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jueves, 7 de julio de 2011

ALBERTO JORDÁN HERNÁNDEZ: VUELTA AL PUESTO DE MANDO

Retornó el comandante presidente (CP) venciendo el cáncer de la boca que evidenció en su breve mensaje del 30 de junio y que aberrantemente la ex gobernadora de Portuguesa deseo a la periodista que preguntó sobre la salud del convaleciente. Poniendo de lado su estado físico, amenazó con ser el mismo que introduce el canto de su voz en los discursos.

Frustrada en sus predicciones quedó la ex ptj (Policía Técnica Judicial) Cilia Flores que a la citada reportera le llamó “cara de vampira”. Igual desengaño sufrió el encapuchado vicepresidente, al revelar que el CP podría permanecer fuera hasta 180 días.

Acertado estuvo en su análisis quien se pruebe para esa vicepresidencia al afirmar que “regresará cuando le dé la gana”.

Incomunicado el ministro de propaganda, el de la risotada y de “la canalla mediática”, quien regañó a los parlamentarios Carlos Escarrá y Saúl Ortega por anunciar que el cp vendría “en las próximas horas”. 

Tubeado resultó el ex jefe guerrillero quien en esa actuación enfrentó a militares y “por ahora” preside la Asamblea Nacional, quien dijo: “Si Chávez tuviera cáncer, yo sería el primero en decirlo”. En general salieron reivindicados los mitómanos. Regocijadas deben sentirse las lideresas de los demás poderes públicos quienes en declaración conjunta se manifestaron “firmes en las responsabilidades que nos han encomendado" en un solo poder (el del CP, acotamos).

Esperamos que ese retorno favorezca a quienes injustamente algunos periodistas califican de los “llamados presos políticos” –ellos no se hacen llamar así, lo son- víctimas del mismo mal del cp: Alejandro Peña Esclusa requiere urgentemente tratamiento de radioterapia para el cáncer de próstata que padece; Lázaro Forero continúa esperando que el tribunal autorice su traslado para que le hagan una biopsia y  descartarle ese mismo tipo de cáncer.  Iván Simonovis: necesita resonancia magnética por lesión en columna y evaluación oftalmológica por falta de luz natural; Henry Vivas acusa problemas en la vesícula; Erasmo Bolívar: evaluación oftalmológica postoperatoria por desprendimiento de retina y Héctor Rovaín: reclama  evaluación por Lipoma en la frente. Agréguese a la jueza María Lourdes Afiuni, acosada en su enfermedad.

Que la lectura de solapa de Zaratustra, de Friedrich Nietzsche, le lleve a la asimilación de los planteamientos de la auto superación de moral y  no atormentarse con el superhombre o suprahombre.
Y menos que mal interprete la voluntad de poder y los Muertos están todos los dioses, ahora queremos que viva el superhombre.

Pertinente análisis del político peruano Enrique Ghersi: "Cuando el Gobierno se sostiene en una persona y se enferma, todo se paraliza" y con razón agrega: “la enfermedad del líder la está sufriendo Venezuela”. Para Fidel Castro, “el paciente ha librado una batalla decisiva” y el populista CP  enfatiza la consigna del Che Guevara: ¡viviremos y venceremos! Pero advierte "nadie vaya a creer que mi presencia significa que ganamos la batalla”.

NOTA MARGINAL: Con permiso de Las Verdades de Miguel (Salazar) reproduzco este comentario: “Al que le caiga la chupa: investigan a un gobernador oriental que posee entre otras propiedades las siguientes: 4 emisoras de radio y una televisora regional, un hotel, una empresa de agua mineral, 3 edificios en República Dominicana, 5 apartamentos en España y 6 en Caracas; además es socio de una línea aérea” ¿Quién es?

albertojordanh@gmail.com
@albertojordanh

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sábado, 23 de abril de 2011

EL ARTIFICIO DE LOS DISCURSOS VACIOS. ALBERTO MEDINA MENDEZ. (EL POPULISMO)

Muchos ciudadanos y unos cuantos políticos siguen sorprendidos por el persistente avance del populismo. No entienden como es posible que ese discurso pueda sostenerse en el tiempo y seguir reuniendo electorado suficiente para su despliegue indefinido.

