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jueves, 20 de febrero de 2014

RICARDO ESCALANTE, ¡FARSANTES!

Hace unos días circuló profusamente en internet el audio con un supuesto mensaje de Hugo Chávez a su hermano Adán, en el cual se declaraba secuestrado. Lo escuché dos veces y me pareció que se trataba en efecto, de su inconfundible voz, pero, por supuesto, si se examinan las circunstancias que rodearon la vida del caudillo a partir de la primera operación pélvica que le practicaron a mediados de 2011, la única conclusión posible es que la grabación es obra de un experimentado embaucador.
Se sabía que Chávez estaba aquejado por una de las variedades más agresivas de cáncer, pero él, Fidel y Raúl Castro, se empecinaban en ocultar la gravedad del diagnóstico y las expectativas de vida para retener el mando hasta el instante de la muerte, para asegurar la continuidad del régimen y avanzar en creación del ser legendario, casi sobrenatural.  Un final terrible para alguien que amenazaba con gobernar cincuenta años.
Durante año y medio el autócrata hizo esfuerzos para dar la impresión de que ciertas manos milagrosas y avanzados medicamentos producían el efecto deseado, aunque el aspecto desnudaba la farsa. Con el rostro abotagado, un feo color cobrizo y andar cansado, se aferraba a la condición de caudillo y se ponía de rodillas ante el Cristo que con prepotencia antes denostaba. Quería creer su triste mentira. Y aquí voy ahora a contar por primera vez la anécdota de un médico colombiano -un amigo a quien conocí hace muchos años en Londres-, que pasó por Houston en noviembre de 2011, cuando la salud presidencial era solo especulaciones y secretismo.
Mi amigo había coincidido en un evento profesional con uno de los doctores que atendían al Presidente venezolano en aquella etapa del mal, quien en términos confidenciales le describió las características del tumor extraído de la parte posterior de la vejiga y los órganos invadidos. Los augurios eran devastadores, a pesar de que el tratamiento era el mejor que existía. El paciente era un hombre de contextura fuerte, acostumbrado al ejercicio físico, pero estaba sujeto a imponderables: No todos los organismos reaccionan de la misma manera a la medicina. Ya entonces le calculaban una vida máxima que podía estar entre 8 y 12 meses, pronóstico que resultó acertado.
Las actividades públicas del jefe del Estado comenzaron a disminuir en forma progresiva al llegar el año 2012. Apeló al uso creciente de los medios radioeléctricos para suplir las ausencias impuestas por el dolor inclemente, que era aliviado con drogas heroicas. Atrás habían quedado las largas caminatas y el programa Aló Presidente, que solía durar hasta ocho horas y era transmitido en cadena de radio y televisión. Hasta compromisos de Estado eran cancelados intempestivamente. Twitter pasó a ser una herramienta esencial, hacía viajes no programados a Cuba y con fines proselitistas endeudaba el país de manera irracional. Las elecciones presidenciales fueron adelantadas ante la certeza de la mengua de las condiciones físicas.
Lo que vino después es harto conocido. Los viajes a La Habana eran cada vez más frecuentes y de mayor duración, hasta que ya no pudo gobernar, mientras el país andaba a la deriva y a la oposición le faltaba garra para llenar el vacío presidencial. En vez de reclamar la declaratoria de ausencia absoluta del Presidente, lo más importante para el ex candidato Capriles Radonsky era orar por la recuperación y el pronto retorno de Chávez.
En aquellos meses aciagos, Venezuela quedaba en evidencia como uno más de esos países afroindios latinoamericanos propensos a la mitología. Unos lloraban y en el pecho llevaban medallitas con la imagen de Chávez. No faltaban siquiera relevantes detractores que lo estimaban indispensable, en vez de promover un liderazgo civil que rescatara la pluralidad de las ideas y las banderas democráticas.  De esa forma y con la habilidosa tracalería cubana se llegó al gobierno de ese ignorante primitivo que es Nicolás Maduro.
Ahora mis lectores se preguntarán qué persigue mi circunloquio. Pues algo sencillo: Insistir en que hasta en la oposición hay quienes creen en la invencibilidad del chavismo y con sus grabaciones de “Chávez” alimentan el mito, con lo cual le sirven al peor y más corrupto de los gobiernos venezolanos.  ¡Aliados involuntarios de Maduro!
@opinionricardo

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sábado, 30 de junio de 2012

ANTONIO COVA MADURO, EL MITO DE LA ETERNA FORTALEZA

Chávez no solamente está enfermo, sino que ese estado le paraliza y le confina a Miraflores

EL MITO DE ICARO
Hace dos semanas informamos que nos dedicaríamos a elaborar una serie de artículos cuyo eje central lo constituiría el atento examen de algunas de las "creencias" que parecen dominar, tanto los debates públicos como las conversaciones que, ansiosos mantenemos día tras día acerca del angustioso futuro que parecería estar reservado a Venezuela.

