantilismo político que, precisamente, decretaron la quiebra de los inflados e insostenibles Estados de Bienestar.
Podría decirse con cierta razón: no todos podemos trabajar tan duro y ahorrar tanto como los alemanes; pero en tal caso, a Francia, Italia, Grecia, España y Portugal, entre otros, les vendría bien reconsiderar el tema del Euro y vislumbrar el retorno a sus monedas nacionales, antes de que el peso del tótem les aplaste. Pero allí está el problema: sostener el Euro se ha convertido en una especie de tabú, tan intocable como nefasto.
De modo que Europa, habiendo abandonado el amor por la libertad, aferrada a la pasión igualitaria, y empeñada en cerrar los ojos ante un mundo globalizado e indispuesto a esperarla, huye afanosamente hacia atrás, en busca de las certidumbres y quimeras que por décadas plácidamente la adormecieron. La irreversible crisis del modelo socialdemócrata golpea sin piedad al viejo continente y lo seguirá haciendo. Entretanto, Barack Obama reproduce en EE UU el fracaso europeo, y en tres años y medio de gobierno ha multiplicado la deuda más que durante los ocho años de Bush. ¿Pero qué son cinco trillones de dólares para un Mesías al que resulta obligatorio cantar loas?
aromeroarticulos1@yahoo.com

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jueves, 29 de marzo de 2012

JOSE LUIS MACHINEA: LA VERDAD SOBRE LA CRISIS EUROPEA

La Nación - 28-Mar-12 - Opinión

http://www.lanacion.com.ar/1460157-la-verdad-sobre-la-crisis-de-europa

¿El fin de un modelo de desarrollo?
La verdad sobre la crisis de Europa

por José Luis Machinea

ESTADO DE BIENESTAR O ESTADO DE MAL ESTAR
Las crisis económicas y los debates acerca de sus orígenes nos han acompañado durante décadas y aun siglos. Por eso no es de extrañar que ese debate vuelva a instalarse en relación con la actual crisis europea, la principal amenaza para la recuperación de la economía mundial.

Si bien las crisis suelen reconocer causas de distinto tipo, hay una tendencia a aprovechar su surgimiento para proponer reformas que en situaciones de normalidad son difíciles de realizar. La situación de inestabilidad que atraviesa Europa no ha sido inmune al intento de encontrar en cada crisis una falla del modelo de desarrollo y, por ende, de plantear grandes cambios estructurales. Por cierto, este diagnóstico no ha sido siempre acertado, por lo que antes de enfocarme en Europa quisiera ilustrar la relevancia de estos factores estructurales en dos crisis previas, la de la década de 1980 en América latina y la de varios países asiáticos en la segunda mitad de la década de 1990.

Durante los años 80, América latina tuvo una disminución de su producto por habitante del 8% y un fuerte aumento de la cantidad de pobres (80 millones de personas), por lo que no es de extrañar que se la reconozca como la "década perdida", un calificativo que no se aplica a todos los ámbitos, dado que ésa fue la década del restablecimiento de la democracia en varios países de la región. Se trató de un período caracterizado por la crisis de la deuda, que había aumentado al calor de la abundancia de capitales de la segunda mitad de los 70. En algunos casos el aumento de la deuda pública se originó en crisis financieras que culminaron en una gran estatización de la deuda privada. Si bien se podría argumentar sobre los errores macroeconómicos de ese período, más evidentes en los países del Cono Sur y en Brasil, el excesivo endeudamiento y la falta de crecimiento se explican básicamente por el escaso dinamismo que mostraba a mediados de los años 70 el modelo previo de industrialización sustitutiva de importaciones impulsado por el Estado. Ese modelo tuvo sus años de gloria, en especial en algunos países de la región como México y Brasil, pero ya hacía un tiempo que venía mostrando signos de fatiga.

Podemos decir, entonces, que si las causas de las crisis se clasificaran en macroeconómicas y estructurales, entendiendo por estas últimas aquellas vinculadas con el modelo de desarrollo, las causas de la crisis de los años 80, con una gran heterogeneidad entre países, fueron en su mayor parte estructurales. Desafortunadamente, la idea algo simplista de creer que si algo funciona mal se debe hacer todo lo contrario fue responsable de propuestas desacertadas y de las crisis posteriores.

