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LA LIBERTAD, SANCHO, ES UNO DE LOS MÁS PRECIOSOS DONES QUE A LOS HOMBRES DIERON LOS CIELOS; CON ELLA NO PUEDEN IGUALARSE LOS TESOROS QUE ENCIERRAN LA TIERRA Y EL MAR: POR LA LIBERTAD, ASÍ COMO POR LA HONRA, SE PUEDE Y DEBE AVENTURAR LA VIDA. (MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA) ¡VENEZUELA SOMOS TODOS! NO DEFENDEMOS POSICIONES PARTIDISTAS. ESTAMOS CON LA AUTENTICA UNIDAD DE LA ALTERNATIVA DEMOCRATICA
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viernes, 17 de mayo de 2013

ANTONIO COVA MADURO CONSEGUIR LO QUE "HAIGA" Y A LO QUE CUESTE

Este fin de semana fue muy frondoso. De nuevas ofertas, de nuevos milagros. Es una lástima que el señor Maduro parece no caer en la cuenta de que millones de sus compatriotas hace ya tiempo que no creen en las maravillas que el poder promete. 
Si no creen en "gallineros verticales" ni en "cultivos hidropónicos", menos razones tienen para creer en "trenes de cercanías" y demás zarandajas. Ya nos hartamos de oír sobre represas y planes faraónicos que transformarían los llanos de Venezuela, así que no nos vengan ahora con los miles de millones que harán maravilla esos sueños de Caracas conectada por todas partes.
Que el señor de Odebrecht imagine esa obra cumbre que superará lo hasta ahora visto en la ingeniería mundial y que en su portuñol nos transporte a ese momento sublime, es comprensible. Como que comienza a hacerse realidad lo que el efusivo abrazo de la señora Rousseff prometía: los brasileños haciendo el milagro de construir lo que el chavismo es incapaz de realizar. Lo que pasa es que ya la mayoría de este país no cree en nada de eso, así que, señor gerente, no pretenda hacérnoslo tragar. Pero es que, además, si Chávez en catorce años no pudo realizar nada de lo que prometió, ¿cree usted que su "hijo" lo hará en poco más de dos años? Felicitaciones. Nosotros no creemos en nada de eso.
¿Y en qué es lo que creemos? Pues, aunque Ud. no lo crea, en lo que vemos, sentimos y padecemos. Vaya y dése una vueltica por el país y llegará a la misma conclusión. Sobre todo, dése un paseíto por automercados, abastos y las bodegas que aún quedan. Allí está la verdadera Venezuela, y sus verdugos.
Allí se enseñorea el no hay y el eso vale tanto. O si prefiere la jerga científica: el desabastecimiento y la inflación, las dos hermanas siamesas que pueden acabar con cualquier gobierno, mucho más con uno que simula gobernar.
Permítame que traiga a su consideración las aleccionadoras páginas que a esto dedicó el gran periodista norteamericano Theodore White cuando escribió su veredicto sobre el gobierno de Chiang Kai-shek en la China de los años 30 y 40 del siglo XX. "La inflación, afirma, es la obsesionante peste que persigue a todo un país. Es la escondida amenaza que un gobierno desorganizado siempre genera como espada de Damocles sobre aquellos que intentan planificar, ahorrar y actuar con prudencia. Ser honestos en nuestros tratos diarios en medio de una inflación desbocada no tiene sentido y cancelar deudas a tiempo es una locura".
En una situación tal, prosigue, "cualquier funcionario se aprovechará de su posición, hasta que llegue el derrumbe irreversible que ya no puede ser ocultado". Y concluye: "cuando la dinastía Song de China (960-1125) creó el papel moneda, que pretendía pasar como dinero, terminó embarcándose en una ruta que nadie podía controlar. Por ello colapsó en una implosión inflacionaria, como luego lo haría la dinastía mongol que la sucedió. Desde entonces, cada vez que un gobierno ha perecido lo ha hecho en un paroxismo inflacionario, en una tormenta de papel moneda inútil. Y eso se debe a que ese papel no vale nada, pues su valor sólo proviene de la fe que se tiene en el gobierno que lo imprime." (In Search of History, A personal Adventure, Warner Books, N.Y., 1979).
Esta es la única realidad que los venezolanos conocen hoy, y ésta tiene mucho que ver con el señor Maduro. Desde que se encargó todo se ha evaporado de los anaqueles y lo escaso vale ya un ojo de la cara, pues no hay nada más cruel que la acción combinada de las siamesas.
Lo escaso, cuando asoma la nariz, es incomprable y todo mundo comienza a comportarse extrañamente, porque piensan que pueden sacar mejor provecho de lo que guardan con celo. Y primero que nadie los funcionarios, a quienes su oficio y experiencia les convierten en los peores predadores de la comarca.
Venezuela está hoy sin comida, sin medicamentos y sin repuestos para todos los aparatos necesarios, mientras los precios de vivienda, electrodomésticos y vehículos se disparan enloquecidos. ¿Cree el oficialismo que estas malvadas siamesas les permitirán gobernar? ¿En qué país, en qué época?
Y mientras, el tiempo corre, los problemas empeoran y las soluciones se "invisibilizan". El país ya no es aquel que Chávez lograba controlar, o por lo menos donde se permitía el lujo de postergar cualquier solución. Por cierto, ¿se han dado cuenta de lo difícil que ahora resulta entonar socarronamente el estribillo "no hay un 11 sin su 13", desde que vivimos el asombroso 14 de abril?
antave38@yahoo.com
(SU  ARTICULO POSTRERO DEL  MIERCOLES 15 DE ABRIL DE 2013)
El profesor y sociólogo venezolano Antonio Cova falleció a la edad de 74 años en la ciudad de Caracas este miércoles 15 de Abril, cerca de las 9:00 am. Sufrió el pasado martes un infarto del cual no logró recuperarse.
Una persona excepcional hoy ha dejado a este mundo, pero a nosotros nos ha dejado muchas enseñanzas de vida y siempre lo recordaremos, mi más sentido pésame a todos sus familiares y allegados.
Antonio Cova, mi estimado Profesor. Al final nos vamos sin dejar nada, pero tú dejas tus obras, familia, amigos discípulos y la influencia por las ideas que has manifestado. ¡Tú Legado de Libertad!
Nota de Raul Amiel con la cual somos solidarios todo el equipo de El Republicano Liberal

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viernes, 14 de diciembre de 2012

