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martes, 27 de agosto de 2013

VLADIMIR VILLEGAS, LA POLARIZACIÓN MEDIÁTICA

He recibido comentarios de diverso tenor con respecto a mi artículo de la semana pasada sobre la situación que hoy se vive en Globovisión, luego de la renuncia de varios anclas y periodistas de larga trayectoria dentro del canal, y buena parte de esos comentarios apuntan a la necesidad de que no se le puede pedir equilibrio a este medio de comunicación audiovisual porque ello generaría un mayor desbalance, dada la inalterable línea informativa de los medios del Estado.

Por diversas vías he recibido críticas a mis posiciones frente al tema, y esas críticas lejos de hacerme dudar me ratifican la necesidad de que los medios, públicos o privados, no jueguen un rol promotor de la polarización, de la división entre los venezolanos. 

Me reprochan que no haga una crítica a los medios del Estado, y que me concentre en poner en tela de juicio la línea de Globovisión antes de la operación de compra venta finiquitada hace ya varios meses. Pues quiero recordarle a mis críticos que durante largos años he cuestionado el rol de los medios del Estado, su carácter de medios parcializados, sometidos a una línea político-partidista. Basta con buscar en los archivos de El Nacional mis escritos al respecto.

Ni tengo la lengua amarrada ni tengo miedo de ratificar mis críticas al modelo de medios públicos imperante en el país. Creo que tienen que ser sometidos a lo que ahora se denomina una “reingeniería” para que se comporten como lo que en teoría son, medios del Estado, y no medios para que un gobierno o un partido los utilicen como sectarias correas de transmisión de líneas políticas, ante las cuales pueden sucumbir incluso quienes, sin dejar de ser chavistas y maduristas, tienen críticas frente a cualquier decisión de carácter político, económico o electoral que no sea de su agrado.

Estamos en un magnífico momento para el debate sobre el rol de los medios públicos y privados. Los extremismos de uno u otro signo pierden capacidad de convocatoria, los matices comienzan a verse, aún en forma borrosa, pero cada vez con más claridad. La sociedad, de la cual forman parte chavistas, opositores, independientes, indiferentes, radicales, conservadores, dogmáticos, pragmáticos y otras categorías de ciudadanos no sometidos a la dinámica polarizante, espera mucho de los comunicadores sociales y de los medios. Tal vez esperan más de lo que se pueda dar, pero cada vez hay más conciencia de que la polarización no puede seguir contaminando la información en nuestro país, porque la verdad termina siendo la primera víctima en estas circunstancias.

El presidente Nicolás Maduro está anunciando cambios en algunos medios del Estado. Vive TV pasará a llamarse TV Comunas, y el domingo leía una nota sobre la creación de VTV Noticias. En cuanto a este último anuncio, sólo queda esperar y aspirar a que sea un canal realmente abierto, capaz de superar lo que hasta ahora hemos visto como política informativa de los medios públicos.

Si se recrimina que en algunos medios audiovisuales privados sólo se destacan las noticias negativas, cosa por cierto cada vez más discutible, no hay manera de negar que desde los medios públicos continúa presentándose  una realidad edulcorada, sin espacio para la denuncia, la crítica y la disidencia, lo cual termina siendo contraproducente para el mismo Gobierno.

 Ese esquema de medios polarizados, desequilibrados y empeñados en amoldar la verdad a intereses particulares y no colectivos es parte de los males que como país tenemos que superar. Por fortuna, cada vez hay más conciencia de esa necesidad.

Vladimir Villegas ‏
@Vladivillegas

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miércoles, 31 de julio de 2013

VLADIMIR VILLEGAS, OPINAR PODRÍA CONVERTIRSE EN DELITO EN VENEZUELA

Todos los gobiernos de estos tiempos le tienen ojeriza a la libertad de expresión y de información; unos más, otros menos. Además, el tema se ha vuelto muy complejo y trajinado en virtud de las variadísimas argumentaciones e interpretaciones que cada quien esgrime para defender sus puntos de vista en función de lo que más le conviene. Esto genera una gran confusión en el ciudadano común, a tal punto de que ventilarlo se ha convertido casi en una materia de especialistas. Y entre ellos están, fundamentalmente, los defensores de los derechos humanos, rara avis, incómoda también para los amos del poder.