La verdad es que, lo que cuesta comprender, en todo caso, es el asombro de ciertos sectores. Después de todo, no es más que la consecuencia esperable de la apatía de muchos. Tiene que ver con el abecedario de la ciencia política, donde hay un espacio A precisa aparecer un espacio B. Hasta la física, en una de sus reglas elementales, lo explica con demasiada simplicidad. Para contrarrestar una fuerza, se precisa otra de al menos idéntica potencia pero en sentido contrario. Es decir opuesto, ni igual, ni parecido. Y eso es lo que no encuentra el renovado populismo de este tiempo, algo que se anime a confrontarlo con idéntica convicción.

Claramente, solo puede explicarse a través de una gran diversidad de factores para que esto suceda. Por un lado, una clase política plagada de improvisados, gente sin formación, que no se ha preparado ni para la política, y mucho menos para gobernar o liderar proceso alguno. La jungla nos muestra múltiples intentos de oportunistas, un ejército de arribistas, gente que piensa que tener algo de carisma es suficiente y que confunde su capacidad para conseguir a unos pocos aduladores, con las cualidades necesarias para enfrentar semejante desafío.

No menos importante es la responsabilidad de quienes, reuniendo los requisitos imprescindibles, se hacen los distraídos y recitan extensas explicaciones morales, y de las otras, para justificarse, para excusarse y no ser parte del momento histórico que los precisa, sino como protagonistas centrales, jugando al menos, “algún” rol.

Mucho daño han hecho también en esto los asesores de imagen, esos que le recomiendan al ya intuitivo candidato, discursos lavados, excesiva moderación, y contenidos vacios. Ponen todo su esfuerzo en convertir al postulante en lo que no es, alejarlo de su esencia para que parezca otro, ese que ellos suponen que la gente espera.

La sociedad pretende políticos con valores, equivocados o no, pero con convicciones. Necesita políticos a los cuales poder respetar, aun sin coincidir. No acepta timoratos que hablan bien y se visten mejor, para en realidad esconder sus falencias profundas. La sociedad busca alternativas y un candidato exageradamente prudente, indefinido en la mayoría de los asuntos relevantes, más preocupado en no equivocarse que en acertar, no tiene los atributos imprescindibles para liderar absolutamente nada. La comunidad, puede perdonar errores a los hombres de poder, lo que no admite es la superficialidad, la frivolidad, la estupidez.

El curso más elemental de marketing, hablará de “establecer la diferencia”. Sin embargo los opositores rara vez van al fondo de la cuestión. Critican estilos, detalles, modos, formalidades, pero poco dicen de las políticas centrales. Temen caer en el discurso políticamente incorrecto, entonces no hablan de cómo salir de los grandes problemas que una sociedad enfrenta. Y dejan la sensación, en un electorado ávido de buscar variantes, de que en realidad no tienen soluciones. Solo están preparados para recitar arengas insignificantes, para sus entornos ya alineados y los aplaudidores de turno.

La política implica tomar posición, decir lo que se piensa, proponer salidas a las problemáticas del presente, y tener la habilidad para implementarlas si la gente así lo decidiera.  No se trata de conceder notas a la prensa, figurar por ahí, saludar a los ciudadanos y andar por la vida como si nada.

En la política es preciso enamorar, cautivar, deslumbrar. Ningún candidato opositor lo logra, por eso se consolidan los que están y eso no es merito de los oficialismos de turno, en todo caso es patrimonio exclusivo de las torpezas propias. Y es bueno asumirlo, para no seguir buscando explicaciones donde no serán halladas. No se puede invitar a la sociedad a saltar al vacío para huir de ciertas percepciones.

Las indefiniciones ideológicas, la apología del pragmatismo y ese esfuerzo desmedido en disfrazarse de algo, que no son, ha llevado a los más, a recorrer el camino del que no se vuelve.

Para conquistar hace falta pasión, defender principios, creer en lo que se dice y, sobre todo, ser uno mismo. Nada que sea producto de mostrarse diferente a lo que en realidad es la esencia, que implique decir cosas que no se piensan, lograra seducir a los  votantes. Ellos quieren un líder, alguien que tenga algo de sangre en las venas, no un títere que se sonríe sin saber porque, o que dice saber de soluciones pero no las explicita claramente.

Las comparaciones con el pasado ya no sirven. Lo que funcionó en otro tiempo, no funcionará necesariamente en este. El electorado del presente es más exigente y no se conforma con cualquier cosa, y si eventualmente accede, lo hace por muy poco tiempo.

El que quiere ser político, debe mirarse un poco más al espejo, y analizar que está dispuesto a hacer para ello. Si cree que esto se trata de aportar algo de dinero, someterse al maquillaje que le proponen las consultoras mutando estilos y contenido, aparecer de tanto en tanto en los medios de comunicación y no decir nada demasiado arriesgado, puede ir buscando otro oficio. Decididamente la política con mayúsculas no es lo que espera. Y habrá que admitir que algunos paracaidistas han llegado a esa meta algunas veces, pero esa no es la regla, y sus finales en muchos casos hablan con creces de esas experiencias fallidas.