ANTONIO COVA MADURO, LA ARENGA FINAL

Cuando dudábamos sobre qué nombre darle a las palabras que este sábado 8 de diciembre dirigiera Hugo Chávez a los suyos -nunca al país, por la imposibilidad metafísica que parece tener para entender que el país incluye a bastante más que a "los suyos"-, desde la Asamblea Nacional uno de ellos, ofreció este término: arenga, que es el que mejor cuadra con su ejecutoria esa noche.
En efecto, cuando una y otra vez revisamos lo que allí dijo, y sobre todo cómo se dijo, no podemos menos que estar de acuerdo con la palabrita, que según el DRAE es "un discurso pronunciado para enardecer los ánimos". Eso era lo que buscaba, porque avizora los problemas que su enfermedad genera entre los suyos, los de la "secta gobernante".
Antes de la arenga vino la información, que es de mucho interés para todos, en especial para los venezolanos, que tenemos la suerte de que por más que se esmere el régimen por funcionar en medio de un sigiloso proceder, que con celo guarda el secreto hasta de las absurdas nimiedades, el hablador que es Chávez no encaja con tales intenciones. Chávez casi que necesita echarnos el cuento hasta con los más mínimos pormenores, de cómo fue que -¿inesperadamente?- le retornó el cáncer.
Nos reveló, incluso, la insólita noticia de que exámenes hechos justo antes de entrar en campaña le proveyeron de una información ("ya estaba curado") que resultó falsa; y que fue por eso que decidió optar por un nuevo mandato presidencial. Y la noticia es "insólita" porque nos cuesta creer que no más elegirle, el cáncer renaciera vigoroso, si apenas un tiempo antes se había desvanecido. ¿No sería que alguien -el paciente o los médicos que le atienden- se empeñaba en no ver la verdad, o por lo menos sospecharla?
De allí en adelante, el enfermo no hizo otra cosa que remachar el proceso por el cual los médicos llegaron a la conclusión fatal: el cáncer ha vuelto y parece venir con nueva fuerza, como lo informó el mismo paciente conversador cuando reveló que "los dolores son de importancia y han requerido de calmantes continuos".
A partir de ese momento, la información, diríamos que "clínica", se transformó rápidamente en arenga. En ella, como no sorprende constatar, el paciente se transforma en el centro del acontecer nacional... y continental. Y lo que sirve de "conexión" entre la información clínica y la arenga es la propuesta del milagro.
En efecto, consciente de la magnitud del mal que le aqueja y el aterrador pronóstico que lleva aparejado el cáncer que le retoñó, el paciente acude a su creencia más básica, la que trae desde niño, y que le empuja, no sólo a creer, sino a demandar un milagro del Cristo que aprietan sus dedos. Porque, ¿qué otra cosa sino milagros son los que le han traído a donde ha llegado?
Hugo Chávez no puede siquiera imaginar una posibilidad: que ese mismo Cristo le haya traído hasta aquí, precisamente para mostrarle a él y a quienes padecen su enloquecedor proyecto, que ese invento no sólo no es viable, sino que es tan endeble como para que su posibilidad penda de un hilo, el de la vida fugaz de quien lo intentó. Hugo Chávez ha sido víctima del único enemigo que no cree en batallas ni en arengas porque sabe que está más allá de ellas.
Es una lástima que en un momento que quizás sea el más importante de la vida que se le escapa, Chávez no haya podido desprenderse de su carácter de cabecilla de una secta, y dirigirse al país entero. No sólo eso, ha reafirmado la idea que tiene del "otro país" sin el que Venezuela no es posible: la de "enemigos de la patria", sin caer en cuenta de que, si lo son, lo son de "su" patria, no de la de todos.
Tampoco ve que un "milagro" impone conversión, como la de pedir perdón por todo el mal causado, y como la de convocar a todos, no sólo a los suyos, a librar la única batalla que importa: la de salvar a Venezuela. Un milagro, como lo hizo saber Cristo en los Evangelios, demanda un corazón magnánimo y no uno envanecido por las victorias que cree suyas, ni uno olvidadizo de los que sufren, y para quienes no tuvo siquiera un recuerdo.
Hugo Chávez vino a lo que vino, y en la intención de esa corta estadía no incluye a quienes le adversamos, ni a quienes le padecen y sufren por su causa. Vino a unir a su secta alrededor de su escogido, en quien necesita poner sus esperanzas. Habrá que ver qué creen quienes con asombro y mal disimulada disciplina le brindan su anuencia hoy, posponiendo sus verdaderas intenciones para cuando él no esté... porque también vino a despedirse.
antave38@yahoo.com

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sábado, 15 de septiembre de 2012

ANTONIO COVA MADURO, EL DERRUMBE,

Jamás concedimos que nuestra democracia pereciera a manos de una pandilla envilecida
Despacio al principio, pero cada vez más con una fuerza que ya luce irresistible, Hugo Chávez, y todo el parapeto personalista, barnizado de una ideología cuyo hedor de cadáver putrefacto se extendía por doquier, se dirige inexorablemente hacia el derrumbe. Y justo es decirlo, ese logro hasta hace poco impensable, no sólo para los venezolanos, sino para muchos que con asombro nos contemplan desde fuera, se debe, en alto grado, al abandono en masa, que ya luce imparable, de los cientos de miles -millones diríamos- de venezolanos que, hasta ayer no más, con una fidelidad perruna votaban por Chávez. 

Eso sólo ha sido posible por dos razones: la primera, que las promesas de Chávez cada día se tornaban más ilusorias, justamente cuando más desesperadamente mucha gente quería se hiciesen realidad; y la segunda, que, este flaco majunche se apoderó de ellas y de pueblo en pueblo ha ido comprometiéndose a que, una vez que sea el Presidente, lo será de todos los venezolanos y que tiene el firme propósito de hacer cumplir con lo que la gente espera de un Presidente: luz, agua, servicios públicos, caminos, empleo y seguridad. En suma, que será un Presidente para ellos, no para los cubanos, bolivianos o nicaragüenses, y mucho menos para garantizar los negociones de chinos, iraníes y bielorrusos. ¡Eso se acabó! Ya era hora. 