Ahora bien, en el variado e indefinido espectro político mundial, los regímenes fuertes, independientemente de la etiqueta que puedan llevar (desde el llamado socialismo real con todas sus variantes, hasta gobiernos autoritarios disfrazados), dicen actuar a favor de la gente para protegerla de las noticias sesgadas o manipuladas llenas de falsedades que a diario se publican (cuando ellos sí lo hacen mediante la alienante propaganda oficial) y dejando a un lado o minimizando la labor seria, profesional y respetable de los periodistas.

El modus operandi es el de pasar leyes punitivas que limitan y penalizan la libertad de prensa, manipular las pautas publicitarias, promover la autocensura y, en algunos casos, quitarse la careta utilizando sin limitación alguna la justicia para enjuiciar a editores y comunicadores independientes. Sólo se salvan de esta degollina los cercanos a los (cuasi reyes) mandatarios de turno. Esta tendencia se ha regado como la pólvora en América Sur, donde los ejemplos abundan en Argentina, Ecuador, Bolivia y, por supuesto, Venezuela que, sin lugar a dudas, se lleva el premio mayor.

La señora Kirchner no soporta la crítica de la prensa independiente de su país. Evo Morales no se queda atrás, aun cuando allí la situación es menos tensa. Correa ha llegado a exaltaciones de histeria y prepotencia incontenibles, al hacer aprobar una dura ley mordaza que, prácticamente, hace riesgoso difundir cualquier noticia adversa, so pena de ser enjuiciado, tanto el comunicador como el dueño del medio responsable de su divulgación.

Sin embargo, en todos estos casos, no se percibe, aún, la actuación del Estado policial-represivo, como sí ocurre en nuestra patria.

En la tierra de Bolívar, la represión, amenazas y persecución contra reporteros y “opinadores” democráticos y contra los medios escritos y radioeléctricos autónomos, se hace mayor en la medida en que crece la paranoia e inseguridad de la cúpula civil-militar gobernante, hasta el punto de que un tweet de Nelson Bocaranda, en que daba cuenta de un lamentable hecho ocurrido los días posteriores al 14 de abril, y otro de Henrique Capriles han desatado toda una cacería de brujas, al mejor estilo fascista que, por cierto, ellos tanto le endilgan a la oposición. Modalidad muy utilizada, también, por las funestas dictaduras comunistas del siglo pasado y por algunas “dinosáuricas” que todavía pululan por estos lares.

En Venezuela, siguiendo esta tendencia, opinar se puede convertir en delito, a menos que sea para elogiar la menguada revolución bolivariana, ya casi convertida, por la fuerza de los hechos, en una rutina, y que no sabe qué hacer con el desastre que les dejó su líder máximo, el desaparecido “comandante supremo”.

Los dictadores de antes reprimían y censuraban por medio de la violencia y la fuerza, a garrotazo limpio, pues. ¿Cuál es la diferencia? Cambiaron el vil garrote por métodos más sutiles, quizás, pero de igual crueldad, con la intención de quebrar el espíritu democrático y de libertad inherente a los seres humanos.

vvillegas45@gmail.com

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martes, 16 de abril de 2013

VLADIMIR VILLEGAS, NICOLÁS MADURO, ENTRE LOS LENTES Y LAS ALPARGATAS

“Hubiera preferido otro triunfo”. Esa frase no ha sido pronunciada por el ganador de estos comicios presidenciales, pero sin duda le pasó por la mente. La de Nicolás Maduro ha sido una victoria con sabor a derrota, que pone al chavismo en su situación más complicada desde 1998, cuando su líder, Hugo Chávez, ganó la Presidencia de la República. Más allá de lo que pase con las auditorías que ha exigido la Mesa de la Unidad Democrática, el ahora Presidente electo la tiene difícil porque bajo su conducción estuvo a punto de venirse a pique el legado político que dejó el fallecido mandatario.