Habrá que convencerse y dejar de construir utopías sin soporte. Para lograrlas hace falta bastante más que desearlas. Hay que trabajar sobre ello, y para terminar con los ciclos populistas, es necesario profesionalizar la tarea. Mientras sigamos creyendo que esto se resuelve con un par de pases de magia o algún mesías carismático, estaremos recorriendo un sendero sin sentido.

A los entendidos en la materia, se les disputa en el terreno adecuado. Es indispensable, prepararse, tomarse las cosas muy en serio y por sobre todo, encontrar las personas que sean capaces de llevar adelante una prédica con agallas, clara definición ideológica, que muestre ideales concretos, soluciones profundas y genere la respetabilidad que una sociedad exigente demanda. No podemos esperar que los rumbos se modifiquen mientras sigamos transitando este juego de los artificios del discurso vacío.

Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com

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miércoles, 10 de noviembre de 2010

LOS VENEZOLANOS, ESTAMOS RUMIANDO CÓMO LOS HERBIVOROS, MASTICANDO LAS MISMAS NOTICIAS UNA Y OTRA VEZ, ¿HASTA CUANDO...IVAN E. LEON H.,

Aléjate de vez en cuando de los temas que te preocupan, cambia de dial y deja que la mente se reorganice y adquiera una nueva perspectiva.

Cuando me refiero a rumiar hago referencia a la costumbre alimenticia de los animales herbivoros de masticar por segunda vez el alimento, devolviéndolo de la cavidad del estómago donde estuvo almacenado. Por analogia, decimos que una persona es rumiadora cuando piensa de manera reiterada y obsesiva la misma cuestión. Por lo general el pensamiento repetitivo se localiza de manera obstinada en los porqué, los cómo y los qué de una emoción perturbadora, tratando de hallar una solución o un aplacamiento al malestar. Aunque a veces la rumiación pueda mostrar un consuelo aparente y que las mayorias de los casos el alivio esperado no se alcanza. Más aun, el pensamiento reiterativo puede llegar a enfermar a la persona (as) porque actúa como un circulo vicioso que recicla la preocupación (ansiedad) y alimenta el esquema negativo.

Cuando estamos ante un problema que parece irresoluble, la persona puede optar por la estrategia compulsiva de volver una y otra vez sobre lo mismo, machacar, revisar y desmenuzar la información con la esperanza de que esta actividad analitica produzca un efecto benéfico. La autoobservación es indispensable para potenciar nuestras capacidades, pero si se convierte en rumiación, el sentido original se distorsiona.

Hay circunstancias en las que el sistema se sobrecarga y pensar SESUDAMENTE se devuelve como un bumerán. En esos momentos, la solución al problema suele llegar por otros caminos, no tan racionales. Es el fenómeno del "aja" o del "¡Eureka!", del bombillo que se prende como arte de magia y todo empieza a encagar. La cabeza logra reunir las piezas y capta la totalidad del rompecabezas. Se llama CREATIVIDAD: un salto al vacio, el efecto sorpresa, un flash repentino donde la conclusión hace su súbita aparición sin que se entienda cómo.

Aléjate de vez en cuando de los temas que te preocupan, cambia de dial y deja que la mente se reorganice y adquiera una nueva perspectiva. El proceso creativo necesita de un periodo de descanso conocido como incubación. Hay que crear las condiciones para que la cabeza pueda dar sus frutos. Ninguna persona lograria nada significativo si se dejara llevar por la premura de un pensamiento RUMIADOR. Aclimatar y serenar la cabeza, alejarla de la cavilación, ponerla a hacer otra cosa. La mente desprevenida es la que prefieren las musas.

Los Venezolanos estamos rumiando, masticando las mismas noticias una y otra vez, ¿hasta cuando....?.