Para que tanto votante del chavismo abandonase con alegría el carro al que permanecieron atados durante catorce años, se necesitó de la mayor persistencia en una creciente mayoría que nunca nuestra historia había contemplado. En ese sentido -como decía Churchill a los ingleses en octubre de 1941 ("Jamás Inglaterra ha vivido tiempos más luminosos que los actuales... ")- los venezolanos en toda su historia no habían vivido tiempos tan brillantes y excelsos como estos últimos 14 años, en los que jamás cedimos ante el atropello, pero sobre todo, en los que jamás concedimos que nuestra democracia pereciera a manos de una pandilla envilecida. 

Es hora ya de que rindamos el más ferviente tributo, no sólo a los que están presos en violación de toda justicia y a quienes penan en el exilio, sino por encima de todo, a esa masa inmensa de hombres y mujeres que nunca se dejaron atrapar por el engaño ni por el espejismo de las promesas fastidiosamente repetidas. Esa multitud que aguantó tanto, sin aflojar jamás. Esos que, pegados a sus radiecitos o hipnotizados por Globovisión y similares en el interior, confiaron y esperaron contra toda esperanza. Como Santo Tomás, no requirieron "ver para creer", sino que venciendo el miedo y la desesperanza, en lo más profundo de su corazón creyeron en la justicia de su causa. Y junto a ellos, sus dirigentes. Por fin se verán recompensados. ¡Aleluya! 

Venezuela también tiene una deuda con Hugo Chávez. Sin él jamás habríamos aborrecido con tanta fuerza su socialismo del siglo XXI. Sin sus machaconas injurias, sin su fidelidad a quienes le acompañan en la tarea de destruir todo lo que este país había logrado, sin su empecinamiento en dilapidar nuestros recursos en proyectos locos e insensatos, sin su enternecedora "solidaridad" con cuanto gandul todavía figura en el catálogo de desmanes y atropellos a sus pueblos, como los hermanitos Castro, el Evo y el Ortega, jamás habríamos logrado tal unidad de miras y de propósitos. Muchas gracias. 

Venezuela, tan humillada y maltratada por propios y extraños, está dando al mundo una lección formidable: está a punto de echar del poder a quienes sólo supieron abusar de él; y para lograrlo ha dado un impresionante aporte a todo el que quiera verlo: una unidad a toda prueba, un tesón y un valor que a todos nos asombra. 

En efecto, sin vocearlo, cada persona que al paso de Capriles manifiesta, pública y estentóreamente que está con él y con lo que propone, niega rotundamente la especie de que el miedo nos paraliza. 

¿Miedo quienes el 12F salieron a votar en Puerto Ordaz con cascos y uniformes? ¿Miedo los que desafían la represión oficial para actuar de testigos de la democracia? ¿Miedo quien se libra de la camisa de fuerza del monopolio del Canal 8 y opta por el cable? ¿Miedo en quienes desafían al inmenso y descarado poder chavista para mantener abiertos radios y acorraladas estaciones de televisión libres y autónomas? ¿Dónde, cuándo, en qué forma? 

Todos han colaborado con el fin de la pesadilla y todos unirán esfuerzos para que no retorne jamás. Amén. A todos -Chávez y pandilla incluidos- un Dios se lo pague. A todos, un inmenso y estentóreo ¡Nunca más! 


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sábado, 4 de agosto de 2012

ANTONIO COVA MADURO, INVENTARIO ELECTORAL

¿Quién lo hubiera pensado? Nadie, en efecto, imaginó que frente a los abrumadores recursos que sin pudor alguno despliega el enfermo, un muchacho sano -cual el David de la Biblia- iba a responder con su mejor batería: echarse a la calle y a los caminos de Venezuela para contactar a la gente, a la gente burlada y abandonada
Extrañas cosas están pasando en esta singular campaña electoral que la hacen ser algo muy distinto a las que nos tenía acostumbrados Hugo Chávez. Para comenzar, ya no hay un disminuido candidato que le hiciere sombra y al cual podría ridiculizar endilgándole un "mote" que afianzara su carácter de víctima sacrificial. Ustedes saben, alguien a quien la oposición lanzara para intentar detener este desastre, pero al que este creído Titán de los llanos podría despachar a su antojo. Ya no.
Y no es que el catorceañero no lo intentara. Creyendo que estábamos todavía en tiempos de vencedor -aquellos del "frijolito" y otras lindezas- fiel a sí mismo, aburradamente parecido a lo que siempre ha sido, lanzó un apodo denigrante al cual podría acudir tanto que lo hiciese consustancial a su opositor de turno.
Ya todo su abrumador aparato comunicacional, en el que destaca la abrumadora presencia del Estado, podría haber borrado el nombre de Henrique Capriles Radonski y sólo quedaría un "majunche" a quien tronchar con facilidad. No resultó. El título burlón rebota sin lograr efecto alguno. Y lo más que ha logrado es una afanosa búsqueda de algunos en el "Diccionario de venezolanismos", a ver qué diablos es lo que significa la palabreja.
¿Qué es lo que pasa que el enfermo de Miraflores no logra marcar el paso del país ni imponer el ritmo de quienes se le oponen, como lo hacía antaño? ¿Qué pasa que ya las cadenas, el viejo instrumento del cual echa manos a troche y moche, ni siquiera aburren? Ya nadie les para. Tanto sabemos lo que de ellas podemos esperar que ¿para qué averiguarlo? Son palabras, sólo palabras que nada producen y a las que ninguna obra respalda.
Pero cuando les prestamos alguna atención aparece en ellas algo muy novedoso: el enfermo sólo habla de lo que dice o hace su contendor. ¡Por fin entendemos la aguda metáfora de Capriles! Él es para el "coyote" oficialista un inmejorable correcaminos. Y para saber de qué estaba hablando nadie tiene que acudir a un diccionario: ¡todos han visto cómo el Correcaminos burla a su incansable perseguidor!
Quién lo hubiera dicho antes de febrero: Chávez a la zaga de un joven de quien bien podría ser su padre. Pero este hijo le ha salido singular: no cesa de producir noticias desesperantes. Y eso lo está logrando desde pueblos y ciudades otrora bastiones del más rancio oficialismo. Y tan abrumadoras son que no hay manera de desdeñarlas.
No hay modo de que surtan efecto alguno las veladas o abiertas amenazas a los funcionarios públicos de gobernaciones o alcaldías chavistas, como tampoco logran nada los operativos de Mercal, o de cedulación, o vaya usted a saber de qué añagaza. Nada, nada de nada impide el desbordamiento de la gente al paso de Capriles. Todos quieren verlo, tocarlo y ninguno pierde la oportunidad de decir lo que siente. Ya lo vimos en Chaguaramas de Guárico: la gente más representativa toma el micrófono para vocear las razones que los llevan a estar allí, al pie del cañón, construyendo una sorpresita.
Los nombres increíbles retumban en el cerebro del enfermo de Miraflores -y se reflejan en la angustia mal disimulada de sus cortesanos: Chaguaramas, Valle de la Pascua, Carúpano, Yaguaraparo y Güiria, son sólo la más reciente muestra de los muchos sitios que el candidato oficial abandonó a su propia suerte y que hoy se agolpan para recibir a quien sí parece dispuesto a ocuparse de ellos.
¿Quién lo hubiera pensado? Nadie, en efecto, imaginó que frente a los abrumadores recursos que sin pudor alguno despliega el enfermo, un muchacho sano -cual el David de la Biblia- iba a responder con su mejor batería: echarse a la calle y a los caminos de Venezuela para contactar a la gente, a la gente burlada y abandonada. Y esa gente está respondiendo de una forma que ni los más incrédulos avizoraron nunca.
Esta ha sido quizás la mejor hazaña de Chávez, porque sin él, sin su verbo injurioso y retrechero y sin su inepta y destructiva gestión de gobierno, las multitudes que padecen apagones sin fin, cortes de agua, inseguridad rampante, no correrían espontáneas tras Capriles; ni mucho menos enjambres de toda edad pondrían pausa en sus ocupaciones para formar grupos de voluntarios que garanticen el triunfo de la acogotada democracia. Menos aún el singular milagro de la unidad blindada de los opositores, que hoy se exhibe por el país entero.
Gracias, muchas gracias por favores concedidos; gracias por quitarnos el miedo y ayudarnos a echar por la borda toda prudencia culpable.
antave38@yahoo.com