Imagínense ustedes el trance por el cual estaría pasando en este momento la dirigencia del Partido Socialista Unido de Venezuela, PSUV, si Tibisay Lucena hubiese anunciado a Henrique Capriles Radonski como el ganador de estos comicios presidenciales. Paséense por unos instantes en el mar de depresión que hoy estaría ahogando a un pueblo que hace poco más de un mes salió a las calles a llorar por la pérdida del hombre que condujo los destinos de Venezuela durante catorce años. Sólo piensen en las consecuencias que una derrota de Maduro habría traído para las fuerzas que en América Latina reivindican la figura, la acción y el discurso del comandante Chávez. Nicolás se salvó por poquito de pasar a la historia como el responsable del Waterloo del siglo XXI.

Hoy, pese al resultado que le da el triunfo a Maduro, ahora es el chavismo el sector que no tiene resuelto el problema del liderazgo. Mientras que Henrique Capriles asume la condición de líder indiscutible de la oposición, pase lo que pase con los reclamos planteados al Consejo Nacional Electoral, Nicolás Maduro está bajo la mira del PSUV, de sus aliados, y del pueblo chavista que estuvo a un tris de recibir el segundo gran golpe de este año, luego de la muerte del presidente Chávez, y que el domingo abandonó con desazón el Palacio de Miraflores.

Los primeros cien días de su mandato y sobre todo la campaña electoral que realizó dan material para un buen manual acerca de cómo no hacer las cosas en política. Incluyo dentro de esto el lamentable discurso que Nicolás pronunció luego de que Tibisay diera a conocer los resultados, de los cuales se desprenden inevitables lecturas. Una de ellas es que atrás quedó la condición del PSUV como fuerza hegemónica en nuestra sociedad. Otra, que no basta llevar a Chávez en la boca para mantener el respaldo de sus seguidores. Una más, que el abuso de poder, la intolerancia, el sectarismo y la prepotencia son como el abuso de la droga o el alcohol, tarde o temprano pasan factura.

Otra lectura es que el chavismo humilde, de base, castiga y es capaz de escuchar y acompañar otras propuestas políticas. De hecho, eso ocurrió con los cientos de miles de votos que Capriles logró captar en apenas una microcampaña electoral. La devaluación, la escasez de alimentos, el incremento de la inflación y otros males derivados del mal manejo de la economía se le anotan como juego perdido a Maduro y no a Chávez. Y ni hablar de los apagones. Para mantener el apoyo de quienes votaron por él y reconquistar a los que se fueron, Maduro tiene que hacer un nuevo gobierno, ponerle punto final al actual. De lo contrario, ni su misma gente se lo va a calar.

Y un nuevo gobierno significa encontrar un nuevo lenguaje para referirse y conversar con ese país, la mitad, que no sólo vota como señal de protesta sino que cada día crece más y se resiste más a ser despreciado. Ese país, con el apoyo de casi 1 millón de chavistas, le dio en la madre al sectarismo, y le puso la mano en el pecho al abuso de poder. En definitiva, le puso el juego chiquitico a Nicolás, y a unos poderes públicos parcializados. A partir de un nuevo lenguaje y de una actitud humilde y reflexiva muchas puertas se pueden abrir para que Venezuela salte a una nueva etapa.

Por lo pronto, a la oposición organizada en la Mesa de la Unidad Democrática, a su candidato Henrique Capriles y a esos más de 7 millones de votantes se les tiene que respetar al pie de la letra el derecho a que sean auditados estos resultados, y a que se procesen sin dilaciones ni maniobrillas las denuncias sobre irregularidades a lo largo de toda la campaña electoral.

Ya habrá tiempo para insistir en la urgencia de construir una agenda temática que abra las compuertas de la reconciliación. Este país votó por un cambio. De hecho, ya está cambiando. Ponte los lentes, Nicolás, para que lo leas. De lo contrario, busca las alpargatas y aprende a bailar joropo.