Un Peatón sin Barreras

http://www.peatonessinbarreras.tk/
arq_ivan_leon@cantv.net

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viernes, 15 de octubre de 2010

DOS CONCEPTOS ANTAGÓNICOS: LIBERALISMO Y FASCISMO. CARLOS FEDERICO SMITH (*)

En ocasiones al liberalismo clásico se le ha endilgado la canalla etiqueta de ser nazi o fascista, aunque algunos para no aparecer tan extremistas le acusan de ser de extrema derecha. De entrada me parece evidente la intención maledicente de aquella acusación, por lo que conviene sólo hacer unos pocos señalamientos para desmentir totalmente la acusación. No sólo el liberalismo clásico y el totalitarismo son en esencia antagónicos, sino que también el nazi-fascismo persiguió tenazmente a los pensadores y miembros de movimientos políticos liberales, lo cual ocasionó que muchos de ellos tuvieran que emigrar hacia naciones enemigas de los gobiernos nazi-fascistas de Europa en años previos y durante la Segunda Guerra Mundial. Al menos tres de los más grandes pensadores modernos del liberalismo, Karl Popper, Ludwig von Mises y Friedrich Hayek, tuvieron que huir del nazi-fascismo para encontrar asilo en las democracias liberales de Occidente.

El liberalismo clásico se opone al totalitarismo, el cual incluye no sólo al nazismo y su versión suavizada, el fascismo, sino también al socialismo extremo del marxismo. Esto no es casual, dada la gran afinidad que hay, como planteamientos totalitarios, entre el nazi-fascismo y el socialismo marxista, lo que da lugar a que surja una aversión natural al liberalismo clásico. Señala Hayek, refiriéndose al nazismo, que “las doctrinas que guiaron a los sectores dirigentes de Alemania (nazi) no se oponían al socialismo en cuanto marxismo, sino a los elementos liberales contenidos en aquél: su internacionalismo y a su democracia. Y a medida que se hizo más claro que eran precisamente estos elementos los obstáculos para la realización del socialismo, los socialistas de la izquierda se aproximaron más a los de la derecha. Fue la unión de las fuerzas anticapitalistas de la derecha y la izquierda, la fusión del socialismo radical con el conservador, lo que expulsó de Alemania a todo lo que era liberal” Friedrich Hayek, Camino de servidumbre, San José: Universidad Autónoma de Centro América, 1986, p. p. 207-208).

Esta antítesis entre liberalismo y fascismo se evidencia en la definición que de este último formula Jonah Goldberg: “El fascismo es una religión del estado. Asume la unidad orgánica del cuerpo político y suspira por un líder nacional que esté a tono con la voluntad del pueblo. Es totalitario en tanto mira todo como si fuera un asunto político y sostiene que cualquier acción tomada por el estado se justifica en el logro del bien común. Toma la responsabilidad de todos los aspectos de la vida, incluyendo nuestra salud y bienestar, y busca imponer la uniformidad de pensamiento y de acción, ya sea por la fuerza o por medio de la regulación y la presión social. Todo, incluyendo la economía y la religión, debe estar alineado con sus objetivos. Cualquier entidad rival es parte del ‘problema’ y por tanto se la define como un enemigo” (Jonah Goldberg, Liberal fascism, New York; Doubleday, 2007, p. 23. El término “liberal” del título de este libro se refiere al uso que de dicho término se hace en EE.UU., que, a diferencia del liberalismo clásico, se caracteriza por una alta dosis de intervención y participación estatal en las más diversas manifestaciones de la vida política… sin duda que muy, pero muy, cercano al fascismo).

De acuerdo con la definición previa, el fascismo hace del Estado una religión, en cuanto a ser una creencia absoluta, como señaló Augusto Turati, apóstol del fascismo, al proclamar que “tal como uno cree en Dios… aceptamos la Revolución (fascista) con orgullo, tal como aceptamos estos principios —aún si nos damos cuenta de que están equivocados, los aceptamos sin discusión alguna” (Citado en Ibídem, p. 419, nota 30. El paréntesis es mío).

En contraste con la visión anterior, en la concepción liberal clásica el Estado esencialmente cumple un papel restringido destinado a asegurar el funcionamiento del orden liberal espontáneo. Mientras que para el liberalismo clásico el cuerpo político no se considera como un órgano independiente que va más allá de los individuos que lo componen, el fascismo considera al Estado como un ente supraindividual. A la vez, el fascismo es totalitario en cuanto mira todo desde el punto de vista político, mientras que el liberalismo clásico busca minimizar el poder político, de forma que el individuo tenga el mayor campo posible de acción.

Mientras que para el fascismo la acción del Estado se justifica en que al actuar lo hace para lograr el bien común, para el liberalismo clásico el interés público y el interés individual son uno e inseparable. De acuerdo con Linda Raeder, la noción liberal Hayekiana del bien común “consiste en asegurar las condiciones abstractas que permiten las actividades de millones de personas quienes no conocen y no pueden conocer las circunstancias e intenciones concretas de cada una de ellas, para que se ajusten entre sí en vez de derivar en un conflicto… tales condiciones surgen de la observación de ciertas reglas —de percepción, de comportamiento, de moralidad y legalidad— que estructuran la operación del mecanismo ordenador que llamamos ‘mercado’” (Linda Raeder, “Liberalism and the Common Good”, en The Independent Review, Vol. II, No. 4, Primavera de 1998, p. 524).