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jueves, 12 de julio de 2012

ANTONIO COVA MADURO, RICO MCPATO,

Pero he aquí que más fuerza que su neverota recién adquirida lleva medio día apagada, ¡un regalo de Don Regalón! ¿Y su reluciente camionetanga? Parada en el garaje porque Cadivi no le garantiza el repuesto que la pondría de nuevo en las calles, después de seis meses varada

Hay mitos recientes y hay mitos antiguos. Quizás el más antiguo al que los venezolanos se aferran sea el de conseguir real fácil y pronto. Eso nació con la llegada de los primeros conquistadores españoles y no murió, sino que se mantuvo en "hibernación", durante la Colonia. Se trata de la combinación de dos experiencias singulares: "la búsqueda del Dorado", que nos convirtió en una sociedad andariega desde el comienzo (el fulano Dorado no aparecía por ningún lado, a pesar de agotarnos buscándolo... ) y, no faltaba más, el asentamiento en la isla de Cubagua.


Detengámonos allí por un momento. Los primeros conquistadores españoles descubren que, en las costas de una isla perdida en el oriente de "Tierra Firme", hay perlas. Rápido construyen un poblado al que bautizaron Nueva Cádiz, y ponen a expertos nadadores indígenas a extraer perlas mientras ellos la comercializaban. Comenzaba así el "saca-y-saca" venezolano que rápido se agota, que nunca nos ha abandonado.

Si el Dorado era el "negoción" (los venezolanos parecen huir del negocio, eso es para los musiús, afirman), Cubagua fue la "extracción". En ambos casos, la riqueza está allí, no hay que trabajarla, no hay que producirla. Es más, si podemos, que lo hagan los extranjeros y nos den las "regalías" que les impongamos, que "pa'eso esa vaina es nuestra... ".

A partir de aquel momento -"preñado de ominosos signos para el futuro"- los venezolanos le han asignado poderes mágicos a "los reales". Y a quien los tiene le acreditamos todo tipo de posibilidades y venturas. El ricachón, entones, todo lo puede y ello muchas veces lo hace un "blanco" fenomenal de cuanto malhechor pasa por la comarca.
Quedémonos por de pronto con la imagen de que "los reales" logran lo que quieren: mujeres, carros, man-siones, viajes y juerga permanente. Lo interesante es cuando los reales se convierten en las "cimientos" de un mito político: con real todo se consigue, sobre todo los votos de una población a la que le llegan aunque sean migajas. Hoy ese "mito" produce un veredicto contundente: "¡Chávez va a ganar porque tiene muuucho real!, sentencian los expertos.

Permítanme un cuento esclarecedor. Corría el año 1978 y ya la Gran Venezuela del primer Pérez había producido una sociedad ahíta de billetes, pero también de problemas desconocidos hasta entonces. Como sentenciaba Ramón Piñango: "si a un Ministerio cualquiera se le dificulta ejecutar un presupuesto modesto, pero funcional, ¿se imaginan cuando se lo multiplican por 10"?

Un ejecutivo adeco, de esos que balbuceaban sus primeras "políticas públicas", comentó sin vacilar ante la anuencia de quienes le rodeaban: "los adecos van a ganar porque CAP ha lanzado mucho real a la calle". Cuando tomé la palabra dije más o menos lo siguiente: "tú estas suponiendo que la gente adjudica su recién adquirida riqueza al Gobierno y eso no suele suceder; pero lo que sí acontece con frecuencia es que, cuando su recién adquirida avioneta no puede arrancar por problemas de aeropuerto y de burocracia, la culpa, esa sí, se la asignan enterita al Gobierno". A los meses ganó Luis Herrera Campins, propinando una segunda derrota a los adecos.

El mito afirma lo mismo acerca del mejor heredero de los adecos: mucho real en la calle, Mercal, Maiquetía a reventar y camionetangas de todas las marcas copando calles y carreteras. Y el votante racional y agradecido recordando a su gran derrochador ese domingo, como si fuesen del Foro de Sao Paulo.

Pero he aquí que más fuerza que su neverota recién adquirida lleva medio día apagada, ¡un regalo de Don Regalón! ¿Y su reluciente camionetanga? Parada en el garaje porque Cadivi no le garantiza el repuesto que la pondría de nuevo en las calles, después de seis meses varada... Por eso tiene que coger un "aeroejecutivo" para que lo lleve desde Caracas a Valencia... en cómodas 8 o 10 horas, mientras su sobrino es "ruleteado" por las urbanizaciones de Maracay, sin enterarse de la misión "A toda vida", mientras los atracadores están a todo pulmón desvalijándolo.