@Vladivillegas

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miércoles, 23 de enero de 2013

VLADIMIR VILLEGAS, 23 DE ENERO, EXCLUSIÓN Y SECTARISMO

Los posibles sucesores de Chávez, si es que éste no puede reasumir las riendas del gobierno, no miden las consecuencias de creer que los demás no hacen falta, que la constitución y las leyes están supeditadas a los que mandan y no al revés. Que el espíritu del 23 de Enero se apiade de ellos y los haga entrar en razón, antes de que sea tarde
El 23 de enero de 1958 significó para Venezuela el fin de una dictadura corrupta y criminal, como suelen serlo todas o casi todas las dictaduras, y la huída del sátrapa Marcos Pérez Jiménez apenas fue la señal para que todos los movimientos conspirativos que caracterizaron los últimos días de ese oprobioso régimen derivaran en una inmensa marea popular de júbilo, por el paso que se estaba dando hacia la libertad y la democracia.
El espíritu del 23 de Enero fue de unidad, de reconocimiento entre todos los factores civiles, militares, partidistas, sociales, estudiantiles y laborales que hicieron posible esa victoria.
La unidad surgió como la consigna sagrada, como el mandato colectivo que serviría de fórmula mágica para impedir el retorno del dictador y su camarilla militar cívica que le sustentó durante un período en el cual la tortura, el destierro, y las más diversas violaciones a los derechos humanos, entre ellos el de la libertad de expresión, se hicieron cotidianos.
Ese espíritu unitario, de inclusión, de integración, duró poco. Con la derrota electoral de Wolfgang Larrazábal ante Rómulo Betancourt se inició un nuevo ciclo histórico en nombre de la unidad nacional, pero con la expresa exclusión de sectores que fueron determinantes en la resistencia contra la dictadura, entre ellos el Partido Comunista de Venezuela, organización que, junto a la aguerrida militancia de Acción Democrática, puso la mayor cantidad de muertos, torturados, confinados y presos.
Ese sectarismo, aderezado además por los errores infantiles de la izquierda, PCV, MIR y sus derivados, llevó al país a la violencia, y los primeros lustros de la democracia dejaron lamentables saldos de muerte, torturas, represión y otras violaciones a derechos humanos, más allá de los logros en materia social que no pueden desconocerse, aunque luego se desvanecieron bajo el fuego lento de la corrupción y de políticas económicas desastrosas.
Así llegamos a los tiempos del chavismo. Ha habido logros en lo social, los sectores populares se sienten reconocidos. Los excluidos de siempre encontraron un interlocutor con el cual se han conectado, y eso no puede desconocerse.
Pero también la exclusión y el sectarismo han tenido protagonismo en todos estos años, por más que ahora se pretenda reivindicar el espíritu del 23 de Enero de 1958. Y no hay mejor manera de traicionar ese espíritu de unidad que gobernar bajo el signo de la prepotencia, de la confrontación permanente y de pregonar la idea de que aquél que no se pliegue a los designios del mesías y de sus apóstoles rojos rojitos es enemigo de la patria, agente del imperio o simplemente un desecho humano. Ni siquiera en un momento como este, caracterizado por la lamentable circunstancia de salud por la cual atraviesa el Presidente, se ha ablandado la coraza sectaria que sirve de uniforme al PSUV.
Ayer la unidad se impuso para salir de una dictadura, porque se llegó al convencimiento de que sin ese paso era imposible conquistar el triunfo.
Hoy no encontramos salidas ciertas a la violencia, a la muerte prematura de decenas de jóvenes y trabajadores a manos del hampa; a la inflación, a un modelo económico que ha profundizado la dependencia de la renta petrolera. El llamado a diálogo que se hizo en tiempos de campaña electoral se volvió sal y agua. Los posibles sucesores de Chávez, si es que éste no puede reasumir las riendas del gobierno, no miden las consecuencias de creer que los demás no hacen falta, que la constitución y las leyes están supeditadas a los que mandan y no al revés.
Que el espíritu del 23 de Enero se apiade de ellos y los haga entrar en razón, antes de que sea tarde.
vvillegas45@gmail.com