En cierta medida, y sin querer comparar situaciones económicas y políticas muy distintas entre sí, un caso extremo de "crisis del modelo" se dio en la ex URSS a comienzos de los años 90. Ahí también se observó un agotamiento del modelo, seguido de cambios radicales, muchas veces equivocados, para superarlo.

La otra crisis que dio lugar a largas discusiones sobre sus orígenes y, por lo tanto, respecto de las soluciones, fue la que afectó a varios países asiáticos en 1997-98. Organismos internacionales, analistas y políticos argumentaron que se estaba en presencia del agotamiento de una estrategia de crecimiento basada en una fuerte presencia del Estado, la cual había generado una mala asignación de recursos al priorizar, con distintos incentivos, ciertos sectores y mercados. Esas políticas públicas habrían generado una corrupción que las tornaba aún más ineficientes. Sin embargo, a diferencia de lo ocurrido en América latina durante los 80, los hechos mostraron que el agotamiento del modelo no era tal. La explicación de la crisis estaba relacionada más bien con un elevado déficit en cuenta corriente y un excesivo endeudamiento de corto plazo en moneda extranjera, en ambos casos generados básicamente por el sector privado en un contexto de fuertes aumentos en los precios del mercado inmobiliario y de apreciación cambiaria. ¿Esto implica que estaba todo bien en términos del modelo de crecimiento? Definitivamente, no; había cuestiones que corregir, pero se estaba lejos, como mostraron los años posteriores, de una crisis terminal de la estrategia de acumulación que había generado un espectacular crecimiento de esos países. En síntesis, en este caso, pareciera que los problemas macroeconómicos fueron más relevantes que los estructurales para explicar la crisis.

Llegando ahora al tema de Europa, hay explicaciones, como ocurriera en Asia, que remiten a factores estructurales, en particular el agotamiento del modelo de bienestar y el "insostenible" tamaño del sector público. Pero ¿puede ser insostenible la presencia del Estado cuando los países del norte de Europa, con la mayor presión tributaria del mundo, hace años que aparecen en los primeros lugares del ranking sobre competitividad y, en especial, por su capacidad innovadora? ¿Se puede desconocer que Europa, con una cierta heterogeneidad entre países, ha sido un ejemplo en términos de equidad, entre otras cosas con la mejor distribución del ingreso del mundo? ¿Se puede argumentar que la crisis se debe a un excesivo gasto público en países como España e Irlanda, que tenían en 2008 una deuda pública que estaba entre las más bajas de Europa? Pareciera más razonable buscar las razones de la crisis de la zona euro en una prematura adopción de una moneda común, sin mecanismos fiscales de compensación y, en el caso de los países del Mediterráneo e Irlanda, en un excesivo nivel de gasto -público y privado- que generó una exagerada dependencia del ahorro externo, o sea, un elevado déficit en cuenta corriente.

Eso nos lleva a dos reflexiones finales. Por un lado, si bien digerir los excesos que no se supo controlar en tiempo y forma llevará tiempo, la situación actual requiere que mientras se toman medidas para mejorar la competitividad y la deficiente estructura institucional, esenciales para reducir el riesgo de crisis futuras, se adopten decisiones que permitan disminuir la incertidumbre y, con ello, evitar la continua caída de la demanda.

Poco se ha avanzado en este terreno, más allá de que el cambio en la presidencia del Banco Central Europeo ha permitido ganar tiempo y evitar el colapso bancario y de la deuda soberana de varios países. Tampoco se logran avances con una reestructuración insuficiente de la deuda griega que sólo posterga las soluciones permanentes y genera dudas sobre si Alemania, el indiscutible líder económico y político de la región, tiene alguna otra propuesta más allá de pedir más reformas estructurales y más ajuste fiscal. Sin duda, ciertas reformas son necesarias y en algunos casos se requiere reducir el déficit fiscal, pero se debe ser consciente de que en esta coyuntura lo urgente es reducir la incertidumbre de inversores y consumidores, algo que sólo se logrará con una decisión clara, apoyada con recursos suficientes, en relación con las deudas soberanas que se reestructurarán y de aquellas que serán respaldadas por la eurozona.