Pero ¿es que los reales no pueden ponerse en afiches, camiones-carrozas, mítines rodantes y demás parafernalia chavista de elecciones? Por supuesto que sí. Lo que no está seguro es que esa inversión produzca votos por borbotones el 7 de octubre, sobre todo si la gente cree que deberían ponerse a trabajar para dar luz, agua corriente, y caminos reparados. Y la gente ve, oye y se molesta, y es eso lo que recoge el Correcaminos por donde quiera que pasa y con besos le reciben.



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sábado, 30 de junio de 2012

ANTONIO COVA MADURO, EL MITO DE LA ETERNA FORTALEZA

Chávez no solamente está enfermo, sino que ese estado le paraliza y le confina a Miraflores

EL MITO DE ICARO
Hace dos semanas informamos que nos dedicaríamos a elaborar una serie de artículos cuyo eje central lo constituiría el atento examen de algunas de las "creencias" que parecen dominar, tanto los debates públicos como las conversaciones que, ansiosos mantenemos día tras día acerca del angustioso futuro que parecería estar reservado a Venezuela.

Vale la pena aclarar que utilizo el verbo "dominar" en los dos sentidos que podría tener. En primer lugar, es obvio que hay creencias que dominan nuestras conversaciones hasta el punto de que tienen un absoluto predominio en ellas; pero también está claro que algunas de estas "creencias", devenidas en "mitos", no toleran que ninguna alternativa aparezca porque su "dominio" es excluyente. Las cosas son como el mito dice, y punto.

Hoy les pido me acompañen a hacer un recorrido, tan exhaustivo como el espacio de que disponemos y su paciencia lectora lo permitan, por un mito que suele colarse incluso en nuestra "blindada" racionalidad. En otras palabras, que aunque digamos de mil maneras que no nos dejamos atrapar por él, siempre su presencia dominante se instala.

Para comprenderlo mejor imaginemos una de esas conversaciones tan machaconas que los venezolanos sostenemos por estos tiempos. Es una conversación que arranca de una constatación objetiva, donde todos podemos aportar suficientes "pruebas"; de allí su peligrosidad. Su centro reside en la extendida idea de que Chávez, en la eventualidad de verse derrotado el 7-0, no va a entregar.

Esa rotunda afirmación usualmente se adorna de una serie de argumentos donde priva, y de que modo, su fuerza casi telúrica y su reconocida astucia. Pocos captan que ese argumento no esconde más que un modo de pensar mítico: él hará lo que siempre ha hecho. Y, más perverso aún, nosotros también haremos lo que siempre hemos hecho: aceptar los hechos cumplidos (que siempre benefician a Chávez, es la conclusión obvia).

En la florida argumentación con que se adorna la "no entrega" del poder, aparecen otras variables, la más perversa: la ingobernabilidad, que se estima fueron paridas por el "modo de gobierno" que Chávez ha desplegado en estos trece años. En efecto, afirmamos sin casi darnos cuenta, si este es el país que ahora tenemos, a lo mejor es Chávez el único que podría controlarlo... El mito, entonces se transforma en un cepo.

Por todas los arbotantes que tiene, que realizan las mismas funciones que los arcos de las catedrales góticas, la forma de encarar este mito parecería ser laalejandrina: la que utilizó Alejandro Magno cuando le hicieron ver que debería desatar el "nudo" para poder adueñarse de la ciudad de Gordius. Rápido procedió a desatarlo con su espada realizando un contundente tajo.

Es nuestro caso, este mito -es fundamental hacérnoslo ver y hacerlo ver a otros-contradice una propuesta fundamental del pensamiento occidental que ya el propio Heráclito propuso en la antigua Grecia: "jamás bajo un puente corre la misma agua".

Pero, además, el mito no sólo niega la persistencia del cambio como algo inexorable en la vida social, sino que se enfrenta a otra idea que desde los tiempos decimonónicos de Marx nos han acompañado: las cosas que sucedieron fue en razón de lo que estaba pasando en el momento en que se dieron. Ni más ni menos. En otras palabras: todo es contextual, nada tiene sentido fuera de su tiempo, del tiempo que lo parió, lo hizo posible y le dotó de sus rasgos.

Cuando juntamos todos estos argumentos, la conclusión es contundente: Chávez hizo lo que hizo porque le fue posible hacerlo, porque determinados condicionantes históricos estaban allí para respaldarle. Ni más ni menos. Por ello, para que pudiera volverlo a hacer tendrían que estar presentes, con el mismo vigor, aquellas condiciones. ¿Nos atreveríamos a afirmarlo de modo contundente?

Y es aquí donde la teoría social resplandece: tener condiciones incambiadas es un requisito sin el cual el mito no se sostiene. Más aún, condiciones absolutamenteiguales niegan el cambio histórico, el agotamiento de modelos y propuestas. En una palabra: niegan la biología.

En las condiciones de hoy, Chávez no solamente está enfermo, sino que ese estado le paraliza y le confina a Miraflores, desde donde sólo articula un eternoritornello: misiones, planes fantásticos y millones erogados que nunca se materializan. Su chispa comunicadora se apaga.

Y ese Chávez, prematuramente envejecido y fastidioso, desconectado de una realidad que se le escapa, ¿tendría fuerzas para no entregar?

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martes, 29 de mayo de 2012

ANTONIO COVA MADURO, LA GRAN COALICIÓN

Es esa coalición la que lenta, pero seguramente, se ha venido estructurando en los últimos diez años en Venezuela. Los expropiados junto a los trabajadores de Ciudad Guayana, con los parientes de los miles de víctimas mortales, junto a profesores y estudiantes de nuestras grandes universidades, al lado de médicos "baipaseados" por los cubanos, y no faltaba más, los incomprables oficiales de nuestras Fuerzas Armadas, tan arrinconados y humillados, son hoy la fuerza invencible que podrá derrotar al chavismo, ése que ya no tiene cómo realizar las hazañas electorales de las que hizo gala hasta hace poco.
En tiempos como los que vivimos, nada más cierto que aquel dicho de que "una sola golondrina no hace verano". No, se necesitan muchas golondrinas. Más aún, se requiere que esas golondrinas estén, de algún modo, organizadas, o, que actúen como si lo estuvieran. En efecto, son tan vastos y abrumadores los asuntos que hoy día enfrentamos, que sólo juntos podríamos tener posibilidad de salir airosos de las grandes tareas que ellos nos imponen.