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miércoles, 28 de noviembre de 2012

VLADIMIR VILLEGAS, MONAGAS: UNIDAD PARA PERDER

¿Quién entiende que respetar un acuerdo electoral derivado de unas condiciones que ya no existen es más importante que evitar un triunfo que sería emblemático para el PSUV, porque se trata de la cabeza de un disidente? ¿El mensaje a la potencial disidencia chavista de mañana es que mejor es quedarse calladito en las filas pesuvistas?
Recuerdo aquellos años ya remotos cuando la izquierda venezolana demostraba su incapacidad para encontrar fórmulas que la condujeran a la unidad electoral y así presentarles a los electores una alternativa creíble, que al menos abriera un espacio político con perspectivas de penetrar en el mercado cautivo del otrora poderoso bipartidismo. Entonces una consigna que esgrimía el PCV era "unidad para vencer", aunque en sus entrañas se movían todo tipo de resistencias a aceptar siquiera por asomo la unidad con el MAS, y mucho menos con Teodoro Petkoff. Y los masistas tampoco se quedaban atrás y su prepotencia de fuerza "superior".
Esos recuerdos vienen a colación muy a propósito de lo que está pasando en el estado Monagas, donde la oposición va dividida con dos candidaturas. Una de ellas, la del disidente del chavismo, José Gregorio "Gato" Briceño, es la que reúne, de lejos, la mayor suma de voluntades, pero la de Soraya Hernández es la que cuenta con el respaldo oficial de la Mesa de la Unidad (nacional).
Es un enredo difícil de solucionar a estas alturas, a menos que la candidata Hernández decida retirar su nombre. La lógica electoral indica que así debería ser, peeeero...
Tal y como lo dice Alberto Quirós Corradi en su artículo de este domingo en El Nacional , "no hay acuerdo in- modificable cuando cambian las condiciones que lo hicieron posible". 
Y es obvio que las condiciones cambiaron en Monagas desde el mismo momento en el cual el "Gato" dejó de pertenecer a las filas del chavismo al oponerse a que se les suministrara a los habitantes de Maturín agua presuntamente contaminada con partículas de petróleo derramado en el río Guarapiche. Y cambiaron aún más cuando se produjo el apoyo del gobernador a la candidatura presidencial de Henrique Capriles Radonski.
¿Quién entiende que respetar un acuerdo electoral derivado de unas condiciones que ya no existen es más importante que evitar un triunfo que sería emblemático para el PSUV, porque se trata de la cabeza de un disidente? ¿El mensaje a la potencial disidencia chavista de mañana es que mejor es quedarse calladito en las filas pesuvistas? Y hago la pregunta en estos términos porque sabemos que para el Gobierno en estas elecciones regionales hay al menos cuatro gobernaciones que significan algo así como la joya de la corona: Zulia, Miranda, Lara y Monagas.
Las dos primeras, obviamente por el peso electoral, y porque son fortalezas opositoras. Zulia le ha sido esquivo al chavismo cuando se trata de elegir gobernadores, y Miranda es la tierra donde actúa políticamente un líder que acaba de obtener alrededor de seis millones y medio de votos. Mientras que en Lara y Monagas el objetivo es dar escarmiento a quienes abandonaron el PSUV, y mostrarles el tramojo a los eventuales disidentes, para que quede establecido como un principio inconmovible que todo aquel que abandona al chavismo será convertido, de verdad, verdad, en polvo cósmico.
No faltan quienes argumenten que no vale la pena apoyar al "Gato" porque mañana éste puede convertirse en un nuevo Arias Cárdenas. ¿Por eso es mejor para la oposición que gane la candidata del PSUV, Yelitze Santaella? Vaya lógica... Por ese camino todo el mundo es sospechoso, si nos remitimos a lo que pasó con William Ojeda y el copeyano Aldo Cermeño.
Caso Afiuni Pena ajena da la postura de quienes desde instancias oficiales anuncian una demanda por difamación e injuria contra la jueza María Lourdes Afiuni, luego de que denunciara, en un libro escrito por el periodista Francisco Olivares, haber sido violada en su celda del INOF.
En casos como éste, que implicarían una grave afrenta a la dignidad de la mujer, lo que se impone es impulsar una investigación, y no la criminalización de la presunta víctima.
vvillegas@gmail.com

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lunes, 22 de octubre de 2012

VLADIMIR VILLEGAS, ¿PUEDE CAMBIAR EL GOBIERNO DE CHÁVEZ?