Para el liberalismo clásico la esencia del bien común radica en asegurar reglas generales que permitan la existencia de un orden espontáneo, en donde los individuos tengan la oportunidad y libertad de hacer el mejor uso de sus recursos para lograr sus objetivos disímiles, mientras que para el fascismo cualquier acción estatal que se lleve a cabo lo es para asegurar tal bien común, en donde los individuos deberán ser dirigidos por el Estado —esto es, que le obedezcan y sirvan— en sus esfuerzos por lograr lo que algunos iluminados han definido como bien común.

En tanto que para el fascismo el Estado es responsable de todos los actos de la vida de las personas, en criterio del liberalismo clásico la responsabilidad es fundamentalmente del individuo en libertad de escoger lo que prefiera para el logro de su felicidad propia. “La libertad no sólo significa que el individuo tiene la oportunidad y la responsabilidad de la elección, sino también que debe soportar las consecuencias de sus acciones y recibir alabanzas o censuras por ellas. La libertad y la responsabilidad son inseparables” (Friedrich A. Hayek, Los fundamentos de la libertad, Op. Cit., p. 87).

El liberalismo clásico estimula la diversidad de toda índole, el fascismo la aborrece y busca la uniformidad de acción y pensamiento, para lo cual acude a la coerción y uso de la fuerza o bien a una regulación que restringe la libertad individual de tomar decisiones propias, así como utiliza la presión social que en su visión siempre define como “nosotros” en contraste con “ellos”. Con tal objetivo en mente fue que Mussolini escribió que, “debemos crear una minoría proletaria lo suficientemente numerosa, suficientemente conocedora, suficientemente audaz como para sustituir por sí misma, en el momento oportuno, a la minoría burguesa… Las masas simplemente la seguirán y se someterán a ella” (Citado en Jonah Goldberg, Op. Cit., p. 38).

Finalmente, de acuerdo con la célebre expresión de Mussolini “todo dentro del estado, nada contra el estado, nada fuera del estado,” todo, como claramente lo señala la definición de Goldberg antes citada, “debe estar alineado” con los objetivos del estado. El papel del Estado en el pensamiento liberal clásico, por el contrario, está claramente restringido al máximo posible y de forma que sea consistente con la conservación del sistema espontáneo en el cual descansa el liberalismo, y en donde se asegure la libertad máxima posible a los individuos. Según Goldberg, el fascismo surgió a partir de la creencia de que “la era de la democracia liberal estaba llegando a su fin. Era tiempo de que el hombre dejara de lado los anacronismos de la ley natural, la religión tradicional, la libertad constitucional, el capitalismo, entre otros, y se elevara hacia la responsabilidad de rehacer el mundo a su imagen propia… Mussolini a menudo declaraba que el siglo diecinueve era el siglo del liberalismo y que el siglo veinte sería el ‘siglo del fascismo’” (Jonah Goldberg, Ibídem., p. 31).

En resumen, la esencia de la diferencia entre el liberalismo clásico y el fascismo fue claramente expuesta por Mussolini al escribir que “en contra del individualismo, la concepción Fascista es por el Estado… El liberalismo negó al Estado en función de los intereses de individuos particulares; el Fascismo reafirma al Estado como la verdadera realidad del individuo” (Benito Mussolini, “Fascism”, en Giovanni Gentile, editor, Italian Encyclopedia, 1932). Afortunadamente, después de una violenta Segunda Guerra Mundial que culminó con la derrota nazi-fascista, casi de las cenizas ha resurgido el liberalismo clásico, el cual hoy día goza de una enorme reputación tanto en la práctica como el campo de las ideas; sin embargo, cabe preguntarse si muchas de las concepciones políticas actuales no convergen hacia el fascismo en vez del liberalismo clásico. La respuesta que se intente dar a esa pregunta bien puede ser razón suficiente para conocer el verdadero alcance del ideario liberal clásico y de motivar la defensa permanente de la libertad.

(*) Carlos Federico Smith es un frecuente colaborador de la Asociación Nacional de Fomento Económico de Costa Rica (ANFE).

Este es un reenvío de un mensaje de "Tábano Informa"

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