Dado que el orden político no es otra cosa que el ámbito donde los humanos ensayan la convivencia, lograr "coaligarnos" es la única manera de enfrentar con alguna posibilidad de éxito las tareas que a todos nos impone una vida política saludable.

Tocó a la democracia de mayor edad en el mundo de hoy: la norteamericana, hacernos ver este asunto de manera meridiana, como todos sabemos, en ese vasto territorio -más que un país, Estados Unidos es en realidad, un continente- habitan al presente más de 300 millones de personas que, desde que eran menos han mostrado unos rasgos de igualdad que siempre han asombrado a quienes les visitan. Tocqueville, el más conspicuo entre muchos, ya en 1835 advirtió su asombrosa "igualdad de condiciones".

Pero Estados Unidos es también un mundo que abriga a una gran diversidad: una persistente minoría negra arropada por una mayoría blanca que, sin embargo, tiene múltiples orígenes, hoy deben hacer sitio para una creciente población latinoamericana. Variados grupos cristianos originarios, que conviven con una fuerte presencia judía, mayor que en cualquier otro país occidental, debe aceptar hoy a un creciente número de musulmanes.

Como si estos elementos no bastasen, la agitada historia norteamericana, ya desde sus inicios tuvo que ir dando cabida a grupos muy diversos. Así, hubo de aceptar a los esclavos liberados por la Guerra Civil, para luego aceptar la inmensa masa migratoria proveniente de la convulsa Europa del siglo XIX: desde judíos ashkenazi hasta católicos irlandeses, italianos y polacos. Hoy repite el mismo esquema con asiáticos de la costa del Pacífico hasta el alud que desde Latinoamérica no cesa de recibir.

Como podríamos imaginar, garantizar a todos su plena incorporación ciudadana ha supuesto agotadores esfuerzos a Estados Unidos. Uno de los más exitosos fue el que sus analistas políticos llamaron la "Gran Coalición", la más emblemática de las cuales fue la que construyó Franklin D. Roosevelt en las décadas de los 30 y 40 del pasado siglo.

Roosevelt logró que su partido -el Demócrata- coaligara en un solo frente a obreros, granjeros, académicos y jóvenes, con los recién llegados judíos y católicos. Todos ellos unidos para llevar adelante lo que se llamó el New Deal, joya invalorable del Partido Demócrata.

A partir de entonces, la idea de una "gran coalición" se ha referido siempre a la alianza de diversos grupos para conquistar y mantener el poder. En América Latina hubo algunas parecidas, como la liderada por el PRI en México y la que entre nosotros protagonizó Acción Democrática, con logros singulares. Que ya luzcan agotadas no les quita en absoluto el papel que tuvieron en su tiempo.

Hoy quiero, empero, referirme a otro tipo de coalición. No el que garantiza a un grupo político la conservación del poder, sino la "coalición" que aseguraría su derrumbe. Ojo, no me refiero a cosas como la inflación, la inseguridad y otros males que, cuando se juntan, hacen muy difícil que un gobierno sobreviva. No, me refiero a actores de carne y hueso, gente concreta para quienes el grupo que controla el poder ha llegado a convertirse en una gran amenaza.

Es esa coalición la que lenta, pero seguramente, se ha venido estructurando en los últimos diez años en Venezuela. Los expropiados junto a los trabajadores de Ciudad Guayana, con los parientes de los miles de víctimas mortales, junto a profesores y estudiantes de nuestras grandes universidades, al lado de médicos "baipaseados" por los cubanos, y no faltaba más, los incomprables oficiales de nuestras Fuerzas Armadas, tan arrinconados y humillados, son hoy la fuerza invencible que podrá derrotar al chavismo, ése que ya no tiene cómo realizar las hazañas electorales de las que hizo gala hasta hace poco.

Esta Gran Coalición luce hoy tan invencible como la de Roosevelt en su tiempo; y su mayor fuerza reside en la absoluta convicción de que un chavismo triunfador entrañaría la ruina definitiva de todos. Por eso, se requiere del esfuerzo supremo de todos juntos para lograrlo.

antave38@yahoo.com

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domingo, 1 de abril de 2012

ANTONIO COVA MADURO / VIDA DE LA CORTE

Los encargados de que todo marche como tiene que ser, pero sobre todo el mismísimo monarca, tienen un ojo especial para captar ausencias, pero mucho más un olfato crítico para detectar "autoinvitados". Está claro que el delicado y riguroso ceremonial de Corte cuenta con todos y cada uno de los que "tienen que estar" en el sitio justo a la hora pautada


Presurosos algunos nobles escogidos se dirigen al Palacio de Versalles, más precisamente a las recámaras reales. Es ya la hora determinada de la mañana en la que el Rey se despereza y debe iniciar sus actividades. A ellos les toca estar presentes para todo el diario ceremonial de "vestir a Su Majestad". A ninguno de los designados se le ocurriría faltar a lo que quizás sea la cita más importante del día. 



No puede haber ni ausentes ni asomaos en esa liturgia matutina. Los encargados de que todo marche como tiene que ser, pero sobre todo el mismísimo monarca, tienen un ojo especial para captar ausencias, pero mucho más un olfato crítico para detectar "autoinvitados". Está claro que el delicado y riguroso ceremonial de Corte cuenta con todos y cada uno de los que "tienen que estar" en el sitio justo a la hora pautada. 



Ninguna Corte es numerosa. No puede serlo porque luciría más bien una gallera a la que se ha dado "puerta franca". Su poder, su legitimidad y hasta su efectividad dependen de que sea el hábitat de un exiguo grupo de escogidos. Por eso, tanto las "entradas" a ese Edén, como las "echadas" de él son rigurosamente pautadas. 



Son, como en los clubes exclusivos de la oligarquía, otros miembros, ya duchos en la vida y milagros de la Corte, quienes "apadrinan" a los nuevos candidatos. Del éxito de semejante apadrinamiento dependen lealtades que serán muy útiles llegado el momento. Algo así fue lo que nos descubrió un sensacional trabajo de hace dos domingos en "Siete días" del diario El Nacional: el confiscador de tierras, Juan Carlos Loyo, entrando a la Corte de las manos del diputado carabobeño Ameliach. 