La polarización está allí, existe, no se acaba por decreto, y cuidado si seguirá acompañándonos por largo tiempo. 
Ello no implica que debamos resignarnos y asumir como una fatalidad que siempre existirá en el país el muro infranqueable del apartheid, de la incomunicación, del no diálogo, de la estigmatización de quien piense diferente, de la criminalización de la disidencia. Venezuela no está dividida en patriotas y antipatriotas.  
No hay seis millones y medio de vendepatrias que apoyaron a Capriles  como tampoco ocho millones y pico de ignorantes y vividores que votaron por Chávez.  De lo contrario estaríamos hablando de casi 15 millones de seres humanos  que no merecen llamarse venezolanos.
La renovación parcial del Gabinete de Hugo Chávez  marca el inicio de una nueva etapa . No  somos optimistas con respecto a que se pueda producir un cambio de actitud  en el gobierno, porque ya hemos visto esa película. Le corresponde a éste actuar y demostrar con hechos si tenemos razón o no para el pesimismo y el escepticismo. Le damos, como debe ser, el beneficio de la duda. Pero son suficientes los antecedentes como para  esperar la música de siempre.  Ojalá estemos equivocados.
Si de lo que se trata es de tender un puente al diálogo con  una oposición que obtuvo 45 por ciento de los votos en medio de un gigantesco  y no disimulado abuso de poder,  sería  tarea del Ejecutivo rectificar  conductas como la prepotencia, el sectarismo, la ausencia de reconocimiento a gobernadores y alcaldes no afectos al partido oficial, el uso de los recursos públicos para campañas electorales y la discriminación de los consejos comunales dirigidos por ciudadanos no afectos al Psuv, por mencionar apenas algunos ejemplos concretos.
Es su decisión abrir o cerrar las puertas al entendimiento en torno a temas como la inseguridad o la crisis penitenciaria. Está en sus manos promover una amnistía para los venezolanos presos o exiliados por razones políticas, o dejar que la desesperanza siga inundando muchos hogares venezolanos.  También es decisión del gobierno, y principalmente del Presidente, respetar o no lo que ordena la  Constitución en materia de descentralización. Apenas  unas cuantas señales  son más que suficientes. Las acciones del gobierno marcarán el tono de la oposición.
El Presidente ha dicho que Venezuela merece tener una mejor oposición. También merece un mejor gobierno. El  país necesita mucho más que una llamada del Presidente  a Henrique Capriles. Es preciso  que  las ya conocidas declaraciones de buena voluntad que nunca faltan en circunstancias como la actual se transformen en acciones, y no vuelvan a diluirse como ya ha ocurrido en el pasado reciente.
Pero no somos ingenuos ni creemos en pajaritos preñados, mucho menos cuando tenemos cerca un nuevo proceso electoral y el gobierno ya da muestras del poco respeto que tiene por sus bases. Un ejemplo es la imposición de candidaturas importadas , como ocurre en Anzoátegui, Aragua, Monagas y Cojedes, o cuestionadas por parte de sectores del Psuv y de sus aliados, como ocurrió en Mérida , Trujillo y Bolívar. Si no hay respeto por sus propios compañeros, por qué creer que vendrá un cambio en el tratamiento a la oposición?
¿Cambiará, por ejemplo, el lenguaje de cara a las elecciones regionales?  ¿El Presidente seguirá llamando majunches a sus adversarios?  ¿Inventará otro calificativo tan o más ofensivo?  ¿O por el contrario cambiará  y observaremos otra conducta? ¿Habrá espacio en igualdad de condiciones para que la oposición no sea arropada con la avalancha comunicacional del Estado?  Pronto tendremos las respuestas.
vvillegas45@gmail.com
@Vladivillegas6