Por el otro, no responsabilizar al Estado de bienestar de los males de Europa no significa ignorar la existencia de problemas de los sistemas de protección social o de rigideces en la estructura económica que afectan la competitividad de algunos países. Pero sería un error proponer cambiar el modelo de inclusión y de protección social europeo, que ha sido durante décadas un ejemplo para el mundo. Por el contrario, los cambios que se hagan deben preservar los principios de cohesión social, indispensables para combatir el aumento de las desigualdades que, junto con las oportunidades, acompañan a la globalización.

Este es un reenvío de un mensaje de "Tábano Informa"



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sábado, 3 de marzo de 2012

MICHAEL D. TANNER *: EE.UU.:, YA SOMOS COMO EUROPA (CATO INSTITUTE)

Con noticias de Europa que parecen empeorar día tras día, muchos han comenzado a preguntarse cuánto tardará el Estado de Bienestar de EE.UU. en seguir el modelo Europeo hacia la quiebra. La mala noticia es la siguiente: puede que ya haya sucedido.
Este año, el cuarto año consecutivo que se tomó un préstamo de más de $1 billón para mantener al gobierno estadounidense, el déficit presupuestario superará la cifra de $1,3 billones, 8,7% del PIB. Si considera que esto suena mal, es porque está mal. De hecho, solo dos países europeos, Grecia e Irlanda, tienen un mayor déficit presupuestario en relación a su PIB. La situación se ve un poco mejor cuando se considera el tamaño de nuestra deuda nacional, que ahora excede los $15,3 billones, 102% del PIB. Solamente cuatro países europeos tienen deudas nacionales más grandes que la estadounidense -Grecia e Irlanda nuevamente, más Portugal e Italia. Eso significa que el gobierno estadounidense es menos responsable en el aspecto fiscal que países como Francia, Bélgica o España.
Y tan mal como están las cosas ahora, EE.UU. se encuentra dirigido hacia un peor futuro. Si se suman las obligaciones no financiadas del Seguro Social y Medicare a la deuda nacional oficial, en realidad debemos $72 billones de acuerdo a las proyecciones de la administración de Obama para futuros ahorros de Medicare en virtud de Obamacare y casi $137 billones si se consideran proyecciones más realistas. En el mejor escenario posible, esto constituye más de 480% del PIB. Con proyecciones más realistas, debemos un asombroso 911% del PIB.
Mientras tanto, considerando tanto la deuda oficial como las obligaciones sin financiamiento de pensiones y salud, la nación más endeudada en Europa es Grecia, que debe 875% del PIB. Así es, EE.UU. debe potencialmente más que Grecia. Francia, la segunda nación más insolvente de Europa, debe solamente 549% del PIB. Incluso en el escenario más optimista, EE.UU. debe más que países fiscalmente irresponsables como Irlanda, Italia, Portugal y España.
Hasta ahora hemos podido evitar las consecuencias nuestro gasto exorbitante porque la muy pública turbulencia de Europa ha contribuido a que a EE.UU. aparezca como un refugio seguro para la inversión extranjera. En comparación a los problemas del euro, el dólar se ve más seguro. Esto significa que otros aún están dispuestos a prestarnos dinero a tasas absurdamente bajas. Pero esto no durará para siempre. De hecho, ya siete países europeos, incluyendo a Alemania y Suecia, tienen mejores calificaciones crediticias que EE.UU.
Tal vez podamos derivar algún consuelo del hecho de que nuestro Estado de Bienestar aún no es tan grande como el europeo. Pero la palabra clave aquí es "aún". Hoy en día, el gobierno federal gasta más del 24% del PIB. Añada el gasto estatal y local y el Estado en todos los niveles consume más de 43% de todo lo que produce el país a lo largo del año. A pesar de que eso suena mal, es una proporción menor que la europea, donde el promedio de gasto público considerando todos los niveles del gobierno constituye un poco más del 50% del PIB. Pero la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO por sus siglas en inglés) proyecta que el gasto del gobierno federal se dirige a exceder el 42% del PIB para el 2050. El gasto público considerando todos los niveles del Estado excederá el 59% del PIB. Y la CBO asume que el gasto a nivel de los estados y local se reducirá en el futuro, lo cual parece poco probable.
A modo de comparación, hoy en día Irlanda es el único país de Europa con un Estado más grande de lo que será el de EE.UU en 2050. Así es, se puede observar a países como Francia o Grecia, o incluso Dinamarca y Suecia y notar que eventualmente EE.UU. tendrá un Estado más grande que los de dichos Estados de Bienestar por excelencia.
En ese punto, ¿deja de existir EE.UU. como lo hemos conocido? Por lo menos, ¿puede su economía sobrevivir con una carga tan pesada de gasto público y el nivel de impuestos y deuda que le acompañan?
En medio de todo este desastre, el presidente Obama acaba de presentar un presupuesto que rechaza explícitamente la "austeridad", evita cualquier tipo de reforma a Medicare o al Seguro Social y añade $7 billones adicionales a la deuda nacional en los próximos 10 años. ¿Y los republicanos? Están muy ocupados discutiendo las ventajas y desventajas del control de la natalidad.
¿Qué está mal aquí?
* Director del Proyecto del Cato Institute para la Privatización de la Seguridad Social.
Este artículo fue publicado originalmente en National Review (EE.UU.) el 22 de febrero de 2012.
http://www.elcato.org/eeuu-ya-somos-como-europa