Este "apadrinamiento", sin embargo, no deja de tener sus peligros, porque si el "apadrinado" no se comporta y cae en la mira desagradada del autócrata, no sólo caerá él, sino su padrino también. Por ello siempre es recomendable que el candidato a cortesano muestre sus "cualidades" con el esmero adecuado en cuanta oportunidad tenga. Con ello da garantías al potencial padrino y atrae la benigna mirada del autócrata. 



Otra forma de entrar puede ser coquetear con la familia real, llenarla de regalos, reírle sus gracias, servirles de compañía en cuanta oportunidad se presente. Recordemos el famoso refrán "quien a tu hijo besa, tu boca endulza". Y el autócrata es muy sensible a eso. 

Todo autócrata sabe que la reverencia y el temor que él debe provocar exige que nadie entre los cortesanos -o los aspirantes a serlo- se sienta exento de cualquier castigo: un periódico ostracismo como los que Chávez otorga de cuando en vez, o el exilio perpetuo; pero tampoco el cortesano sabe cuándo le puede venir un súbito regalo, una alabanza, un ascenso.

 Todo depende del humor del autócrata, y de su "standing": si la "popularidad" decrece, tanto más se precisa de la lealtad de los cortesanos. Castigos y premios, pues, son el pan nuestro de cada día en la vida de la Corte. 



La Corte es también el dominio de las palabras, por ello ¡hay que cuidarlas! En el riguroso entrenamiento cortesano se aprende -y de ese aprendizaje y su práctica depende la sobrevivencia exitosa- lo que hay que decir y cómo decirlo, pero sobre todo se aprende lo que hay que ocultar y callar. 



La Corte no es para los miembros desarrollar mejor su trabajo. No. Esa Corte existe para que el autócrata se sienta rodeado por quienes le son patria o muerte. Por ello el aprendizaje más vital es llegar a saber cómo hablarle al Jefe, de modo que al lograr convencerle de algún asunto, suban a la estratosfera los "puntos" del cortesano.

Y quizás más importante aún, saber cuál es la interpretación justa de sus palabras, y mucho más de sus silencios. 

Los veteranos logran imponerle al jefe sus temores porque saben cómo hablarle, incluso qué gestos administrar en el proceso, como cuando le convencieron de echar pa'trás la fallida Ley de Universidades.

Pero también cómo predecirlo: tarea agobiante y azarosa. 

Para el cortesano que aspire al éxito las fatigas abundan y los "tiempos" son eternos. Debe acudir en riguroso uniforme de cabeza a pie a todas las citas presidenciales y hasta debe "mudarse" a Miraflores, como dicen ya hizo Giordani. Así estará más cerca del autócrata y hasta se adaptará a una vida llena de trampas y negras sorpresas. 



Pero como era predecible, la Corte se marchita rápido y ya comienzan a abandonar al "Costa Concordia" los fieles de ayer. Vivimos en tiempos de talanqueras y excomuniones inútiles, mientras aires nuevos soplan desde el Este. 






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miércoles, 14 de marzo de 2012

ANTONIO COVA MADURO: UN TITAN EN EL RING

Chávez ya no es el único que se conecta de manera segura e instantánea con los necesitados

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ANTONIO COVA MADURO |  EL UNIVERSAL
miércoles 14 de marzo de 2012  12:00 AM
En una deliciosa entrevista que Gloria Bastidas le hiciese al cineasta Thaelman Urgelles -el mismo que escribiese unos notables "perfiles" de los distintos candidatos que se presentaron a la consideración del electorado el pasado 12F- aparecen algunos asuntos sobre el proceso político venezolano que vale la pena comentar. 
Por supuesto que no hay entrevista, por muy buena que sea, totalmente exhaustiva y que agote todos los temas. Pero tampoco eso la haría una buena entrevista puesto que, para que cumpla ese requisito, debe dejar a sus lectores hambrientos de explorar más, y es esto lo que creo que hay que hacer. 

Creo que lo más valioso de esa entrevista es el asunto de la "fuerza" que Henrique Capriles parecería poseer. Para detectarla Urgelles acude a un símil deportivo, al enfrentamiento entre Cassius Clay y Sonny Liston; y que también podría tener un equivalente bíblico: David frente a Goliat. 

La propuesta de Urgelles parecería sugerir que lo que le provee fuerza a quien desafía al poderoso es no ser como éste. Dicho de otra forma: ni pelear de la misma forma, ni utilizando las mismas armas. Es más, jamás presentarle batalla en su propio campo. De allí lo útil del símil boxístico. 

Es obvio que, de entrada, Capriles no tiene la "veteranía" de Chávez, pero tampoco su desgaste. Capriles, en efecto, no ha incurrido en el error de asumir la centralidad de su persona, como Chávez ha hecho hasta el hartazgo. En estos interminables trece años, confiscó toda posibilidad de descentralización y asumió que él y su gobierno lo harían todo, todo el tiempo. Creyó, ilusamente, que si acaparabas todo el poder formal eso te haría el más poderoso de la comarca, sin darse cuenta de no hay nada más verdadero que "el que mucho abarca poco aprieta". 

Pero si todo eres tú (no olvidaré la pintura que una vez vi en una ambulancia del interior de la república: Chávez disfrazado de médico), entonces también de lo malo eres el origen, como lo eres de la escasez, de las tropelías, de la falta de real; y eso configura una matriz que para el régimen es letal. Si Chávez es la fuente de todo lo que hay en el país, y lo que hay me daña, me perjudica, me agrede, entonces la conclusión es obvia: para que yo y todos los venezolanos retornemos a los buenos tiempos, Chávez debe irse... y mientras más rápido, mejor. 

Más peligroso aún para el régimen: de todo lo que nos pase, sea por acción o por omisión, el régimen es el único culpable. Tomemos el tráfico caraqueño como un ejemplo. Si trasladarnos de un sitio a otro puede implicar colas de dos y tres horas, a menos que quiera correr el riesgo de irse en moto y que se le venga encima un aguacero, o viajar en Metro y quedarse atrapado en un túnel sin ayuda alguna, aquí no hay más que un culpable: Chávez. 


En efecto, él es incapaz de botar a cuanto incompetente tiene en su gobierno. Es más, lo único que hace con ellos es rotarlos, de modo que puedan probar su incompetencia no en uno, sino ¡¡en todos los cargos!! Pero, además de eso, es el mismo Chávez el que repite sin cesar los mismos diagnósticos y las mismas recetas que han probado hasta el cansancio ser la mar de inútiles. 