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miércoles, 23 de mayo de 2012

VLADIMIR VILLEGAS, IZARRA Y LA REVOLUCIÓN CORNUDA

A diferencia de otros voceros del chavismo, Izarra, el padre, por supuesto, no hace concesiones a la incondicionalidad ni actúa como un felicitador de oficio

No tienen desperdicio las afirmaciones hechas por William Izarra en el foro del Consejo de Trabajadores de la Asamblea Nacional, y que fue reseñado por este diario el pasado sábado, bajo la firma de la colega Maru Morales. 

Allí el militar retirado, aliado crítico del presidente Hugo Chávez, ha reconocido que Henrique Capriles Radonski  ha llegado con su mensaje de reconciliación  a ocho millones de venezolanos, mientras que la revolución sigue teniendo un preocupante contenido clientelar que pone en riesgo su continuidad.

Es curioso que este análisis de Izarra no se corresponda con los contenidos de varias encuestas que le otorgan al presidente Chávez una cómoda ventaja frente al abanderado opositor, y venga a sabotear en voz alta el triunfalismo exacerbado que evidencia la dirigencia del Partido Socialista Unido de Venezuela, de cara a las elecciones del próximo 7 de octubre. A diferencia de otros voceros del chavismo, Izarra, el padre, por supuesto, no hace concesiones a la incondicionalidad ni actúa como un felicitador de oficio sino que se atreve a mostrar las costuras del proceso. Una de ellas  el clientelismo  que caracteriza la relación entre los que tienen el poder y los menesterosos.

Y una revolución contaminada de clientelismo no es sino una pantomima, una forma retórica de darle otro nombre a la misma relación de dominación que se dice haber derrotado en Venezuela. Por eso Izarra pone en evidencia una gran debilidad del gobierno cuando manifiesta su temor de que la base clientelar del chavismo pueda ponerle los cuernos al proceso  y a su líder con alguien que le ofrezca más.

Para dolor de la dirigencia psuvista,  el comandante Izarra admite que “los actores pragmáticos que responden a la bolsa de comida” son mayoría con respecto a los actores convencidos. Eso después de trece años de gobierno no es poca cosa, es la muestra más clara de que se le ha puesto el nombre de revolución  a la misma  forma aberrante de  relación entre el poder  y quienes necesitan de él para sobrevivir.

Han surgido, ciertamente, mecanismos de participación,  se  ha producido una mayor politización en los sectores populares, pero paradójicamente se ha concentrado más el poder en el gobierno y los canales de participación  han sido confiscados por el PSUV. El objetivo no es la superación de la pobreza  sino mantenerla como nicho de apoyo político sobre la base de la relación clientelar. La propia guanábana roja.

Cuando Izarra padre llama a hablarle a los no alineados también está admitiendo que el sectarismo, que la prepotencia en el ejercicio del poder y el cobro de peaje ideológico no son saludables, que la política de exclusión, de satanización de la diversidad y la disidencia pueden hacerle  pasar un mal rato al chavismo en octubre e incluso en las elecciones de gobernadores  previstas para diciembre. En definitiva, que si existe un núcleo de ocho millones de venezolanos que no tienen definición político-ideológica  es puro cuento  eso de que el  chavismo representa hoy el sentimiento  mayoritario y determinante en el país. 

Aunque Izarra no ha dicho claramente que el chavismo està derrotado o corre el riesgo de perder las elecciones, sus palabras ponen de relieve las graves dificultades que acechan al gobierno, por sus prácticas clientelares. Ahora vamos entendiendo mejor a Blanca Eckhout cuando  llamaba a “desterrar el adeco que tenemos por dentro”.  Y ese “adeco”  no es otra cosa que la materia prima de la revolución. La cepa clientelar del Psuv deja pálida al clientelismo del pasado. Para decirlo en términos leninistas, el clientelismo psuvista es la fase superior del adequismo.


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