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miércoles, 25 de enero de 2012

PEDRO S. LIMIÑANA: MÁS ALLÁ DEL ESTADO DE BIENESTAR (DESDE TENERIFE. ESPAÑA)

Pero a raíz del desmoronamiento del socialismo real, el pacto se ha ido deteriorando progresivamente hasta llegar a nuestros días en los que parece definitivamente roto, a la luz de los ataques del capital, los mercados se dice ahora, a un ya de por sí maltrecho Estado de bienestar que para muchos empieza ya a ser simplemente un Estado de estar, cuando no de malestar.
Quienes militan a favor de la causa del pensamiento liberal conservador, o sencillamente neoconservador, han encontrado en la crisis el mejor argumento para atacar al Estado de bienestar, pues ahora más que nunca éste se muestra inviable, dicen, por no ser económicamente sostenible. Esta corriente del liberalismo se halla representada políticamente en España en las filas del Partido Popular, donde, como se sabe, también tienen cabida otros conservadores que nada tienen de liberales. Pese a todo, y aunque la derecha nunca vio con buenos ojos la concepción social del Estado, esas son cosas de socialdemócratas cuando no de comunistas disfrazados, lo cierto es que siquiera sea por motivos electoralistas, es lo que tiene la democracia, la reivindicación del Estado de bienestar está incrustada en el discurso de prácticamente todas los partidos políticos, incluido el PP, instalado en el Gobierno desde el pasado mes de diciembre.
El tan celebrado y defendido teóricamente como denostado en la práctica Estado de bienestar surgió en Europa tras la Segunda Guerra Mundial, fruto del pacto llevado a cabo entre liberales y socialdemócratas: mientras los primeros renunciaron al Estado mínimo y reconocieron que el Estado debe garantizar no sólo los derechos civiles y políticos sino también los económicos, sociales y culturales, los segundos renunciaron al marxismo y con ello a llevar a cabo la gran transformación y la construcción de la utopía socialista. El resultado fue la proliferación de una gran clase media que durante años ha servido de colchón amortiguador de los conflictos sociales y por ende de garante de la paz social, así como la consolidación del Estado social y democrático de derecho, el cual constituye la forma más desarrollada de la democracia representativa.
Pero a raíz del desmoronamiento del socialismo real, el pacto se ha ido deteriorando progresivamente hasta llegar a nuestros días en los que parece definitivamente roto, a la luz de los ataques del capital, los mercados se dice ahora, a un ya de por sí maltrecho Estado de bienestar que para muchos empieza ya a ser simplemente un Estado de estar, cuando no de malestar.
Ahora que el Estado de bienestar agoniza, quizás sea el momento de plantearnos si éste representa el modelo de sociedad que queremos. Pues no debemos olvidar que ni tan siquiera en los años de su máximo esplendor, el Estado de bienestar arremetió nunca contra las grandes desigualdades sociales, pues entre sus objetivos no se contaba el de erradicar las diferencias extremas en lo que a la distribución de la riqueza se refiere, sino sólo garantizar el acceso a todos los ciudadanos a una mínimas condiciones materiales de vida y a unos servicios sociales básicos. Así las cosas, se me antoja que si no queremos renunciar a la búsqueda de la justicia, debiéramos reivindicar un tipo de sociedad que vaya más allá del Estado de bienestar, que apunte a la distribución igualitaria de la riqueza y del poder y que, en suma, se oriente hacia la realización del comunismo libertario.

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