Una y otra vez habla de la crisis eléctrica y resulta que lo único que salva a mucha gente de tener que calárselo es... ¡el seguro apagón! Una y otra vez inventa una nueva misión, un nuevo programa, hasta nuevos ministerios para encarar el problema de la vivienda y allí están, paralizadas todas. 

Pero hay más. Chávez ya no es el único que se conecta de manera segura e instantánea con los necesitados, ya le salió competidor. Capriles no será un académico, ni siquiera un orador que encanta y maravilla, pero sí es alguien con quien la gente siente una conexión instantánea. Y en eso no hay nadie en el PSUV que lo iguale, y Chávez sólo lo hace por televisión. Hace rato que dejó de estar en medio de las masas y de sentirse a gusto con la gente conversándole y manoseándolo. 

Capriles, además, es casi veinte años menor que un cansino de cincuenta y déle, que además padece una grave dolencia. Capriles es David y Chávez un agotado Goliat, que además poco ha aprovechado la enseñanza de caer y volver a levantarse una y otra vez. 

Pero eso no es lo peor para Chávez y los suyos. Lo peor es la inesperada fuerza del pueblo opositor: tres millones y creciendo. ¡Vaya sorpresa! Capriles fue convertido en un titán por el pueblo que no ve las horas de que esto termine y que por saber que sólo faltan 7 meses su esperanza adquiere una fuerza de huracán. 

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miércoles, 20 de julio de 2011

ANTONIO COVA MADURO: UNA VENEZUELA INADVERTIDA, INTERNET SÍ "SUBE CERRO" , Y LO BAJA CUANTAS VECES QUIERE

                                                                  A esa experiencia siguieron otras que me llegaron muy adentro y cambié mi percepción. Y ahora que, obligado por males de salud que no quisiera tener, me he tenido que someter a múltiples exámenes clínicos, la realidad se me impone. En todos los sitios donde he estado aparecen, estelares, estos "nuevos" venezolanos que, saliendo de abajo muestran una asombrosa competencia profesional en los campos más variados.
En los años que tengo enseñando en la universidad no he dejado de oír lo que siempre se presentó como una verdad incontrovertible: que la Venezuela de hoy sigue siendo, en lo más profundo, la misma Venezuela partida en dos que nuestra brutal guerra de emancipación trató de eliminar.

Esa letanía llegó a ser lo que los anglosajones llaman "jeremíada" (por los lamentos del Jeremías bíblico) y que nosotros bautizamos como la "quejadera". Venezuela, ése era -y es- el l eitmotiv, es un país con muchas riquezas donde una minoría (la de Santos Luzardo) trata desesperadamente de arrancarla de la barbarie (la de Doña Bárbara y su mundo pertinaz) en la cual vive la gran mayoría del país.

Toda nuestra historia republicana, entonces, era vista y entendida desde esta perspectiva. 

Eventualmente, alguna gente lograba escapar del submundo bárbaro y a trancas y barrancas encajar en el de los venezolanos "civilizados". Había, incluso -eso era lo que se nos repetía machaconamente- destacadas instituciones que servían de trampolín para saltar de la barbarie a la civilización. Dos eran los que destacaban: el incipiente sistema educativo y la fuerza armada nacional.

Las pruebas de que eso era así eran tan evidentes que se hacían chocantes; sobre todo cuando la aparición del petróleo en nuestras vidas aceleró el proceso. Súbitamente el país pudo darse una forma de vida que sólo los reales en abundancia permitían, y esa "vida" nueva obligaba a que en cada rincón del país apareciera un tipo de venezolanos hasta entonces inexistentes.

Maestros de escuela, médicos, ingenieros y hasta militares profesionales eran de obligatoria presencia en esa "nueva" Venezuela. Apareció, entonces, la "Venezuela de los doctores" y con ello una nueva forma de empecinada estratificación social: después de los "doctores" el país sólo contaba con un inmenso caudal de lo que con pudor los expertos llaman "mano de obra no calificada". Resucitaba, vestida de otro modo, la Venezuela de blancos criollos y con la marejada de pardos a cuestas, tan poco competentes como resentidos.

Venezuela, con apenas un poco más de cuatro millones de habitantes, comenzó a recibir oleadas de inmigrantes europeos -dos millones y medio, coinciden las diversas fuentes- que se desparramaron por todo el país. Y la presencia "musiú", sin que nos diésemos cuenta, fue cambiando al país.

Hugo Chávez quizás sea el último venezolano que se quedó anclado en esa imagen de Venezuela, la de pardos contra criollos; aunque a veces lo acompañen en esta percepción más de un tenaz opositor a su proyecto demencial.

A mí, como a muchos, me costó desprenderme de esa imagen paralizante, mientras me iba hartando de prejuicios. Un día, sin embargo, tuve la oportunidad de ser invitado a recorrer las instalaciones de un colegio universitario en San Cristóbal. Ustedes saben, una de esas instituciones a la que uno veía con desdén y hasta con alarma, por considerarlas productoras de miríadas de profesionales express que simulaban una formación rápida y sin arraigo alguno. Unos médicos cubanos avant la lettre pues.

Pero cuando salí de aquel recorrido ya había comenzado a dudar, sobre todo después que me llevaron a una sala virtual donde un grupo de jóvenes seguía la clase por Internet de un profesor del Tecnológico de Monterrey, y en eso el profesor dice que va a contestar la pregunta que le acababa de enviar la señorita f ulana de tal desde San Cristóbal, estado Táchira en Venezuela.

A esa experiencia siguieron otras que me llegaron muy adentro y cambié mi percepción. Y ahora que, obligado por males de salud que no quisiera tener, me he tenido que someter a múltiples exámenes clínicos, la realidad se me impone. En todos los sitios donde he estado aparecen, estelares, estos "nuevos" venezolanos que, saliendo de abajo muestran una asombrosa competencia profesional en los campos más variados.

Es el asombroso mundo de los paramédicos, sin los cuales cualquier funcionamiento de instituciones hospitalarias sería imposible. Se va acabando ya el mundo de médicos desbordados, rodeados de una manga de incapaces que terminaban, casi de modo inconsciente, saboteando lo que esa agobiada minoría intentaba lograr.

Y otra cosa singular: en sus conversaciones -porque de la perenne cháchara venezolana no escapan- impera, abrumadora, la modernidad revestida del abigarrado mundo de las telecomunicaciones. Internet, entonces, sí "sube cerro", y lo baja cuantas veces quiere.

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