Vale la pena aclarar que utilizo el verbo "dominar" en los dos sentidos que podría tener. En primer lugar, es obvio que hay creencias que dominan nuestras conversaciones hasta el punto de que tienen un absoluto predominio en ellas; pero también está claro que algunas de estas "creencias", devenidas en "mitos", no toleran que ninguna alternativa aparezca porque su "dominio" es excluyente. Las cosas son como el mito dice, y punto.

Hoy les pido me acompañen a hacer un recorrido, tan exhaustivo como el espacio de que disponemos y su paciencia lectora lo permitan, por un mito que suele colarse incluso en nuestra "blindada" racionalidad. En otras palabras, que aunque digamos de mil maneras que no nos dejamos atrapar por él, siempre su presencia dominante se instala.

Para comprenderlo mejor imaginemos una de esas conversaciones tan machaconas que los venezolanos sostenemos por estos tiempos. Es una conversación que arranca de una constatación objetiva, donde todos podemos aportar suficientes "pruebas"; de allí su peligrosidad. Su centro reside en la extendida idea de que Chávez, en la eventualidad de verse derrotado el 7-0, no va a entregar.

Esa rotunda afirmación usualmente se adorna de una serie de argumentos donde priva, y de que modo, su fuerza casi telúrica y su reconocida astucia. Pocos captan que ese argumento no esconde más que un modo de pensar mítico: él hará lo que siempre ha hecho. Y, más perverso aún, nosotros también haremos lo que siempre hemos hecho: aceptar los hechos cumplidos (que siempre benefician a Chávez, es la conclusión obvia).

En la florida argumentación con que se adorna la "no entrega" del poder, aparecen otras variables, la más perversa: la ingobernabilidad, que se estima fueron paridas por el "modo de gobierno" que Chávez ha desplegado en estos trece años. En efecto, afirmamos sin casi darnos cuenta, si este es el país que ahora tenemos, a lo mejor es Chávez el único que podría controlarlo... El mito, entonces se transforma en un cepo.

Por todas los arbotantes que tiene, que realizan las mismas funciones que los arcos de las catedrales góticas, la forma de encarar este mito parecería ser laalejandrina: la que utilizó Alejandro Magno cuando le hicieron ver que debería desatar el "nudo" para poder adueñarse de la ciudad de Gordius. Rápido procedió a desatarlo con su espada realizando un contundente tajo.

Es nuestro caso, este mito -es fundamental hacérnoslo ver y hacerlo ver a otros-contradice una propuesta fundamental del pensamiento occidental que ya el propio Heráclito propuso en la antigua Grecia: "jamás bajo un puente corre la misma agua".

Pero, además, el mito no sólo niega la persistencia del cambio como algo inexorable en la vida social, sino que se enfrenta a otra idea que desde los tiempos decimonónicos de Marx nos han acompañado: las cosas que sucedieron fue en razón de lo que estaba pasando en el momento en que se dieron. Ni más ni menos. En otras palabras: todo es contextual, nada tiene sentido fuera de su tiempo, del tiempo que lo parió, lo hizo posible y le dotó de sus rasgos.

Cuando juntamos todos estos argumentos, la conclusión es contundente: Chávez hizo lo que hizo porque le fue posible hacerlo, porque determinados condicionantes históricos estaban allí para respaldarle. Ni más ni menos. Por ello, para que pudiera volverlo a hacer tendrían que estar presentes, con el mismo vigor, aquellas condiciones. ¿Nos atreveríamos a afirmarlo de modo contundente?

Y es aquí donde la teoría social resplandece: tener condiciones incambiadas es un requisito sin el cual el mito no se sostiene. Más aún, condiciones absolutamenteiguales niegan el cambio histórico, el agotamiento de modelos y propuestas. En una palabra: niegan la biología.

En las condiciones de hoy, Chávez no solamente está enfermo, sino que ese estado le paraliza y le confina a Miraflores, desde donde sólo articula un eternoritornello: misiones, planes fantásticos y millones erogados que nunca se materializan. Su chispa comunicadora se apaga.

Y ese Chávez, prematuramente envejecido y fastidioso, desconectado de una realidad que se le escapa, ¿tendría fuerzas para no entregar?

antave38@yahoo.com

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